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Viernes 14 de Octubre

                   Fin de semana: Viernes 14 a Domingo 16 de Octubre de 2011

Holaaa samigooosss !!! 


Esta semana tenemos unos chistes buenísimos, y unos textos de humor que
no tienen desperdicio, y que reúnen reflexión, humor y una visión muy particular
de las cosas, para darle la importancia justa a cada tema. Y con motivo
de celebrarse el próximo Domingo en la Argentina el "Día de la Madre",
compartimos algunos chistes alegóricos y les deseamos un feliz día a todas
las mujeres, madres o no, que desempeñan ese rol fundamental en nuestras
vidas. Esperamos que se diviertan y que pasen una buena semana.

                                   
Esteban Nicolini


  • Qué aniversario...

Un día llegó el amor, encontré a un maravilloso caballero y nos enamoramos.

Cuando se hizo evidente que nos casaríamos, hice el sacrificio supremo y dejé de comer porotos.

Algunos meses más tarde, el día de nuestro aniversario, mi coche se estropeó de camino del trabajo a casa.

Como vivía a las afueras llamé a mi marido y le dije que llegaría tarde porque tenía que ir caminando a casa.

De camino, pasé por un pequeño restaurante y el olor a guiso de porotos fue más fuerte que yo.

Con varios kilómetros por delante para caminar, calculé que se me iría cualquier efecto negativo de los porotos antes de llegar a casa, por lo que entré y antes de que me diera cuenta, ya había tragado tres buenos platos de guiso.

De camino a casa me aseguré de liberarme de 'todo' el gas.

Cuando llegué, mi marido pareció excitado de verme y gritó con gran alegría:

-"¡Querida, te tengo una sorpresa para la cena esta noche!"

Él entonces me vendó los ojos y me condujo a mi silla en la mesa.

Tomé asiento y cuando estaba a punto de quitarme la venda de los ojos, el teléfono sonó.

Me hizo prometer no tocar la venda hasta que él volviera y se fue a contestar la llamada.

Los porotos que había consumido todavía me afectaban y la presión se hacía más y más insoportable, tanto que mientras mi marido estaba fuera, aproveché la oportunidad, me apoyé en una pierna y dejé caer uno.

No era ruidoso, pero olía como un camión de fertilizante delante de una fábrica de pulpa de papel.

Tomé la servilleta de mi regazo y abaniqué el aire alrededor de mí enérgicamente.

Entonces, cambiando a la otra pierna, dejé escapar otros tres.

¡La peste era peor que la col cocinada!

Manteniendo mis oídos atentos a la conversación de mi marido en la otra habitación, continué tirando unos cuantos durante otros pocos minutos.

El placer era indescriptible.

Cuando más tarde la despedida telefónica señaló el final de mi libertad, rápidamente abaniqué el aire unas cuantas veces más con mi servilleta, la coloqué sobre mi regazo y doblé mis manos atrás sintiéndome muy aliviada y complacida conmigo misma.

Mi cara debe haber sido la imagen de la inocencia cuando mi marido volvió, pidiendo perdón por tomar tanto tiempo.

Él me preguntó si yo había echado una ojeada por debajo del vendaje de los ojos, y le aseguré que no.

En este punto, él me quitó la venda de los ojos, y doce invitados a la cena sentados alrededor de la mesa cantaron a coro:

-"¡Feliz aniversario!"

Y... ¡me desmayé!

(Gracias Lidia !!!)

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  • La muestra...

El doctor le pide una muestra de esperma a un hombre de más de 65 años como parte de su chequeo anual, le da un frasco y le dice:

-"Lleve este frasco a casa y tráigalo mañana con la muestra de esperma."

Al día siguiente el hombre vuelve al consultorio del doctor y le entrega el frasco que se encontraba tan vacío y limpio como el día anterior.

El doctor le pregunta que pasó y el hombre le explica:

-"Primero intenté lograr el cometido con mi mano derecha y nada. Después traté con mi mano izquierda y aún nada. Luego le pedí ayuda a mi esposa. Ella trató con su mano derecha, después con su mano izquierda y aún nada. Ella dijo, ya sé como. Probó con su boca, primero con los dientes puestos, después trato sin los dientes y aún nada. Vino mi cuñada y dijo, '¿A mí me van a enseñar?'. Probó un buen rato en posiciones distintas y cada vez más estrafalarias y no hubo caso. Incluso llamamos a Adelaida, la vecina de al lado, y ella también trató, primero con las dos manos, luego debajo del brazo y hasta apretando entre sus rodillas pero aún nada."

