Fin de semana: Viernes 8 a Domingo 10 de Marzo
de 2.019
Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo sobre la influencia del tiempo y del sol en el humor, chistes breves, frases célebres, más sutilezas y unos textos humorísticos de destacados autores. Esperamos que se diviertan y que pasen todos una muy buena semana.
Esteban Nicolini
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El humor es algo serio...
Influencia del tiempo en el humor como estado de ánimo
“La luz solar nos aporta vitamina D y ésta afecta a los sistemas hormonales.
Existe una monoamina neurotransmisora del sistema nervioso central, llamada serotonina, que está en parte condicionada por la luz solar, ya que disminuye al atardecer y aumenta al amanecer.
Ésta tiene una función importante en la inhibición de la ira, la agresividad, el humor o el sueño”, explican desde el portal meteorológico Eltiempo.es.
Es por este motivo por el que, a niveles bajos de serotonina, es posible sentirse más apático, triste, enfadado; mientas que, a niveles más elevados, sentirse alegre, feliz y eufórico.
En el otoño y el invierno, las horas de luz son menores y hay más días grises o lluviosos; por tanto, la cantidad de serotonina liberada es más baja y esto puede aumentar la apatía.
Relación luz del sol y humor
Un estudio realizado por la Universidad Brigham Young ha revelado que el tiempo entre la salida del sol y el anochecer influye en el estado de humor de las personas y que, por tanto, podría afectar a nuestra felicidad.
Un equipo de investigadores de dicha universidad reveló que el intervalo entre el amanecer y el anochecer afecta a nuestro estado anímico más incluso que otros factores como la temperatura, la contaminación y la lluvia, tal y como acaba de publicar Medical Daily.
Los expertos llevaron a cabo una investigación sobre cómo puede estar conectado el estado de humor con el tiempo meteorológico u otros factores relacionados.
El equipo declaró que la gente se sentía más angustiada mentalmente cuando los días son más cortos y hay menos luz solar, de acuerdo con el informe de la universidad.
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Preguntas tontuelas...
Ya en la caja, una mujer detrás de mí me pregunta si tenía un perro.
Me la quedo mirando (los que me conocen imaginarán mi mirada) y pienso...
¿Por qué sino estaría comprando comida para perros, verdad?
Así que por impulso le digo que no, que yo no tenía perro, que estaba empezando la dieta de comida de perro otra vez, y que probablemente no debería porque la última vez terminé en el hospital, pero con 15 kilos menos.
Le he dicho que era la dieta perfecta y que todo lo que se debía de hacer es llevar en los bolsillos las bolitas y comer una o dos cada vez que sientes hambre (tengo que mencionar que prácticamente todo el mundo en la fila estaba interesado con mi historia).
Espantada la mujer me pregunta que si terminé en el hospital debido a que la comida de perro me había envenenado.
Le contesto:
-”¡Claro que no! ¡Me ingresaron porque me agache a olerle el Culo a un bulldog y me atropelló una camioneta!”
Pensé que el señor que estaba detrás de ella iba a tener un ataque al corazón por las carcajadas que tenía...
Ahora que has leído esto tengo que confesar, que te lo puse para hacerte sonreír.
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El doctor recién llegado...
Después de tomar un poco de confianza le preguntó a uno de sus pacientes, que hacían ellos cuando tenían necesidad de sexo, y el paciente le respondió que iban al río.
Llego el fin de semana y el doctor se fue al río en donde se encontró una enorme fila de hombres parados a la orilla.
Al ser tan conocido en el pueblo, los lugareños le ceden el puesto al doctor hasta que llega a ocupar el primer lugar.
Al mirar adelante el doctor se da cuenta que hay una burra.
¡Oooh!
Y piensa:
-”¡Caramba! ¿Tener sexo con un animal? ¡Pobre gente! Y no puedo negarme ahora que tan gentilmente me han cedido sus puestos.”
A los quince minutos del doctor estar desnudo y pegado por detrás de la burra, mientras todos los hombres de la fila miraban con respeto como besaba a la burra, le mordía las orejas y sudando le agarraba sus tetillas.
Uno de los hombres se le acercó sigilosamente y le preguntó:
-”¿Doctor le falta mucho?”
-”¿Por qué?”
