Fin de semana: Viernes 14 a Domingo 16 de Junio de 2.024
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos una nueva y divertida edición con un artículo sobre los factores que regulan nuestro humor, chistes breves, humor llegado desde las redes sociales, cosas de matrimonios, nuevas sutilezas y unos textos humorísitcos muy interesantes, y como homenaje a todos los padres por su día, que recordamos el próximo domingo, un especial escrito de Juan José Millás. Esperamos que los disfruten, que pasen una muy buena semana y nuestro deseo para este domingo de un muy ¡Feliz día del padre! Para los amigos que así lo sean y para todos sus padres.
Esteban Nicolini
El humor es algo
serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
¿Qué factores influyen en nuestro humor? (Por Francisco Pérez)
Humor es el tono sentimental, agradable o desagradable, que experimenta internamente una persona.
Por lo tanto, no estamos hablando de aquello que nos hace sonreír o reír a carcajadas.
Generalmente, está vinculado a un objeto exterior (acontecimiento, lugar, otra persona, etc.) o a un pensamiento propio.
El humor se refiere exclusivamente a los sentimientos internos, o sea, subjetivos.
No abarca la manifestación exterior de los mismos.
Cuando tenemos en cuenta los sentimientos internos y su expresión externa, hablamos de afecto y no de humor.
Encontrarse de buen humor es estar alegres
Es una expresión coloquial y habitual el decir: “estoy de buen humor” o “estoy de mal humor”.
Esto lo decimos cuando queremos reflejar nuestra disposición anímica ante las circunstancias ambientales.
Cuando nos encontramos de buen humor nuestro tono vital y sentimental se encuentra fortalecido.
Nos sentimos alegres y sintonizamos bien con todos los acontecimientos positivos que nos rodean.
Si estamos de buen humor nos encontramos optimistas y tenemos ganas de hacer cosas.
Tenemos ganas de conectar con otras personas, divertirnos y sacar provecho de nuestras experiencias cotidianas.
Asimismo, disponemos de una mayor capacidad de resistencia para afrontar los posibles obstáculos.
Tendemos a minimizar los contratiempos, restándoles importancia, debido al optimismo generado por nuestro buen humor.
Cuando estamos de mal humor no estamos para nadie
Por el contrario, cuando nos encontramos de mal humor nos colocamos en el polo opuesto.
Nuestra disposición anímica se tiñe de pesimismo y nos sentimos apáticos.
Estamos desganados y faltos de interés por todo aquello que requiera un mínimo esfuerzo.
De esta forma, los contratiempos nos parecen complicaciones fastidiosas e insalvables.
Esto empeora aún más nuestro estado.
Preferimos que nos dejen en paz y no nos moleste la gente, por lo que tendemos a evitar las relaciones sociales.
¿Qué factores influyen?
Si tratamos de analizar qué factores influyen en el humor, veremos que son innumerables.
Unos factores son externos, procedentes del medio ambiente que rodea la vida de las personas.
Otros factores son internos, procedentes de la propia persona y que aparecen en forma de sensaciones físicas, psíquicas o combinadas.
Una clasificación de los factores determinantes de los cambios de humor nunca sería acertada, ya que una característica básica de los mismos es que son específicos de cada persona.
Es decir, cada persona es sensible a unos determinados factores que son particulares.
Un mismo acontecimiento actúa en el humor de varias personas de distinta manera, según su temperamento y carácter.
Para comprobar esto podríamos recurrir a un sencillo experimento.
Este experimento consistiría en acudir a una reunión social y detenernos a observar a cada uno de los asistentes, tratando de percibir su estado de ánimo, su humor predominante.
Probablemente veríamos a alguno alegre, radiante de felicidad, charlatán y lleno de entusiasmo.
No lejos de él veríamos a otro, callado, taciturno, ausente, actuando como si la fiesta no fuese con él.
Un poco más allá veríamos a un tercero, burlón, arrogante y presuntuoso que no cesa de llamar la atención.
Sentado en un rincón, tal vez otro esté deleitándose con la música.
