Contacto:

Para contactarnos, o mandar material para publicar, pueden hacer click en "Comentarios" o escribirnos a: humorparaelfindesemana@gmail.com

Viernes 5 de Septiembre

 

                Fin de semana: Viernes 5 a Domingo 7 de Septiembre de 2.025

Hooolaaa samigooosss !!!

Esta semana tenemos la primera parte de un interesante artículo sobre el sentido del humor en la gente mayor, humor llegado desde las redes sociales, chistes breves, cosas de ellas y ellos, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy originales. Esperamos que los disfruten y les deseamos que tengan un muy buen fin de semana.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.

El sentido del humor, una necesidad vital también para la gente mayor (Por Enric Benavent)

Resumen

El sentido del humor es una de las estrategias que más nos ayudan a vivir como humanos.

De hecho, el humor es una característica específicamente humana.

No hay humor en el mundo animal, no lo necesitan.

Los animales al nacer ya tienen todo lo necesario para completar su ser.

Los humanos, por el contrario, al nacer no tenemos casi nada de lo que nos hace falta para sentirnos plenamente realizados.

Los humanos nos vamos haciendo, sin pausa, a partir de las opciones, de las decisiones, de las vivencias de cada día.

Por eso cuando uno llega a la plena realización como ser humano es el día de su muerte.

Estrategias para sobrevivir

Los humanos tenemos bien poco de natural, casi nada.

Dejamos de ser naturaleza para convertirnos en cultura.

De hecho, es gracias a eso que sobrevivimos.

El envoltorio cultural es el que nos libera de la precariedad natural.

Los humanos, con nuestra pobre y deficiente constitución física, hace siglos que habríamos desaparecido de la faz de la Tierra.

La cultura es lo que nos permite liberarnos de la inmediatez de los instintos.

Gracias a esta realidad tan especial, podemos mirarnos el entorno con distancia y sentirnos protagonistas de nuestra propia historia, poniendo en juego la individualidad, la particularidad de cada uno.

Los animales viven absolutamente atados a su entorno natural, funcionan gracias a sus desarrollados instintos.

Los humanos tenemos unos instintos muy pobres, nuestras reacciones son lentas, tenemos que tomar distancia de lo inmediato para poder verlo claramente.

Incluso los instintos más básicos que compartimos con el resto de seres vivos (la sexualidad, el hambre, la defensa de la propia vida) los hemos pasado por el cedazo de la cultura: hemos convertido el instinto sexual en erotismo, seducción; el hambre, en gastronomía, y la defensa de la propia vida, en estrategia militar.

El humor es una de las estrategias que la cultura pone a nuestro alcance con el fin de facilitarnos el trabajo de comprender la realidad.

Mientras reímos estamos recreando el significado de la propia cultura: si somos capaces de reír, de tomarnos con humor una situación, es que podemos reelaborar su significado.

La capacidad de reír es una capacidad cognitiva, es una manera de organizar y procesar la información que recibimos.

Tal como afirmaba Bergson:

El humor está más dirigido al cerebro que a los sentimientos. Hay una cierta insensibilidad que acompaña a la risa. El peor enemigo de la risa es la emoción. Nos podemos reír de una persona que nos inspira piedad o afecto si por unos instantes hemos podido olvidar el afecto o la piedad. En una sociedad de inteligencias puras, quizás no se lloraría, pero se continuaría riendo.”

(Continuará...)

0 comentarios


  • Humor desde las redes sociales...

1.

¿Sabias que besar también es cultura?

Porque besando conoces otras lenguas...

2.

-”Se dan cursos para pelotudos.”

-”¡Qué bien! ¿Y en qué horario?”

-”De 20 a 22.”

-”¿De mañana o de tarde?”

-”No, vos no vengas, estás bárbaro así...”

3.

En un bautismo, el cura le pregunta a la madre:

-”¿Qué nombre le va a poner a su hijo?”

-”Tormentoso Lunes.”

-”¡Pero eso no es un nombre!”

-”¿Ah, no? ¿Y Plácido Domingo si?”

(Gracias Iche !!!)

5.

La pareja conversa y ella le pregunta a él:

-”¿Sabés qué es lo que me gusto de vos, amor?”

-”No, ¿qué?”

-”No recuerdo, por eso te preguntaba...”

(Gracias Esther !!!)

6.

