Holaaa samigooosss !!!
Esta semana
tenemos un nuevo artículo "serio" sobre el humor, varios chistes breves
pero picantes, y unos textos de humor muy divertidos. Además, escogimos
unos interesantes relatos de Julio Cortázar, a modo de homenaje cuando
se cumplen los 100 años de su nacimiento, y que seguramente nos
acompañarán de ahora en más en las próximas ediciones.
Esperamos
que los disfruten y que tengan una muy buena semana.
Esteban Nicolini
-
El humor es algo serio...
El humor depende de ti, no de las circunstancias (Por Noelia Ares)
El buen humor y la risa forman parte de
la inteligencia humana.
A
través de las risa es cómo mejor se puede llegar a conectar con el
resto de las personas.
Por eso, desde la infancia es importante
potenciar el humor.
Los niños tienen más facilidad que los
adultos para sonreír sin
demasiados motivos, un buen ejemplo de esto lo podemos ver en un
parque: donde los niños corren y juegan disfrutando al máximo del
momento.
La risa produce una de las sensaciones
más placenteras de la
experiencia humana, y estimula comportamientos positivos como el
juego, el aprendizaje y la interacción social.
El sentido del humor,
como rasgo de la personalidad, es una de las principales fortalezas
del ser humano.
Por otra parte, cuando nos reímos
libremos endorfinas.
Estos
neurotransmisores son activados por los movimientos de los músculos
faciales, los cuales son interpretados por el cerebro, que a su vez
libera estas sustancias químicas.
Como resultado, las endorfinas son
las encargadas de que nos sintamos felices.
Pero no sólo eso, a
medida que se incrementan las endorfinas también se reduce el
cortisol, la hormona del estrés.
Por eso al humor se le atribuyen
numerosos beneficios psicológicos
(sensaciones de alegría, bienestar y satisfacción, además de
prevenir la depresión).
Nos puede ayudar a combatir el estrés
gracias a la perspectiva positiva de la vida que nos aporta.
En cuanto a los beneficios físicos,
podríamos nombrar: más
tolerancia al dolor, activación del sistema inmunológico y mejora
del sistema cardiovascular.
Las emociones positivas,
independientemente de cómo han sido
generadas, pueden tener efectos analgésicos, estimular la inmunidad
o tener un efecto neutralizador de las emociones negativas
(Fredrickson, 1998).
En este sentido, el humor tiene un
efecto indirecto: reduce el
nivel de estrés que podría afectar de forma perjudicial a la salud.
Por otra parte, las personas con buen
humor son más creativas y
están más dispuestas a enfrentar los retos diarios, porque el humor
ayuda a que fluyan las ideas y también mejora nuestra autoestima.
Por último, el sentido del humor es un
excelente antídoto contra
el miedo, y es que si nos reímos de las cosas que nos asustan,
veremos cómo se vuelven menos amenazantes.
Lo mejor de todo es que el sentido del
humor siempre se puede
recuperar, porque no depende de las circunstancias, sólo depende de
nosotros.
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Caída...
-"¡Paaa...! ¡Cómo rebotó...!"
(Gracias Edmundo !!!)
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Sexuales varios...
1.
Un negro, medio en pedo, va a comprar condones.
Lo atiende una mina, muy recatada, en la farmacia
llena de gente, y le dice el negro:
-"Necesito un forro..."
Entonces la mina le dice:
-"Pídamelo con más respeto, con mas educación, por
ejemplo: señorita, véndame preservativos, por favor..."
El negro, medio embolado, se baja el cierre, saca
el muñeco y le dice:
-"Señorita, por favor, ¿me vende un gorrito para
el bebé?"
2.
-"Juan, please, ¡dame un beso en los labios!"
-"No."
-"¡Dale, Juan, por favoooorrrr...!"
-"No, porque vos cerras las piernas y me rompes
los lentes..."
3.
Dos chorros asaltan un convento y deciden violar a
las monjas.
En pleno acto exclama una de ellas:
-"Señor, perdónalos, que no saben lo que hacen."
Y le grita la otra:
-"Será el tuyo, porque el mío es un experto..."
4.
Un periodista que andaba haciendo reportajes
callejeros, detiene a un negro y le pregunta:
-"Usted, ¿qué opina de la posición serbio-bosnia?"
Y el negro le responde:
-"No sé, mira, pero a mí lo que me gusta es que me
la chupen..."
