Fin de semana: Viernes 24 a Domingo 26 de Julio
de
2015
Holaaa samigooosss !!!
Esta
semana
tenemos la primera parte de un extenso pero interesante artículo sobre
cómo tener sentido del humor, unos chistes muy divertidos, cosas
copiadas de 'feisbuc', chistontos y unos textos humorísticos sin
desperdicio. Esperamos
que les gusten y que pasen un lindo fin de semana.
Esteban Nicolini
-
El humor es algo serio...
Cómo tener sentido
del humor
Tener sentido del humor es una de las
mayores ventajas que una persona puede tener.
No solo estarás propenso a la risa y la
alegría espontánea, sino que también te servirá para reducir tus
niveles de estrés, te ayudará a interactuar más fácilmente con los
demás e incluso te permitirá soportar mejor las situaciones difíciles.
Lo que normalmente no se entiende es que
no necesitas ser gracioso para tener sentido del humor; lo único que
necesitas es la capacidad de ver el lado bueno de las cosas.
Parte 1 de 3:
Entender tu humor
1. Piensa en los
beneficios de tener sentido del humor.
El sentido del humor es una actitud que
adoptas cuando ves la vida con humor en lugar de molestarte tanto por
todo.
Puedes utilizar el sentido del humor
para reducir el estrés y la ansiedad, en especial sobre ti mismo.
Tener sentido del humor puede ayudarte a
superar la vergüenza, la ansiedad social, las tragedias y las
decepciones.
Tener sentido del humor no significa que
debas ser un comediante, que sepas muchos chistes o que ofendas a las
personas al burlarte de ellas.
2. Conoce la
diferencia entre ser gracioso y tener sentido del humor.
Ambos son importantes.
Ser divertido significa poder expresar
el humor de una manera u otra (tal vez una metida de pata, un juego de
palabras ingenioso o un chiste oportuno).
Tener sentido del humor significa poder
reírte de (o al menos ver el humor en) las cosas absurdas de la vida.
Por ejemplo, una persona que no es
graciosa puede hacer bromas cuando se reúna con amigos o familiares.
Después de caerse y romperse una pierna,
puede burlarse de sí misma y hacer que los demás se rían al convertir
su desgracia en comedia.
Una persona con sentido del humor se
reirá de su situación cuando se rompa la pierna.
No se estresará ni se molestará por
tener un yeso, sino que se dirá a sí misma que deberá ver por dónde
camina la próxima vez, se reirá y seguirá adelante.
3. Busca tu vena
humorística.
Esto es algo para lo que probablemente
ya tengas la respuesta.
¿Qué te causa risa?, ¿qué cosas te hacen
sonreír, reír y alegrarte?
Esta es una forma de comenzar a fomentar
tu sentido del humor.
Existen varios tipos de sentido del
humor, desde el humor ingenioso de Mark Twain hasta el humor físico de
Los tres chiflados o el humor oscuro de George Carlin.
4. Ten en cuenta que
no necesitas ser gracioso.
Tener sentido del humor no significa que
debes hacer bromas con cada frase que digas.
Ni siquiera significa necesariamente que
seas el que haga las bromas.
Tener sentido del humor simplemente
podría implicar la capacidad de encontrar el humor en la vida, de
reírte de las bromas de otras personas y de dejar ir las cosas sin
tomarlo todo tan seriamente.
Si no te interesa ser un comediante, aún
puedes tener un gran sentido del humor.
Una persona con sentido del humor se ríe
cuando sus amigos y colegas la fastidian en lugar de molestarse.
Le hace caso omiso a la persona que le
cierra el paso en el tráfico dándole una sonrisa en lugar de gritarle
alguna obscenidad.
5. Interpreta el
contexto.
A medida que desarrolles tu sentido del
humor, piensa en el contexto.
¿Te ofendes fácilmente cuando las
personas hacen bromas?
Si bien el chiste que tu colega hizo
podría ser de mal gusto u ofensiva, quizás no haga falta que te
molestes con ello.
