Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos unos chistes muy graciosos, de temas diversos, un interesante
test de lógica y unos textos de notables autores, con un humor disparatado
e inteligente, que seguramente van a disfrutar. Esperamos que se diviertan
y que pasen una excelente semana.
Esteban Nicolini
Empleada de Aerolíneas...
Los griegos decían que las mujeres tenían algo que ellos no tenían y envidiaban: ¡Astucia!
A una empleada de atención al cliente de Aerolíneas Argentinas, en Tucumán, se le tendría que haber dado un premio hace unos meses, por ser tan ingeniosa y educada, pero a la vez decir las cosas claras a un cliente legislador, que probablemente tendría que haber viajado en la bodega con los equipajes.
Un abarrotado vuelo de Tucumán - Bs. As., fue cancelado cuando el avión 767 de la compañía fue retirado por cuestiones de seguridad.
Sólo una empleada de atención al cliente estaba intentado encontrar vuelos alternativos para todos los pasajeros.
De repente, un pasajero muy exaltado, se salió la cola para ponerse delante del mostrador.
Con un golpe depositó su billete en el mostrador y dijo:
-"Tengo que salir en el primer vuelo y tengo que ir en Primera."
La empleada le contestó:
-"Lo siento mucho, señor. Estaré encantada de ayudarlo, pero en primer lugar tengo que ayudar a estos pasajeros que estaban antes que usted, tenga paciencia; estoy segura que lo solucionaremos."
El pasajero todavía más enojado le gritó:
-"¿Sabe usted quién soy?"
A lo que la empleada, sin pensarlo mucho, tomó el micrófono de los altoparlantes y anunció:
-"Su atención por favor...", -su voz se escuchó por toda la terminal...
-"Tenemos un pasajero que no sabe quién es. Si alguien sabe y puede ayudarlo, por favor tenga la amabilidad de presentarse en el mostrador número 2... Muchas gracias."
Los pasajeros detrás de él comenzaron a reírse, ante lo cual el legislador turbado de vergüenza, mirando a la empleada le dijo:
."Hacete cojer."
Y ella le contesta:
-"Lo siento señor, pero para eso también tiene que hacer cola."
Cualquier cosa que le des a una mujer, ella hará algo fabuloso:
Dale un esperma y ella te dará un bebé...
Dale una casa y ella te dará un hogar...
Dale alimentos y ella te dará una exquisita comida...
Dale una sonrisa y ella te dará su corazón...
Ella multiplica y engrandece todo lo que le des.
Pero si le das problemas, podés llevarte una sorpresa, que te haga hacer el ridículo...
Ah... dale la tarjeta de crédito y vas a ver la creatividad...
De pesca...
Cuatro hombres casados van a pescar.
Después de una hora, se escucha la siguiente conversación:
Uno de ellos comenta:
-"No tenéis ni idea de lo que tuve que hacer para venir a pescar este fin de semana. Tuve que prometer a mi mujer que pintaría toda la casa el próximo fin de semana."
Contesta otro:
-"Eso no es nada. Yo tuve que prometer que le construiría una terraza nueva para la piscina, con marquesina y todo."
Dice el tercero:
-"¡Pero hombre, os quejáis por nada! Yo tuve que prometerle que remodelaría la cocina completa, incluyendo el cambio de todos los electrodomésticos."
Se hace un silencio, hasta que alguien le pregunta al que no había hablado:
-"¡Y tú no has dicho nada acerca de lo que tuviste que prometer para venir a pescar este fin de semana! ¿Nos vas a decir que no tuviste que prometer nada?"
-"Yo puse el despertador a las 5:30 AM. y cuando sonó, me acerqué al oído de mi mujer y le pregunté: ¿Pesca o sexo? Y ella me contestó: ¡Abrígate bien!"
Gallegos narcotraficantes...
Dos gallegos se hacen narcotraficantes, pero en el primer intento de pasar mercancía a la vecina Francia, son descubiertos por la guardia fronteriza.
A Venancio le meten varios plomazos en una pierna y brazo y lo detienen.
Manolo, con mejor suerte, logra huir.
Un mes después Manolo va a visitar a Venancio a la cárcel francesa.
Venancio le dice:
-"Manolo, hazme un gran favor... la herida de la pierna se ha infectado y aquí en la cárcel me la van a cortar. Quiero que recojas la pierna y la lleves a enterrar a nuestro pueblo."
