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Viernes 8 de Diciembre

 

                  Fin de semana: Viernes 8 a Domingo 10 de Diciembre de 2.023

Hooolaaa samigooosss !!!

Esta semana tenemos una edición muy divertida con un artículo sobre los beneficios de la risa en la salud, chistes breves, humor llegado desde las redes sociales, más chistes de médicos, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy ingeniosos e interesantes. Esperamos que los disfruten y les deseamos a todos una muy buena semana.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.

¿Por qué la risa es buena para la salud? (Por Elena Sanz)

Según Robert McGrath, psicólogo de la Universidad Wisconsin-Madison (EE.UU.), reír es beneficioso para la salud por varios motivos.

Por un lado, el humor reduce las hormonas del estrés. Además, “una carcajada intensa aumenta el ritmo cardíaco, estimula al sistema inmune, potencia el estado de alerta y nos hace ejercitar los músculos”, explica McGrath.

Sin olvidar que al reírnos aumentan los niveles de endorfinas, el anestésico natural del cuerpo.

Es más, incluso después de "echar unas risas" el organismo sigue notando sus efectos.

Tras reírnos, hay un breve período durante el cual la presión sanguínea baja y el corazón se desacelera”, afirma el investigador, que recomienda 30 minutos diarios de ejercicio y 15 de humor.

Un nuevo estudio científico confirma los efectos beneficiosos de la risa, que ha demostrado ser una eficaz terapia contra la diabetes, el colesterol, los ataques cardíacos y la hipertensión, además de mejorar la respuesta del sistema inmune.

Los detalles se daran a conocer en la conferencia científica Experimental Biology 2009, que tendrá lugar a partir del próximo 18 de abril en Nueva Orleans (EEUU).

Quien más ríe, vive mejor

En un estudio con 20 pacientes diabéticos de alto riesgo, el investigador Lee Berk, especialista psiconeuroinmunólogo, aplicó una terapia con medicamentos contra la diabetes, la hipertensión y el colesterol.

Además, a una decena de los voluntarios fueron sometidos simultáneamente a un tratamiento de risoterapia consistente en 30 minutos diarios de humor televisivo, seleccionados a gusto de cada paciente.

El experimento demostró que reír a diario reducía la epinefrina y la norepinefrina, y por tanto los niveles de estrés.

Además, la risa incrementaba en los pacientes el "colesterol bueno" y reducía los indicadores de inflamación.

En concreto, tras un año de tratamiento, los niveles de colesterol bueno habían incrementado un 26% en los pacientes sometidos a risoterapia, frente a sólo un 3% en el grupo tratado con medicamentos.

Y la proteína C-Reactiva, considerada factor de riesgo para la hipertensión y otras formas de enfermedad cardiovascular, se redujo en un 66% en quienes practicaban la risa (frente a un 26% en el resto de pacientes).

Según Berks, su estudio proporciona evidencias para algo que todos los buenos profesionales de la medicina ya saben, y es que las emociones positivas, “la risa sana, el optimismo y la esperanza tienen efectos positivos sobre nuestra fisiología”.

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  • Humor desde las redes sociales…

1.

Le dije que no jugara a la ruleta rusa...

Le entró por un oído y le salió por el otro...

2.

-”¡Quitate la blusa!”

-”Vale...”

-”¡Quitate el sostén!”

-”Está bien...”

-”¡Y quitate esa falda y la tanga también!”

-”Bueno...”

-”¡Y que sea la última vez que te pones mi ropa, José!”

3.

El sentido común es como el desodorante:

La gente que más lo necesita es la que menos lo usa.

4.

-”¡Dejá de gastar plata en pavadas, que después llorás!”, -dijo una mujer en el subte.

Y no sé si se lo dijo a la hija, a mí, o a toda la población en general...

(Gracias Esther !!!)

5.

Cuando eres joven, sueñas con comerte al mundo.

A partir de los 40, engordas como si lo hubieras logrado...

(Gracias Gustavo !!!)

6.

-”¿Cuál es su nombre?”

-”Algunos me dicen Teo, otros me dicen Doro...”

-”¿Teodoro?”

-”No, Doroteo...”

7.