Tener sentido del humor significa que
haces caso omiso a las cosas y eliges lo que se necesita para hacerte
enojar.
Si vas a contar algún chiste, piensa en
el contexto.
¿Es adecuado para el trabajo, para una
cita o para el grupo de personas con el que te encuentras?, ¿ofenderá a
alguien?
6. Observa y aprende.
Si no estás seguro de cómo reír o tener
un sentido del humor acerca de las cosas, observa a las otras personas.
¿De qué manera tus amigos y familiares
se ríen del mundo a su alrededor y de las cosas que les suceden?
Mira películas y programas de televisión
alegres y divertidos.
¿Cómo enfrentan la vida los personajes?,
¿cómo bromean con todo?
Estas cosas pueden ayudar a ampliar tu
idea de lo que es divertido.
Mira las películas de Bill Murray, Eddie
Murphy, Adam Sandler, Steve Martin o Chevy Chase.
Mira clásicos de la comedia como La
familia de mi novia, El joven Frankenstein, Los caballeros de la mesa
cuadrada, Un comisario de película, De mendigo a millonario, Buscando a
Nemo, ¿Qué pasó ayer? y Damas en guerra.
7. Enfócate más en
divertirte que en ser gracioso.
Tu sentido del humor debe hacerte feliz,
que te sientas menos estresado y debe mejorar tu calidad de vida en
general.
Tener sentido del humor te ayudará a
divertirte independientemente de lo que la vida tenga para ti.
Esto significa que puedes reírte de la
vida.
Si te hace feliz, eso significa que
también puedes burlarte de tu situación y contar chistes para hacer que
tú y los demás sonrían.
Simplemente recuerda mantenerte enfocado
en divertirte.
Continuará...
Un tipo estaba esperando en la cola de un supermercado, y ahí, por
el fondo ve que una rubia, pulposa, divina, lo mira, le echa una
sonrisita y lo saluda.
El vago se queda pensando…
¿Me estará saludando a mí?
¿De dónde carajo es esta mina...?
Él le ve un aire familiar, se acerca y le pregunta:
-"Perdón, ¿vos me conoces a mí…?"
-"Así lo creo...", -le contesta, -"vos sos el padre de uno de mis
chicos."
El tipo comienza a volverse loco, a esta altura de su vida estaba
casado, con tres pibes, que venga una desconocida a decirle esto, era
un balde de agua fría, la antesala de un quilombo.
De repente, se le aparece en el recuerdo la única noche que le fue
infiel a su mujer.. .la despedida de soltero.
Resignado, y muy confundido, le dice:
-"No puedo creer que vos seas la perra que hizo el strep tease en
una fiesta que mi hicieron mis amigos hace unos años, a quien subí a la
mesa de billar, donde me tiraste la goma y después te di por todos
lados, bajo los aplausos de todos los presentes, mientras tu compañera
me envaselinaba y me metía un aparato por el culo… ¡Que noche, la puta
madre, que noche…! ¿Vos sos esa turra, no...?"
A lo cual ella contesta:
-"¡No, pelotudo, soy la profesora de inglés de tu hijo...!"
(Gracias Horacio F. !!!)
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Por primera vez en mi vida, la semana pasada fui a una reunión de la
tan criticada Iglesia Universal y compartí las prácticas y plegarias de
los presentes.
De pronto, el Pastor se acercó al lugar donde yo estaba.
Me miró fijo y me señaló con el dedo.
Piadosamente, me arrodillé y él puso sus manos sobre mi cabeza y
exclamó con voz fuerte:
-"Você va caminhar."
Yo le contesté por lo bajo:
-"Pero no tengo ningún problema motriz."
Él ignoró mi respuesta y, casi gritando, volvió a exclamar:
-"¡Irmâo, você va caminhar!"
Toda la Asamblea, con las manos en alto, empezó a gritar:
-"¡Você va caminhar!"
Intenté nuevamente explicarle que no tenía ningún problema con mis
miembros inferiores, pero fue en vano.
Él repetía cada vez más fuerte y con mayor energía:
-"¡¡¡Você va caminhar!!!"
