Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos una serie de chistes breves muy graciosos, otros de
Jaimito imperdibles y unos textos de humor disparatados y divertidos, y
con la pizca de reflexión que los valoriza aún más. Esperamos que los disfruten,
que tengan un excelente fin de semana y para los creyentes les deseamos
una ¡Muy feliz Navidad!
Esteban Nicolini
Cortitos pero efectivos...
1.
La suegra con ganas de buscarle bronca a la nuera le pregunta:
-"¿Por qué mi nieto no se parece a mi hijo?"
La nuera le responde:
-"No sé... Yo tengo una vagina, no una fotocopiadora..."
2.
Tres viejitos hablan de cómo se duermen:
El 1ro dice: -"Yo hago crucigramas."
El 2do dice: -"Yo veo novelas."
Y el 3ro dice: -"Yo me masturbo..."
Y le preguntan los otros 2 viejitos asombrados:
-"¿Y se te para?"
-"No, pero me canso y me duermo..."
3.
-"¡Oh Dios! ¡Que mi mujer nunca me ponga cuernos, y si me los pone, que nadie la vea, y si la ven, que nadie me cuente, y si me cuentan, que yo no les crea, y si les creo, que yo no me enoje, y si me enojo, que no la mate, y si la mato, que no me encierren, y si me encierran, que no me violen, y si me violan que no me duela, y si me duele, que no me guste, y si me gusta, que no me saquen de la cárcel!"
4.
Hija:
-"¡Mamá, mamá! ¿Como es que se le dice a la mujer adicta al sexo?"
La madre responde:
-"Ninfómana hija..."
-"¡Déjame anotarlo porque los ignorantes del colegio me dicen puta!"
5.
Un borracho caminando dificultosamente es detenido por un policía a las tres de la mañana y éste le pregunta:
-"¿Adonde va Ud.?"
El tipo, hecho pelota le responde:
-"Voy a una conferencia sobre el abuso del alcohol y sus efectos letales en el organismo, el mal ejemplo para los hijos y las consecuencias nefastas para la familia, el problema que causa en la economía familiar y la irresponsabilidad absoluta de un padre... bla, bla, bla..."
El policía lo mira incrédulo y le dice:
-"¿En serio? ¿Y quién va a dar esa conferencia a estas horas?"
-"¿Quién va a ser, carajo...? ¡Mi mujer cuando llegue a casa...!"
6.
Dos empleados del Censo llegan a una casa, para el Censo 2011, y preguntan:
-"¿Su nombre?"
-"Adán."
-"¿El de su Esposa?"
-"Eva."
-"¡Increíble! ¿Por casualidad la serpiente también vive aquí?"
-"Sí, un momento. ¡Suegraaaa, la buscan!"
7.
Van al hospital dos gemelos siameses y uno de ellos dice:
-"¡Doctor, doctor, mi hermano es gay...!"
Y el doctor le dice:
-"Aja... ¿Y cual es el problema?"
-"¡Que tenemos un solo culo!"
8.
Llega el marido a su casa muy enojado y grita...
-"¡Vieja...! ¡Arrugada...! ¡Inútil...! ¡Aguada...! ¡Floja...!"
La mujer le responde:
-"Si es una adivinanza... ¡Es tu pistola...!"
(Gracias Horacio !!!)
Spaghettis...
Un abogado mantiene un romance con su secretaria.
Al poco tiempo, ésta queda embarazada y el abogado, que no quiere que su esposa se entere, le da a la secretaria una buena suma de dinero y le pide que se vaya a parir a Italia.
Ésta pregunta:
-"¿Y como voy a hacerte saber cuando nazca el bebé?"
El abogado responde:
-"Para que mi mujer no se entere, tan sólo envíame una postal y escribe por detrás: 'Spaghetti'. Y no te preocupes de más, que yo me encargaré de todos los gastos."
Pasan los meses y una mañana la esposa del abogado lo llama al bufete, algo exaltada:
-"Querido, acabo de recibir el correo y hay una postal muy extraña de Italia. La verdad, no entiendo qué significa."
El abogado, tratando de ocultar sus nervios, contesta:
-"Espera a que llegue a casa, a ver si yo entiendo..."
Cuando el hombre llega a casa y lee la postal, cae al suelo fulminado por un infarto.
