Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un nuevo artículo en serio sobre el humor, cosas de
chicos muy graciosas, cosas de grandes para la risa, chistes de matrimonios,
de borrachines, frases divertidas y textos de humor de excelentes autores.
Esperamos que disfruten de esta nueva edición y que tengan un excelente
fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
El humor es un "antídoto" contra el sufrimiento, según un experto...
(Europa Press / Pamplona)
El escritor y psicopedagogo de la Universidad de Navarra, José Benigno Freire, ha afirmado que "el humor es un antídoto contra el sufrimiento" y ha indicado que "es imposible lograr la felicidad absoluta".
El autor ha publicado 'La felicidad inadvertida', un libro que aborda asuntos como el sufrimiento y la felicidad personal desde una perspectiva positiva y esperanzadora.
Publicado por la editorial Eunsa, la obra centra su línea argumental en la búsqueda de lo que el autor llama "felicidad inadvertida", en el ambiente de los campos de concentración nazis.
En el volumen, dirigido a "cualquiera que quiera ser feliz", el escritor asegura que esta felicidad no puede ser absoluta y acuña el término de "felicidad razonable" para referirse a un cierto bienestar y aceptación de la realidad.
"Es imposible lograr la felicidad absoluta porque el realismo nos lleva a ver que la vida tiene dificultades, problemas, contrariedades. Hay que ser feliz con todo eso, intentando solucionar los problemas y sobrellevándolos. Tenemos que lograr una felicidad razonable", explica el profesor del departamento de Educación.
Para conseguir esta felicidad relativa, uno de los instrumentos importantes recomendados por el autor es el humor.
"El humor es fundamental. Distancia de las situaciones que llevan a no ser feliz, sirve como antídoto. Puede ser un arte y un truco, porque lo puedes utilizar en situaciones adversas para lograr evadirlas. El humor es una manifestación del amor, del querer a la gente", señala.
En este sentido, José Benigno Freire basa su argumento en la superación del sufrimiento como una vía para alcanzar la felicidad a largo plazo.
"La felicidad nos la da el realismo. No consiste en tener mucho o poco sufrimiento, sino sacar lo positivo de él. El sufrimiento no es bueno en sí, pero su aceptación nos puede hacer felices a largo plazo".
Por último, el profesor de la Universidad de Navarra también se fija en la belleza y contemplación como un contexto para encontrar la paz interior.
En su opinión, "la contemplación de la belleza y las cosas buenas nos sitúa, en vez de en unas arenas movedizas, en unas arenas quietas que facilitan mucho el camino de la felicidad".
"Desde el punto de vista de la autoayuda el objetivo era dar un paso más. La mayoría de los libros de autoayuda se queda un paso atrás de lo que necesita el hombre: el esfuerzo personal. Plantean conductas para resolver un problema, pero no se centran en el esfuerzo que tiene que llevar a cabo la persona", concluye.
José Benigno Freire es doctor en Pedagogía (Universidad de Navarra), licenciado en Psicología (Universidad Complutense), en Filosofía y en Ciencias de la Educación (Universidad de Navarra).
Es también profesor de Psicología de la Personalidad en el departamento de Educación y en el Máster en Matrimonio y Familia (Universidad de Navarra).
Ha publicado 'Humor y serenidad, en la vida corriente'; '¡Vivir a tope!'; 'Lo humanístico en la logoterapia de Victor Frankl'; 'Un veneno que cura' y la novela 'La dulzura de una desilusión'.
Cosas de chicos...
No discutas con los niños; ¡simplemente escúchalos y aprende de ellos!
1.
Una niñita le estaba hablando de las ballenas a su maestra.
La profesora dijo que era físicamente imposible que una ballena se tragara a un ser humano porque aunque era un mamífero muy grande su garganta era muy pequeña.
La niña afirmó que Jonás había sido tragado por una ballena.
Irritada, la profesora le repitió que una ballena no podía tragarse ningún humano; físicamente era imposible...
La niñita dijo:
-"Cuando llegue al cielo le voy a preguntar a Jonás."