-"Por supuesto Venancio.", y accede a lo solicitado por su amigo preso.
A la semana siguiente recoge la pierna extirpada, la lleva a España y procede muy compungido a su entierro.
Vuelve a Francia a visitar a Venancio y este le dice:
-"Manolo, el maldito virus de la herida se ha extendido. Es menester que me corten la otra pierna, tienes que hacer lo mismo que con la anterior..."
Manolo acepta.
Días después va a la enfermería, recoge la pierna de Venancio y cumple la misma ceremonia de enterrarla en su amada Galicia.
Y vuelve a visitar a Venancio en la cárcel y escucha esto:
-"Mira Manolo, este endemoniado virus no quiere detenerse se me ha extendido al brazo derecho y me lo han de cortar; yo te pido que..."
Manolo lo interrumpe muy sonriente y acercándosele para hablar en secreto le dice:
-"¡Pero que listo eres, Venancio...! ¡Ahora me doy cuenta...! ¡Te estás fugando poco a poco...!"
Mensaje romántico...
¡Como somos los hombres de románticos. Brutos y simples, pero noblotes!
La novia envía un mensaje por teléfono móvil a su novio con el siguiente texto:
-"Si estas durmiendo mándame tus sueños.
Si estas riendo mándame tú sonrisa.
Si estas llorando mándame tus lágrimas.
¡TE AMO!"
El novio le responde:
-"Estoy cagando... ¿Qué hago?"
(Gracias Marisa !!!)
Test de lógica...
Ejercicio mental (No tengas prisa...)
Cuatro enigmas:
Aquí tienes cuatro pequeños enigmas para resolver.
Cuestión 1:
Un automovilista guiaba su coche a 70 Km/h con todas las luces apagadas por una ruta desierta.
No se molestó en encender los faros y la luna no brillaba en el cielo.
Súbitamente, una persona toda vestida de negro atraviesa la ruta a corta distancia del coche; el coche frena y lo deja pasar.
¿Cómo vio el automovilista pasar a esa persona?
Cuestión 2:
En un nuevo edificio, los propietarios han decidido nombrar los pisos de la siguiente manera: Enero a la planta baja, Febrero al primer piso, Marzo al segundo, y así sucesivamente hasta el último piso, al que nombran Diciembre.
Curiosamente, el edificio contiene 12 niveles y cuenta con 365 empleados, 52 subjefes, y 7 jefes de división.
Sabiendo todo esto: ¿Cómo llaman al ascensor?
Cuestión 3:
Mi desarrollo puede parecer ilógico, pero es así como yo estoy hecho: la crianza está antes que el embarazo; la adolescencia está antes que la infancia; la carrera está antes que la marcha; la escritura está antes que la lectura; los deberes están antes que la lección; y la muerte está antes que la vida.
Pero nada es ilógico.
¿Quién soy?
Cuestión 4:
Hay una ciudad en la cual el 5 % de los habitantes tienen un número de teléfono confidencial.
Si elegimos 100 nombres al azar, dentro de la guía telefónica, ¿ Cuántas de esas personas en promedio tendrían un número confidencial?
Respuestas:
¿Crees tener las respuestas correctas?
Si tienes dudas lee de nuevo el texto...
Bien, entonces aquí van las respuestas...
Respuesta a la Cuestión 1:
El automovilista conducía en pleno día.
Respuesta a la Cuestión 2:
Llaman al ascensor apretando el botón.
Respuesta a la Cuestión 3:
Soy el diccionario.
Respuesta a la Cuestión 4:
¡Ninguna!
Los números confidenciales no aparecen en la guía telefónica.
Conclusión:
¿Has acertado en todas las preguntas?
¿No?
Entonces has leído demasiado rápido y no te has detenido a analizar.
¡No te desanimes!
Prueba a enviárselo a algún/a amig@...
Cuando uno se mira, se desconsuela...
Pero cuando uno se compara, se consuela.
(Gracias Elvira !!!)
Amsterdam...
Un turista argentino de mediana edad, realiza su primera visita a Amsterdam.
Por la noche se dirige a la zona roja, y decide ingresar a un prostíbulo.
La madame le da la bienvenida y lo invita a tomar asiento, mientras le envía una jovencita para entretenerlo.
Se sientan, conversan, se toquetean un rato, beben un poco, ella se sienta sobre su falda.
