Fin de semana: Viernes 5 a Domingo 7 de Julio de 2.024
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana llegamos con un artículo con consejos para levantarse de buen humor, chistes breves, cosas divertidas recibidas desde las redes sociales, nuevas sutilezas, unas divertidas adivinanzas y unos textos humorísticos muy creativos y originales. Esperamos que se diviertan y que pasen todos una muy bonita semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo
serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
Cómo despertarnos con mejor humor
Durante el sueño no controlamos las emociones que tenemos por lo que el momento de despertarnos coincide con el instante en el que tenemos que volver a imponer cierto control sobre ellas.
No importa la mañana que sea, si es lunes o domingo, lo que importa es la actitud con la que lo hagamos para enfrentar nuestros primeros retos diarios con buen humor.
Hay que tener en cuenta que esta actitud puede llegar a marcarnos el resto del día, pues la hora matinal es también la de la predisposición a todos los quehaceres que tengamos.
Esta es la razón más importante por la que aquí vamos a reunir una serie de pasos para encarar el inicio del día con todo el entusiasmo posible.
Algunos pasos para despertarse con mejor humor
El mal humor matinal es difícil de resolver del todo, ya que no solamente es un factor el que lo condiciona.
Sin embargo, lo que sí se puede hacer es sobrellevarlo de la mejor manera posible adoptando buenos hábitos.
- El despertador es la clave.
Los conocemos a todos: los que ponen el despertador dos horas antes, los que duermen con él debajo de la almohada, los que hacen que se repita cada 10 minutos...
Es la pequeña rutina del despertador, pero a veces se nos olvida que tienen una función.
Una buena idea para que usarlo tenga sentido y no nos irrite escucharlo continuamente es colocar el despertador alejado de la cama para que tengamos que levantarnos a apagarlo.
- Parpadea lo necesario: si eres de los que les cuesta muchísimo abrir los ojos por las mañanas, un truco que suele ser eficaz es parpadear muy de seguido.
- Prepáralo todo antes de dormir: si te cuesta levantarte y te pone de mal humor prepararlo todo medio dormido, una buena idea pudiera ser dejarlo todo listo antes de dormir.
Así evitarás las prisas y al mismo tiempo pensar recién levantado.
- El desayuno es la comida más importante del día: no puedes salir de casa sin desayunar.
Está demostrado que cuando desayunamos adecuadamente, es decir con los alimentos y el tiempo necesario, nuestra jornada es mucho más productiva que de no hacerlo.
- Recuerda lo bueno del día anterior y potencia la sensación de bienestar.
Si se nos vierte el café, no suena el despertador, vamos tarde al trabajo u otra serie de condicionantes nos quieren amargar el día, es beneficioso recordar lo que nos hizo sentir bien unas horas antes y centrarse en ellas para no sucumbir a la negatividad.
Causas del mal humor matutino
Se sabe que el mal humor matutino no tiene una única causa y que afecta tanto a mujeres como hombres.
Además, quien lo padece no es el único que lo sufre ya que también lo hacen los que viven a su alrededor.
Algunas de las causas más importantes del mal humor matinal son las siguientes:
- La falta de sueño: dormir es una necesidad primaria, al igual que el descanso que nos proporciona.
Cuando no se duerme lo suficiente, es decir alrededor de 7h diarias, nuestro organismo lo siente y, acto seguido, también nuestro estado anímico.
Muchas veces esta insuficiencia de sueño la provocan nuestros horarios laborales.
- El carácter innato de una persona: algunos estudios han representado este hecho con la símil de un búho y una alondra, con el fin de diferenciar a aquellas personas que en las últimas horas del días son mucho más activas que al despertarse y viceversa.
- Tener exceso de preocupaciones: cuanto mayor son las cargas de responsabilidades que alguien tiene sobre sí, mayor es el número de preocupaciones.
Estas distorsionan el ciclo de sueño y, en muchas ocasiones, evitan un descanso pleno necesario.
