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Viernes 19 de Septiembre

 

                Fin de semana: Viernes 19 a Domingo 21 de Septiembre de 2.025

Hooolaaa samigooosss !!!

En esta edición tenemos la tercera parte del artículo que comenzamos a publicar hace algunas semanas sobre el sentido del humor en la gente mayor, chistes breves y variados, reflexiones divertidas, humor recibido desde las redes sociales, más sutilezas y unos textos humorísticos muy ingeniosos. Y aprovechamos para avisarles que nos tomaremos unas semanas de descanso, por lo que no encontrarán las ediciones habituales hasta nuestro regreso. Esperamos que no nos extrañen demasiado y que tengan unas muy buenas semanas.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.

El sentido del humor, una necesidad vital también para la gente mayor (Por Enric Benavent)

(3da. parte)

Los beneficios de la risa

Actualmente es fácil encontrar artículos y libros que hablan de los beneficios tanto físicos como psíquicos de la risa.

De hecho, la evidencia de que cuando ríes te sientes mejor, tendría que ser suficiente para concluir que la risa es buena.

Hay otros aspectos beneficiosos de la risa, como por ejemplo:

-Produce relajación muscular: después de un rato risueño uno se siente relajado. La risa activa toda la musculatura y al mismo tiempo es una buena manera de hacer masajes en las vísceras.

-Reduce las hormonas del estrés: cuando se está estresado, el cuerpo se prepara para dar respuesta, entre otras cosas, segregando determinadas hormonas.

Si la situación de estrés es continuada, la presencia de estas hormonas en la sangre puede ser perjudicial.

Cualquier cosa que ayude a reducir el nivel de hormonas del estrés será beneficiosa para la salud, y la risa, en tanto que provoca relajación, contribuye a reducirlo.

-Mejora el sistema inmunitario: el estrés debilita el sistema inmunitario y deja más vulnerable a la persona ante las enfermedades.

A partir de la década de 1980 empezaron a aparecer estudios que relacionaban la risa con la estimulación del sistema inmunitario.

-Reduce el dolor: fue a partir de la experiencia de Norman Cousins que la comunidad médica prestó atención a los efectos analgésicos de la risa. Cousins, que era médico, relata cómo utilizó la risa para aliviar el dolor que le causaba la artritis reumatoide de su columna.

Diez minutos de risa se convertían en dos horas de poder dormir sin dolor.

La explicación que se ha dado de esta cuestión se basa en el hecho de que la risa parece que estimula la secreción de endorfina, una sustancia natural que el propio cuerpo produce y que actúa como atenuadora del dolor.

Sin embargo, es una hipótesis no demostrada debidamente.

-Estimula el funcionamiento del corazón: después de reír podemos comprobar que el ritmo cardíaco ha aumentado.

-Desencadena un ritmo respiratorio muy bueno, ya que ayuda a vaciar completamente los pulmones del aire residual que se acumula en ellos.

Cuando acabas de reír, haces una respiración profunda y recuperas el ritmo respiratorio normal.

Los beneficios del humor

El sentido del humor, sin embargo, no se acaba con la risa, sino que es un marco mucho más amplio, una manera de tomarse la vida.

Tener sentido del humor o practicarlo no es equivalente a estar siempre riendo.

Quien está acostumbrado a tomarse la vida con humor, seguro que ríe, pero también sonríe, disfruta de la perplejidad, mira la vida con otros ojos; es capaz de relativizar, de ver a las personas con más ternura, de afrontar los problemas con paciencia y esperanza…

El humor es terapéutico, ya que no es un mecanismo de huida sino de integración de la realidad. Victor Frankl lo explica así: “los intentos por desarrollar el sentido del humor y ver las cosas con una luz humorística son una especie de truco que aprendimos mientras dominábamos el arte de vivir, porque incluso en un campo de concentración es posible practicar el arte de vivir, aunque el sufrimiento sea omnipresente”.

