Fin de semana: Viernes 16 a Domingo 18 de Julio de 2.021
Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos la segunda parte del artículo sobre el humor durante la pandemia, chistes breves y variados, humor llegado desde las redes sociales, más sutilezas y unos textos humorísticos desopilantes. Esperamos que se diviertan y que pasen un excelente fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
Cuestiones de pandemia: la tolerancia del mal humor y el aburrimiento. (Por Marcelo R. Ceberio)
(Segunda parte)
Después de semanas, ¿malhumor y aburrimiento?
Hoy, lo que fue sorpresa y todo un proyecto para pasar el tiempo, en familia y sin trabajo, se transformó o se está transformando en tedio reorganizativo, a lo que hay que sumar que el peso de lo económico se está haciendo sentir.
Los que viven en familia y tienen hijos que deben cursar las clases del colegio de manera online inician un periplo de complicaciones de plataformas e-lerning, programas diferentes y nuevos y la ignorancia de todos a esta modalidad.
Las empresas que empiezan a buscar resultados en el teletrabajo, las clases de gym que agotan, los libros que se acaban, las series ya vistas…
En síntesis, se terminan los recursos innovadores y distractivos de la angustia, la ansiedad y el miedo, nuestra querida tríada emocional.
Entonces surge el mal humor, el fastidio, el hastío, el hartazgo y emociones similares de las que se desprenden las malas contestaciones, las caras enfadadas, los gestos de desagrado o los signos omegas en el entrecejo, todos indicadores del malestar.
Pero ¿qué hay detrás del malhumor?
En el backstage de estas actitudes se encuentran aquellas emociones que deseábamos eludir.
Y esto ocurre porque no siempre expresamos de forma directa ciertas emociones ni logramos decir “tengo miedo”, traducir la ansiedad en palabras o expresar nuestra angustia.
El malhumor del aislamiento
Somos como los niños cuando no muestran su mal humor o angustia de manera directa, sino que lo esconden tras actitudes de protesta, tristeza, enfado o agresión.
Nos sucede lo mismo.
La angustia la expresamos de múltiples formas: a través de la bronca, el fastidio o las somatizaciones más variadas como contracturas, dolores de estómago, cefaleas, etc.
Tampoco nos gusta llorar -que sería una vía directa de la expresión de angustia- porque creemos que es un signo de debilidad.
Por lo que si necesitamos eludir la debilidad y mostrarnos fuertes o blindarnos, resulta efectivo canalizar esa angustia a través de otros recursos.
Además, el mal humor lleva a la intolerancia.
La falta de paciencia con los demás nos lleva a no dejar pasar por alto ningún detalle ni ninguna reacción de la otra persona.
Y así es como sus actitudes pueden ser un excelente disparador de discusiones y peleas, pero también el facilitador de la catarsis para sacar fuera los sentimientos tóxicos que nos produce este tiempo de reclusión.
A veces, se busca la pelea como una vía de descarga de tensiones y ansiedades.
En la medida en que pasa el tiempo, se incrementa el mal humor en relación directamente proporcional, aunque el contexto es el mismo, pero la novedad de los primeros diez días va llegando a su fin.
(Continuará...)
Humor desde las redes sociales...
1.
Si tenés más de 45 años, dejá de buscar a jovencitas…
Necesitas una mujer madura, que sepa reconocer un infarto y primeros auxilios…
2.
Todas las personas tiene “química” con sus parejas.
Yo debo tener “matemáticas”, porque todo es problema.
3.
Me dijo:
-”Quiero tener un hijo tuyo.”
Y le mandé al más grande, que es el que más come...
(Gracias Iche !!!)
4.
Aunque fue poco el tiempo que estuvimos juntos, me hiciste muy feliz y me vas a hacer mucha falta en estos días…
Adiós aguinaldo.
(Gracias Gustavo !!!)
5.
Dicen que hay música que te transporta a otros lugares.
Hoy, por ejemplo, en un café pusieron a Ricardo Arjona, y me fui a otro café...
(Gracias Isabel !!!)
Variaditos...
1.
