Fin de semana: Viernes 3 a Domingo 5 de Enero de 2.025
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana empezamos un nuevo año con mucha alegría, y para eso tenemos un artículo sobre las cosas que influyen en nuestro humor, cosas divertidas recibidas desde las redes sociales, chistes breves, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy interesantes y divertidos. Esperamos que sean del agrado de todos, que comiencen muy bien este nuevo año y que tengan una muy linda semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
¿Qué factores influyen en nuestro humor? (Por Francisco Pérez)
Humor es el tono sentimental, agradable o desagradable, que experimenta internamente una persona.
Por lo tanto, no estamos hablando de aquello que nos hace sonreír o reír a carcajadas.
Generalmente, está vinculado a un objeto exterior (acontecimiento, lugar, otra persona, etc.) o a un pensamiento propio.
El humor se refiere exclusivamente a los sentimientos internos, o sea, subjetivos.
No abarca la manifestación exterior de los mismos.
Cuando tenemos en cuenta los sentimientos internos y su expresión externa, hablamos de afecto y no de humor.
Encontrarse de buen humor es estar alegres
Es una expresión coloquial y habitual el decir: “estoy de buen humor” o “estoy de mal humor”.
Esto lo decimos cuando queremos reflejar nuestra disposición anímica ante las circunstancias ambientales.
Cuando nos encontramos de buen humor nuestro tono vital y sentimental se encuentra fortalecido.
Nos sentimos alegres y sintonizamos bien con todos los acontecimientos positivos que nos rodean.
Si estamos de buen humor nos encontramos optimistas y tenemos ganas de hacer cosas.
Tenemos ganas de conectar con otras personas, divertirnos y sacar provecho de nuestras experiencias cotidianas.
Asimismo, disponemos de una mayor capacidad de resistencia para afrontar los posibles obstáculos.
Tendemos a minimizar los contratiempos, restándoles importancia, debido al optimismo generado por nuestro buen humor.
Cuando estamos de mal humor no estamos para nadie
Por el contrario, cuando nos encontramos de mal humor nos colocamos en el polo opuesto.
Nuestra disposición anímica se tiñe de pesimismo y nos sentimos apáticos.
Estamos desganados y faltos de interés por todo aquello que requiera un mínimo esfuerzo.
De esta forma, los contratiempos nos parecen complicaciones fastidiosas e insalvables.
Esto empeora aún más nuestro estado.
Preferimos que nos dejen en paz y no nos moleste la gente, por lo que tendemos a evitar las relaciones sociales.
¿Qué factores influyen?
Si tratamos de analizar qué factores influyen en el humor, veremos que son innumerables.
Unos factores son externos, procedentes del medio ambiente que rodea la vida de las personas.
Otros factores son internos, procedentes de la propia persona y que aparecen en forma de sensaciones físicas, psíquicas o combinadas.
Una clasificación de los factores determinantes de los cambios de humor nunca sería acertada, ya que una característica básica de los mismos es que son específicos de cada persona.
Es decir, cada persona es sensible a unos determinados factores que son particulares.
Un mismo acontecimiento actúa en el humor de varias personas de distinta manera, según su temperamento y carácter.
Para comprobar esto podríamos recurrir a un sencillo experimento.
Este experimento consistiría en acudir a una reunión social y detenernos a observar a cada uno de los asistentes, tratando de percibir su estado de ánimo, su humor predominante.
Probablemente veríamos a alguno alegre, radiante de felicidad, charlatán y lleno de entusiasmo.
No lejos de él veríamos a otro, callado, taciturno, ausente, actuando como si la fiesta con fuese con él.
Un poco más allá veríamos a un tercero, burlón, arrogante y presuntuoso que no cesa de llamar la atención.
Sentado en un rincón, tal vez otro esté deleitándose con la música.
Como vemos, el acontecimiento y los estímulos ambientales son comunes a todos; sin embargo, la reacción de cada uno es muy distinta.
Es por esto que nuestro humor depende de lo que pensemos y hagamos en determinadas situaciones.
Nuestra biografía determina nuestro estado de ánimo
Lo que para una persona es maravilloso para otra puede ser horripilante.
Así es en la mayoría de los casos.
Cada persona es un conjunto de vivencias, experiencias y recuerdos archivados a lo largo de toda su existencia.
A esto es a lo que llamamos biografía.
Cada una de estas vivencias, experiencias y recuerdos va acompañado de un sentimiento, una determinada emoción, que se activa cuando nos encontramos ante una circunstancia que los excita.
No es, pues, el hecho determinante en sí el que modula nuestro humor.
