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Viernes 27 de Agosto

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                  Fin de semana: Viernes 27 a Domingo 29 de Agosto de 2.021

Holaaa samigooosss !!!

Esta semana tenemos un artículo sobre el uso del humor en los momentos malos, chistes breves, gallegadas, humor desde las redes sociales, una nueva serie de sutilezas y unos textos humorísticos muy ocurrentes y divertidos. Esperamos que sean del agrado de todos y les deseamos un muy buen fin de semana.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor.

El uso del humor como mecanismo vital ante los malos momentos. (Por Alicia Garrido Martín)

El humor, aunque no lo parezca, en muchas ocasiones representa un mecanismo de defensa ante situaciones estresantes o difíciles que solemos atravesar.

Da color a la oscuridad, pone una sonrisa a lo difícil y se contagia.

Pareciera el antídoto perfecto, ¿verdad?

Los mecanismos de defensa son estrategias que utilizamos para afrontar situaciones internas o externas que nos resultan desagradables.

De alguna manera es como si con su potencia consiguieran hacer más pequeño a ese monstruo “malvado” que viene a instalarse.

Ya sea la tristeza por la pérdida de alguien, la rabia por una ruptura reciente de pareja o el diagnóstico de una enfermedad...

Combate el estrés tratando de hacerlo más pequeño, más inofensivo…

Menos temerario y raro.

A veces estos mecanismos de defensa consiguen que olvidemos nuestro sufrimiento o que recoloquemos a las fuentes del mismo en nuestras vidas.

El espacio de aire puro que nos confiere el humor en nuestro interior es tan inmenso que pareciera que estamos aparentemente bien, sin nada que nos perturbe.

El humor nos ayuda a escapar de las realidades incómodas

Seguramente hayas conocido a alguien que cuando está contando algo serio e importante lo hace con una sonrisa en su boca.

Una sonrisa que se torna en esa pequeña risa nerviosa que brota en carcajadas.

Pero algo no encaja… mientras escuchamos a esa persona no podemos dejar de pensar que hay algo que no cuadra.

¿Cómo puede estar contándonos algo, que se supone es importante/serio para él, riéndose?

Si te paras a pensar, hay muchas personas que cuando están hablando de que no es precisamente divertido, lo hacen riéndose.

Una risa que no se nos antoja auténtica…

Pareciera más un grito del alma que no sabe cómo expresarse forma salir, que una risa genuina.

Que una risa de las de verdad, de las que nacen del alma feliz.

Es más una risa que parece una interferencia.

Solemos percibir una disonancia entre lo que nos cuenta y cómo nos lo cuenta que nos hace plantearnos realmente la seriedad del asunto.

Hay personas que no van más allá y se quedan, en cómputo global, con esa risa.

¡Bueno! si se está riendo eso es porque no le afecta demasiado. Estará bien.”

Pero lo cierto es que hay algo que no nos encaja y es que cuando lo que decimos no conecta con cómo lo decimos hay algo que falla.

La incomodidad busca ser escuchada y aceptada, no negada

Es aquí donde actúa el humor como mecanismo defensivo ante una realidad incómoda de asumir.

El humor nos caldea, y en muchas ocasiones es un bálsamo que ayuda y nos ayuda a adaptarnos en muchas situaciones sociales.

El problema, como con todo, llega cuando esa es nuestra única manera de afrontar una situación.

Defendiéndonos” de ella, revolviéndonos contra ella.

No asumiéndola ni aceptándola tal como es.

Hay realidades que dan auténtico vértigo.

Asumirlas supone un cambio a nivel interno bastante profundo.

Y la manera de escapar de ellas es negándolas, distanciándolas de nuestra conciencia o minimizándolas…

Haciéndolas más pequeñas hasta la inexistencia.

No afrontar algo, por incómodo que sea supone distanciarse de lo que uno mismo es.

Tanto la comodidad como la incomodidad forman parte de la vida, y no podemos negar una u otra.

La “cura” no viene a través de la negación de lo que nos incomoda ver.

La cura parte de la aceptación… y en este sentido, para aceptar hay que mirar hacia dentro y mostrar una suerte de respeto inicial por aquello que encontremos.

Cuando tú no respetas una vivencia tuya, y la caricaturizas hasta la descomposición más absoluta de esta, generas que el otro no se la tome en serio.

Si no nos tomamos en serio enseñamos al otro a no tomarnos en serio

Podemos “educar” o no al otro para que nos respete.

En la medida en que no respetas como te sientes y elijes el humor como primer mecanismo para distanciarte de TU realidad, difícilmente incentivarás que el otro respete tus vivencias más intimas.

Le estás enseñando que puede reírse y no tomarte en serio.

Que lo que hablas no es importante porque “no te afecta”.

Cuando realmente SÍ te afecta, solo que te es tan doloroso o tan incómodo que tu primera reacción es distanciarte de ello.

