Fin de semana: Viernes 25 a Domingo 27 de Octubre de 2.024
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana llegamos nuevamente con un artículo sobre el recuerdo de la sonrisa de aquellos que ya no están, cosas divertidas recibidas desde las redes sociales, nuevos aforismos, chistes brevísimos, más sutilezas y unos textos humorísticos muy ocurrentes. Esperamos que se diviertan y les deseamos a todos un excelente fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo
serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
La sonrisa de los que ya no están será nuestro mejor recuerdo (por Raquel Aldana)
Si queremos mantener un gran recuerdo sobre los que ya no están, la clave es evocar su sonrisa.
Hacer esto es una manera de generar sentimientos positivos que, si bien no dejarán de tener pinceladas de tristeza y melancolía, nos pueden ayudar a no teñir su imagen de ella.
No obstante, nuestro duelo tiene ciertas fases que son necesarias para manejar los pensamientos, comportamientos, sentimientos y emociones que generan las pérdidas de aquellas personas que amamos o que son importantes en nuestra vida.
Asimismo, lo que debemos tener en cuenta es que no podemos acostumbrarnos a que fallezcan las personas que queremos y que, por lo tanto, cada pérdida pondrá a prueba o requerirá que manejemos nuestros recursos de alguna manera para sobrellevar la situación.
El duelo, la despedida de los que ya no están
Despedirnos de los que ya no están es un proceso que de una manera u otra no concluye con un adiós.
Es complicado de entender y muchas veces mantenemos la creencia de que debemos enfrentarnos a la pérdida con el objetivo de dejar de “pensar, sentir o comportarnos” conforme a lo que ella ha supuesto para nosotros.
Pero todo es un proceso, veamos en qué consiste:
La negación
Según la experta en duelo Elisabeth Klüber-Ros s, al principio solemos actuar negando la realidad intentándonos convencer de que “nos sentimos bien” o que “la muerte de esta persona es un error”.
Podríamos decir que esta de negación es tan normal como pasajera cuando perdemos a alguien, pues necesitamos amortiguar el impacto.
La ira
Llegará un momento, variable en el tiempo, en el que por fin veamos que la realidad es que hemos perdido a esa persona.
Esto muchas veces nos hace sentir la necesidad de “vengarnos” por su pérdida, pues la sensación de tener un cuchillo clavado en el pecho que nos está impidiendo respirar.
“No es justo” “¿Por qué él/ella (y no yo)?” “¿Por qué ahora?”, solemos decirnos enfadándonos con la vida, Dios (si somos creyentes) o el mundo.
La negociación
También es habitual que nos enfrentemos a la idea consciente o inconsciente de “intentar hacer algo para recuperar una vida que valga la pena vivir en su ausencia”.
Podemos incluso pensar en reunirnos con nuestros seres queridos o cualquier otra manera de posponer la muerte.
Aquí intentamos negociar con la idea que tengamos de poder superior (Dios u otras concepciones), pedimos más tiempo o la oportunidad de decir esos te quieros que no dijimos en vida.
La depresión
Finalmente llega el punto en el que comprendemos la muerte a través de una sensación de estar atrapado o ralentizado, así como tremendamente triste.
Esta es la etapa en la que lloramos de manera desconsolada y no somos capaces de sobrellevar nuestra vida.
La aceptación
Es probable que con el paso del tiempo acabemos comprendiendo que la muerte es irremediable y que la mejor manera de recordar a los que ya no están y que tanto amábamos es evocando su sonrisa.
Llevar en nuestro corazón la sonrisa de los que ya no están
Una pérdida no puede tratarse en términos de superación o no superación, pues es supondría renunciar a la realidad que la acompaña y resignarnos a “olvidar” a las personas ausentes.
Para lograr “aceptar la muerte como una parte de la vida” es necesario que nos permitamos sentir y que no nos forcemos a “recuperarnos” con rapidez.
