Holaaa samigooosss !!!
Esta semana
tenemos un artículo sobre el optimismo, chistes psiquiátricos sin
receta, un curso breve para que las mujeres sepan tratar a algunos
hombres, anécdotas de músicos y unos textos de humor muy graciosos.
Esperamos que los disfruten y que pasen un buen fin de semana.
Esteban Nicolini
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El humor es algo serio...
Optimismo (Por Beatriz Vera Poseck)
El optimismo es uno de los tópicos que mayor interés ha despertado entre los investigadores de la psicología positiva.
El optimismo es uno de los tópicos que mayor interés ha despertado entre los investigadores de la psicología positiva.
Puede definirse como una característica
disposicional de personalidad que media entre los acontecimientos
externos y la interpretación personal de los mismos.
Es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables.
El optimismo es el valor que nos ayuda a
enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo
lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en
nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos
recibir.
La principal diferencia que existe entre
una actitud optimista y su contraparte –el pesimismo- radica en el
enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir
inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo.
El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades.
En general, parece que las personas más
optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y
exitosos e, incluso, a tener mejor estado de salud física.
De hecho, uno de los resultados más
consistentes en la literatura científica es que aquellas personas que
poseen altos niveles de optimismo y esperanza (ambos tienen que ver con
la expectativa de resultados positivos en el futuro y con la creencia
en la propia capacidad de alcanzar metas) tienden a salir fortalecidos
y a encontrar beneficio en situaciones traumáticas y estresantes.
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La monja...
Un soldado corre desesperado hacia una monja y ya sin aliento le dice:
-"Por favor, ¿puedo esconderme debajo de su hábito. Le explico luego."
La monja acepta y un minuto más tarde dos policías militares corriendo le preguntan:
-"Hermana, ¿ha visto un soldado por aquí?"
La monja les dice:
-"Iba para allá."
Después de que los policías se hubieron marchado el soldado sale de debajo del hábito y le dice:
-"No sé cómo agradecerle hermana. ¿Sabe? Yo no quiero ir a Iraq."
La monja le responde:
-"Te entiendo perfectamente."
El soldado agrega:
-"Espero no parecerle rudo hermana, pero usted tiene un maravilloso par de piernas debajo de ese hábito."
Y la monja le responde:
-"Si hubieras visto un poco más arriba habrías visto un maravilloso par de huevos. Yo tampoco quiero ir a Iraq..."
(Gracias Marisa !!!)
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Humor psiquiátrico...
"Los poetas crean castillos en el aire, los locos los habitan, y los psiquiatras cobran la renta."
1.
-"Doctor, tengo tendencias suicidas. ¿Qué hago?"-"En primer lugar, pague la consulta."
2.
El psiquiatra incentiva al paciente:
-"Cuénteme desde el principio..."
-"Y bien, doctor: Al principio yo creé el cielo y la tierra..."
3.
El psiquiatra al paciente:
-"Mi amigo, tengo una mala y una buena noticia para Ud. La mala es que tiene fuertes tendencias homosexuales."
-"¡Dios mío, doctor! ¿Cuál es la buena noticia?"
-"La buena es que Ud me resulta muy atractivo."
4.
-"¿Sabe cómo diferenciar al psiquiatra de su paciente?"
-"El psiquiatra es aquel que tiene la llave del consultorio."
5.
El paciente llega al psiquiatra tímido y cabizbajo:
-"Doctor, tengo doble personalidad."
-"No se preocupe, mi’jo. Siéntese que vamos a conversar los cuatro..."
6.
En el consultorio psiquiátrico:
-"Doctor, le voy a contar un secreto: ¡yo soy un gallo!"
El psiquiatra resuelve profundizar la anamnesis:
-"¿Y desde cuándo es que cree que es un gallo?"
-"Ah, desde que era un pollito."
7.
¿Saben cuál es la diferencia entre un clínico, un cirujano general, un psiquiatra y un patólogo?
