Holaaa samigooosss !!!
Esta semana encontraran un material que no es muy habitual, en cantidad y en calidad. Hay algunos chistes breves, tratando de no repetirnos demasiado, pero fallando adrede cuando nos repite la sonrisa. Esperamos que lo disfruten, realmente, como nosotros al recibirlo, al seleccionarlo, al recopilarlo y al compartirlo con todos nuestros amigos. Que pasen un muy buen fin de semana.
Esteban Nicolini
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Duda gramatical...
-"Papá..."
-"¿Hummmm?"
-"¿Cómo es el femenino de sexo?"
-"¿Qué?"
-"El femenino de sexo."
-"No tiene."
-"¿Sexo no tiene femenino?"
-"No."
-"¿Sólo hay sexo masculino?"
-"Sí. Es decir, no. Existen dos sexos. Masculino y femenino."
-"¿Y cómo es el femenino de sexo?"
-"No tiene femenino. Sexo es siempre masculino."
-"Pero tú mismo dijiste que hay sexo masculino y femenino."
-"El sexo puede ser masculino o femenino. La palabra «sexo» es masculina. El sexo masculino, el sexo femenino."
-"¿No debería ser «la sexa»?"
-"No."
-"¿Por qué no?"
-"¡Porque no! Disculpa. Porque no. «Sexo» es siempre masculino."
-"¿El sexo de la mujer es masculino?"
-"Sí. ¡No! El sexo de la mujer es femenino."
-"¿Y cómo es el femenino?"
-"Sexo también. Igual al del hombre."
-"¿El sexo de la mujer es igual al del hombre?"
-"Sí. Es decir... Mira. Hay sexo masculino y femenino. ¿No es cierto?"
-"Sí."
-"Son dos cosas diferentes."
-"Entonces, ¿cómo es el femenino de sexo?"
-"Es igual al masculino."
-"¿Pero no son diferentes?"
-"No. ¡O sí! Pero la palabra es la misma. Cambia el sexo, pero no cambia la palabra."
-"Pero entonces no cambia el sexo. Es siempre masculino."
-"La palabra es masculina."
-"No. «La palabra» es femenino. Si fuera masculino sería «el palabro...»"
-"¡Basta! Anda a jugar."
El muchacho sale y la madre entra.
El padre comenta:
-"Tenemos que vigilar a Seba..."
-"¿Por qué?"
-"Sólo piensa en gramática."
(Gracias Diego !!!)
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Invitado a cenar...
-"Cariño, invité a un amigo a cenar", -dice el marido a su esposa.
-"¿Qué? ¿Estás loco? ¡La casa es un desastre, no he ido de compras, todos los platos están sucios y no tengo ganas de cocinar!"
-"Ya sé todo eso."
-"¿Entonces por qué invitaste a tu amigo a cenar?"
-"¡Es que el pobre tonto está pensando en casarse!"
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Inútil...
Un tipo desaliñado se dirige a la secretaria del departamento de recursos humanos de una empresa:
-"Buenos días, señorita. Vengo por lo del empleo."
-"Muy bien", - responde amable la señorita y comienza a hacerle una serie de preguntas:
-"¿Cuál es su número de afiliación al Seguro Social?"
-"No tengo."
-"¿Trae su solicitud llena?"
-"No, no traigo nada."
-"¿Sabe conducir?"
-"No."
-"¿Sabe manejar una PC?"
-"Tampoco."
-"¿Ha trabajado antes en algún sitio?", -le pregunta ya un poco molesta.
-"No, no sé hacer nada."
-"¿Entonces a qué &!"#$% vino?"
-"Por lo del anuncio."
-"¡¿Cuál anuncio?!", -grita exasperada la mujer.
-"El que pusieron en el periódico: Inútil presentarse sin requisitos."
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Interés infantil...
Con el fin de que los niños reflexionen, el profesor les cuenta a sus alumnos una historia conmovedora:
-"Hace pocos días, un automóvil atropelló a un niño de esta escuela en su bicicleta nueva, por desobediente, y por poco y lo mata..."