Llega una ambulancia y se lo lleva.
Ya en el hospital, el jefe de cardiología se queda consolando a la esposa y le pregunta cuál ha sido el evento que precipitó tan masivo ataque cardíaco.
Entonces la esposa saca la postal y se la muestra diciéndole:
-"No me explico, doctor; él solamente leyó esta postal. Vea usted mismo lo que trae escrito."
-"Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti. Tres con salchicha y albóndigas y dos con almejas."
(Gracias Lidia !!!)
Especialista...
Una señora, con su hijito de 10 años, está comiendo en un restaurante.
En un descuido, el chico se mete una moneda en la boca y se atraganta.
La madre intenta hacerle escupir la moneda golpeándole la espalda, dándole palmadas en el cuello, sacudiéndolo, sin éxito.
El chico ya comienza a dar muestras de asfixia y la madre, desesperada, comienza a gritar pidiendo auxilio.
Un señor se levanta de una mesa cercana, y con pasmosa tranquilidad, sin decir palabra alguna, le baja los pantalones a la criatura, toma sus pequeños testículos, los aprieta con fuerza, y tira hacia abajo violentamente.
Automáticamente, el niño -ante el dolor irresistible escupe la moneda, y el señor, con la misma pasmosa tranquilidad con la que se acercó, regresa a su mesa sin decir palabra.
Al rato, la señora, ya tranquilizada, se acerca para agradecerle que haya salvado la vida a su hijo, y le pregunta:
-"¿Usted es médico?"
-"No señora, soy auditor de la AFIP, por lo tanto experto en apretarle los huevos a la gente y sacarles hasta la última moneda."
A la escuela con Jaimito...
1.
Como deberes, la maestra les pide a los alumnos que hagan una rima.
Al día siguiente, le solicita a Jaimito que le diga su versito.
- "Allá viene el canguro con una flor en el culo."
La maestra muy enojada lo reta, lo manda para el fondo y le exige que rehaga el verso.
Al final de la clase:
-"Dígame el verso nuevo."
-"Allá viene el canguro con una flor en la bragueta, porque si la trae en el culo, la maestra me reta."
2.
La maestra le pregunta a Jaimito:
-"Jaimito, ¿cuántos huevos pone la gallina por día?"
-"No sé, Srta. Maestra."
Con ironía, ella le dice:
-"Te agarré, ¿eh?"
Y Jaimito le pide para hacerle él una pregunta, a lo que la maestra accede.
-"Srta., ¿cuántas tetas tiene una chancha?"
-"No sé Jaimito."
-"¿Vio?, Ud. me agarró por los huevos y yo la agarré por las tetas."
3.
-"Jaimito," - pregunta la maestra, -"dígame cuál es el tiempo verbal de esta frase: ¡Esto no debería haber pasado!"
-"¡Preservativo imperfecto, señorita!"
4.
La maestra tropieza, cae y se pega flor de golpe en el salón de clases.
En la caída, el vestido se le sube hasta la cabeza.
Se levanta inmediatamente, muy enojada, se arregla y pregunta a sus alumnos:
-"Luis, ¿qué es lo que viste?"
-"Sus rodillas, maestra."
-"¡Una semana de suspensión!"
-"Y vos, ¿Carlitos?"
-"Sus caderas, señorita."
-"Un mes de suspensión..."
-"Y vos, ¿Jaimito?"
Jaimito toma sus cuadernos y mientras va saliendo del salón de clases, dice:
-"Bueno, compañeros, ¡hasta el año que vieeeneeee!"
Sólo una madre lo sabe todo...
Un día mi madre salió y quedé a cargo de mi padre.
Yo tendría quizás dos años y medio.
Alguien me había regalado un juego de té y era uno de mis juguetes favoritos.
Papá estaba en la sala mirando el noticiero cuando le llevé una tacita con té, que era solamente agua.
Después de varias tazas de té y de muchas alabanzas por la riquísima bebida, mamá llegó a casa.
Papá la hizo esperar en la sala para que me viera traerle una taza de té, porque le parecía la cosa más tierna que había visto.
Mi mamá esperó, me vio venir caminando por el pasillo con la taza de té para papá y lo miró mientras se la tomaba.
