Fin de semana: Viernes 8 a Domingo 10 de Enero de 2.021
Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos una edición de verano, “bajas calorías”, con un artículo sobre la teoría del humor como bisociación, humor desde las redes sociales, nuevas sutilezas, chistes de mozos y unos textos humorísticos muy interesantes. Esperamos que los disfruten y que pasen un muy buen fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
Teoría de la bisociación: Arthur Koestler
El concepto de humor por bisociación se le ha atribuido principalmente al ensayista húngaro Arthur Koestler, quien desarrolló efectivamente una teoría del humor en relación con el arte y el descubrimiento, en sus obras Insight and Outlook (1949) y The Act of Creation (1964).
Se trata, básicamente, del efecto del paso de un elemento de una serie a otra paralela, la conexión de una sucesión con otra, la combinación de elementos de dos contextos incompatibles.
Esta idea suya había sido expuesta anteriormente.
Kierkegaard ya había definido el humor como una contradicción indolora.
Jean-Paul Richter lo consideró como la relación entre dos cosas distintas.
El mismo Schopenhauer había aseverado que todo humor surge de una paradoja.
Según Chesterton, la risa surge del contraste entre la grandeza espiritual del hombre y la pequeñez que de hecho manifiesta muchas veces.
Léon Dumont escribió:
“Lo risible puede definirse: todo objeto respecto del cual el espíritu se siente forzado a afirmar y negar a un mismo tiempo una misma cosa.
En otros términos: es lo que determina a nuestro entendimiento a formar simultáneamente dos relaciones contradictorias.”
También Höffding había mantenido que el humor es un contraste entre dos ideas, en la que la emoción de una destruye la de la otra.
Koestler profundiza y matiza esta noción.
El humor es resultado de la confluencia de dos matrices de referencia bisociadas que se perciben simultáneamente o que abruptamente desembocan una en la otra.
La risa se dispara cuando el sujeto percibe dos elementos contrarios o incompatibles, que por algún motivo aparecen unidos, como en el típico chiste de doble sentido, o los contrastes de lo absurdo.
El doble significado o doble plano referencial es rasgo común a todos los campos de la creatividad y es fundamentalmente la base del juego humorístico:
La bisociación súbita de un suceso mental con dos matices habitualmente incompatibles produce el paso del pensamiento de un contexto asociativo a otro.
La carga emocional no puede trasladarse debido a su inercia y persistencia, y halla alivio en la risa.
Entre las principales contradicciones empleadas comúnmente pueden mencionarse sagrado y profano, superior e inferior, rico y pobre, listo y tonto, humano y animal, hombre y mujer, adulto y niño, etc.
A esto Michael Apter lo llama «teoría de la reversión.»
Esta teoría de la ambivalencia enuncia básicamente que las emociones no pueden ir a la par de un intelecto cambiante.
El pensamiento se mueve muy rápidamente para las emociones y esto provoca la risa.
«La risa es la agresión (o aprensión) privada de sus propia razón de ser; el alejamiento de la emoción a causa del pensamiento.»
Matizando esta forma de contraste, Camille Mélinaud afirma que el elemento esencial de lo risible consiste en una situación que desde una perspectiva aparece extraña pero desde otra es perfectamente natural.
«La risa se produce cuando una cosa es absurda desde un punto de vista y, desde otro, ocupa un lugar claro en una categoría definida.»
Además, en la apreciación de lo risible existen dos actos mentales distintos: la apreciación de la contradicción y la percepción de que esta contradicción no es fundamental.
A la explicación de Koestler se le han hecho pocas objeciones.
Tuvo bastantes seguidores.
Monro arguyó que el humor implica una mezcla de dos diferentes universos del discurso.
William Hazlitt escribió:
“La esencia de lo risible es lo incongruente, la desconexión de una idea de la otra o la contraposición de un sentimiento con otro.”
En un estudio más reciente, John Morreal afirma:
“La risa es la expresión de placer ante un cambio psicológico.”
También Michael Mulkay acepta esta opinión.
Humor desde las redes sociales...
1.
Decía un amigo que a la vida hay que ponerle azúcar, pimienta y sal.
Ahora tiene diabetes, hemorroides y presión alta…
2.
-”Yo creo que todo va a ir mejor: el año que viene seguro repuntamos y llueven inversiones.”
-”Vos debés tener… 32 años.”
-”Exacto. ¿Cómo lo supiste?”
-”Tengo un sobrino de 16 que es medio pelotudo.”
3.
En la carnicería:
-”Señor carnicero, ¿tiene corazón?”
-”Si, tengo.”
-”Entonces, ¿no me fía unos kilos de asadito?”