El sentido del humor es una manera de tomar perspectiva con respecto a las cosas.

Igual que el pintor necesita separarse del cuadro que está pintando porque la proximidad no le permite ver bien, tomar perspectiva ante la realidad nos ayuda a verla de otra manera.

Tiene sentido del humor quien es capaz de salir de uno mismo, mirarse desde fuera, que es desde donde nos ven los demás, y sonreír con bondad, vea lo que vea.

Esta capacidad la tenemos más desarrollada cuanto mayores somos.

Las personas mayores demuestran muy a menudo esta capacidad de mirar los problemas con la distancia que dan los años.

Es con la gente mayor con quien podemos utilizarla más.

El humor también ayuda a reducir el estrés, a estabilizar el estado de ánimo; favorece la comunicación; inspira la creatividad; ayuda a mantener la esperanza...

El sentido del humor tiene una función reparadora. Alivia la tensión emocional, descarga la inseguridad, el miedo y la ansiedad que reprimimos en el inconsciente. El humor nos permite tratar con ingenio situaciones iracundas y lidiar con ironía nuestros fracasos. Incluso el humor negro es saludable. Actúa de purgante psicológico que nos libera temporalmente de complejos, de obsesiones y de tendencias destructivas.”

(Continuará...)

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  • Humor desde las redes sociales...

1.

En el restaurante:

-”¡Disculpe, hace una hora que pedí los mejillones!”

-”¿A la marinera?”

-”No, a la camarera...”

(Gracias Gustavo !!!)

2.

El novio de Pampita dice:

-”La elegí por sus ganas de vivir.”

¡Eja de mentir, flaco!

Si fuera por eso te hubieras casado con Mirta Legrand...

(Gracias Pablo !!!)

3.

-”Mamá, mamá, ¿por qué la novia va vestida de blanco?”

-”Porque es el día más feliz de su vida.”

-”Ah, entonces ya sé por qué el novio va vestido de negro...”

4.

-”Doctor, tengo complejo de fea.”

-”Váyase tranquila, que complejo no es...”

(Gracias Iche !!!)

5.

-”Mi mujer afirma que es más sano comer las verduras crudas.”

-”La mía tampoco sabe cocinar...”

(Gracias Esther !!!)

6.

Estoy probando crema para adelgazar.

La pastelera no estaría funcionando...

7.

Maestro, si una mujer me dice que no le haga caso, y no le hago caso...

¿Le estoy haciendo caso?

8.

La mujer le dice al hombre, sensual:

-”Voy a darme una ducha y luego me cambiaré. Prepararé la cama, pondré buena música y abriré una buena botella de vino espumoso...”

Y el tipo le dice:

-”Dale... Volveré otro día cuando estés menos ocupada...”

9.

-”Paco, ¿tu qué palabra dirías que me define mejor: Diva o Diosa?”

-”Odiosa, sin duda. Odiosa.”

Nota: No tenemos más noticias de Paco.

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  • Reflexiones divertidas...

1.

El chocolate es mi enemigo.

Pero huir del enemigo, es de cobardes...

2.

Con lo tarde que me acuesto y lo temprano que me levanto, cualquier día me encuentro conmigo misma en el pasillo.

3.

Después de comerme un yoghurt con 1% de grasa, me quedé con 99% de hambre.

4.

No sé si comerme un helado de Ron con pasas, o beberme un ron helado a ver que pasa...

5.

Si bebo alcohol, soy alcohólica.

Entonces, ¿si bebo Fanta seré Fantástica?

6.

Ceo que me estoy haciendo mayor.

Últimamente tengo más citas médicas que románticas...

7.

No busques cuentos con final feliz.

Busca ser feliz sin tanto cuento...

8.

Come lo que te apetezca, que vida hay una y tallas hay muchas...

9.

Nunca critiques a tu esposa por cometer un error.

Si ella fuera perfecta se hubiera casado con otro.

10.

