Fin de semana: Viernes 20 a Domingo 22 de Agosto de 2.021
Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo sobre la importancia del humor en ciertas profesiones, humor llegado desde las redes sociales, chistes variados, pensamientos no muy profundos, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy interesantes. Esperamos que se diviertan y que pasen una muy buena semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
El reto de las profesiones más intensas emocionalmente (Por Gema Sánchez Cuevas)
Los profesionales de la salud que trabajan en emergencias, los agentes de policía o los equipos de bomberos se enfrentan, en su día a día, a situaciones muy complicadas, donde los picos de tensión pueden ser muy altos.
Eso hace que su trabajo se convierta muchas veces en ese factor que produce desequilibrios emocionales.
La crudeza de estas situaciones radica principalmente en la implicación de otras personas y en las adversidades que éstas experimentan.
Por ejemplo, un médico que trabaja en emergencias tiene que tomar decisiones importantes en un corto espacio de tiempo, muchas veces sin tener toda la información de lo que le sucede al herido e incluso asumiendo el riesgo de hacerle más daño. Mover o no a una persona en un determinado momento puede causarle una parálisis o salvarle la vida.
En estos casos, el aderezo del humor puede ayudar a bajar los niveles de estrés una vez que se ha tomado la decisión y antes de que venga el siguiente momento de tensión.
El papel crucial del humor como terapia en emergencias
La gran utilidad del humor como terapia en estos contextos se puede dividir en estas facetas:
- El humor como herramienta para la propia salud y desempeño, a corto y a largo plazo.
Permite pasar por alto lo antiestético, normalizar la rudeza de las situaciones y evitar la desesperación.
Ayuda a tomar el control sobre la situación, atenuando el impacto de la misma.
- El humor como herramienta para la relación entre compañeros.
La complicidad en situaciones de estrés entre los miembros del equipo de trabajo puede jugar un papel especialmente importante en el rendimiento y cooperación.
Además, el clima de confianza que genera facilita la expresión de emociones en momentos posteriores.
- El humor como herramienta para la relación con los pacientes/afectados.
Para una persona que se encuentra en una situación muy estresante y ante la que no puede hacer nada, como cuando hemos llamado a una ambulancia y estamos esperando a que llegue, el humor puede actuar como un “salvavidas” emocional.
El humor es bueno cuando es sensible al contexto
Es tan importante usar el humor en situaciones en las que puede bajar la tensión como abstenernos de darle paso en las situaciones en las que solo puede aumentar esta tensión.
En este sentido, las personas somos únicas, igual que las circunstancias que nos rodean en cada momento.
Esto requiere una observación y adaptación constante ante un entorno muy dinámico.
Así, el uso del humor como elemento que puede generar todos los efectos descritos, requiere de un uno inteligente del mismo.
De una selección de momentos basada en la empatía y el respeto.
En caso contrario, puede ser muy contraproducente.
Por otro lado, en caso de duda podemos probar a utilizarlo de una manera muy suave, respondiendo después al feedback que nos den los demás.
El humor, en el marco de la terapia y fuera de ella, es una aliado muy poderoso cuando lo utilizamos con inteligencia.
Con inteligencia quiere decir de manera adaptada a la situación.
En el fondo hablamos de un estilo de comunicación.
Un estilo de trabajo.
Un estilo de vida.
Humor desde las redes sociales...
1.
-”Aprendí a decir NO, y me siento mucho mejor.”
-”¿Querés otra cerveza?”
-”Sos jodido, eh…”
2.
Las reuniones de Zoom parecen sesiones de espiritismo:
-”Dario, ¿estás ahi?”
-”Carlos, si me oís hablá…”
-”Jorge, te estamos perdiendo...”
(Gracias Leticia !!!)
3.
Leí por ahí que en unos 20 años ya no existirá el dinero físico.
En mi casa, como siempre, adelantándonos al futuro.
(Gracias Claudia !!!)
4.
El lenguaje inclusive no dio el resultade esperade.
¡Que pene tan grande!
(Gracias Iche !!!)
5.
Leí un aviso que decía:
“Buscamos 10 personas que quieran bajar entre 5 a 20 kilos.”
Fui, y era para descargar un camión…
Qué feo que jueguen así con los sentimientos de uno.
(Gracias Jorge !!!)
6.
Un romano llega a un bar, levanta dos dedos y dice:
7.
Dicen que hay música que te transporta a otros lugares.
Hoy, por ejemplo, en un café pusieron a Ricardo Arjona y me fui a otro café...
(Gracias Isabel !!!)
Pensamientos no tan profundos…
1.
Decir: ‘Tengo hambre.’ y que te respondan: ‘Hay fruta.’ también es una forma de violencia.
