Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos una linda variedad de chistes muy divertidos, historias con moralejas, un relato sobre una de las partes del cuerpo femenino más observado que no tiene desperdicio y unos textos humorísticos para reír con ganas. Esperamos que se diviertan con todo el material de esta edición y les deseamos una excelente semana.
Esteban Nicolini
Breves de parejas...
1.
En la oficina, un compañero de trabajo se dio cuenta que otro compañero, que siempre había sido conservador en su comportamiento, estaba usando aritos, y le pregunta:
-"No sabía que estabas en esa onda."
Y él le contesta:
-"Bueno, no es gran cosa, son sólo unos aritos."
-"¿Y desde cuando vos usás aritos?"
-"¡Desde que mi mujer encontró uno en mi auto!"
2.
Estaban reunidos Berta y Cacho, pensando que dentro de pocos días cumplirían 25 años de casados.
En eso Berta le dice a su marido:
-"Chuchi..., estamos de aniversario, 25 años... me gustaría hacer algo que hace tiempo no hago."
-"Genial... ¡calláte!"
3.
Un marido llega tarde a casa y salta rápidamente a la cama y sobre su mujer...
-"Dejame tranquila" - dice su mujer -"Tengo dolor de cabeza."
-"Pero bueno, ¿qué les pasa hoy a todas?"
4.
Un hombre estaba a las 2:00 a.m. tocando la puerta del dormitorio de la sirvienta, cuando de pronto su mujer se levanta y lo sorprende:
-"Oye, ¿que estás haciendo?"
Y el marido le contesta:
-"¡Shhhh! Callate, que si me abre es puta y mañana la echamos."
5.
-"Papá, papá... ¿es cierto que en la China antigua los hombres no conocían a sus esposas hasta después de haberse casado?"
-"Hijo mío, eso ha pasado siempre y en todas partes."
6.
¿En qué se diferencia tu amante a tu esposa?
En que cuando tu amante te toca el pelo se te para el pito y cuando tu esposa te toca el pito se te paran los pelos.
(Gracias Marisa !!!)
Una descripción excepcional...
El autor, Pedro Mairal, hijo de uno de los abogados argentinos de mayor prestigio - Héctor Mairal, había escrito en la revista Brando, en 2006, un texto notable acerca de las Tetas. Tras lo cual la revista Soho, de Bogotá, Colombia, le pidió que escriba sobre el culo.
El culo de la arquitecta
Bogotá (Soho) No suelo concordar con el prójimo varón sobre cuál es el mejor culo.
Noto un gusto general por el culito escuálido de las modelos flacas.
A mí me gustan grandes, hospitalarios, macizos.
Me gusta el culo balcón, que sobresale y se autosustenta como un milagro de ingeniería.
El culo bien latino, rappero, reggaetón, de doble pompa viva y prodigiosa.
Me salen versos cuando hablo de culos.
Quizá porque en los culos hay algo más antiguo y atávico que en las tetas, que en realidad son una intelectualización.
Las tetas son renacentistas, pero el culo es primitivo, neaderthaliano.
Con su poder de atracción inequívoca, su convergencia invitadora, es un hit prehistórico.
Despierta nuestro costado más bestial: el del acoplamiento en cuatro patas.
Las tetas son un invento más reciente, son prosaicas.
El culo, en cambio, es lírico, musical, candencioso, indiscernible del meneo de caderas, del ritmo, la batida de la bossa que retrata a la garota que se aleja en Ipanema.
Porque el culo siempre se aleja, siempre se va yendo, invitando a que lo sigan.
Se mueve en dirección contraria de las tetas, que siempre vienen y por eso suelen ser alarmantes, amenazadoras, casi bélicas (me acuerdo de las tetas de Afrodita, la novia de Mazinger Z, que se disparaban como dos misiles).
Las tetas confrontan, el culo huye, es elegía de sí mismo, se va yendo como la vida misma y deja tristes a los hombres pensando qué cosa más linda, más llena de gracia aquella morena que viene y que pasa con dulce balance camino del mar.
Las argentinas tienen orto, las colombianas jopo, las brasileras bunda, las mexicanas bote, las peruanas tarro, las cubanas nevera o fambeco, las chilenas tienen poto.
O mejor dicho, las chilenas no tienen poto, según mis amigos transandinos que se quejan de esa falta y quedan asombrados cuando viajan por Latinoamérica.
Yo mismo casi me encadeno a la muralla del Baluarte de San Francisco, en el último Festival de Cartagena de Indias, para no tener que volver y poder seguir admirando el desfile incesante de cartageneras o barranquilleras cuyos culos altaneros merecían no este breve artículo sino un tratado enciclopédico o un poemario como el Canto General.
