Fin de semana: Viernes 6 a Domingo 8 de Octubre de 2.023
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo con curiosidades sobre la risa, chistes breves, una divertida definición de los argentinos, cosas recibidas desde las redes sociales, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy ingeniosos e interesantes. Esperamos que los disfruten y les deseamos a todos una bonita semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
Dos nuevas curiosidades sobre la risa (Por Marisa Fernández)
¿Eres de esos a los que les encanta reírse?
¿Prefieres irte a la cama después de haber visto una comedia en la televisión?
La risa tiene diversos beneficios a nivel físico y mental.
Los investigadores siguen averiguando qué efectos puede tener este comportamiento sobre la salud humana.
A continuación contamos tres hallazgos recientes sobre este tema:
1. Reírse mejora la salud pulmonar de los fumadores.
Así puede concluirse del artículo publicado en el Asian Journal of Nursing Education and Research (2014).
Sus autores compararon distintos parámetros de la función pulmonar en un total de 300 varones fumadores de entre 30 y 60 años, a los que se realizó una espirometría antes y después del tratamiento.
Los participantes se asignaron a uno de tres grupos: grupo de ejercicios respiratorios tradicionales, grupo de terapia mediante la risa o grupo control (no terapia).
Los dos grupos de intervención realizaron 6 sesiones semanales de una media hora de duración durante mes y medio.
Los resultados mostraron que la terapia con risa fue igual de efectiva que los ejercicios de respiración tradicionales en la mejora de la función pulmonar… y eso sí, seguro que fue mucho más divertida.
2. El humor mejora la memoria.
Chambers y Payne han publicado recientemente (2014) los resultados de un experimento en el que comprobaron los efectos positivos del humor sobre los procesos de consolidación en la memoria de aquello que nos parece gracioso.
En su trabajo expusieron a los participantes a una serie de dibujos tipo comic clasificados como graciosos y no graciosos.
Después de ver las imágenes, a algunos de los participantes se les pidió que no durmieran durante las doce horas siguientes, mientras que a otros sí se les permitió hacerlo.
Después de esas 12 horas, volvieron a preguntar sobre los dibujos a todos los participantes y así valorar el recuerdo del material.
Los resultados mostraron por primera vez que los dibujos calificados como divertidos o graciosos se recordaron mejor que los no graciosos no sólo tras un tiempo corto (15 minutos) sino también tras un período de tiempo más largo (12 horas).
De forma curiosa, además el sueño influyó positivamente en la consolidación de la información humorística sólo cuando los participantes no habían visto los dibujos con anterioridad y los valoraron subjetivamente como graciosos.
Según los autores, este efecto del humor sobre la memoria podría deberse a la generación de un mayor arousal (o activación fisiológica y psicológica) causada por los estímulos hilarantes.
Como nos muestra la investigación reciente, la risa es buena para tu cerebro y para el resto del cuerpo, así que parece recomendable buscar el lado positivo de las cosas y encontrarle la gracia, que los beneficios para la salud llegarán solos.
Humor desde las redes sociales…
1.
-”Hija, ¿tu te drogas?”
-”¡No, mamá! ¿Por?”
-”Estás picando la cebolla con el DNI...”
2.
Va la señora a la carnicería y le pregunta al carnicero:
-”¿Qué me puede dar por $1000?”
-”Un abrazo...”
3.
¿Qué es una caloría?
Son pequeñas hijas de puta que se meten en tu armario por la noche y te encogen la ropa.
Mi armario está infectado...
¿Y el tuyo?
(Gracias Esther !!!)
4.
-Ir a la cama temprano.
-No salir de mi casa.
-No ir a la fiesta.
Las penitencias que tenía de “pre-adolescente” son mis metas de adulto...
(Gracias Claudia !!!)
Un bello ejemplo...
Casi al final del servicio dominical el sacerdote preguntó:
-”¿Cuántos de Ustedes han perdonado a sus enemigos?”
El 80% levantó la mano.
El sacerdote insistió con la pregunta.
Todos respondieron esta vez, excepto una pequeña viejita.