Siempre te preguntan cuando llegas a la consulta del médico la razón de tu visita, y tienes que contestar delante de otros y a veces, es muy desagradable.
No hay nada peor que una recepcionista que te pida que le digas qué te pasa en una sala de espera llena de pacientes.
Una vez entré a una consulta y me acerqué a la recepcionista -muy poco simpática- por cierto:
-”¡Buenos días, señorita!”
La recepcionista me dijo:
-”Buenos días, señor, ¿por qué quiere ver al Doctor?”
-”Tengo un problema con mi pene”, -contesté.
Como algunos se rieron, la recepcionista se irritó y me dijo:
-”Usted no debería decir cosas como ésas delante de la gente.”
-”¿Por qué no? Usted me preguntó qué me pasaba y se lo dije.”
La recepcionista -sonrojada- me dijo:
-”Podría haber sido más discreto y decir, por ejemplo, que tenía irritado el oído, y discutir el problema con el doctor más tarde y en privado.”
Yo le contesté:
-”Y usted, no debería hacer preguntas delante de extraños, si la respuesta puede molestar.”
Entonces, sonreí, salí y volví a entrar:
-”¡Buenos días, señorita!”
La recepcionista se sonrió socarronamente y preguntó:
-”¿¿Sí??”
-”Tengo problemas con mi oído.”
La recepcionista asintió y se sonrió, viendo que había seguido su consejo y me volvió a preguntar:
-”Y… ¿qué le sucede a su oído, señor?”
-”Me arde al mear...”
2.
Un grupo de ex-compañeros de colegio de 40 años, se reúnen para salir a cenar y eligen la parrilla El Algarrobo Negro, porque allí las mozas son muy jóvenes y se visten con pantalones ajustados.
Diez años después, a los 50 de edad, el grupito vuelve a reunirse y elige la parrilla El Algarrobo Negro, porque allí la carne es muy buena y la selección de vinos amplia.
Diez años después, a los 60 de edad, el grupo de amigos una vez más discute dónde van a ir a cenar, y eligen la parrilla El Algarrobo Negro porque el ambiente es tranquilo y la música agradable.
Diez años más tarde, a los 70 años de edad, los amigos discuten una vez más dónde van a ir a cenar, y eligen la parrilla El Algarrobo Negro porque tiene rampas de acceso para discapacitados y baños amplios y cercanos.
Diez años más tarde, a los 80 de edad, los amigos discuten una vez más dónde van a ir a comer, y eligen la parrilla El Algarrobo Negro ya que nunca han estado ahí y les gustaría conocerla…
(Gracias Alejandro !!!)
Brevedades…
1.
Estoy saliendo a la calle sin anillos, sin reloj, sin celular.
Si me roban quiero que sea por lo que soy, no por lo que tengo…
2.
Leí por ahí que en unos 20 años ya no existirá el dinero físico.
En mi casa, como siempre, adelantándonos al futuro.
3.
-”¿Qué vas a hacer mañana?”
-”Voy a comprarme anteojos.”
-”¿Y después?”
-”Y después veré…”
4.
A quien haya perdido 4 kilos, le aviso que los tengo yo…
5.
Cuando muera quiero que me entierren con mi anillo de bodas.
Para que Diosito vea que ya estuve en el infierno...
(Gracias Iche !!!)
Sutilezas...
1.
Recordaré la vez que doña Macalota, esposa de don Chinguetas, recordó en medio de la noche al oír ruidos extraños en el piso bajo.
Despertó a su marido y le dijo:
-”Alguien anda allá abajo.”
-”Es tu imaginación…”, -contestó adormilado don Chinguetas.
-”Mi imaginación no hace ruido”, -repuso doña Macalota, -”Alguien se metió a la casa. Ve abajo a ver.”
-”No”, -rechazó él, -”Si quieres baja tú.”
Se levantó la señora y fue por la escalera.
Después de largo rato regresó.
Venía desgreñada y con las ropas en desorden.
Le dijo a don Chinguetas:
-”Tenía yo razón. Un hombre entró en la casa. Se llevó la cuchillería y el reloj de pared. No sólo eso: al verme se lanzó sobre mí, me derribó sobre la alfombra de la sala y sació en mí sus bestiales instintos de libídine.”