Cuando el hombre le susurra algo al oído, ella se levanta y sale corriendo espantada.
Al ver esto, la madame le envía una chica más experimentada al caballero.
Se sientan y conversan, se toquetean un rato, beben un poco, ella se sienta sobre su falda.
El hombre le susurra algo al oído... y la experimentada chica grita: ¡No!... y se va corriendo.
Decide entonces que únicamente su chica aún más experimentada, la mejor de todas -Lola- no va a negarse.
Lola nunca le ha dicho no a nada.
Y es raro que pudiera haber algo que llegara a sorprenderla.
Entonces la anfitriona la manda.
Se sientan, se toquetean un rato, beben, ella se sienta sobre su falda.
Él le susurra en el oído y ella grita:
-"¡De ninguna manera. No way!"
Le pega un cachetazo y se va.
La madame está muy sorprendida por este hombre que aparentemente está pidiendo algo tan descabellado como para que dos de sus calificadas chicas no quieran saber nada del tema.
Se acerca al hombre y le dice que ella es lo mejor de la casa y que está disponible para él.
Se sientan y conversan, se toquetean, beben y luego ella se sienta sobre su falda.
Él se acerca a ella y le susurra al oído:
-"¿Aceptás pesos argentinos?"
(Gracias Javier y Marisa !!!)
Marido perfecto...
Un grupo de hombres está a punto de jugar un partido de futbol, como siempre, en el club y mientras se están cambiando suena un celular.
Uno de ellos contesta y pone el celular en altoparlante para poder seguir cambiándose:
Hombre: -"¿Si?"
Mujer (del otro lado): -"¿Gordo, sos vos? ¡Se oye horrible!"
-"¡Hola... Hola... Hola!"
-"¿Estas en el club?"
-"¡Si!"
-"Mi amor, estoy frente a la vidriera de una tienda y hay un abrigo de visón precioso. ¿Puedo comprármelo?"
-"¿Y cuanto cuesta?"
-"Como 10.000 pesos"
-"¡Bueno! ¡Y comprate también un bolso que haga juego, amor mío!"
-"Bueno... esteee... resulta que también pasé por aquel concesionario de automóviles que habíamos ido, ¿te acordás? Entré y pregunté. ¿A que no sabes qué? Resulta que tienen ese BMW que tanto nos gusta y es el último que les queda..."
-"¿Cuánto?"
-"$200.000... ¡Y es divino!"
-"Buuueno. Compralo, pero que te lo den con todos los extras y si sale un poco más, como situación excepcional, no me voy a enojar."
La mujer, viendo que hoy todos sus pedidos eran aceptados positivamente, decide arriesgarse un poco mas:
-"Gordo... ¿Te acordás que te conté que mamá quería venirse a vivir con nosotros? ¿Te parece bien que la invite por un mes, a prueba, y el mes que viene lo volvemos a hablar?"
-"Bueeeno esta bien... pero no me pidas nada más por hoy, ¿eh?"
-"Si, si, esta bien. ¡Ay, cuanto te adoro mi amor!"
-"¡Yo también te quiero! Un besito, mi amor."
Al colgar el teléfono, el hombre mira al grupo (ya cambiado y a punto de jugar su partido) y pregunta:
-"¿Alguien sabe de quién es este celular?"
(Gracias Norberto !!!)
Variados y breves...
1.
La mujer oye un ruido de noche, despierta al marido y le dice:
-"Viejo, viejo, asomate por la ventana para que crean que tenemos perro."
Y él le responde:
-"Asomate vos para que crean que la casa está embrujada."
2.
Está Jaimito sentado con su abuela en un velorio.
De pronto le dice:
-"Abuela, pareces una película de estreno."
La abuela no entiende y le pregunta qué quiso decir.
-"Próximamente en esta sala."
3.
Después de una pelea, la mujer le dice al marido, llorando:
-"¡A este matrimonio le falta magia!"
Y el marido desaparece viernes, sábado y domingo.
4.
Están dos murciélagos colgados cabeza abajo, y uno le pregunta al otro cuál fue el peor día de su vida.
-"Cuando tuve diarrea y me cagué todo."
5.
Un hombre entra a la farmacia y pide tres Viagras, porque van a venir tres mujeres a su casa esta noche.
Al día siguiente vuelve a la farmacia y le pide al farmacéutico tres relajantes musculares.
-"¿Para las mujeres?", - le pregunta el profesional.