Mientras la asamblea en trance gritaba aún más fuerte:
-"¡¡¡Hermano, você va caminhar!!!"
Opté por callarme y no dije más nada.
Cuando terminó el acto dejé la asamblea y, créanlo o no, el pastor
tenía razón:
¡La grúa me llevó el auto...!
(Gracias Horacio V. !!!)
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1.
No te rías de los negros que van en auto escuchando cumbia a fondo, porque el stereo podría ser el tuyo...
2.
En lugar de intentar caerle bien a todo el mundo, intenta caerte en un pozo, sería de gran ayuda.
3.
Con la suerte que tengo, me compro un paquete de Sonrisas y me vienen todas con cara de orto...
4.
Yo te prometo estabilidad económica: conmigo siempre serás pobre.
5.
-"¿Te gustaría que pasemos un buen fin de semana los dos?"
-"¡Sí...!"
-"Bueno, nos vemos el lunes..."
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1.
-"Oye ¿Qué tal era el abogado que llevó aquél asunto tuyo de la
herencia que tenías que recibir?"
-"Buenísimo. Ahora todo es suyo."
2.
Iban dos compañeras de colegio paseando por el parque, y le dice una
a la otra:
-"Oye, ¿sabías que tu novio salió antes conmigo?"
A lo que la otra le responde:
-"Bueno, él me dijo que había cometido algunas estupideces, pero no
me dijo cuales."
3.
Dos amigos van por la calle, cuando de repente uno de ellos se para
y exclama:
-"¡Cielos! ¡Mi mujer y mi amante vienen charlando hacia aquí...!"
Su amigo le mira con cara de estupefacción y le dice:
-"¡Coño! ¡Yo iba a decir lo mismo...!"
4.
La suegra a su hija:
-"¡Ayer tu marido vino tan borracho que se confundió de habitación,
se metió en la mía, y me hizo el amor!"
-"¿Y vos no le dijiste nada?"
-"¡Ya sabes que no me hablo con él!"
5.
Llega el sufrido marido a casa, y se encuentra a su mujer con su
mejor amigo en la cama:
-"¡Pero...! ¡Tu, mi amada esposa, aquí en el lecho del deshonor con
el que creí mi mejor amigo, impúdica! Y tu, asqueroso gusano, de esta
forma pagas la confianza que en ti deposité, mancillando mi honor y...
Pero... ¡¿Pueden parar de fifar y atenderme un poquito...?!"
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-
El Narrador... (Por Luis
Pescetti)
-"Cierto día iba Caperucita por el bosque de... che ¿cómo se
llamaba ese bosque?"
-"¿Cuál? El de... ¿el bosque de Sherwood?"
-"No, ése era el de Robin Hood."
-"¿Robin Hood no era el compañero de Batman?"
-"No, el compañero de Batman era Mandrake."
-"¡Si Mandrake era un mago!"
-"¿Y qué tiene? Además era el ayudante de Batman."
-"... ¿seguro?"
-"Claro, ¿para qué te contaría mentiras, eh? ¿Querés que siga?"
-"Y, sí..."
-"El bosque quedaba en Transilvania..."
-"Che, no jodas. ¿Transilvania no era donde vivía el Conde Drácula?"
-"Vos tenés todo mezclado. No prestás atención a lo que te cuento y
se te mezcla todo. Transilvania queda en Estados Unidos... si me vas a
cuestionar todo mejor me callo."
-"Sí, mejor."
-"... ahora no me callo nada."
-"Te callás porque no querés contarme el cuento, porque no lo sabés."
-"Claro que lo sé; ahí te va, cierta noche, Caperucita estaba
cerrando su famoso restaurante..."
-"¿¡Su famoso restaurante!?"
-"Sí, cuando de repente recibió una llamada telefónica..."
-"... era uno que le avisaba que vos le estabas haciendo bolsa su
cuento."
-"No, era su mamá, que le pedía que pasara de la abuelita a dejarle
algo de comer. Le dijo así, “Blancanieves...”"