Humor desde las
redes sociales...
1.
Le decís a alguien algo lindo sobre su bigote, y de la nada ya no es más tu amiga...
2.
Fuerte es aquel que no se come el queso mientras lo ralla...
(Gracias Esther !!!)
3.
Si tu pareja ha estado contigo en la pobreza, en la enfermedad y la desgracia, ¡Déjala!
¡Tu pareja es la que te trae mala suerte!
(Gracias Susana !!!)
4.
Me dijo que le gustaban operadas.
Le dije que tenía tres cesáreas y me bloqueó.
5.
-”Amiga, ¡Estoy en el centro y acabo de ver a tu esposo con una gorda! Los voy a seguir y te voy contando...”
-”Soy yo, estúpida, fijate bien...”
(Gracias Marcelo !!!)
6.
-”Dicen que si escupes en el suelo se te aparece el ángel del amor.”
-”Eso no suena muy romántico. ¿Qué ángel es ese?”
-”Es cupido...”
Jugando con
famosos...
- Claudia tiene el pelo negro y PAULINA RUBIO.
- La mujer muerde y EL HOMBRE ARAÑA.
- Mario fabrica pañuelos y ANTONIO BANDERAS.
- El capitán Garfio come galletitas y PETER PAN.
- El pato Donald arregla teclados y MICKEY MOUSE.
- La señora se queja de los aros y EL SSEÑOR DE LOS ANILLOS.
- El increíble Hulk se pone verde y CAPERUCITA ROJA.
- Mirta es carpintera y CAROLINA HERRERA.
- Carlos es mal educad y ALBERTO CORTÉS.
- Joaquín construye casas, ENRIQUE IGLESIAS, DIEGO TORRES y TITO PUENTES.
Adivinanzas para
todos...
-”Si en un avión hay 100 ladrillos y el piloto tira uno, ¿cuántos quedan?”
-”99.”
-”Muy bien, esta era fácil. ¿Cómo meterías a un elefante en un refrigerador?”
-”No sé.”
-”Abres el refrigerador, metes el elefante y cierras el refrigerador. ¿Cómo meterías a una jirafa en el refrigerador?”
-”Pues igual que el elefante.”
-”No. Abres el refrigerador, sacas al elefante, metes a la jirafa y cierras el refrigerador.”
-”Ahhh.”
-”Otro: El Rey León hizo una fiesta y fueron todos los animales menos uno, ¿Cuál?”
-”Un mono o una hiena.”
-”La jirafa, porque estaba en el refrigerador. Un aventurero fue a cruzar un río que estaba lleno de cocodrilos, pero ninguno le hizo nada ¿por qué?”
-”Porque no tenían hambre.”
-”Porque estaban en la fiesta del rey león. Pero finalmente pasó a mejor vida, ¿sabés por qué?”
-”No sé, tal vez se ahogó.”
-”Porque le cayó un ladrillo...”
(Gracias Susana !!!)
Sutilezas...
1.
Un inglés, un irlandés y un escocés fueron a jugar golf con sus esposas.
Los escoceses, ya se sabe, tienen fama de ser demasiadamente ahorrativos.
Sucedió que una súbita ráfaga de viento le levantó la falda a la esposa del inglés, y se vio que la señora no traía nada abajo.
-”Es que no me das para que me compre ropa interior.”, -le explicó la mujer a su marido.
El británico sacó la cartera y le dio dinero a su esposa para que la comprara.
Sopló otra vez el viento, y le levantó el vestido a la irlandesa.
También ella iba absolutamente ventilada en la región de la entrepierna.
Le dijo lo mismo a su marido; no llevaba ropa íntima porque él no le daba con qué adquirirla.
El irlandés se llevó la mano al bolsillo, sacó unos billetes y se los entregó a su cónyuge para que se comprara ropa y no fuera a sufrir algún accidente de hiperventilación.
Una nueva ráfaga le alzó la falda a la esposa del escocés.