De las cosas que hacen las mujeres por su culo, la que más ternura me da es cuando lo acercan a la estufa para calentarlo.
No lo pueden evitar.
Pasan frente a una chimenea o un radiador y acercan el culo, lo empollan un rato.
El culo es la parte más fría de una mujer.
Siempre sorprende al tacto esa temperatura, el frescor del cachete en el primer encuentro con la mano.
Durante el abrazo, se puede llegar a los cachetes de dos maneras.
Una es desde arriba, si la mujer tiene puesto un pantalón, pero es dificultoso y lo ajustado de la tela impide la maniobra y la palmada vital.
La otra forma es desde abajo y eso es lo mejor, cuando se alcanza el culo levantando de a poco el vestido, por los muslos, y de pronto se llega a esas órbitas gemelas, esa abundancia a manos llenas.
En ese instante se siente que las manos no fueron hechas para ninguna otra cosa más que palpar esa felicidad, para sentir con todos los músculos del cuerpo la blanda gravitación, el peso exacto de la redondez terrestre.
Se suele pensar que, en el sexo, la posición de perrito somete a la mujer.
Pero hay que decir que abordar por detrás a una mujer de ancas poderosas puede ser todo lo contrario: es como acoplarse a una locomotora, como engancharse en la fuerza de la vida, hay que seguirla, no es fácil, uno queda subordinado a su energía, hay que trabajar, darle mucha bomba, carbón para la máquina.
Es uno el que queda sometido a su gran expectativa, absorto, subyugado, vaciándose para siempre en la doble esfera viva de esa mantis religiosa.
Una vez vi un hombre de unos 45 años dando vueltas al parque, corriendo tras su personal trainer.
Lo curioso es que era una personal trainer, y las calzas azules de esta profesora de gimnasia evidenciaban que tenía un doctorado en glúteos.
Como el burro tras la zanahoria, el hombre corría tras ella sin pensar en nada más que ese seguimiento personal.
No me sorprendería que a la media hora hubiera un grupo de corredores trotando detrás, en caravana.
La música de los culos es la del flautista de Hamelin.
Los hombres, con su legión de ratones, van tras ella, hipnotizados.
Las mujeres saben aprovechar sus recursos.
Yo trabajé en una empresa en el mismo piso que una arquitecta narigona (esas narigonas sexys) y con un 'tremendo fambeco'.
Ella sabía que era su mejor ángulo y lo hacía valer, con unos pantalones ajustados que dejaban todo temblando.
Era una de esas oficinas cuadradas, llenas de líneas rectas: el almanaque cuadriculado, la tabla rectangular del escritorio, la ventana, los estantes, las carpetas de archivos.
Un lugar irrespirable de no ser por el culo de la arquitecta que a veces pasaba camino a tesorería o a la fotocopiadora.
Su culo era lo único redondo en todo este edificio de oficinas.
Lo único vivo yo creo.
Nunca intenté nada (se decía que tenía un novio), pero en una época yo pensaba escribir una novela con los acoplamientos heroicos que imaginé con ella.
Una novela que iba a titular, con un guiño a Greenaway, 'El culo de una arquitecta'.
No escribí ni dos líneas de esa novela, pero sí algunos poemas que ella nunca leyó.
Me acuerdo que la veía antes de verla, la intuía en un ritmo particular que tenía el sonido de sus pasos, un peso, un roce de la cara interna de sus muslos de falsa mulata.
Cuando aparecía en el rabillo de mi ojo, ya sabía plenamente que se trataba de ella.
Y pasaba y todo se detenía un instante, el memo, el mail, la voz en el teléfono, todo se curvaba de pronto, no había más rectas, todo se ovalaba, se abombaba, y el corazón del oficinista medio quedaba bailando.
No exagero.
Además era plena crisis del 2002.
Todo se derrumbaba, caían los ministros, los presidentes, caía la economía, la moneda, la bolsa, caía el gran telón pintado del primer mundo, caía la moral, el ingreso per cápita, todo caía, salvo el culo de la arquitecta que parecía subir y subir, cada vez más vivaracho, más mordible, más esférico, más encabritado en su oscilación por los corredores, pasando en un meneo vanidoso que parecía ir diciendo no, mirame pero no, seguime pero no, dedicame poemas pero no.
Ojalá ella llegue a leer esto algún día y se entere del bien que me hizo durante esos dos años con solo ser parte de mi día laborable pasando con tanta gracia frente al mono de mi hormona.
