Holaaa samigooosss !!!
Esta semana
tenemos la última parte del artículo sobre la risa y el sentido del
humor, chistes
muy simpáticos y unos textos de humor de un gran nivel literario y muy
divertidos. Esperamos los disfruten y que pasen un muy buen fin de
semana.
Esteban Nicolini
-
El humor es algo serio...
Sobre la risa y el sentido del humor.
(Por Ofelia)
(3ra. Parte.)
Las virtudes de reír y hacer reír no siempre van juntas.
El Corán juzga que quien hacer reír al prójimo merece el paraíso, pero nada dice sobre el que sabe reír.
Conozco gente poco hábil para hacer reír cuya risa es deliciosamente oportuna y contagiosa.
También ellos merecen el paraíso.
Hay personas simpáticas por naturaleza,
son personas que saben arrancar una sonrisa a los demás hasta en los
momentos más delicados.
Para tener en cuenta:
“La persona con sentido del humor es más
aceptada por quienes le rodean. Tener sentido del humor facilita una
comunicación más abierta y sincera. Tener sentido del humor ayuda a
mantener un mejor equilibrio interior”. (Psicología /Artículos, Web.)
1.-“El sentido del humor requiere una
mente ágil y flexible, ya que los procesos de entender el chiste,
encontrarlo divertido y reírse se sincronizan muy rápido.”
Según los estudios del científico
británico Richard Wiseman, los chistes más graciosos y universales son
los que utilizan el juego de palabras para crear una situación absurda.
Lo gracioso y absurdo activa un área en
el cerebro que fabrica una sustancia llamada dopamina, también conocida
como hormona de la felicidad.
Se ha demostrado que reír es saludable,
ya que produce la aceleración del ritmo cardíaco y un aumento del
aporte del oxígeno al cerebro.
Además, ayuda a disminuir el estrés por
lo que las personas con humor tienen un sistema inmunológico más sano,
sufren un 40% menos de infartos y viven 4 años más que la media.
Humor y felicidad son genuinamente humanos y universales.
La felicidad se asocia a llevarse bien con uno mismo y con el entorno.
Para ello implica sobre todo el sentido de la vida y las relaciones con los demás.
Si uno puede reírse de los impedimentos para ser feliz, es que los puede superar.
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Conversación femenina...
-"Voy a tener mucho cuidado de no quedar embarazada."
Y la amiga le responde:
-"Pero... tu marido se hizo una vasectomía hace un mes..."
La primera responde:
-"¡Por eso!"
(Gracias Edmundo !!!)
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-
Odontología...
Comienza a preparar la jeringa cuando el hombre lo interrumpe:
-"Nada de agujas, yo tengo pánico a las agujas..."
-"Bueno", - dice el dentista, -"vamos a anestesiar con un poco de gas."
-"No doctor... no soporto tener la máscara de gas en la cara."
El dentista trae una pastilla y se la da al paciente, que se la toma sin protestar.
-"Con las pastillas no hay problemas... ¿que es lo que acabo de tomar?"
-"Viagra.", - dice el dentista.
-"¿Viagra? ¿Para qué me da viagra?"
-"Para que tenga de donde agarrarse mientras le saco la muela sin anestesia..."
(Gracias Adrián !!!)
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-
Variados...
-"Doctor, ¿qué tiene mi marido?"
-"Otitis testicular."
-"¿Y eso qué es?"
-"Que oye lo que le sale de los cojones..."
2.
Anoche entró un ladrón en casa, buscaba dinero.
Me levanté de la cama, y nos pusimos a buscar los dos.
3.
Las mujeres necesitan:
SOLUCIONES.
Los hombres también, pero escrito al revés...
4.
-"Antonia, el Domingo hacemos 40 años de casados y voy a matar un pollo."
-"¿Y qué culpa tiene el pollo? Matá a tu primo que fue el que nos presentó..."
5.
-"Te amo..."
-"¿Cómo sabes que es amor?"
-"Porque pienso en ti y no puedo respirar..."
-"Eso es asma."
-"Bueno, entonces te asmo..."
6.
¿Por qué las monjas no llevan sandalias?
Porque son más "de botas".
7.
Busco hombre.
De buena ortografía.
Para tener una intensa relación textual.
8.
-"Toma, hijo. Mi abuela se la dio a mi madre, mi madre me la dio a mí, y ahora yo te la doy a ti."