-”¡Begorrah!”, -exclamó el hombre, -”¿Por qué no traes calzones, woman?”
Respondió ella:
-”Porque tú no me das para comprarlos.”
El escocés se llevó la mano al bolsillo y sacó un peine.
Le dijo a su mujer:
-”Por lo menos ponte presentable...”
2.
Un agente viajero les comentó a sus amigos en el bar:
-”Mi esposa se alegra mucho cuando regreso de un viaje. Se asoma a la ventana, y a todos los hombres que se acercan a la casa les grita: ‘¡Mi marido está aquí! ¡Aquí está mi marido!’...”
3.
Cierto detergente usaba para su publicidad a un locutor que con el nombre de Rápido iba casa por casa distribuyendo premios.
Llegó a un domicilio, y le abrió la puerta una mujer.
-”Señora”, -le dijo el tal Rápido, -”Estoy dispuesto a darle mil pesos si...”
-”¡Oh, no!”, -se alarmó la mujer, -”¡Retírese inmediatamente, que no tarda en llegar mi marido!”
-”Señora”, -aclaró el otro, -”soy Rápido.”
-”Ah, bueno”, -aceptó la mujer, -”Si es aprisita entonces sí...”
4.
Doña Gordoloba le preguntó a su esposo:
-”¿Qué crees que pensarían de mí los vecinos si saliera a cortar el césped en bikini?”
Responde el incivil sujeto:
-”Pensarían que me casé contigo por tu dinero...”
5.
Don Frustracio, el esposo de doña Frigidia, le confió a un amigo:
-”Sospecho que finalmente anoche mi mujer sintió algo en el curso del acto del amor.”
-”¿Por qué lo crees?”, -preguntó el otro.
Contesta don Frustracio:
-”Dejó caer la lima de las uñas...”
Tonto y retonto...
1.
Se encuentran dos amigas y una llorando le dice a la otra:
-”Mi médico me dio una semana de vida.”
La otra le contesta:
-”Bueno te dejo a mi marido por esta semana.”
-”¿Pero para qué quiero a tu marido?”
-”Porque con él en tu casa, la semana te va a parecer una eternidad.”
2.
La frase: “Todos los hombres son iguales”…
Fue inventada por una mujer china que no encontraba a su esposo.
3.
Estaba una pareja de campesinos en la cama, y el esposo comienza a acariciar a la esposa y le dice:
-”Mujer, si estos senos dieran leche echaríamos a todas las vacas de la finca.”
Sigue tocándola mas abajo, le agarra las nalgas y dice:
-”Uh, mujer y si este cUlito pusiera huevitos echaríamos a todas las gallinas de la finca.”
En eso agarra la mujer y le agarra el miembro y le dice:
-”Uh, Chepe y si esta chingadera se parara más seguido, echaríamos a todos los trabajadores de la finca.”
El doctor y la
burra...
Un doctor recién graduado es asignado a una zona rural, y al cabo de unos meses se da cuenta que no había ninguna mujer en el pueblo y que eran todos hombres.
Después de tomar un poco de confianza le preguntó a uno de sus pacientes, que hacen ellos cuando tenían necesidad de sexo, y el paciente le respondió que iban al río.
Llegó el fin de semana y el doctor se fue al río en donde se encontró una enorme fila de hombres parados a la orilla.
Al ser tan conocido en el pueblo, los lugareños le ceden el puesto al doctor hasta que llega a ocupar el primer lugar...
Al mirar adelante el doctor se da cuenta que hay una burra.
-”¡Ooh!”, -piensa, -”¡Caramba! ¿Tener sexo con un animal? ¡Pobre gente! Y no puedo negarme ahora que tan gentilmente me han cedido sus puestos.”
A los quince minutos el doctor estaba desnudo y pegado por detrás de la burra, mientras todos los hombres de la fila miraban con respeto como besaba a la burra, le mordía las orejas y sudando le agarraba sus tetillas.