Como vemos, el acontecimiento y los estímulos ambientales son comunes a todos; sin embargo, la reacción de cada uno es muy distinta.
Es por esto que nuestro humor depende de lo que pensemos y hagamos en determinadas situaciones.
Nuestra biografía determina nuestro estado de ánimo
Lo que para una persona es maravilloso para otra puede ser horripilante.
Así es en la mayoría de los casos.
Cada persona es un conjunto de vivencias, experiencias y recuerdos archivados a lo largo de toda su existencia.
A esto es a lo que llamamos biografía.
Cada una de estas vivencias, experiencias y recuerdos va acompañado de un sentimiento, una determinada emoción, que se activa cuando nos encontramos ante una circunstancia que los excita.
No es, pues, el hecho determinante en sí el que modula nuestro humor.
Lo que lo modula es la integración mental que hacemos del mismo en nuestro interior, con toda la carga emotiva que ello supone.
Así pues, cuando nos preguntamos qué cosas influyen en nuestro humor, podemos afirmar que todas aquellas que provoquen en nosotros una reacción emotiva, tanto positiva como negativa.
Hacer un listado de las mismas sería una tarea larga, pero valiosa para nuestro autoconocimiento.
Humor desde las
redes sociales...
1.
-”Buenas tardes, ¿hablo con el club de las menopáusicas?”
-”Si.”
-”¿Qué se necesita para ser socias?”
-”Nada, no tenemos reglas...”
2.
El paciente internado le pregunta preocupado al médico:
-”Doctor, ¿tendré cura?”
-”Sí, claro... Tendrá cura, misa y funeral...”
(Gracias Iche !!!)
3.
El tipo en el confesionario:
-”Padre, durante todo el día oigo una voz que me dice qué tengo que hacer y qué no hacer... ¿Estoy poseído?”
-”No, hijo mío... ¡Estás casado!”
(Gracias Gustavo !!!)
4.
Por lo que me llegó de gas, mi calefón debe tener piloto, copiloto, comisario de abordo y seis azafatas...
5.
-”Papá, ¿qué es el amor?”
-”¿Has sentido alguna vez que te estás cagando, que casi se te sale y se te pone la piel de gallina, y como que no llegas al baño?”
-”¡Sí!”
-”Pues esperame porque así estoy ahora. Cuando salga hablamos...”
(Gracias Marcelo !!!)
6.
A mi edad, el “sexo seguro” es no intentar posiciones complicadas que puedan lastimar mis articulaciones...
(Gracias Claudia !!!)
7.
Nunca dejes que nadie te diga:
-”¡No podés!”
Vos andá y podá igual...
(Gracias Guillermo !!!)
8.
Estamos peor pero estamos mejor.
Porque antes estábamos mal, pero era mentira.
No como ahora, que estamos mal, pero es verdad...
(Gracias Gladys !!!)
9.
Las llaman “influencers” porque “famosas sin estudios que se tocan el higo a dos manos”, quedaba feo...
(Gracias Esther !!!)
10.
Dos ancianas conversan y una le dice a la otra:
-”Dice Paco que me va a destruir esta noche, se va a tomar tres viágaras, ¿qué hago?”
-”Ponle una de tus manos en el pilín y la otra en el corazón, y así sabrás qué se le para primero...”
Pequeñas
delicias de la vida conyugal...
1.
La pareja en una cena romántica en un lujoso restaurant.
En eso el hombre le dice a la mujer:
-”Decime algo que me acelere el corazón.”
-”Tu esposa se acaba de sentar detrás tuyo.”
2.
En la cama, el hombre le pregunta a la chica:
-”¿Qué te gusta que te hagan?”
-”Tranferencias...”
3.
-”Papá, ¿es verdad que en China los hombres no conocen a sus esposas hasta después de la boda?”
-”Eso pasa en todas partes, hijo...”
4.
-”¿Cómo te puedo hacer feliz en la cama?”
-”No me despiertes...”
5.
La pareja de ancianos está charlando cuando la esposa le dice:
-”Hoy murió el padre que nos casó.”
Y el tipo responde:
-”El que la hace, la paga...”
(Gracias Iche !!!)