-"¿Qué es, mamá?"
-"Una hostia a tiempo..."
9.
Aclaración del significado de algunas palabras.
Claustrofobia es el miedo a los espacios cerrados.
Por ejemplo, cuando voy al bar, tengo miedo a que esté cerrado.
10.
En Oriente Medio los ladrones son amputados, en Islandia son imputados y en España son diputados.
11.
Aclaración:
Me emborracho por culpa del tomate.
Empiezan los amigos con el tomate una, tomate otra...
Y pasa lo que pasa...
12.
Le dije a mi marido que me llevara a ver "Los miserables".
Y nos quedamos media hora sentados frente al Congreso.
(Gracias Javier !!!)
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-
4 consejos para evitar problemas de pareja...
Y ahí está el quid del asunto: la prevención es el mejor remedio.
No pretendo poner aquí un listado exhaustivo de consejos, pero sí daré algunas pistas al lector masculino para que no cometa errores que pueden llegar a ser fatales.
1. - No vierta opiniones sobre sus amigas.
Y si son favorables, menos.
Ejemplo:
Desde que se puso tetas, tu amiga me parece mucho más simpática.
Un modo claro para cagarla sin motivo.
Repita conmigo: jamás me he fijado en el físico de ninguna de sus amigas.
Son monas y punto.
2. - El pragmatismo y el mundo de los regalos están reñidos.
Iba a comprarte otra cosa, pero es que esta aspiradora estaba de oferta.
Por Dios...
¿Ha conseguido a su señora a cambio de un rebaño de cabras?
¿No?
Entonces debe saber que es probable que a ella no le guste sentirse parte del mobiliario y aspire a despertar en usted algo parecido, que se yo, a lo que usted siente tras un gol de su equipo en la Copa Libertadores.
No puede ser, ya lo sé, pero al menos disimule.
Interprete si es necesario.
3. - Sus cosas son suyas. Las nuestras, también son suyas.
¿Sabías que tus toallitas desmaquillantes son buenísimas para limpiarse el culo?
Mal.
Respete su espacio.
No toque sus cosas.
Por supuesto, no se ponga su lencería.
Usted quiere la tele de plasma y la última consola.
Ella quiere los armarios y otra alacena en el baño.
Quid pro quo.
No entre en esa batalla: ganarla es perder la guerra.
No interesa.
4. - Por último una regla general: no le suelte lo primero que se le venga a la cabeza.
Qué hambre me dio, cariño, ¿sos vos la que huele a fugazzetta?
Se trata de medir un poco sus palabras, escuchar las suyas y actuar en consecuencia.
Sentido común y mano izquierda, sabiendo que la sinceridad está sobrevalorada.
Y recuerde que en las discusiones de pareja a veces hay que elegir entre fifar y tener razón.
Pregúntese qué es lo que prefiere.
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Vacaciones en Aryentain... (Por Luis Buero)
Pronto van a llegar las vacaciones de
verano y en el suplemento Turismo de Infobae se asegura que ya no hay
distinciones entre extranjeros y nativos: todos quieren pernoctar en
las pampas de América: nuestra tierra.
Alguien dijo alguna vez que vivir en la
Argentina es insalubre, porque es el único país del mundo en el que si
no tenés un peso la pasás mal, ¡pero si tenés guita la podés pasar peor!
Empecemos por las vicisitudes de ese
uno por ciento de la población que aprovechaba hasta los feriados por
golpes de Estado para rajar a cualquier lado, y logra hoy que hasta los
mendigos que están moviendo la franela para que la gente estacione en
los bares “after office” digan “¿vieron que no estamos tan mal?”.
1) ¿Qué le pasa hoy a una familia pudiente?:
Quiere viajar a Aspen a esquiar pero hay una sentada sorpresiva de empleados aeronáuticos en la pista.
Si compra un auto para estrenarlo en
vacaciones en el país, lo paga pero no se lo entregan, y el vendedor de
la concesionaria, típico chanta, le da como excusa poniendo cara de
naipe:
-“Es que usted lo quiere blanco y ese color está faltando.”
Intenta con su viejo modelo 2004 irse a
Pinamar pero hay piqueteros cortando las rutas y ni piensa en tomar un
micro línea executive de larga distancia a otra parte porque los
choferes están en huelga.