Tomarnos un tiempo, dar sentido a la pérdida y ritualizarla de manera que tenga sentido para nosotros es indispensable a la hora de permitirnos vivir la vida.
Así, por cada pérdida que tengamos en nuestra vida debemos permitirnos honrar nuestros recuerdos y encajarlos de manera personal.
“Llegará un momento en el que de manera natural al recordar la sonrisa de los que ya no están su recuerdo no enturbie nuestra mente, sino que nos ayude a comprender que aunque ya no están físicamente, los llevaremos siempre en nuestro corazón.”
Humor desde las
redes sociales...
1.
Hubo una pelea de hierbas medicinales.
Y ganó la ruda...
(Gracias Gustavo !!!)
2.
¿Cuál es el colmo de un astronauta?
Ser clautrofóbico y necesitar espacio...
(Gracias Guido !!!)
3.
-”¿Y tú a que te dedicas?”
-”Casi siempre a beber...”
(Gracias Marcos !!!)
4.
Me han regalado un GPS de la tercera edad.
No solo te dice cómo llegar, sino también a qué iba...
(Gracias Iche !!!)
5.
A todos los que me decían:
-”Vas a ver cuando sear mayor...”
Les informo que ya soy mayor y cada vez veo menos...
(Gracias Mirta !!!)
6.
El hombre le dice a la mujer:
-”Odelinda, hace mucho que no hacemos el amor.”
-”Ay...¡No generalice, Hilario!”
7.
He leído que reír 2 minutos es más sano que correr 20 kilómetros.
Y aquí estoy, sentada en un banco del parque riéndome de todos los que pasan corriendo.
Consulta...
Va un viejito a la consulta del médico y le dice:
-”Mire, doctor, tengo una novia jovencita y me quiero casar. Pero yo cuando voy por el primero voy bien, cuando voy por el segundo empiezo a fatigarme, en el tercero me dan calambres y escalofríos, y en el cuarto me desplomo.”
Y le pregunta el doctor, asombrado:
-”Pero, ¿Usted qué edad tiene?
-”Pues, 97 años.”
-”Y a su edad, ¿qué más quiere?”
-”Pues llegar al quinto piso, que es donde vive ella...”
(Gracias Marcos !!!)
Cortitos y al
pie...
1.
Soy tan fan de la comida China, que cuando paso por un restaurant me gritan:
-”¡Chau fan!”
2.
-”¿Cómo está el hueso del músico?”
-”Bien, sol do.”
3.
-”No encuentro el control remoto del televisor...”
-”Uhhh... ¡Vos no cambias más!”
4.
Se encuentran dos mosquitos y uno le dice al otro:
-”¿Comemos algo?”
-”No, recién piqué.”
5.
-”Ayer fui a comer a un restaurante al aire libre y se largó a llover.”
-”¿Y te mojaste mucho?”
-”Eso es lo de menos... ¡Estuve 2 horas para terminar la sopa.”
Sutilezas...
1.
Himenia Camafría, madura señorita soltera, llamó a por teléfono a la estación de bomberos.
-”Vivo en un tercer piso”, -dijo, -”y un individuo está tratando de trepar por la pared para entrar por mi ventana.”
Le indica el que contestó:
-”Se equivocó usted de número. Aquí es la estación de bomberos, no la de policía.”
Replica la señorita Himenia:
-”¿Qué no son ustedes los que tienen esas escaleras largas?”
2.
Babalucas se inscribió en un taller de literatura.
Le contó a su amigo:
-”Estamos leyendo una obra de Shakespeare.”
-”¿Cuál?”, -preguntó el amigo.
Respondió el badulaque:
-”William...”
3.
Se encontraron dos amigos que tenían mucho tiempo de no verse.
Luego de un rato de conversación le preguntó uno al otro:
-”¿Qué razón me das de Sufricio, aquel amigo nuestro?”