Y ojalá se entere también que, cuando me echaron, lo único que lamenté fue dejar de verla desfilar por los pasillos, respingando el durazno gigante de su culo soñado.
* Pedro Mairal nació en Buenos Aires en 1970. Cursó la carrera de Letras en la Universidad del Salvador, donde fue profesor adjunto de la cátedra de Literatura Inglesa. En 1996 publicó el libro de poesía 'Tigre como los pájaros' (Mención Premio Fortabat). En 1998 obtuvo el Premio Clarín de Novela por 'Una noche con Sabrina Love', que fue llevada al cine y traducida a varios idiomas. En el 2001 publicó el libro de cuentos 'Hoy temprano' y en el 2003, el libro de poesía 'Consumidor final'.
(Gracias Adrián !!!)
Para exquisitos...
Un ejecutivo está sentado junto a un albañil en la sala de espera de un aeropuerto esperando un vuelo largo.
El ejecutivo mira al albañil y como se siente superior, piensa en aprovecharse de él fácilmente.
Así que le pregunta si le gustaría jugar a un divertido juego.
El albañil, cansado, solo quería dormir una siesta y diplomáticamente rehusa y trata de darle la espalda.
El ejecutivo insiste:
-"El juego es muy divertido. Yo te hago una pregunta y si no sabes la respuesta, me pagas 5 €. Luego tú haces una pregunta, y si no sé la respuesta, yo te pagaré 500 € ...¿ok?"
El albañil, para callar al ejecutivo que se ha puesto tan pesado, acepta participar en el juego.
El ejecutivo hace la primera pregunta:
-"¿Cual es la distancia entre la tierra y la luna?"
El albañil no dice nada.
Saca de su bolsillo un billete de 5 € y se lo entrega al ejecutivo.
Ahora, es el turno del albañil y pregunta al ejecutivo:
-"¿Qué sube una montaña con tres pies y baja con cuatro?"
Y se echa a dormir.
El ejecutivo enciende su portátil, busca todas las referencias.
Entra a la red y accede a todas las enciclopedias mundiales, revisa en Wikipedia, manda e-mails a todos los amigos que conoce... sin resultados.
Después de una hora de estar buscando se da por vencido.
Despierta al albañil y le da los 500 €.
El albañil con los 500 € en el bolsillo se da la vuelta y dispone a dormir de nuevo.
El ejecutivo cabreado como una mona por no haber encontrado la respuesta, despierta al albañil y le pregunta:
-"Bueno, ¿qué es lo que sube una montaña con tres pies y baja con cuatro?"
El albañil saca 5 €, se los entrega y se vuelve a dormir...
(Gracias Jorge !!!)
Diferencia entre original y copia...
Un joven novicio llega al monasterio.
La tarea que se le asigna es la de ayudar a los otros monjes a transcribir los antiguos cánones y reglas de la Iglesia.
Se sorprende de que esos monjes efectúen su labor a partir de copias y no de los manuscritos originales.
Va a ver al padre abad, le explica que si alguien hubiese cometido un pequeño error en la primera copia, ese error se propagaría a todas las copias posteriores y de generación en generación.
El padre abad le responde:
-"Hace siglos que procedemos así, y copiamos a partir de la copia precedente; pero, tu observación es buena, hijo."
A la mañana siguiente, el padre abad desciende a las profundidades del sótano del monasterio, una caverna donde están preciosamente conservados los manuscritos y pergaminos originales.
Donde hace siglos que nadie ha puesto los pies ni abierto los cofres que los contienen.
Se pasa allí la mañana entera, después la tarde, después la noche, sin dar señales de vida.
Las horas pasan y la preocupación crece hasta el punto en que el joven novicio se decide a ir a ver qué es lo que pasa.
Baja y encuentra al padre abad completamente ido, las vestiduras desgarradas, la frente ensangrentada y golpeándose sin parar la cabeza contra los venerables muros.
El joven monje se precipita sobre él y le pregunta:
-"Padre abad, ¿qué le sucede?"
El padre abad le responde:
-"¡¡¡CARIDAD!!!... ¡¡¡CARIDAD!!! ¡Eran votos de "CA-RI-DAD" los que teníamos que hacer, no de "CASTIDAD"!"
(Gracias Susana !!!)
Cuatro historias con moraleja...
1.
Kung Chang llamó a su jefe y le dijo:
-"Jefe, hoy yo no tlabajal, yo estal enfelmo. Duele cabeza, duele panza, duele pielna, no voy tlabajo..."