-”¿Me da un kilo de azúcar?”

-”¿Refinado?”

-”¿Podría Usted, con esa grácil destreza que se le advierte, dispensarme un kilogramo del néctar dulce de caña?”

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  • De galenos...

1.

-”Doctor, veo elefantes azules por todas partes...”

-”Ha visto ya a un psicólogo.”

-”No, solo elefantes azules...”

2.

Una mujer va al cirujano plástico y se hace estirar los pómulos, se arregla la nariz y las orejas.

Cuando se mira al espejo el médico le pregunta:

-”Señora, ¿se le ofrece algo más?”

-”Quisiera tener los ojos más grandes y expresivos.”

-”Perfecto. ¡Enfermera, tráigale los honorarios!”

3.

-”Señora, en la próxima sesión es importante que analicemos a su inconsciente.”

-”No, doctor, va a ser imposible que convenza al desgraciado de mi marido de venir.”

4.

-”Doctor, hago el amor con mi marido 60 veces a la semana. ¿Eso es bueno o malo?”

-”Señora, ni bueno ni malo, ¡eso es mentira!”

5.

Un hombre se levanta súbitamente a las 3 de la madrugada, y al sentirse mal, llama a su médico, que acude de inmediato.

Luego de revisarlo, el doctor le dice:

-”Bien, señor, llame a sus hijos, a su mujer y a su abogado.”

-”¿Tan mal estoy, doctor? ¿Me voy a morir?”

-”No, ¡Es que no quiero ser el único estúpido al que despiertan a las 3 de la mañana!”

6.

-”Enfermera, ¿de quién es esa boquita?”

-”Ay, no sé doctor...”

-”Enfermera, ¿de quién son esos ojitos?”

-”Ay, no sé doctor...”

-”Enfermera, ¿de quién son esas orejitas?”

-”Ay, no sé doctor...”

-”Pero, enfermera, ¡esta morgue es un desastre!”

(Gracias Iche !!!)

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  • Ferretería explicada...

¿Quién no fue alguna vez a una ferretería a comprar 'el cosito ese que va enganchado en el chirimbolo que sale del pendorcho...'?

Los ferreteros tienen experiencia y terminan “descifrando” esos códigos que usamos los pobres mortales.

Para eso, uno de ellos puso el siguiente cartel orientativo:

Ferretería “Tu Tío” - Diccionario para clientes:

Coso: Parte de una pieza.

Chirimbolo: Elemento para cosos.

Cachivache: Elemento cuyas piezas son cosos y chirimbolo.

Pendorcho: Pieza que sale de un coso.

Presunchos: Precintos.

Clavos con rosca: Tornillos.

Chancletas: Zapatillas (eléctricas).

Rasca rasca: Espátula.

Puf puf: Rociador.

(Gracias Claudia !!!)

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  • Estamos distraídos... (Por Roberto Fontanarrosa)

Mi amiga Colette solía decir, y hace ya mucho tiempo, “Estamos entrando en la edad del nunca me había pasado”...

Y es así.

Decimos: “Es curioso. Nunca me había pasado, me agaché a recoger un tenedor y se me trabaron cuatro vértebras de la columna.”

Escuchamos: “Es notable. Nunca me había pasado. Mordí un caramelo de limón y un premolar se me partió en ocho pedazos.”

Es que, así como se habla de un Primer Mundo y de un Tercero sin que nadie conozca a ciencia cierta cual es el Segundo, nosotros hemos pasado de la Primera Edad a la Tercera sin recalar por la Segunda y el cuerpo acusa recibo de tal apresuramiento.

El tiempo mismo, incluso, ha tomado una consistencia gelatinosa, plástica, mutante.

Calculamos:

-”¿Cuánto hace que se mudó Ricardo a su nueva casa?”

Y arriesgamos:

-”Tres, cuatro años.”

Hasta que alguien, conocedor, nos saca de la duda: -”Catorce.”

Suponemos ante el amigo encontrado ocasionalmente en la calle: -”Tu pibe debe andar por los seis, siete años...”

-”Tiene diecinueve”, -nos contesta el amigo.

-”¡Vení Tacho!”