Respondió con tristeza el otro:
-”Murió hace cinco años. ¡Si supieras cómo he lamentado su muerte! ¡Lo lloro todos los días!”
-”¿Por qué?”, -se extrañó el primero.
Explica el individuo:
-”Me casé con su viuda...”
4.
Don Estipticio fue con el doctor.
Le dijo que sufría un grave caso de constipación; llevaba ya tres días sin ir al popisrúm.
Le preguntó el galeno:
-”¿Vino usted a pie o en coche?”
-”Vine caminando.”, -respondió el afligido señor.
Inquirió el médico:
-”¿Qué distancia hay de aquí a su casa?”
Contestó don Estíptico:
-”Son cinco cuadras; 500 metros justos.”
El facultativo vertió en un vaso una porción de líquido de un frasco.
Luego volvió a preguntar:
-”¿Cuántos metros hay de la puerta de su casa a la puerta del baño?”
-”Seis”, -contestó sin dudar don Estipticio, -”Lo sé porque los he medido en pasos.”
El médico echó otro poco de líquido en el vaso.
Luego inquirió de nuevo:
-”¿Y cuál es la distancia de la puerta del baño al inodoro?” (“Inodoro”. Otro eufemismo).
-”Un metro y medio”, -respondió con la misma seguridad el constipado.
El doctor puso otra pequeña porción del líquido en el vaso, y luego hizo que don Estipticio bebiera el contenido.
-”Ahora”, -le dijo, -”vaya usted de inmediato a su casa. No se detenga para nada, pues he calculado cuidadosamente la cantidad de este potente líquido purgante de modo que haga efecto en el momento justo en que llegue usted al inodoro.”
Poco después el doctor recibió una llamada telefónica.
Era don Estipticio, que le dijo mohíno y con enojo:
-”Doctor, es usted un excelente médico, pero un pésimo calculista...”
5.
El Padre Arsilio salió a caminar por las afueras del pueblo, y vio algo que lo llenó de alarma; uno de sus feligreses había atado una cuerda a la rama de un árbol y se iba a ahorcar.
-”¡No hagas eso, hijo!”, -acudió a la carrera, -”¿Por qué quieres privarte de la vida?”
Respondió el infeliz:
-”Hace un año mi esposa me abandonó para irse con otro hombre...”
-”¡Pero eso fue hace un año!”, -replicó el buen sacerdote, -”¿Y ahora quieres quitarte la existencia?”
-”Sí”, -dice el sujeto, -”Ayer me llamó para decirme que va a regresar...”
Aforismos
y chascarrillos políticos... (Por
Grol)
- Si la Intendencia está fundida es porque la Junta está quemada.
- A veces en la carrera electoral hay que saber cederle la posta a otro.
- El resultado eleccionario se conoce en el acto.
- En las campañas electorales se notan los pesos de los candidatos.
- Una dama en el gabinete suele causar un problema mini-histerial.
- No le des de comer a un candidato, enséñale a hacer campaña y comerá toda su vida.
- Los políticos que propician una reforma agraria dicen que es tiempo de la campaña.
- Los candidatos que no ingresan al Parlamento deben contentarse con transitar el salón de los pesos perdidos.
- Quince minutos de claridad son más que un cuarto oscuro.
- El candidato que sufre de asma tiene más aspiraciones que los demás.
- Cuando un ministro está en la cuerda floja, la cosa se pone tensa.
- Antes de votar a un partido prefiero votar a un entero.
La
casa está en orden... (Por
Ana Solá)
Mi hogar es, desde que mis hijos se convirtieron en adolescentes, un campo de batalla.
Nuestros almuerzos y cenas ya nada tienen qué ver con los comerciales de mayonesa o queso crema y es el espíritu de Atila quien se sienta invitado en la cabecera de la mesa.
Mientras tanto, una pila de platos sucios atrincherados en la cocina está por explotar.
Todo empezó cuando tuve la feliz idea de asignarle tareas a la nena de 16 y al nene de 17.
