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Viernes 11 de Octubre

 

                  Fin de semana: Viernes 11 a Domingo 13 de Octubre de 2.024

Hooolaaa samigooosss !!!

Esta semana llegamos nuevamente con artículo sobre las sonrisas que contagian alegría, chistes breves, humor llegado desde las redes sociales, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy entretenidos. Esperamos que sean del gusto de todos, que se diviertan y les deseamos que tengan un excelente fin de semana.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.

La alegría se contagia a través de la sonrisa (Por Pedro González Núñez)

Un hombre sabio que fue capaz de visitar y conocer los más íntimos rincones del alma humana dijo que “es más sencillo obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”.

Su nombre es William Shakespeare.

Por eso hoy versamos sobre la sonrisa y su capacidad para contagiar alegría y buenas vibraciones.

William Shakespeare produjo a lo largo de su vida una extensa obra, capaz de provocar todo el arco iris de emociones que el ser humano es capaz de sentir.

Desde la comedia hasta la tragedia más profunda, la inquieta pluma del autor es capaz de sacar a relucir la sonrisa de la mente más torturada.

No es casualidad que comencemos esta disertación sobre la alegría que una simple sonrisa es capaz de transmitir aludiendo a uno de los autores más célebres.

Sus obras inmortales nos han hecho reír durante siglos.

¿Quién mejor que él para introducirnos en este singular mundo?

¿Qué es la sonrisa?

La sonrisa es una mueca facial que esgrime todo rostro cuando algo le resulta simpático, alegre o divertido.

Es decir, que podría considerarse como el retrato de una emoción o un estado agradable que nos produce un bienestar transitorio.

La sonrisa tiene un componente físico, como es lógico, pues para que se forme en los labios de cualquier persona necesita poner en marcha un mecanismo compuesto de uno total de 26 músculos.

Si consideramos que en el rostro tenemos un total de 43 y para enfadarse hacen falta la friolera de 62, pues entran en juego otros más allá de los meramente faciales.

Así, se puede concluir que sonreír no es complicado o al menos requiere de menos energía que enfadarse.

Si hablamos de la sonrisa, podemos pensar en algunas que se han hecho célebres a lo largo de la historia, gracias a la cultura especialmente.

Seres torturados como el Joker, enemigo mortal de Batman, o la archiconocida Mona Lisa de Leonardo Da Vinci son buenos ejemplos del diferente significado que puede tener una sonrisa.

Esto es algo necesario, ya que según ciertos estudios, los niños son capaces de sonreír 400 veces al día.

Este número va decreciendo casi de forma proporcional a la edad, de manera que los adultos como promedio solamente sonreímos 20 veces al día.

Claro, que es un promedio, todos conocemos a esa persona que no sonríen ni aunque le cuenten el peor chiste del mundo o aquella que encuentra un motivo para manifestarla prácticamente al doblar cada esquina.

Los beneficios de la sonrisa para ser más alegres

Por tanto, desde aquí reivindicamos la sonrisa como factor determinante para ser más alegres y felices en nuestro día a día.

Por eso vamos a comentar una serie de beneficios que esta práctica conlleva para el ser humano:

- La sonrisa es interpretada por el cerebro como un estado de alegría e incluso segrega sustancias, como la serotonina, que contagian el ambiente.

El mismo Charles Darwin descubrió que la retroalimentación facial es positiva para el propio organismo, pues produce estados de optimismo.

- Una sonrisa produce un estado de positivismo en tu entorno.

Así pues, al ejercerla tu cerebro, además de enviar señales a tu propio organismo para virar hacia el optimismo, también lo hace hacia las personas que están a tu alrededor, provocando un ambiente de confianza y cercanía social más alegre y distendido.

- Según algunos estudios, el cerebro humano aboga por confiar más en aquellas personas con las que cooperan que son sonrientes.

Esto se debe a que nuestra propia mente tiene tendencia a acercarse a aquellas personas que desprenden alegría, pues son más amistosas.

