Fin de semana: Viernes 13 a Domingo 15 de Octubre de 2.023
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo sobre la risa como medicina para la memoria, humor recibido desde las redes sociales, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy ocurrentes y divertidos. Esperamos que sean del agrado de todos y que pasen una muy linda semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
La risa es la mejor medicina para la pérdida de memoria en la madurez (Por Sarah Romero)
“La risa es la mejor medicina”.
Es una frase con la que todos estamos muy familiarizados.
Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Loma Linda en California (EEUU) concluye que el humor puede reducir el daño cerebral causado por la hormona cortisol, más conocida como “hormona del estrés” (responsable de la pérdida de memoria debido a que los niveles altos de cortisol dañan la conexión entre células cerebrales).
¿Puede reducir la risa el daño provocado por el cortisol?
Para comprobarlo, los investigadores mostraron un vídeo de humor de 20 minutos de duración a dos grupos de voluntarios: un grupo de mayores sanos y otro grupo con personas mayores con diabetes.
Se estableció también un tercer grupo de control, que no visualizó ningún vídeo humorístico.
Los dos grupos que vieron el vídeo mostraron una reducción significativa en sus niveles de cortisol, así como una mejora en las pruebas de memoria a las que fueron sometidos, en comparación con el grupo que no visionó el vídeo.
“El humor reduce las hormonas nocivas del estrés, que reducen el número de [neuronas] de la memoria y la presión arterial, aumentan el flujo sanguíneo y mejoran el estado de ánimo. El acto de reír (o simplemente de disfrutar del humor) aumenta la liberación de endorfinas y dopamina en el cerebro, lo que provee una sensación de placer y recompensa. Esos cambios neuroquímicos positivos y beneficiosos, a su vez, hacen que el sistema inmunitario funcione mejor”, afirma Lee Burk, coautor del estudio.
Humor desde las redes sociales…
1.
Me encanta hacer comidas improvisadas con lo que tengo en la heladera.
Hoy nos toca cebolla con yogurth y Novalgina...
2.
Lo prohibido sabe mejor.
Gastón, 57 años, diabético.
Se comió un alfajor Fantoche triple, quedó internado...
(Gracias Diana !!!)
3.
El elefante de cerámica con el dólar en la trompa, en casa corre más riesgo que el lechón de fin de año...
4.
-”Amor, ¿por qué me elegiste a mi?”
-”Jodeme que se podía elegir... lpm...”
(Gracias Esther !!!)
5.
¿Quién inventó esa tontería que esta es la mejor edad?
Encuentro el papel y pierdo el lápiz, cuando encuentro el lápiz ya no sé dónde dejé el papel.
Cuando logro juntar las dos cosas, se me pierden los anteojos.
Y ya cuando al fin tengo las tres cosas juntas se me olvida qué iba a escribir.
6.
Un reciente estudio de la Universidad de Harvard afirma que la vida del casado es una de las 4 mejores del mundo.
Siendo superada solamente por la vida de soltero, viudo y muerto...
(Gracias Iche !!!)
Pedido...
Un hombre conversa por celular con Dios en el Muro de los Lamentos:
-”¿Dios?”
-”¡Si!”
-”¿Puedo preguntarte algo?”
-”Claro, hijo mío.”
-”¿Qué es un millón de años para Ti?”
-”Un segundo.”
-”¿Y un millón de dólares?”
-”Un centavo.”
-”Dios, ¿podés prestarme un centavo?”
-”Espera un segundo...”
(Gracias Alejandro !!!)
Sutilezas...
1.
Un citadino que paseaba por el campo vio a una muchachita que conducía con esfuerzo a un gran toro.
Le preguntó:
-”¿A dónde llevas ese toro?”
Respondió la zagala:
-”Lo llevo a la granja del vecino, a que cubra a una vaca.”
El hombre, que veía las fatigas de la jovencita, le preguntó:
-”¿Y no puede hacer eso tu papá?”
-”No”, -contestó ella, -”Tiene que ser el toro.”
2.
La curvilínea chica presentó en la ventanilla de banco un cheque para cobro.
Le preguntó el cajero:
-”¿Tiene usted alguna identificación?”
