Fin de semana: Viernes 1° a Domingo 3 de Diciembre de 2.023
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana llegamos a todos nuestros amigos con un artículo sobre la risa más contagiosa según un estudio, chistes breves, cosas de “la cole”, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy ingeniosos y divertidos. Esperamos que los disfruten y les deseamos a un muy buen fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
¿Qué tipo de risa resulta más contagiosa? (Por Elena Sanz)
Dos investigadores especializados en el estudio de la risa, Michael Orwen, de la Universidad Estatal de Georgia, y Tobias Riede, de la Universidad de Utah, han realizado un curioso estudio para determinar cuál es la risa más contagiosa.
En una serie de experimentos invitaron a 28 estudiantes a clasificar 48 risas diferentes.
Y aunque todas fueron valoraradas como positivas, las largas y sonoras carcajadas con la boca abierta, del tipo "ja-ja", demostraron ser más contagiosas y transmitir sensaciones más positivas que las risas con la boca cerrada.
El tipo de risa que menos alegría transmite es la que se produce expulsando aire por la nariz, sin vibración de las cuerdas vocales.
Según los investigadores, a medida que nuestro nivel de júbilo aumenta, los pliegues de la boca se mueven y nos "obligan", finalmente, a abrirla de par en par.
Inconscientemente, postulan, quienes escuchan a otros reír a carcajadas se sienten de mejor humor en respuesta a este hecho.
Humor desde las redes sociales…
1.
-”Abuelo, ¿vos tenés dientes?”
-”No.”
-”¿Me cuidás el turrón?”
2.
Si no te gustan los subtítulos, es porque te gusta doblada...
(Gracias Esther !!!)
De galenos...
1.
Un gupo de médicos de un hospital en Nueva York está haciendo una protesta.
Los oficiales del hospital dicen que intentarán debatir las demandas de los médicos en cuanto puedan mandar a un farmacéutico que lea y entienda los carteles.
2.
Un hombre está en un hospital espera a que su mujer dé a luz.
Sale el médico de la sala de partos y le dice:
-”Han sido quintillizos.”
-”¡Es que tengo un cañón!”
-”Pues será mejor que lo limpie, porque le han salido negros...”
3.
Un mecánico está trabajando, ve pasar por su taller a un cirujano muy reconocido y le grita:
-”¡Usted, gran cirujano! Mire el trabajo que hice: le saqué las válvulas, las cambié, le puse partes nuevas y, cuando termine, este animal rugirá como un león. ¿Por qué, si hacemos el mismo trabajo, usted se lleva todos los méritos?”
-”Bien, intente hacer eso mismo con el motor en marcha.”
4.
¿Cuál es la diferencla entre un clínico, un cirujano general y un psiquiatra?
El clínico sabe todo pero no hace nada, el cirujano general no sabe nada pero hace todo y el psiquiatra no sabe nada y no hace nada.”
5.
Ese especialista en huesos era tan malo, que puso un hospital de traumatología, y lo quebró.
6.
-”Doctor, ¿cómo ha salido la operación?”
-”¿Operación? ¿No era una autopsia?”
(Gracias Iche !!!)
Por qué cruza la calle cada signo...
1) Aries: Para discutir con alguien que está del otro lado.
2) Tauro: Porque se le metió la idea en la cabeza.
3) Géminis: Para charlar con la vecina de enfrente.
4) Cáncer: Porque se sentía solo y abandonado.
5) Leo: Para demostrar coraje y llamar la atención.
6) Virgo: Todavía no la cruzó, está calculando el ancho, la velocidad de los coches, la mejor hora de atravesarla, etc.
7) Libra: Tampoco cruzó, porque todavía no decidió de qué lado estará mejor.
8) Escorpio: Porque estaba prohibido.
9) Sagitario: Porque la idea le pareció divertida y le dio la gana.
10) Capricornio: Porque fue a ver los negocios de enfrente.
11) Acuario: Porque de este lado había demasiada gente común.
12) Piscis: ¿Qué calle?… ¿eh? ¡ah, la calle!.
(Gracias Esther !!!)
Humor de “la cole”...
Un judío muy pobre va a ver al rabino y le dice:
-”Rabino, tengo un problema grave. Mi esposa y yo vivimos en una habitación muy pequeña con nuestros seis hijos. No tenemos espacio, no tenemos privacidad, no tenemos paz. ¿Qué puedo hacer?”
El rabino le dice:
-”Trae una cabra a tu habitación y vive con ella durante una semana. Luego vuelve a verme.”
El hombre sorprendido sigue el consejo del rabino y trae una cabra a su habitación.
La cabra hace ruido, ensucia todo, huele mal y molesta a la familia.
Después de una semana, el hombre vuelve a ver al rabino y le dice:
-”Rabino, ¡esto es imposible! La cabra es insoportable, no podemos vivir así. ¡Por favor, ayúdeme!”