Lo que lo modula es la integración mental que hacemos del mismo en nuestro interior, con toda la carga emotiva que ello supone.
Así pues, cuando nos preguntamos qué cosas influyen en nuestro humor, podemos afirmar que todas aquellas que provoquen en nosotros una reacción emotiva, tanto positiva como negativa.
Hacer un listado de las mismas sería una tarea larga, pero valiosa para nuestro autoconocimiento.
Humor desde las redes sociales...
1.
La vida no es puta.
Porque si fuera puta, sería fácil...
(Gracias Esther !!!)
2.
Murió Juan M. Traverso y somos todos fierreros.
Murió Beckenbauer y somos todos futbolistas.
Murió Alain Delon y somos todos galanes.
Murió Menotti y somos todos D.T.
Murió Lanata y somos todos periodistas.
¡¡¡NO TE MUERAS NUNCA FLOR DE LA V!!!
(Gracias Alejandro !!!)
3.
Amigos:
Es mi deseo que este 2.025 los llene de letras S.
-Salud.
-Sabiduría.
-Sueños.
-Seguridad.
-Sinceridad
-Serenidad y
-Solidaridad.
No escribí Sexo, porque solo expreso deseos, no milagros...
4.
El paciente en la consulta con su médico de PAMI:
-”Doctor, respiro bien, pero al hacer el amor escucho silbidos...”
-”Y a su edad qué pretende escuchar, ¿Aplausos?”
5.
Murió Leo Dan.
Murió en paz.
Porque no estaba ni comprometido, ni casado, ni nada...
(Gracias Iche !!!)
7.
-”¿Por qué el inodoro quiere que sea otoño?”
-”¿Por qué?”
-”Porque está cansado de ver anos...”
(Gracias Susana !!!)
8.
El sexo es muy estresante.
La primera vez te tienes que esconder de tus padres.
Luego, de tus hijos.
Y después, de tu esposo...
9.
-”¿Sabes por qué los mariscos vienen del mar?”
-”No, ¿por qué?”
-”Porque
si vinieran de Francia, serían Franciscos...”
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Un cacho de cultura...
1.
-”Quiero ser tu Romeo y que tu seas mi Julieta.”
-”¿Quieres que nuestras familias se peleen?”
-”No me refiero a eso...”
-”¿Quieres que nuestra relación dure solo 6 días?”
-”No, mi amor, es que...”
-”¿Quieres que acabemos muertos?”
-”¡Nooo!”
-”Entonces mejor callate y léete la obra...”
2.
-”Según su currículum tiene Usted una memoria increíble.”
-”Así es.”
-”A ver, ¿qué ocurrió en París el 14 de julio de 1.789?”
-”¿A quién?”
3.
-”Y ahora, cuéntame cosas sobre tí.”
-”No bebo, no fumo, no salgo con amigos por las noches, no como mucho, leo muchos libros y hago ejercicios todos los días.”
-”¡Guau! Eres el hombre de mi vida... ¿Cuándo podemos vernos?”
-”En unos años, cuando salga de la cárcel...”
4.
-”Papá, ¿me ayudas con la tarea de Física?”
-”¡Claro!”
-”¿Cómo mueren las estrellas?”
-”De sobredosis y a los 27 años...”
Sutilezas...
1.
A San Antonio, como es un santo casamentero, Celiberia Sinvarón, madura señorita soltera, le rezaba todas las noches.
-”¡San Antoñito!”, -le pedía suplicante, -”¡Por favor mándame un hombre!”
Cierto día llegó al pueblo un batallón de infantería.
-”¡Gracias, San Antoñito!”, -clamó con fervor la señorita Celiberia, -”¡Ahora mándame fuerzas!”
2.
Rosibel le contó a su amiga Susiflor:
-”Salí anoche con un ruso, y bebimos mucho vodka.”
-”¿Fue mucho?”, -pregunta Susiflor.
-”Sí”, -confirmó Rosibel, -”Acabamos yo vodka arriba y él vodka abajo.”
3.
Doña Macalota, mujer de don Chinguetas, le dijo en son de queja a su marido:
-”El vecino de enfrente se la pasa viendo con unos prismáticos hacia la ventana de nuestra recámara. Deberías hacer algo.”
Le sugirió Chinguetas:
-”Nada más quítate la ropa. No le quedarán ganas de volver a mirar...”
4.
Con agitada voz el joven Simpliciano le pidió a su novia:
-”¡Quítate la blusa, Dulcilí!”
-”¡Estás loco!”, -protestó ella, -”¡No puedo hacer tal cosa!”
-”Si no te la quitas”, -dijo el muchacho, -”es que no me quieres.”
-”Está bien.”, -cedió ella.