-”Señora, ¿no está dispuesta a perdonar a sus enemigos?”
-”Yo no tengo enemigos.”, respondió dulcemente.
-”Señora, eso es muy raro, ¿cuántos años tiene Usted?”
-”99 años.”, -respondió.
La congregación se levantó y la aplaudió.
-”Señora, ¿puede pasar al frente y decirnos cómo se llega a 99 años sin tener enemigos?”
La dulce señora pasó al frente, se dirigió a la congregación y dijo:
-”Porque ya se murieron todos esos hijos de puta...”
(Gracias Jorge !!!)
Audición...
Una mujer preocupada porque su esposo no le contesta, decide llevarlo al médico.
La mujer habla con el médico y le dice:
-”Doctor, le hablo a mi esposo y él no me responde. Creo que tiene un grave problema auditivo.”
El doctor examina al hombre, luego sale y le dice a la Señora:
-”Señora, su esposo tiene ‘Otitis Testicular‘...”
-”¿Y que quiere decir eso, doctor?”
-”Que su esposo la escucha, pero le importa un huevo lo que usted le dice...”
(Gracias Alejandro !!!)
Los argentinos...
Una vez alguien le pidió al filósofo español Julián Marías, muy conocedor del pueblo argentino y de sus costumbres y con un gran cariño por nosotros, que hablara de los argentinos pero con visión desde fuera del bosque y desprovisto de toda pasión.
Esto fue lo que dijo:
“...Los argentinos están entre vosotros, pero no son como vosotros.
No intentéis conocerlos, porque su alma vive en el mundo impenetrable de la dualidad.
Los argentinos beben en una misma copa la alegría y la amargura.
Hacen música de su llanto -el tango- y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas.
Ellos mismos no se conocen.
Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y también al curandero todo al mismo tiempo.
Tratan a Dios como ´El Barba´ y se mofan de los ritos religiosos.
¡No discutáis con ellos jamás!
¡Los argentinos nacen con sabiduría!
Saben y opinan de todo.
En una mesa de café arreglan todo.
Un argentino es capaz de lograr todo en el mundo, menos el aplauso de otro argentino.
No le habléis de lógica.
La lógica implica razonamiento y mesura.
Los argentinos son hiperbólicos y desmesurados, van de un extremo a otro con sus opiniones y sus acciones.
Cuando discuten no dicen: no estoy de acuerdo, sino: Usted está absolutamente equivocado.
Aman tanto la contradicción que llaman ´Bárbara´ a una mujer linda; a un erudito lo bautizan ´Bestia´, a un mero futbolista ´Genio´.
Cuando alguien les pide un favor no dicen simplemente ´Si´, sino ´Como No´.
Son el único pueblo del mundo que comienza sus frases con la palabra NO.
Cuando alguien les agradece, dicen: ´NO, de nada´, con una sonrisa...”
Y para terminar, agregó:
“...Los argentinos son:
Italianos que hablan en español.
Pretenden sueldos como norteamericanos y vivir como ingleses.
Dicen discursos franceses y votan como senegaleses.
Piensan como zurdos y viven como burgueses.
Alaban el emprendimiento canadiense y tienen una organización boliviana.
Admiran el orden suizo y practican un desorden tunecino...”
En fin, los argentinos son…¡¡un MISTERIO!!
(Gracias Elvira !!!)
Tonterías varias...
1.
Grafitis:
El coche nunca reemplazará al caballo. - La yegua.
La mano viene movida. - Parkinson.
Nuestra madre es una loba. - Rómulo y Remo.
Tengo un nudo en la garganta. - Un ahorcado.
Creo en la reencarnación. - Una uña.
Me gusta la humanidad. - Un caníbal.
Al fin solos. - El Llanero Solitario.
No veo la hora de irme. - Un ciego.
Eres la única mujer de mi vida. - Adán.
Estoy encinta. - Scotch.
¡Se me estropeó el despertador! - La Bella Durmiente.
Es mejor dar que recibir. - Un boxeador.
2.
Una señora estaba tomando un vaso de vino sentada en el patio al lado de su esposo y dice con voz suave:
-”Te quiero tanto... que no podría haber resistido vivir todos estos años si no te hubiera tenido a ti.”