- Es un hecho probado que bajo condiciones de estrés, el ser humano reduce su visión periférica, minimizando en realidad su capacidad para encontrar soluciones.

Sin embargo, el pensamiento abstracto es mucho más eficiente en este estado de ánimo bajo presión.

Según algunos estudios, las personas sonrientes tienden a perder menos visión periférica frente al estrés obteniendo mejores resultados en la resolución de problemas.

- La sonrisa libera serotonina y endorfinas, que son analgésicos naturales de nuestro organismo.

Así mismo, está íntimamente relacionada con la reducción de hormonas que provocan estrés como la dopamina o la adrenalina.

Es decir, que una sonrisa te permite vivir mejor, más alegre y feliz.

¿Has comprobado alguna vez lo mucho que se consigue con la sonrisa?

Ponlo en práctica en este mismo momento.

Es realmente revelador cómo se amplia el mundo ante ti, pareciendo todo mucho más alegre, colorido y agradable.

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  • Humor desde las redes sociales...

1.

-”Querida, sabes que ayer cuando llegué al edificio me encontré con la vecina...”

-”¿Y?”

-”Y como la vi un poco triste y melancólica la invité a tomar algo y me la culeé...”

-”¿¡Me la quéeee!?”

-”Melancólica...”

(Gracias Gustavo !!!)

2.

Dos viejos conversan sentados en la mesa de un bar, y uno le dice al otro:

-”Echá un vistazo a ese par de viejos borrachos al otro lado del bar... ¡Así seremos nosotros en diez años!”

-”¡Esa no es una ventana, es un espejo, Nicolás!”

(Gracias Rodolfo !!!)

3.

-”¡Abuela, no le parece que está bebiendo demasiado!”

-”¿Te parece? Pasé 14 años sin beber.”

-”¿Cómo es que pasaste 14 años sin beber?”

-”Empecé a beber a los 15...”

(Gracias Vicente !!!)

4.

Entra un tipo a la sala de espera de un centro médico. Se acerca a la recepcionispta y le dice:

-”Buenos días, ¿el otorrino, va por números?”

La mujer le responde:

-”Van nombrando.”

El tipo dice:

-”¡Qué gran actor!, Pero no me cambie de tema...”

(Gracias Susana !!!)

5.

Están dos tipos hablando y le dice uno al otro:

-”¿Y tú a que te dedicas?”

-”Pues mira, yo me dedico a filtrar cerveza.”

-”¿Y eso cómo lo haces?”

-”Con los riñones...”

6.

Reguetofobia: Miedo a que se te quede grabada una canción de reguetón en contra de su voluntad.

7.

-”¿Y dice Usted que le gusta la historia?”

-”Sí, mucho.”

-”¿Qué le parece la edad media?”

-”Que es la mejor edad. Ni muy joven ni muy viejo.”

8.

En un avión, la azafata le pregunta a una pasajera:

-”¿Va a querer tomar algo?”

-”¿Cuáles son las opciones?”

-”Sí y no.”

9.

No soporto a las personas que escriben con metáforas.

Son como escorpiones cuyo veneno se diluye en el mar de mi indiferencia.

10.

En el tribunal, el juez pregunta:

-”¿Cómo se declara el acusado?”

-”Con rosas y de rodillas. Soy un hombre muy tradicional y romántico.”

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  • Test de salud mental...

¿Querés hacer un diagnóstico de salud mental utilizando tu gato?

Es muy fácil:

1. Si hablas con tu gato: Psicosis.

2. Si te responde: Esquizofrenia.

3. Si te cuidas de hablar delante de él: Paranoia.

4. Sí sentís que te ignora: Depresión.

5. Si lo amas y lo odias en el mismo momento: Bipolaridad.

6. Si el gato no te completa y adoptás otro gato, y otro gato, y otro gato y otro gato: Trastorno límite de la personalidad.

7. Si en medio de la noche te despertás, el gato te está observando y te asustas: Ataque de pánico.

(Gracias Roberto !!!)