-”Porque necesitamos la burra para cruzar el río... del otro lado están las mujeres.”
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De la cole...
¿Por qué las madres judías no son llamadas a formar parte de un jurado?
Porque no dejan hablar a nadie y se echan la culpa de todo...
2.
¿Por qué se circuncidan los judíos?
Porque las mujeres judías no aceptan nada que no tenga algún descuento.
(Gracias Alejandro !!!)
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¿Quién lo dijo?...
- “La vida está en constante
movimiento”, dijo Parkinson.
-”No hay nada tan importante que no
podamos olvidar”, dijo Alzheimer.
-”Mi vida está llena de
aspiraciones...”, dijo un asmático.
-”Vayamos al grano...”, dijo el
dermatólogo.
-”Mi esposa tiene un gran físico”,
dijo Albert Einstein.
-”Nunca pude estudiar Derecho...”,
dijo el Jorobado de Notre Dame.
-”Creo en la reencarnación...”,
dijo la uña.
-”Me gusta la humanidad...”, dijo
un caníbal.
-”Estoy rodeado de animales...”,
dijo Noé.
-”Eres la Única mujer en mi vida.”,
dijo Adán.
-”Estoy en cinta”, dijo Scotch.
-”Mi novia es una perra.”, dijo
Pluto.
-”Nosotras apoyamos la liberación
femenina.”, dijeron las presas en la cárcel de mujeres.
-”Es mejor dar que recibir...”,
dijo un boxeador.
-”A mí lo que me revienta son los
camiones.”, dijo un sapo.
-”¡Oprimiré a los grandes!
¡Ayudaré a los chicos! y, ¡levantaré a los caídos!”, dijo el
corpiño.
(Gracias Iche !!!)Volver arriba
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Brevedades...
Un cordobés va al almacén:
-”¿Tiene vino de 5 litros?”
-”Si, si tengo. ¡Trajo el envase?”
-”Si, con él está hablando.”
2.
Un negrazón le pregunta a otro:
-”Capo, disculpá, ¿tení hora?”
-”Las 19:30.”
-”¡Uh! ¡Que tarde!”
-”Y bueno... ¡me hubierai preguuntao ante!”
3.
Una viejita va a la cárcel y le dice al vigilante de la puerta:
-”Vengo a hacer una visita conyugal.”
El guardia le dice:
-”¿Usted abuela? ¿a una visita de esa clase, pero con quién?”
-”Ah, pues con el que sea...”
4.
-”Lobo, ¿por qué tienes esa frente tan sudada, los ojos tan ajustados y esos dientes tan apretados?”
“Caperucita, ¡déjame cagar a gusto!”
5.
-”Querida: La policía ha hallado un cuerpo quemado, con dentadura postiza, peluca, pechos caídos y trasero deforme...
Por favor, responde este mensaje para saber que estas bien.”
6.
Un hombre entra al confesionario en una Iglesia.
-”Padre, me quiero confesar.”
-”Si hijo, dime: ¿Cuáles son tus pecados?”
-”Padre... he sido infiel a mi esposa... Soy productor de cine y la semana pasada me acosté con Jennifer López; y en esta semana he tenido una orgía super ardiente con Cameron Diaz y Cindy Crawford, con las dos a la vez.”
-”Lo siento hijo, pero no te puedo absolver.”
-”Pero... ¿Por que no Padre? Si la misericordia de Dios es infinita.”
-”Si, pero ni Dios ni yo te vamos a creer que... estás ARREPENTIDO...”
(Gracias José Luis !!!)
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Cambios...
-”No.”
-”Y ¿Hoy?”
-”Si.”
-”¡Cómo cambian las cosas de un día para otro...!”
(Gracias Patricia !!!)
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Sutilezas...
El novio de Dulciflor era estudiante de Medicina.
Una noche estaba en la sala de la casa de ella mientras los papás de la chica disfrutaban de la cálida noche en el jardín.
La señora oía música en su iPad y el marido bebía un tequilita y jugaba con los cacahuates de la botana.
Uno por uno los arrojaba al aire y trataba de recibirlos en la boca.
En una de ésas uno de los cacahuates le cayó en el poro de la nariz, y ahí se le atoró.
El señor intentó sacárselo, pero no pudo.
Inútil fue también que la señora tratara de extraerlo.