Uno de los hombres se le acercó sigilosamente y le preguntó:
-”¿Doctor le falta mucho?”
-”¿Por qué?”
–“Porque necesitamos la burra para cruzar el río, del otro lado están las mujeres...”
Serie negra... (Por
Hugo Burel)
Me llamo Philip Mármol y soy detective privado, oficio duro, si los hay.
Por un lamentable error de combinaciones aéreas, llegué una noche a este arrabal sudamericano.
Estaba en el aeropuerto de Los Ángeles, aguardando un vuelo para Filadelfia y bebiendo ginger ale con un bourbon en el bar.
Es lo último que recuerdo.
Algo debió suceder para que yo abordase un Jumbo que hizo escala en Curazao, Río, San Pablo y finalmente me depositó -todavía con mi vaso en la mano- en esta desconocida Montevideo.
Afortunadamente tenía encima mis últimos doscientos dólares y mi 45 bajo el sobaco.
Hechos los trámites migratorios, llené mi vaso con una mezcla de vodka ruso y ron de Jamaica y tomé un taxi en dirección al centro de la ciudad.
En el viaje comprobé que mis frecuentes investigaciones en México me sirvieron para dominar un poco de español.
El chofer mencionó cosas como "crisis", "chicoria", "pálida" y "dónde vamos a parar" que me hicieron recordar los lejanos tiempos de la Gran Depresión en el Sunset Boulevard.
Al llegar, gasté mis primeros veinticinco dólares para pagar ese corto viaje.
Añoré mi viejo Packard y me dije por primera vez: ¡qué mierda estoy haciendo aquí! (En castellano en el original)
Tomé una habitación en un hotelucho de la calle Mitre y antes de subir a instalarme compré una botella de whisky.
Sólo un trago podía aislarme de la sordidez del lugar.
Recordé que en Filadelfia debían estar aguardándome y me sonreí.
Me habían pagado por adelantado y aquí estaba yo, gastando a cuenta y a punto de embriagarme nuevamente.
Al otro día, después de ducharme y afeitarme, decidí probar mi profesión en una ciudad desconocida pero que comenzaba a agradarme.
Desayuné dos ginn fizz en el "Jauja" (un bodegón folclórico instalado junto al hotel) y me dispuse a alquilar una oficina.
Al final de la tarde conseguí una en el único rascacielos de la ciudad, un edificio deplorable llamado "Palacio Salvo", que me recordó un postre helado que sirven en una heladería de la 42 y Broadway.
Deposité cien dólares como garantía y cincuenta como alquiler adelantado para el primer mes.
Con mis últimos veinticinco tendría que vivir hasta que apareciera el primer cliente.
Jugaba al ajedrez contra mí mismo cuando unos débiles golpes me desconcentraron, justo en el momento en que estaba a punto de darme jaque.
Shit -pensé y luego dije: ¡adelante!.
La puerta de la oficina se abrió y una mujer alta, delgada, elegante y hermosa disipó por completo mi interés en el juego.
Con felinos movimientos se acercó a mi escritorio y me miró desde la profundidad de sus ojos verdiazulados.
Había en su aspecto un esplendor sofisticado y a la vez decadente.
Conjeturé que era la esposa de un millonario infiel, del cual quería obtener un rápido divorcio.
O tal vez una viuda acosada por los herederos de la fortuna de su marido.
-¿El señor Mármol? -dijo en tono impersonal.
-Sí, encanto, Mármol, Philip Mármol. ¿En qué puedo servirla? -dije, espantando con el pie una cucaracha que corría en diagonal por la habitación.
La mujer extrajo de su cartera una especie de carné y dijo con firmeza:
-Dirección General Impositiva, _Mármol. Muéstreme sus libros.
Mi nariz dio un respingo y sus orificios ventearon un asunto turbio.
-¿Impositiva? ¿Libros? De qué se trata, explíquese -dije, poniéndome de pie.
-Según el letrero de la puerta Ud. realiza una actividad o profesión que puede catalogarse de liberal y afectada a las normas impositivas previstas por la ley...