5.
Va Lorena Bobit, que le ha cortado el pene a su
marido, disparando en el coche con el miembro en la mano.
Después de conducir un rato histérica, tira el
miembro por la ventanilla y va a dar en el parabrisas de una ambulancia
que venía atrás de ella.
Entonces el conductor de la ambulancia le dice al
enfermero:
-"¿¡Has visto el porongon que tenía ese
mosquito...!?"
(Gracias Horacio !!!)
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Pedido...
-"¿Ah, si? ¿Cuáles son?"
-"¡El cable, la luz, el gas y el teléfono...!"
(Gracias Alejandra !!!)
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Brevísimos...
1.
Tras una semana de haberse conocido un tipo le dice a la chica:-"¿Queres ser la madre de mis hijos?"
La chica, emocionada, responde:
-"Claro... me encantaría ser madre."
–"Excelente, entonces te los dejó allí, el más pequeño es el más travieso."
2.
Un guardavidas se encuentra con un bañista y le dice:–"Señor ¿Usted no nada nada?"
Y el tipo le dice:
-"No es que no traje traje."
3.
La esposa despierta a su esposo en la madrugada:–"Mi amor, se metió un hombre en nuestra cama y me hizo el amor ahora mismo."
-"¿Y porqué razón no es has gritado nada, eres una malvada?"
–"Porque creí que eras vos, pero cuando ibamos haciéndolo por tercera vez empecé a dudarlo."
4.
Llega Pepito y le dice a María:–"María me compre varios condones de sabores, vamos a un lugar obscuro y adivina el sabor."
–"Mmm, Pepito este es de sardina con queso."
–"¡No!, espera que me ponga el condón."
5.
-"Te enteraste que Pedro se encuentra en el hospital."–"¿Cómo?, si lo he visto con una morena espectacular hace 3 horas."
–"Si, su esposa también lo vio."
6.
Entra un chico a un bar y para tratar de conquistar a una chica le dice:–"Yo en mis tiempos libres hago pesas, ¿y vos?"
-"Yo leo."
-"Yo Libra, mucho gusto."
7.
Un hombre regresa de unas vacaciones en las que se gastó todos sus ahorros y le dice al taxista:–"¿Cuánto me cobra para ir al centro?"
–"$100"
–"Y ¿las valijas?"
–"Gratis."
–"Entonces llevese las valijas, yo me voy caminando."
8.
Un hombre le dice a su esposa:-"¡Mi amor, que guapa te ves con tu vestido nuevo!"
La esposa, engreída, responde:
-"Decime algo que no sepa..."
A lo que el esposo responde:
-"Pues cocinar, por ejemplo."
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Homenaje a Julio Cortázar...
Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.
Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo.
La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño.
Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal.
Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo.
Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.
Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre.
Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad.
Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio.
Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia contra una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión tormentosa de los detritos en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda.
Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo.
Basta pensar en la alegría que eso nos produciría, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.
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Instrucciones para llorar... (Del libro: Historias de Cronopios y de Famas.)
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza.
El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro.
Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto.
Duración media del llanto, tres minutos.
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De compras...
Pueden ir juntos al cine.
Pueden ir juntos a la playa.
Pueden ir juntos al Sahara o a Ushuaia.
Hasta pueden irse juntos a la cama.
Pero donde jamás, jamás, jamás deben ir juntos es... de compras.
No.
En eso somos incompatibles.
Yo, porque no lo aguanto.
Ella, porque dice que la estreso.
¡Qué la estreso!
De entrada, te engaña:
-Cariño, no vamos a tardar nada...
Y te pasás seis horas de compras.
Luego, te asusta: vas con ella por Cabildo y de repente,¡Abducción!
¿Dónde está?
Mirás a un lado y a otro...
¡Desapareció!
Cuando la encuentras está como Spiderman, pegada a una vidriera:
-Pero mira qué suéter...
Los hombres somos diferentes.
Nos interesan las cosas prácticas, útiles, realmente indispensables.
Yo que sé: parrillas, un gato para el coche, una caja de herramientas con setenta y tres tipos de destornilladores, ¡una cortadora de césped!
Sí, ya sé, no tengo jardín, ¿y qué?
¡Es tan bonita!
Me la llevaría a casa para pasarla por la alfombra: -"Ueeeeeeeeggg... Ueeeeeeegggg...".