Protesta...
Un gangoso una mañana le dice a la mujer:
-”Or avor, ebame uos mate.”
Y se pone a leer “La gaceta”.
Y en eso lee un artículo que decía:
”A los gangosos hay que matarlos porque ni entre ellos se entienden lo que hablan.”
-”¡Io e uta!”, se enoja el tipo.
Entonces llama por teléfono a otro gangoso:
-”¿Leíte a aceta?”
-”Siii, ijo e uutaaaa... etó ininado...”
-”Ago tenemo que ajé...”
-”Siii, llamemo a o emá y untémono en a paza...”
Empiezan entonces a llamar a otros gangosos y esa noche se juntan en la plaza del pueblo 740 gangosos, todos manifestando con bombas de estruendo y gritando:
-”Ijo e Uta... ijo e utaaa...”
Entonces el organizador comienza a hablar por un megáfono:
-”Amo a demotále a odo que nootro no entennémo...”
-”Siiii, ijo e utaaaa, ijo e utaaaa...”, -gritaban todos.
Y el tipo sigue diciendo por el megáfono:
-”jo vo a decí un efrán i odo dijen ómo temina...”
-”Siiii...”
Y comienza:
-”En asa de erero...”
-”¡Ujílo e aaloooo...! ¡Iijo e utaaa, ijo e utaaa...”, -gritaban todos.
Y el tipo vuelve a decir por el megáfono:
-”Má ale ájaro e mano...”
-”Que jén olando... ¡Ijo e utaaa, ijo e utaaa!”
Y sigue:
-”Ojo or ojo”
-”Jejenta y cuato... ¡Ijo e utaa, ijo e utaaa!”
(Gracias Rodolfo !!!)
Sutilezas...
1.
A un agente viajero se le descompuso su coche en medio del campo.
Era de noche y llovía copiosamente.
El hombre vió a lo lejos una luz y caminó hacia ella en medio de la tempestad.
Llegó a la casa de un granjero.
Después de explicarle su problema le pidió:
-”¿Podría pasar la noche aquí?”
-”Con todo gusto”, -acepta el hombre, -”No tengo mujer ni hijas, y hay varias camas disponibles.”
El agente hace una pausa y luego pregunta:
-”¿A qué distancia está la casa del próximo granjero?”
2.
Hubo quejas en el club de damas porque el conferencista especializado en moral sexual dijo a las socias:
-”Estoy seguro que la mitad de ustedes han tenido una aventura extramatrimonial.”
La directiva exigió al conferenciante que se retractara.
-”Me retracto”, -concedió el tipo, -”Estoy seguro de que la mitad de ustedes NO han tenido una aventura extramatrimonial...”
3.
Un investigador del comportamiento humano hizo que una pareja de esposos llenara sendos cuestionarios.
Al revisarlos encontró algo que le llamó mucho la atención.
-”Debe haber un error”, -les dice, -”En el renglón correspondiente al número de veces que hacen el amor, usted, señor, escribió: una vez por semana. En cambio usted, señora, puso que entre dos y diez veces cada noche.”
-”Sí”, -conforma el marido, -”Es que ella en eso trabaja...”
4.
Catón preguntó a un señor ya grande que vendía ostiones si es verdadera la conseja que asigna a los ostiones la mirífica virtud de potenciar el desempeño sexual cuando tal potenciación se necesita, y éste le dijo:
-”¡Ay, amigo! ¿Usted cree que si deveras sirvieran para eso los vendería yo?”
5.
Cierto sujeto fue a consultar a un especialista.
Se quejaba de no durar en la palestra del amor carnal.
-”¿En qué momento acaba?”, -pregunta el facultativo.
-”Entre cómo te llamas y de qué signo eres...”
Oh, trabajo mi trabajo... (Por Xenius)
El cine y el mundo laboral tienen mucho en común.
¿No me creen?
Pues les invito a acompañarme por este breve a la par que intenso viaje.
Ya después podrán sacar sus propias conclusiones.
Pongamos como punto de partida la afamada película “Alien”.
Y ahora vayamos por partes, como diría el destripador de Londres.