El doctor estaba en estado de shock:

-"¿Usted se lo pidió a su cuñada y a su vecina?"

Y el viejo paciente contestó:

-"Sí Doctor... Y ninguno de nosotros pudo abrir el frasco..."

20 padre nuestros por pensar mal...


  • El peor día...

Dos murciélagos se cuelgan de cabeza y uno le pregunta al otro:

-"¿Cuál ha sido el peor día de tu vida?"

-"Cuando tuve diarrea."

(Gracias Marisa !!!)

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  • Mentirosa...

Una mujer quería comprar un número de lotería, pero estaba indecisa sobre qué números escoger, así que va donde el joven vendedor y le pregunta:

-"Mire, quiero jugar a la Lotería, pero la verdad es que no sé cómo escoger los 5 números, ¿a lo mejor usted me puede ayudar?"

-"Claro, como no." - responde el joven y a la vez le pregunta:

-"¿Por ejemplo, dígame. ¿Cuántas veces ha salido usted del país?"

-"Cuatro veces."

-"Perfecto, ese es su primer número, el 4. Ahora dígame ¿Cuántos hijos tiene?"

-"2 hijos."

-"OK. Ese es su segundo número. ¿Y cuántos libros ha leído este año?"

-"5 libros."

El joven anota.

-"Ahora cuénteme, ¿Cuántas veces al mes hace el amor con su marido?"

-"Oiga pero, eso es muy personal, ¿no cree?"

-"Bueno, ¿quiere o no ganar la lotería?"

-"Bueno bueno... 2 veces al mes."

-"O.K. Y ahora que ya entramos en confianza, dígame: ¿Cuántas veces en su vida le ha puesto los cuernos a su marido?"

-"Perdone joven, pero sepa que... ¡Yo no soy de esas mujeres sueltas...!"

-"Está bien, está bien, no se enoje..." - le dice el joven -"Eso quiere decir que cero veces. Ya lo tengo, su número es el: 42520."

Efectivamente, la mujer compra la serie completa y al día siguiente lo primero que hace es mirar el periódico y encuentra que el número ganador del premio es el: 42527.

Y grita:

-"¡MIERDAAAAA, ESO ME PASA POR MENTIROSA!"

(Gracias Isabel !!!)

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  • El ginecólogo...

Después de llevar a su hija al ginecólogo, la señora pregunta:

-"¡Doctor, explíqueme, como es posible que a mi hija se le estén encogiendo los dos ovarios!"

El Doctor contesta:

-"No Sra., Ud. no me entendió: yo dije que a su hija se la están cogiendo dos o varios."

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  • El payaso...

Estaban dos negros violando salvajemente al payaso del circo y este les dice:

-""Despacito, hijos de puta... ¡Que la sonrisa es pintada!"

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  • Protector...

El protector para testículos fue utilizado en hockey por primera vez en 1874 y el primer casco de moto en 1974.

Eso significa que los hombres han tardado 100 años en darse cuenta de que el cerebro también es importante.

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  • El borrachito...

Estaba un tipo en un bar, totalmente borracho.

Algunos muchachos decidieron hacer de buen samaritano, ayudarlo y llevarlo a su casa, para lo cual buscaron alguna identificación en la cartera del tipo y se encaminaron a dejarlo.

Pero cada vez que lo ponían de pie para tratar de hacerlo caminar, el borracho caía al suelo y se daba un buen porrazo.

Del bar al auto se les cayó ocho veces.

Cuando por fin llegaron a la casa del tipo, lo ayudaron a salir del auto y se les volvió a caer otras cuatro veces.

Cuando tocaron el timbre, salió la esposa del borracho y le dijeron:

-"Aquí está su esposo."

A lo que la señora les dijo:

-"¿Y la silla de ruedas?"

(Gracias Eduardo !!!)

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  • Terapia...

La señora está terminando una sesión con el psicólogo.

Éste le dice:

-"La semana que viene trabajaremos con el inconsciente."