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  • La sabiduría que dan los años...

Un hombre mayor, de 85 años, aparece en París en un local de Cartier, con una chica de 28 años, un bombonazo de esos que infartan.

Cuando los atiende el dependiente el tipo le dice a la muchacha:

-”Cariño, escoge lo que quieras.”

-”¿Lo que quiera?”

-”¡Lo que quieras!”

La chica elige un collar, un brazalete, un anillo.

El tipo los pone encima del mostrador y pregunta:

-”¿Cuánto es?”

-”837000 Euros.”

-”Muy bien...”

Saca la chequera, va a firmar el cheque y el dependiente le dice:

-”No, no, monsieur, usted no puede comprar con un cheque.”

Entonces el tipo le dice:

-”Vamos a hacer una cosa: yo le dejo aquí el cheque firmado, ¿vale? Como es viernes, usted cobra el cheque el lunes y yo vengo a retirar las joyas que se quedan aquí. ¿Le parece bien?”

-”Ah, así si, bien, bien, monsieur, de acuerdo.”

El lunes el dependiente llama indignado al hombre:

-”¡Monsieur, el cheque no tiene fondos!”

El hombre responde:

-”Bueno, no se preocupe. Rompa nomás el cheque. ¡Usted tiene sus joyas y yo me pasé un fin de semana de puta madre...!”

(Gracias Iche !!!)

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  • Sutilezas...

1.

Angustiado, Babalucas llamó por teléfono al hospital:

-”¡Manden una ambulancia! ¡Mi esposa está a punto de dar a luz!”

Quiso saber la persona encargada:

-”¿Es su primer hijo?”

-”¡No!”, -se desespera Babalucas, -”¡Soy su esposo!”

2.

Con gemebundo acento Dulcilí le informó a su papá:

-”Perdí mi virginidad.”

El señor, profundamente concentrado en su iPad, le contesta:

-”¿Ya buscaste abajo de la cama?”

3.

La novia le dijo a su prometido:

-”Cuando nos casemos compartiré contigo todas tus penas y todos tus problemas.”

-”Eres muy linda, amor”, -respondió él, -”pero a Dios gracias no tengo penas ni problemas.”

Replica ella:

-”Las tendrás cuando nos casemos...”

4.

Loretela y su esposo Veneraldo querían tener hijos, y no podían.

Les dijo el padre Arsilio, su director espiritual:

-”Iré a la ermita de San Serenín del Monte, santo patrono de las mujeres que desean ser madres, y encenderé una vela por ustedes.”

Nueve meses después el padre Arsilio estaba leyendo su Liturgia de las Horas cuando la señorita Peripalda, catequista, le fue a avisar que Loretela estaba dando a luz.

Acudió el buen sacerdote a la clínica de maternidad, y se encontró con la gozosa novedad de que la parturienta había tenido quíntuples.

-”¡Felicidades, hija mía!”, -le dijo a la exultante madre, -”Has cumplido con creces el bíblico mandato de multiplicar la especie humana. Pero dime: ¿dónde está tu esposo Veneraldo?”

Responde Loretela:

-”Cuando apareció el tercer bebé salió corriendo a la ermita de San Serenín del Monte, a apagar la vela...”

5.

Dijo el conferencista especializado en temas de sexualidad:

-”Hay cinco tipos de orgasmo en la mujer. Son el gozoso; el lamentoso, el que llamo ‘asertoso’; el religioso, y, finalmente, el mentiroso.”

Levantó la mano uno de los asistentes:

-”¿Podría usted decirnos en qué consiste cada uno de ellos?”