El rabino le dice:
-”Ahora saca la cabra de tu habitación y vive una semana sin ella.”
El hombre hace lo que el rabino le dice y saca la cabra de su habitación.
Al cabo de una semana, vuelve a ver al rabino y le dice:
-”Rabino, ¡qué maravilla! Ahora nuestra habitación es un paraíso. Tenemos espacio, tenemos privacidad, tenemos paz. ¡Muchas gracias, rabino!”
(Gracias Alejandro !!!)
Sutilezas...
1.
La recién casada era insaciable en lo que al sexo se refiere.
Le pedía a su marido el cumplimiento del débito conyugal dos y tres veces en el mismo día.
Para quien bebe las miríficas aguas de Saltillo eso no habría sido ningún problema, pero el desposado no disponía de las taumaturgas linfas, de modo que andaba ya agotado, laso, feble, exánime y desguanguilado.
Se iba a cumplir un mes del matrimonio, y su mujercita le preguntó:
-”¿Qué quieres para ese día?”
Con voz apenas audible respondió el lacerado:
-”Llegar.”
2.
Aquel hombre, cansado de placeres, decidió buscar esposa.
Quería una que no hubiese conocido las cosas del mundo y de la carne, de modo que se alegró bastante cuando conoció a una chica modosa y recatada.
La cortejó discretamente, para no herir su virtud y su candor, y aun la acompañó en sus devociones cotidianas, pues la muchacha gustaba de oír dos o tres misas cada día.
Por fin se llegó la fecha de la boda.
Esa noche, ya en la habitación nupcial, él salió del baño y se sorprendió mucho al ver en la cama a su mujercita, sin nada encima y recostada en actitud lúbrica y sensual como de Mesalina, Thais o Friné.
-”¡Pero, Goretina!”, -exclamó el hombre al mismo tiempo consternado y sorprendido, “¡Yo esperaba verte de rodillas!”
-”¡Ah no!”, -rechazó ella, -”Cuando lo hago en esa posición después siempre me duele la espalda...”
3.
El seductor galán estaba refocilándose con mujer casada en el lecho conyugal de la señora.
En eso se oyeron grandes golpes acompasados como de enorme martillo mecánico que golpeaba una y otra vez el piso.
Temblaron los cimientos de la casa; vinieron al suelo varios cuadros que colgaban de la pared; se agitaron los candiles; vibraron los cristales de las ventanas.
El asustado follador pensó que aquello era un terremoto, pero la mujer lo sacó de su equivocación.
Le dijo:
-”Es mi marido. Conozco bien sus pasos...”
4.
Susiflor le contó a su amiga Rosibel:
-”Mi matrimonio es un paraíso. Una vez por semana mi marido y yo salimos a tomar una copa, a cenar, a bailar y luego, a manera de aventura, vamos a un motelito a hacer el amor. Yo salgo el viernes y mi marido el sábado.”
5.
El padre Arsilio notó que doña Facilisa no se daba golpes de pecho al decir: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi grave culpa”.
Los golpes se los daba en la región correspondiente a la entrepierna.
Al terminar la misa la llamó y le preguntó por qué hacía eso.
-”Padre”, -razonó la feligresa, -”los golpes de arrepentimiento se los debe dar uno en la parte donde he pecado más...”
Las dos suertes... (Por Silenciodeluna)
Se dice que todo tiene un orden interno, que si aquí hay mucha gente rica, allá hay mucha pobre, que si mi color es el rojo para otro es el amarillo, que si uno quiere fútbol otro telenovela, que si un roba otro da, que si alguien tiene mala suerte hay otro al que todo le sale a pedir de boca.
Debe haber alguien que elija la caja que elija del supermercado no espera cola, que delante suya no hay nadie que al pagar se encuentre sin crédito en la tarjeta, que todos sus artículos pasan sin que la cajera tenga que escribir número a número el código de barras, que nunca sea el primero al que le dicen “no, la caja está cerrada”, alguien a quien si se le antoja algo, lo ve rápido, alguien que no pierda nunca la cartera, ni libros ni llaves, ni móviles.
Quiero felicitar a ese alguien y decirle que soy el tonto que está al otro lado del mundo y que se equivoca constantemente.
Gracias a su existencia, tardo diez minutos en lo mismo que esa persona tarda dos.
No soy el único que quiere felicitarte, muchas veces miro a otro como yo y no nos queda otra que reírnos.
Si nos pusiéramos de acuerdo todos los que erramos en las cosas del día a día y copáramos todas las cajas de un supermercado o estuviéramos en la misma cola de la gasolinera...
¿Habría un apagón?
¿Colapso?
¿Ese día cierra antes?
¿Dejaría de haber petróleo?
¿Subiría todo?
Tienes suerte, querido amigo, mientras yo viva nunca esperarás colas.
Carta a Chichita... (Por Ema Wolf)
26 de abril, donde esté ahora.