4.
El médico al paciente en el hospital:
-”Tengo una buena y una mala noticia.”
-”¿Cuál es la mala?”
-”Le amputaremos el pie izquierdo.”
-”¿Y la buena?”
-”Va a empezar el 2.021 con el pie derecho...”
(Gracias Iche !!!)
5.
Me limpié las lágrimas, me levanté y me dije a mi mismo:
-”Nunca más voy a ir en bicicleta sin manos…”
(Gracias Isabel !!!)
Humor en el tiempo...
1. La dura realidad del día a día...
Si Usted puede...
- Comenzar el día sin cafeína, nicotina o tranquilizantes.
- Comer, día tras día, la misma comida sin quejarse.
- Entender que el agua es la mejor cosa para matar la sed.
- Notar cuando existe tensión a su alrededor y evitar el peligro.
- Ser indiferente ante el alza del dólar y la caída de la bolsa de valores.
- Comprender que todos están muy ocupados para atenderlo.
- Aceptar críticas.
- Calmar su tensión sin precisar medicamentos.
- Tener paciencia para pasar las noches desvelado.
- Dormir tranquilamente a cualquier hora, en cualquier lugar.
- Relajarse al final del día.
- Disfrutar la caricia de una mano querida.
Entonces, es casi seguro que...
¡Usted es el perro de la casa!
2. Los años pasan...
Los años inexorablemente habían pasado, con una rutina diaria que invadía el hogar, y una noche de esas tantas noches indiferentes ocurrió algo inusual...
De repente ella, que estaba medio dormida, sintió que él la acariciaba...
Primero fueron caricias tímidas periféricas, como si tuviera pudor.
Luego las caricias fueron subiendo de tono.
Cada vez más, por todo el cuerpo sus manos la recorrían de arriba abajo como hacía años que no pasaba...
No pudo pensar, pero supuso que tres años por lo menos.
Sensaciones que creía olvidadas, volvían.
Su cerebro recordaba y ayudaba.
Las caricias se amontonaban y repetían, él la levantaba, la daba vuelta, ahora era un torbellino de sensaciones indescriptibles...
De repente... Nada.
¡¡¡Nada de nada!!!
-"¿¡Qué pasó? ¡¡¡Seguí por favor... quiero más!!!"
-"¡Shhhh…", -la calmó él, -"Ya está..."
-"¿¿¿Cómo ya está???"
-"Ya encontré el control remoto, seguí durmiendo..."
(Gracias Adriana !!!)
Sutilezas...
1.
-”Supongo, Afrodisio, que después de haberte entregado mi virginidad nos casaremos.”
-”Por supuesto que sí, Lilibel. Claro, a su tiempo, y cada uno por su lado…”
2.
Lord Feebledick tenía un perro alano que usaba en la cacería del jabalí.
Observó que el can se rascaba continuamente una oreja, y lo llevó con el doctor Herrioto, el veterinario del lugar.
Después de examinar al animal dictaminó el facultativo:
-”La rasquiña se debe a que el perro trae una infección en el oído interno, por el pelo que le crece ahí. Póngale un depilatorio y el problema desaparecerá.”
Fue el lord a la farmacia y pidió un depilatorio.
-”Los hay de varias clases”, -le informó el farmacéutico, -”Para el rostro, para las piernas…”
Precisó Feebledick:
-”Es para mi alano.”
Opinó el de la farmacia:
-”Tendrá que ser entonces un depilatorio fuerte. Pero debo advertirle, milord, que no podrá usted sentarse durante varios días…”
3.
Una atractiva mujer de bien formado cuerpo subió al atestado autobús.
No encontró un asiento libre, de modo que se dirigió a un señor que iba sentado.
-”Perdone, caballero”, -le pidió, -”¿Sería usted tan amable de cederme su asiento? Estoy embarazada.”
-”¡Discúlpeme, señora!”, -exclamó apenado el señor al tiempo que se ponía en pie, -”Es que no se le nota, y eso que soy médico. Permítame hacerle una pregunta: ¿cuánto tiempo tiene usted de embarazo?”
Respondió la mujer al tiempo que ocupaba el asiento:
-”Posiblemente una media hora, y vengo muy cansada…”
4.
-”No puedo confiar en mi padre”, -se quejó con sus compañeros el muchacho que había llegado de otra ciudad a estudiar en la Universidad, -”Le pedí que me enviara dinero para comprar una nueva laptop, y me mandó una nueva laptop…”
5.
Don Geroncio, señor maduro en años, logró que una mujer en plenitud de edad y carnadura prestara oído a sus demandas amorosas.