Todo tiene su medida, igual que toda situación tiene su proceder. La risa tiene su lugar, igual que el llanto; la sonrisa tiene su momento, igual que tiene el suyo la severidad”

-Al-Yâhiz-

Por ello es importante identificar estos signos de incongruencia entre lo que uno siente y lo que uno manifiesta, entre lo que dice y cómo lo dice…

Esa incongruencia nos dará pistas para poder ayudar a esa persona a sentirse más cómoda con su incomodidad.

A veces lo más sencillo es escuchar lo que realmente nos quiere decir sin perdernos en ese juego de máscaras y de caricaturas.

Probablemente esa persona esté deseando ser escuchada sin ser juzgada y tan solo necesite escuchar un “está bien que estés mal (normal/consecuente con las circunstancias en las que te encuentras) y puedes manifestarlo aquí conmigo si así lo necesitas”.

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  • Humor desde las redes sociales...

1.

La pareja discute y ella le dice a él:

-”¡Estoy harta de ver como todos nuestros amigos tienen bebés, menos nosotros!”

-”Es que ellos cojen…”

-”¡No me cambies de tema!”

2.

La mujer entra en la farmacia y pregunta:

-”¿Tiene condones XXL?”

-”Si, claro señorita.”

-”Pues me voy a quedar aquí un rato a ver quién los compra.”

(Gracias Iche !!!)

3.

Tener sexo constantemente mejora la memoria.

Feliz navidad para todos.

4.

-”¿Sabes que le dijo Bob Marley al jardinero?”

-”No, ¿qué le dijo?”

-”Regue.”

5.

-”Por tu manera de hacer el amor vos debes ser ginecóloga.”

-”Y vos debes ser anestesista…”

-”¿Cómo te diste cuenta?”

-”Porque no sentí nada.”

6.

-”Mama, en la escuela me cargan, me dicen José Luis Perales...”

-”No te preocupes hijo, mañana te mando con un amigo mío que los va a hacer callar.”

-”¿Y cómo es él…?”

(Gracias José Luis !!!)

7.

Toda mujer, a la larga se acostumbra.

A la corta nunca.

(Gracias Esther !!!)

8.

El niñito le pregunta a su padre:

-”Papá, ¿te has enamorado alguna vez de una profe?”

-”Sí, una vez.”

-”¿Y qué pasó?”

-”Tu madre te cambió de colegio.”

(Gracias Enrique !!!)

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  • Normas de la familia…

1. Mamá tiene razón.

2. Pase lo que pase, mamá siempre tiene razón.

3. Mamá no grita: enfatiza lo importante.

4. Mamá no regaña: aconseja.

5. Mamá no agobia: acentúa los detalles.

6. Mamá no discute: explica la situación.

7. Mamá no está todo el día en Internet: se mantiene al día.

8. Mamá no se tira en el sofá: medita.

9. Mamá no está sin hacer nada: se relaja.

(Gracias Esther !!!)

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  • Gallegadas…

Debido a las protestas de grupos feministas españoles, quejándose que los chistes de gallegos solo sonde hombres, aquí les van ahora los de gallegas:

1.

La Toña le dice a su amiga:

-”¡Muérete de envidia! Me regalaron una lavadora y creo que fue Lady Gaga.”

-”¿Y cómo sabes?”

-”Pues porque la caja decía LG.”

2.

-”Marijosé: ¿Sabes quién fue Juana de Arco?”

-”Pues, una drogadicta.”

-”¿De dónde sacaste eso?”

-”Pues del libro, dice que murió por heroína.”

3.

-”Señorita JUSTA : ¿Qué opina usted del papanicolau?”

-”Sinceramente me caía mejor el papa Juan Pablo segundo.”

4.

La GLORIA dice:

-”Me dijo el doctor que me tomara 3 muestras de orina, pero nada más me tomé 2, ¡sabe horrible!”

5.

-”¿Qué opinas sobre las hipotecas, Josefa?”

-”Bueno me parece una excelente idea que los hipopótamos tengan donde bailar…”

6.

-”¿Cuca viste el Señor de los Anillos?”

-”Sííí, pero no le compré nada…”

7.

Dice Toña:

-”¿Qué pasa con el facebook? Me dice "su clave es incorrecta", entonces pongo "incorrecta" pero ¡no abre!”

8.

Un cura en la iglesia dice:

-”Hoy confesaré a todas las devotas.”

Se levanta Gertrudis y pregunta:

-”Y a las que vinimos en sandalias... ¿cuándo nos toca?”

9.

Josefa sale corriendo y grita:

-”Auxilio, me robaron mi camioneta.”

Un señor se acerca y le pregunta:

-”¿4 x 4?”

-”Mmmmmm... 16... pero ahora ayúdeme, ¿si?”

10.

-”Señorita Jesusa, ¿Qué opina usted sobre la gelatina?”

-”Bueno en realidad no sé qué decir. En mi escuela sólo conocí la "Y" griega y la "I" latina, pero la "G" latina nunca supe de ella, a lo mejor no fui ese día a clases.”

11.

-”Señorita Josefa... ¿Le corto su pizza en 4 ó en 8?”

-”En 4 nomás, no creo que me coma 8 pedazos.”

12.

-”Dígame Vero.. ¿A qué corresponde esta fórmula química H2O+CO+CO?”

