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Viernes 22 de Septiembre

 

                  Fin de semana: Viernes 22 a Domingo 24 de Septiembre de 2.023

Hooolaaa samigooosss !!!

Esta semana tenemos un artículo sobre los beneficios de la risa para la salud, chistes breves, humor de “la cole”, cosas recibidas desde las redes sociales, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy divertidos. Esperamos que los disfruten, que esta primavera que nos llega a quienes estamos de este lado del planeta nos traiga mejores días y les deseamos a todos una muy buena semana.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.

Ríete mucho, que es lo mejor para la salud (Por Anabel Herrera)

Dice el dúo Faemino y Cansado en el folleto de ¡Como en casa, ni hablar! que les gustaría que la gente riera al menos veintitrés veces, y que al salir del teatro fueran mejores personas y encontraran el sentido de la vida.

El primer deseo lo cumplen de sobra.

Muchos empiezan a desternillarse en cuanto los humoristas pisan el escenario.

A otros, en cambio, el espectáculo no les hace ninguna gracia.

O incluso lo pasan mal, como le ocurre a una mujer que no para de mirar el móvil a cada instante, a la espera de que se acabe ya de una vez la tortura.

¿Por qué algo divertido para unos no lo es para otros?

Creo que el humor es una forma de ver la vida y un mecanismo de defensa. Y no está claro en qué radica”, opina Javier Cansado.

Y añade: “Yo siempre digo que mis hijos son gente divertida, pero no humoristas. Yo te puedo enseñar a catar un vino, pero no te puedo enseñar el sentido del humor”.

La risa es un comportamiento ampliamente analizado por la comunidad científica desde hace décadas.

El humor, en cambio, revela mucho más acerca de cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos con los demás.

Es un estado de ánimo, y por tanto, difícil de medir.

Baile de neuronas

Gracias a las modernas técnicas de neuroimagen, sabemos que el humor se origina en un área denominada central de detección de errores.

Está localizada casi en el centro del cerebro, justo encima del cuerpo calloso que conecta los hemisferios izquierdo y derecho.

Desde esta posición, puede supervisar el resto de regiones, cada una de las cuales está especializada en una actividad, como pueden ser la visión o el lenguaje.

Cuando nos cuentan un chiste, las ondas sonoras de las palabras viajan en forma de impulsos eléctricos al cerebro: “¿cómo se esconde un elefante en un cerezo?”.

El hemisferio izquierdo empieza a ordenar la información mientras intenta acertar el final lógico de la historia.

Por otra parte, se activa una pequeña zona en el hemisferio derecho que nos permite imaginar la narración desde una perspectiva absurda.

También necesitamos las áreas implicadas en el procesamiento del lenguaje y la memoria a corto plazo.

Entonces llega la resolución del chiste: “se pinta las uñas de rojo”.

Esa incongruencia, ese final inesperado rompe con nuestras expectativas.

La central de errores es la encargada de sincronizar lo lógico y lo ilógico de la narración, según explica Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra.

Pero una cosa es que una chanza nos sorprenda y otra muy distinta que nos parezca divertida.

Al lograr detectar el error, el cerebro obtiene una recompensa a través de la liberación de dopamina, la conocida como hormona de la felicidad.

Entonces es cuando se desencadena la risa.

El sentido del humor requiere una mente ágil y flexible, ya que los procesos de entender el chiste, encontrarlo divertido y reírse se sincronizan muy rápido”, asegura la experta.

El humor, por tanto, activa sentimientos positivos, pero no elimina necesariamente los negativos.

De hecho, en circunstancias trágicas, como un funeral, a veces somos incapaces de reprimir la risa.

Aunque pueda parecer una grosería, no es más que una manera de abordar emociones encontradas.

Incluso nos puede ayudar a conectar con los demás en momentos de tensión.

La investigadora Lisa Rosenberg, del Rush University Medical Center de Chicago, ha estudiado cómo ayuda el humor en trabajos que requieren tomar decisiones rápidas y precisas.