El Jefe le responde:
-"Kung Chang, realmente hoy te necesito en el trabajo. Cuando me siento así de mal, le pido a mi esposa que tengamos sexo. Eso me hace sentir mucho mejor y puedo ir a trabajar. Deberías probar, te hará muy bien..."
Dos horas después, Kung Chang vuelve a llamar a su Jefe y le dice:
-"¡Jefe, no sabel qué decil! Glacias pol consejo, ya sentilme mucho mejol, enseguida yo il tlabajo. Felicito mucho, muy linda su casa, muy glande su cualto y muy buena su esposa..."
Moraleja administrativa: La comunicación debe ser clara. Sea explícito cuando hable con sus colaboradores.
2.
Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de un pariente, cuando ve a un señor de origen chino poniendo un plato de arroz en la tumba vecina.
El hombre se dirige al oriental y le pregunta:
-"Disculpe señor, pero ¿cree usted que de verdad el difunto comerá el arroz?"
-"Si... cuando el suyo venga a oler sus flores."
Moraleja: Respetar las opciones del otro, es una de las mayores virtudes que un ser humano puede tener. Las personas son diferentes, actúan diferente y piensan diferente. No juzgue. Solamente comprenda.
3.
Dos amigas salieron solas, sin sus maridos.
De regreso en la madrugada, agotadas por la borrachera, les dieron ganas de orinar, pero lo único que había cerca era un cementerio.
Decidieron bajarse y hacerlo...
La primera no encontró con qué secarse, así que se limpió con su ropa interior y la tiró.
La segunda tampoco encontró con qué, así que agarró la cinta de una corona de flores perteneciente a un último funeral y se limpió con ella.
A la mañana siguiente los maridos se llaman y uno le dice al otro:
-"¡Esto ya es el colmo! Estoy hasta la coronilla con estas salidas de las dos. Ahora sí se terminó todo. Imaginate... llegar sin bombacha a casa a las 4:00 de la mañana."
Y el otro le contesta:
-"¡Tenés suerte, y no se de qué te quejás! Por lo menos la tuya llegó sin calzones. Mi mujer llegó con una cinta en el traste que decía: 'Nunca te olvidaremos. Con cariño: tus compañeros de trabajo.'"
Moraleja: No saque conclusiones sin preguntar, pregunte, siempre, pregunte antes.
4.
Un soldado español destinado en Irak recibe una carta de su novia desde Madrid.
La carta dice lo siguiente:
-"Querido Alberto:
Ya no puedo continuar con esta relación.
La distancia que nos separa es demasiado grande.
Tengo que admitir que te he sido infiel dos veces desde que te fuiste y creo que ni vos ni yo nos merecemos esto, lo siento.
Por favor devolveme la foto que te envié.
Con amor, Sofía."
El soldado, muy herido en su orgullo varonil, le pidió a todos sus compañeros que le regalaran fotos de sus novias, hermanas, amigas, tías, primas, etc.
Junto con la foto de Sofía incluyó todas esas otras fotos que había recolectado.
Había 57 fotos en el sobre y una nota que decía:
-"Querida Sofía:
Perdoname, pero no puedo recordar quién sos.
Por favor, buscá tu foto en el paquete y me devolvés el resto."
Moraleja: Aún derrotado... hay que saber fastidiar al enemigo.
(Gracias Elvira !!!)
Diferencias...
Esta es un ejemplo sobre la diferencia entre tener "agallas" y tener "huevos".
Agallas: Es llegar tarde a casa después de una noche con los amigos, ser recibido en la puerta por tu mujer con la escoba en la mano, y tener las agallas de decirle:
-"¿Estás barriendo o vas a volar?"
Huevos: Es llegar tarde a casa después de una noche con los amigos, oliendo a cerveza y perfume de mujer, con pintalabios en la camisa, darle una palmada en el culo a tu mujer y tener los huevos de decirle:
-"¡No pongas esa cara, que ahora vas tú!"
(Gracias Javier !!!)
Acerca de Dios... (Por Enrique San Francisco)
¿Sabían que la Biblia es el libro más vendido del mundo?
La Biblia es ese libro gordo que todo el mundo tiene, pero que casi nadie ha leído.
Ring, ring...
-"Hola, ¿qué haces?"
-"Aquí estoy, leyendo la Biblia."
-"¡No jodas! ¿Qué te ha pasó, te hiciste de una secta?"
Y es que nadie entiende que la Biblia se pueda leer por placer.
Sin embargo, yo últimamente la he estado leyendo y me ha parecido un libro muy interesante.