-”Bueno, tampoco soy tan bruta ¿no?, pues que eso es agua... de coco...”

(Gracias Susana !!!)

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  • Sobre abogados...

Un abogado judío ortodoxo tenía mujer y doce hijos, necesitaba alquilar una casa más grande, sin embargo estaba teniendo muchas dificultades para alquilar, para encontrar un lugar para su numerosa familia.

Cuando decía que tenía doce hijos nadie le quería alquilar una casa porque sentían que los chicos destruirían el lugar.

No podía decir que no tenía hijos porque un judío ortodoxo: no debe mentir.

Entonces le pidió a su esposa que fuera a caminar por el cementerio con sus once hijos y se llevó al restante con él para ver casas en alquiler.

Le encantó una de las casas y el precio era el correcto.

El agente inmobiliario preguntó:

-”¿Cuántos hijos tiene?”

Él respondió:

-”Doce.”

El agente preguntó:

-”¿Dónde están los demás?”

El abogado judío con su mejor cara de tristeza que usan los abogados en la sala de tribunales respondió:

-”Están en el cementerio con su madre…”

MORALEJA: “No siempre hay que mentir, sólo elegir las palabras adecuadas…”

RECUERDEN: La mayoría de nuestros políticos son ¡Abogados!

(Gracias Iche !!!)

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  • Sutilezas...

1.

Doña Fecundina, mujer de pueblo, era madre ya de 15 hijos.

Fue con un ginecólogo de la ciudad, el doctor Wetnose, y le manifestó que no quería ya tener familia.

El facultativo le entregó un frasco de píldoras anticonceptivas.

-”Con estas pildoritas”, -le indicó, -”ya no encargará usted.”

Meses después regresó doña Fecundina. Lucía las evidentes señas de su decimosexto embarazo.

Le preguntó el galeno:

-”¿Usó usted las píldoras que le receté?”

-”Me las puse, doctor”, -respondió ella, -”pero se me caían…”

2.

Wormilio, empleado de don Algón, se sintió mal en la oficina, y aunque eran apenas las 10 de la mañana decidió irse a su casa.

Cuando llegó vio algo que lo dejó sin habla y sin otras cosas más.

He aquí que su mujer se estaba refocilando con un hombre en cuya persona el coronado esposo reconoció a su jefe.

-”¡Qué bueno que llegas, Wormilio!”, -le dijo alegremente don Algón al infeliz cuclillo, -”Precisamente le estaba diciendo a tu señora que en la empresa hay un ascenso disponible, con un aumento sustancial de sueldo, para el empleado que demuestre tener tolerancia para las fallas de los demás, comprensión para sus semejantes, y que sepa conservar la calma en los momentos críticos…”

3.

Aquel joven soldado tenía ya dos años ausente de su casa.

Lo llamó por teléfono su madre, y en el curso de la conversación le dijo:

-”Cuando regreses te va a gustar mucho Lilibelle, la hija de la vecina. Ha crecido 30 centímetros.”

Replicó el muchacho:

-”Si ha crecido 30 centímetros entonces es mucho más alta que yo.”

Aclaró la señora:

-”30 centímetros de busto…”

4.

Gastamos mucho en ropa, y sin embargo nuestros momentos más disfrutables son cuando nos la quitamos.

Un beduino del desierto contrajo matrimonio con una bella hurí.

La noche de las bodas le pidió a su mujer que se despojara de las profusas vestimentas que la cubrían de la cabeza hasta los pies.

Ella cumplió el deseo de su esposo, pero se asombró cuando éste tomó una cuerda y se dispuso a atarle las piernas por los tobillos.

-”¿Por qué haces eso?”, -le preguntó, intrigada.

Contestó el beduino:

-”¿Qué no vas a tirar patadas como hacen en estos casos las camellas?”

5.

El doctor Ken Hosanna estaba desahogando una necesidad menor en el baño del restorán "La visión de Homero".

A su lado hacía lo mismo un hombrecito que una y otra vez guiñaba el ojo izquierdo.

El doctor observó eso y le dijo:

-”Perdone usted, amigo, pero advierto que sufre usted un tic nervioso que amerita la intervención de un buen psiquiatra. Le recomiendo a mi amigo el doctor Duerf, que de seguro se lo quitará.”

-”No padezco ningún tic”, -respondió tímidamente el pequeño señor, -”Lo que pasa es que me está usted salpicando...”

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  • El Programa… (Por Jam Louvier)

Por avatares del destino esos pingüinos habían escogido mi patio como lugar de cría.

Entonces no sabía que estos animalitos pudieran ser tan cansinos.

Cuatro agotadores años padeciendo su trompeteo nupcial.

¿Cómo podían aguantar día y noche con el pecho inflado y aleteando de continuo tras las hembras?

¿Qué tenían en la cabeza salvo sexo, sexo y más sexo?, me preguntaba asombrado.

Aunque parezca extraño no vivo en la Patagonia sino en plena costa Andaluza, concretamente en La Línea de la Concepción, provincia de Cádiz, entre chiringuitos playeros, espetos de sardinas y sonrosados turistas ávidos de sol y cerveza fresquita.