Con ella fue al departamento de la fémina.
Llegados que fueron a la habitación donde tendría lugar el trance de fornicio la mujer se tendió en el lecho en actitud que recordaba a la Maja Desnuda, la inmortal obra de Goya.
Don Geroncio entró en el baño.
No lo llevaba ahí ninguna urgencia natural, sino el intento de disponer el ánimo para hacer frente al compromiso con la frondosa dama.
Vio sobre el lavabo un pequeño frasco que contenía una pomada blanquecina.
Había oído hablar de cierto ungüento fortificador que las mujeres del oficio tenían a la mano para ayudar a los varones en su desempeño.
Alabando en su interior aquel auxilio procedió a aplicar en la correspondiente parte una profusa cantidad de la mixtura, con tan buenos resultados que un minuto después ya estaba en aptitud de enfrentar airosamente el amoroso reto.
Lo cumplió con prestancia don Geroncio, tanto que al otro día fue la mujer quien lo llamó para una nueva cita.
Otra vez el señor recurrió a la taumaturga pomada, con los mismos excelsos resultados.
Cuando acabó ese nuevo trance, feliz por el venturoso curso de los acontecimientos, don Geroncio fue al baño con el propósito de anotar el nombre de la pomada, a fin de comprarla en alguna farmacia para futuras ocasiones.
Leyó la etiqueta del frasquito.
Decía:
“Durillon, adieu. Pomada para las callosidades. Con la primera aplicación se ponen duras. Después de la segunda se caen en poco tiempo.”
Mozos…
1.
-”Mozo, mozo, hay un gusano en mi plato.”
-”No, señor, eso es su salchicha.”
2.
-”Mozo, mozo, hay una cucaracha muerta en mi ensalada. Quiero que venga el encargado.”
-”Eso no servirá de nada, señor, el encargado también le tiene asco a las cucarachas.”
3.
Dos tipos se sientan en la mesa de un bar y le dicen al mozo:
-”Mozo, mozo, quisiera una taza de té.”
-”Yo también, pero por favor, mi taza que esté limpia.”
-”Sí, señores.”
Al cabo de un rato, vuelve el mozo y dice:
-”¿Quién de ustedes me había pedido la taza limpia?”
4.
-”Mozo, mozo, tráigame un té sin leche.”
-”Lo siento, señor, no tenemos leche, ¿qué le parece un té sin crema?”
5.
-”Mozo, mozo, ¿qué es esto que hay en el menú?”
-”Eso es comida, señor.”
-”¡Pero que asco! ¿Y cada cuánto limpian ustedes las cartas?”
El coche…
Pongamos que un chico llamado Luis se siente atraído por una mujer llamada Ana.
Él le propone ir juntos al cine, ella acepta, se lo pasan bien.
Unas pocas noches después él le invita a ir a cenar, y de nuevo están a gusto.
Siguen viéndose regularmente, y un tiempo después ninguno de ellos ve a ningún otro.
Entonces, una noche cuando van hacia casa, un pensamiento se le ocurre a Ana y, sin pensarlo realmente, dice:
-”¿Te das cuenta de que justo hoy hace seis meses que nos vemos?”
Y entonces se hace el silencio en el coche.
A Ana le parece un silencio estruendoso.
Ella piensa:
-”Vaya, me pregunto si le habrá molestado que yo haya dicho eso. Quizás se siente restringido por nuestra relación; quizás crea que yo estoy tratando de forzarle a alguna clase de obligación que él no desea, o sobre la que no está muy seguro.”
Y Luis esta pensando:
-”Vaya. Seis meses.”
Y Ana piensa:
-”Pero yo tampoco estoy segura de querer esta clase de relación. A veces me gustaría tener un poco mas de libertad, para tener tiempo de pensar sobre lo que yo realmente quiero, que no mantenga en la dirección a la que nos estamos dirigiendo lentamente... Quiero decir, ¿hacia dónde vamos? ¿Vamos simplemente a seguir viéndonos en este nivel de intimidad? ¿Nos dirigimos hacia el matrimonio? ¿Hijos? ¿Una vida juntos? ¿Estoy preparada para este nivel de compromiso? ¿Conozco realmente a esta persona?”
Y Luis piensa:
-”Así que eso significa que fue... veamos... febrero cuando comenzamos a salir, que fue justo después de dejar el coche en el taller, o sea que... veamos el cuentakilómetros... ¡Leche! Tengo que cambiarle el aceite al coche.”