-"¿¡”Blancanieves” le dijo!?"
-"Sí, “Caperucita” se llama el cuento, pero a ella le encantaba que
le dijeran “Blancanieves”. Entonces el tío le dijo así..."
-"Che, ¿no era la mamá la que estaba en el teléfono?"
-"¡Nunca dije que fuera la madre... por favor, prestá atención!
Dejame seguir, le dijo así, “Blancanieves, cuando cierres tu famoso
restaurante llevale algo a tu abuelita que recién me habló y dice que
está con un hambre terrible”."
-"¿Y por qué la abuelita no la llamó directamente al restaurante?"
-"Porque se le olvidaba el número."
-"¿Y por qué no lo tenía anotado en un papelito al lado del
teléfono?"
-"Porque el lápiz se lo había prestado a un humilde cazador."
-"¿El que aparece al final del cuento?"
-"Exactamente, que fue el que atendió el teléfono."
-"... che ¿No lo había atendido la misma Caperucita?"
-"¿Quién? ¿Blancanieves?"
-"Sí."
-"No creo, ella no tenía teléfono."
-"¿¡Y dónde recibió la llamada si no tenía teléfono!?"
-"Ahí está la gracia, escuchá, entonces el humilde cazador le dijo
a la mamá..."
-"¿Por qué era “humilde cazador”?"
-"Porque si hubiera sido rico tendría empresas pero no sería cazador. Ahora callate y dejame contarte el cuento."
-"... ¿no tenés otro? No entiendo nada."
-"Porque no prestás atención. Entonces el humilde cazador le dijo,
“Mire, señora, su hija se fue a un baile a que le probaran un
zapatito”."
-"¿Ese no es el de Cenicienta?"
-"No, en el que hay un baile es el de Pinocho."
-"En el de Pinocho nunca hubo un baile, porque él no era como los
demás niños."
-"El que no era como los demás niños era Frankestein."
-"¡Pero si él era un monstruo!"
-"Por eso no era como los demás niños, ¿querés que siga o cambio?"
-"... y no, seguí..."
-"Entonces la abuelita le dijo..."
-"¿Qué abuelita? ¿No estaba hablando con la mamá?"
-"¿Ves? No atendés. ¿No te dije que la mamá era sorda?"
-"¿Sorda?"
-"Y claro, le habían hecho una operación, pero no quedó bien."
-"¿En el cuento dice eso?"
-"Por supuesto, yo nunca te mentiría. Sigo. Entonces le dijo, “No
importa yo igual la llamo después, no se olvide de darle mi mensaje”.
Pero ni bien colgó el cazador ya se había olvidado y ese mismo día la
abuelita hubiera muerto de hambre... si no fuera porque pasó un lobo y
se la comió. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. ¿Te gustó?"
-"... al medio no lo entendí, pero estuvo bueno."
-"¿Qué parte?"
-"La de los ladrones que entran a la pizzería."
-"Porque no prestás atención. Mañana te cuento otro."
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-
El móvil no es submarino...
Típica madrugada de sábado a la típica hora en la que no se sabe
bien si la gente viene o se marcha, donde los más afortunados bailan al
costado de alguien a quien acaban de conocer manteniendo perspectivas
de terminar la noche anudado entre sus brazos, otros con menos suerte y
con el dinero suficiente ahogan su tristeza entre cubitos de hielo y
Luis, nuestro protagonista, con más infortunio que quien va a pedir
crédito a una sucursal bancaria, se mantiene escondido en el único
rincón de la barra que permanece en penumbra, apoyado sobre la
estructura mientras en las manos sostiene un móvil con el que consulta
los mensajes deshilachados, aquellos que mandó con la esperanza de
encontrar compañía para aquella solitaria madrugada y que, para su
desgracia, nadie respondió.
¿Qué podía hacer aparte de marcharse?
Poco más, apenas le quedaba lo justo como para tomar el autobús
nocturno, aunque una pequeña esperanza le mantenía anclado a aquel
rincón, una esperanza en forma de llamada que, creía, se produciría en
los próximos instantes.