En uno de sus estudios pidió a setenta profesionales del servicio de urgencias en un hospital que describieran cómo aflojaban la tensión en su día a día.

Y hacer ocurrencias macabras sobre los pacientes demostró ser muy útil.

El acto de bromear nos da un descanso mental y aumenta nuestra objetividad ante una situación de estrés abrumador”, concluía Rosenberg en su estudio.

Aunque algunas personas piensan que el humor negro pone de relieve lo peor del comportamiento humano, nos fascina hacer gracias de mal gusto.

No hay más que ver lo poco que tardamos en inventar chascarrillos cuando ocurre una tragedia colectiva.

¿Chistes sobre el 11-S?

Scott Weems, autor del libro 'Ja. La ciencia de cuándo reímos y por qué', reflexiona sobre las bromas que circularon a cuenta de los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York:

-”El aspecto realmente importante es que revelan nuestros auténticos sentimientos acerca del incidente. Hay cólera, naturalmente, pero también frustración y, esporádicamente, irreverencia. […] Reflejaban lo que la gente quería decir: ‘No me digáis cómo tengo que sentirme. Soy capaz de reconocer una tragedia cuando la veo sin que me lo recuerden las veinticuatro horas del día en las noticias’.”

El humor y su manifestación más corriente, la risa, no solo son útiles como mecanismo de defensa psicológica, sino que también aportan beneficios a nuestro organismo.

En primer lugar, porque troncharse es un ejercicio aeróbico: cien carcajadas equivalen más o menos a entre diez y quince minutos de bicicleta estática.

También es saludable porque “produce la aceleración del ritmo cardíaco y un aporte de oxígeno al cerebro”, afirma Moratalla.

Las personas con humor –continúa– tienen un sistema inmune más sano, sufren un 40 % menos infartos y viven cuatro años y medio más de media”.

La base de esta teoría la encontramos en estudios como el que se efectuó hace algunos años en la Universidad de Maryland, en EE. UU.

Los médicos recomiendan hacer ejercicio de manera regular, porque dilata los vasos sanguíneos, lo cual a su vez mejora la irrigación del cuerpo y vuelve más estable la circulación.

O sea, el mismo efecto que provoca la risa.

Para demostrarlo, los investigadores hicieron que veinte voluntarios presenciaran la escena inicial de una película estresante como Salvar al soldado Ryan y una comedia tontorrona como Vaya par de idiotas.

Después de ver la primera, catorce personas experimentaron una reducción en el calibre de las arterias.

En cambio, tras contemplar los gags de Vaya par de idiotas, todos mostraron una mejora del flujo sanguíneo de más del 20 %.

Por eso, muchos científicos recomiendan reírse un mínimo de quince minutos al día.

Esta actividad también parece servir como analgésico, según un equipo del Allegheny College, en Pensilvania.

Los científicos averiguaron que el sufrimiento por una descarga eléctrica es menor si antes se ha visto una comedia.

Es más, según otro trabajo dirigido por el profesor Lee Berk, de la Universidad de Loma Linda, en California, el efecto calmante es visible con solo anunciar a los sujetos de estudio que van a disfrutar de un vídeo cómico.

La explicación se encuentra en que la risa estimula la producción de endorfinas, consideradas como una especie de morfina natural del organismo.

Está claro que tanto la risa como el humor no curan por sí solos, pero son beneficiosos para enfermedades en las que el umbral del dolor está por los suelos, como la fibromialgia, y también en trastornos del ánimo o cuadros ansiosos y depresivos”, asegura el doctor Manuel Arias Gómez, coordinador del Grupo de Humanidades de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Por eso, la llamada risoterapia se emplea como complemento para algunos tratamientos.

Y cada vez son más los hospitales que cuentan con voluntarios, normalmente artistas –payasos, magos, cuentacuentos, músicos, actores...–, que dan calidez al frío entorno sanitario.