Y se quitó la blusa.
-”Ahora”, -demandó el tipejo, -”quítate la falda.”
-”¡Por favor, Simpli!”, -gimió ella, -”¡No me pidas eso!”
-”Si no te la quitas”, -repitió él, -”es que no me amas.”
Ella, con un suspiro de resignación, se quitó la falda.
-”Ahora”, -prosiguió Simpliciano, -”quítate las pantimedias.”
-”¿Para qué quieres que me las quite?”, -se atribuló la chica.
-”¡Quítatelas, te digo!”, -le ordenó terminantemente el persistente joven.
La chica se quitó las pantimedias.
-”Ahora”, -le dijo Simpliciano, -”quítate el brassiére, corpiño, ceñidor, sostén, portabustos o sujetador.”
-”¡Eso sí que no!”, -exclamó la muchacha poniéndose las manos sobre el pecho, -”¡Y menos si tiene tantos nombres!”
Le dice Simpliciano:
-”¿Lo ves? No me quieres.”
Ella, resignada, se despojó del brassiére, corpiño, ceñidor etcétera.
-”Y ahora”, -pidió Simpliciano con salaz acento, -”quítate la última prenda que te queda.”
-”¡No!”, -clamó la muchacha, -”¡Eso no me lo quito!”
-”Dulcilí”, -la amenazó Simpliciano, -”¡Si no te lo quitas cuelgo el teléfono!”
5.
Llegó a su casa don Cornulio y halló al plomero trabajando en la cocina.
Había terminado de arreglar un grifo que él no había podido reparar.
Sacó un billete don Cornulio, se lo dio al plomero y le dijo:
-”Aquí está su pago, buen hombre, y además una propina adicional. Salga esta noche a divertirse con la señora.”
Respondió el individuo:
-”Si no tiene usted inconveniente usaré ese dinero en otra cosa. Ya me divertí con la señora aquí mismo, y no me cobró nada...”
El viaje imposible... (Por Paulitinamente)
Yo me estaba rehabilitando de un accidente automovilístico que me había producido un TCE grave y que tenía como consecuencia una minusvalía del 67% así como serias dificultades para orientarme temporal y espacialmente.
Aún así, y siempre movido por la intención de normalizar mi vida al máximo, me dirigí a Barajas con la intención de coger un avión a La Coruña.
Tarea nada fácil dadas mis personales condiciones.
Y entre otras dificultades tenía un habla cerebelosa, que me dificultaba la relación interpersonal.
¡Nada me impediría coger el avión!
Al taxista le pedí que me llevara a Salidas Nacionales.
Y allí me dejó.
Cuando entré todo un mar de carteles y luces me sobrecogió enormemente.
Había que buscar dónde comprar el billete, lo primero.
Vi un uniforme empujando un carrito y suponiendo que se trataba de un trabajador del aeropuerto le pregunté:
-"¿Perdone me podría indicar dónde puedo comprar un billete a La Coruña, lo más barato posible?"
Me indicó la compañía y la ventanilla, no sin antes asegurarme que el no trabajaba allí, y que era un chófer llevando el equipaje de su señor.
Fui a la ventanilla, ya que comenzara a agobiarme por la inmensidad del lugar saturado de inútiles indicaciones.
Compré el billete, si bien antes tuve que sacar dinero de un cajero.
Y ya con el billete en la mano, volví a fijarme en los carteles, tratando de ver La Coruña.
Borracho por la saturación de indicaciones decidí preguntarle a un hombre de unos sesenta años.
Y muy amable me respondió que él estaba tan perdido como yo.
Y que no sabía indicarme.
Elegí otro viajero y esta vez tuve suerte:
-"¿Ve ese cartel de allí que dice Madrid-La Coruña?..."
Hacia allí me dirigí y cual no fue mi sorpresa cuando el cartel desapareció.
Continué andando hacia el lugar indicado y de repente tuve unas urgentes necesidades de orinar.
Así es que me olvidé de La Coruña y busqué urgentemente un lavabo.
Anduve unos diez minutos y tras preguntar varias veces localicé un cuarto de baño, donde pude encontrar alivio.
Pero...
Yo iba buscando la puerta de embarque a La Coruña.
Y ¡no!
Había olvidado mi maleta en el servicio.
Tardé unos veinte minutos en convencerme de que jamás volvería a encontrar el baño.
Y me autoconvencí de que lo más importante era tomar el vuelo a La Coruña.
De nuevo hacia la puerta de embarque.
Si no bebiera tanto alcohol le iría mejor, me contestó un pasajero preguntado.
Y es que mi habla cerebelosa era algo muy similar a la de una persona bebida.