Sobre todo, me ha servido para saber cómo era Dios.
¡Dios era lo más!
Pero tenía sus cosas.
Yo no quiero molestar, pero muy trabajador, muy trabajador... no era, porque teniendo toda la eternidad por delante, el tío hizo el mundo en una semana.
Y no crean que se hernió, se levantó el primer día y dijo: “Hágase la luz”, y la luz se hizo.
Pero que yo sepa, él no puso ni un enchufe.
Y al día siguiente: “Háganse los planetas”.
¡Eso, háganse!
Me parece que se podía haber esforzado un poquito más, porque pudiendo hacernos de acero líquido como a Terminator, nos hizo de barro como a los botijos.
A mí lo que me gusta de la Biblia es que Dios es partidario del nudismo, como yo.
De lo que no es partidario es de la fruta, porque no le importaba que Adán y Eva fueran en pelotas, pero cuando se comieron una manzana se agarró un enojo de aquellos... y los echó del paraíso.
¡Y con razón!
¿No te han dicho que no agarres la manzana?
Dios era bueno, pero con un límite.
¡Por eso los castigó!
A Adán le dijo: “Tú ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
Aquí tengo yo una duda.
¿Ya había pan?
¿Bimbo o en baguette?
Y a Eva le dijo: “Y tú parirás con dolor”.
¡Que rabia le habrá tenido que dar a Dios que inventasen la epidural!
¡Es que ya son ganas de llevarle la contraria!
A Dios le pasa lo que a todas las buenas personas, da la mano y le toman el brazo.
Ahí están los babilonios, se ponen a construir la torre de Babel para ponerse al nivel de Dios.
¿Pero qué falta de respeto es ésa?
Ya lo dice el refrán: “Cada uno en su casa, y Dios en la de todos”
¡Y no al revés!
Claro, Dios se enfadó: “Por vuestra ambición os condeno a que a partir de ahora, si queréis entenderos, os tendréis que dejar el sueldo en fascículos para aprender idiomas. Eso sí, con el número uno, recibiréis las tapas de regalo”.
¡Y es que hasta enfadado era buena gente!
Pero sobre todo, Dios tenía un sentido del humor tremendo.
Un día habló con Noé y le dijo: “Oye, construye una barca, que voy a inundar todo esto”.
Y Noé se lo creyó, y se puso a construir un barco en medio del desierto.
Que ni te imaginás las burlas de los vecinos: “Pero Noé, ¿vos sos tonto? ¡Si aquí no hay playa!”. “¿Quién te crees que sos? ¿Cousteau?”
Yo creo que Dios no iba a inundar nada, pero cuando vio a Noé tan ilusionado con su arca, dijo: “¡Venga va, voy a mandar el diluvio, pero sólo una vez, ¿eh?”.
También fue muy buena la que le gastó a Abraham, a quien dijo: “Sacrifica a tu hijo”.
Y el otro: “Ah, pues vale”.
Es que los hombres se lo tomaban todo en serio.
Menos mal que Dios lo paró: “¡Eh!, ¡Abraham, suelta el machete!, ¡que era joda, hombre!”.
¡Qué bromista!
Claro, eso debía ser la famosa gracia de Dios.
Si es que Dios era muy gracioso.
Eso sí, yo creo que alguna vez se le fue la mano, porque lo que le hizo a Job.
Con Job se cebó.
Dijo Dios: “Me he enterado que hay un tal Job que cree en mí por encima de todas las cosas. Vamos a comprobarlo”.
Para empezar, a Job le cagan unas golondrinas en los ojos y le dejan ciego, después lo arruina, se carga a su mujer, se carga a su hijo, descuartizan a su hija...
Y tras cada prueba, Dios mandaba a dos ángeles para preguntarle: “Oye Job, ¿sigues creyendo en Dios por encima de todo?”.
A lo que Job les decía: “¡Pues claro, por supuesto que creo! ¡Lo que no entiendo es quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza!”.
Yo no quiero ofender, pero a veces más que bromas, parecían guachadas.
¡A Dios sólo le faltó hacerle, a Job, de River!
Esa sí que hubiese sido una buena broma y no lo de las cagadas de las golondrinas.
Pero Dios sólo quería reírse un rato, no quería ensañarse.
Era un tipo simpático, de verdad, ahí está la Biblia que lo prueba.
Poderoso caballero... (Por Enrique Pinti)
El poderoso caballero don dinero todo lo compra, todo lo corrompe, todo lo desvirtúa y todo lo trastoca, ya lo sabemos, pero, como poderoso que es, impone respeto en el mejor de los casos y miedo en el peor.
