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Viernes 09 de Enero

                    Fin de semana: Viernes 9 a Domingo 11 de Enero de 2015
Holaaa samigooosss !!! 
Esta semana llegamos con estupor, por el atentado producido en Francia contra una revista de humor, en una supuesta represalia por una publicación donde satirizaban a Mahoma. Para ello, expresamos en una nota propia nuestro repudio a estos hechos injustificables y desmedidos, nos solidarizamos con algunos artículos al respecto, y como siempre y más que nunca, con chistes y textos de humor para que nunca nos falte la sonrisa. Esperamos que pasen una excelente semana.
                                                       Esteban Nicolini

  • Reflexión del editor...

Esta semana nos enteramos de un hecho de violencia y de muerte contra empleados de una revista de "humor ácido" por unos asesinos que invocaban el nombre de su Dios para tal barbarie.
Más allá de quienes sean las víctimas, creemos, al igual que mucha gente que tan bien lo ha expresado, que no hay motivo que justifique la muerte.
En lo personal, me cuesta creer que haya un Dios que necesite que cualquiera de nosotros tomemos represalias en su nombre, siendo que, se supone, un ser todopoderoso y benévolo.
Y si no lo fuera, ¿qué ser humano tiene la gracia de recibir comunicación directa de su Dios para indicarle sus necesidades  y arrogarse el derecho a limpiar su buen nombre?
Y no solamente este grupo de asesinos se amparan en una interpretación muy antojadisa de su religión, ya que lo hemos visto de parte de muchos intolerantes y soberbios, de distintas religiones, que creen que tienen la verdad y se arrogan el derecho de imponerla a los demás o combatirlos si se oponen a aceptarla.
Si bien es cierto que todos merecen respeto por sus creencias, y podría cuestionarse o debatirse si se puede hacer humor con cualquier cosa, o cuándo una supuesta humorada se pasa de la raya, la muerte no es nunca una opción y no se puede justificar de ninguna manera.
Nuestro repudio a estos hechos y nuestras condolencias a todas las familias afectadas.
Y que no callen nunca al humor...
                                                                                         Esteban Nicolini

  • El humor es algo serio...