El hombre empezó a toser; a sentir dificultades para respirar.
Su esposa se alarmó bastante, pero recordó que el novio de su hija estudiaba Medicina, y apresuradamente fue por él.
Vino el muchacho.
Hábilmente, con serenidad profesional, dilató con los dedos índice y pulgar de la mano derecha el poro nasal del apurado señor, y usando la izquierda le dio un golpecito en la nuca.
Con eso salió el cacahuate y el señor pudo ya respirar tranquilamente.
El estudiante regresó a la sala con su novia.
-”¡No cabe duda!”, -comentó con orgullo la señora, -”¡El muchacho va que vuela para doctor!”
-”No”, -replicó su esposo, -”Por lo que pude percibir más bien va que vuela para yerno...”
2.
-”Padezco eyaculación prematura”, - así le dijo el angustiado señor a la atractiva médica.
Ella se inclinó para hacer la anotación en su expediente y, al hacerlo, dejó ver las opulencias de su ubérrimo tetamen.
Inquirió la doctora:
-”¿En qué momento de la relación termina usted?”
Respondió con voz feble el desdichado:
-”Ya.”
3.
El encargado del censo le preguntó al señor:
-”¿Cuál es su nombre?”
Respondió él:
-”Juajuajuán Pepepérez.”
-”Extraño nombre”, -comentó el visitante.
Respondió el entrevistado:
-”En realidad me iba a llamar Juan Pérez, pero mi papá era tartamudo y el oficial del Registro Civil era un hijo de la tiznada...”
4.
-”Tengo muchas amigas complacientes”, -declaró Afrodisio, -”pero la más accesible es una cuyo apodo es ‘El compás’.”
Preguntó alguien:
-”¿Por qué lleva tan peregrino mote?”
Explicó el verraco:
-”Porque siempre está con las patitas abiertas...”
5.
Himenia Camafría, madura señorita soltera, resentía mucho la falta de un hombre en su vida.
Una vez fue a cierta librería donde, además de muchas otras cosas, vendían también libros.
Don Añilio, senescente caballero que la cortejaba con caballerosa discreción, le había hablado de un escritor de vida arrebatada apellidado Hemingway, y le recomendó la lectura de sus obras, todas las cuales -le dijo- estaban llenas de pasión.
La señorita Himenia le preguntó al librero:
-”¿Tiene usted algo de Hemingway?”
-”Sí”, -respondió el tipo, -”Me gustan de a madre los daiquiris, los mojitos y los martinis...”
-”No hablo de bebidas espirituosas”, -aclaró ella, -”Le pregunto si tiene alguna obra de ese célebre escritor.”
Ya orientado dijo el de la librería:
-”Tengo ‘El viejo y el mar’.”
Pidió la señorita Himenia:
-”Deme El viejo.”
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Decisión...
Otro hombre lo ve, desde abajo, y le grita:
-”¡No! ¿Qué va a hacer?”
-”¡Me voy a tirar!”
-”¡No! No haga eso, ¿por qué quiere tirarse?”
-”Porque mi mujer me dejó...”
-”Ah, bueno, si le dio permiso...”
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Para mayores de 40... (Un artículo de Eduardo Galeano)
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé.
A nuestra generación siempre le costó tirar.
¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!
Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.
¡¡¡Nooo!!!
Yo no digo que eso era mejor.
Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.
Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando!
¡Yo los descubrí!
¡Lo hacen adrede!
Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.
Nada se repara.
Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos?
¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!
¡¡Lo juro!!
¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII).
No existía el plástico ni el nylon.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De 'por ahí' vengo yo.
Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo).
Me educaron para guardar todo.
¡¡¡Toooodo!!!
Lo que servía y lo que no.
Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.
El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos...
¡¡Cómo guardábamos!!
¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!!
¡¿Cómo para qué?!
Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro.
Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.
Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus(*).
Y las cosas que nunca usaríamos.
Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte.
Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar.
Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas!
Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.
Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.
No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables.
Eran guardables.
¡¡¡Los diarios!!!
Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.
¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.
Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.
Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!!
Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.
Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.
No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
Hasta aquí Eduardo Galeano.
(*) Primus es la marca registrada sueca de una estufa doméstica portátil a kerosene. Las agujas se usaban para destaparlas. (Fuente Wikipedia)
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