Lo de los pingüinos es un hecho singular que cambió mi vida cuando una colonia de éstos animalitos decidió establecerse en el porche de mi casa, en el mismo paseo marítimo, y todo por causa de un “reality show” popularmente conocido como “NHC”.

NHC, sigla de “No Hay Cojones”, era un programa televisivo de alta audiencia a nivel mundial que reunía cada semana a los gobernantes más poderosos de la tierra y los sentaba en la cocina de uno de ellos.

Se pretendía limar asperezas y buscar soluciones conjuntas para los grandes problemas que acuciaban a nuestro planeta.

Para ello se partía de la premisa de que el roce hace el cariño, y que una buena comida regada con una botellita de esto y otra botellita de lo otro, facilitaba el acercamiento de posturas.

Y así, entre copitas y entremeses variados, dirigían la política internacional con alegría y de forma totalmente distendida.

En un principio la idea fue buena y permitió grandes avances sociales que la humanidad agradeció.

Pero en otros casos las decisiones tomadas tuvieron efectos colaterales no esperados, y que como veremos me tocó sufrir en primera persona.

Todo empezó años atrás, cuando en uno de estos programas se debatía sobre el cambio climático y las medidas a adoptar para reducir el preocupante aumento de las temperaturas.

Aunque el coloquio se inició escaso de ideas y de brío, pronto se animó.

Bastaron trece botellas de buen vodka moscovita para que numerosas propuestas vieran la luz.

Si bien las hubo de todo tipo, la guinda la puso el gran jeque “Abdullah Ben Saif Al Maunsor”, que de pie sobre el lavavajillas y tras una estructurada exposición en la que apeló a la responsabilidad común y a la herencia que íbamos a dejar a nuestros nietos, consiguió arrancar los aplausos y alguna lágrima del resto de comensales.

El discurso, en un perfecto árabe yemení, estuvo cargado de vehemencia y gestualidad, y concluyó con “un no hay cojones” consistente en trasladar un iceberg, del tamaño de la isla de Sicilia, al mar de Libia.

El primer ministro ruso, Vladímiro Mostashov, instantes antes de caer redondo entre balbuceos y con la mirada perdida, recogió el guante con entusiasmo.

Cuando despertó y sus traductores le pusieron al corriente del compromiso contraído, el bueno de Vladimiro lejos de arredrarse, e irguiéndose todo lo que pudo, espetó que la madre Rusia trasladaría el iceberg, pero uno más gordo para que el fresquito aguantara más tiempo.

La propuesta fue muy bien acogida por los países mediterráneos cuyos ciudadanos salieron con regocijo a la calle, arremolinándose en sus costas con banderitas de colores para ver pasar semejante cubitera.

Tras una semana de espera el entusiasmo se enfrió, al conocerse la noticia de que el iceberg nunca llegaría a su destino.

Por lo visto se había quedado encallado a la altura del Estrecho de Gibraltar, y por mucho que tiraban de él doscientos remolcadores, con el sonrosado Vladimiro a la cabeza, la cosa dejó de avanzar, por lo que se decidió dejarlo ahí, uniendo para asombro de la humanidad la costa española y marroquí.

La nueva Pangea...", “Euráfrica...”, “La hostia puta...”, titularon los principales rotativos internacionales.

Ciertamente llegó a resultar ciertamente cansino el tema, que ocupó las cabeceras y entradillas de todos los medios durante semanas, con declaraciones continuas del bueno Vladimiro en las que se quejaba y culpaba a terceros de la falta de éxito de su misión:

-”Si el peñón de Gibraltar”, - manifestó Vladimiro con vehemencia, -”no hubiera estado en esas coordenadas y sí en otras más propias de tierras inglesas, como los condados de Kent o Sussex, que están donde deben, el iceberg hubiera llegado a su destino.”

Y siguiendo ese hilo argumental propuso volar la Roca para desencallar el problema.

Pero la falta de compromiso de los ingleses, según informó, lo impidió. Incomprensiblemente no aceptaron la propuesta, a pesar de que los misiles y el traslado de lo que quedase del Peñón tras el bombardeo, incluidos sus simpáticos monos, corrían por cuenta de la artillería rusa.

Y mientras se producía este ir y venir de acusaciones mutuas, la vida se adaptaba a los cambios con sorprendente celeridad, acomodándose a las nuevas circunstancias.

Así, los inmigrantes dejaron de entrar en patera al viejo continente, ahora lo hacían con esquíes y a gran velocidad.

Esto último debido a la elevada pendiente del iceberg en su punto de inserción con la costa gaditana, y a la falta de pericia de los “sin papeles” sobre los esquíes, que según cogían velocidad se preguntaban unos a otros dónde cojones estaban los frenos.

Por lo que generalmente paraban al choque, estampándose contra el primer cartel, muro o elemento vertical que se interponía en su camino.

Y entre esquiadores, turistas y sevillanas con bufanda, aparecieron los pingüinos.

En los días sucesivos al impacto desembarcaron miles de ellos con sus graciosos andares y aleteos nupciales.