Entonces, rompiendo todo el encanto, mi mamá dijo:
-"¿No se te ocurrió pensar que el único lugar que ella puede alcanzar agua es el inodoro?"
Los padres son necesarios... ¡pero las madres muchísimo más!
Historia real...
Esto realmente sucedió en un vuelo de la compañía British Airways, entre Johannesburgo y Londres.
Una señora blanca, de cerca de 50 años, se sienta junto a un negro.
Visiblemente molesta llama a la azafata.
La azafata:
-"¿Cuál es su problema señora?"
La señora:
-"Pero, ¿es que no lo ve? ¡Me han puesto al lado de un negro!, Y no soporto estar junto a uno de estos seres tan desagradables, así me ubíquenme en otro lugar, por favor."
La azafata:
-"Cálmese, casi todo los puestos de este vuelo están ocupados, pero iré a ver si hay algún asiento libre."
La azafata se aleja y retorna luego de algunos minutos:
-"Señora, tal y como pensaba, no hay ningún puesto libre en clase económica. He hablado con el comandante que me ha confirmado que no hay tampoco puestos libres en la clase ejecutiva, pero todavía tenemos un puesto libre en primera clase."
Y antes que la señora pudiera hacer el más mínimo comentario, la azafata continuó:
-"Es completamente inusual en nuestra compañía permitir a un pasajero de clase económica sentarse en primera clase, pero visto la circunstancia el comandante piensa que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse al lado de una persona así de repugnante..."
La azafata se da vuelta hacia el negro y le dice:
-"Así que, señor, si lo desea, tome su equipaje de mano, que lo espera un asiento en primera clase..."
Todos los pasajeros que shockeados asistían a la escena, se levantaron y comenzaron a aplaudir.
De color...
Queridos hermanos blancos:
Cuando nací, era negro.
Cuando crecí, era negro.
Cuando voy al sol, soy negro.
Cuando tengo miedo, soy negro.
Cuando estoy enfermo, soy negro.
Cuando muera, seré negro.
Mientras tú, hombre blanco:
Cuando naciste, eras rosado.
Cuando creciste, eras blanco.
Cuando tomas al sol, te pones rojo.
Cuando hace frío, te pones azul.
Cuando tienes miedo, te pones verde.
Cuando estás enfermo, te pones amarillo.
Cuando mueras, serás gris.
Y después de todo esto, ¿eres tan cara dura de llamarme hombre de color?
(Gracias Marisa !!!)
Una de las mil maneras de romper la paciencia... (Por Enrique Pinti)
Entre la hipocresía acomodaticia de decir que todo está bien y la honestidad brutal de tirar a la cara del prójimo todos los defectos que le detectamos tiene que haber, como en todo, un término medio de sensatez y sentido común.
¿Es lícito decirle a alguien lo gordo que está, lo viejo que se lo ve y lo poco saludable que luce?
¿Es correcto emitir opiniones adversas hacia actos, vida y obra de algún fulano que no ha solicitado nuestro parecer y que no demuestra el más mínimo interés en enterarse de nuestra evaluación?
El que escribe está algo harto, diría podrido, de escuchar a "hechiceros de la tribu" recomendando nutricionistas, psicólogos, profesores de yoga y métodos rejuvenecedores.
Estos consejos son la manera más o menos sutil de decirme que me ven en el colmo de la obesidad, muy estresado y más viejo que la humedad.
¿Por qué no esperar a que el interesado hable, se exprese, pida ayuda y diga, él solito, como Dios manda: "Estoy hecho una vaca, necesito adelgazar, tengo una angustia enorme, me siento mal anímicamente y siento que estoy entrando en la senilidad, hace años que el sexo ya no es un problema para mí porque ha dejado de existir y no siento el menor estímulo en mi trabajo"?
Entonces sí está superindicada la catarata de números de teléfono y direcciones de cuanto profesional, curandero, matasano, alquimista y astrólogo uno haya conocido para apuntalar al amigo en apuros.
No ayudar es egoísta, ayudar sin que te lo pidan puede ser generoso y agradable si uno se da cuenta de que por timidez o confusión el otro no puede verbalizar el pedido de auxilio, pero ayudar en forma machacante, paternalista y sobreactuada es una de las mil formas de romper la paciencia y puede constituirse en delito grave contra terceros.