La maestra le preguntó:
-"¿Y qué pasa si Jonás se fue al infierno?"
La niña le contestó:
-"Entonces le tocará a usted preguntarle..."
2.
Una maestra de Jardín estaba observando a los niños de su clase mientras dibujaban.
Ocasionalmente se paseaba por el salón para ver los trabajos de cada niño.
Cuando llegó a donde una niñita trabajaba diligentemente, le preguntó qué estaba dibujando.
La niña replicó:
-"Estoy dibujando a Dios."
La maestra se detuvo y dijo:
-"Pero nadie sabe cómo es Dios."
Sin pestañear, y sin levantar la vista de su dibujo, la niña contestó:
-"Lo sabrán dentro de un minuto."
3.
Una profesora de catecismo estaba discutiendo los Diez Mandamientos con sus pupilos de 5 y 6 años.
Después de explicar el mandamiento de 'Honrar a tu Padre y Madre', les preguntó:
-"¿Hay algún mandamiento que nos enseñe cómo tratar a nuestros hermanos y hermanas?"
Un muchachito contestó:
-"Sí, ¡No matarás!"
4.
Una honesta niña de siete años admitió tranquilamente a sus papás que un niño de su clase la había besado.
-"¿Cómo sucedió eso?", preguntó asombrada su mamá.
-"No fue fácil," -admitió la pequeña, -"pero tres niñas me ayudaron a agarrarlo."
5.
Un día una niñita estaba sentada observando a su mamá lavar los platos en la cocina.
De pronto notó que su mamá tenía varios cabellos blancos que sobresalían entre su cabellera oscura.
Miró a su mamá y le preguntó inquisitivamente:
-"¿Mami, por qué tienes algunos cabellos blancos?"
Su mamá le contestó:
-"Bueno, cada vez que haces algo malo y me haces llorar o me pones triste, uno de mis cabellos se pone blanco."
La niñita se quedó pensativa por un rato y luego dijo:
-"Mami, ¿por qué todos los cabellos de mi abuelita están blancos?"
6.
Un niñito de tres años fue con su papá a ver una camada de gatitos recién nacidos.
De regreso a casa, le informó apresuradamente a su mamá que había dos gatitos y dos gatitas.
-"¿Cómo supiste?", -le preguntó su mamá.
-"Papá los levantó y miró por debajo", -replicó el niño, -"creo que allí tienen la etiqueta."
7.
Todos los niños habían salido en la fotografía y la maestra estaba tratando de persuadirlos a cada uno de comprar una copia de la fotografía del grupo.
-"Imagínense qué bonito será cuando ya sean todos grandes y digan: allí está Catalina, es abogada; o también ese es Miguel, ahora es doctor..."
Sonó una vocecita desde atrás del salón:
-"Y allí está la maestra, ya se murió..."
(Gracias Nora !!!)
El perro cubano...
Llega un barco a Montevideo procedente de Cuba y todos los perros del puerto se acercan a ver al perro cubano que sale del barco.
–"¡Mira!" –dice uno de los perros uruguayos al perro cubano, –"¿Es verdad que ustedes no tienen pulgas?"
–"¡Sí! Es que en Cuba el gobierno tiene una campaña de salud buenísima y los perros en Cuba no tenemos pulgas."
–"¿Y vos sabes leer?"
–"¡Claro chico, en Cuba a todos los perros desde cachorritos nos enseñan a leer!"
–"¿Y comen bien?"
–"Bueno no siempre hay huesos, pero nunca paso hambre."
–"Y si estabas tan bien en Cuba... ¿Por qué te fuiste de Cuba?"
–"¡Es que me dieron ganas de ladrar...!"
Matrimonios y algo más...
1.
Un matrimonio, al llegar el final del día, se ponen a hablar en la cama.
Empieza la mujer:
-"¡Manolo, estás todo el santo día pensando en números, cifras, cuentas, cálculos matemáticos, porcentajes! Estoy cansada, ¿no te das cuenta de cuánto daña eso nuestra relación?"