Los Doctores Sonrisa de la Fundación Theodora, los Pallapupas, los Payasos sin Fronteras y los profesionales de Sonrisa Médica son solo algunos ejemplos de esta tendencia en nuestro país.

Begoña Carbelo, doctora en Psicología, lleva años investigando la relación entre salud y humor y su aprovechamiento por el personal sanitario.

Creo que todavía no se valora la posibilidad de ayudar a los pacientes mediante estados emocionales que les permitan desviar la atención de su situación”.

Esta profesora del Centro Universitario de Ciencias de la Salud San Rafael-Nebrija, en Madrid, defiende que cada vez se hacen más necesarios proyectos de este tipo, y reivindica que se les dé la entidad que merecen.

Está demostrado que funcionan: los pacientes se animan y evolucionan más favorablemente. Y no solo en el ámbito infantil: también surte efecto con adultos y ancianos”.

Y es que el humor es, junto con el deporte, una buena alimentación y unos hábitos de vida saludables, la mejor medicina que existe.

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  • Humor desde las redes sociales…

1.

Fui a la verduleria, y por 100 pesos me dejaron acariciar una papa...

(Gracias Claudia !!!)

2.

Fui a Puerto Madryn a ver a las ballenas.

Salió una y me dijo:

-”Estás gordo, y también viejo.”

Era una ballena franca...

(Gracias Marcelo !!!)

3.

-”¿Cuál es su mayor defecto?”

-”Me meto en conversaciones ajenas.”

-”¡Le estoy preguntando a él!”

-”Ay, perdón.”

(Gracias Marcos !!!)

4.

-”Me lo banqué por años. Se fue llevándose todo, arruinó mi casa y se burló de mí. Y ahora dice que cambió, que va a ser mejor y que quiere volver...”

-”¿Tu ex?”

-”No, el kirchnerismo...”

(Gracias Alejandro !!!)

5.

Mi hijo está haciendo un experimento social.

Se puso una remera que dice:

"Aguante Alberto y Cristina.”

Ya lo escupieron 2 veces, lo insultaron en varios idiomas, le dieron 4 patadas en el culo y varias cachetadas.

No quiero saber qué va a pasar cuando salga de casa.

(Gracias Iche !!!)

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  • Humor de “la cole”...

1.

Abraham se va a hacer un traje a medida a lo de Moisés, el sastre.
-”¿Cuándo va a estar listo mi traje, Moishe?”
-”Y… en unas tres semanas.”

-”¿Tres semanas para hacer un traje? ¡Dios hizo el mundo en una semana!”

-”¡Y así le salió!”

2.

Moishe va a consultar al rabino Iankl:

-”Rabi, dígame por favor, estoy engripado y no tengo para pagarle al médico, ¿qué hago?”

-”Tómate un tecito de manzanilla.”

Al tiempo, vuelve Moishe para agradecerle:

-”Gracias, rab Iankl, su remedio me curó totalmente.”

Y rab Iankl anota en su libreta:

-”El té de manzanilla cura la gripe.”

Pero a los pocos días viene nuevamente Moishe:

-”Rab Iankl, quiero contarle que mi vecino Mendl se agarró una fortísima gripe, yo le hice tomar su remedio, el té de manzanilla, y sin embargo está cada vez peor...”

Entonces rab Iankl corrige lo anotado en su libreta:

-”El té de manzanilla cura la gripe en el 50% de los casos.”

(Gracias Alejandro !!!)

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  • Tonterías varias...

1.

Ayer mi hija me preguntó:

-”¿Mami, alguna vez te enamoraste de un profesor?”

-”Sí mi amor”, -le contesté, -”del profesor de primero básico.”

-”¡Qué romántico mami! ¿Y qué pasó?”

-”¡Que tu papi se molestó y te cambió de colegio!”

2.

Los osos polares no pasan frío.