El esposo, halagado, le pregunta a sonriente:
-”¿Eres tú o es el vino el que habla?”
Y ella le responde:
-”Soy yo... y le estoy hablando al vino.”
3.
Un hombre le relata al médico en el hospital:
Estaba en casa sentado en el sofá con mi esposa.
Ella viendo TV y yo jugando con mi teléfono celular.
Le pedí a ella por favor que me fuera a buscar una cerveza.
Ella dijo que no podía porque no quería dejar de ver aquella parte de su novela.
De repente el celular de ella que estaba en la cocina sonó, ella se levantó rápidamente y fue a ver lo que era.
Era un mensaje mío diciendo: “Ya que estás en la cocina, tráeme una cerveza.”
Y ahora recién desperté doctor, no sé si fue un palo o un ladrillo lo último que logré ver...
Sutilezas...
1.
Loretela, linda chica en edad de merecer, le contó a su mamá:
-”Me pretende un muchacho. Es hijo único de un señor inmensamente rico.”
Preguntó la madre:
-”¿Qué edad tiene?”
Respondió Loretela:
-”26 años.”
-”No”, -precisó la señora, -”El papá...”
2.
Doña Macalota le informó a don Chinguetas:
-”La cocinera quemó la comida y no tengo nada que ofrecerte. ¿Te conformarías con un rato de amor?”
-”Está bien”, -accedió don Chinguetas, magnánimo, -”Que venga la cocinera...”
3.
-”Con todo respeto, señorita...”, -le dijo el tipo a la guapa mujer que tenía al lado en la barra del lobby bar.
De inmediato ella se puso a la defensiva, pues en estos tiempos a la expresión: “Con todo respeto” generalmente sigue un ataque o agresión.
Se tranquilizó, sin embargo, cuando el individuo completó la frase:
-”Tiene usted unas hermosas piernas.”
-”Gracias”, -replicó la bella dama, -”Y las cuido mucho. Mis piernas y yo somos las mejores amigas.”
Aventuró el tipo:
-”Pero supongo que no será inseparables...”
4.
El automóvil del viajero se descompuso, y éste le pidió a un granjero que le permitiera pasar la noche en su casa.
-”No hay problema”, -le dijo el hospitalario campesino, -”Dormirá usted en la cama con la nenita.”
El viajero recordó aquello de las mojaduras y dijo:
-”Gracias. Preferiría dormir en el granero.”
Al día siguiente el viajero vio frente a la casa a una hermosa muchacha de esculturales formas.
-”¿Quién eres?”, -le preguntó maravillado.
Respondió la curvilínea chica:
-”Soy la Nenita, la hija del granjero. Y tú ¿quiénes eres?”
Respondió el tipo, mohíno:
-”Soy el grandísimo pelotudo que durmió en el granero...”
5.
Doña Panoplia de Altopedo y su esposo don Sinople fueron a visitar la hacienda heredada por él de sus mayores.
El encargado de la casa, un viejo campesino, hizo que su mujer les sirviera un guiso a base de conejo silvestre.
Doña Panoplia preguntó:
-”¿Cómo se cogen los conejos?!”
-”Bueno”, -empezó a explicar el hombre, -”El conejo se le sube a la coneja y...”
-”No”, -aclaró la señora, turbada, -”Lo que quiero saber es cómo se cazan...”
-”No se casan”, -replicó el granjero, -”Nomás cogen.”
Dolor de muelas... (Por Lumturo)
Llevaba varios días con ese dolor de muelas.
Lo había probado todo, la aspirina, el coñac...
No había forma de mitigar el tormento que me estaba volviendo loco.
Trataba de esquivar lo irremediable, tendría que ir al dentista, lo que me producía un espanto mayor que mi dolor.
Llamé por teléfono para fijar el día.
Una voz plana y sin empatía alguna determinó que al día siguiente a las cinco me atendería el Doctor Venoso.
Me lo había recomendado un amigo.
Apenas dormí la víspera obsesionado con la visita al odontólogo.