-"No, para el brazo, las hijas de puta no vinieron."
6.
Pregunta la profesora a Jaimito:
-"¿En qué trabaja tu mamá?"
-"Señorita, mi mamá trabaja de sustituta."
-"Pero Jaimito, sustituta no es una profesión, ¿no habrás querido decir prostituta?"
-"No, señorita, la prostituta es mi tía, y cuando ella no puede ir, la sustituta es mi mamá."
7.
Suena el teléfono a las tres de la madrugada y atiende Jaimito.
-"Hola, disculpe, ¿la familia Silva?"
-"¡No! A esta hora la familia ronca."
(Gracias Adrián !!!)
Cirugía vaginal...
La confidencialidad es muy importante...
Una mujer le dice a su cirujano plástico que ella quería reducir sus labios vaginales en tamaño, porque estaban muy sueltos y flameantes.
Debido al bochorno insistió que la cirugía se mantuviera en secreto y el cirujano aceptó.
Saliendo de la anestesia, encontró 3 rosas cuidadosamente colocadas junto a su cama.
Fuera de sí, ella inmediatamente llamó al doctor.
-"¡Pensé que le había pedido que no le diga a nadie sobre mi operación!"
El cirujano le dijo que había llevado a cabo su deseo de confidencialidad y que la primera rosa era de parte de él:
-"Me dio lástima porque pasó por todo esto sola.", - dijo.
-"La segunda rosa es de mi enfermera. Me asistió en la cirugía y se identificó porque ella pasó por el mismo procedimiento hace algún tiempo atrás."
-"¿Y qué hay de la tercera rosa?", - preguntó ella.
-"Esa es de un hombre que está en el piso de arriba, en la unidad de quemados. Quería agradecerle por sus nuevas orejas..."
(Gracias Horacio !!!)
En cualquier sitio... (Por Rodrigo Cortés)
Poco se habla, en general, de los antifaces para el sueño, las bolsas pequeñas de tela y los bolígrafos con luz en la punta para escribir en la oscuridad.
No sugiero que deba hacerse más, ni insinúo que no hacerlo responda a algún tipo de injusticia, descuido o conspiración, pero es mi obligación de cronista hacerlo notar y, por medio de la presente, lo hago y lo noto: poco se habla, en general, de los antifaces, las bolsas pequeñas y los bolígrafos luminosos.
Aun tentado de acabar aquí el texto y dejar al lector potencial con algo en que pensar para el resto de la tarde, creo mi deber desvelar la causa de tan sorprendente omisión, que alcanza, no tengan duda, a las fundas de plástico para mando a distancia, los sujetalibros en forma de espada partida por la mitad y los tirantes de colores.
Y la explicación es: pueden comprarse en cualquier sitio.
Resistiendo el renovado impulso de concluir ahora, esta vez sí, el artículo —con la potencial impresión para el potencial lector de que algo se le ha escapado y debe abordar una segunda lectura, esta vez más atenta—, aclaro, por pura honestidad, que aún no he llegado al meollo del asunto que, como todo meollo, se esconde en el centro aproximado de la lechuga.
Y el meollo está en la expresión: en cualquier sitio.
Hago notar (y a su vez noto) que cuando el ciudadano común pregunta dónde puede adquirir un llavero que reaccione a la llamada del silbo gomero, un ave disecada con las alas desplegadas o un colgador de toallas en forma de índice, nadie le responde que ni idea, que vaya usted a saber o que sólo Dios en forma de columna de humo por el día y de fuego por la noche podría guiarlo en tan improbable búsqueda.
Siempre escucha algo muy parecido a: «¿Eso?, en cualquier sitio».
Siente de este modo el preguntado que ha cumplido con su deber y el preguntador el deseo de partirle la cara.
En países civilizados, alguno de ellos no muy alejados del nuestro, el preguntador agarra por las solapas al preguntado, alcanzando sus narices la distancia más corta.
El primero amenaza, si no agrede, sin más dilación al segundo, y tiende a rematar tan elemental coreografía, según observación atenta, con un simple y educado: «Si no tienes ni puta idea, lo dices y punto. Subnormal».
Así que ténganlo en cuenta: si preguntan una dirección y la otra persona duda, salgan corriendo; si necesitan un dato, túmbense hasta que se les pase; pero cada vez que necesiten un antifaz para el sueño, bolsas pequeñas de tela o un bolígrafo con luz en la punta, sepan que eso, concretamente eso, se encuentra en cualquier sitio.