Al exterior no puede ir porque le han
limitado las extracciones bancarias y tienen que guardar un poco por si
son víctimas de un secuestro express.
El matrimonio entonces decide llevar a
sus hijos al Cabildo en excursión cultural y patriótica, ya que entre
los próceres hay muchos parientes suyos, pero no puede llegar a destino
porque desde los jubilados hasta los fabricantes de “ballenitas” hacen
movilizaciones frente a la Rosada a diario sumados a las
manifestaciones por el orgullo gay, y la “poli” tiene que cortar todos
los accesos.
Vuelven consternados a su barrio
residencial notando que el antiguo sofá de seis cuerpos del bisabuelo
está en el medio de la calle, porque los vándalos que acaban de saquear
la casona histórica que los cobija no tenían fuerza para llevarlo.
Sólo les queda internarse en un convento y hacer voto de silencio hasta lograr la calma.
2) ¿Qué hace al otro 99 % de los matrimonios porteños?
Pretenden irse a una playa lejana pero
una húmeda habitación de hotel a veinte cuadras del mar se cotiza a 60
pesos la noche por persona, sin desayuno ni papel sanitario y según
asegura ya está todo reservado desde octubre.
Entonces llevan a los críos a la plaza
pero huye porque en el arenero encuentra jeringas, botellas rotas,
preservativos usados, “popo” de perritos.
Va con los pibes a recorrer la mítica Corrientes pero los “manguean diez personas de cada nueve que cruza”.
Gordos que obligarían a Cormillot a
hacer horas extras par adelgazarlos los increpan en la calle
gritándoles: “¡una monedita que no tenemos para comer!”
Deciden meter a los chicos en un
restaurante pero cuando preguntan si la carne no tiene aftosa y los
vegetales son transgénicos, el mozo les apaga la vela de la mesa y los
echa.
En la Costanera no se pueden bañar porque el agua tiene olor a podrido y está contaminada.
Luego de hacer cuatro horas de cola
para sacar unos pocos pesos del banco, momento ideal para broncearse un
poco, se hace la luz.
“Vamos a algún parque de diversiones de
la provincia” piensa entusiasmado el papá y con su esposa y los niños
toman el tren; durante el viaje descubren que el eslabón perdido ya
apareció y está con varios clones en el ferrocarril Sarmiento, pero no
pueden alegrarse por el temeroso hallazgo: pese al control que se
ejerce al ingreso al anden, uno de los chicos perdió su boleto, y
cuando bajan aparecen “sheriffes” con palos y botas de montar a hacerle
pagar diez veces el valor del viaje.
“¡Volvamos en taxi!” gritan los niños
contentos, pero la mamá se pasa diez minutos esperando que pase alguno
que pertenezca a una radio-empresa ya que si no corren el riesgo de que
se les suban “chorros” y los obliguen a entregar sus pocos pesos
extrayéndolos de un cajero automático.
Como el vehículo no aparece se toman un
colectivo, tienen las monedas justas para todos pero la máquina le
devuelve varias por ser falsas y el colectivero los deja de a pie.
Pasan frente al supermercado que ya
está cerrado por temor a los robos y por las dudas de que aumente el
euro y el precio de la cebada se vaya a las nubes.
Cuando regresan todos cansados de tanto caminar se les ocurre ver un partido donde juega Argentina, pero ¡está codificado!
Es la no globalización, el famoso pay per view qué le dicen.
Finalmente la familia entera decide internarse en un convento y hacer votos de silencio.
¿Entienden ahora porqué la Argentina es el refugio de la espiritualidad mundial?
Espero que los turistas encuentren otra
realidad, sino vamos a tener que seguir vanagloriándonos de que lo
único bueno que tenemos es el agua de Villa La Angostura, la misma que
Grondona tomó del estanque en su programa y no se envenenó.
-
¿Me vas a hacer daño? (Por Juan José Millás)
Fui a sacarme sangre para un control de colesterol, y me gustó.
Me gustó todo: salir de casa a una hora
extraña para mí, contemplar la agitación de la gente que se dirigía al
trabajo, sentir el estómago vacío, pues me habían dicho que no
desayunara.
La chica de la recepción, en la clínica, hablaba con alguien de la guardería donde hacía un rato había dejado a su hijo.
