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Viernes 28 de Julio

 

                  Fin de semana: Viernes 28 a Domingo 30 de Julio de 2.023

Hooolaaa samigooosss !!!

Esta semana tenemos un artículo con ejercicios mentales para ser felices, humor recopilado desde las redes sociales, chistes variados, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy originales y divertidos. Esperamos que se diviertan y que pasen todos una muy buena semana.

                                                         Esteban Nicolini


    El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.

3 ejercicios de entrenamiento mental que te harán más feliz (por Eva Maria Rodríguez)

¿Podemos ser más felices haciendo ejercicios de entrenamiento mental?

Hay buenas noticias: ¡Sí!

Las últimas dos décadas de investigación en el campo de la psicología positiva han revelado que entrenar nuestros cerebros no solo es posible, sino que hacerlo realmente puede cambiar su funcionalidad al mejorar la plasticidad neuronal, aumentar la materia gris y fortalecer las redes neuronales.

Así, de la misma manera que existen diferentes tipos de ejercicios para estimular diferentes grupos musculares y cualidades físicas, también puedes desarrollar intencionalmente diferentes conjuntos de habilidades que mejoren tu sensación general de bienestar y felicidad.

Pero, ¿por qué es necesario entrenar el cerebro para la felicidad?

La respuesta es sencilla.

Las imágenes de la corteza cerebral demuestran que el cerebro produce más actividad eléctrica después de los estímulos negativos.

Atribuimos las tendencias del cerebro a centrarse en lo negativo, una vez más, a nuestra respuesta de lucha o huida.

Para anular la respuesta de negatividad en los momentos en los que no es adaptativa, podemos entrenar nuestras habilidades mentales.

Una de las mejores maneras de hacerlo es a través de ejercicios de pensamiento positivo.

Si hacemos que la práctica del pensamiento positivo sea algo habitual, experimentaremos transformaciones positivas en casi todos los ámbitos de la vida.

En este artículo vamos a ver diferentes ejercicios que te ayudarán a entrenar cerebro para la felicidad y el éxito.

Practica la gratitud

Está en la naturaleza humana pensar en lo próximo que va a pasar, en el siguiente reto.

Esa ilusión nos impulsa hacia delante, nos da fuerzas para avanzar.

Sin embargo, todo eso pierde parte de su poder para hacernos felices cuando nos olvidamos de dar gracias por ello.

Practicar la gratitud tiene un efecto tan poderoso porque es un recordatorio de las cosas que ya tenemos.

Además, puede subrayar un mensaje: no necesitamos muchas de las cosas que creemos.

La gratitud se ha relacionado con diferentes beneficios físicos y psicológicos, incluida la felicidad.

Así que, ya sea mencionando lo que agradeces durante el desayuno, escribiendo un diario de gratitud antes de acostarte, no olvides dar las gracias a diario.

Esto capacita a tu cerebro para centrarse en lo positivo: hace más complicado que lo ignores.

Podría ser la forma más simple, pero también más efectiva, para aumentar su bienestar.

Respira conscientemente

La respiración tiene un efecto increíble cuando nos hacemos con el control.

En muchos casos, desconocemos el potencial de nuestra respiración como calmante o agente liberador de tensión.

La ira, la ansiedad, el miedo, el estrés y la tensión contribuyen casi automáticamente a una respiración superficial.

Todo lo que necesitas son cinco minutos para respirar prestando atención.

Ya sea porque estés ansioso, triste, atormentado, dedica cinco minutos varias veces al día para concentrarte en tu respiración.

Esto, en sí mismo, es el punto de partida para un ejercicio de meditación.

Ante todo, sonríe

Muchos estudios muestran que sonreír, ya sea de manera natural o replicando el gesto de manera consciente, produce “felicidad” en el cerebro y el cuerpo.

Esto es así porque cuando sonríes, con independencia de cómo, mandas a tu cerebro el mensaje asociado a una sonrisa.

En este sentido, cabe destacar los resultados de un estudio longitudinal de 30 años realizado en la Universidad de California-Berkeley, en el que los investigadores examinaron las sonrisas de los estudiantes en un anuario antiguo y midieron su bienestar y éxito.

Los investigadores revisaron en qué medida eran satisfactorios y duraderos serían sus matrimonios, revisaron su puntuación en una prueba estandarizada de bienestar y analizaron en qué medida eran inspiradores para los demás.

Aquellos que sonreían más en su foto del anuario obtuvieron una puntuación más alta en todos los parámetros citados.