-"Sí cariño, me doy cuenta, concretamente la daña un 63%..."
2.
Una señora le dice al esposo:
-"Los nuevos vecinos son tan amorosos, él la besa, la acaricia, le hace arrumacos, ¿Por qué tú no haces lo mismo?"
Le responde el esposo:
-"¡Pues, porque yo casi no conozco a esa señora!"
3.
Un hombre no encontraba sus pantalones y grita:
-"¡Josefina no encuentro los pantalones!"
Y ella le contesta:
-"Pues búscalo en Google..."
4.
Llega un señor a su casa y le dice a su mujer:
-"Mi amor, tengo un grave problema en la oficina."
Y su mujer le responde muy alentadoramente:
-"No te preocupes gordito, nunca digas 'tengo un problema', di: 'tenemos un problema'..."
A lo que su marido le contesta:
-"Muy bien, entonces, nuestra secretaria va a tener un hijo nuestro..."
5.
Diego iba a casarse.
-"Oye Diego, y dime ¿tu novia tiene dinero?"
-"¡Ay, papá!, Eso es lo mismo que me pregunta de ti."
6.
Le dice por teléfono una mujer a su esposo:
-"Gordo, perdóname... ¡Te di las pastillas para los nervios en lugar de las de la diarrea!, ¿cómo estás?"
-"Cagado, pero tranquilo..."
Los efectos nocivos del alcohol...
1.
Va un borracho en moto y choca con una señal de tráfico.
Llega el policía y le pregunta:
-"¿Señor no vio la flecha?"
Y el borracho responde:
-"Ni el indio que me la tiró..."
2.
Llega un borracho al muelle y se pone a cagar entre los coches, en esto que aparece un policía y le dice:
-"¡¡¡Qué está haciendo, hombre!!!. Lo siento por Usted, pero tendré que dar parte al comisario."
A esto el borracho responde:
-"Parte no, désela toda..."
3.
Llega un borracho cantando y haciendo bulla de madrugada y sale un vecino y le dice:
-"¡Vecino!, no haga tanto alboroto y evítese problemas con su mujer."
Y le dice el borrachito:
-"Yo nunca tengo problemas con mi mujer, cuando llego borracho jugamos al exorcista."
Y dice el vecino:
-"¿Y cómo es eso?"
-"Bueno, ella me sermonea y yo me vomito y sigue sermoneándome y yo sigo vomitando..."
(Gracias Isabel !!!)
Palabras mayores...
1.
Una viejita, en la mitad de un servicio religioso, se inclina y le dice al oído al esposo:
-"Me acabo de tirar un pedito silencioso. ¿Qué hago?..."
Y el marido le responde:
-"Ahora nada, pero después, cámbiale las pilas al audífono..."
2.
Dos viejitas están cenando y una le dice a la otra:
-"Esta leche no está buena..."
Y la otra le responde:
-"Y mañana Navidad..."
3.
Una paciente de sesenta años le pregunta al doctor:
-"Oiga doctor, cuando subo la pendiente para llegar a mi casa me fatigo muchísimo, ¿Qué me aconseja tomar?"
Y el médico le responde:
-"Un taxi, señora..."
4.
Llega una viejita a la cárcel el día de la visita conyugal y le dice al guardia:
-"Señor, vengo a la visita conyugal."
El guardia asombrado le pregunta:
-"¿Pero señora, con quién?"
-"Con cualquiera, con cualquiera..."
5.
Un viejito de 80 años se levanta y se pone su abrigo.
Su mujer le pregunta:
-"¿A dónde vas?"
El contesta:
-"Voy al médico."
Y dice ella:
-"¿Por qué? ¿Estás enfermo?"
-"No," -replica él, -"voy a que me recete una de ésas nuevas pastillas de viagra."
La mujer se levanta de su mecedora y se pone también su abrigo.
El marido se extraña y le pregunta:
-"Y tú, ¿a dónde vas?"
-"También voy al médico," -contesta ella.
-"¿Y por qué?"