-Basta, querida -le dije tomándola fuertemente por el talle-. Este asunto apesta. Todavía no he realizado un solo trabajo y ya están fastidiándome con los condenados impuestos. Dígale a su patrón que no le pagaré un mugriento dólar hasta que no los gane.
Le dije eso hipnotizándola con mi mirada gris acero, y cuando estaba a punto de besarla alguien dijo:
-Quieto, Mármol. Suelte a esa mujer.
Me volví y vi a un hombrecillo de gafas sin montura y sobretodo, que sostenía varias carpetas en sus brazos.
Estaba sofocado y jadeante.
La dama se apartó con gesto brusco y comentó:
-Es Bermúdez, mi colega de inspección. Se atrasó porque tuvo que subir por las escaleras.
Yo miré a Bermúdez como si se tratara de una rata leprosa.
Su aspecto de sicario alcahuete era tan repulsivo como su olor a transpiración.
Conteniendo mi natural violencia intenté arreglar la situación con un billete de diez dólares, aunque bien podría haber despachado al sujeto y a la mujer.
Fue inútil.
Mi empresa no tenía la documentación en regla.
Ni siquiera tenía documentación.
Labraron un acta, acordaron una multa y redactaron una citación.
También estamparon una denuncia por desacato e intento de soborno.
Cuando se fueron, la partida de ajedrez había dejado de interesarme.
Bajé y me metí en el primer bar que encontré.
Media docena de martinis me devolvieron el buen humor.
A tres días de haber gastado mi último dólar el hambre me hacía ver visiones.
Si ese día no ganaba algún dinero, por la noche saldría a revolver latas de basura, cuando no a mendigar.
Sin embargo, por fin apareció un cliente.
Era un hombre maduro, rechoncho y de aspecto triste.
Hablaba con acento alemán y sus ademanes eran delicados.
Nos presentamos y en silencio lo escuché.
-Estoy desesperado, Mármol. Mi pequeña Katia ha desaparecido.
Su hija -pensé- la niña se metió en líos.
Un buen caso.
Típico padre desesperado.
-Hace una semana que no se nada de ella, y las autoridades poco han podido hacer. He recorrido los sitios que frecuentaba...
-Clama -dije, experiente en este tipo de relaciones caóticas, típicas de un padre desesperado- explíqueme: cuándo la vio por última vez y en dónde.
-Habíamos paseado por el parque a la una de la mañana y volvíamos a mi departamento a meternos en la cama. Fue el viernes pasado. Yo vivo en Pocitos, a media cuadra de la Plaza Gomensoro.
Caramba -me dije- no es la hija, es la amiguita.
Un asunto turbio.
Tal vez apareció un amante más joven.
El típico hombre maduro abandonado por su gatita adolescente.
-¿Cuándo notó su ausencia? -dije, haciendo garabatos caóticos en mi libreta de anotaciones.
-La dejé un instante para abrir la puerta de calle y cuando volví, la pequeña Katia ya no estaba. ¡Oh! Mármol, de sólo acordarme me desespero. Era una noche tan inclemente. Recorrí cuadras y cuadras buscándola, pero fue inútil. Jamás la volví a ver...
Era la situación clásica.
El abandono en un momento de hastío y arrepentimiento.
La loca carrera hasta la esquina donde una portezuela se abre y un automóvil arranca raudo hacia la libertad.
Unos brazos jóvenes que consuelan y tranquilizan y el final en un motel de la ruta, bebiendo un cognac después de ducharse,
-Cómo es ella, descríbamela.
-Hermosísima, Señor Mármol. Ojos negrísimos, carita delicada, bucles sobre la frente, nariz respingada, afable y saltarina como pocas. Una maravilla, ganadora de varios concursos.
Una muñequita de lujo, modelo quizá.
Una típica morocha, menudita pero atenta a todas las artes amatorias.