Se hace un profundo silencio en el salón de clases, y luego el más atento pregunta:
-"¿Y qué pasó con la bicicleta?"
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Insistencia...
Un borracho está golpeando un farol de la calle; se acerca otro borracho:
-"¿Qué haces ahí?"
-"¿Yo? Llamando a mi casa."
-"Pues insiste, insiste, que hay luz..."
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Ovejas blancas, ovejas negras...
Un día, un hombre de ciudad va al campo y se encuentra con un pastor que cuidaba un montón de ovejas blancas y negras y le pregunta:
-"Dígame, ¿cuánto pesan estas ovejas?"
-"¿Las blancas o las negras?"
-"Las blancas."
-"Y... más o menos unos 15 kilos."
-"¿Y las negras?"
-"También."
El hombre, pensativo, le vuelve a preguntar:
-"¿Y cuánta lana producen?"
-"¿Las blancas o las negras?"
-"Las blancas."
-"y... unos 3 kilos."
-"¿Y las negras?"
-"También."
Un rato después, el citadino vuelve a preguntar:
-"¿Y le cuestan mucho dinero para alimentar?"
"¿Las blancas o las negras?"
-"Las blancas."
-"Más o menos $100 al mes..."
-"¿Y las negras?"
-"También."
-"Escuche, ¿por qué siempre me pregunta si las blancas o las negras, si es la misma respuesta?"
-"Porque las blancas son mías..."
"¡Ahhh! ¿Y las negras?"
-"También."
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La Pretzel...
La medalla de oro en la lucha olímpica sería disputada entre un ruso y un americano.
Un día antes de la final, el entrenador estadounidense le advierte a su pupilo:
-"Este ruso tiene una llave especial: la Pretzel. Todos a los que se las ha aplicado tuvieron que rendirse y ser llevados al hospital, porque no hay escapatoria. Así que, por ningún motivo dejes que te la aplique. ¡Si te toma, ahí termina todo!"
El día de la final, el encuentro comienza.
El americano y el ruso dan vueltas y más vueltas, tratando de encontrar el mejor modo de atacarse.
En eso, el ruso ataca y le aplica al norteamericano la temida Pretzel.
La multitud se decepciona y el entrenador, que no puede mirar, se cubre la cara.
De pronto, el gentío grita.
El instructor mira y ve que su discípulo levanta al ruso y lo tumba.
¡Puesta de espaldas!
¡El yanqui gana!
El árbitro lo declara vencedor con la medalla de oro y la multitud ruge.
Más tarde, en los vestuarios, el entrenador americano le pregunta al ganador:
-"Oye, ¿cómo hiciste para zafar de la Pretzel? ¡Hasta ahora nadie lo ha podido hacer!"
-"Cuando me aplicó la Pretzel ya iba a rendirme. Pero, de pronto, abro los ojos y veo un par de bolas. En aquel momento, con las últimas fuerzas que me quedaban, mordí esas bolas tan fuerte como pude."
-"¿Y, entonces?"
-"¡No tiene la menor idea de la fuerza que uno adquiere cuando se muerde los huevos!"
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A veces pasa que somos argentinos... (Por Mex Urtizberea)
Alguna que otra vez pasa que un argentino se roba todas las toallas del hotel cinco estrellas que pagó sin dificultad.
Pero peor el que se roba el cenicero de un bar.
De vez en cuando ocurre que un argentino se encariña con el cenicero de un bar y se lo guarda con mano veloz en el bolsillo, pero por lo menos no se cuela en la fila del banco cuando ésta está compuesta mayormente de jubilados que están desde temprano esperando su turno.
A veces puede pasar que un argentino no se ubique último en la fila del banco compuesta mayormente por jubilados que están desde temprano esperando su turno, sino directamente en el medio, con una maniobra tan sutil y aplomada que maravillaría hasta a James Bond, provechando la distracción de los demás, sirviéndose de ella.