-”Papá, te comparto que me gustan las chicas.”

-”¡Ese es mi hijo, orgullo de mi vida!”

-”Si, es que las grandes me lastiman...”

(Gracias Marcelo !!!)

7.

-”¿Y tu qué haces?”

-”Soy deportista de alto rendimiento.”

-”¿En serio?”

-”Si, me rindo fácilmente...”

8.

Mi abuelo vino a América buscando la libertad.

Pero no le sirvió de mucho...

En el siguiente barco vino mi abuela...

Volver arriba


  • Ellas y ellos...

Hacer feliz a una mujer es la cosa más sencilla del mundo.

Solo se necesita ser:

Amigo, compañero, amante, hermano, padre, maestro, educador, cocinero, mecánico, plomero, decorador de interiores, gineco-obstetra, electricista, psicólogo, psiquiatra, terapeuta, audaz, simpático, atlético, cariñoso, atento, caballeroso, inteligente, imaginativo, creativo, dulce, fuerte y comprensivo, grande, prudente, ambicioso, capaz, valiente, decidido, confiable, respetuoso, apasionado y sobre todo muy solvente.

No ser celoso, pero tampoco desinteresado.

Llevarse bien con su familia, pero no dedicarle más tiempo que a ella.

Darle su espacio, pero mostrarse preocupado por dónde estuvo.

No olvidar las fechas de cumpleaños, aniversario de novios, boda, graduación, santo, fecha del primer beso, cumpleaños de la mejor amiga.

Desgraciadamente, cumplir al pie de la letra estas instrucciones no garantiza al 100% la felicidad de ella, por qué podría sentirse inmersa en una vida de sofocante perfección y fugarse con el primer vividor que encuentre.

Dios dijo: “hay que amarlas”, no: “hay que entenderlas”.

¿Cómo hacer feliz a un hombre?

Hacer feliz a un hombre es la cosa más sencilla del mundo.

Sólo se necesita: intimidad y comida.

Señores, señoras, los hombres son una ganga, están de oferta...

(Gracias Susana !!!)

Volver arriba


  • Variedades...

1.

-”Marta, ¿por qué grita tanto tu Ernesto?”

-”¡Le están saliendo los dientes!”

-”¿Qué dientes? ¡Si ya tiene 65 años!”

-”Los postizos... Se los tragó anoche.”

2.

-”Ayer leí un letrero que me hizo cagarme en los pantalones.”

-”Ah, si... ¿Qué decía?”

-”Baño cerrado...”

3.

-”Paco, ¿Cómo te va con el aumentador de pene que pediste por internet?”

-”Una estafa.”

-”¿Y eso?”

-”Coño, los cabrones me han mandado una lupa.”

4.

Tres hombres están pensando a qué jugar.

El primero dice:

-”¡Al golf! Se necesita un palo, dos pelotas y un agujero.”

Y dice:

-”Yo pongo el palo.”

Otro dice:

-”Yo, las pelotas.”

Y el tercero anñade:

-”Pues yo no juego...”

(Gracias Iche !!!)

5.

Un psicópata empapó varios fajos de dinero con un veneno potente y los donó para una institución de niños carenciados.

Murieron 4 congresistas, 12 diputados, 1 intendente, 9 concejales y, gracias a Dios, ningún pibe.

6.

-”Soy abogado gracias a las mujeres.”

-”¿Alguna en especial?”

-”Sí... Las que encaraba y me decían: 'Seguí derecho, pelotudo.'...”

Volver arriba


  • Sutilezas...

1.

Florilí era pudorosa, pudibunda y púdica.

Cuando hacía el amor exigía siempre que fuera con la luz apagada.

Una noche, acabado el trance natural, su hombre le preguntó:

-”¿Puedo encender una luz?”

-”Está bien”, -autorizó la recatada Florili.

Entonces el tipo abrió la puerta del automóvil.

2.

Aquella señora hubo de pasar por una oscura calle, y ahí la asaltó un canalla que empezó a saciar en ella sus bestiales instintos de:

1.– Lujuria. 2.– Libídine. 3.– Lubricidad. 4.– Lascivia y 5.– Libidinosidad.

Al parecer al maldito le gustaba mucho la letra ele.

Cuando se sintió atacada la mujer empezó a gritar con desesperación:

-”¡Estoy siendo robada! ¡Estoy siendo robada!”