Atentado 'Charlie Hebdo': Humor contra el fanatismo (Por Josep Massot)
Dibujantes de todo el mundo divulgan viñetas contra el terror y a favor de la libertad de expresión.
El crimen integrista alza una marea mundial de solidaridad gráfica.
Dibujantes de todo el mundo han afilado sus lápices para replicar el asesinato de los viñetistas de Charlie Hebdo con el mejor antídoto contra el fanatismo: el humor.
La marea fue imparable desde el primer momento en que trascendió el atentado.
Un dibujante árabe representaba a un personaje dibujando una sonrisa en la fiera máscara del terrorista que le encañona con su kaláshnikov.
Dibujantes como Emad Hayyach o Mohamed Sabaaneh se sumaron al homenaje.
El lema Je suis Charlie, como homenaje a los dibujantes asesinados fue reproducido en todos los medios de comunicación y dio pie a dibujos como el que recupera a otro Charlie, Charlie Brown, llorando.
Hubo humor ("el humor nos hace libres") , homenaje y llanto por las víctimas, reivindicación del derecho a la libertad de expresión y el mensaje de fondo de que el arte no se amedrenta ante el terror.
La imagen más utilizada es la del lápiz: Lectrr, en Le Belge, muestra a un encapuchado atónito porque cuanto más le corta la cabeza al lápiz, más puntiagudo resurge.
Lucille Clerc creó uno de los dibujos más divulgados en las redes sociales: si los terroristas sajan un lápiz, no lo silencian, sino que sólo consiguen que se multiplique.
Una vertiente de la misma consigna es que un árabe que acaba de decapitar a un diseñador ve sorprendido cómo aún del cuello en sangre, el viñetista de Charlie Hebdo le muestra la lengua en señal de befa.
En la totalidad de dibujos reproducidos en los medios de comunicación se evita siempre condenar el islam en general para cebarse únicamente en los asesinos.
Una de ellas es sintomática: se ve a un Cristo mortificado por la sátira comentando a Mahoma: "ya te irás acostumbrando".
La legislación europea no recoge el delito de blasfemia y en España, la denuncia contra la obra de teatro Me cago en Dios, de Iñigo Ramírez de Haro, fue archivada.
En la colisión entre dos derechos: el de la libertad religiosa y el de la libre expresión, la jurisprudencia española sólo atiende a aquellas manifestaciones que suscitan odio, discriminación o violencia, y en general señala que protege derechos individuales.
Aunque ha habido atentados radicales de miembros de distintas religiones (ultracristianos como Anders Breivik que asesinó a docenas de jóvenes en Utøya para detener la islamización de Noruega, judíos en Palestina o el asesinato de Rabin a manos de un integrista judío, sijs en India o una secta budista en el ataque con gas sarín en el metro de Japón), el radicalismo islamista se lleva la palma desde finales de los años ochenta contra los blasfemos contra el Corán o Mahoma.
En una de las caricaturas de Charlie Hebdo que han enfurecido a los extremistas islámicos se ve a un Mahoma, llorando desconsolado: "Qué duro ser amado por gilipollas".
En otra, y bajo el título: "Si Mahoma regresara", se ve al profeta, de rodillas, a punto de ser degollado por un encapuchado, que increpa a su verdugo: "¡Yo soy el profeta, animal" y el terrorista le contesta: "¡Calla, infiel!".
A pesar de las amenazas, el semanario satírico francés siguió defendiendo el derecho al humor y a la libertad de expresión.
Mark Juergensmeyer (autor de Terror in the mind of God), aconseja no caer en la islamofobia ni en la trampa terrorista: "ellos reaccionan según la imagen que les damos de nosotros: es un error seguir su juego y hablar de guerra".
Recuerda que que hay 1.500 millones musulmanes en el mundo y que los asesinos son una ínfima minoría.
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Quieren matar el humor (Por Ernesto S. Pombo)
08 de enero de 2015
El humor ha sido ayer víctima del odio de unos descerebrados.
En realidad no hay día que en algún lugar del mundo no se ataque ferozmente al humor y a los humoristas, pero la de ayer de París ha sido una arremetida que deja helada la sonrisa de media humanidad.
La de ese medio mundo civilizado, dialogante, demócrata y respetuoso con las opiniones de los demás, que se ve amenazado por la sinrazón y el rencor.
Decía Julio Camba, el maestro de periodistas que cultivó el humor como nadie, que «París es muy buen chico»; es «como un muchacho simpático y muy amigo de juergas, que no pierde nunca la cabeza».
Pero quizás ayer París perdió la cabeza al ver cómo una docena de sus pacíficos ciudadanos dejaban la vida a manos de unos matones vengativos que no entienden de humor ni mucho menos de respeto.
Quienes ayer empuñaron las ametralladoras contra policías y periodistas para vengarse de unas viñetas humorísticas no aceptan que «el humor duele porque es una forma cruel de decir cosas crueles, sin adornos», como acertadamente comentó François Cavanna, el fundador y periodista del atacado Charlie Hebdo.
Quienes ayer sembraron la barbarie y quienes los alientan y jalean desde todos los rincones del planeta nos dirán, a no mucho tardar, que con Mahoma no se juega; que con él no caben las viñetas, ni el humor.
No se lo crean, porque fue precisamente Mahoma el que dejó escrito que «quien haga reír a sus compañeros, merece el Paraíso».
Lo que ocurre es que «el salvajismo no sabe reírse».
Lo dijo Enrique Jardiel Poncela.
Otro sabio que daría su vida por defender el humor.

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  •  Esta gente vota...

¡Y algunos llegan a Presidentes!
1.
Un hombre compró una heladera nueva y, para deshacerse de la vieja, la dejó enfrente de su casa con un cartel que decía:

-"Gratis. Si la quiere, se la puede llevar".
La heladera permaneció allí durante 3 días, sin que la gente que pasaba se dignara mirarla.
El hombre llegó a la conclusión de que la gente no creía en su ofrecimiento.
Parecía demasiado buena para ser verdad.
Por lo tanto cambió el cartel:
-"Heladera en venta. $2.000."
¡Al día siguiente se la habían robado!
(Ese tipo de gente vota!...)
2.
Mientras miraba una casa para alquilar, mi hermano le preguntó al agente de la inmobiliaria para dónde quedaba el Norte, ya que no quería que el sol lo despertase todas las mañanas.
El empleado le preguntó:
-"¿El sol sale por el norte?"
Cuando mi hermano le explicó que el sol sale por el Este (cosa que, además, sucede desde hace un buen tiempo), él le dijo:
-"Lo que pasa es que no estoy muy al tanto de este tipo de cosas."
(¡También vota!...)
3.
Antiguamente, trabajé como soporte técnico en un centro de atención al cliente en Medellín.
Un día, recibí el llamado de un sujeto desde Caracas que me preguntó en qué horario estaba abierto el "call center".
Le contesté:
-"El número al que usted llamó está disponible 24 horas al día los 7 días de la semana."
Entonces él me preguntó:
-"¿Hora de Caracas o de Bogotá?"
Para terminar de una buena vez con el asunto le dije:
-"Hora de Caracas."
(¡Él vota!...)
4.
Mi colega y yo estábamos almorzando en el restaurante self-service de la empresa, cuando oímos a una de las secretarias hablando sobre las quemaduras de sol que había sufrido, al viajar en auto a la costa:
-"Íbamos en un convertible brutal. Y no pensé que me iba a quemar así estando el auto en movimiento".
(Ella también vota...!)
5.
Mi cuñada tiene una herramienta cortante en el auto que fue diseñada para soltar el cinturón de seguridad, por si ella llegara a quedar aferrada a él.
¡La guarda en la maleta del auto!
(¡Mi cuñada seguro que vota!...)
6.
Mis amigos y yo fuimos a comprar cerveza para una fiesta, y notamos que las cajas tenían un descuento del 10%.
Como era una fiesta grande, compramos 2 cajas.
El cajero multiplicó 10% por 2 y nos dio un descuento del 20%.
(Él también vota!...)
7.
¡Esta es la mejor!
Salí con una amiga y vimos una mujer con una argolla en la nariz, agarrada a un aro en la oreja por medio de una cadena.
Mi amiga preguntó:
-"¿No será que la cadena le da un tirón cada vez que ella gira la cabeza?"
Le expliqué que la nariz y la oreja de una persona siempre permanecen a la misma distancia, independientemente de que la persona gire o no su cabeza.
(Mi amiga va a votar!...)
8.
Viajé por Conviasa.
Cuando llegamos no pude encontrar mis valijas en la cinta transportadora.
Fui entonces hasta el mostrador de equipaje extraviado y le dije a la joven mujer que atendía que mis valijas no habían aparecido.
Ella sonrió y me dijo que no me preocupara, porque estaba en buenas manos.
-"Solamente dígame una cosa: ¿su avión ya llegó?"
(Ella también vota!...)
(Gracias Elvira !!!)

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  • Descubrimiento...

Un gallego ahorra dinero durante años, y se toma un avión a Las Vegas.
Entra a un bar y pide un trago.
Mientras se lo sirven entra una gringa morocha espectacular.
El gallego, haciéndose el 'canchero' le dice:
-"¿Quieres tomar un trago conmigo?"
A lo que la mujer le responde:
-"Bueno, pero yo soy gay."
-"¿Gay?"
-"Soy lesbiana."
-"Coño, ¿qué es una lesbiana?", -pregunta el gallego desconcertado.
-"Mira esa rubia hermosa que está ahí. Bueno, yo me la llevaría toda la noche a mi habitación, le acariciaría las tetas y todas sus curvas, y luego le pasaría la lengua por donde ya sabes y eso se lo haría durante toda la noche."
El gallego se quedó pensando y luego se puso a llorar.
-"¿Qué te pasa ahora?, -le preguntó enojada la morocha.
-"Es que me di cuenta que yo también soy lesbiana."
  • Necesidades básicas insatisfechas...

La tarde de su noche de bodas, la hija de 17 años le pregunta a su madre:
-"Mamá, ¿tú podrías enseñarme a mantener satisfecho a mi marido?"
-"Pues hija", -le contesta la señora un poco ruborizada, -"cuando dos personas se quieren, hacer el amor es el acto más maravilloso del mundo y..."
-"Mamá, ya sé coger... ¡Lo que necesito es aprender a cocinar...!"
(Gracias Horacio !!!)
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  • Los epijorges de Gramito...

(o los epigramas de Jorgito...)
Epigramas: Composición literaria, poética, punzante, ingeniosa y breve.
1.
El señor don Juan de Robres,
con caridad sin igual,
hizo hacer este hospital...
y también hizo los pobres.
2.
Subiose a un manzano Inés
advirtiendo con presteza,
que de Julián, la cabeza,
llegábale hasta los pies.

- ¿Que miras?, con faz astuta
la niña le preguntó,
y Julián le respondió
- ¡¡Estoy mirando la fruta
que a Adán tanto le gustó!!
  • Epitafios...

1.
“La operación de próstata fue un éxito.
No me levanto mas para ir al baño.”
2.
"Aquí yace Isabelita,
que por ser tan buena y no querer,
se fue para la otra vida,
con muy poquito placer."
(Gracias Jorge !!!)
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  • Tonto y retonto...