¿Será que cuando uno envejece cambia de color?

Porque mi vecina antes le decía a su marido 'Príncipe Azul', y ahora le dice 'Viejo Verde'...

(Gracias Iche !!!)

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  • Variedades...

1.

La madre le dice a su hija:

-”Mire, m'hijita, en una relación sana, el hombre es quien toma las decisiones, y la esposa es quien le dice al marido qué decisiones tiene que tomar.”

2.

En el colegio, la maestra le pregunta a Pepito:

-”Pepito, ¿cuánto es dos más dos?”

-”Depende, profesor, porque si los números están horizontales son 22 y si están verticales, son 4.”

-”Ah… ¿Te crees muy vivo, no? A ver dime, ¿Cuántos son los mandamientos de la Ley de Dios?”

-”Los mandamientos son... Bueno, depende profeso.”

-”¿Cómo que Depende?”

-”Depende, porque si son para hombres son 10, pero si son para mujeres son 9, porque las mujeres no pueden desear la mujer del prójimo, a menos que sean lesbianas.”

-”¡ERES UN HIJO DE PUTA, PEPITO!”

-”Depende profesor, porque si soy hijo de mi mamá no, ¡Pero si soy hijo de la suya sí!”

3.

Un ejecutivo joven fue a comprar zapatos.

En la zapatería estaba una dulce ancianita que se acercó a él.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

-”Perdóneme, joven”, -le dijo con acento emocionado, -”Tiene usted un gran parecido con mi hijo, que murió hace poco. Tuve que contenerme para no decirle: ‘¡Hijo mío!’. Usted sabrá disculparme...”

-”No se preocupe, señora”, -respondió conmovido el muchacho, -”No me habría molestado si me hubiera usted dicho eso.”

Pidió con vacilante voz la viejecita:

-”Le parecerá una tontería, pero me haría usted sentir muy bien si al salir de la tienda yo le dijera: ‘¡Adiós, hijito!’, y usted me contestara: ‘¡Adiós, mamá! ¡Te veré en la casa!’”

-”No hay problema”, -respondió el ejecutivo con una sonrisa de ternura, -”Me alegrará hacerla sentir bien.”

En efecto, poco después la ancianita se encaminó hacia la salida.

Se volvió, y desde la puerta le dijo al joven con cariñosa voz:

-”¡Adiós, hijito!”

-”¡Adiós, mamá!”, -respondió el muchacho, -”¡Te veré en la casa!”

Cuando el ejecutivo fue a pagar los zapatos que había escogido la cajera le dijo:

-”Son cien mil pesos.”

-”¡Cómo!”, -se sorprendió el tipo, -”¡Estos zapatos cuestan 25.000 pesos!”

-”Sí”, -respondió la cajera, -”Pero su mamacita se llevó tres pares, y dijo que usted los iba a pagar...”

4.

Don Martiriano, el sufrido esposo de doña Jodoncia, buscó al buen Padre Arsilio y le confió un terrible secreto.

-”Padre”, -le dijo, -”creo que mi mujer me está envenenando.”

-”No eres el único, hijo”, -suspiró con tristeza el sacerdote, -”En este pueblo muchas esposas les hacen eso a sus maridos.”

-”¿Envenenarlos?”, -se asombró don Martiriano.

-”Ah, perdona”, -se disculpó el párroco, -”Soy un poco duro de oído, y pensé que habías dicho: ‘Creo que mi mujer me está engañando’. ¿Por qué sospechas que tu esposa quiere envenenarte?”

Contestó el sufrido señor:

-”Porque me endulza el café con un polvo que saca de una caja cuya etiqueta dice: ‘Veneno para ratas’...”

-”Tienes razón”, -reconoció, pensativo, el señor cura, -”Eso es motivo para recelar.”

-”¿Qué debo hacer?”, -preguntó don Martiriano con angustia.