Los osos bipolares a veces sí a veces no.

3.

Se acercaba la fecha para evaluación final de inglés en la facultad, como muchos de los exámenes universitarios, su principal objetivo era eliminar a los que no llegaban al promedio exigido.

El examen duraba dos horas y cada estudiante recibió su correspondiente hoja de examen con las preguntas.

El profesor era muy recto y severo, catedrático a la antigua usanza, y le dijo a toda la clase que si el examen no estaba sobre su mesa después de dos horas exactamente, no se aceptaría, y el estudiante sería suspendido.

Media hora después de empezar el examen, un estudiante entró por la puerta y le pidió una hoja de examen al profesor:

-”No va a tener tiempo usted para terminarlo”, -dijo el profesor al dársela.

-”Sí que lo terminaré”, -contestó el estudiante.

Se sentó y empezó a escribir.

Después de dos horas, el profesor pidió los exámenes, y los estudiantes, en forma ordenada entregaron sus evaluaciones.

Todos menos el que había llegado tarde, que continuó escribiendo como si nada pasase.

Después de otra media hora, este último estudiante se acercó a la mesa donde se encontraba el profesor sentado leyendo un libro.

En el instante en que intentó poner su examen encima del montón, dijo el profesor al alumno:

-”Ni lo intente. No puedo aceptar eso. Ha terminado tarde.”

El estudiante lo miró furioso e incrédulo.

-”¿Sabe quién soy?”, -le preguntó.

-”No, no tengo ni la menor idea.”, -contestó el profesor en tono de voz sarcástico.

-”¿Sabe quién soy?”, -preguntó nuevamente el estudiante, apuntándose a su propio pecho con su dedo, y acercándose de manera intimidante.

-”No, y no me importa en absoluto”, -contestó el profesor con un aire de superioridad.

En ese momento, el estudiante cogió rápidamente su examen y lo metió en medio del montón, entre todos los demás.

-”¡Extraordinario!”, -exclamó.

Y se marchó.

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  • Sutilezas...

1.

En el Ensalivadero, solitario paraje al que iban por la noche las parejitas en situación húmeda, el galán llevó a su dulcinea al asiento trasero del automóvil.

Ahí le preguntó con cautela:

-”¿Gritarás pidiendo ayuda?”

Respondió ella:

-”Solamente en caso de que la necesites...”

2.

El señor, receloso, le dijo a su mujer:

-”Nuestro décimo hijo es por completo distinto de los otros nueve. No se les parece nada. Dime la verdad: ¿quién es el padre de esa criatura?”

Contestó la esposa:

-”Tú.”

3.

Don Algón llamó por el interfono a su linda secretaria:

-”Rosibel”, -le dijo, -”Quiero verla en el acto.”

Respondió ella:

-”Para eso tendré que traer a mi novio...”

4.

-”Me da un paquete de condones.”, -pidió en la farmacia el joven cliente.

Preguntó el farmacéutico:

-”¿Para solteros o para casados?”

El muchacho se sorprendió:

-”¿Hay alguna diferencia?”

-”Sí”, -respondió el de la farmacia, -”El de solteros trae siete condones: para lunes, martes, miércoles, etcétera. El de casados trae 12: para enero, para febrero, para marzo...”

5.

Un amigo de don Holgacio habló con él:

-”Me apena decírtelo, pero he sabido que tu hija, la que se fue a la ciudad, está trabajando de prostituta en un burdel.”

-”¡Qué vergüenza!”, -gimió don Holgancio al tiempo que se mesaba los cabellos con desesperación, -”¡En nuestra familia nadie jamás había trabajado!”

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  • Saludar tiene su aquel... (Por Silenciodeluna)

Antes era mucho mas fácil.

Me encontraba a una amiga, le cogía la cintura y le daba dos besos; y a un amigo le estrechaba la mano con fuerza para mostrar energía y poder.

Y ahora...