Es por eso que desde el más grande hasta el más chico le rinden pleitesía.
Después de la rueda debe de ser el más grande y duradero invento de la humanidad.
El metal, el billete o el cheque han recorrido el largo derrotero de la historia sembrando a su paso guerras, debacles y transformaciones violentas.
El caballero en cuestión compra el remedio que alivia el dolor y financia el arma que lo causa.
Tiene distintas denominaciones y valores, pero pierde sus características individuales cuando compra, vende o permuta lo que sea, al precio que sea; calma los nervios, abre puertas, se adueña de conciencias y principios y determina nuestro valor monetario en la escala social.
Los Ben Laden hacen negocios con los Bush hasta que por razones complejas pero contundentes, los negocios dejan de ser viables, el socio se vuelve enemigo, el enemigo se transforma en amenaza y la amenaza se convierte en satánica guerra sin cuartel.
China es el repugnante comunismo con el que no se debe ni siquiera dialogar hasta que el viejo y sabio dragón liberaliza su economía y, sin cambiar nada de su estructura asfixiante y rígida puertas adentro, ofrece un variado abanico de inversiones ventajosas y ahí, como por arte de magia, China se avecina, China es “sustentable”, “confiable” y “negociable”.
Y allá van los gobernantes del mundo democrático a sacarse fotos para la antología del ridículo ofreciendo el siniestro carnaval de ver en la primera plana de todos los diarios del mundo a Putin, Bush y la señora Bachelet, vestidos con coquetas túnicas pekinesas.
Flotando sobre los abrazos forzados y las sonrisas de ocasión está la figura del poderoso caballero sin banderas, sin fronteras, sin pudor.
Faltó a la cita nuestro pingüinus irritabilis, que ya estuvo por los pagos de Confucio y ahora prepara el bolero Más que amor frenesí a dos voces con chévere Chávez.
En tanto, una periodista es asesinada en Rusia por investigar casos de torturas en Chechenia y un ex espía es envenenado con comida radiactiva en Londres mientras come sushi con un italiano que a su vez agoniza; Putin mira para otro lado y envidia al premier israelí del que se dice que violó a varias mujeres, y el hermano de Fidel expresa su deseo de diálogo con Estados Unidos, que pide democracia primero y diálogo después mientras reconoce que va perdiendo la guerra de Irak, como todo el mundo (menos ellos) lo sabe desde hace un año y medio, y un piquetero argentino hace causa común con Irán y nuestro irritabilis le pide al chévere que remueva al embajador que a su vez hizo causa común con el piquetero argentino de pronto proiraní.
Y uno sabe que detrás de todo ese horrible sainete internacional el poderoso caballero cabalga con la seguridad del que tiene bien en claro que todo depende de él, patrón y socio, amo y señor, mediador y juez, hacedor de milagros y orquesta sinfónica para que baile el simio.
Hay gente que lo aprovecha para bien, en algunos casos para lavarlo, en otros para salvarse de impuestos, pero al menos una mínima parte de los desposeídos y desnutridos del mundo pueden experimentar un alivio momentáneo pero muy bienvenido a sus muchas calamidades gracias a esas olas de solidaridad.
El caballero don dinero es como todo en este mundo: necesario en medidas dosis, asfixiante y perjudicial cuando abruma con su abundancia o angustia por su ausencia.
Sin él no se puede vivir, pero vivir sólo para él es desperdiciar la oportunidad de ser un poco más dignos del término “ser racional”, que nos diferencia de las bestias.
Rempujamiento de relatos orales: La guía... (Por Podeti)
El buen rempujador de historias –que es un tipo que va por ahí escuchando relatos, anécdotas o películas narradas en casas particulares, viajes en colectivo y mesas de café, y cuando alguien se atranca o se pierde o hace cagadas, interviene: “Permiso, medio que te perdiste. Permitime, entonces, cuando el médico le dijo lo de la operación, ¿qué hizo tu abuelo? Listo, retomá de ahí y seguí tranquilo”, y después se sienta a un par de metros, en actitud de “ustedes hagan como que no estoy”, pero con cierta actitud corporal amenazadora, para evitar recaídas- debe conocer, para una correcta ejecución de su trabajo, las principales falencias de narración del hombre del común.
Serían estas:
"El campo minado":
Es una maniobra engañosa.
El narrador capaz que arranca bien la anécdota, bien el planteo, presenta rápidamente a los protagonistas (“El ‘Chiche’ Sosa era un peluquero de allá de mi pueblo”), pero después se empieza a dispersar.