1.
Un español se encuentra a un chino y dice:
–"¡Hola!"
Y el chino dice:
–"Las 12:30."
2.
-"Ayer me dijeron que soy fea."
–"No te preocupes, a mí me han dicho cosas peores..."
–"¿Que te han dicho?"
–"Que también eres bastante puta."
3.
-"Mama, ¿puedo usar el auto?"
–"No sin mi supervisión..."
–"Uy, perdona por no tener superpoderes como tú..."
4.
Un niño entra gritando a un negocio:
–"¡QUIERO GASEOSA, QUIERO GASEOSA!"
Y el vendedor responde:
–"No me grites, que no soy sordo. ¿Qué galletas quieres?"
5.
Dos amigos se encuentran:
–"¡Hombre, cuanto tiempo! Esta es mi hija, la menor."
–"Pues este es mi hijo, fa sostenido."
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  • La casa sabia... (Por Marcelo Birmajer)

-"Ahora se habla de casas inteligentes, de Smart house", -dijo despectivamente mi amigo Faus.
-"Pero yo habité una casa sabia.
¿No te gusta el acople entre casa y sabia?
Lo siento.
No la voy a llamar casa inteligente.
Porque era por sobre todas las cosas una casa emocionalmente inteligente.
Y el término inteligencia emocional lo asocio más al marketing que a la sabiduría.
Mi casa era sabia.
O mi casa sabía, si querés.
En cualquier caso la primer y última sílaba se repiten.
Es que su sabiduría, la de la casa, digo, estaba esencialmente relacionada con los acoples, las conjunciones, las yuxtaposiciones.
Y cuando digo “digo” no creas que me volví uno de esos infelices que cada vez que dicen algo dicen “digo”, porque acá el “digo” corresponde, se refiere a que aclaro que es la sabiduría de la casa.
En fin.
No me quiero enojar.
El fin de año me pone temperamental.
¿Cuál era la sabiduría de mi casa del barrio de San Telmo, de la calle Humberto Primo, más precisamente, a la altura de la bohemia, de los anticuarios, de los imprevistos?
Mi querida casa me alertaba cuando una relación sentimental decaía.
Fue la casa que compré después de la separación, los primeros años post matrimonio, la resurrección de la soltería.
Graciela estrenó mi segunda convivencia.
Las cosas parecían ir muy bien y empezó a fallar el termotanque.
Sin explicaciones.
Se apagaba y era imposible encenderlo.
A las pocas semanas, Graciela me dijo que se aburría.
Yo ya tenía el corazón curtido, la dejé marchar a secas.
Al minuto el termotanque se reinició solo.
¿Qué cómo se encendió el piloto?
Ah, no sé.
Yo no soy científico ni mago.
Catalina era mucho más joven que yo, trajo alegría y frescura al hogar.
Pero tenía el berretín de los hijos.
Quería tener un hijo.
Esas son cosas del siglo XX.
¿Hijos?
¿Dan intereses?
Yo ya tengo.
No soy de los que dicen que temen traer hijos a este mundo, ¿pero por qué voy a reproducir algo como yo?
Catalina pareció resignarse, pero apareció una mancha de humedad inexplicable en el techo del baño.
Cuando finalmente la cama dejó de ser un lugar de encuentro, Catalina confesó que nunca había podido olvidar la idea de ser madre.
La invité dulcemente a retirarse, nos separamos llorando.
Pero al día siguiente la mancha de humedad no estaba.
Susana era la mujer madura ideal: cuarenta y cinco años, divorciada, dos hijos, escenógrafa exitosa, y una diosa sexual.
Mejor que cualquiera de las que alguna vez se haya apiadado de mí.
De hecho, no me tenía piedad.
Fabulosa.
Pero yo no la amaba.
Lo supe cuando se rompió la instalación eléctrica.
Y después saltaron los tapones.
No la quería largar, pero la lámpara entera del dormitorio se nos cayó encima.
Se supone que por nuestros movimientos, pero yo sabía que era la casa.
La casa sabía.
Por suerte no nos pasó nada excepto separarnos.
Y entonces llegó Marianna.
Así, con dos enes.
Marianna.
¿Por qué Marianna y no Mariana?
No lo sé.
Y nunca lo sabré.
No era la más linda.
Pero sí la más interesante.
No tenía comparación con Susana, pero con nadie la pasé mejor que con Marianna.
Duró poco, el pasarla bien.
La casa me alertó desde el primer minuto.
Con Graciela, con Catalina, con Susana, con Amanda, la casa esperó meses, incluso un año, antes de regurgitarlas.
Pero apenas entró Marianna, falló el aire acondicionado.
No era sólo que se detenía de pronto; carraspeaba, vibraba.
Las luces se prendían y apagaban.
El reloj despertador marcaba cualquier hora.
Un cajón dejó de abrirse; las puertas de los armarios chirriaban solas.
Pero todo fue tan repentino que pensé que era un fantasma.
Pronto la relación derivó en frialdad, básicamente de ella hacia mí.
Peleas, sospechas.
Pero Marianna no se iba ni yo la echaba.
La casa nos repudiaba, pero yo la desoía.
Un día, en la pared del living, apareció una pintada en hollín: “¡Que se vaya!”.
Culpé a algún vándalo, pero debe ser el único caso en que alguien se mete furtivo en una casa y no roba nada.
Aguanté todo lo que pude, pero en un momento tuve que tomar la decisión."
–"¿Cuánto duró la relación?"– consulté, como un modo de preparar mi retirada.
–"La relación sigue", –explicó Faus.
-"Nos mudamos.
La casa sabia se había vuelto loca.
Hace meses que no nos tocamos con Marianna, incluso nos matamos: hay más insultos que buenos días.
Pero yo apuesto a la relación.
Hijos, incluso, si es que alguna vez lo volvemos a hacer.
Uno no puede guiarse en la vida por una casa.
Después de todo, una casa no es una persona.
¿Qué sabe una casa?."