Pobre gordo, pensé, mientras destrozaba mi pluma Parker haciendo trazos insensatos sobre la dura madera del escritorio.
-Tranquilícese, amigo. Yo me encargaré de que su Katia aparezca. A propósito, ¿tendría una foto?
-¡Oh, sí, Señor Mármol! -dijo el gordo con expresión esperanzada, y me tendió una fotografía tomada con Polaroid.
Mi pluma se terminó de destrozar cuando contemplé el simpático retrato de una perra Cocker Spañiel gris y negra, acurrucada entre los brazos de mi cliente.
-¿Verdad que es hermosa, Señor Mármol?
-Sí -dije secamente, a punto de estrujar el retrato hasta hacerlo papilla-, y mi tarifa por encontrar a Katia son veinticinco dólares por día, más la bebida.
El gordo recuperó su foto y se encogió de hombros, perdiendo su mirada en el vacío.
-Olvídelo Mármol. Por ese dinero compro veinte cachorros recién nacidos. Le agradezco su atención, buenas noches.
-Hagamos diez dólares en total, si se la encuentro -retruqué, mientras mi ex cliente desaparecía.
Al borde del coma por inanición, al otro día vendí mi famosa "45".
Apenas si obtuve el equivalente a treinta dólares y una dolorosa sensación de vacío bajo mi axila izquierda.
Pero por fin pude comer y saciar el apetito de búfalo que me consumía.
En ese pintoresco lugar llamado "Mercado del Puerto" engullí dos "parrilladas" y media completas y cuatro litros de vino tinto.
Recuperadas las fuerzas, volví a la espera de nuevos clientes.
Los días subsiguientes no mejoraron las perspectivas de mi negocio.
Me visitó gente extraña con propuestas desconcertantes.
Un grupo de dirigentes de un club de fútbol (que nosotros conocemos como soccer, y es el deporte más popular en estas tierras), vino a contratar mis servicios para que les encontrara un número nueve guapo, goleador y barato.
El dueño de una agencia de publicidad, preso ya de la más atroz depresión, me imploró que recuperara la totalidad de sus clientes, los cuales había perdido en su totalidad en el término de seis meses.
Un comerciante que vendía a crédito me propuso una comisión por cada cuota que lograra cobrar, siempre y cuando yo amenazara de muerte a sus deudores.
Todo aquello era pura basura, por lo cual preferí seguir jugando al ajedrez y destrozando lapiceras contra la madera del escritorio.
Finalmente acepté una propuesta de una emisora de radio local.
El trabajo consistía en investigar en plena calle, interrogando a los lugareños, qué radio escuchaban.
Sin embargo mi cliente no aprobó mi método de amenazar con romperle las piernas a quien no me diera la respuesta correcta.
A los dos días fui despedido.
No aparecieron más clientes.
No pude pagar más el alquiler de la oficina y la abandoné.
Fui echado del hotel por mal pagador.
Gasté mis últimos dólares en beber quince grappas con limón (típica bebida autóctona).
En mi primer noche de vagabundo, una razzia terminó por arrojarme violentamente a un sucio calabozo.
El encuentro con los polizontes me recordó mis buenos tiempos en Los Ángeles.
Sus modales, también.
Los malos tiempos no duran para siempre.
Ahora tengo una ocupación decente que me permite seguir subsistiendo.
Vendo papeletas para la "Zona Azul", especie de parking extendido por todo el centro de la ciudad.
Es un oficio duro, pero comparado con el de investigador privado, es un juego de niños.
Trabajo de lunes a viernes y gano cuatro pesos por cada boleta que vendo.
Según mis cálculos deberé vender más de seis mil quinientas para poder pagar mi pasaje de regreso a Los Ángeles.
Lo que más extraño es el ginger ale con bourbon que preparan en el bar del aeropuerto.
Muy buenos consejos para arrancar bien la mañana!
ResponderEliminarGracias... Si te gusta deja tu opinión y también serán bienvenidos los chistes que quieras compartir...
Eliminar