2.
El día que muera y me convierta en un ser de luz, voy a electrocutar a unos cuantos…
3.
¿Qué será de la vida del viejo de la bolsa?
Si me habrá hecho tomar la sopa y dormir siesta ese hdp…
4.
Dejá de subir fotos viejas…
Ya sabemos que leudaste en cuarentena.
5.
Los feos estamos para que los lindos puedan verse lindos…
Sin nosotros no existen, ¿ok?
6.
Con esto del Covid hay algo que no me cierra.
El pantalón, por ejemplo…
7.
Si las margaritas de tu calza se transforman en girasoles, no lo dudes…
Necesitás otro talle.
8.
De los creadores de: almóndiga, volka y toballa llega…
“El lisopado”.
9.
La gente no es tan fea como sale en el DNI, ni tan feliz como aparenta en Facebook.
10.
Si está mal levantarse a la madrugada a picotear algo, ¿para qué le ponen luz a la heladera?
11.
La señora de las cuatro décadas de Arjona ya debe estar cobrando la mínima.
12.
¿Por qué cuando cocinás bien te festejan diciendo “ya te podés casar”?
Una cagada el premio…
13.
Le pongo agua caliente a la olla para que hierva más rápido ¿y vos querés que te tenga paciencia?
14.
La que dice que el tiempo para rápido, se ve que nunca se cortó mal el flequillo...
(Gracias Leticia !!!)
Las cinco vocales...
La famosa escritora española Lucía Echevarría, ganadora del Premio Planeta 2004, dijo en una entrevista, que “murciélago” era la única palabra en el idioma español que contenía las 5 vocales.
Un lector, José Fernando Blanco Sánchez, envió la siguiente carta al director del diario ABC:
-”Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Echevarría diciendo que, “murciélago” es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.
Mi estimada señora:
Piense un poco y controle su “euforia”.
Un “arquitecto” “escuálido”, llamado “Aurelio” o “Eulalio”", dice que lo más “auténtico” es tener un “abuelito” que lleve un traje “reticulado” y siga el “arquetipo” de aquel viejo “reumático” y “repudiado”, que “consiguiera” en su tiempo, ser “esquilado” por un “comunicante”, que cometió “adulterio” con una “encubridora” cerca del “estanquillo”, sin usar “estimulador”.
Señora escritora, si el “peliagudo” “enunciado” de la “ecuación” la deja “irresoluta,” y piense de modo “jerárquico”.
No se atragante con esta “perturbación”, que no va con su “milonguera” y “meticulosa” “educación”.
Y repita conmigo, como diría Cantinflas:
¡Lo que es la ignorancia!
Solo me queda recomendarle que se refresque con hojas de “eucalipto”...”
(Gracias Susana !!!)
¿La vejez es triste…?
Salí del súper y busqué las llaves del auto.
No estaban en ningún bolsillo, solo tenía los documentos, teléfono, encendedor…
Volví adentro y busque entre los tomates, las papas, donde había estado, góndola de yerba, etc.
Una búsqueda rápida y tampoco estaban en esos lugares.
De repente me di cuenta de que tal vez las debería haber dejado puestas en el auto.
El auto puede ser robado si se dejan las llaves puestas.
¡Y si!
Corrí al estacionamiento y ¡NO ESTABA EL AUTO!
Inmediatamente llamé a la cana.
Les di mi ubicación, descripción del auto, patente, etc. dónde lo había estacionado, etc., etc.
También confesé que había dejado las llaves en el auto y que lo habían robado.
Entonces hice la llamada más difícil de todas…
A mi esposa.
-”Amooor…”, -tartamudeé, -”dejé las llaves en el auto... y me lo robaron.”
Se hizo un gran silencio.
Pensé que la llamada estaba distorsionada, pero luego escuché su voz.
Ella gritó:
-”¡Te llevé yo y te dejé en el súper, BOLUDO!”
Ahora era mi momento de callarme y tragar saliva...
Avergonzado y feliz también, dije:
-”¡Qué Bueno! Entonces vení a buscarme…”, - le pedí.
Gritó de nuevo:
-”¡NO PUEDO PELOTUDO! ¡Estoy en cana! Cuando convenza a la policía, que yo no robé el auto y se me pase la bronca, veo si voy…”
(Gracias Iche !!!)
Sutilezas...
1.
Impericio, ingenuo muchacho, se prendó de una muchacha bastante feíta pero que a él le parecía una beldad.
Deseoso de gozar los encantos que sólo él veía le pidió consejo a un amigo.
Le dijo:
-”Tengo un mes de llevar a Uglilia a cenar todas las noches y a bailar todos los fines de semana. Le he enviado flores; le he hecho regalos caros. ¿Crees que ya es tiempo de que le haga el amor?”