“Estoy seguro de que me va a llamar”, pensaba Luis encendiendo de
nuevo la pantalla de su teléfono.
“Me dijo que no tenía nada que hacer, seguro que le da el punto y se
acerca hasta aquí. Sí, seguro”.
Luis se mantuvo en aquel rincón mientras se hacía cada vez más
fuerte la idea de marcharse, hasta que no encontró motivos para seguir
aplazando el momento, planeando antes una parada técnica en el lavabo.
Por lo que allí se encaminó, cediendo la esquina de la barra a una
espontánea pareja que andaba con fruición comiéndose a lametones.
Avanzó entre la multitud que danzaba al son de la música entre
espasmos casi eléctricos y arrastró sus pies hasta el váter de
caballeros habiéndose confundido previamente con el de señoras.
“¿Es tan difícil colgar un cartel que pueda descifrarse sin un
doctorado en escritura egipcia?”, pensó Luis entrando en aquella húmeda
y vacía estancia.
Empujó una de las puertas que daba acceso a las tazas de váter, la
cerró prestando atención a si el pestillo era realmente fiable y, tras
comprobar que así era, se dispuso a iniciar el ritual para el eventual
desahogo.
Pero la mala suerte no se había quedado contenta con dejarle solo
durante toda la noche y, tan inoportuna como siempre es una llamada en
el baño, el móvil sonó provocando un respingo en su dueño.
Luis, sabiendo que era su amiga la que llamaba y temiendo que, si no
lo cogía, no volviera a llamar, extrajo nervioso el teléfono del
bolsillo del pantalón con tan poca fortuna que, aunque trató en vano de
cogerlo al vuelo lanzando zarpazos como un gato cazando una mosca, el
móvil cayó cuan clavadista introduciéndose dentro de la taza con una
puntuación de 10, rematando su espectacular salto adentrándose hasta el
interior del sifón.
La melodía estridente se apagó en el acto una vez tomó contacto con
el agua, encendiendo el pavor en el pobre Luis que, con las manos
colgando en el aire y una expresión desencajada, observaba desolado
como la Ley de Murphy había triunfado en la clásica situación de
teléfono móvil/taza de váter.
-¡Mierda! -exclamó agachándose a la altura de la taza tras haberse
recogido sin miramientos la ropa interior-. ¡Mierda, mierda, mierda…!
Poco importaban las lamentaciones en voz alta, el móvil había
desaparecido en las entrañas del objeto más asqueroso y desagradable
posible sin que existiera forma aparente de enmendar el resultado de su
torpeza.
Pero tampoco estaba decidido a abandonar por lo que, aunque sabía a
ciencia cierta que el teléfono había pasado a mejor vida, introdujo la
mano derecha remangada dentro del agua, bastante limpia para su
fortuna, giró la muñeca para adaptar su extremidad a la forma del
desagüe y escarbó sin éxito en el interior.
Luis sudaba por el esfuerzo además de por el extremo calor que de
por sí hacía en aquel baño, pero ni se percataba del sudor, de que su
camisa se empapaba por este y otros fluidos sin determinar ni de que,
para poder llegar más al fondo del problema, había adquirido una
postura totalmente surrealista para alguien que de repente entrara en
el baño, quedando estirado casi por completo en el suelo mientras sus
piernas se escurrían fuera del cubículo de la taza del váter asomando
sin pudor por debajo de la puerta.
Pasó lo que tenía que pasar.
La puerta del servicio de hombres se abrió dejando paso a dos amigos
que entraron conversando a gritos espoleados por la euforia del
alcohol, cortándose automáticamente dicha euforia al comprobar que de
uno de los baños asomaban unas piernas.
Parpadearon varias veces pero allí seguían, sin rastro del resto de
persona.
-¿Hola? -gritó uno de los amigos acercándose hasta las piernas de
Luis.
Este trató de sacar el brazo del sifón espoleado por la vergüenza,
pero, como suele ocurrir en estos casos, la casualidad se cebó con él
reteniendo la extremidad.