Un bicho más feo que pegarle a una madre, parco en palabras y con halitosis.
Vamos que no tuvo demasiadas oportunidades para demostrar su profesionalidad.
Mas aquí comienza lo bueno, la historia del babas de marras que jamás les han contado.
Sin embargo para eso estoy yo aquí ¡para contársela!
Realmente este ser de otro mundo había comenzado su actividad profesional como becario en una morgue.
Si lo piensan con detenimiento no es tan raro, ahora bien, hablar lo que se dice hablar más bien poco o nada.
Eso por no mencionar su mal genio y la bata blanca que, al cuerpo que tenía, no le sentaba bien.
Ciertamente no duró mucho en su puesto porque allí los estómagos de los difuntos no podían incubar los huevos de los centollos, así que surcando planetas perdidos de la mano de Dios terminó colándose, de pura casualidad, en una carguera espacial.
Con no pocas penurias el infeliz por fin pudo firmar su primer contrato pero señores y señoras se las tuvo que ver con un peso pesado del departamento de recursos humanos.
Nada más y nada menos que una camionera machorra de armas tomar.
Al poco tiempo ésta, harta de sus vomitonas corrosivas y cuescos nucleares decidió, unilateralmente, romper el vínculo contractual.
Luego no tuvo mejor idea que hacer saltar por los aires la Nostromo para no dejar pruebas de aquel despido improcedente.
La cosa no salió como debiera…
¡Alto!
Retrocedamos antes del mega petardazo final…
-”¡Apártate!”, -gritaba él armado con un lanzallamas.
-”¡No puedo!”, -respondía ella paralizada por el horror, -”¡No puedo!, ¡No puedo!” (imagínesela a lo Chiquito de la calzada).
-”¡Maldita sea, apártate para que pueda quemarlo!”, -volvía a gritar el del lanzallamas, más sudado que un cofrade en la Semana Santa Sevillana.
¿Quemarlo?
Colega no sabes de la misa ni la mitad.
¿Cómo vas a chamuscar a alguien que ya está quemado por años demandando empleo y firmando contratos basura?
Evidentemente la palmaron los dos, una por idiota y el otro por imbécil…
Otro ejemplo que no deja indiferente al personal “300”.
Como sabrán sus “once premios de la academia” hacen justicia a tan excepcional obra del séptimo arte.
Ahora un dato importante: el guion fue escrito íntegramente por Tamtan.
¿Cómo?
¿No lo conocen?
Pues es uno de los orangutanes anexo al departamento creativo de una importante empresa del sector.
¡Ojo al dato!
Todos depilados, todos semidesnudos, todos apretujados… menuda estampa gay.
Todos cuadrados como armarios, sin sudar bajo ninguna circunstancia y dispuestos a matar persas con sus enormes lanzas griegas (¡Huy! Otra reminiscencia gay)
Tontunas engañosas.
No se dejen manipular por la falsa oficialidad.
Lo que nadie les ha contado es el auténtico guion original, hallado dentro de un baúl en la cabaña del tal Tamtan:
-”Veamos ¡Tú! El del dedo en la nariz ¿Cuál es tu oficio?”
–“Alfarero señor, sin oler arcilla desde hace medio año.”
-”¡Tú!, Sí ¡Tú! El que tira del calzón a lo Rafa Nadal. ¿Cuál es tu oficio?”
–“Carpintero señor, año y medio sin pasar el cepillo ni la lija.”
-”Tú, el de atrás, el del taparrabos de elefante que no para de mover la trompa. ¿Cuál es tu oficio?”
-”¿Yo señor? Pastor señor, y llevo casi dos años sin hacer queso…”
-”¡Espartanos, vosotros qué sois!”
-”¡Auuuu Auuuu!”
¿Lo ves?
He traído más desempleados que tú…
Para concluir un clásico entre clásicos:
“Psicosis”.
Un siniestro motel, una no menos siniestra casa y un hombre más raro que una vaca con tutú.
Y resulta que la protagonista femenina va y toma una habitación.
Si es que más cándida no se puede ser.
Yo veo algo así y se me afloja el vientre como odre de vino descosido.