Y Ana piensa:
-”Está disgustado. Puedo verlo en su cara. Quizá estoy interpretando esto completamente mal. Quizás quiere más de nuestra relación, más intimidad, más compromiso; quizá él ha notado antes que yo que yo estaba sintiendo algunas reservas. Sí, apuesto a que es eso. Por eso es tan reacio a decir nada sobre sus propios sentimientos: tiene miedo de ser rechazado.”
Y Luis piensa:
-”Y voy a tener que decirles que me miren la transmisión otra vez. No me importa lo que esos imbéciles digan, todavía no cambia bien. Y esta vez será mejor que no intenten echarle la culpa al frío. ¿Qué frío? Hay 30 grados fuera, y esta cosa cambia como un camión de basura, y yo les pago una pasta a esos ladrones incompetentes.”
Y Ana está pensando:
-”Está enfadado. Y no puedo culparle. Yo estaría enfadado, también. Dios, me siento tan culpable, haciéndole pasar por esto, pero no puedo evitar sentirme como me siento. Simple y llanamente, no estoy segura.”
Y Luis piensa:
-”Probablemente me dirán que sólo tiene tres meses de garantía. Eso es justo lo que van a decirme, los malditos.”
Y Ana está pensando:
-”Quizá soy demasiado idealista, esperando que venga un caballero en su caballo blanco, cuando estoy sentada al lado de una persona perfectamente buena, una persona con la que me gusta estar, una persona que realmente me importa, una persona a la que parezco importarle realmente. Una persona que sufre por causa de mis egocéntricas fantasías románticas de colegiala.”
Y Luis piensa:
-”¿Garantía? ¿Quieren una garantía? Les daré una garantía. Cogeré su garantía y la…”
-”Luis”, -dice Ana en voz alta.
-”¿Qué?”, -dice Luis, sorprendido.
-”¡Por favor, no te tortures así!”, -dice ella, con un inicio de lágrimas en los ojos, -”Quizá nunca debí haber dicho... Oh, Dios, me siento tan…”
Ana se interrumpe, sollozando.
-”¿Qué?”, -repite Luis.
-”¡Soy tan tonta!”, -solloza Ana, -”Quiero decir, ya sé que no hay tal caballero. Realmente lo sé. Es estúpido. No hay caballero, ni caballo.”
-”¿No hay caballo?”, -dice Luis.
-”¿Piensas que soy tonta, verdad?”, -dice Ana.
-”¡No!”, -dice Luis, contento por fin de conocer la respuesta adecuada.
-”Es sólo que... sólo que... necesito algo de tiempo.”, -dice Ana.
Hay una pausa de 15 segundos mientras Luis, pensando todo lo rápido que puede, trata de decir una respuesta segura.
Finalmente se le ocurre una que cree que puede funcionar:
-”Sí”, -dice Luis, tocando su mano.
-”Oh, Luis, ¿realmente piensas eso?”, -dice ella.
-”¿El qué?”, -pregunta Luis.
-”Eso sobre el tiempo…”, -dice Ana.
-”Oh”, -dice Luis, -”sí.”
Ana se vuelve para mirarle y fija profundamente su mirada en sus ojos, haciendo que él se ponga muy nervioso sobre lo que ella puede decir luego, sobre todo si tiene que ver con un caballo.
Al final, ella dice:
-”Gracias, Luis.”
-”Gracias”, -dice Luis.
Entonces él la lleva a casa, y ella se tumba en su cama, un alma torturada y en conflicto, y llora hasta el amanecer, mientras que Luis vuelve a su casa, abre una bolsa de patatas, enciende la tele, e inmediatamente se encuentra inmerso en una retransmisión de un partido de tenis entre dos checos de los que nunca había oído hablar.
Una débil voz en los más recónditos rincones de su mente le dice que algo importante pasaba en el coche, pero está bien seguro de que no hay forma de que pudiese entenderlo, así que opina que es mejor no pensar sobre ello. (Ésta es también la política de Luis acerca del hambre en el mundo.)
Al día siguiente, Ana llamará a su mejor amiga, o quizá a dos de ellas, y hablarán sobre la situación alrededor de seis horas seguidas.
Con doloroso detalle, analizarán todo lo que ella dijo y todo lo que él dijo, pasando sobre cada punto una y otra vez, examinando cada palabra y cada gesto, considerando cada posible ramificación.
Continuarán discutiendo el tema, una y otra vez, por semanas, quizás meses, sin llegar nunca a conclusiones definitivas, pero nunca aburriéndose de él, tampoco.
Mientras, Luis, un día mientras ve un partido de fútbol con un amigo común suyo y de Ana, durante los anuncios, fruncirá el ceño y dirá:
-”Raúl, ¿tú sabes si Ana tuvo alguna vez un caballo?”
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