Y la historia del “Chiche” Sosa deriva en el padre del tipo, que envasaba vizcacha en escabeche, y de ahí al problema de los caballos que se mancaban en las vizcacheras, y de ahí –no sabemos cómo- a la historia de un primo lejano que había peleado junto a Garibaldi.
Y la historia se empieza a deshilachar en cuatro o cinco historias, que a su vez quedan abiertas.
Y el narrador no llega ni siquiera a la parte del medio, y el escucha se desespera, porque para enterarse –aunque sea- del desenlace de la primera historia, corre el riesgo de tener que volver a pasar por las cuatro o cinco historias inconclusas que quedaron desperdigadas.
Y ahí ya olvidate de llegar al médico a tiempo.
Los candidatos: Por lo general ancianos, con la memoria de corto plazo agotada o personas con gran capacidad de dispersión.
La Frase Recurrente: (Levemente angustiado) "...¿pero qué te estaba contando?"
La Labor del Rempujador: Rempuje mediante recordatorios periódicos y constantes (con el sistema del “Me decías”: “Me decías que el Chiche era medio picaflor”... “La maestra, me decías qué le dijo la maestra”... “Perón, me decías lo de Perón, lo que había hecho Perón, te acordás, abuelo, me contabas lo de Perón”)
"La carreta fúnebre": A diferencia de “El Campo Minado”, que se desdibuja pero por lo menos empieza con ganas, los usuarios de esta maniobra no arrancan nunca.
Para peor, el entre de la historia suele ser un dato incompleto pero angustiante, como para crear un intolerable “suspense”.
A la Tía Aflicciones, por ejemplo, le preguntás –con cero entusiasmo- “¿Cómo va todo, Tía?” y ahí dice: “Y... Vos sabés... la nena”.
Y vos decís con un hilo de voz, con un repentino falsete (suponiendo que se trataba de tu sobrinita más pequeña) “Qué… ¿Qué pasó?”.
-“Y, viste, vos viste, viste lo que hizo el padre de la nena...” o “Vos viste lo que es la escuela de la nena...” o “Vos viste la enfermedad de la hermana de la compañera de trabajo de la madre de la nena...”, así hasta enganchar una desgracia ajena con otra desgracia ajena, paseándote por la horrenda situación social del conurbano o el cáncer fulminante de páncreas de una compañera de trabajo de la madre de la nena, que encima dejaba cuatro hijos no mayores de cinco años, y yo no sé en qué puede terminar esto (suspiro).
Todo muuuuuy lento y exasperante y espantoso.
Finalmente, resultaba que la nena había tenido gripe.
Gripe.
Tres días, 37 de fiebre, no, ya está bien, hoy volvió a la escuela, ¿por?.
Mientras tanto, envejecimos diez años.
Los candidatos: Suegras, tías, vecinas, señoras mayores y depresivas, llenas hasta el tope de maldad reprimida, que se gozan en el relato de desgracias y la impaciencia angustiada del oyente.
La frase recurrente: “Y para peor...”
La Labor del Rempujador: Rempujamiento impaciente mediante el recurso del “Bueno, bueno”: “Bueno bueno, pero la nena, la nena, ¿qué le pasó a la nena?” O tal vez: “Bueno, bueno, ¿pero la nena está bien? ¿Está bien la nena?” O más directamente: “Bueno, bueno, ¡pero avanzá, tía, sos una carreta!!! ¿QUÉ ONDA CON LA NENA?”
El “mejor imposible”: Maniobra titulada así en homenaje a aquella película en la que Jack Nicholson hacía de obsesivo compulsivo.
Los “Mejor Imposible” tienden a obsesionarse por un detalle pelotudísimo de la historia al que vuelven una y otra vez.
Por ejemplo, el acuciante problema de “quién estaba”:
Estaba el Tute, Marquitos y el Pardo.
No, pará, miento, miento, el Pardo no estaba.
Estaba Mingo.
¿Estaba?
No, miento, estaban Mingo, Rolo y el Tute.
No, no puede ser, porque el Tute en ese momento estaba en Alemania visitando a los tíos.
Así que el que estaba era el hermano, Romeo.
No, pará, miento, miento, si el hermano del Tute ya había fallecido.
¿Quién era el que estaba entonces?
Clint Eastwood, luego de fracasar varias veces en la filmación de una escena donde debía aparecer un carro en llamas que entraba en un granero, optó por eliminarla, aclarando “Después de todo la película no se trata de un carro en llamas que entra en un granero”.
Los Mejor Imposible no tienen la sabiduría de Clint Eastwood; No saben “de qué trata la película”.