Chichita mía:
Aquí me tenés, orbitando, como siempre.
Si he de serte sincero no hay mucho más por hacer en el transbordador.
Yo orbito, los otros seis que están conmigo orbitan, todos juntos orbitamos.
Las ostras también.
Día y noche orbitamos.
Tendrías que ver la Tierra desde acá, lo chica que parece.
Contesto a tu pregunta: no, no alcanzo a ver Olavarría y menos la puerta de tu casa, pero me imagino que quedó mucho mejor así, barnizada.
Hicieron bien en sacarle la pintura vieja y darle barniz.
Le hacía falta.
La veré cuando vuelva.
No duermo bien porque cuando me acuesto la cabeza y los brazos me flotan.
En la mitad de la noche la almohada se suelta y flota.
Es una desgracia tener que levantarse a buscarla cuando uno tiene tanto sueño.
Sobre todo porque apenas me desato yo también floto.
Así andamos, yo que manoteo la almohada y la almohada que se escapa.
¡No peso, Chichi!
¿Podés creer que no peso?
Acá nadie pesa, ¡ni las ostras!
Y mirá que son animales livianos.
(Ahí pasa un meteorito. Hay muchos. El asunto es esquivarlos).
Bueno, esto del peso ya te lo conté en la carta anterior, creo.
No quiero aburrirte.
Ahora te cuento algo mucho más raro.
Es lo que me tiene peor:
Aquí las noches son tan cortas que no alcanzan para dormir.
Porque una cosa que no nos dijeron antes de despegar fue que cuando uno orbita, así como estamos haciendo nosotros, ve dieciséis amaneceres y atardeceres por día: uno cada noventa minutos.
Amanece, y a la hora y media atardece.
Amanece y atardece.
Todo el tiempo.
Así que cuando te digo “por día”, me refiero a los días de ustedes: nosotros aquí tenemos muchos más.
Y muchas más noches.
¿Te acordás de mi pesadilla de los leones en el armario?
La tengo muchas más veces también.
Ayer fue hace un ratito nomás, mañana va a ser enseguida.
No termino de despabilarme.
A la noche nos saludamos “hasta mañana”, pero es medio al cuete, ¿entendés?
Eso pasa porque estamos dando vueltas muy lejos y a mucha velocidad.
Estamos yirando a casi mil kilómetros de la Tierra y a veintiocho mil kilómetros por hora.
Nos dicen que por eso tenemos el reloj biológico confundido.
Bingo.
Yo creo que cualquier reloj se confunde con una cosa así.
Willy, el cocinero, tiene problemas con los porotos por este asunto.
Willy dice que la receta dice que hay que ponerlos en remojo la noche anterior y hervirlos por la mañana, pero hay tan poco tiempo entre la noche y la mañana que siempre los comemos duros.
El pobre está preocupado y desde la base todavía no le contestan qué hacer en la emergencia.
Se ve que esto no lo tenían previsto.
O están durmiendo allá abajo.
De paso contesto tu otra pregunta: las ostras que traemos no son para comer, nosotros no comemos tan fino, son para estudiarlas.
Ellos quieren averiguar algo sobre las ostras que orbitan: cómo se sienten, qué piensan o algo así.
La verdad, no me imagino qué tiene de interesante eso.
No es asunto mío.
Me parece que se van a llevar una sorpresa con ellas.
Willy se ocupa de alimentarlas, pero las pobres ya hace días que no abren las valvas cuando les lleva comida.
No sabemos si están muertas o hartas.
La cuestión es que tanto amanecer y atardecer hace que uno les pierda el gusto.
Los mirás desde la ventanilla y pensás: otra vez sopa.
No digo que sean feos, digo que son demasiados.
Y todos iguales.
Ya los ves como si lloviera.
Lo que quiero decirte es que ningún atardecer es como aquel, Chichi, te lo juro.
Aquel atardecer en Olavarría, cuando vos y yo nos conocimos.
Cuando nos cruzamos por casualidad en el puesto del finado Laurenzo el día que le llevaste el pollo a la viuda.
(A propósito, ¿cómo está doña Rita?).
No me acuerdo qué color tenía el cielo porque ni lo miré.
Te miré a vos.
Pero debió estar muy lindo.
Había olor a fogata, habían estado quemando pasto.
(¡Acá ni se te ocurra hacer fuego!).
Y a Laurenzo le había nacido un ternero rubio, ¿te acordás?, su ternero póstumo habrá sido.
Ese atardecer no se repite, Chichi, ese fue único, no como los de acá.
Los cambio todos, todos estos, por un ratito de aquel.
¿Vos te das cuenta?
¡Quién iba a imaginar entonces que un día iba a escribirte desde la órbita!
Bueno, si nos bajan el jueves como nos prometieron, calculo que el domingo a la noche estoy por allá.
Avisale a la vieja que me tenga listo el catre.
Espérenme con todos los brazos abiertos.
Un beso de tu José.
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