-”Desde luego”, -respondió el conferenciante, -”El orgasmo gozoso es cuando en el momento del éxtasis la mujer grita con fruición: ‘¡Ah! ¡Oh! ¡Qué rico! ¡Qué sabroso! ¡Tenías qué ser de Saltillo, papacito!’. El orgasmo lamentoso es cuando la mujer grita cerrando los ojos con gesto parecido al del dolor: ‘¡Ay! ¡Ay!’. El orgasmo que llamo ‘asertoso’ es cuando la mujer grita: ‘¡Sí! ¡Sí!’, o ‘¡Yes! ¡Yes!’ y ‘¡Yea, yea’, si ha estado sujeta a la poderosa influencia del país del norte. El religioso es cuando al llegar al culmen de la unión coital la mujer grita: ‘¡Dios mío! ¡Dios mío!’, o también: ‘¡Valedme, ángeles y arcángeles; serafines y querubines; tronos, virtudes, principados, potestades y dominaciones! ¡Acudid en mi auxilio, apóstoles, vírgenes, mártires y confesores! ¡Interceded por mí, santas ánimas del Purgatorio!’...”

Vuelve a preguntar el hombre del público:

-”¿Y cuál es el orgasmo mentiroso?”

Inquiere a su vez el conferenciante:

-”¿Cómo se llama usted, señor?”

Responde el tipo:

-”Mi nombre es Carmelino.”

-”Muy bien”, -le informa el disertador, -”En su caso un orgasmo mentiroso será cuando su esposa grite: ‘¡Carmelino! ¡Oh, Carmelino!’...”

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  • Conquista... (Por Flavio)

-”¡Quien me ha visto y quien me ve!”, -se dijo don Solsti con tristeza mientras encendía un nuevo cigarrillo.

Estaba allí, como un pichicho, parado en la puerta de una tienda, esperando pacientemente que su mujer saliera de comprar unos metros de cretona.

-”¡No te alejes mucho, viejo sátrapa!”, -le había dicho ella, y él no había sido capaz de pegarle una patada a la esclerótica.

Aspirando con desgano el humo de su cigarrillo, don Solsti pensó en su desgraciada vida y llegó a la misma conclusión que Schopenhauer: "el matrimonio es una celada que nos tiende la naturaleza".

En treinta años de casado, su mujer no había hecho otra cosa que hablar, hablar y hablar, "viejo sátrapa" para aquí, "viejo sátrapa" para allá.

Cuando la conoció era linda y no le importaba que charlara un poco.

Tal vez su error consistió en elegirla con los ojos y no con las orejas.

Ahora ella lo tenía de quórum.

-”Y pensar que cuando muchacho era lo mas codiciado del barrio...”, -recordó don Solsti con melancolía.

Bailando era poco menos que un Cachafáz.

Hay que ver las cosas que era capaz de hacer en una baldosa.

Un día, hasta lo llevaron preso.

Las muchachas lo llamaban "zapato nuevo", porque apretaba como loco.

-”Esas eran mujeres...”, -comentó sin darse cuenta el viejo en voz alta, y una señora bastante bellota que pasaba se ruborizó hasta el pelo.

Pero don Solsti no reparó en ella y siguió pensando en su juventud.

Sus ojos se llenaron de picardía al recordar a aquella hermosa muchachita que sedujo cuando era estudiante.

Fue una tarde de calor espantoso.

Él tenía 18 años y estaba preparando el examen de ingreso.

-”¿Te vas a casar conmigo?”, -le había dicho ella después.

-”Si”, -le contestó él, -”esperate que termine esta bolilla y enseguida vamos.”

Ya siendo más hombre se enamoró perdidamente de una pantalonera.

Fidodendra se llamaba y tenía una boca descomunal.

Un día fue a un dentista para que le hiciera un puente y el tipo se la pasó a un ingeniero.

Se le declaró en el Prado y ella lo aceptó.

Él, entonces, dibujó emocionado con un cortaplumas un tremendo corazón en un árbol y llenó las aurículas y los ventrículos con sus nombres.

Luego le dijo nerviosamente:

-”¡Fidodendra, ya escribí el árbol; ahora nos toca plantar el hijo!”

Ella se ofendió y lo dejó plantado a él.

Fue el amor de su vida.

Tiempo después, conoció a la que hoy es su esposa.