Y la maldita puerta de embarque...
Decidí no preguntar más y buscarlo por mi cuenta.
Anduve siguiendo un cartel que decía Departures.
Unos veinte minutos.
Y de nuevo volvía a pasar por esa maldita cafetería.
Iba caminando en redondo.
Obcecado y ansioso continué mi búsqueda.
Ya estaba absolutamente perdido.
Y para mi todo era igual.
Pero bueno, ¿Es que no hay personal de aeropuerto?.
Había una ventanilla donde pregunté y...
-"¿Se encuentra usted bien?"
Pues no, sinceramente.
Pero la búsqueda no cesó.
Siguiendo instrucciones...
Me dejé guiar por mi intuición y seguí camino de Departures.
Ya no veía a nadie, ni leía carteles ni indicaciones...
Me dejaba guiar por mi espíritu.
Esto me suena.
Decidido tomé una ruta que era todo deseo.
Deseo de llegar bien.
Pero ¿dónde había puesto mi billete?.
Miré en mi bolsito y nada.
En mis bolsillos y nada.
Dónde diablos.
Ahora recordé que había apoyado el billete en una repisa para apuntar en mi libreta el número de vuelo.
Y sin duda lo había dejado.
Bueno, pues me cuelo.
Era absurdo, pero entonces no me lo pareció.
Sin maleta, sin billete...
Entonces lo vi con perfecta claridad.
Era un cartel azulado que decía:
-"¡Kiko, por aquí!"
Hacia allí me dirigí.
Largo pasillo.
Poca gente.
Entré en la sala anunciada con mi nombre y allí estaba mi maleta.
Y mi billete volvió de nuevo a mis manos.
La Coruña.
Facturé.
Me puse a la cola.
Enseñé mi billete y pasé al interior del avión
Me acomodé y entonces...
Un encargado del aeropuerto me preguntó:
-"¿Se encuentra usted bien?"
No, no estaba en el interior del avión sino apoyado en una papelera, sin billete, sin maleta y sin la más mínima esperanza de que mi situación se resolviera...
Y había comenzado a soñar.
¿Quién manda en casa?... (Por Julio César Parissi)
En este nuevo milenio, las relaciones de pareja están tan confusas que ya nada se da por seguro y cierto.
El rol de la mujer y del hombre fue cambiando tanto que, transitando el nuevo siglo, nadie sabe en realidad quién es el que manda en la casa.
Nuestros abuelos, criados en una cultura machista, asignaban el rol de jefe de familia al hombre, y la mujer y los hijos eran los que obedecían.
Hoy la mujer, debido a su independencia económica y su mayor grado de preparación para el trabajo, le disputa tanto ese rol al hombre que ya no es raro ver al hombre salir al laburo con el segundo auto y a la mujer con una poderosa 4 por 4.
Y a la hora de hacer publicidad comparada de polvos de lavar, el encuestador golpee a la puerta, y en lugar de dos remeras pida dos calzoncillos para hacer la prueba de la blancura.
El hombre siempre basaba el mando en su casa aduciendo que era él quien traía el dinero.
Con los índices de desocupación este asunto ya no es relevante: en algunos hogares no hay nadie que traiga guita.
Ya el hombre perdió el control de la casa, como unas décadas había perdido el control de los hijos.
A lo sumo hoy le queda en su poder el control remoto del televisor, y eso será si a la mujer, con tanta liberación y cambio de hábitos, no se le dé por el fútbol.
Hay que ser realista y saber que en una casa mandan las mujeres.
Salvos las suegras, que mandan en dos casas.
También se nota la avanzada femenina en el mando de la casa cuando se trata del único auto.
¿Quién tiene derecho de usarlo?
Antes era el hombre, exclusivamente.
Hoy es mitad y mitad.
Pero, el agravante es que la mitad que le corresponde a la mujer es cuando el auto está en la calle y la mitad del hombre cuando está en el garage.
Lo grave es que la evolución del matrimonio va paralela a la evolución política del mundo.
Antes el hombre era el rey absoluto del hogar.
En cambio hoy, a pesar de que sigue siendo el rey, por lo menos en los papeles, su monarquía es constitucional.
¿Qué quiere decir?
Que reina, pero no gobierna, como pasa en España, Inglaterra u Holanda.
Los que realmente gobiernan son su mujer y el gabinete de cuñados que le impuso su suegra.
Usted dirá: ¿no hay ninguna posibilidad de que el hombre mande en su casa?
Por supuesto que la hay, no todo está perdido, hombre.
El hombre mandará en su casa todo el tiempo que se le antoje.
Por lo menos, hasta que forma pareja.
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