El clínico: Sabe todo y no resuelve nada.
El cirujano: No sabe nada pero resuelve todo.
El psiquiatra: No sabe nada y no resuelve nada.
El patólogo: Sabe todo, resuelve todo, pero siempre llega tarde.
8.
Psiquiatra al paciente borracho:
-"Ud va a parar de tomar cerveza; durante un año sólo beberá leche."
-"¿Otra vez, doctor?"
-"¿Cómo, Ud ya hizo ese tratamiento?"
-"Sí, durante los primeros meses de mi vida..."
(Gracias Elvira !!!)
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El Muro de los Lamentos...
Lo observó mientras oraba.
Después de 45 minutos y cuando el viejito se estaba por ir, ella se acercó para hacerle una entrevista.
-"Discúlpeme, señor. Soy Rebecca Smith, reportera de CNN. ¿Cuál es su nombre?"
-"Moshe Cohen", -respondió el hombre.
-"¿Por cuanto tiempo ha venido Ud, señor, al Muro de los Lamentos?"
-"Por alrededor de 60 años."
-"¡60 años! ¡Es asombroso! ¿Y por quién o por qué reza?"
-"Rezo por la paz entre Cristianos, Judíos y Musulmanes. Rezo porque terminen todas las guerras y los odios entre la gente. Rezo para que los niños crezcan como adultos responsables, amando a sus semejantes..."
-"¿Y cómo se siente Ud. tras estos 60 años?"
-"¡Como si le hubiera estado hablando a una pared!"
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Anécdotas divertidas sobre el mundo musical...
1era. Parte.
Genio y figura hasta la sepultura
El
compositor Emilio Arrieta poseía un sentido del humor a prueba de casi
cualquier circunstancia, incluida la proximidad de su propia muerte.
Precisamente el día anterior a que sucediera ésta lo pasó tumbado en la cama, charlando despreocupadamente con varios colegas.
Llegó otro de sus amigos en ese momento y cortésmente le preguntó cómo se encontraba, a lo que Arrieta respondió divertido:
-"Pues bastante mal, amigo mío. Tan mal
me encuentro que, si al amanecer me comunican que he fallecido, no me
extrañaría lo más mínimo."
Un músico poco virtuoso
Una
noche el compositor francés Théodore Dubois había prometido asistir a
una audición de un pianista aficionado desprovisto de todo virtuosismo,
pero provisto de una considerable fortuna.
Dubois llegó cuando el concierto había empezado y no le permitieron entrar en la sala.
-"Pueden dejarme pasar, no haré ruido."
Pero el portero, muy serio, contestó:
-"Piense, señor, que si abro la puerta querrán irse los que están dentro."
Un trabajo decente
Cuando
el prestigioso guitarrista argentino Atahualpa Yupanqui cumplió 70
años, invitó a su madre que por aquel entonces contaba 90, a festejar
su cumpleaños en Córdoba, Argentina.
Ésta, después de pasar unos días con su hijo y antes de despedirse, le dijo mientras apoyaba su mano en el hombro de Atahualpa:
-"Hijo, siempre has hecho lo que has querido, ya es hora de que dejes la guitarrita y te busques un trabajo decente."
El violín no come
A la salida de un concierto en Nueva York, una joven pareja se acercó a Jascha Heifetz y le dijo:
-"Esta noche ofrecemos una gran cena en nuestra casa ¿Por qué no viene usted y trae su violín?"
-"Lo siento mi violín no come."
Sin canciones apropiadas para prestar
Johannes Brams tuvo que acceder en cierta ocasión a recibir la visita de una cantante a la que él consideraba bastante mediocre.
La intención de la joven intérprete era
que el genial músico le cediera una de sus composiciones para poder
adjuntarla en su repertorio.
-"En estos momentos ninguna de las que tengo escritas es apropiada para usted, por lo que deberá esperar un poco."