-"Si tú vas a empezar a usar otra vez esa vaina toda oxidada, voy a que me pongan una antitetánica."
6.
Una viejita estaba caminando por la calle arrastrando dos grandes bolsas plásticas de basura, una en cada mano.
Una de las bolsas tenia un hueco y de vez en cuando un billete de 20 dólares salía de la bolsa y caía en la calle.
Viendo esto, un policía la para y le dice:
-"Señora, hay billetes de 20 dólares saliéndose de esa bolsa."
-"Caramba," -dice la viejita, -"Tengo que regresar para recoger los billetes, gracias por avisarme."
-"Un momento..." - le dice el policía, -"No tan rápido. ¿De donde sacó usted todo ese dinero? ¿Se lo ha robado?"
-"Oh, no..." -dice la viejita, -"El terreno de atrás de mi casa da al estacionamiento del estadio de fútbol y cada vez que hay un juego y los fans quieren hacer pipí antes de entrar o salir del estadio, ellos se paran frente a los arbustos que dan a mi casa y hacen pipí en mis flores que acabo de sembrar. Entonces, yo me paro detrás de los arbustos con unas tijeras bien grandes y cada vez que alguien pone su dinguilín en los arbustos para hacer pipí, yo le digo: '¡Déme 20 dólares o se lo corto!'..."
Dice el policía:
-"Oiga... no esta mala la idea. Ok, buena suerte. Y dígame, ¿que hay en la otra bolsa?"
-"Bueno..." -dice la viejita, -"No todos pagan..."
(Gracias Guillermo !!!)
Caza de citas...
- Para la cólera y el amor todo lo que se aplaza se pierde. P.A.C. De Beaumarchais.
- Para la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos. O. Wilde.
- Para las personas creyentes, Dios está al principio; para los científicos está el final de todas sus reflexiones. Max Planck.
- Para obtener éxito en el mundo, hay que parecer loco y ser sabio. Barón De Montequieu.
- Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas. Proverbio Oriental.
- Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien. Anónimo.
- Para tener éxito hay que tener amigos; pero para tener mucho éxito hay que tener enemigos. Frank Sinatra.
- Partiendo de la nada alcance las más altas cimas de la miseria. Groucho Marx.
- Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen. Henry Ford.
- Perdemos lo seguro por buscar lo incierto. Plauto.
- Perdónaselo todo a quien nada se perdona a sí mismo. Confucio.
- Piensa que hasta para ser dichoso hay que acostumbrase. Andre Chenier.
- Por la calle del ya voy, se va a la casa del nunca. Miguel De Cervantes Saavedra.
- Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos. Proverbio romano.
- Por lo general, los hombres creen fácilmente lo que desean. Julio César.
De por qué se pierden los paraguas... (Por Héctor Álvarez Castillo)
Están los que por error consideran al incipiente extravío de paraguas consecuencia de la distracción y el embotamiento, cuando un sincero análisis nos revela que, a semejanza de la mayoría de los accidentes y de las fatalidades, éste también se debe a la desorganización en la que, tontamente, nos pasamos la vida.
El desorden proviene de causas de toda índole, desde las naturales hasta las artificiales y humanas.
Desde los tiempos de nuestros ancestros, destino es el vocablo más acabado que hemos acunado para relacionar fenómenos a nuestra percepción singulares.
No son pocos estos, pero deténgase y piense:
¿Por qué los días son cambiantes?
¿A qué se debe que uno no sepa a qué atenerse cuando abandona temprano el hogar y regresa a altas horas de la noche?
¿Por qué hace frío o hace calor al antojo de las horas?
Aunque a usted le cueste creerlo, ahí comienzan, irremediablemente, los extravíos del paraguas. (En esto vamos a ser platónicos: hay un solo paraguas que es el mismo paraguas que perdemos todos nosotros una y otra vez, y que alguien encuentra, sonríe y presuroso pasa a guardarlo en su armario. No hay más paraguas que la idea del paraguas.)