Anda que no, es más, no tendría carretera suficiente para salir por piernas…
¿Recuerdan cuando encuentra el cadáver de la señora Bates?
Aquí les dejo el guion original.
Sólo dos personas en el mundo saben de su existencia y yo soy uno de los afortunados.
-”Esto… ¿hola? No quisiera perturbarla. ¿Señora Bates, se encuentra usted bien?”
Anda que la pregunta ya tiene delito.
Obviamente no contesta; una de dos, o lo hace por no escupirle directamente a la cara o por padecer afonía severa.
Continuando que es gerundio, ¿recuerdan?
Ella pone su mano en el hombro de la anciana, la gira y un desgarrador grito sacude el motel.
La infortunada señora Bates está más seca que la mojama.
Colgado del cuello un letrero que reza:
“Ha ido bien la entrevista de trabajo. Me han dicho que ya me llamarán así que, para estar más cómoda, me he sentado a esperar.”
Y vaya que si la tipa esperó, esperó y esperó…
Asustada, la otra golpea la bombilla con el brazo y ese meneo otorga dramatismo extra al momento en el cual se muestra, entre claroscuros,
aquella jeta esquelética que parece estar pensando con hondo resentimiento:
¿Habrán perdido mi número?
Esto por no hablar de la secuencia en la ducha.
Inolvidable y magistral.
¿La recuerdan verdad?
No se dejen engañar porque las apariencias no siempre son lo que aparentan ser.
La misma tipa especialista en no dar una en la ducha, agotada tras media jornada de doce horas vendiendo sardinas, arenques y besugos en la pescadería del pueblo.
Repentinamente se abre la puerta y una sombra furtiva accede al interior.
Lenta pero decididamente se acerca a la cortina y…
-”¡Eh! ¡Oiga! ¿Quién es usted? ¿Qué hace ahí? ¿Qué lleva en la mano?”
Otra pregunta estúpida.
Si tal un termómetro, señora váyase poniendo a cuatro patas que le voy a tomar la temperatura.
El muy imbécil ha sido descubierto, menudo patán de asesino.
Apresuradamente aprovecha la llamada recibida en recepción para salir del apuro…
-”Disculpe mi osadía, no quisiera importunarla.” (anda que no).
-”Han dejado un mensaje para usted. Dice su jefe que no se moleste en abrir la pescadería el lunes. Está despedida por haberse quedado preñada del charcutero…”
-”¿Perdón?”
Y fruto del desconcierto comienza un retén de preguntas absurdas que no precisan ser respondidas:
¿La tierra es plana?
¿Si orino haciendo el pino me saldrá el pis?
¿Por qué los perros se huelen el culo?
¿A qué huelen las nubes?
Del profundo disgusto descorre la cortina como Dios la trajo al mundo.
Agarra el afilado cuchillo del patán y comienza a apuñalarse por todas partes.
¡Antes muerta que engrosando la lista del paro!
Él, aterrado y salpicado de sangre sale despavorido.
Corre al sótano buscando a su santa madre.
Sus profundas cuencas vacías aún siguen esperando la llamada…
-”Madre ¡Usted a lo suyo! Se lo he dicho mil veces. Si en lugar de este motelucho de mala muerte hubiera levantado, al lado de padre, una empresa de trabajo temporal.”
No se hernie, no vaya a ser.
Ya yo me desharé de la desempleada muerta en la ducha.
Delirios normales... (Por Juan José Millás)
En la última época de su vida, mi padre se ponía un traje encima de otro.
Creía que tenía dos cuerpos y que su obligación era vestir a los dos.
Uno de los trajes era de invierno y el otro de verano, porque cada cuerpo vivía en una estación.
Exigía así mismo que se le sirvieran dos primeros platos, dos segundos platos y dos postres.
Le dábamos también una comida de invierno y otra de verano.
Así, un día podía comer de primero sopa y gazpacho; de segundo, solomillo y pescado a la plancha y, de postre, arroz con leche y helado.
En realidad, comía como si tuviera tres cuerpos porque padeció durante aquella época una bulimia muy frecuente, según nos explicó el médico, a esas edades.