No tardaron en esparcirse por las playas al olor del espeto de sardinas.

Primero ocuparon los chiringuitos y pescaderías, y seguidamente las casas circundantes, entre las que estaba la mía.

Y he de decir que después de todo tuve suerte.

Dos calles más abajo criaban un par de morsas con muy mala leche que hacían la vida imposible a los propietarios del inmueble, a los que atormentaban continuamente con sus sonoras ventosidades y mostrándoles sus enormes y babeantes colmillos cada vez que se cruzaban con ellos.

Tras mis reiteradas quejas al consistorio sobre los problemas padecidos, al fin obtuve respuesta.

En la misiva el Ayuntamiento se hacía cargo de mi situación y mostraba toda su comprensión al respecto, pero me recordaba que de acuerdo con el convenio CITES, firmado en Washington el 3 de marzo de 1973, y al que el Reino de España se adhirió el 16 de mayo de 1986, todas las especies de pingüinos, morsas y bichos árticos en general, estaban incluidos en su “Apéndice I de alta protección”, por lo que me recordaban que no solo estaba prohibido perturbar sus lugares de cría, sino que también era motivo de sanción grave molestarlos e incluso inquietarlos.

Así que, cuatro años después ahí estaba yo, pendiente de que aquellos pequeños cabrones estuvieran a gusto en mi porche.

Cosa de la que no me cabía duda viendo que todo el día se empleaban a fondo en lo mismo: “sexo, sexo y más sexo” … :)

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Viernes 20 de Agosto

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                  Fin de semana: Viernes 20 a Domingo 22 de Agosto de 2.021

Holaaa samigooosss !!!

Esta semana tenemos un artículo sobre la importancia del humor en ciertas profesiones, humor llegado desde las redes sociales, chistes variados, pensamientos no muy profundos, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy interesantes. Esperamos que se diviertan y que pasen una muy buena semana.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor.

El reto de las profesiones más intensas emocionalmente (Por Gema Sánchez Cuevas)

Los profesionales de la salud que trabajan en emergencias, los agentes de policía o los equipos de bomberos se enfrentan, en su día a día, a situaciones muy complicadas, donde los picos de tensión pueden ser muy altos.

Eso hace que su trabajo se convierta muchas veces en ese factor que produce desequilibrios emocionales.

La crudeza de estas situaciones radica principalmente en la implicación de otras personas y en las adversidades que éstas experimentan.

Por ejemplo, un médico que trabaja en emergencias tiene que tomar decisiones importantes en un corto espacio de tiempo, muchas veces sin tener toda la información de lo que le sucede al herido e incluso asumiendo el riesgo de hacerle más daño. Mover o no a una persona en un determinado momento puede causarle una parálisis o salvarle la vida.

En estos casos, el aderezo del humor puede ayudar a bajar los niveles de estrés una vez que se ha tomado la decisión y antes de que venga el siguiente momento de tensión.

El papel crucial del humor como terapia en emergencias

La gran utilidad del humor como terapia en estos contextos se puede dividir en estas facetas:

- El humor como herramienta para la propia salud y desempeño, a corto y a largo plazo.

Permite pasar por alto lo antiestético, normalizar la rudeza de las situaciones y evitar la desesperación.

Ayuda a tomar el control sobre la situación, atenuando el impacto de la misma.

- El humor como herramienta para la relación entre compañeros.

La complicidad en situaciones de estrés entre los miembros del equipo de trabajo puede jugar un papel especialmente importante en el rendimiento y cooperación.

Además, el clima de confianza que genera facilita la expresión de emociones en momentos posteriores.

- El humor como herramienta para la relación con los pacientes/afectados.

Para una persona que se encuentra en una situación muy estresante y ante la que no puede hacer nada, como cuando hemos llamado a una ambulancia y estamos esperando a que llegue, el humor puede actuar como un “salvavidas” emocional.

El humor es bueno cuando es sensible al contexto

Es tan importante usar el humor en situaciones en las que puede bajar la tensión como abstenernos de darle paso en las situaciones en las que solo puede aumentar esta tensión.

En este sentido, las personas somos únicas, igual que las circunstancias que nos rodean en cada momento.

Esto requiere una observación y adaptación constante ante un entorno muy dinámico.

Así, el uso del humor como elemento que puede generar todos los efectos descritos, requiere de un uno inteligente del mismo.

De una selección de momentos basada en la empatía y el respeto.

En caso contrario, puede ser muy contraproducente.

Por otro lado, en caso de duda podemos probar a utilizarlo de una manera muy suave, respondiendo después al feedback que nos den los demás.

El humor, en el marco de la terapia y fuera de ella, es una aliado muy poderoso cuando lo utilizamos con inteligencia.

Con inteligencia quiere decir de manera adaptada a la situación.

En el fondo hablamos de un estilo de comunicación.

Un estilo de trabajo.

Un estilo de vida.

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  • Humor desde las redes sociales...

1.

-”Aprendí a decir NO, y me siento mucho mejor.”

-”¿Querés otra cerveza?”

-”Sos jodido, eh…”

2.