Ante la insistencia de si tendría que esperar mucho tiempo, Brahms contestó:
-"No se lo puedo decir, pero las únicas
canciones que le prestaría son mis canciones póstumas. Así tendré la
seguridad de no oírselas cantar."
¡Vaya ruido!
Se
cuenta que el eminente director de orquesta Sir Thomas Beecham, después
de un ensayo con la sección de contrabajos les comentó:
-"¡La última vez que oí un ruido semejante, fue cuando mi esposa decidió cambiar los muebles de lugar!"
También se dice del mismo director, Sir
Thomas Beecham, que un día de ensayo en el que el contrabajo no estaba
muy inspirado, se dirigió a él en estos términos:
-"Usted tiene entre sus piernas un
objeto maravilloso que podía dar placer a mucha gente. sin embargo, se
empeña sólo en rascarlo."
-
Curso para saber como tratar a los hombres...
Él: -"¿Puedo invitarte a un trago?"
Ella: -"En realidad preferiría que mejor me dieras el dinero."
2.
Él: -"Estoy seguro que podría hacerte muy feliz."
Ella: -"¿Por qué? ¿Ya te vas?"
3.
Él: -"¿Que dirías si te pidiera que te casaras conmigo?"
Ella: -"Nada. No puedo hablar y carcajearme al mismo tiempo."
4.
Él: -"¿Me puedes dar tu nombre?"
Ella: -"¿Por que? ¿No tienes tu uno?"
5.
Él: -"¿Vamos a ver una película?"
Ella: -"Lo siento. Ya la ví."
6.
Él: -"¿Dónde has estado toda mi vida?"
Ella: -"Escondiéndome de ti."
7.
Él: -"¿No te he visto en otro lado?"
Ella: -"Si. Por eso ya no voy por allí."
8.
Él: -"¿Esta libre este asiento?"
Ella: -"Si, y si te sientas también éste."
9.
Él: -"Así es que, ¿A qué te dedicas?"
Ella: -"Soy travesti."
10.
Él: -"Hola preciosa, ¿De qué signo sos?"
Ella: -"De negación."
11.
Él: -"Tu cuerpo es como un templo."
Ella: -"Lo siento, pero hoy no hay misa."
12.
Él: -"Si te viera desnuda moriría feliz."
Ella: -"Si yo te viera desnudo probablemente moriría de risa."
13.
Él: -"¿Donde has estado toda mi vida?"
Ella: -"Donde estaré el resto de tu vida: en tus sueños."
14.
Él: -"Soy fotógrafo. He estado buscando un rostro como el tuyo."
Ella: -"Yo soy cirujana plástica. También he estado buscando un rostro como el tuyo."
15.
Él: -"Hola, ¿No salimos juntos una vez? o ¿Tal vez dos?"
Ella: -"Debió haber sido una. Nunca cometo el mismo error dos veces."
16.
Él: -"¿Cómo hiciste para ser tan bella?"
Ella: -"Probablemente me tocó la parte que te correspondía a vos."
17.
Él: -"¿Saldrías conmigo el sábado?"
Ella: -"Lo siento, pero me va a doler la cabeza el fin de semana."
18.
Él: -"Tu rostro hace que la gente se vuelva a mirarte."
Ella: -"Y el tuyo hace que se le vuelva el estomago."
19.
Él: -"Vamos, no seas tímida. Decime algo..."
Ella: -"Ok, ¡Andate!"
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Delicias de la playa... (Por María Brandán Aráoz)
Una querida amiga me hizo un racconto bastante realista de las suyas.
"Una vez llegados, la tarea primordial era elegir una playa cerca y con carpa disponible.
La idea de ir con lo puesto (remera y traje de baño) se frustró unas horas antes.
Mis hijas necesitaban baldes, palas, libritos y marcadores.
Mi marido su pipa, tabaco y el diario.