Hace unos meses estaba yo en un café de mi mágica Buenos Aires; eran las seis y media de la tarde de un viernes y la calle Corrientes ardía a pesar de una temperatura invernal y un viento huracanado.
Saboreaba mi café, miraba arrobado el cartel luminoso del teatro que estaba en la vereda de enfrente, donde mi nombre brillaba como el sol, y divisaba una importante cola de espectadores que esperaban conseguir las últimas localidades disponibles para la función de esa noche, que iba a estar completa y con cartelito de "agotadas".
O sea, estaba feliz, contento, olvidándome de las malas noticias que había leído en el diario y dispuesto a salir a escena a divertir al público.
Sin embargo, algo debió ensombrecer mi expresión, quizás alguna mueca deformó mi boca o alguna puntada en la pantorrilla o una contracción de cervicales me obligó a hacer un gesto de desagrado o... no sé.
Pero una señora que pasaba por la calle me junó por la ventana, entró al bar, se dirigió a mí y exclamó:
-"¿Qué pasa, Enrique? ¿Por qué esa cara? ¿Necesita algo? ¿Se siente solo? ¿Qué hace solito acá, perdido en un café, usted que debe de tener mil amigos? ¿Quiere tomar un cafecito conmigo? ¡Yo lo adoro! ¿Sabe? Y no puedo tolerar que esté triste."
Quedé sin palabras, y eso es muy difícil que me ocurra a mí desde que aprendí a hablar de corrido.
Me superó...
No pude articular ni una frase coherente; sólo atiné a decir:
-"Estoy bien, gracias."
Frustré a una psicóloga espontánea.
Lo lamento, pero que agradezca la señora que la felicidad que me embargaba, y que ella no supo ver, consiguió que mi contestación hubiera sido tan escueta; se salvó de un:
-"Metete en tu vida, no invadas la de alguien que ni sabe quién corno sos y tampoco desea saber, y dejame en paz que si necesito ayuda sé pedirla a los que amo, ¡imbécil!"
¡Dios la ayudó!
Cuento de Navidad... (Por Juan José Millás)
Un día, por estas fechas, llegó a casa de algún modo inexplicable un jamón.
Su presencia produjo en la familia un choque emocional indescriptible.
Parecía una pata incorrupta más que un fiambre.
Lo colgamos del techo de la despensa y cada poco íbamos a adorarlo en su soledad aromática.
Mi madre nos explicaba cómo debía partirse y de qué grosor debían ser las lonchas, asegurando que en las profundidades de aquella carne oscura permanecía enterrado un hueso que serviría para hacer caldo.
Pero si le preguntábamos cuándo comenzaríamos a comérnoslo, ella decía indefectiblemente:
-"Cuando tengamos un cuchillo de cortar jamón."
No creáis que sirve cualquiera.
Habíamos aceptado que aquel cuchillo específico debería aparecer de un modo extraordinario o sobrenatural en nuestras vidas y esperábamos su advenimiento con ansiedad religiosa.
Entre tanto, por mi casa pasaban cada tarde amigos del colegio que venían a ver el jamón.
Los recuerdo entrando en la vivienda sobrecogidos ya por lo que les habíamos contado, pero cuando abríamos la despensa y aparecía colgado del techo aquel resto porcino cubierto de grasa dorada y melancólica, la gente no llegaba a caer de rodillas, pero casi.
Y cuando mis padres tenían visita, después de haberles dado de merendar un café con galletas revenidas, mi madre se disculpaba por no haberles ofrecido un poco de jamón.
-"Es que no tenemos cuchillo..." -añadía a modo de disculpa.
Como quiera que las visitas pusieran un gesto de escepticismo, ella iba a la despensa y volvía con el fiambre en brazos, mostrándolo con el mismo orgullo que si se tratara de un hijo que hubiera terminado empresariales.
A los pocos meses, comenzaron a salirle gusanos de lo más hondo, pues quizá estaba mal curado, y no tuvimos la oportunidad de contemplar el milagro del hueso.
En lugar de tirarlo a la basura, lo enterramos en el patio de atrás, como si hubiera fallecido, y hasta hace muy poco, siempre que pasábamos por delante de su tumba, derramábamos unas lágrimas.
Felices Pascuas.