Como por ejemplo, en los chinos.
La bolsa de basura... (Por Leo Masliah)
Rodríguez iba saliendo de su casa para ir a trabajar, pero volvió para buscar una bolsa plástica llena de basura, que tenía preparada desde la víspera para una ocasión así, es decir, una ocasión en la que él, camino hacia alguna parte, tuviera que pasar por donde estaba el tacho de basura que se alimentaba de las bolsas de basura producida y envasada en cada uno de los apartamentos del edificio.
El plan era sencillo y Rodríguez se iba acercando al tacho de basura sin pensar demasiado en nada relacionado con eso, pensando sí más bien en otras cosas relacionadas con otras cosas.
Pero cuando se encontraba a menos de siete metros del tacho, Rodríguez detectó la proximidad de una agente perturbador, un elemento desestabilizador de la posible calma que acompañaba el automático, necesario, lógico, humano, social, comprensible, perfectamente justificado, habitual, cívico acto de tirar la basura.
Era un individuo que, arrodillado junto al tacho, extraía de allí restos de alimentos, los cuales clasificaba y separaba en distintas bolsas que traía consigo, según el contenido proteínico, el tenor graso o el nivel de adición vitamínica que tuvieran; pero el individuo no daba la impresión de ayudarse, en la detección de las gradaciones específicas alcanzadas por cada uno de estos parámetros, con ningún tipo de instrumental técnico, excepción hecha de una protuberancia que él llevaba incorporada al rostro y que le servía para medir con precisión asombrosa el índice de putrefacción operante en cada residuo alimentario, ya que entre dos mitades de cáscara de naranja aparentemente iguales, el individuo descartaba una y se quedaba con la otra, y no era, como se dice vulgarmente, porque estuviere en condiciones de tirar manteca al techo.
En efecto, su nivel de ingresos no parecía ser muy alto, a juzgar por unas pequeñas roturas visibles en un costado de su toga de arpillera.
Rodríguez empezó a vacilar.
Luego siguió haciéndolo.
No sabía si ignorar al individuo y depositar la bolsa en el interior del tacho, o ignorar al individuo para dejar la bolsa a unos metros de él, o tomar otras actitudes cuya descripción se verá momentáneamente demorada por el análisis de aquellas otras ya mencionadas.
La primera de éstas, es decir, de aquéllas, a saber, ignorar al individuo y tirar la bolsa en el tacho, era casi imposible de llevar a la práctica, porque la posición de la cabeza y las manos del perturbacionista era tal que obligaba a Rodríguez, en caso de decidirse a tirar la bolsa en el tacho, a decir “con permiso”.
Esta opción implicaba no ignorar al individuo y considerar el acto de depositar la bolsa como una entrega, era como decirle “tomá”, y eso requería reconocer previamente en el objeto alguna cualidad capaz de valorizarlo como obsequio.
Dejar la bolsa a una distancia prudencial del tacho implicaba también, quisiéralo o no Rodríguez, reconocer el origen humano de la perturbación, y localizarlo en la persona del espécimen que revisaba la basura, ya que, de haberse tratado de un perro o una rata, Rodríguez no habría tenido inconvenientes en tirar la bolsa en el tacho dejando por cuenta del animal la tarea de defenderse del impacto, y siendo en este caso dicho impacto únicamente de tipo físico, y no también emocional, social o como quisiera llamarse a las connotaciones extrafísicas que puede haber en la actitud de regalarle a alguien una bolsa con basura.
La única forma de dejar la bolsa a pocos metros del tacho y al mismo tiempo ignorar efectivamente la presencia del foco problematizador era concretar una súbita mudanza al edificio de al lado, cuyo tacho de basura estaba en ese momento libre de incursiones extractivas (aunque no por mucho tiempo, ya que en cuatro o cinco tachos más adelante y con próximo asiento en los tachos sucesivamente más cercanos había otro qué sé yo).
Esa mudanza súbita sólo podía producirse si llegaban a confluir allí en ese momento una serie de factores, como el que Rodríguez no fuera miope y pudiera ver en la pizarra del quiosco de enfrente si su número de lotería había salido favorecido.
Dándose una solución afirmativa a esto, Rodríguez, en la euforia del triunfo, habría podido cruzar a cobrar portando un tácito perdón por la distracción consistente en no desprenderse todavía de la bolsa de basura.