Y nos presenta a una bestia de un metro ochenta, pelo verde, un clavo miguelito clavado en la ceja y un cardumen de granos sulfurosos en la mejilla.

Se corrobora entonces aquello que, dicen, decía John Lennon: “El tiempo es algo que pasa mientras nosotros estamos distraídos haciendo otra cosa.”

Y suerte que estamos distraídos haciendo otra cosa.

Mucho peor es aburrirse.

Es dulce rememorar ciertos momentos, pero más me entusiasma pensar en las cosas que tengo para hacer.

Es que muchos de esos ciertos momentos son muy viejos.

Y por lo tanto vale recordar el consejo dado por Javier Villafañe cuando alguien le preguntó cómo hacía para conservarse tan joven pasados los ochenta años.

-”No me junto con viejos”, -respondió el maestro.

Yo quiero agregar lo que un día dijo Jean Louis Barrault, famoso mimo francés:

-”La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.”

(Gracias Esther !!!)

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  • Sutilezas...

1.

El tipo le dijo a la hermosa mujer que tenía al lado en el bar:

-”Daría 5.000 pesos por posar mis labios en esa boca suya tentadora.”

Replicó la mujer:

-”¿Y por qué no optas mejor por el gran premio de los 50 mil pesos?”

2.

Un tipo le informó a otro:

-”Tu mujer hace el amor con todos los hombres del pueblo.”

-”No es cierto”, -negó terminantemente el otro, -”Conmigo no lo hace...”

3.

La nueva secretaria de don Algón le comentó a una compañera:

-”Me dicen que el jefe es muy buena onda con las empleadas de la oficina; que todas lo aman.”

-”Sí”, -confirmó la otra, -”Por cierto, hoy te toca a ti amarlo...”

4.

Pirulina le contó sus pecados al buen padre Arsilio.

Le dijo:

-”Acúsome de que ayer fui con mi novio al Ensalivadero.”

-”Ese lugar”, -inquirió el confesor, -”¿es el sitio al que acuden por las noches las parejas en rijo?”

-”Van en coche.”, -acotó Pirulina.

Y prosiguió:

-”Ahí él empezó a besarme french style.”

-”¿Qué es eso?”, -se inquietó el sacerdote.

Explicó la muchacha:

-”Es un beso en el que no sólo intervienen los labios, sino también la lengua.”

-”¡Señor San Blas!”, -exclamó consternado el eclesiástico (San Blas es el santo al que se invoca para prevenir y curar los males de garganta), -”¿Imaginas, desdichada, la cantidad de microbios que se trasmiten mutuamente quienes participan en ese lúbrico ósculo?”

Replicó Pirulina:

-”Cuando te besan así en todo piensas, menos en microbiologías. Luego mi novio me acarició con exhaustividad por arriba y por abajo. Finalmente me llevó al asiento de atrás del automóvil y me hizo el amor.”

-”Muy mal hecho”, -amonestó el padre Arsilio.

-”No, señor cura”, -lo corrigió la muchacha, -”Me lo hizo muy bien.”

-”Eso no quita el pecado”, -indicó el párroco, severo, -”En penitencia rezarás un rosario.”

-”Padre”, -aventuró la chica, -”si rezo dos ¿tendré derecho a una segunda vez?”

5.

El marido de doña Gorgolota comentó:

-”Mi esposa se pone todas las noches una máscara de lodo verdinegro para el cutis.”

Preguntó alguien:

-”Y esa máscara ¿le mejora el aspecto?”

Contestó el marido:

-”Si se la deja puesta, sí...”

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  • Réquiem para un Ficus... (Por Sudasudaca)

Sucedió algún tiempo atrás, era sábado, era temprano y estaba a punto de ser un día extraordinario.

Bajé los 15 pisos que me separan de la planta baja haciendo un pequeño análisis, limitado por la hora del día y el día mismo, que arrojara algo de luz sobre lo que había visto en el palier del piso 15 mientras esperaba el ascensor.

Allí me había cruzado con dos personas, un hombre y una mujer en sus cuarenta años que fumaban nerviosamente mientras miraban hacia el interior de un departamento que tenía la puerta abierta.