-”No”, -respondió el amigo, terminante, -”Ya le has hecho demasiados favores…”
2.
Babalucas entró en una papelería.
Preguntó:
-”¿Tienen papel para difunto?”
Respondió desconcertado el dependiente:
-”No conozco esa clase de papel.”
Babalucas fue a otra papelería:
-”¿Hay papel para difunto?”
-”De ése no tenemos”, -le dijo con extrañeza la encargada.
Babalucas preguntó en una tercera papelería:
-”¿Venden papel para difunto?”
-”No lo manejamos”, -contestó, intrigado, el dueño.
Regresó Babalucas a su casa y le informó a su esposa:
-”En ningún lado venden papel para difunto.”
-”¡Ay, Babalucas!”, -alzó los ojos al cielo la mujer, -”¡Te dije 'papel parafinado'!”
3.
La novia resultó más apasionada de lo que el novio suponía, y en la noche de bodas le hizo varias solicitudes amorosas: una demanda amorosa; dos demandas amorosas; tres demandas amorosas.
El exhausto desposado obsequió ya con notorio esfuerzo la cuarta demanda, y al terminar de hacerlo dejó escapar un silbido al mismo tiempo de asombro y de cansancio.
Hizo:
-”¡Fiu!”
-”¡Bueno!”, -se enojó la noviecita, -”¿Viniste a follar o a silbar?”
4.
El hombre de la joyería le mostró un reloj al cliente.
-”Es muy bueno”, -le dijo, -”Se da cuerda con el movimiento de la mano.”
-”Entonces no lo compro”, -manifestó el señor, -”Es para mi hijo adolescente, y lo podría encuerdar…”
5.
Una mujer bebía su copa en la barra de la cantina.
Se le acercó un beodo y le dijo con tartajosa voz:
-”Te pareces mucho a mi mujer.”
Ella lo rechazó, molesta:
-”¡Quítate de aquí, borracho inmundo; briago insolente; ebrio desvergonzado; majadero farotón!”
-”¡Mira!”, -exclamó sorprendido el temulento, -”¡Hasta hablas igualito que ella!”
La fragancia y la cajera… (Por Petit Bourgeois)
En esos precisos momentos, buscaba gomina para el pelo.
Yo, cuando acudo a un supermercado, voy siempre acelerado, se me olvida más de la mitad de lo que mentalmente he preparado- me niego a escribir listas-, y cuando estoy cogiendo un producto, ya estoy pensando en el siguiente.
No voy nada concentrado, vaya.
Me llevo mis broncas después, por supuesto.
Y esa tarde, tenía básicamente dos anhelos que jerarquizaban mi listado mental: la gomina y un ambientador.
La elección adecuada de un supermercado de barrio, el que te saca de apuros en el día a día, no el de la macro compra, se basa en diferentes parámetros personales: el orden, la cercanía, las cajeras y poco más.
El que yo he frecuentado los últimos tiempos poseía estas virtudes para el hombre moderno: muy ordenadito todo, prácticamente al lado de mi casa, y una cajera con mirada penetrante, así como conducta silenciosa, cómplice y algo cautivadora.
Por mor del destino, deseaba secretamente un nuevo olor, una fragancia a modo de ambientador, algo que no había comprado jamás en mi masculina vida (la armadura de hojalata de la virilidad, Moehringer dixit).
Ese olor lo quería ubicar en el universo olfativo de mi despachín.
Debido a las particulares características de la labor que desempeño, y debido también, por qué no reconocerlo, a mis inconfesables rutinas, era necesario hacer acopio de material de enmascaramiento.
El olor elegido era el de lavanda.
En definitiva, y volviendo al presente de la historia, intentaba coger en esos momentos un gel capilar, colocado en la estantería más elevada, al tiempo que mi cabeza pensaba en estampas del sudeste francés, repletos de lavanda, cuyos efluvios provenzales me embriagan desde hace unos años, más desde sus connotaciones paisajísticas que desde sus implicaciones pituitáricas; costumbrismo y relax a partes iguales.
Hallábame yo por tanto inmerso en la tarea de agarre de la gomina, mientras dirigía mis expectativas visuales hacia la de la mirada penetrante, que estaba cobrando a alguien.
Al contemplarla yo mientras encontrábame enfrascado en mi tarea, me devolvió impertérrita la contemplación, me despisté un tanto y cayeron al suelo estrepitosamente dos botes destinados a ser aplicados en cabellos, no en superficies pulidas.
Al contactar con el pavimento, el contenido de los botes- fluido denso y espeso para nada inodoro- salió disparado en muchas direcciones, dejando la superficie por dónde pisábamos algo perjudicada, resbaladiza y pegajosa.