Ella no tendía redes para conseguir un marido; tendía jaulas y él entro como un desgraciado.

-”¡Ahora, andá a cantarle a Rapallo Ronco!”, -razonó don Solsti y miró el reloj.

Hacía ya media hora que esperaba.

Cada vez que pasaba una mina despampanante, el viejo le clavaba los ganchos como para desnudarla.

Usaba su vieja mirada tipo buscapié y siga para arriba.

El hombre empezó a sentirse inquieto y con ganas de mandarse una conquista.

-”¡Total”, -pensó, -”tan cascoteado no estoy!”

Sin mucho trabajo llegó a la conclusión de que era un galán maduro.

Algo así como un Jurgens.

Con la pelada se conformó pensando en Yul, por lo que venía a resultar una especie de Curd Brynner.

Caminó hasta la parada.

En la esquina, esperaban entre otras, una dama bastante bonita y con algunos quilitos de más.

Don Solsti se le acercó y para entrar en conversación, le dijo derrochando simpatía:

-”¿Hace mucho que espera, señorita?”

-”Soy señora”, -contestó muy secamente la otra, -”y hace dos meses que espero.”

El viejo se quedó tan cortado que el mozo del boliche que pasaba casi lo sube a la bandeja.

Colorado como un grafión maduro, empezó a caminar en sentido contrario.

Estaba tan atribulado que se detuvo en una vidriera que no tenía otra cosa en exhibición que ropa interior femenina.

A su lado, sintió una risita medio contenida y bastante cachadora.

Don Solsti levantó los ojos.

Una impresionante pelirroja con un saco del mismo color lo miraba con malicia.

El señor Mampruchet no se daba cuenta donde terminaba el pelo y donde empezaba el saco.

Lo que sí se daba cuenta era que la tipa le daba una pelota inusitada.

El viejo no se anduvo con rodeos y le rogó que le permitiera acompañarla.

Ella le dijo entre risitas que iría a pensar él si ella aceptaba y el viejo la tranquilizó asegurándole que él no estaba en condiciones de pensar nada.

Empezaron a marchar hacia Andes.

La muchacha era simpática pero le encantaba Antonio Prieto.

En una cuadra, don Solsti se enteró además, que a ella le gustaba muchísimo cocinar.

-”En confianza le tengo que decir que a mí también”, -dijo don Solsti que estaba hecho un caramelo.

-”Mi especialidad son los niños envueltos”, -afirmó ella radiante.

-”¡La mía también!”, -susurró él, y agregó: -”¡Que lindo sería prepararlos a medias... Yo se los hago y Ud. los envuelve.”

La pelirroja rió como una pajarona y el viejo agarró coraje y la tomó del brazo.

La próxima media cuadra la hicieron en silencio.

-”¿Ud. es soltera?”, -quiso saber don Mampruchet.

-”Toda”, -le respondió ella.

-”¿Trabaja?”, -insistió él.

-”Bastante.”, -le contestaron.

El tipo miró para todos lados y luego masculló:

-”¿Que le parece si nos vamos a un lugar en donde podamos charlar mas tranquilos?”

Ella se puso seria.

Lo miró de arriba a abajo y preguntó:

-”¿Y vós tenés plata, veterano?”

El otro quedó mudo y se paró de golpe.

-”Platita y mucha”, -sintió que chillaba la pelirroja, -”Estos saquitos color sanagoria no se compran así como así.”

Don Solsti dio media vuelta y empezó a correr hacia la tienda.

Su mujer lo esperaba impaciente en la puerta.

-”¡Donde te habías metido, viejo sátrapa!”, -protestó indignada.

El señor Mampruchet no contestó y preguntó a su vez:

-”"¿Compraste el pedazo de cretona, pedazo de cretina?”

Ella le dio los paquetes y se fueron a esperar el ómnibus.

Al llegar a la esquina, al viejo se le heló la sangre al distinguir un saco "color sanagoria".