Replicó don Chinguetas:
-”¿Ya ves? ¿Qué tal si hubiera bajado yo?”
2.
La joven esposa no oía bien.
En la sala le dijo su marido:
-”Comeremos y luego iremos a comprarte un aparato auditivo.”
-”Muy bien”, -accedió ella, -”¿Quieres hacerlo aquí mismo o vamos a la recámara?”
3.
El espía le informó a su jefe:
-”Esta noche el enemigo nos atacará por sorpresa.”
-”Muchachos”, -se dirigió el jefe a sus soldados, -”Cuando llegue el enemigo pongan cara de sorpresa. No me gusta aguarle la fiesta a nadie.”
4.
Libidiano, lúbrico sujeto, le hizo una proposición carnal a Dulcilí, muchacha de buenas costumbres (porque no había conocido aún las malas).
Opuso ella:
-”Lo siento, Libi, pero no te amo, y nunca he creído en el sexo sin amor.”
Porfió el impúdico galán:
-”Tú dame el sexo, linda. El amor yo veré dónde lo consigo…”
5.
Don Languidio Pitocáido, señor de edad madura, fue a confesarse con el padre Arsilio.
Le dijo:
-”Anoche tuve sexo con una mujer.”
-”Me sorprendes”, -manifestó el confesor, -”Siempre pensé que eras un marido fiel.”
-”Y lo soy”, -repuso don Languidio, -”La mujer con la que tuve sexo es mi esposa.”
El buen sacerdote se asombró.
-”¿Entonces por qué vienes a confesarte? Hacer eso con tu esposa no es pecado.”
-”Lo sé, padre”, -contestó el señor Pitocáido, -”Pero hacía años que no tenía sexo, y a alguien se lo tenía que contar...”
Zapato de cristal… (Por Brynlaith)
Cenicienta levantó la vista y vio en el reloj del salón que faltaba un minuto para medianoche.
Atemorizada porque el encanto pronto acabaría, se disculpó con el príncipe diciéndole que iba al baño y ya volvía.
Cruzó el salón a alta velocidad rumbo a la salida, pero cuando estaba bajando la escalinata del castillo perdió un zapato.
Amagó volver a recogerlo, pero justo vio que el príncipe venía hacia la puerta.
Pero ya faltaban segundos para que el encanto expirara y volviera a ser la zaparrastrosa de siempre, conque se olvidó del zapato y se lanzó de cabeza dentro del carruaje, estacionado en la entrada.
El cochero, apenas la sintió entrar, azotó el lomo de los caballos y con un poderoso "arre, carajo" se alejó a toda prisa.
El príncipe, que se había agarrado un metejón de aquellos con la princesita, sin saber qué pensar sobre la repentina huida de su querida, se puso tristongo y agachó la cabeza, y en eso vio el zapato de cristal en uno de los escalones.
Al otro día, bien temprano, fue hasta la perrera del castillo, escogió el mejor sabueso y le hizo oler el zapato.
El perro enterró el hocico dentro del zapato y luego olisqueó el aire; en seguida se agitó y tironeó de la correa con fuerza, ya había olfateado a la princesita.
Tironeado por el sabueso, el príncipe fue arrastrado por el camino real; chicoteado por las ramas del bosque que atravesaban y casi ahogado, cuando pasaron por un arroyo y se atragantó con una buena cantidad de berro que crecía en él.
Y ya de nuevo en otro camino, la polvareda levantada por las patas del perro se le metió en la nariz, en la boca, en los oídos y en el trasero también; hasta que finalmente alcanzaron una aldea.
En la entrada el sabueso se detuvo, olfateó el aire, que olía a estiércol, a impurezas corporales y a tortas fritas en grasa porcina.
-”No será fácil”, -pensó el sabueso, un tanto desorientado por la mezcla de olores.
Oteó las callejuelas, donde vio gente, carruajes y una perrita que a pesar de sucia estaba muy buena.
-”Creo que mañana me daré una vuelta por acá”, -pensó esta vez.