-”Sí”, -respondió ella, -”Un tatuaje en forma de corazón arriba de la pompa izquierda.”
3.
Un hombre llegó al bar del hotel y hablando dificultosamente le pidió al cantinero:
-”Da-da-dame u-un te-te-tequila, por fa-favor.”
El cantinero, compasivo como casi todos los de su oficio, le dijo:
-”Veo que sufre usted de tartamudez, señor.”
-”S-s-sí”, -respondió el otro, -”De-de-desde ni-niño. Y na-nada me ha po-podido cu-curar.”
-”Yo también fui tartamudo”, -le contó el cantinero, -”Pero un día puse mi cabeza entre los muslos de mi esposa y eso me curó.”
El hombre prometió seguir el consejo.
Una semana después regresó.
-”Da-da-me u-un te-te-tequila, por fa-vor.”, -tartajeó como la vez pasada.
Le dijo el cantinero:
-”Veo que sigue usted tartamudeando, señor”, -comentó el cantinero, -”¿No siguió la receta que le di?”
-”La-la se-seguí”, -responde el tartamudo, -”pe-pero no-no dio re-resultado. De cua-cualquier mo-modo da-dale las gra-gracias a tu es-esposa...”
4.
El desdichado tipo estaba en una cama de hospital vendado de pies a cabeza igual que momia egipcia.
Su esposa acudió a verlo.
-”Gorilo me golpeó.”, -gimió el lacerado.
-”¿Cómo es posible?”, -se asombró la señora, -”¡Gorilo es tu mejor amigo! ¿Por qué te golpeó?”
-”Porque le di la razón.”, -respondió con voz feble el pobre tipo.
-”No entiendo”, -se desconcertó la señora.
Relató el golpeado:
-”Me dijo: ‘Mi esposa es fantástica para hacer el amor’. Y yo le dije: ‘Tienes razón. Me consta’...”
5.
En el sillón de la sala el hombre y la mujer estaban en abrazándose y besándose.
De pronto ella se puso en pie y le dijo a su acompañante:
-”¿Alguna vez has vendido seguros?”
-”Nunca”, -respondió él, extrañado.
-”Pues empieza ahora”, -le indicó ella, -”Ahí viene mi marido.”
Las Motos... (Por Silencio de Luna)
Las motos... los motoristas... circulan por los carriles de la carretera como los demás vehículos, respetan las señales como todos y no pasan la velocidad máxima de la vía.
Rebobinemos.
1. Los motoristas circulan por los carriles.
Normalmente no tengo tiempo más que para esquivar kamikazes pero si puedo, me pregunto ¿Qué entenderán por carriles?
¿Las rayas blancas largas?
Alguien debería decirles que los carriles son el espacio entre ellas.
Es ancho para que también, si los reyes del asfalto lo permiten, lo usen ¡¡coches, camiones y autobuses!!
Incluso, añado, que los conducen personas y un pequeño toque de calidad los manda al suelo.
La culpa siempre de los demás.
2. ¿Circular lo unen a circuito de carreras?
A veces oigo un ruido en el techo del coche y ni me sorprendo. otra moto que no tenía otro sitio para seguir su camino sin frenar. (La culpa de esto de El halcón callejero, una serie que salió en antena tres cuyo protagonista era un Michael night en moto).
Ya no es solo que adelanten hasta por encima de los coches sino que también usan los intermitentes como atracción de feria.
Es común ver una moto que va recto con el intermitente izquierdo parpadeando aunque al final lo que haya sea curva a la derecha o no tenga opción de adelantamiento.
No soportan que otro participante de la carrera de los autos locos se ponga cerca.
¿Te acuerdas de esos dibujitos de Patán en los autos locos?
Eran unos personajes de ficción que hacían lo que fuera por ganar.
Ese carro de trogloditas, ese espantamóvil con vampiros, dragones y humanoides, ese típico científico loco que inventa cualquier cosa para que el resto pinche o se queme, ese barón rojo acostumbrado a los aviones que se tiene que ganar la vida por las carreteras perdidas entre barrancos, esa bella Penélope siempre gritando para despistar, esos gangsters con sus rifles, ese Pedro el bello deslumbrante, ese leñador que después de su agotadora jornada se pone a correr con el coche...