Como mi madre había muerto antes que él, algunos de mis hermanos sostenían que el segundo cuerpo de mi padre podría ser el de ella.
Según tal teoría, al no ser capaz de asumir su fallecimiento, la había «incorporado» a su existencia, de tal modo que ahora era simultáneamente nuestro padre y nuestra madre.
Yo no compartía esa opinión.
Estaba seguro de que el segundo cuerpo de mi padre procedía más bien de la materialización de una idea fantástica que había tenido acerca de sí mismo a lo largo de la vida.
Mi padre trabajó en las oficinas de unos grandes almacenes.
Llegó a ser el responsable de compras de prendas de vestir para caballeros.
Pero su pasión era la música.
Aunque había estudiado en el conservatorio, no llegó a terminar la carrera porque la situación económica de su familia le obligó a ponerse a trabajar.
Su entretenimiento favorito era dirigir orquestas imaginarias.
Se ponía un disco de música clásica en el equipo del salón, tomaba una varita y se pasaba la tarde del sábado dirigiendo.
Lo hacía sin ningún pudor, delante de la familia.
Yo dejé de invitar a mis amigos porque me daba vergüenza.
Cuando se jubiló, empezó a dirigir dos y tres conciertos diarios.
Se compró un ordenador en el que diseñaba unas invitaciones muy sobrias de las que imprimía cuatro o cinco ejemplares.
Cuando la enfermedad redujo a mi madre a la silla de ruedas, la obligaba a escuchar todos los conciertos.
Yo escuché alguno también.
Superado el primer momento de ridículo, lograba entrar en la fantasía paterna y llegaba a ver una orquesta entera.
Poco a poco, la fantasía fue invadiendo la realidad de tal modo que se hizo incontrolable.
Recuerdo que un día le llamé para invitarle a comer y me dijo que esa tarde tenía concierto.
-”Ya sabes”, -añadió, -”que el día que tengo concierto apenas como.”
Hablamos con un psiquiatra que no dio mayor importancia al asunto.
Si el hombre era feliz así -vino a decirnos-, para qué traerlo a la realidad.
Supongo que nosotros queríamos traerlo a la realidad porque nos daba un poco de miedo.
No nos gustaba que dijera a sus nietos que era director de orquesta porque no era verdad.
Si su delirio hubiera ido acompañado de otros síntomas (agresividad, melancolía, pérdida del sentido de orientación...), el psiquiatra lo habría tratado con gusto.
Pero, fuera de esta rareza, mi padre tenía un comportamiento perfectamente normal.
Las alarmas saltaron cuando afirmó que tenía dos cuerpos.
Por esa época había dejado de dirigir porque sus brazos no soportaban la tensión.
Yo hablaba mucho con él.
Comprobé que no negaba que se había ganado la vida en las oficinas de unos grandes almacenes, pero eso no le parecía incompatible con el hecho de haber sido también un afamado director de orquesta.
Comprendí que a lo largo de los años, durante las horas de oficina, había ido levantando dentro de sí un individuo fantástico que recorría los auditorios más famosos del mundo.
Todos tenemos fantasías de éxito en un terreno u otro, pero las de mi padre habían alcanzado un grado tal de intensidad que en algún momento saltaron a la realidad.
Lo curioso era que el director de orquesta no había anulado al jefe de compras, sino que había llegado a un acuerdo con él.
Tal acuerdo, imaginé yo, porque él no me lo dijo, incluía que uno de ellos viviera en invierno y el otro en verano, para no confundirse.
Mientras el oficinista descansaba en agosto a la orilla del mar, el director de orquesta daba conciertos en las capitales más importantes del mundo.
Cuando falleció, y aunque algunos de mis hermanos se opusieron, ordené que lo amortajaran con dos trajes, uno de verano y otro de invierno.
De esto hace ya cuatro o cinco años, pero me he acordado ahora porque también yo he empezado a sentir que poseo dos cuerpos.
Es una sensación extraña, como si el cuerpo espiritual se hubiera materializado.
No se lo he dicho a nadie todavía.
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