Al llegar a la planta baja mis pensamientos se suspendieron, me dirigí hacia la puerta de calle, pusé la llave, la giré, tomé el pomo de la pesada puerta y la abrí trayéndola hacia mí.

Levanté la vista y grande fue mi asombro al encontrarme con una camioneta azul de la Policía Federal, en su costado se leía en letras duramente castigadas por el paso del tiempo: Policía Científica.

No recuerdo si alguna otra inscripción hacía referencia a algo más, pero en mi memoria quedó gravada la palabra morgue.

Acero inoxidable, bisturíes, congeladores gigantes y olor a calas fueron algunas de las imágenes que recorrieron mi cabeza en los metros que caminé hasta el puesto del diario.

Varios pesos más liviano y buscando entre el diario los folletos promocionales volví hacia el departamento, en la puerta seguía el féretro móvil y recuerdo lo simpático que me resultó en aquel momento imaginar cómo serían los profesionales del cuerpo de la policía científica de la Policía Federal.

Gordos, seguramente, como la gran mayoría de sus integrantes, quizás algo más bonachones y seguramente hicieran buenos chistes con la muerte y los muertos.

Mientras me sonreía en soledad llegué de vuelta al piso 15, allí seguían las dos personas que había visto un rato atrás.

Subí por escalera hasta el piso 16, donde no llega el ascensor pero sí los ladridos del perro de cotillón de mi vecino y entré a mi departamento.

Mi novia aún dormía, entregué mi cuerpo y mi cabeza a las tareas del hogar y otra hora y tanto pasó hasta que ella despertó.

Le comenté rápidamente lo que había sucedido y la intriga que me había generado todo lo que había visto, pero no creo que en su cabeza hubiera algo más que la idea de un buen mate para desayunar.

Una vez desayunada y despabilada retomé mi caso y le conté de nuevo, paso por paso, lo que había visto.

Con la lógica práctica que sólo las mujeres tienen me dijo que le preguntara al portero.

El hombre que sabe cada movimiento del edifico, ese gurú de la inteligencia consorcística bien debía saber qué hacía una camioneta de la Policía Científica en la puerta del edificio y dos gordos fumando en el palier del piso 15 y si estos dos hechos estaban relacionados.

Mi problema con los porteros es que no me gusta el fútbol, y de todas las miles de cosas sobre las que un portero siempre quiere hablar, el Clausura y el Apertura están en los primeros puestos (salvo que haya mundial).

Igual aplica a los taxistas, pero puedo ser amargo con ellos y no por eso sufrir un corte misterioso de luz o agua en mi departamento.

Por ello, sin dejar de lado la afable cordialidad, mi relación con los guardianes de la vereda no pasa de un “Buen día”, “Buenas tardes” o “Buenas noches”, según corresponda.

Ahí estaba yo, en casa, con una duda y un dilema.

Quería saber qué pasó, soy curioso por naturaleza, pero no quería que eso derivara en apreciaciones sobre la defensa de River Plate un lunes a la mañana.

Nuevamente la evolucionada lógica femenina entró en escena y mi novia se ofreció para ser ella quien interrogue al portero.

La propuesta me dejó tranquilo, al fin tendría una explicación con lujos de detalle y no había ningún riesgo, un portero nunca habla de fútbol con una mujer, el sólo hecho de pensarlo le resultaría gravemente insultante.

Ella tenía que bajar por algún asunto que hoy no recuerdo y yo esperé ansioso su vuelta y las noticias que traería.

Fantaseé con múltiples cosas el tiempo que estuvo afuera, quizás un asesinato, un suicidio o un crimen pasional con trazas mafiosas relacionado con la trata de blancas organizada en Ucrania.

Por suerte volvió rápido porque la inmadurez de mi imaginación me estaba llevando hacia pasajes que mi conciencia no quería visitar.

-“Una vieja muerta”, -lanzó sin tener en cuenta la gravedad que el hecho revestía en mi imaginario.

-”¿Una vieja muerta?”, -reflexioné.

Se me hizo algo muy común, poco interesante, los viejos mueren todos los días, para eso son viejos.

El caso no revestía mayor misterio y me sentí algo desilusionado con el desenlace de la situación.