En realidad, el ejercicio de sonreír es muy sencillo.

Por una parte, date la oportunidad de reír y sonreír a diario viendo cosas que te gustan, visitando a gente que te alegre ver, leyendo cosas divertidas, etc.

Por otra, acuérdate de “ponerte” la sonrisa y sacarla de paseo.

Sonríe al saludar, da las gracias sonriendo, sonríe como primera medida de contacto con cualquier persona...

Es fácil, es divertido y gratificante.

Y te hace feliz a ti y al que se encuentre con tu sonrisa.

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    Humor desde las redes sociales…

1.

Cómo harán los psicólogos para aguantarse las ganas de decirte:

-”Eso te pasa por pelotudo.”

2.

La pareja discute y él le dice a ella:

-”¡Decime una sola cosa que tenga él y que no tenga yo!”

-”Es alto, guapo, musculoso, culto y tiene dinero...”

-”¡Una sola cosa, dije!”

3.

Lo malo de tenerla tan grande, es que si uso un pantalón muy ajustado, se me nota mucho...

¡Maldita panza!

(Gracias Diana !!!)

4.

Un rengo le dijo a un cojo:

-”¿Cómo anda, Don, de los pies?”

Y el otro le dijo al rengo:

-”Yo siempre cojo, ¿y Usted?”

(Gracias Carlos !!!)

5.

-”Me propusieron hacer 2 cursos: uno de esgrima y otro de albañilería.”

-”¿Y cuál vas a hacer?”

-”No sé. Estoy entre la espada y la pared...”

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    Regalo inesperado...

Un señor se fue de viaje y sabiendo que su novia necesitaba unos lentes, entró en una óptica para ver si encontraba unos bonitos y baratos.

Después de ver unos cuantos se decidió por unos y se los compró.

La empleada se los envolvió, pagó la cuenta, pero, al marcharse en lugar de llevarse el paquete con los lentes, agarró otro muy parecido que estaba en el mostrador.
El paquete contenía una tanga que una clienta de la óptica acababa de comprarse en otra tienda...
El señor no se dio cuenta de la equivocación, se fue directamente a la oficina de correos y le envió el paquete a su novia, junto con una carta.
La novia al recibirlo se quedó extrañadísima con el contenido así que abrió la carta y leyó.

Querida Marta:
Espero que te guste el regalo que te envío sobre todo por la falta que te hacen, ya que llevas mucho tiempo usando los mismos y éstos son cosas que se deben cambiar de vez en cuando.
Espero haber acertado con el modelo.

La encargada de la tienda me dijo que era la última moda, de hecho, me enseñó los suyos y eran iguales.
Una chica que había allí me ayudó también a decidir.

Me los pidió, se quitó los suyos y se los puso para que yo pudiera ver el efecto.
A esta chica le lucían menos que a la empleada de la tienda, porque el pelo se los tapaba un poco por los lados, pero aun así me pareció que le favorecían muchísimo.
Finalmente me decidí y te los compré.

Ah, y ojalá no te queden muy grandes, no sea que se te caigan cuando vayas caminando.
Para que te sean útiles y resulten más bonitos, me han aconsejado que los limpies a menudo.
Llévalos con cuidado y sobre todo no vayas a dejarlos por ahí y los pierdas, tú tienes la costumbre de quitártelos en cualquier parte.

En fin, para que te voy a decir más...

Estoy deseando vértelos puestos, porque sé que te van a quedar mucho mejor que los que le vi a tu hermana.”

Moraleja: Revisa lo que compras sobre todo si es un regalo ¡no la vayas a regar!

(Gracias Alejandro !!!)

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    Cosas de la tercera edad...

Después de 67 años mi mujer me dijo al acostarnos:

-”Ya no me das más la mano como antes.”

Entonces le di la mano.

Entonce me dijo:

-”Ya no me das más un besito acá en la mejilla como antes...”

Le di el besito.

Entonces me dice:

-”Ya no me das más el mordisquito en la oreja...”

Entonces me levanté y me mujer me preguntó:

-”¿Adonde vas?”

Y le dije:

-”Al baño, a buscar los dientes...”

(Gracias Iche !!!)

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    Sutilezas...

1.

La púdica doncella transilvana le dijo en la mañana a su mamá:

-”Anoche se abrió de pronto la ventana de mi alcoba. Revolaron las cortinas y a través de ellas entró al cuarto un hombre de espeluznante aspecto que se cubría con una amplia capa negra con semejanza de alas de murciélago. Creo que era Drácula.”