Pero ellas no nos entienden:
-"¿Qué mirás? Te parás en cada lugar..."
Y no nos entienden porque las mujeres van de compras, y los hombres vamos a comprar.
Y no es lo mismo.
Comprar es:
-"Deme dos clavos del seis."
E ir de compras es:
-"Sólo tengo siete horas para las trescientas treinta y nueve tiendas de este centro comercial y tengo que verlas todas."
¡Y luego soy yo el que la estreso!
Una mujer puede estar toda una tarde de compras sabiendo de antemano que no va a comprar nada.
Entra en la boutique y dice:
-"Quiero probarme ese vestido, ése y ése."
Y va rumbo al probador lanzando mensajitos:
-"Lo veo un poco pequeño de arriba, y éste me va a hacer bolsas..."
La empleada se da cuenta como viene la mano y pone cara de odio.
Pero a ella le da igual, y se prueba medio negocio.
A la hora y media, sale dejándoles todo como si hubiesen entrado los bomberos, y ni bien pisa la calle comenta:
-"Nunca compro en este lugar por lo antipáticas que son las empleadas..."
Un hombre jamás hace eso.
En cuanto te probás tres cosas, te sentís culpable; el empleado también lo sabe, y se aprovecha de vos:
-"Sí, sí, el saco me gusta, pero es que creo que le entraría a Pavarotti."
-"¿Que lo ve grande? No, hombre, grande no, es amplio, pero es su talle... Lo que pasa es que usted es ancho de hombros, se nota que hace pesas, ¿eh?"
-"¿Quién, yo?"
-"¿No? ¡Quién lo diría! Cruce así los brazos, ¿a que no le tira? ¡porque es su talle!"
-"¿Y un talle menos?"
-"No, sólo me queda ese talle, tengo que recibir, pero le quedaría chico... Y con ese saco lo que le queda pintado es cualquiera de estas dos camisas, llévese las dos, y esta corbata que le hace juego con los botones..."
Si el empleado es hábil te puede vender hasta tres sacos: uno negro, uno azul y uno fucsia, por si vas a Miami.
Cuando un hombre va a comprar, lo que quiere es terminar enseguida:
-"Deme zapatos."
-"¿Color?"
-"Negros."
-"¿Número?"
-"Cuarenta y dos."
Ya está.
Una mujer no.
Si encontrara los zapatos en la primera tienda, se le estropearía la tarde.
Disfruta buscando:
-"Quiero un zapato mixto destalonado, tacón cubano, rojo, pero muy rojo, con reflejos anaranjados..."
-"¡Andá, buscalos!"
De compras con una mujer, te conviertes en el hombre objeto.
Concretamente, en perchero: en la puerta del probador, sosteniéndole el bolso y el sacón, cargado con cuatro conjuntos y dos combinaciones.
Ella se asoma y dice:
-"Amor, decile que te de un talle más, y que si lo tiene en azul."
Pero eso no es lo peor de los probadores.
Lo peor es saberte rodeado de mujeres desnudas de las que sólo te separa una cortina minúscula que se mueve continuamente.
¿Dónde miras para no parecer un degenerado?
¡A las cortinas no!
¡A la empleada tampoco!
Te hacés el aburrido.
¿Que está Claudia Schiffer en bolas en la cabina de al lado?
¡Y a mí qué!
A mí lo que me fascina es el tubo fluorescente del techo.
Cuando los que nos probamos la ropa somos nosotros, peor:
-"Te vas a probar éste y éste, y aquél, y si lo tienen en rojo, también."
Y se pasa el rato descorriendo la cortina del probador para que todo Dios te vea en calzoncillos.
O te mete a la empleada adentro y te miran ambas como forenses en una autopsia.
-"Es que como no tiene cintura y sacó el culo plano de su padre... Siempre tengo el mismo problema para encontrarle ropa."
¡Y yo la estreso!
¡Yo!
Y después de comprar, ¿quedan satisfechas?
¡No!
Se siguen parando en todas las vidrieras:
-"Mirá estos zapatos con tacón carrete, y más baratos, no me tenía que haber comprado los otros, pero como vos me apurás tanto...
Una película se acaba, los viajes al Sahara o a Ushuaia, también...
Pero si quieren ustedes saber lo que es la eternidad, no tienen más que ir de compras con una mujer.
Ahora, yo no se los recomiendo.
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