Las reuniones de Zoom parecen sesiones de espiritismo:

-”Dario, ¿estás ahi?”

-”Carlos, si me oís hablá…”

-”Jorge, te estamos perdiendo...”

(Gracias Leticia !!!)

3.

Leí por ahí que en unos 20 años ya no existirá el dinero físico.

En mi casa, como siempre, adelantándonos al futuro.

(Gracias Claudia !!!)

4.

El lenguaje inclusive no dio el resultade esperade.

¡Que pene tan grande!

(Gracias Iche !!!)

5.

Leí un aviso que decía:

Buscamos 10 personas que quieran bajar entre 5 a 20 kilos.”

Fui, y era para descargar un camión…

Qué feo que jueguen así con los sentimientos de uno.

(Gracias Jorge !!!)

6.

Un romano llega a un bar, levanta dos dedos y dice:

7.

Dicen que hay música que te transporta a otros lugares.

Hoy, por ejemplo, en un café pusieron a Ricardo Arjona y me fui a otro café...

(Gracias Isabel !!!)

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  • Pensamientos no tan profundos…

1.

Decir: ‘Tengo hambre.’ y que te respondan: ‘Hay fruta.’ también es una forma de violencia.

2.

El día que muera y me convierta en un ser de luz, voy a electrocutar a unos cuantos…

3.

¿Qué será de la vida del viejo de la bolsa?

Si me habrá hecho tomar la sopa y dormir siesta ese hdp…

4.

Dejá de subir fotos viejas…

Ya sabemos que leudaste en cuarentena.

5.

Los feos estamos para que los lindos puedan verse lindos…

Sin nosotros no existen, ¿ok?

6.

Con esto del Covid hay algo que no me cierra.

El pantalón, por ejemplo…

7.

Si las margaritas de tu calza se transforman en girasoles, no lo dudes…

Necesitás otro talle.

8.

De los creadores de: almóndiga, volka y toballa llega…

El lisopado”.

9.

La gente no es tan fea como sale en el DNI, ni tan feliz como aparenta en Facebook.

10.

Si está mal levantarse a la madrugada a picotear algo, ¿para qué le ponen luz a la heladera?

11.

La señora de las cuatro décadas de Arjona ya debe estar cobrando la mínima.

12.

¿Por qué cuando cocinás bien te festejan diciendo “ya te podés casar”?

Una cagada el premio…

13.

Le pongo agua caliente a la olla para que hierva más rápido ¿y vos querés que te tenga paciencia?

14.

La que dice que el tiempo para rápido, se ve que nunca se cortó mal el flequillo...

(Gracias Leticia !!!)

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  • Las cinco vocales...

La famosa escritora española Lucía Echevarría, ganadora del Premio Planeta 2004, dijo en una entrevista, que “murciélago” era la única palabra en el idioma español que contenía las 5 vocales.

Un lector, José Fernando Blanco Sánchez, envió la siguiente carta al director del diario ABC:

-”Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Echevarría diciendo que, “murciélago” es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.

Mi estimada señora:

Piense un poco y controle su “euforia”.

Un “arquitecto” “escuálido”, llamado “Aurelio” o “Eulalio”", dice que lo más “auténtico” es tener un “abuelito” que lleve un traje “reticulado” y siga el “arquetipo” de aquel viejo “reumático” y “repudiado”, que “consiguiera” en su tiempo, ser “esquilado” por un “comunicante”, que cometió “adulterio” con una “encubridora” cerca del “estanquillo”, sin usar “estimulador”.

Señora escritora, si el “peliagudo” “enunciado” de la “ecuación” la deja “irresoluta,” y piense de modo “jerárquico”.

No se atragante con esta “perturbación”, que no va con su “milonguera” y “meticulosa” “educación”.

Y repita conmigo, como diría Cantinflas:

¡Lo que es la ignorancia!

Solo me queda recomendarle que se refresque con hojas de “eucalipto”...”

(Gracias Susana !!!)

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  • ¿La vejez es triste…?

Salí del súper y busqué las llaves del auto.

No estaban en ningún bolsillo, solo tenía los documentos, teléfono, encendedor…

Volví adentro y busque entre los tomates, las papas, donde había estado, góndola de yerba, etc.

Una búsqueda rápida y tampoco estaban en esos lugares.

De repente me di cuenta de que tal vez las debería haber dejado puestas en el auto.

El auto puede ser robado si se dejan las llaves puestas.

¡Y si!

Corrí al estacionamiento y ¡NO ESTABA EL AUTO!

Inmediatamente llamé a la cana.

Les di mi ubicación, descripción del auto, patente, etc. dónde lo había estacionado, etc., etc.

También confesé que había dejado las llaves en el auto y que lo habían robado.

Entonces hice la llamada más difícil de todas…

A mi esposa.

-”Amooor…”, -tartamudeé, -”dejé las llaves en el auto... y me lo robaron.”

Se hizo un gran silencio.

Pensé que la llamada estaba distorsionada, pero luego escuché su voz.

Ella gritó:

-”¡Te llevé yo y te dejé en el súper, BOLUDO!”

Ahora era mi momento de callarme y tragar saliva...