-”El remedio es sencillo”, -razonó el presbítero, que había recibido en el seminario una sólida formación lógica, -”Ya no tomes café; cámbialo por té, de preferencia verde, que es antioxidante.”

-”No creo que esa sea la solución”, -consideró don Martiriano, -”Lo que quiero es que hable usted con ella, y con palabras elocuentes, a la manera de San Juan Crisóstomo, la incline a abandonar su malvado propósito de envenenarme.”

Le prometió don Arsilio:

-”Hablaré con tu mujer, pobre hijo mío, y aunque no la conozco estoy seguro de que mis piadosos conceptos la harán renunciar a su perversa trama. Antes de hablar con ella recitaré el ‘Veni, creator Spiritus’, para que el Paráclito me inspire. Pero una cosa te digo desde ahora. Si me ofrece café no me lo voy a tomar.”

-”Y hará usted bien, Padre”, -le dijo don Martiriano.

-”Hablaré con ella, y trataré de disuadirla de su intento.”

En efecto, el bondadoso clérigo habló con doña Jodoncia.

Al día siguiente llamó a don Martiriano y le dijo con acento pesaroso:

-”Hijo mío, después haber conocido a tu mujer el mejor consejo que te puedo dar es que te tomes el veneno...”

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  • Sutilezas...

1.

Un socio del club de golf entró por equivocación en los baños donde se duchaban las mujeres.

Todas de inmediato se cubrieron con brazos y manos el Mons Veneris y las bubis, menos una, que se tapó el rostro.

-”¿Por qué hiciste eso?”, -le preguntaron luego.

Respondió la interrogada:

-”No sé a ustedes, pero a mí los socios me conocen por la cara...”

2.

Un señor le contó a otro:

-”Empecé a boxear en el gimnasio para bajar de peso. En una semana ya he perdido cuatro.”

Preguntó el amigo:

-”¿Kilos o libras?”

-”Dientes”, -precisó el señor.

3.

El dueño del hotelito familiar le dice a su señora:

-”El tipo de la habitación 14 llamó para pedir que le mandemos una mujer.”

-”¡Este es un hotel decente!”, -se indigna ella, -”¡Voy a exigirle que se vaya!”

A poco volvió la señora toda desgreñada.

Atrás de ella venía el individuo.

-”¡Qué mal servicio tienen!”, -le reclama al señor, -”Nomás porque andaba yo muy necesitado me aventé a la vieja que me mandaste, pero a ver si la próxima vez me consigues otra que no sea tan fea y que tenga mejor carácter...”

4.

El niñito decía siempre a su mamá:

-”Mami, quiero hacer popó.”

A ella eso le apenaba, porque a veces el niño lo decía delante de las visitas.

Así, le hace una recomendación.

-”No digas nunca que quieres hacer popó, hijito. Di que quieres musitar.”

Lamentablemente la señora no se cuidó de informar de esa elegante clave a su marido.

Cierta mañana muy temprano dormía el señor después de una larga noche turbulenta.

Llega el nene y le dice moviéndolo por el hombro:

-”Papi, quiero musitar.”

-”Está bien, hijito”, -masculla él entre sueños, -”Hazlo aquí en mi oreja...”

5.

Los campesinos españoles suelen levantar pajares que se forman con un poste central en torno del cual se va apretando la paja.

Se llaman almiares, y quienes los hacen los cubren con hierba a fin de preservar la paja de la lluvia.

Pacorro, labriego mocetón, se iba a casar con la Pilarica, muchacha de pocas letras que vivía en la ciudad.

En la víspera del casorio Pacorro le envió un mensaje a su prometida:

-”Llegaré tarde a la boda. Almiar se me cayó.”

Le leyeron el mensaje a la Pilarica.

Ella se afligió.

Desconsolada, exclamó con infinita pesadumbre:

-”¡Entonces que ya ni venga!”