Ella responde:

-"No creo que mi marido quiera venir."

(Gracias Susana !!!)

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  • Enseñanzas de una madre...

Mi madre me enseñó, entre otras cosas:

A "anticipar": - "¡Esperá que llegue tu papá..!"

A "recibir": -"¡En cuanto lleguemos a casa te voy a dar una..!"

Mi madre me enseñó "lógica": -"Si te caes de ese columpio y te rompes el cuello, no vas a poder ir conmigo a la tienda."

Mi madre me enseñó "medicina": - "¡Si seguís haciéndote el bizco, te va a dar un aire y te vas a quedar así!"

Mi madre me enseñó a "ver hacia el futuro": -"¡Si no aprendés ortografía, nunca vas a conseguir un buen trabajo!"

Mi madre me enseñó el "buen humor": - "¡Cuando la podadora de césped te corte los dedos de los pies, no vengas corriendo conmigo!"

Mi madre me enseñó "genética": -"¡Eres igualito a tu padre!"

Mi madre me enseñó acerca de mis "raíces": -"¿Crees que naciste en un chiquero?"

Mi madre me enseñó de la sabiduría que da la "edad": -"¡Cuando llegues a mi edad... entenderás!"

Mi madre me enseñó acerca de la "justicia": -"¡Algún día tendrás hijos, y espero que sean igualitos a ti... entonces sabrás lo que se siente...!"

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  • Quién entiende a las madres...

-"Hola mamá, ¿te puedo dejar a los chicos esta noche?"

-"¿Vas a salir?"

-"Sí."

-"¿Con quién?"

-"Con un amigo."

-"Yo no sé por qué te separaste de tu marido; es un hombre tan bueno..."

-"Yo no me separé, él se separó."

-"Vos dejaste que se separara y ahora andás por ahí con cualquiera."

-"No ando con cualquiera, ¿te puedo dejar a los chicos?"

-"Yo jamás los dejé a ustedes, para salir con alguien que no fuera tu padre."

-"Hay muchas cosas que vos hiciste y yo no hago."

-"¿Qué me querés decir?"

-"Nada, sólo quiero saber si te puedo dejar a los chicos."

-"¿Vas a quedarte a dormir con el otro? ¡Qué diría tu marido si se enterara!"

-"¡¡¡Mi EX marido!!!, No creo que a él le preocupe, desde que nos separamos no debe haber dormido ni una noche solo."

-"Entonces te vas a quedar a dormir con ese vago."

-"¡¡¡No es un vago!!!"

-"Un hombre que sale con una divorciada y con hijos es un vago y un vividor."

-"No quiero discutir, ¿te llevo a los chicos o no?"

-"¡¡¡Pobres criaturas con una madre así!!!"

-"¿Así cómo?"

-"Con pajaritos en la cabeza, ¡por eso te dejó tu marido!"

-"¡Basta!"

-"¡Encima me gritás!, seguramente a ese vago con el que salís, también le gritás."

-"¡Ahora te preocupa el vago!"

-"¿Viste que es un vago?, yo me di cuenta enseguidita."

-"¡¡¡Chau!!!"

-"Espera, no cuelgues, ¿a que hora me traes a los chicos?"

-"No los voy a llevar, no voy a salir."

-"Si no salís ahora, ¿cómo pensás rehacer tu vida?"

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  • El verbo se hizo carne... (Por Juan José Millás)

Por lo general, vamos por la calle con un conjunto de pequeñas preocupaciones bailando en el interior de la cabeza como las cerillas dentro de la caja.

A veces, si la violencia con que se golpean entre sí o contra las paredes es muy grande, una cerilla o una preocupación se enciende prendiendo fuego a todas las demás.

Por fortuna, es muy raro.

Lo normal de estas ideas obsesivas es que sean del todo irrelevantes, y que no dejen de serlo aunque nos anuncien el fin del mundo.

Si el destino de uno es darle vueltas al producto interior bruto de Mónaco, no podrá pensar en otra cosa, aunque su mujer le esté diciendo por teléfono que ha hecho las maletas para marcharse de casa.

Aquel día, por casualidad, no se estaba acabando el mundo.

Al contrario, los árboles tenían pequeñas erupciones adolescentes que anunciaban la proximidad de marzo.