Como un dedo que se atasca a pesar de haber entrado sin esfuerzo en
el agujero-.
-¿Estás bien?
Luis no respondió, deseando que se marcharan.
Pero no lo hicieron-.
-Oye, que este tío está muerto...
-Que va a estar muerto -replicó el segundo amigo aguantando el
equilibrio y el orden de sus pensamientos-. Pégale una patada a las
piernas, a ver si dice algo.
Luis aguantó la respiración esperando el impacto con la esperanza de
que no fuera doloroso, pero no fue así.
El golpe fue tan grande como su mala suerte, directamente dirigido
al tobillo izquierdo, provocando un impulso de dolor tan intenso que
recorrió en forma de espasmo su columna vertebral para explotar en el
cerebro como una granada de mano, siendo incapaz de ahogar el grito de
animal malherido que asustó a los recién llegados como si de repente
hubieran escuchado a un fantasma.
-¡Hostia, está vivo!
-Si no lo has rematado con la patada -bromeó el segundo amigo
quitándole hierro a aquella situación tan extraña.
Avanzó hasta las piernas chillonas y escupió a duras penas una
pregunta-.
-¿Estás bien?
Luis siguió sin decir nada, apretando los dientes en un intento de
contener el dolor.
-Pues tendremos que llamar a la policía -comentó el autor de la
patada sin estar demasiado convencido-.
-Mejor hablamos con alguno de los camareros y que se lo comenten al
dueño de la discoteca.
-No, no -suplicó Luis desde dentro sin levantar demasiado la voz-.
Me he quedado atascado en el váter, ayudadme...
Los dos amigos se miraron sin saber muy bien cómo actuar.
Dentro de aquel baño había una persona en problemas y con las
piernas asomando por debajo de la puerta, algo que dejaba entrever
ciertas connotaciones con las que nadie querría mezclarse durante una
noche de fiesta.
Aunque, aun así, acordaron con un gesto ejercer de buenos
samaritanos, pensando que, quizá, algún día se encontrasen en una
situación parecida de la que también querrían salir con ayuda.
-¿Estás herido? -preguntó el de la patada-.
-No -respondió Luis a punto de llorar.
No sabía si por la vergüenza, la rabia, el dolor o por todo a la
vez-.
-Se me ha encajado el brazo en la taza del váter.
-A ver si podemos ayudarte –dijo el improvisado karateka mientras
trataba de abrir la puerta sorteando las piernas que se deslizaban por
debajo-. Está cerrada. ¿Echaste el pestillo?
-Sí –se lamentó Luis-.
-Espera, voy a saltar por encima.
El chico, de poco más de veinte años y una agilidad más que
aceptable teniendo en cuenta su estado etílico, se enganchó al extremo
superior del tabique que hacía la doble función de falsa pared y marco
de puerta y se aupó haciendo fuerza con los brazos, hasta conseguir que
la cabeza asomase por encima.
Y una vez vio el panorama, no pudo evitar reírse.
Allí, tirado en el suelo y boca abajo, había un hombre que se
antojaba algo maduro para la situación bochornosa en la que se había
metido, teniendo el brazo dentro de la taza del váter como si le
hubieran entrado ganas de bucear estando borracho y el alcohol le
espoleara a intentarlo.
-No es lo que parece –lloró Luis por la desesperación y la vergüenza
girando cuanto pudo la parte superior de su cuerpo.
La postura le impedía mirar a su salvador con claridad-.
-Se me coló el móvil dentro del váter, traté de sacarlo... y tampoco
pude sacar el brazo.
-Espera, a ver si puedo hacer algo.
El chico pasó el cuerpo por encima de la puerta, con bastante
dificultad debido a la delgadez del tabique y a la amenaza de no
sostener todo el peso, y poco después se encontraba de pie al otro
lado, agachándose a la altura del abochornado Luis e iniciando las
labores de reconocimiento.
-Creo que has metido demasiado el brazo.
-Sí, eso pienso yo también –ironizó Luis-.
-Voy a ver si estirando del codo sale, ¿vale?