Pero sin duda, curiosamente, el más recordado es uno que no ganó nunca una carrera.
¿Quién?
Patán y sus carcajadas contagiosas con su dueño francés Pierre y su pérdida de tiempo preparando trampas a lo Coyote y Correcaminos.
Pues eso es para ellos desplazarse de un lugar a otro: Carrera loca para ganar sin que haya premio y poner obstáculos a los demás aunque vayan tranquilamente.
Creo que lo hacen para que les aplaudamos a su paso por nuestra ventanilla o toquen el espejo retrovisor que tanto cuesta poner milimétricamente bien.
3. Respetan las señales como todos y no pasan la velocidad máxima de la vía.
¿Velocidad máxima?
Ni ellos ni nosotros entendemos ese concepto.
Nadie respeta las señales a no ser que vaya con alguien al lado asustándole o haya un coche de policía cerca.
En este caso todos hacemos igual que cuando éramos pequeños: poner cara de niños buenos y frenar.
Frenar aunque vayamos a 20 y la velocidad máxima sea de 70.
Las motos.
Todo un enigma...
La confesión... (Por Lumturo)
Adela era una mujer de más de setenta que apenas había salido del pueblo.
Una vez estuvo en Salamanca de viaje de novios.
En otra ocasión su marido quiso que conociera el mar y la llevó a Valencia.
Era una persona sencilla y se limitaba, por todo entretenimiento, a charrar con las vecinas mientras hacía la compra.
Don Cosme era el sacerdote del lugar.
Aquel día, víspera de la Fiesta Grande de la localidad, su madre, que vivía en la ciudad, lo visitó.
Como madre que era, encontró a su hijo algo desmejorado o, como ella decía, «con cara de cocido retrasado».
Pasó a la acción y se metió en la cocina.
Le preparó una fabada con chorizo, morcilla y tocino.
Para Don Cosme aquello era rozar el Paraíso.
Nadie sabía hacer la fabada como su santa madre.
Se tomó un cafelito y aún le dio tiempo a echar una cabezada.
Por la tarde se fue a la iglesia a confesar a los fieles que acudirían a la Misa Mayor del día siguiente.
Después de atender a dos feligreses acudió Adela muy compungida.
-”Ave María Purísima…”
Cuando apenas la mujer había comenzado, la fabada empezó a hacerse notar en las tripas del cura.
El gas descendía por su organismo hasta el trecho final, momento en el que Don Cosme apretó el trasero contra el asiento pretendiendo ahogar el ruido que sospechaba emitiría.
La jugada le salió mal.
Un aullido agudo y doliente se oyó multiplicado por las paredes del confesionario.
Mientras, Adela, algo sorda y carente del sentido del olfato, le narraba sus «horribles pecados» del día anterior.
Se había comido toda una bolsa de rosquillas fritas mientras y (eso era lo peor) veía una película de esas picantes de Alfredo Landa.
Conforme la mujer detallaba sus pecados, el sacerdote se retorcía tratando de evitar que al resto de los fieles les llegara algo de la batalla desencadenada en su intestino.
No lo consiguió.
Los truenos y el mal olor hicieron que la iglesia se fuera despoblando hasta que Adela se quedó sola frente al sonrojado Don Cosme que continuaba tirándose ventosidades…
Ya no aguantaba más.
Dejó a la pobre mujer que seguía pormenorizando sus «fechorías» con la palabra en la boca y se fue corriendo a la sacristía.
Cuando la pobre Adela vio al cura salir despedido del confesionario llegó a la conclusión de que sus delitos habían escandalizado tanto al párroco que este había salido horrorizado.
Pasadas dos horas, Don Cosme ya con aspecto más relajado, volvió para cerrar la iglesia y allí la encontró.
Adela se encontraba rezando con los ojos rojos de tanto llorar viendo que se consumiría en las llamas eternas por sus pecados en cuanto la Parca le viniera a buscar.
Esta vez fue el sacerdote el que hubo de confesarse.
Adela se sentía mejor, pero por si acaso, depositó un billete de cien pesetas en el cepillo parroquial.
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