La pelirroja lo vió venir y con gran descaro le gritó:

-”¡Mirá la porquería que te conseguiste! ¡Si serás machete, veterano!”

-”¡Viejo verde, viejo verde!”, -vociferó la esposa echando chispas, y don Solsticio, para disimular, la cachó de un brazo y chilló:

-”¡Si, vieja; verde, luz verde, vamos!”

Y se perdió de vista entre los transeúntes.

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  • El termómetro y el transporte... (Por Arthur García Núñez "Wimpi")

Las cosas dispares suelen tener a veces una estrecha, una íntima relación.

Por ejemplo, ¿a quién se le habría ocurrido pensar que el termómetro tuviera algo que ver con el transporte?

¿Que fuera a darle una mano, a sacarlo del pantano?

Uno no es nadie, pero, claro, tiene que viajar.

Y mira, observa, y sin quererlo, se da cuenta.

Se da cuenta de que el frío -que se mide con el termómetro- saca del pantano a la gente que tiene que andar de un lado a otro en la ciudad en busca del peso.

Porque estas mañanas de baja temperatura de tornillo, como se dice académicamente, han servido para demostrar que el problema del transporte debería ser, en realidad, menos grave de lo que es por obra de ciertos hábitos que la gente no se resigna a abandonar.

Porque cuando el tipo tiene que salir a la calle impulsado por la necesidad, para volver al cabo de algunas horas con los pesos que han de parar la olla, no le hace asco al frío, ni a la lluvia, ni al calor ni a lo que venga.

Porque la obligación de llenar las bocas de los suyos y la propia está por arriba de cualquier fenómeno meteorológico.

Y el tipo deja entonces el dulce -y cálido lecho con menos de un grado de temperatura- se viste como puede -las manos se le agarrotan- se lava a regañadientes -porque el agua quema de helada- y se lanza a la conquista suprema del mango.

Y entonces, ya en la rúa, advierte que los tranvías van semivacíos, que los colectivos caminan despacio a la pesca de pasajeros, y los ómnibus clarean en el interior, porque la masa es la mitad de otras mañanas.

Y advierte, también que las esquinas están desiertas, que ya no hay pequeñas manifestaciones a la espera de vehículos.

Pero ¡Santo Dios!

¿Y todos esos que los demás días trepan hasta el techo?

¿Y esos que atropellan a las mujeres, con tal de subir primero que nadie?

¿Y esos que se atrancan en el pasillo y no dejan pasar a los que descienden?

¡Ah!

Esos se quedaron en la cama.

Hace mucho frío...

¿Para qué levantarse?

¿Qué apuro hay?

Ahora que, claro, cuando el solcito calienta, es lindo madrugar, andar por la ciudad, verlo todo y, si es posible, sentarse junto a la ventanilla para balconear con los otros, los que aguardan, luchan como en el catch para trepar al tranvía, al ómnibus, al colectivo, para poder llegar a hora al trabajo.

Y eso divierte...

Pero llegó el frío felizmente.

El santo frío.

Cómo, otras mañanas, llega la lluvia.

Y aunque la Corporación se muera de rabia, se puede viajar.

Se puede llegar temprano a la oficina y al taller.

No hay que dar explicaciones, entonces. Que llegué tarde porque no se puede tomar nada, señor...

Y el tipo goza, entonces.

Cuando le dicen por radio o lee el diario de que la temperatura anduvo cuerpeándole a la rayita del bajo cero, ensaya una sonrisa, saca un cigarrillo, lo paladea, estira las piernas y, por primera vez en mucho tiempo, siente el placer.

Porque evoca esa mañana, ese asiento que eligió a gusto, que bajó sin pedir permiso a nadie, sin perder un sólo botón, los zapatos bien lustrados y el sombrero indemne.

Entonces se le ocurre pensar en la revolución del tiempo.

¿Para qué existirá la primavera, el otoño, el verano?

O, mejor, ¿por qué no será posible vivir en la Antártida?

Y es cuando, desesperadamente, envidia a los esquimales.

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