Pero jamás pasó un peaje sin pagar.
Más de una vez puede haber sucedido que un argentino pasó el peaje sin pagar, aprovechando que la pequeña barrera tarda en bajar luego de haber subido para el auto de adelante, haciendo uso del dos por uno, pero al menos nunca en su vida le cambió la etiqueta del precio a un whisky importado por la de uno nacional en el supermercado.
Varias veces ocurre que un argentino cambia las etiquetas de los precios en el supermercado o que llena los bidones de agua con sedantes, pero ¿no fue la otra vez que un argentino, nuestro Chelito Delgado, hizo anular un penal a su favor en México, avisándole al árbitro que no le habían cometido falta cuando cayó en el área, que se tropezó solo?
Argentino de punta a punta, nuestro Chelito Delgado.
Así somos nosotros, los argentinos.
Estamos tocados por la mano de Dios.
De punta a punta
Tantas veces un argentino tapó con barro la patente de su auto para poder transgredir el límite de velocidad máxima en la ruta y no ser individualizado por los radares, pero por lo menos si lo para la policía no lo arregla con unos pesos.
Infinidad de veces un argentino arregló a un policía después de haber pasado semáforos en rojo, doblado en U, girado a la izquierda, estacionado en doble fila, pero nunca en su vida compró un estéreo robado después de que le robaran el suyo y maldecir a este país por su mercado negro de estéreos.
Ya varias veces un argentino ha comprado un estéreo robado en el mercado negro de estéreos, así como otras partes del vehículo, pero al menos jamás evadió pagar los impuestos de su auto.
Alguna vez ha ocurrido que un argentino evada impuestos, pero no que se haya hecho pasar por discapacitado para gozar de beneficios tributarios a la hora de importar un auto.
Una que otra vez un argentino se habrá hecho pasar por discapacitado para gozar de beneficios tributarios a la hora de importar un auto, pero nunca le vendió alcohol a menores.
Cuántas veces un argentino le vende alcohol a menores, pero qué buen ejemplo de lo que es la argentinidad han protagonizado esos dos chicos de doce años que encontraron 1200 pesos en la calle y no se los quedaron para ellos sino que se los dieron al oficial de policía de una esquina cercana para que él intentara devolvérselos a su dueño.
Dos niños argentinos, de punta a punta.
Así somos nosotros, los argentinos.
Que el policía se los haya quedado, sin dar parte a la comisaría, y que todo haya salido a la luz cuando el padre de los chicos llamó a la dependencia para averiguar si se había logrado que el dinero llegase a manos de su dueño, son cosas que pasan, che.
A veces pasa que los argentinos sacan a pasear a sus perros para que hagan sus necesidades en las veredas y allí quedan, sus necesidades, para que los vecinos puedan experimentar lo que es una carrera con obstáculos, como también ha sucedido alguna vez que existan carreras sin ningún obstáculo para alcanzar el título, salvo el obstáculo de que el título, entregado por casa argentina de altos estudios, era trucho.
A veces pasa que los argentinos sacan la basura fuera del horario determinado para sacar la basura, que no sacan ningún ticket o boleta de la computadora de su negocio cuando se hace una venta, que no devuelven un vuelto mal dado por error, pero hubo una vez que un agenciero respetó la compra de palabra de un apostador de la Lotería Nacional que la semana anterior le había encargado un número pero no pasó a retirar el billete, billete que resultó ganador: se lo entregó igual, aun cuando no había sido abonado, y al día siguiente de saberse que era el número ganador de 1.155.000 pesos.
Era argentino el agenciero, de punta a punta.
Así somos nosotros, los argentinos.
Apegados a lo que corresponde.
Y si algunas veces no lo somos, si una vez cada tanto no respetamos al prójimo y complicamos la convivencia, si transgredimos de vez en cuando una reglita, pues la culpa la tienen los otros.
Nosotros, argentinos.