Ahora hay que distinguir entre conocida y amiga, entre un beso, dos besos o uno y medio o solo levantar la barbilla; menos mal que entre hombres no hay distinción.

Menos mal por decir algo... aquí un abanico de posibilidades enorme: Estrechar la mano con fuerza si estoy con buen ánimo y el otro me cae bien, fuerza media si no tenía ganas de verlo pero aquí está delante de mí, sin fuerza si estoy con ganas de nada, un abrazo si me alegra verlo y un beso, dos o uno y medio si me da por ahí o una combinación entre los anteriores.

Pero es que el otro tiene las mismas posibilidades y no existe un manual de instruciones.

Se me ocurren dos opciones:

1. Mirarnos a los ojos en plan duelo moderno del oeste y jugárnosla a piedra, papel o tijera. Quien gane, elige.

2. Optar por lo que quiera sin pensar en el otro.

La primera tiene la ventaja de que existen una reglas a cumplir y con la segunda puede pasar que al alargar la mano uno de los dos, de en la rima consonante de mano o un puñetazo en la barriga o le bese la boca.

La segunda es más rápida.

En fin, algo tan simple se puede convertir en todo un universo.

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  • Javier... (Por Lumturo)

Javier es muy diferente a su hermano, mi esposo.

Acababa de salir de un divorcio traumático y decidimos que no pasara aquél verano en soledad.

Vino a casa en un martes trece lo que ya era un mal augurio.

Mi cuñado es un hombre enorme, de unos 190 cm de estatura y no menos de 130 kilos.

Excesivo en todo.

Come cantidades industriales de todo lo que se puede poner en un plato.

Incluso duerme junto a un vaso de leche con unas galletas depositadas en la mesilla de noche.

Cuando ríe, lo hace sin mesura.

Tiene unos pies inacabables y que dan a la casa un característico olor a cabrales cuando los desnuda.

Un verdadero «Big Foot» pestilente.

No es una mala persona, pero goza de la facultad de amar todo lo que detesto.

No se pierde una velada de boxeo en la tele.

Me ha llenado la casa de las envolturas de caramelos de regaliz que devora a cualquier hora.

Su cuarto parece el resultado de una explosión nuclear con ropas y zapatos por todas partes.

Le encantan las bromas, cuanto más pesadas mejor lo pasa, gastándoselas a los que tiene a mano que, como es obvio, somos nosotros.

El caso es que una vecina nuestra esta prendada de él.

El amor es ciego y la locura le acompaña.

¡Qué gran verdad!

El otro día amenazó con deleitar nuestros oídos con páginas de Bach interpretadas por él en el viejo piano vertical que tenemos en el desván.

Para ello bajó el instrumento y se fue a una tienda de música donde adquirió unas partituras del genio de Eisenach.

Yo sabía que sus conocimientos de solfeo son, no limitados, sino inexistentes.

La idea de que una creación de mi músico favorito fuera masacrada por mi cuñado constituía la gota que rebasaría mi paciencia.

Ya no soportaba más.

Tenía que hacer algo.

Deshice un potente somnífero en su vaso de leche nocturno.

En el comedor estaba el piano con sus partituras esperando a su “ejecutor”.

Javier roncaba, no sufriría nada.

Cogí el hacha y lo hice pedazos.

Reconozco que hice mucho ruido... y fue lo que me perdió.

Recogí todo con cuidado, cosa que me costó un esfuerzo considerable, porque era muy pesado.

Metí todos los trozos en bolsas de plástico.

Hice varios viajes para llevarlas todas hasta mi coche.

Cuando la última se encontraba en el auto, la policía me impidió ponerlo en marcha.

La vecina enamorada de Javier me delató.

Había oído muchos golpes en mi piso y Javier no había bajado a por su docena de porras diaria para desayunar.

Cuando uno de los agentes abrió una de las bolsas, mi crimen quedó al descubierto.

Cinco teclas cayeron al suelo.

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