-”Muerta desde el jueves”, -me dijo con una sonrisa que revestía mucho de alegría.

Recuperé de un golpe el interés y la interrogué en busca de mayores detalles que engordaran mi morbo.

Pero no había mucho más por escuchar.

Aparentemente la habían encontrado ese sábado por la mañana, quizás por el olor o a lo mejor porque la señora no respondía los llamados telefónicos.

Pensé que a lo mejor las dos personas fumando en el palier eran sus hijos, o los dueños del departamento de la finada inquilina.

No llegué a distinguir si la preocupación que los embargaba era la de la pérdida de un ser querido o la de la pérdida de un año de contrato.

Sin quererlo, esta cuestión ya había ocupado casi todo mi sábado.

La noche se empezaba a dejar ver cuando en uno de mis pasos por el palier del 15 me encontré con un pequeño jardín botánico.

Plantas, macetas, jardineras, pequeñas herramientas de jardín y algunas piedras poblaban parte de la escalera y el descanso que llevan hasta mi piso.

Un bonito espécimen de Ficus de aproximadamente un metro y medio de altura llamó poderosamente mi atención.

Tan noble ejemplar no podía terminar sus días alejado del sol y del agua dejado a la buena de dios en la vereda.

Recorrí el resto del muestrario vegetal con mi vista y enseguida supe que era el legado de la vecina muerta.

Su balcón entero ocupaba ahora el espacio común y vaya a saber uno qué harían con esas plantas que alguna vez habían sido la única compañía de la anciana.

No me demoré en tomar la decisión, al día siguiente hablaría con el portero para preguntarle cuál iba a ser el destino de la planta.

Ya podía imaginármela en mi balcón recibiendo con placer el agua que cayera de mi regadera de cinc.

El día siguiente por la tarde decidí ir a hablar con el portero, verifiqué que la combinación de colores en mi ropa no pudiera sugerir la de ningún equipo de primera A, B y B metropolitana y me dirigí a su encuentro.

Mientras iba hacia allí pasé por el pasillo del 15.

Grande fue mi horror.

Sólo quedaban allí vestigios de tierra y algunas hojas secas, ni rastro del huérfano vegetal.

Aceleré el paso como si aquello pudiera cambiar el rumbo de la historia y en un santiamén estaba exponiéndole mi inquietud al portero, siempre procurando mínimo contacto visual.

Me escuchó atentamente y al terminar me dijo solemne:

-”¡Ay, qué macana, la señora pidió que lo llevaran al jardincito!”

Algo confundido por sus palabras saludé cordialmente y me puse a analizar el contenido de la respuesta.

Chusma seguro, pero médium o chaman no encajaba en el perfil del portero.

Cómo era entonces que sabía que la señora fallecida quería que su Ficus migrara a la pecera de exageradas dimensiones a la que él se refería con el nombre de “jardincito de abajo”.

Imaginé que aquella mini selva urbana que coronaba la entrada al edificio era quizás el memorial más exclusivo de Belgrano, donde iban a parar todas las plantas de los muertos del edificio.

Luego de librar mi mente de teorías conspirativas y de espiar el balcón del portero para descartarlo como nuevo propietario de la planta, estuve convencido de que sus dichos se condecían con la realidad.

Algo resignado entré a mi departamento y acostado en el sillón perdí la mirada en la inmensidad de la Ciudad.

Al final de cuentas no había sido un fin de semana tan malo, no tenía Ficus, pero conservaba mi anonimato futbolístico y por fin sabía qué hacían todas esas plantas en la entrada del edificio.

Un último pensamiento ocupó mi mente aquél domingo por la noche, me pregunté cuánto volumen ocuparían las cenizas de una señora adulta y si podrían cubrir la maceta de un ficus.

No encontré una respuesta que me satisficiera, pero tuve una idea.

Pensé que los grandes eventos de la humanidad siempre tienen su lugar asegurado en los anales de la historia universal, pero pequeños eventos que involucran a porteros, Ficus, vecinas muertas, la policía científica, mi novia y mi curiosidad merecían aunque sea unas pocas líneas.

Este es mi homenaje a los sucesos cotidianos.

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