Al volver a su vereda, con el dinero en una mano y la bolsa en la otra, debía pasar el propietario de alguno de los apartamentos vacíos del edificio vecino al suyo, y Rodríguez podría entonces decirle “tome este dinero, le compro el apartamento; supongo que ahora puedo hacer uso del tacho de basura correspondiente a ese edificio”.
Pero la miopía de Rodríguez invalidaba todo esto aun cuando su número de lotería hubiese resultado premiado y el dueño del apartamento vecino vacío estuviese llegando desde la otra cuadra.
No era posible entonces ignorar la presencia del individuo, había que tenerla en cuenta.
Desde este punto de vista, dejar la bolsa en el tacho era una descortesía, estando como estaba Rodríguez en conocimiento de que el otro iba a tomarla y revisarla de todas maneras.
Pero dársela en las manos no dejaba de constituir para él una ofensa, atendiendo al contenido repugnante de la bolsa.
En cuanto a si para el otro ese acto podía resultar ofensivo o no, era algo difícil de prever.
Más allá de sus intenciones de apropiarse la bolsa, el individuo podía contar con una dosis de orgullo que superara con creces en intensidad a la que se necesitaba para realizar el esfuerzo de levantar una bolsa no muy pesada que alguien le deja a uno al lado, o el de desatar un nudo más o menos provisorio que alguien hizo en la boca de una bolsa de nailon.
Otra posibilidad era dejarla en el tacho, pero abierta, dando a entender que no se ignoraban las intenciones del sujeto en cuanto a revisar la bolsa.
Pero todos estos pensamientos pasaron con mucha rapidez por la mente de Rodríguez.
Vencido por la ambigüedad contenida en el acto de darle a alguien algo que es una porquería, siendo que este alguien tiene de todas formas mucho interés en recibirla, Rodríguez empezó a pensar en otro tipo de salidas.
Pensó, por ejemplo, en darle al individuo, no la bolsa de basura, sino una limosna.
Sin embargo el análisis de esta posibilidad le reveló que esto no habría de librarlo del dilema de que hacer con la bolsa.
Sea cual fuere la magnitud de la limosna, era evidente que nunca bastaría para consolidar en el otro una posición económica suficientemente holgada como para abandonar el hábito de hurgar en los tachos de basura.
Entonces el individuo aceptaría quizá la limosna, pero metería inmediatamente después las manos en la bolsa.
En cuanto a decirle “tome, le doy esto con la condición de que no revise la bolsa”, no parecía esto contener mayor cantidad de urbanidad que dejar la bolsa ahí nomás y retirarse del lugar sin decir ni siquiera “bolsa va”.
Rodríguez empezó a retroceder.
Mientras lo hacía siguió examinando otras posibles maneras de deshacerse de la bolsa sin entrar en actitudes que hirieran sus principios.
Consideró el no dejar la bolsa en el tacho, sino sólo su contenido, vaciándolo en las manos del individuo.
También consideró el dejar la bolsa cerrada y decirle “mire, le dejo esto, y sé que lo va a abrir; no me gusta la idea pero sé que es lo único que usté puede hacer para vivir; yo quisiera ayudarlo, pero no puedo por razones salariales, etc.”.
Luego pensó en vaciar la bolsa en el tacho del edificio vecino, pero volver luego y tirar la bolsa vacía en el otro tacho, mostrando su necesidad de evitar entregarle basura al otro, pero mostrando al mismo tiempo también que no era su intención hacerle un desaire ni fingir que no lo había visto ni que lo había visto pero que no quería roces con él.
Ninguna de estas opciones satisfizo a Rodríguez.
Siguió retrocediendo hasta entrar de nuevo en el edificio.
Subió las escaleras también retrocediendo, y sacando la llave de su apartamento consiguió, luego de unos minutos de esfuerzo, abrir la cerradura permaneciendo él de espaldas a la puerta.
Así entró al apartamento, y siguió retrocediendo hasta que se topó con la ventana, que estaba abierta.
Supo detenerse en ese momento, y permaneció allí quieto como un muñeco a cuerda detenido en su marcha por algún obstáculo, siempre de espaldas a la ventana, con la bolsa de basura en la mano.
Y así pasó un rato, hasta que de pronto Rodríguez oyó que desde abajo el tipo le gritaba:
-"Che, loco, aunque sea tirámela por la ventana."
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