-”¿Robada?”, -se burló entre acezos su asaltante, -”Querrás decir que estás siendo violada.”

-”No”, -replicó ella, -”Con eso que tienes estoy siendo robada...”

3.

La novia le dijo a su prometido:

-”Cuando nos casemos compartiré contigo todas tus penas y todos tus problemas.”

-”Eres muy linda, amor”, -respondió él, -”pero a Dios gracias no tengo penas ni problemas.”

Replica ella:

-”Las tendrás cuando nos casemos...”

4.

Don Inepcio estaba tomando lecciones de golf, y llegó muy molesto a su casa.

-”¿Por qué vienes así?”, -le preguntó su esposa.

Contesta el hombre, atufado:

-”Les pegué a dos bolas.”

-”¿Y por qué te enojas?”, -le dice la señora, -”Ayer no le pudiste pegar a ninguna.”

-”Sí”, -replica don Inepcio, -”Pero a éstas les pegué porque pisé un rastrillo de jardinero...”

5.

Don Languidio, añoso caballero, pensó que aún había sol en sus tapias, y casó con Pirulina, frondosa mujer en flor de edad y dueña de muníficos atributos corporales.

La noche de las bodas ella se le presentó ataviada con un vaporoso y blanco negligé.

El maduro novio exclamó al verla:

-”¡Amada mía! ¡Tan pura y casta te ves que mi apetito varonil se frena ante tu virginal belleza!”

Y no la tocó ni con el pétalo de una rosa.

La segunda noche ella vistió un negligé azul celeste.

-”¡Ángel del paraíso!”, -se extasió don Languidio, -”¡Ese color de cielo refleja tu virtud! ¡Ante ella retroceden mis impulsos de másculo en libídine!”

Y así diciendo se puso su piyama y su gorro de dormir y se entregó al sueño.

Conducta poco airosa fue ésa, a juicio mío, pues Morfeo no debe estar donde Himeneo está.

La siguiente noche Pirulina lució un negligé color de rosa.

Prorrumpió con arrobo el senescente galán:

-”¡Mi vida! ¡Pareces una niña con ese atavío de infantil color! ¡Tu inocencia hace que se detengan, respetuosos, mis rijos de lubricidad!”

Y de nueva cuenta el provecto desposado no hizo obra de varón.

Pirulina, que estaba ansiosa de gozar los deliquios del connubio, quiso suprimir los estorbos que imponían las ideas de virtud, inocencia virginal, candor de niña, etcétera, y esa noche se puso un negligé de encendido color rojo, con sensual liguero, brassiére de encaje transparente, medias de malla, pantie crotchless y zapatos de tacón aguja.

-”¡Ah!”, -se azaró don Languidio cuando la vio luciendo esa atrevida conmixtión, -”¡La natural inexperiencia de tu juventud te lleva a hacer renuncia de tu pudicicia! ¡Suplo esa falta con mi caballerosidad, y no me aprovecho de tu candidez!”

Y así diciendo la dejó otra vez medio vestida y totalmente alborotada.

Esa noche Pirulina apareció cubierta con un negligé de color negro:

-”¿Por qué escogiste hoy tan severo color?”, -le preguntó, inquieto, don Languidio.

Respondió Pirulina:

-”Estoy de luto. Según he visto en las pasadas noches, hay algo por aquí que ya murió...”

Propone ese aforismo: “Casamiento a edad madura, cornamenta o sepultura.”

Volver arriba

  • Un buen día a pesar de todo... (Por Juan Jose Velacoracho)

Eran las 7 de la mañana, tras una larga noche de insomnio intermitente, por fin algo de claridad entró por la ventana.

Digo claridad porque no tengo claro lo que era.

Negros nubarrones cubrían el cielo y el viento soplaba con más fuerza de la deseada para un día “normal”.

Abandoné la cama buscando el suelo y al intentar encontrar las zapatillas, por supuesto sin mirar, noté el contacto caliente, suave y viscoso de algo que unas horas antes había estado reposando en el intestino de mi mastín, al que por cierto no alimentaba con pienso.

Di un salto y al caer, mi dedo meñique se dobló produciéndome un terrible dolor.

Rápidamente y cojeando me dirigí al baño para abrir el grifo y comprobar que por la boca del tubo salía solamente ruido y aire, pero nada de agua.

El día se arreglaba.