Pero yo estaba obsesionado con el subjuntivo.

Acababa de leer una novela en la que el autor utilizaba el potencial en lugar del subjuntivo, lo que me produjo un desasosiego completamente desproporcionado, como si hubiera sorprendido a alguien cortándose las uñas de los pies con las tijeras de la cocina.

Intenté no pensar en ello, pero lo cierto es que la preocupación iba de una pared a otra de la caja craneal con una violencia tal que en cualquier momento podía prenderse.

Y es que no era sólo un problema de aquel autor: el subjuntivo, en general, había desaparecido de la conversación, de los periódicos y de los libros.

Para muchos será una tontería, pero quién se atrevería a señalar lo que es importante y lo que no.

A una hermana de mi madre, que siempre había padecido jaquecas sin que los médicos averiguaran el porqué, la operaron la nariz para colocarle en su sitio un tabique desviado, y se quedó como nueva.

Quizá, pensé, si fuéramos capaces de colocar los subjuntivos en su sitio, el mundo mejoraba, o nos devolvían Gibraltar, sobre todo ahora que, a juzgar por los movimientos de la savia en el interior de la vegetación urbana, comenzaba una vez más la Creación.

En esto, llegué a la cafetería de Príncipe de Vergara donde suelo leer la prensa y pedí un té con limón.

En la mesa de al lado había dos hombres de mediana edad que parecían amigos de toda la vida.

Agucé el oído en el momento mismo en que uno de ellos decía al otro:

-"Pues yo, a tu hija, no la veo desde un día en que coincidí con ella en el autobús, hace más de tres meses. Creo que te lo dije."

Me pareció una precisión excesiva y comprendí que el mundo estaba a punto de acabarse en esa mesa.

Milagrosamente, logré aparcar la preocupación por el subjuntivo y me concentré en la conversación de los dos hombres.

-"La verdad es que nos tiene muy preocupados." -respondió el otro individuo -"Sabemos que sale con alguien mayor que ella, pero no hemos podido averiguar de quién se trata."

¿De quién se va a tratar, imbécil?, me dije para mis adentros.

Lo tienes delante de ti.

¿Por qué, si no, ese interés en hacerte creer que no la ve desde hace tanto tiempo?

-"Pero ¿creéis que se trata de un hombre que ejerce sobre ella una mala influencia?" -preguntó inocentemente el amante de la niña.

-"Buena no puede ser, Pedro. Sonia tiene 16 años y estamos hablando de un hombre casado, como tú o como yo, que podría ser su padre."

Seguro que este idiota no sabe utilizar el subjuntivo, me dije.

En caso contrario, ya hubiera descubierto el pastel.

Me daban ganas de levantarme y decírselo, pero en ese momento el llamado Pedro dijo que llegaba tarde a una cita (con Sonia, sin duda), así que se levantaron los dos y se marcharon.

Entonces advertí que el camarero había estado atento también a la conversación y nos hicimos un guiño de complicidad.

-"¿Se ha dado cuenta?" -pregunté.

-"Está más claro que el agua." -respondió.

Intuí que se trataba de un hombre culto, pero me dijo que no, que sólo tenía estudios primarios y que ignoraba qué cosa pudiera ser el subjuntivo.

-"Es un modo verbal, hombre de Dios."

-"¿Verbal de verbo?"

-"Claro."

-"El verbo se hizo carne..." -dijo animado por un reflejo condicionado de corte pavloviano.

-"Y habitó entre nosotros." -respondí yo salivando de gusto también, como un animal frente a la comida.

Y eso fue todo.

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  • Ahogarse en un vaso de agua... (Por Enrique Pinti)

Si uno se queja por las cosas buenas que le pasan, ¿qué queda entonces para las malas?

Si problemas que tienen arreglo son vividos como catástrofes, ¿qué se puede esperar cuando debemos enfrentar situaciones límite cuya única salida es lo peor?

Pero no hay caso, seguimos ahogándonos en vasos de agua y sobredimensionando tonterías.

Vivir como una tragedia estresante el día de tu cumpleaños, por ejemplo.

Sentir como una maldición gitana la fiesta tan temida, la depresión y las crisis de los números redondos: ¡Tengo treinta años y el pescado sin vender!