Avergonzado y feliz también, dije:

-”¡Qué Bueno! Entonces vení a buscarme…”, - le pedí.

Gritó de nuevo:

-”¡NO PUEDO PELOTUDO! ¡Estoy en cana! Cuando convenza a la policía, que yo no robé el auto y se me pase la bronca, veo si voy…”

(Gracias Iche !!!)

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  • Sutilezas...

1.

Impericio, ingenuo muchacho, se prendó de una muchacha bastante feíta pero que a él le parecía una beldad.

Deseoso de gozar los encantos que sólo él veía le pidió consejo a un amigo.

Le dijo:

-”Tengo un mes de llevar a Uglilia a cenar todas las noches y a bailar todos los fines de semana. Le he enviado flores; le he hecho regalos caros. ¿Crees que ya es tiempo de que le haga el amor?”

-”No”, -respondió el amigo, terminante, -”Ya le has hecho demasiados favores…”

2.

Babalucas entró en una papelería.

Preguntó:

-”¿Tienen papel para difunto?”

Respondió desconcertado el dependiente:

-”No conozco esa clase de papel.”

Babalucas fue a otra papelería:

-”¿Hay papel para difunto?”

-”De ése no tenemos”, -le dijo con extrañeza la encargada.

Babalucas preguntó en una tercera papelería:

-”¿Venden papel para difunto?”

-”No lo manejamos”, -contestó, intrigado, el dueño.

Regresó Babalucas a su casa y le informó a su esposa:

-”En ningún lado venden papel para difunto.”

-”¡Ay, Babalucas!”, -alzó los ojos al cielo la mujer, -”¡Te dije 'papel parafinado'!”

3.

La novia resultó más apasionada de lo que el novio suponía, y en la noche de bodas le hizo varias solicitudes amorosas: una demanda amorosa; dos demandas amorosas; tres demandas amorosas.

El exhausto desposado obsequió ya con notorio esfuerzo la cuarta demanda, y al terminar de hacerlo dejó escapar un silbido al mismo tiempo de asombro y de cansancio.

Hizo:

-”¡Fiu!”

-”¡Bueno!”, -se enojó la noviecita, -”¿Viniste a follar o a silbar?”

4.

El hombre de la joyería le mostró un reloj al cliente.

-”Es muy bueno”, -le dijo, -”Se da cuerda con el movimiento de la mano.”

-”Entonces no lo compro”, -manifestó el señor, -”Es para mi hijo adolescente, y lo podría encuerdar…”

5.

Una mujer bebía su copa en la barra de la cantina.

Se le acercó un beodo y le dijo con tartajosa voz:

-”Te pareces mucho a mi mujer.”

Ella lo rechazó, molesta:

-”¡Quítate de aquí, borracho inmundo; briago insolente; ebrio desvergonzado; majadero farotón!”

-”¡Mira!”, -exclamó sorprendido el temulento, -”¡Hasta hablas igualito que ella!”

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  • La fragancia y la cajera… (Por Petit Bourgeois)

En esos precisos momentos, buscaba gomina para el pelo.

Yo, cuando acudo a un supermercado, voy siempre acelerado, se me olvida más de la mitad de lo que mentalmente he preparado- me niego a escribir listas-, y cuando estoy cogiendo un producto, ya estoy pensando en el siguiente.

No voy nada concentrado, vaya.

Me llevo mis broncas después, por supuesto.

Y esa tarde, tenía básicamente dos anhelos que jerarquizaban mi listado mental: la gomina y un ambientador.

La elección adecuada de un supermercado de barrio, el que te saca de apuros en el día a día, no el de la macro compra, se basa en diferentes parámetros personales: el orden, la cercanía, las cajeras y poco más.

El que yo he frecuentado los últimos tiempos poseía estas virtudes para el hombre moderno: muy ordenadito todo, prácticamente al lado de mi casa, y una cajera con mirada penetrante, así como conducta silenciosa, cómplice y algo cautivadora.

Por mor del destino, deseaba secretamente un nuevo olor, una fragancia a modo de ambientador, algo que no había comprado jamás en mi masculina vida (la armadura de hojalata de la virilidad, Moehringer dixit).

Ese olor lo quería ubicar en el universo olfativo de mi despachín.

Debido a las particulares características de la labor que desempeño, y debido también, por qué no reconocerlo, a mis inconfesables rutinas, era necesario hacer acopio de material de enmascaramiento.

El olor elegido era el de lavanda.

En definitiva, y volviendo al presente de la historia, intentaba coger en esos momentos un gel capilar, colocado en la estantería más elevada, al tiempo que mi cabeza pensaba en estampas del sudeste francés, repletos de lavanda, cuyos efluvios provenzales me embriagan desde hace unos años, más desde sus connotaciones paisajísticas que desde sus implicaciones pituitáricas; costumbrismo y relax a partes iguales.

Hallábame yo por tanto inmerso en la tarea de agarre de la gomina, mientras dirigía mis expectativas visuales hacia la de la mirada penetrante, que estaba cobrando a alguien.