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  • La barbacoa... (por Mercedes de Miguel)

Ese artefacto de piedra que se suele colocar en el jardín de muchas casas es un invento del demonio que el propietario termina por aborrecer visceralmente, en proporción inversa al placer que causa a sus invitados.

Así es la triste realidad.

El que tiene la ocurrencia de poner en una esquina, en lugar de un inocente macizo de hortensias, una barbacoa, nunca vivirá lo suficiente para arrepentirse.

El caso es que le da una pereza infinita estrenarla (¡con lo mona que está limpia!), y son los amigos, generalmente, los que le azuzan:

-”¡A ver cuándo hacemos un churrasco, chaval, que te va a criar telarañas!”

Después de muchas largas, no le queda más remedio que organizar una velada, supuestamente improvisada, en la que “todos se encargarán de todo”...

Pero, ay, el maestro de ceremonias y el que a la postre tendrá que tiznarse la cara y los dedos de hollín será el insensato dueño de la dichosa “barbecue”, a la que cantaba Giorgie Dan con regocijo.

Mientras los amiguetes abren latas de cerveza y se lo pasan en grande, riéndose a carcajadas (¡pero qué estupenda es la vida campestre!), el hombre de negro pelea con el fuego como un homínido del Paleolítico, pese a gozar de elementos tan modernos como un mechero o pastillas de petróleo.

La Ley de Murphy dice en estos casos que “cuando un fuego puede apagarse, se apaga.”

Conseguido el hecho inenarrable de mantener la llama encendida más de dos minutos, ésta amenaza con volver a extinguirse.

Sopla como el lobo feroz en el cuento de Caperucita, pero nada.

Desesperado ya (no hay que olvidar que los invitados están hambrientos y ahora comienzan a prestarle algo de atención, con impaciencia), se pierde en el interior de la casa para buscar el secador de pelo, que enchufa y dirige con furor hacia las tímidas llamitas.

El fuego se aviva de forma milagrosa, soltando chispas que se dirigen peligrosamente hacia su cara.

Se aparta un poco y deja que crepite, admirándose a distancia de su victoria.

Por fin parece que la cosa va bien.

Va en busca de piñas y palitos secos (solo, siempre solo en esta tarea) para colocar sobre el carbón, no vaya a ser que la falta de alimento lo merme de

nuevo.

Los colegas le dan palmadas en la espalda, y alguno le tiende magnánimamente una cerveza.

Se sienta, aparentando estar relajado, aunque mirando por el rabillo del ojo la evolución del fuego y, por supuesto, sin prestar la más mínima atención a las conversaciones y risotadas que se producen a su alrededor.

Cuando ¡por fin! se van formando las deseables brasas que harán posible cocinar algo decente sobre la parrilla, empieza a colocar el churrasco, las sardinas, los muslos de pollo o lo que quiera que sea.

Ahora sí que respira aliviado.

Su cometido ha terminado.

Disfruta la segunda birra con verdadera delectación.

Ni siquiera es consciente de que tiene las uñas como si hubiera estado escarbando en el suelo buscando trufas.

Y ya están otra vez las puñeteras llamas amagando un apagón, con todo a medio brasear y, por lo tanto, crudo.

No puede más.

Se levanta con gesto dramático (“No me acompañéis, puedo yo solo con esto”) y vuelve con una parrilla eléctrica.

Quita de la jodida barbacoa el churrasco, las sardinas, los muslos de pollo y todo lo demás, y los va colocando parsimoniosamente sobre ella.

Por algo la invención de la electricidad fue posterior a la del fuego.

La fiesta ha sido un éxito, y el hombre de negro aguanta las felicitaciones forzando la sonrisa cuando se despiden los invitados varias horas después, borrachos como cubas y con la panza llena.

Todavía tiene pesadillas de vez en cuando con esa última frase que escuchó:

-”Ha estado genial. Ya estoy esperando la próxima barbacoa...”

Ahora, en el lugar que antes ocupaba ese artefacto del demonio, hay un precioso macizo de hortensias.

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