El "pescado" puede ser una figura literaria que se traduce como "estoy estancado en un trabajo que odio y que no me rinde" o "no he podido formar una familia" o "he formado una familia espantosa" o "¿para cuándo me saco la lotería, largo todo y me voy a viajar por el Caribe?".

Volverse loco cuando el teléfono no para de sonar para recordarte la fecha de tu natalicio y comprobar que muchos de los que llaman no se acuerdan de uno en todo el año.

¿Y si la nena cumple quince?

¿Y si no quiere fiesta y prefiere un viaje a Cancún que no está dentro del presupuesto ni asaltando un banco?

¿Y las bodas de plata?

¿Y las de oro?

¿Y la falta de respeto de tus hijos hacia vos, que pasás a ser una radio antigua transmitiendo mensajes a los que nadie da la menor bolilla?

¿Y el nuevo embarazo sorpresa de tu mujer?

¿Y la infidelidad siempre sospechada y ahora confirmada de tu marido?

¿Y los embotellamientos provocados por manifestaciones, caos vehicular y calles rotas?

¿Y la pelea por el control remoto de la televisión?

Ni hablar del terrible período de vacaciones de invierno, donde los malabares económicos y físicos de cumplir con Chiquititas, Barneys, Ratones Pérez, Cars, Piratas del Caribe más Disney sobre hielo y alguna joya nacional del arte infantil llegan a comerte el coco, la plata y la paciencia.

¿Y el veraneo?

¡Catástrofe nacional si no podemos acceder a él!

¡Tragedia familiar en puerta!

¡Amargas discusiones sobre las ventajas de alquilar una quinta por sobre las delicias de una playa!

Por supuesto, hay que incluir las sorpresas de la balanza, que provocan crisis de nervios al comprobar que no entramos dentro de las prendas de vestir que datan del año pasado nomás y sentirse culpables de haber ingerido cantidades industriales de hidratos, sin olvidar la sensación de fracaso al mirar las bicicletas, cintas gimnásticas y demás adminículos que reposan bajo la cama.

Suegras espantosas, nueras insoportables, abuelos de mal carácter, jefes terroríficos, maestros y profesores temibles, porteros descuidados y chismosos, y el fútbol, pasión y, por eso mismo, tema álgido que puede destrozar amistades, forman parte de los "vasos de agua" en los que nos ahogamos permanentemente.

Es lo mejor que nos puede ocurrir.

Porque, mientras ésos sean los problemas grandes del diario vivir, hay indicios de que lo realmente importante está bien.

Sólo cuando lleguen la enfermedad, la muerte, la guerra, el bombardeo, el misil explotando en la esquina de tu casa, la miseria que empuja a vivir en la calle sin jefe, sin trabajo, sin ropa que te entre o no te entre, sin escuela para quejarse de la mala maestra y sin verano ni Piratas del Caribe ni Chiquititas que valgan, comenzaremos a valorar lo que teníamos.

No siempre se puede y no siempre se debe, pero algunas veces deberíamos pensar en los verdaderos dramas de la vida, de los que no estamos exentos los seres humanos sea cual sea nuestro origen social.

Desde ese lugar es posible entender que la vida es otra cosa más que la fiesta de quince, el viaje de egresados, la balanza, el veraneo y las malas relaciones con suegras, maestros y alumnos.

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  • El ascensor... (Por Paloma Cobollo)

Cuando decidí comprarme una casa tenía dos cosas claras:

Que iba a ser una buhardilla (no puedo pagarme otra cosa) y que la casa tuviese ascensor.

Esto último es lo mas razonable si uno se va a vivir a una buhardilla porque como su nombre lo indica... bueno no se si lo indica el nombre porque a mi me suena más bien a puticlub de buhos y ardillas, pero vamos a lo que iba, que me pierdo, y es que las buhardillas están en el último piso así que lo del ascensor, imprescindible.

Con estos puntos claros y con muchos puntos negros en la cara (cutis mixto), me hice con mi casa o mejor dicho mi guarida de 30 metros cuadrados y por supuesto ascensor.

No sabia yo que el elevador de humanos y demás iba a ser mi cruz, mi motivo de conflicto, mi pesadilla...