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  • ¿Qué tendrá el paquete?... (Por Luis Buero)

Una de las imágenes más seductoras que nos da la vida es la de un árbol de navidad lleno de paquetes de colores con sus moños invitando a ser abiertos.
El problema es que ciertas tradiciones indican que hay que esperar hasta las doce de la noche para descubrir su contenido, algo que puede resultar tortuoso para chicos con sueño, adolescentes con ganas de salir a bailar (ni ese día se quedan), vecinos que se aparecen de golpe a buscar más “combustible” después que se tomaron hasta el merthiolate, mujeres curiosas, y maridos que están apurados por ver si la Nochebuena les trae un premio extra en otra habitación, salvo que otra vez a la tan amada le duela la cabeza, pero esta vez por culpa del champagne.
Recuerdo que cuando yo era chico, para entretenernos un rato y evitar que nos lancemos sobre los regalos antes de tiempo, luego de la cena del 24 mis tíos y primos comenzaban a contar chistes viejos para alargar el tiempo y entretenernos un rato:
-"¿En qué coche viene Santa Claus?... ¡en un Renol!"
-"¿Cómo les dicen a los habitantes de Belén? ¿Belencianos?... ¡No, ¡figuritas!"
Obviamente que se reían ellos solos, como cuando en voz baja contaban los cuentos más verdes creyendo que no los escuchábamos.
Pero lo mejor venía después, cuando ya cansados de distraernos con cañitas voladoras y cohetes, nos mandaban al lado de la abuela María para que ella nos contara cuentos.
María nos hacía sentar a su alrededor y nos hablaba con una voz muy suave y llena de interrogantes.
Una Navidad en la que había pocas cajitas en el árbol, yo diría casi ninguna, su discurso sonó raro: “cada vez son más las cosas que no necesito”, empezó diciendo.
Y nos dijo que nos iba a contar un cuento sobre la importancia de no esperar grandes regalos, sino por el contrario, disfrutar solo el afecto de pequeños presentes hechos con amor.
Esa noche a las 12 fuimos al árbol y descubrimos que los juguetes deseados no estaban, y habían sido reemplazados por paquetitos de caramelos con cartitas manuscritas por mi padre.
Nos fuimos a dormir muy tristes; mi hermano menor lloraba en silencio.
Pensamos: "Santa Claus se olvidó de pasar por nuestra casa."
Nadie había sabido cómo explicarles a dos niños que su padre necesitaba todo el dinero disponible para una operación que tenía que hacerse de un tumor en el cuello.
El tiempo pasó, mi padre sobrevivió y falleció treinta años después de ese hecho.
Pero algo cambió en mi para siempre.
Hoy, cada Navidad, cuando todos mis familiares corren a abrir los hermosos regalos comprados en la múltiple oferta de posibilidades que dan los shoppings, extraño aquellos pequeños paquetitos de caramelos, aquellas palabras escritas con faltas de ortografía y llenas de amor por mi viejo, y sobre todo recuerdo la enseñanza que recibí de la abuela, la que hoy soy incapaz de transmitir a mis hijos, porque Santa Claus sí estuvo aquella noche en casa, y nunca más volvió.

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