Yo, al menos un bolso.
Y teniendo heladerita portátil no era cuestión de gastar un dineral en almuerzo.
Ya que estábamos tampoco costaba nada cargar sombrilla y reposeras.
Llegamos a la playa elegida y, antes de hacer el acarreo, fuimos a alquilar la carpa.
El bañero nos mostró un piano repleto de alfileres
-"Miren -dijo con orgullo-, está todo tomado. Lo único que queda es esto."
Y señaló, en otro plano, un cuadradito perdido sin alfiler.
Aceptamos y, previas idas y venidas (las chicas se olvidaron los baldes, la heladerita hubo que cargarla entre dos y volver por la reposera), nos instalamos.
Al rato llegó un señor de anteojos.
-"Disculpe -Ie dijo a mi marido-, pero se equivocaron de carpa."
Él sacó el recibo del bolsillo.
-"Mire, no. Aquí está bien claro: número setenta y ocho."
-"No puede ser. ¡Si yo la estoy usando desde diciembre!"
El error se aclaró.
Resultó que el bañero ignoraba la existencia del dueño anterior.
El dueño anterior ignoraba la del bañero, que se había hecho cargo del balneario el día primero.
Y nosotros que ignorábamos las dos cosas tuvimos que trasladamos a otra parte y buscar la sombrilla en el auto.
En fin, colonizamos un pedazo de arena húmeda; les puse crema protectora a las chicas, me encremé yo, y abrí la reposera dispuesta a tomar sol.
-"Mamá, tengo hambre.", informó Dolores.
-"Yo también.", dijo María.
-"Y yo.", reaccionó mi marido emergiendo del diario.
¡Eran las once!
Organicé el picnic y decidí esperar a que ellos comieran para poder hacerlo tranquila.
Saciado el hambre familiar, rescaté el último especial de milanesa.
-"Ay, ¡qué rico! Yo no comí de milanesa...", -protestó María.
-"Porque no quisiste...", le recordé.
-"Y ahora sí quiero. ¿Me das un bocadito?"
Extendió la mano, yo mi apetitoso sándwich y, de golpe, lo vi caer, irremediablemente, en la arena.
Para consolarme del evento, las acompañé al mar.
Mi marido, que había descubierto carpas desocupadas volvió a la casilla del bañero.
Nadé poco y grité mucho.
A Dolores para que aflojara (insistía en subirse a caballito y al llegar la ola me ahorcaba); a María para que volviera (cada incursión acuática la arrastraba un poco más lejos).
Antes de terminar la tarde hubo distintos incidentes.
La sombrilla se voló ante la indignación general; ("¡Qué poco cuidadosos!", "No la clavaron bien", murmuraban nuestros vecinos); el café del termo estaba sin azúcar; a María la quemó una agua viva; y el heladero pasaba cada cinco minutos pegando el característico alarido.
A eso de las cuatro, mi marido, con la espalda incinerada (se había quedado dormido sin suficiente protector solar) sugirió que nos fuéramos.
La cosa se demoró por los sucesivos acarreos y la insistencia de las chicas en traerse a un perro vagabundo al que no dejaron de alimentar en toda la tarde.
La playa es muy linda.
Siempre que uno sepa apreciar sus otras delicias.
Vendedores ambulantes que taladran los oídos y nos llenan de arena; perros y chicos ajenos que hacen pis o juegan a las escondidas en el toldo propio (conseguido con esfuerzo y varios cientos); adolescentes adormilados que se confunden o se adueñan de sillas y reposeras ("Perdón, ¿era suya? ¡Cómo la vi vacía!").
Y pelotas que rebotan en los lugares más vitales de nuestra anatomía cuando una pasea por la orilla.
No importa si una vuelve de la playa exhausta, despellejada y con anécdotas varias.
Ya se sabe.
Amnesia mediante, se vuelve al año siguiente a disfrutar de sus delicias."
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