Cuando conseguía conciliar el sueño, a mi cerebro acudían toda suerte de artilugios relacionados con mi próxima cita: tenazas, jeringuillas, algodones.
Me levanté con la ilusión de que el dolor se había esfumado, entonces me puse a desayunar pensando que, cuando acabara, llamaría para anular la cita.
Poco me duró la alegría.
Un mísero trocito de avena fue a incrustarse justo en la muela enferma desencadenando la misma tortura del día anterior.
Maldije la marca de los cereales y la puñetera gallina que la caja llevaba dibujada.
No había remedio.
La cita era ineludible.
A las cinco menos cuarto llamé a la puerta del dentista.
Me abrió una mujer gorda enfundada en una angustiosa bata blanca cuyos botones soportaban un brutal esfuerzo tratando de mantener la prenda cerrada.
Me hizo pasar a una salita donde esperaban otros pacientes.
En medio de la salita que olía a desinfectante, se encontraba una mesa baja circular donde descansaban revistas médicas con todo tipo de ilustraciones relativas a intervenciones quirúrgicas.
Tomé una.
En cuanto vi la primera imagen de una operación de rodilla cerré la revista con fuerza y la dejé donde la había encontrado.
El suelo era de terrazo y me entretuve descubriendo caras entre sus losas.
Hallé a un hombre barbudo con un petardo en la mano, una tortuga comiendo plátanos, algo que me recordó a un fórceps...
Enfrente de mí, se sentaban dos mujeres que no paraban de hablar.
Era intolerable que Fermín no se hubiera preparado el desayuno a sus cuarenta años y que Marcela le hubiese hecho una faena a su novio.
Cuando estaba a punto de enterarme de la fechoría cometida por Marcela, la gorda entró y se llevó a una de ellas dejándome con la intriga para siempre.
La salita no tenía ventanas, supuse que para que nadie tuviera la tentación de escapar.
En cada una de las cuatro paredes había colgados unos cuadros de un pintor que debía ser adicto a algo fuerte porque los colores parecían ideados en una noche de excesos.
La música de fondo era de lo más deprimente, éxitos de los ochenta interpretados al saxofón que competía con el sonido del insufrible torno que se oía desde otra parte del piso.
Si ya sobrevivía al dentista, me podría considerar una persona indestructible.
Por fin, entró la oronda recepcionista, me nombró y la seguí.
Me llevó ante un dentista pequeño que llevaba gafas y una mascarilla tapándole la boca.
La habitación estaba repleta de moldes de dentaduras que parecían reírse de mí con burla.
Me hizo sentar en el sillón y colocó el foco a dos palmos de mi cara.
Abrí la boca y él metió un diminuto espejito en ella.
El alcohol que goteaba me socarró los labios.
Reflejada en sus gafas podía ver cómo iba golpeando cada una de mis piezas dentales hasta que llegó a la protagonista de mis desvelos.
Me preguntó que si me dolía, pero yo, con dos bolas enormes de algodón entre mis dientes, casi no le pude responder.
Volvió a golpear la muela y yo solté un grito.
La gorda me dio unas palmaditas en el brazo mientras me susurraba: “Tranquilo, tranquilo.”
Aquello iba a acabar mal.
Cogió un gancho y empezó a escarbar con él en mi boca.
Ya no pude más.
Me levanté de un salto y mostré los puños.
El pequeño dentista se puso en guardia.
Le lancé un puñetazo que esquivó, no así el suyo que impactó sobre mi mandíbula.
La muela enferma salió despedida.
No hizo falta jeringuilla ni tenazas.
Algo mareado me dirigí hacia la salida, al pasar vi que en la salita de espera se encontraba desierta.
Seguramente los pacientes que restaban habían huido presas de pánico al escuchar mi grito y el posterior forcejeo.
No me cobraron la visita argumentando que los gastos habían sido inexistentes.
Que me quitó la muela, es innegable.
Que sea un dentista que llegue a recomendar, poco probable.
Pero lo que aseguro es que fue rápido y barato.
Quizá algo más doloroso de lo que imaginaba, pero claro, sin anestesia...
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