Si fuésemos ordenados, si en el mundo algo funcionase cómo Dios manda, a una mañana sin agua, le seguiría una tarde y una noche sin agua, y a un amanecer con llovizna y chaparrones lo continuaría una tarde y una noche con llovizna y chaparrones.
Sea sincero, con agua cayendo del cielo quién deja de pensar en su paraguas.
Nadie.
Y ahí está la pregunta clave: ¿Por qué usted pierde anualmente uno, dos o más paraguas?
Porque no nos ponemos de acuerdo en nada, ése es el secreto.
Si nos organizáramos y resolviéramos que un día de lluvia es un día de lluvia y un día de sol un día de sol, usted no tendría, siquiera, oportunidad alguna de olvidarse el paraguas en el colectivo, subte o tren.
En los cafés no se verían colgando de las sillas paraguas que no son de nadie y que entusiasman miradas anónimas.
Usted en medio de la lluvia jamás va a estar distraído al punto de extraviar la herramienta salvadora.
Día de sol es día de sol, día de lluvia es día de lluvia.
Hay que tener en claro esa dicotomía y no andar con modernas tergiversaciones de la moral.
Sólo así seremos salvos.
Recuerde usted cómo era en China, en la época dorada del Imperio.
Ahí las cosas funcionaban como se debe.
El Emperador era Emperador, el obrero, obrero y el capataz, capataz.
Gracias a estas sutilezas se pudo construir esa gran muralla china de la que todos ahora se llenan la boca.
En esos lejanos años los obreros chinos usaban una breve sombrilla los días de tormenta y llovizna.
La sombrilla, luego denominada paraguas, tenía un diámetro que oscilaba entre noventa centímetros y el metro veinte.
Era de color oscuro para los obreros menos calificados e iba atenuándose según la jerarquía en la construcción.
Y, por destacamento de soldados obreros, existía una gran sombrilla o sombrilla mayor preparada para proteger cuadrillas enteras de obreros y al capataz.
Ésta -debido a su extenso diámetro, cercano a los ocho metros- era transportada y sostenida por uno o dos chinos alimentados especialmente para esa tarea.
¿Dónde guardaban los chinos estos implementos en los días de sol?
Ésa es otra clave, ahí cuando llovía, llovía y cuando no, no.
Y estos rudimentos pasaban a la custodia de seres especialmente adiestrados para esas tareas, que los dejaban, cuidadosamente, uno al lado del otro en ocultas cavernas construidas a la vera de la gran muralla, sitios que han alcanzado pocas manos y ojos desde aquellos lejanos años.
Pero eso es otra historia y no debemos mezclarnos y confundirnos y hablar de uno y otro tema, todos, al mismo tiempo.
Ésa no es nuestra intención, esos no son nuestros hábitos.
A imagen y semejanza... (Por Mario Benedetti)
Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras.
Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos.
Uno de éstos le interceptaba el paso.
Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema.
Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón.
Retrocedió, después se detuvo.
Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj.
Sólo entonces se acercó de nuevo.
Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron.
Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga.
Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza.
Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía.
Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo.
La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color.
Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura.
Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla.
Ahora la superficie era otra vez clara.
De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos.
La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor.
Cargó con ella, y avanzó.
En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada.
La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A.
Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado.
Hormiga y carga rodaron.
Ahora el terrón se desarmó por completo.
La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo.
Luego pareció tranquilizarse.
Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó.
Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta.
Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo.
Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma.
Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos.
Luego empezó la tarea de carga.
Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado.
Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal.
Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma.
Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso.
A cinco centímetros estaba el palito.
La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso.
Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso.
Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba.
Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable.
Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida.
La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad.
La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo.
Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero.
Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel.
Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto.
El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad.
Dos centímetros más y un golpe resonó.
Un golpe aparentemente dado sobre el piso.
Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga.
El palito quedó atravesado en el tablón contiguo.
El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda.
La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio.
Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón.
Ahí estaba el palito.
La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras.
Después llevó a cabo su quinta operación de carga.
El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga.
Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada.
A medio metro estaba el zócalo.
La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta.
Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe.
A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada.
Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.
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