Todos los días, almuerzo y cena alternativamente, cada uno de ellos tendría que lavar los platos.
No sé en qué estado de inconciencia y de hipnosis estaría yo en ese momento para cometer semejante despropósito...
La cosa empezó pareja.
Como buenos chicos, confeccionaron un horario en el cual se asignaban los días de la semana y a quién le correspondería el trabajo luego de cada comida. El papelito fue colgado prolijamente con un imán sobre la heladera.
Hasta ese momento casi éramos una familia feliz, no digo como los Ingals, pero podría decirse que como los Roldán.
Así fueron pasando las semanas hasta que llegamos a ser los Simpson.
Porque quién sabe qué viento se llevó el papelito para que una tormenta se desatara en casa.
Y comenzaron los gritos:
-”¡Hoy te toca a vos!”
-”¡No, a vos!”
-”¡No te hagás el-la vivo-va!”
-”¡A mí no me vas a tomar de boluda-o!”
-”¡Es a vos!”
Así como desapareció el bendito pedacito de papel, se esfumaron los almuerzos y las cenas en paz.
Antes de cada comida, religiosamente, se desataron las protestas y los estómagos se anudaron.
Ya nadie quiso comer y no por anorexia, sino por no ensuciar vajilla.
De más está decir que más de una vez me clavé frente a la pileta para que no discutieran.
Pero siempre fue en vano:
-”¡Claro, vos lavás para que no tenga que lavar ella-él porque es tu preferido-a! ¡Hoy los platos los tiene que lavar él-ella!”
-”¡Mamá, eso es injusto! ¡Sos injusta!”
No sólo terminaron con las comidas semanales, también amargaron los asados de los domingos, rompieron platos por nerviosos y hasta dejamos de comer con la tele porque interfería con las peleas y los gritos.
Recurrí a una psicóloga.
-”Los adolescentes deben canalizar su agresividad y hay que ponerles límites claros.”
¿Qué les compro, una pistola o un lavaplatos?, preguntaba yo ingenua a la profesional.
¿Los límites dónde se compran?
¿Si no se les puede pegar, qué hay que hacerles?
¿Dejo de darles de comer o los amordazo en la mesa para que no griten?
Cuando les digo que no levanten la voz y no me hacen caso, ¿me tengo que callar yo?
¿Lloro o imploro?
¿Para los portazos debo ponerles burletes en los dormitorios?
¿Cuánto me cobra, licenciada, para venir a almorzar y cenar con nosotros?
Contraté a una empleada doméstica.
Error.
Se echaban en cara, el uno al otro -y a los alaridos-, que la empleada "no estaba para lavar los platos, sino para tareas más importantes en el hogar" (claro, léase lavado y planchado de la ropa de ellos y limpiarles la pieza).
Y que quedaba claro que la obligación del lavado de platos era exclusiva de ellos.
¡Para qué se me habrá ocurrido inculcarles tanta responsabilidad!
Asustada por los acontecimientos, fue la empleada quién dijo:
-”Llame a un cura, doña, pa' curar la casa.”
Y vino un cura a bendecir el hogar dulce hogar.
Mientras el dispuesto sacerdote recorría rezando por los pasillos que separan a las habitaciones, los chicos lo seguían disputándose a regañadientes la secada del piso mojado con el agua bendita que el santo hombre iba dejando a su paso y que esparcía por toda la casa.
-”¡Ah, te toca a vos!”
-”¡No, a vos que sos la creés en Dios!”
-”¡Mamá, ves que está endemoniado! ¡Míralo, mamá, hacé algo!”
-”¡Es ella!”
-”¡Es él!”
-”¡Decile algooooo!”
-”¡Mammaaaaaá!”
Moraleja; Cuando te veas tentada a tercerizar tareas que ancestralmente nos enchufaron injustamente y pienses en la solidaridad de tus hijos, rezá un Padrenuestro que se te va a pasar.
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