Me sobrepuse como pude, hice de tripas corazón y con ayuda de un paquete de toallitas, eliminé de los pies las evidencias del regalito canino, no así del suelo del dormitorio porque se me acabaron las toallitas.

Me armé de valor y abandoné la estancia en busca de un reconfortante café.

Encendí la cafetera de capsulitas y al hacerlo, algo hizo contacto y pegó un pedo, un ligero olor a cable quemado inundó el ambiente.

A grandes males grandes remedios, me haré un café soluble – dije.

Llené de agua un vaso, lo introduje en el microondas y programé un minuto de tiempo, es el que proporciona a “mi” agua la temperatura ideal.

Pasado el minuto saqué el vaso y me quemé, no podía ser de otra manera, el programador se había estropeado y el agua tenía la temperatura ideal para escaldar un pollo o derretir un glaciar.

Lancé el vaso hacia arriba y el agua, a modo de lluvia ácida calló sobre mi cabeza al tiempo que el vidrio madre, el vaso, golpeaba el suelo y se convertía en miles de vasitos.

Di un acrobático salto sorprendido por lo ocurrido y, al tomar contacto uno de mis pies, con la superficie solar (del suelo), un cristal descontrolado y agresivo se introdujo en mi carne plantar produciéndome un horrible dolor a mí y un bonito color rojo al parqué de la cocina.

Como era de esperar en un día tan aciago, el pie accidentado era el compañero de aquel otro en donde se encontraba enclavado el dedo meñique magullado minutos antes.

La sangre se mezcló con un líquido amarillento que desprendía un fuerte olor a urea, por supuesto lo primero que pensé era que aquel liquido había formado parte, horas antes, del contenido de la vejiga de mi perro, pero me equivoqué, era mío, me había meado sin darme cuenta, cuando fui al baño olvidé miccionar y el diurético que tomo para controlar la hipertensión, actuó por cuenta propia y no empatizó con los avatares que aquella mañana estaban alterando mi rutina diaria.

Aún soy joven y suelo controlar todos los esfínteres, pero no fue así aquella vez.

Así pues, a la mierda el café soluble, a la mierda el pijama (o mejor a la lavadora) y a la mierda la madre que me parió.

Sin saber por qué, me invadió una mezcla de rabia y tristeza que no parecían maridar muy bien.

Me senté en el suelo.

Mojado y maloliente el suelo y yo, apoyé la cabeza en la puerta de la nevera y lloré al tiempo que gritaba “Animal”, nombre con el que en una ceremonia laica bautice a mi mejor amigo cuando era un cachorrillo, – debí haberle llamado mastín incontinente-.

El noble animal acudió rápidamente y con su lengua de cincuenta centímetros, lamió mis lágrimas al tiempo que lavaba el resto de mi cara.

Me dio un poquillo de asco, sobre todo porque le olía mal el aliento a causa de una caries canina y además, la temperatura de su saliva no era muy refrescante.

Me abracé a él y rodamos juntos por toda la cocina, me clavé varios cristales más en la espalda al tiempo que parte de los setenta quilos de can cayeron a plomo sobre el meñique accidentado.

Grité como un animal herido gritaría si fuera una persona y no un animal.

Adopté una ridícula postura que recordaba a una grulla y que según decían relajaba un montón, a decir verdad, a mí no me relajó en absoluto, todo lo contrario, ya que incrustó más el cristal en mi dolorida superficie plantar.

Como no parecía que este fuera mi día, decidí no acudir a la entrevista de trabajo que tenía concertada para dos horas después.

Luego, me puse a meditar durante tres minutos, hice los ejercicios respiratorios recomendados para sustituir a los ansiolíticos y acto seguido me dirigí al baño en busca de mis gafas, sin darme cuenta de que las llevaba puestas.

Hacía dos años que mi visión de la realidad pasaba por el filtro de unas lentes negras que me colocó el destino cuando me despidieron del trabajo y me abandonó mi mujer para irse a vivir con mi mejor amigo, todo un clásico.

Como tenía los ojos muy sensibles y pensaba salir a la calle busqué mis gafas de sol, por supuesto negras.

En un momento de inspiración eché mano de un trozo de papel celofán color verde esperanza y con él confeccioné una funda para los cristales de mis binoculares solares.

Aunque el resultado obtenido no fue, estéticamente hablando, para tirar cohetes, sí fue satisfactorio en otro sentido más espiritual y práctico.