Preguntó la señora:

-”¿Qué te hizo?”

La cándida joven describió en detalle lo que el siniestro visitante le había hecho.

Al punto dictaminó la madre:

-”No era Drácula.”

2.

-“Hágame la castración.”

Eso le pidió en modo terminante el gato don Isidro al cirujano.

En este caso la palabra “gato” no hace alusión al minino de tal nombre.

Se refiere a un madrileño, pues así, “gatos”, son llamados los hombres nacidos en Madrid, sin que ese término sea peyorativo o denostoso.

Es como llamar cachanillas a los de Mexicali, jarochos a los de Veracruz (del Puerto), tapatíos a los de Guadalajara, jaibos a los de Tampico o regios a los de Monterrey.

El médico se sorprendió al oír esa solicitud tan peregrina.

-”¿Qué ha dicho usted?”, -le preguntó con asombro al madrileño.

-”Ya me oyó”, -replicó éste, -”Quiero que me haga la castración.”

Vaciló el facultativo, y dijo luego:

-”Eso, señor, es algo sumamente delicado. O, con más precisión dicho, ésos son algo sumamente delicado. ¿Por qué quiere usted que le haga la castración?”

Contestó don Isidro:

-”Así lo prescribió mi doctor, y tengo absoluta confianza en él. Hágame la castración.”

Se encogió de hombros el galeno –era la parte que consideraba más decente para encoger-, y ese mismo día llevó a cabo la radical intervención quirúrgica.

Al siguiente pasó visita a su paciente, que esa mañana lo estaba más que de costumbre.

Le preguntó:

-”¿Cómo se siente?”

-”Bien”, -respondió el intervenido, -”No tengo dolor, ni físico ni moral. Lo único que experimento es una desacostumbrada ligereza en la entrepierna, que antes, no es por presumir, me pesaba considerablemente.”

-”Es natural la sensación”, -dictaminó el cirujano, -”Ya se acostumbrará usted a ese vacío. Y ahora me disculpa: debo ir a hacer una circuncisión.”

-”¡Joder!”, -dio una gran voz don Isidro, -”¡Ésa era la palabreja!”

3.

Susiflor, joven esposa, le contó a una compañera de trabajo:

-”Tengo ya un año de casada, y en todo ese tiempo Gerineldo me ha hecho el amor sólo tres veces.”

Opinó la otra:

-”Deberías divorciarte de él.”

Replicó Susiflor:

-”No es Gerineldo con el que estoy casada...”

4.

Las personas con tiquismiquis de pudicia deben suspender en este punto la lectura, pues en seguida viene un cuento de color subido.

Helo aquí:

Cierto señor acudió a la consulta de un médico afamado, pues de la noche a la mañana le apareció una extraña mancha roja en su parte de varón.

Le dijo el angustiado tipo al doctor:

-”Temo que sea alguna forma de erisipela o urticaria, o, peor todavía, alguna enfermedad venérea difícil de curar.”

Lo examinó el facultativo y al final dictaminó:

-”Esto se lo puedo quitar yo rápidamente.”

-”¿De veras, doctor?”, -exclamó, esperanzado, el individuo.

-”Sí”, -confirmó el médico, -”Tiene usted razón: la erisipela, la urticaria y las enfermedades venéreas son a veces difíciles de quitar. Pero las manchas de lápiz labial no.”

5.

Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le pidió una vez más a Dulcibel, linda muchacha, la dación a título gratuito de su más íntimo tesoro: el de la doncellez.

Esa torpe demanda del lúbrico galán exasperó a la recatada joven.

Respondió con iracundia:

-”¿Cuántas veces te he dicho que no?”

-”Perdóname, Dulcibel”, -se disculpó Pitongo, -”Ignoraba que debo llevar la cuenta...”

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    Vida activa... (Por Jovato)

-”Hola, buen día, ¿como va a ser tu día hoy?”

-”Tengo reunión por Zoom con mi equipo de ventas y luego Meet con mi grupo de análisis. ¿Y vos?”

-”Yo tengo clase remota de narrativa y después el curso interactivo de programación.”

-”Además de esto tendríamos que hacer algo de deporte.”

-”Si, para después tengo ese juego nuevo de tenis que apareció para la Play.”

-”Dale, pero antes que nada desayunemos.”

-”Fijate en la página del bar Martínez que oferta tienen.”

-”Me gusta esa promo de la foto.”

-”Ya mando un wap para que la envíen por Pedidos Ya.”