Luego paró las orejas, oyó los pregones de la feria, los gritos de los chiquillos y la exagerada respiración entrecortada del príncipe.
-”¡Silencio!”, -le ordenó al amo, con un ladrido intimidatorio.
-”¡Ajá!”, gruñó luego; finalmente había descubierto lo que buscaba.
De manera que salió a toda carrera con el príncipe a la rastra, haciéndolo chocar contra una carreta cargada con paja de lino, y contra cinco o seis puestos de feriantes, contra una vieja cargando una bandeja llena de apestosos bagres de río y contra las paredes de piedra de una estrecha callejuela.
Hasta que el sabueso se detuvo y, apuntando con la pata derecha, le señaló a su amo una fábrica de vasos de cristal, bien delante de su hocico.
Mi abuelo el inventor… (Por Gila)
Mi abuelo era un sabio, era inventor, había inventado una taza con el asa al lado izquierdo, para zurdos, decía:
-”Para que no tengan que ir a desayunar al otro lado de la mesa”.
Y también inventó un colador para pobres, sin agujeros, para que no se les fuera el caldo y mojaran pan.
Después quería inventar la radio en colores, ahí ya…
Estuvo en el balcón dos meses, con tres latas de pintura y una brocha, dando brochazos al aire y diciendo:
-”¡El día que le coja la onda...!”
¡Qué va a coger!
¡Una pulmonía!
Pero cómo le querían a mi abuelo en el barrio, la de gente que vino al entierro…
Le tuvimos que enterrar seis veces, la gente:
-”¡Otra, otra!”, y mételo y sácalo, parecía un bizcocho mi abuelo.
Cuando estaba dentro, llegaba una vecina:
-”¡Ay, que yo no lo he visto!”, y otra vez con el abuelo para afuera.
Mi abuelo era mayor que yo, sin embargo yo le daba consejos, y le decía siempre:
-”Abuelo, déjales los inventos a los japoneses…”
Porque es verdad, ¡cómo inventan esos tíos!
Y todo chiquitito, eso es lo que a mí me gusta de los japoneses, la delicadeza que tienen para los inventos.
Televisores del tamaño de una caja de cerillas.
¿Y los relojes?
Han inventado un reloj que tiene brújula, despertador, televisión en colores, alarma antirrobo, frecuencia modulada, calendario perpetuo, horóscopo, termómetro, cortaúñas y detector de mentiras, y aprietas un botón y te dice la hora que es en Bruselas, que parece una tontería, pero quién de nosotros no ha ido algún día por la calle y ha dicho:
-”¿Qué hora será en Bruselas?”
Están en todo.
Y han inventado un ojo de cristal , que ve, funciona con una pilita del tamaño de una lenteja, pero fíjense ustedes la ventaja de tener un ojo de cristal que ve.
En el fútbol, te toca un cabezón delante, haces así, te sacas el ojo, lo levantas y ves el partido mejor que en la tele; o estás en el cine, y a mitad de la película te entran ganas de ir a hacer pipí o lo otro, dejas el ojo en la butaca y cuando vuelves no tienes que andar preguntando:
-”¿Qué ha pasado, oiga?”
Y hace seis meses que están trabajando en una pierna ortopédica programada por computadora, como si mera una agenda; dices:
-”El lunes quiero ir a tal sitio, el martes a una reunión, el miércoles a comer con quien sea...”, -la programas para toda la semana y la pierna te lleva a todos los sitios.
Los japoneses son…
Ahora, parece mentira con lo delicados que son para los inventos, los nombres que se ponen, Kagasaki, Kagamoko…
Siempre el cagas por delante.
Los chinos no tienen problema con los nombres, cuando nace un chino, tiran una lata al aire, Chung Ping Pan, Ching Cung Chang, le ponen al niño el ruido de la lata y para casa.
Los chinos no inventaron nada, bueno, sí, inventaron la pólvora, la tinta y el arroz.
Cómo les gusta el arroz a los chinos, por eso tienen los ojos así, porque como el arroz estriñe mucho.
O sea, que no es de raza, es del esfuerzo.
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