La cajera dejó de mirarme y enarcó sus finas cejas, con algo de disgusto.
Yo puse cara de besugo, si no la tenía ya, y recogí lo que pude, apartando un poco los botes hacia las estanterías.
Ella resopló y entró en un cuarto cercano del que salió con escoba, recogedor, cubo y fregona.
Cogí rápidamente una gomina indemne y salí de esa calle, encaminándome hacia la calle de las fragancias, colorado como el pack de tres de tomate frito que ya portaba bajo mis axilas, pues me niego a coger carros o cestas (mis broncas me llevo posteriormente).
Mi anhelada lavanda hallábase también en la estantería más superior, así que debía hacer malabarismos para elevar los brazos por encima de mis hombros y que no se me cayera nada.
Solo se me desajustaron las lonchas de jamón (escogidas sin mirar precios; mis broncas me llevo posteriormente), mal menor, pero agarré fuerte mi esperanzadora fragancia y la ubiqué bajo la axila izquierda, junto con los yogures. Mientras, oía a la cajera recoger en la calle paralela el destrozo que algún energúmeno había causado, y me llegaban ondas expansivas olorosas de la gomina desparramada.
Vaya tela cómo huele, pensé.
Entre la gomina y la lavanda no se me va a acercar nadie.
Estuve tentado de acudir a socorrer a la empleada, pero me contuve porque soy muy propenso a estropear aún más las situaciones generadas por mi, ya estropeadas.
Esperaba que por lo menos otro empleado me atendiera en la caja y no tuviera que soportar la humillación de su expresion facial de esfinge.
Me asomé a la caja.
No había nadie.
No había más empleados, ni reponedores ni nada parecido.
Yo realizaba ya contorsiones cirquenses para que no se me cayera de las axilas el resultado de la compra, con lo que había que actuar ipso facto.
Y en esas, pasó mi amiga de repente delante de mi; tras volver a colocar en el cuartito el material de limpieza empleado, me miró muy seria y me preguntó: ¿le cobro ya, señor?.
No sé qué me jodió más, si señor o ya.
Muy seria iba la muchacha, demasiado.
Dije que sí con la cabeza, movimiento en falso, dado que hizo que se me descolocara de la axila derecha la mantequilla sin sal.
Debí decir sí, que soy carajote.
Afortunadamente, no hubo destrozo alguno porque si no, mi amiga la esfinge, que tenía justo enfrente y que miraba incrédula la escena, me hubiera podido estrangular con sus manos sin resistencia por mi parte y con todos los posibles eximentes penales de su parte.
Con mucha tranquilidad, mi cajera favorita recogió el tarro, y cuando yo creía que lo iba a reajustar en el hueco axilar, lo depositó en la cinta de su caja.
Es más sensato, pensé.
Agradecí su gesto y me encaminé, igual que ella, hacia el místico lugar donde iba a ser, a un mismo tiempo, cobrado y silenciosamente regañado a través de su mirar inquietante.
Místico por cuanto me encontraba transportado fuera de mi, tal era mi éxtasis.
Me debatía sobre si pedir disculpas por lo ocurrido o no, pero es que su profesionalidad era mayúscula, y pasaba con inusitada celeridad toda la compra realizada, sin dar cabida a mi participacion.
No me miraba.
Cuando terminó de pasar las galletas digestive de limón (¡no eran de limón, coño!; mi bronca me llevaré luego) , sí osó alzar su cabeza y posar sus ojos sobre los míos.
¿El señor quiere una bolsa?
Me volvió a joder lo de señor.
Yo templé la situación, dilaté la reciprocidad visual unos segundos, y muy digno, respondí: sí, por favor.
Tras pagar, introduje lo pagado en la bolsa, y ahora sí le pedí disculpas por el desparrame en el suelo, agradeciendo su intervención.
Ella me contemplaba muy hierática y solemne, y sosteniendo la mirada un ratito de más, me dijo con sorna que esperaba que la lavanda oliera mejor que el gel capilar.
Eso espero yo también, le contesté.
Y me fui.
No volví a pisar el supermercado en dos meses.
Tuve que ir a otro un poco más lejano, con un cajero barbudo con pendiente, con el que no compartía miradas, solo gruñidos.
Aún conservo mi ambientador lavanda, que lo uso en días seleccionados, cuando hay invitados especiales- la creme de la creme-, y cuando he abusado de mis vergonzosas rutinas.
Al expandir con el vaporizador su relajante encanto por mi cotidiana atmósfera, recuerdo los ojos de la cajera en un entorno idílico color lila- púrpura pálido, perdón- y el episodio de cubos y fregonas y demás despropósitos.
Al menos conseguí que me hablara.
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