Empezó la cosa mal, el segundo o tercer día de vecindad regresaba yo del bingo con los dedos pintarrajeados de azul, que yo no se que ponen en esos rotuladores que te devoran la piel a manchones, bueno, entonces entro en el ascensor y alguno de mis jóvenes vecinitos lo había decorado al más puro gusto adolescente.

Símbolos de anarquía, firmitas, corazoncitos con flechas, en fin, lo típico.

Parecía aquellos baños de burguer king.

Salgo yo en el quinto, me choco con el presidente del consorcio que estaba esperando el ascensor.

Me ve salir, me saluda con aquello de: "Bienvenido a esta nuestra comunidad..." y al chocar las manos...

Se queda mirando mi piel añil, se queda mirando el ascensor 'grafiteado' y... desde entonces ni me habla.

La segunda llegó con una situación que seguro no les es desconocida: entro en el ascensor, se cierran las puertas y no tarda en llegar a mi pituitaria el tufillo de flatulencias vecinales.

Soporto conteniendo la respiración y rezando porque no me sorprenda nadie en la salida y... la vecina del tercero que es como un montañés canadiense, o sea l.80x1,80, abre la puerta, le cedo el paso, intento decir algo, no me sale la voz, intento huir sin más y me suelta:

-"Hay personas a las que deberían sellarle cada orificio con silicona los de defensa civil..."

Iba a contestarla: -"Mire usted que yo no..."

-"He dicho cada orificio, incluida la boca ¡asqueroso!"

Esta tampoco me mira bien desde ese día.

La tercera y más grave me llegó como al mes de vivir allí.

Entro con la viejecita del segundo, el único ser amable del edificio, una octogenaria arrugadita como una pasa y siempre sonriendo y diciéndote a todo que sí.

Claro que esto a lo mejor no es por que le parezca bien cualquier cosa que diga uno, es que tiene parkinson.

Bueno, al tema.

Pulso el botón de su piso, nos elevamos un poquito y de repente !zas!.

Se para en seco.

La viejita se agarra de mi brazo con tal presión que me lo estruja y le digo:

-"No se preocupe doña Remedios que esto es un segundo..."

El segundo se convirtió en hora y media.

Ella hiperventilando desde el primer cuarto de hora y yo sin saber como entretenerla.

Palidecía por momentos la pobre y me dice:

-"Estoy enferma del corazón, llevo un marcapasos y soy claustrofóbica no pue...", y se me desmaya.

Le toco el pecho a ver si respira.

!Ay no! que no es un seno, es la paga de la pensión que la lleva oculta en el sostén.

Pero... donde tiene esta mujer los pechos... bueno el corazón lo tendrá por ahí, digo yo.

Cuando no la siento ni respirar ni el pulso me empiezo a asustar de verdad.

Nadie escucha mi petición de auxilio y aunque lo escuchen como me tienen manía...

Pienso si hacerle el boca a boca para que respire.

La verdad es que se me encoge el estómago al pensarlo y me debato sobre el boca boca o dejarla morir...

Si total es muy mayor, algún día tenia que pasarle, y mejor aquí que sola devorada por el perro.

Pero me da por pensar en cuanto tarda un cadáver en pasar de cadáver a "Tenga su entrada gratis para ver gusanizoo" y esto me hace decidirme y le hago el boca a boca intentando pensar que es Pamela Anderson.

Pero claro, ya me decían los profesores de niño que era muy insulso, que no tenia imaginación...

La reanimo al fin, justo un minuto antes de que nos saquen y me reanimen a mi, que caigo desplomado en el descanso...

La última fue vérmelas allí con el vecino gay del cuarto, que me tiene echado el ojo desde que llegué.

Subimos.

Yo, claro, espalda a la pared cosa que no entre ni el aire entre la pared y yo...

Él que sonríe, que empieza a hablar de lo bonito que está el día que me despista con la cháchara y deja caer las cartas que lleva en la mano y yo, amable como el que más, me agacho a recogérselas.

Y de pronto, noto en mi retaguardia un sólido duro y compacto que me hace desear lo que quiso mi vecina montañés, o sea, que me sellen los orificios con silicona...

Lo que no me ocurre nunca es quedarme entre esas cuatro paredes con la maciza del primero...

Estoy por ponerle una zancadilla a ver si se rompe una pierna y deja de subir por las escaleras de una vez.

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