Tras depositarlas sobre mis orejas y nariz, y sin saber por qué, me invadió una paz y adquirí una nitidez visual hasta ahora desconocidas y más propias del nirvana que de este mundo terrenal.

Todo lo veía color verde y sin distorsiones aparentes.

Ese estímulo visual conectó con alguna parte de mi cerebro para fabricar una buena cantidad de endorfinas y serotonina que hicieron que me sintiera bien, más que bien, me sentía feliz por primera vez desde hacía mucho tiempo.

Con voz suave y melódica llamé a mi compañero canino, Animal acudió en seguida.

Sin decir ni guau, lamió mis heridas dorsales y perniles y éstas cicatrizaron instantáneamente.

Introduje mi meñique lastimado en su bocaza y con un cuidado exquisito lo colocó en el espacio interdental entre un incisivo y un canino de la parte inferior derecha de su dentadura y con una torsión buco dedil propia de un fisioterapeuta experimentado consiguió reparar el desaguisado óseo.

El huesecillo se colocó en su lugar y desapareció el dolor.

Con el hueso reparado y las heridas cicatrizadas me sentía otro, ya no veía las cosas tan negras, ignoro si era debido al color verde del celofán o a la rayita de coca que introduje en mis fosas nasales para aliviar el dolor y complementar el efecto analgésico y estimulante de las endorfinas.

Lo de la coca es algo que olvidé mencionar anteriormente, no sé por qué.

Luego, abrí el armario donde guardo mi ropa deportiva y me disfracé de runner.

Miré hacia el espejo y me gustó lo que vi, me sentía como debió sentirse el hijo del viento cuando Eolo le regaló su primera ropa deportiva allá por el siglo XXIII a.c.

Animal movió el rabo y la cabeza en señal de aprobación.

Nos miramos un instante y acto seguido salimos a la calle para dar un paseo.

Atravesábamos un pinar cercano cuando unos gritos de socorro llegaron a nuestros oídos.

Salimos corriendo en la dirección de procedencia de los gritos y llegamos justo a tiempo de impedir que un par de malhechores despojaran de sus ropas y pertenencias económicas a una señora de mediana edad y de muy buen ver.

Los presuntos delincuentes al ver como un enorme perro corría hacia ellos ladrando de forma escandalosa, acompañado en su carrera por un atlético señor con gafas verdes, salieron corriendo sin llevarse ningún botín, la señora calzaba zapato plano y no debió ser de su agrado.

Nos acercamos a la dama y ella sin decir palabra se abalanzó sobre mí y me planto un par de sonoros besos en cada mejilla al tiempo que acariciaba la cabeza de mi perro.

Tras hacer las oportunas presentaciones y recibir innumerables palabras de agradecimiento, la señora colgó sus brazos de mi cuello y me comió los morros con exquisitez al tiempo que me llamaba héroe.

La fortuna parecía sonreírme, resulta que la atractiva mujer era la propietaria de un banco, varias inmobiliarias, una naviera, una cadena de hamburgueserías e innumerables pozos petrolíferos.

Y por si fuera poco acababa de divorciarse tras dejar a su esposo con una mano atrás y otra delante, los abogados habían hecho su trabajo y la infidelidad del susodicho esposo le había salido cara.

Como digo, era una mujer libre y liberal a mas no poder, prueba de ello es que me pidió en matrimonio sin hacer preguntas y por si fuera poco prometiéndome que no haríamos separación de bienes.

Como podéis imaginar dije que sí.

Días después, instalado en mi despacho de quinientos metros cuadrados tuve conocimiento de que el autobús que pensaba coger para dirigirme a la entrevista de trabajo, a la hora exacta en que yo lo habría tomado, tuvo un accidente y murieron todos sus ocupantes.

Por si esto fuera poco, las oficinas en donde se realizaba la entrevista de trabajo sufrieron un ataque terrorista y murieron todos los que allí se encontraban, incluyendo al propietario del chaleco bomba, al responsable de selección de personal y a todos los que optaban al puesto de trabajo ofertado.

Hay que joderse lo que cambian las cosas por el solo hecho de revestir la negra superficie de unas gafas con un simple papel de celofán de color verde esperanza.

Volver arriba

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, dejanos tus aportes divertidos, comentarios y opiniones, las que serán publicados luego de su moderación.