Le estaban diciendo que tenía fiebre, pero ella debió de escuchar que estaba agonizando.
Una madre angustiada por una nadería resulta un espectáculo conmovedor.
Le dije que no sería nada, un catarro, y añadí que la fiebre era una defensa.
No sé dónde escuché esto de que la fiebre es una defensa, pero lo repito siempre que puedo.
Además (esto no se lo dije) la fiebre purifica.
Yo, al menos, siempre vuelvo de esas situaciones más limpio, como si se me permitiera estrenar una vez más mi cuerpo.
La enfermera encargada de sacar la sangre llegó enseguida.
Era un poco gordita y jovial.
Me preguntó en qué brazo se me veían mejor las venas y le dije que no lo sabía.
No suelo buscarme las venas, francamente.
Recordé cuando en las tiendas me preguntan por mi talla.
Nunca lo sé.
-No importa -dijo la enfermera-, probaré con el izquierdo y si no la encontramos, vamos al derecho.
Aquello empezó a inquietarme.
Era el primer paciente de la mañana.
De súbito, las cosas ya no me parecieron tan bien.
A lo mejor lo del niño de la recepcionista era grave.
-¿Me vas a hacer daño? -pregunté.
Me pareció curioso que me saliera un
«¿me vas a hacer daño?» que parecía referirse más al dolor moral que al
físico, como si se lo preguntara a una novia a punto de abandonarme en
vez de a una enfermera.
Ella sonrió y me dijo que un poco de daño sí, pero un «poquito» nada más.
Me gustó su tono.
Me gustó la idea de que me hiciera un «poquito de daño» y se restableció el orden anterior.
Lo del hijo de la recepcionista sería un catarro.
La enfermera me puso una goma alrededor del brazo y dio un par de golpecitos en el lugar donde pensaba pincharme.
Apareció un bulto azul y los dos sonreímos satisfechos.
Por alguna razón, en vez de volver la cara, decidí observar cómo penetraba la aguja en mi cuerpo.
Me hizo un daño que me gustó, pero lo más increíble es que sentí un placer inexplicable al ver salir la sangre.
Deseaba que no dejara nunca de salir.
Pero duró muy poco.
Ya está, dijo ella y me dio un pedazo de algodón empapado en alcohol para que me lo aplicara a la herida.
Abandoné la consulta en estado de trance y entré en una cafetería para desayunar.
Pedí un zumo de naranja, café con leche y una ensaimada.
Mientras daba cuenta de todo, fui atacado por una fantasía absurda.
Me imaginé tumbado en una especie de mostrador, desnudo, con el cuerpo lleno de agujas huecas.
La gente se acercaba a mí, accionaba un pequeño grifo y tomaba una muestra de mi sangre.
Yo sentía un placer enorme cada vez que se producía una de estas pérdidas.
Esa tarde tenía sesión con mi psicoanalista.
Le conté la fantasía de la sangre y preguntó con qué lo relacionaba yo.
Le dije lo primero que se me vino a la cabeza:
-La sangre es un trasunto de la tinta.
De hecho la gente introducía la muestra en un tubo que guardaba algún
parecido con el tubo de un bolígrafo.
-¿Y? -insistió ella.
-Tal vez con aquella tinta escribirían luego poemas geniales.
-Pero es a usted al que le gustaría escribir un poema genial.
-Sí, pero no me sale.
Me di cuenta de que dije «no me sale» como si el poema estuviera dentro y no encontrara yo la forma de echarlo fuera.
Mi psicoanalista calló.
Yo también.
Permanecimos unos minutos en silencio.
Finalmente, intervino ella.
-¿Y? -preguntó.
-No sé -dije yo-. La sangre es un poema. Fíjese en el cuerpo de Cristo. Piense en Drácula...
A los pocos días, volví a recoger el resultado del análisis.
Una vez dentro del coche, abrí el sobre y lo leí despacio, como si fuera el primer texto que leía en mi vida.
Más aún: como si fuera el primer texto desde la creación del universo.
Juro que aquella nomenclatura de
hematíes, glóbulos blancos y plaquetas me pareció un poema genial, un
poema que me hizo llorar y que escondí al llegar a casa en un cajón.
Luego abrí la guía telefónica, busqué al azar un médico y pedí hora para hacerme otro análisis.
Ya no soy capaz de pensar en otra cosa.
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