Al contemplarla yo mientras encontrábame enfrascado en mi tarea, me devolvió impertérrita la contemplación, me despisté un tanto y cayeron al suelo estrepitosamente dos botes destinados a ser aplicados en cabellos, no en superficies pulidas.

Al contactar con el pavimento, el contenido de los botes- fluido denso y espeso para nada inodoro- salió disparado en muchas direcciones, dejando la superficie por dónde pisábamos algo perjudicada, resbaladiza y pegajosa.

La cajera dejó de mirarme y enarcó sus finas cejas, con algo de disgusto.

Yo puse cara de besugo, si no la tenía ya, y recogí lo que pude, apartando un poco los botes hacia las estanterías.

Ella resopló y entró en un cuarto cercano del que salió con escoba, recogedor, cubo y fregona.

Cogí rápidamente una gomina indemne y salí de esa calle, encaminándome hacia la calle de las fragancias, colorado como el pack de tres de tomate frito que ya portaba bajo mis axilas, pues me niego a coger carros o cestas (mis broncas me llevo posteriormente).

Mi anhelada lavanda hallábase también en la estantería más superior, así que debía hacer malabarismos para elevar los brazos por encima de mis hombros y que no se me cayera nada.

Solo se me desajustaron las lonchas de jamón (escogidas sin mirar precios; mis broncas me llevo posteriormente), mal menor, pero agarré fuerte mi esperanzadora fragancia y la ubiqué bajo la axila izquierda, junto con los yogures. Mientras, oía a la cajera recoger en la calle paralela el destrozo que algún energúmeno había causado, y me llegaban ondas expansivas olorosas de la gomina desparramada.

Vaya tela cómo huele, pensé.

Entre la gomina y la lavanda no se me va a acercar nadie.

Estuve tentado de acudir a socorrer a la empleada, pero me contuve porque soy muy propenso a estropear aún más las situaciones generadas por mi, ya estropeadas.

Esperaba que por lo menos otro empleado me atendiera en la caja y no tuviera que soportar la humillación de su expresion facial de esfinge.

Me asomé a la caja.

No había nadie.

No había más empleados, ni reponedores ni nada parecido.

Yo realizaba ya contorsiones cirquenses para que no se me cayera de las axilas el resultado de la compra, con lo que había que actuar ipso facto.

Y en esas, pasó mi amiga de repente delante de mi; tras volver a colocar en el cuartito el material de limpieza empleado, me miró muy seria y me preguntó: ¿le cobro ya, señor?.

No sé qué me jodió más, si señor o ya.

Muy seria iba la muchacha, demasiado.

Dije que sí con la cabeza, movimiento en falso, dado que hizo que se me descolocara de la axila derecha la mantequilla sin sal.

Debí decir sí, que soy carajote.

Afortunadamente, no hubo destrozo alguno porque si no, mi amiga la esfinge, que tenía justo enfrente y que miraba incrédula la escena, me hubiera podido estrangular con sus manos sin resistencia por mi parte y con todos los posibles eximentes penales de su parte.

Con mucha tranquilidad, mi cajera favorita recogió el tarro, y cuando yo creía que lo iba a reajustar en el hueco axilar, lo depositó en la cinta de su caja.

Es más sensato, pensé.

Agradecí su gesto y me encaminé, igual que ella, hacia el místico lugar donde iba a ser, a un mismo tiempo, cobrado y silenciosamente regañado a través de su mirar inquietante.

Místico por cuanto me encontraba transportado fuera de mi, tal era mi éxtasis.

Me debatía sobre si pedir disculpas por lo ocurrido o no, pero es que su profesionalidad era mayúscula, y pasaba con inusitada celeridad toda la compra realizada, sin dar cabida a mi participacion.

No me miraba.

Cuando terminó de pasar las galletas digestive de limón (¡no eran de limón, coño!; mi bronca me llevaré luego) , sí osó alzar su cabeza y posar sus ojos sobre los míos.

¿El señor quiere una bolsa?

Me volvió a joder lo de señor.

Yo templé la situación, dilaté la reciprocidad visual unos segundos, y muy digno, respondí: sí, por favor.

Tras pagar, introduje lo pagado en la bolsa, y ahora sí le pedí disculpas por el desparrame en el suelo, agradeciendo su intervención.

Ella me contemplaba muy hierática y solemne, y sosteniendo la mirada un ratito de más, me dijo con sorna que esperaba que la lavanda oliera mejor que el gel capilar.

Eso espero yo también, le contesté.

Y me fui.

No volví a pisar el supermercado en dos meses.

Tuve que ir a otro un poco más lejano, con un cajero barbudo con pendiente, con el que no compartía miradas, solo gruñidos.

Aún conservo mi ambientador lavanda, que lo uso en días seleccionados, cuando hay invitados especiales- la creme de la creme-, y cuando he abusado de mis vergonzosas rutinas.

Al expandir con el vaporizador su relajante encanto por mi cotidiana atmósfera, recuerdo los ojos de la cajera en un entorno idílico color lila- púrpura pálido, perdón- y el episodio de cubos y fregonas y demás despropósitos.

Al menos conseguí que me hablara.

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