¿Qué pasa cuando se acaba la pasión...?
¡Qué bonito es el amor!
¿Verdad?
Cuando estás enamorado no tenés frío, ni calor, ni hambre, cantás bajo la lluvia, le sonreís a la gente en el colectivo...
Pero sepan ustedes que toda esa pasión no es más que una reacción química que se produce en el cerebro...
Nos enamoramos porque nuestro cerebro segrega una droga que nos deja tarumbas y nos produce una especie de enajenación mental transitoria.
Eso es la pasión: una dosis cerebral, una locura que se pasa cuando faltan esas drogas.
Por eso un buen día salís de la idiotez y te encontrás con la realidad.
Ésta es la realidad.
Cuando hay pasión, si él ronca, ella le da un besito y le dice:
-"Date vuelta, cielo, pero no sufras, a mí tus ronquidos no me molestan, pareces un lama tibetano, ommm, ommm..., me das una paz..."
Cuando no hay pasión y él ronca, ella le mete el codo en las costillas y le dice:
-"Ahora sí que pareces un lama, que te quedaste pelado..."
Cuando hay pasión, le dejas notitas en la puerta de la heladera:
-"Cariño, te quiero, no te desperté porque dormías como un angelito."
Cuando no hay pasión los mensajes de la heladera cambian:
-"Si cuando te levantes todavía están abiertos los negocios, comprá pasta de dientes... ¡y usala!"
Cuando hay pasión ella le mete los pies fríos entre las piernas y él se aguanta:
-"Pero cariño, ¿cómo tenés los pies tan helados? ¡Pareces Walt Disney!"
Cuando no hay pasión entre las piernas no se mete nada... y también te aguantas.
Cuando hay pasión vas corriendo a abrirle la puerta en cuanto oyes el tintineo de sus llaves:
-"Pareces una gatita con el cascabel."
Cuando no hay pasión, aunque la oigas dos horas forcejeando con la puerta, no abrís:
-"Flor de escándalo... ¡Se tiene que enterar todo el mundo que llegaste. Parecés una vaca con el cencerro."
Cuando hay pasión te encanta que ella te haga un desfile de ropa interior:
-"Hacelo como en Nueve Semanas y media."
¿Nueve semanas y media?
Cuando no hay pasión le gritas:
-"¡Hace nueve semanas y media que están tus bombachas en el bidé!"
Cuando hay pasión le untás el bronceador con parsimonia, te recreás en todos sus rinconcitos:
-"A ver por aquí... Por aquí te falta un poquito. ¡Huy!, pero si este huequito me lo había olvidado. ¡Ahora ya puede tomar sol mi princesa!"
Cuando no hay pasión, le echás un pegote de crema y le frotás la espalda como si limpiaras un cristal:
-"¡Listo! Ya estás."
Cuando hay pasión la encontrás parecida a tus actrices favoritas:
-"La misma boquita que Penélope Cruz, la nariz exacta de Claudia Schiffer..."
Cuando no hay pasión, el parecido es otro:
-"Cada día te parecés más a tu madre."
Cuando hay pasión, te encanta que ella se pase un poquito con la bebida, te parece que adquiere... un pedito ideal.
-"Qué graciosa te ponés cuando bebés, se te suelta la lengua y sos vos misma."
Cuando no hay pasión:
-"¡Qué graciosita te ponés cuando te emborrachás! Hay que ver lo que se han reído cuando les contaste lo de mi estreñimiento."
Cuando hay pasión, ella te despierta cariñosamente si te has quedado dormido en el sofá:
-"Que te vas a resfriar..."
Cuando no hay pasión, te deja allí tirado, con la tele puesta...
¡Incluso la apaga!
Eso es porque no quiere que te despiertes.
¡Nunca!
Y por último, cuando hay pasión, después de hace el amor te quedas enroscadito, agarradito a ella como a un osito de peluche.
Cuando no hay pasión, se produce el efecto pochoclo o "pop-corn": en cuanto terminaste, saltás como una palomita de maíz y te quedás durmiendo como caigas.
Y es que la mejor forma de medir la pasión es el sexo: al principio a todas horas, luego uno al día, uno a la semana, uno al mes, uno al año... ninguno: “¿Para qué?”.
En fin, si están todavía en el periodo de la pasión, que les dure.
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