Creen que la película se trata de quién estaba.
Los candidatos: Cincuentones que nos cruzamos casualmente, tíos a los que vemos en un velorio, vecinos jubilados, taxistas comunicativos o plomeros de esos que tienen mucho para decir.
La frase recurrente: “No, pará. Miento, miento.”
La Labor del Rempujador: Órdenes directas envueltas en furia, mediante la maniobra “Contá lo que pasó”: “¡Y a mí qué carajo me importa quién estaba! ¡Contá lo del perro, qué pasó con el perro, lo encontraron o no lo encontraron al perro!”
El “propaganda de MasterCard": Este ejemplar, como un hábil creativo publicitario, te cuenta una cosa pero para contarte, en forma subliminal o traicionera (es lo mismo) un mensaje completamente diferente.
Por ejemplo, te cuenta que se encontró con Víctor, te acordás de Víctor, el que tocaba el teclado con Los Apaches, ahhhh, sí, me acuerdo, pobre infeliz, y qué es de la vida de Víctor.
Bueno.
Y lo que vendría acá, que sería la anécdota o meollo del encuentro con Víctor, el apasionante “nudo” y el desgarrador “desenlace” consiste en apenas dos o tres datos laborales y domiciliarios y completamente faltos de interés; por ejemplo “Bien, anda bien, está arreglando CPUs y vive en Ranelagh”.
O “Bien, bien, consiguió una beca en el Conicet y vive en Parque Patricios”.
O, si querés ponerle mucha emoción: “Bien, ahí anda, está trabajando de payaso asesino en un Laberinto del Terror y vive en la Luna”.
Y luego, sin avisar ni nada, pasa a lo realmente importante: “Sabés... Yo hace un par de años me cogí a la novia de Víctor”.
O sea, al tipo le importa una goma contarte que se encontró con Víctor, o que trabaja de payaso asesino.
Su intención, desde el principio, ha sido revelarte que se benefició a su novia, cosa que le parece un triunfo sobrecogedor digno de ser cantado por trovadores.
Como historia, una estafa.
Los candidatos: Amigos de larga data o compañeros de oficina muy cancheros y sexualmente inseguros.
La frase recurrente: "¿Viste la minita esa? Bueno..." (levantada de ceja y silencio elocuente.)
La Labor del Rempujador: El “rempuje al revés”, ignorando por completo la parte del triunfo sexual, con un “Pero pará, y Víctor, ¿qué más te contó? ¿Sigue tocando? Un tipazo, Víctor” (para gran desazón del Propaganda).
El "Pulp Fiction": El recurso del relato desordenado hay que dejárselo a los profesionales.
El narrador medio, más aún en el género relato oral no debería andar mezclando los tiempos, porque el relato oral se escucha con una oreja sí y con la otra puesta en el agua que no hierva o en que el crío no se tire por el balcón.
¡No!
A mí contame la película ordenadita, querido.
Sin embargo, muchos narradores orales, envueltos en la ansiedad y la prisa parecen darle poca importancia a este principio, y lo emparchan mediante el “porque antes”: “Ah, pará, porque antes habíamos tenido que pasar por lo de Pachu a buscarla a Ferchu para ir a lo de Chechu. Entonces estábamos en el 152, ah, pará, porque antes fuimos al Alto Palermo comprar el regalo de Gabu” y es todo un Caos narrativo insostenible y enloquecedor.
Encima cuando pedís alguna precisión se te enojan: “No, no, PRIMERO me bocharon en lengua y DESPUÉS tuve que jugar la final de hockey, ay, tío, no tendés nadannn”.
Y, no, no entiendo nada porque lo estás contando para el culo.
Los candidatos: Sobrinos o hijos de amigos, niños, preadolescentes y adolescentes llenos de vida y entusiasmo e incompetencia oral.
La frase recurrente: “Ah, pará, porque antes”
La Labor del Rempujador: Rempujamiento reconstructivo, cada diez segundos de relato, mediante la técnica del “Entonces”: “Entonces: Vos estabas en lo de tu primo y de ahí es que se fueron al Parque de la Costa, donde vomitaste el guiso de lentejas”.
O “Entonces, en el colectivo fue que a tu amiga se le rompió el jean y ahí bajaron a lo de la prima a ver si le prestaba algo, pero vos no podías entrar porque a la prima le... ¿O venían de lo de la prima?”
Mediante el reconocimiento de estos desastres orales, el buen rempujador podrá llevar a cabo su tarea con eficiencia, para confort y tranquilidad del público.
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