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Adivinanzas... (Por Alejandro Dolina)
Hace muchos siglos, en los tiempos de la dinastía Sung, andaban por la ciudad de Hang-cheu los inventores de adivinanzas.
Se sabe que todos vestían del mismo color, pero se discute cuál era ese color.
Solían caminar por los jardines que estaban más allá de las murallas, o por la orilla de los canales, o por el barrio de los actores.
Todos conocían sus procedimientos: se jugaba por dinero.
La honestidad de estos hombres era proverbial.
Jamás se negaban a pagar cuando alguien daba con la solución de sus enigmas.
De entre todos los artistas ambulantes, los inventores de adivinanzas eran los preferidos de las muchedumbres.
Convocaban más curiosos que los acróbatas, los amaestradores de peces o los remontadores de barriletes.
Según se dice, las adivinanzas eran siempre distintas y jamás volvían a usarse una vez que alguien las resolvía.
Los estudiosos pretenden reconocer distintas técnicas en la formulación de acertijos.
La más usual consistía en la descripción concreta de una cosa que en lenguaje metafórico resultaba ser otra.
El legendario Wang-li acuñó durante su vida alrededor de setenta mil adivinanzas obscenas cuya respuesta era siempre la misma.
La preferida del maestro Hsu-t'ang Chih-yu puede escribirse así:
-"Tiene patas, pero no es un pez. Tiene dientes, pero no es un gusano. Es insignificante, pero no es el emperador. "
La respuesta, Li, el vendedor de limones, es imprevisible pero no inevitable.
Los emperadores solían favorecer a estos ingeniosos peregrinos instalándolos en la corte.
Allí permanecían largos períodos, disfrutando del lujo y la molicie.
Casi todas las mañanas el emperador se hacía formular una adivinanza.
Hay que admitir que se trataba de una situación delicada, pues un enigma que el emperador no pudiera resolver trastornaba ciertamente las leyes de la naturaleza.
Para evitar catástrofes, los inventores ideaban misterios sencillos o -mejor aún- daban por buena cualquier respuesta imperial.
Durante siglos, fue señal de cautela en la China el contestar una indagatoria con la fórmula: "aquéllo que al emperador pluguiere".
El dato más curioso es el que se anota a continuación: cada vez que alguien adivinaba, los formuladores saltaban de gozo y daban muestras de la más sincera alegría.
No les importaba perder una moneda, si a cambio recibían el halago de ser comprendidos.
Esta alegría era mayor cuanto más difícil era la adivinanza.
Aristóteles decía, o se olvidó de decir, que la vida del entendimiento es la vida más dichosa a la que el hombre puede aspirar.
Otros han dicho que los seres humanos disfrutan con el ejercicio de sus capacidades realizadas y que este disfrute es mayor cuantas más capacidades se realizan o cuanto mayor es su complejidad.
Wang-li, en el prólogo del Libro de las Adivinanzas Obscenas, escribió: "La adivinanza, el enigma, la prueba o el examen no se proponen dejar fuera al peregrino, sino hacer que entre mejor de lo que era. La puerta de la nobleza es difícil de abrir, pero se abre. Sólo las puertas de los tiranos son inexpugnables".
Con la llegada de los mongoles, la estrella de los inventores de adivinanzas se fue apagando.
Ya en tiempos de decadencia, los últimos formuladores reducían al mínimo las dificultades: Brillo redondo soy de tus noches.
Algunos enigmas ya venían resueltos: ¿Qué es una cosa que brilla en el cielo y que se llama Luna?.
Según el maestro Yin-yüan Lung-ch'i, todo idioma es una colección de adivinanzas, ya que las palabras sustituyen a las cosas y los enigmas son sustituciones.
Algunos hablan de la adivinanza de Tzu-fu.
Los maestros del Zen creían que la recompensa por su adecuada resolución era nada menos que la comprensión cabal del sentido del universo.
Su formulación usual era: Tres, dos, uno, dime adivinador cuál es el sentido del mundo.
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