-Por intentar...
El joven introdujo sin miramientos las manos dentro del agua y trató
de colocar los dedos debajo del codo para tirar hacia arriba,
consiguiéndolo sin mayores dificultades debido al generoso hueco que
aún quedaba libre en el desagüe.
Pero al estirar las cosas no fueron tan sencillas, siendo imposible
mover ni un centímetro del codo ni del resto del brazo.
Por difícil que pareciera, la extremidad no sólo entraba por
completo dentro del sifón, sino que, una vez hecha la maniobra, después
no salía.
El joven aplicó más fuerza a la tarea consiguiendo, a cambio, una
buena colección de gritos.
-¡Para! –chilló Luis asustado-. ¡Me estás haciendo daño!
-¿Qué pasa? –preguntó el otro amigo desde fuera-.
¿Algo va mal?
-Todo va mal –comentó el joven sacando las manos del agua.
Se irguió y procedió a abrir el pestillo del baño-.
-Me temo que la única solución es romper la taza.
-¿Pero cómo hacemos eso? –preguntó el otro amigo mientras
contemplaba el panorama como si hubiera traspasado la pantalla de una
película de comedia-. Como no la rompamos a cabezazos...
-Habrá que llamar a los bomberos.
Estaba claro que la única solución eran los refuerzos, así que, una
vez puesto en conocimiento de los camareros y dueño de la discoteca,
Luis se vio inmerso en un cúmulo de gente curiosa cada vez más numeroso
que no dejaba de comentar entre risas su absurda situación,
incorporándose después al tumulto la policía, el cuerpo de bomberos
armado con cascos, cizallas y mazos y, completando el pack
institucional, dos enfermeros avisados por las posibles heridas que
podría sufrir un, según palabras textuales, “idiota que había metido el
brazo dentro del váter”.
E idiota Luis se sentía con creces, única sensación que le quedó
tras haber sido sometido a hirientes burlas, preguntas absurdas,
tirones dolorosos e, incluso, mazazos, y no precisamente de forma
simbólica.
Los bomberos consiguieron sacarle el brazo a base de soltar el váter
de la pared, cortar tuberías y demoler por completo la pieza de
cerámica, con menos tacto del que uno podría suponer al tener atrapada
en sus entrañas el brazo de una persona.
Aunque, por fortuna, todo eso quedaba ya atrás, como formando parte
de un recuerdo que uno hereda de una pesadilla y cuya única señal
visible son los latidos de tensión con los que te despiertas.
-¡Luis! –exclamó una chica tras acercarse curiosa a la ambulancia a
la que este se encontraba subido-. ¿¡Qué te ha pasado!?
Luis observó a su amiga como si se le hubiera aparecido un ángel
justo cuando hacía la peor trastada, siendo incapaz de articular una
sílaba.
Miró al enfermero que tenía a su costado, terminando la tarea de
aplicarle un vendaje a su dolorido brazo, y devolvió los ojos a la
chica, cada vez más asustada al no recibir explicación.
-Un accidente...
-¿¡Accidente!?
La chica subió a lo alto de la ambulancia y ocupó la porción de
camilla que el enfermero había abandonado tras terminar su trabajo.
-Me he hecho daño en el baño –explicó Luis a medias-. En el brazo.
-Pero… ¿Estás bien?
El consuelo de la recién llegada bien merecía la espera.
Incluso el mal trago sufrido tras todo el bochorno.
La chica le acarició el brazo con dulzura dándole un beso en los
labios con la intención de aplacar sus males, siendo el germen de un
beso más largo que acabó, sin que ambos lo supieran en aquel momento,
hilando un feliz destino en común.
Un destino que no se torcería durante el resto de sus vidas, ni
siquiera cuando uno de los bomberos le alcanzó a Luis su móvil
chorreante y este, explicándole la vivencia a su futura mujer, sólo
obtuvo a cambio un concluyente idiota enmarcado entre sonoras
carcajadas, anticipo de otras muchas situaciones que su torpeza se
encargaría de proporcionar.
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