-”¿Con que vas a pagar?”

-”Transfiero con Mercado Pago.”

-”Mejor, así no tocás dinero.”

-”Debe hacer más de un año que no veo un billete.”

-”Después tengo que hacer una compra en el Coto Digital.”

-”Usá mi carrito virtual que ya tengo cargadas algunas cosas que necesito.”

-”Dice Facebook que hoy cumple años tu hermano.”

-”Ya le mandé un emoji con carita feliz.”

-”Poné algo de música.”

-”Bueno, Spotify ya me programó lo que quiero escuchar.”

-”Otra cosa, ¿que serie de Netflix vemos esta tarde?”

-”Hay una turca nueva de 135 capítulos que dicen en el blog que es buena.”

-”Ay, se tapó la pileta del baño.”

-”En Youtube hay un video que muestra como arreglar eso.”

-”Che, nos falta algo de contacto con la naturaleza.”

-”Esta noche por NatGeo dan un safari por África.”

-”A que hora.”

-”A las 20.”

-”Perfecto. Acordate que a las 21 tenemos sexo virtual swinger con esa pareja que encontramos por Tinder.”

-”¿Y con los chicos que hacemos?”

-”Les desbloqueamos Fortnite y no van a molestar.”

-”Estoy ansioso, mañana juega Argentina con Messi y todo.”

-”Lo dan por TyC Sports en vivo.”

-”Si, ¡que vida activa que tenemos!”

-”No me explico como podíamos vivir antes de Internet.”

    Espejito mágico... (Por Antonpirulero)

Iba dispuesto a ser asesinado -o tener opción- en la calle Antonio Grilo, cuando divisé un fenomenal trasero en una calle aledaña.

-”La verdad forma parte del pasado”, -le dije a la chica, en cuanto me puse a su altura.

-”¿Por qué no va usted a ver si tiene suerte y lo victimizan ahí mismo a la vuelta de la esquina?”

Eso quería decir que no le interesaba, ni como persona, ni como filósofo.

Por aquel entonces, la calle Antonio Grilo registraba los índices más altos de homicidios de todo Madrid.

Mi vida era tan monótona, que, algunas veces, para saborear el riesgo, encaminaba mis pasos en aquella dirección.

Si salía ileso me consideraba afortunado.

También saqué la conclusión de que la propietaria de aquella lengua, estaba así mismo puesta en antecedentes sobre aquel barrio.

Lo mismo hacía lo ídem, y se daba una vuelta por ver de resultar indemne y considerarse agraciada, de quién sabe qué afrentas que le operaba la vida.

Pero aquel cuerpo no era de una víctima.

Me decidí a seguirla, a cierta distancia.

Madrid permite este tipo de escaramuzas.

Cuando llegué a la altura del viaducto, cambié de opinión y me volví sobre mis propios pasos.

Una cosa era la de ver si uno era asesinado, y otra bien distinta asomarse al vacío, que propiciaba aquella obra, puesta ex profeso para el salto al vacío, amén de facilitar el acceso a través de Bailén para unir el Palacio Real y San Francisco el Grande, habiéndose logrado, con creces, ambos objetivos.

Finalmente, aquella beldad, se metió en la Basílica, que se veía estaba abierta.

Pero yo me volví a Tribunal, que era mi barrio.

Cosas de la fisionomía, sin embargo, no se me olvidó su rostro.

Contribuyendo a ello, quizá, su belleza.

Y otra tarde repetí la operación de seguirla.

Esta vez entré yo también en la Basílica.

Y la esperé en la puerta, pues ocupaba los primeros bancos, viéndosele, por otra parte, concentrada en lo que decía el cura.

Quizá fue lo que me impulsó a hacerle la espera.

-”Y, por tanto”, -le dije, -”es independiente de todo.” (Refiriéndome a la verdad, reanudando la conversación en la creencia de que recordaría mi persona y mis asertos)

No debía de ir muy atenta, o mi persona no era significativa, o mi vestuario no estaba a la altura, o que se trataba de una bromista.

Pero el caso es que se paró, abrió el bolso, sacó el monedero.

Del monedero, una moneda de cincuenta céntimos extrajo, con la que me hizo premio u óbolo.

El resto de la tarde no me pude sustraer a la idea de considerarme en la indigencia, mirándome en todos los espejos por ver si daba el tipo.

Ni que decir tiene que, a la vuelta, me eché por la calle Antonio Grilo a ver si había suerte y salía nuevamente ileso.

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