Fin de semana: Viernes 2 a Domingo 4 de Junio de 2.023
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana llegamos con un nuevo artículo con un estudio sobre el optimismo, humor recibido desde las redes sociales, chistes breves y variados, más sutilezas y unos textos humorísticos muy interesantes y divertidos. Esperamos que sean del agrado de todos y les deseamos un excelente fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo
serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
Un sorprendente estudio sobre el optimismo (por Edith Sánchez)
La Universidad Estatal de Michigan llevó a cabo un interesante estudio sobre el optimismo.
No es el primero que se realiza sobre este tema, pero sí uno de los más completos.
También llega a ser uno de los más sorprendentes por las conclusiones a las que llega.
El optimismo se define como una actitud por la cual se tiende a valorar la realidad de una manera un tanto distorsionada: haciendo énfasis en sus aspectos positivos o favorables.
Se trata entonces de una forma particular de interpretar los hechos que a veces nace de forma natural, como fruto del carácter, y otras veces corresponde a una posición filosófica al respecto.
Este estudio sobre el optimismo fue dirigido por el profesor William Chopik y se considera el más amplio de su género.
Para realizarlo se partió de una muestra de 75.000 personas, con edades entre los 16 y los 101 años.
Se examinaron personas de Estados Unidos, Alemania y Países Bajos.
El estudio sobre el optimismo
El estudio sobre el optimismo se propuso medir el nivel de optimismo y las expectativas hacia el futuro de hombres y mujeres en distintas etapas de la vida.
También se consideraron acontecimientos frecuentes, como el matrimonio, el divorcio, un nuevo trabajo, las muertes, etc., para determinar cómo esos sucesos influían en la visión positiva de la vida.
No se examinó a participantes con vidas en las que hubiese sucesos extraordinarios, positivos o negativos.
El estudio se mantuvo en el marco de una vida típica, con logros y pérdidas comunes.
En otras palabras, vidas “normales” que transcurrían en circunstancias aceptables.
Los investigadores también querían determinar si la visión optimista cambia con los años o está relacionada de algún modo con la edad.
Estudios previos habían señalado que la gente tiende a desarrollar más optimismo durante la mediana edad.
Los sucesos difíciles
Una de las conclusiones sorprendentes de este estudio sobre el optimismo es que los eventos trágicos o difíciles no parecen afectar significativamente la disposición a ver lo positivo de la vida.
Situaciones como la muerte o el divorcio no alteraron de manera considerable esta actitud.
Al parecer, la mayoría de las personas sabe que debe centrarse en los aspectos positivos de la realidad, pese a las adversidades, porque esto sostiene el equilibrio emocional.
El director del estudio, William Chopik, destacó que la gente es más resistente frente a la adversidad de lo que se piensa.
Se tiende a creer que los sucesos trágicos cambian radicalmente la perspectiva de quienes los viven, pero no es así.
La investigación mostró que incluso después de pasar por experiencias terribles, las personas logran ver el futuro con esperanza.
El optimismo y la edad
Otro de los datos llamativos del estudio sobre el optimismo es la relación entre esta actitud y la edad.
En general, a partir de los 16 años y hasta, más o menos, los 70 años, el optimismo siempre va en aumento.
Se trata de un tramo de la vida en el que la gente mira hacia el futuro con ilusión y esperanza.
Al parecer, esto tiene que ver con el hecho de que durante esa larga etapa tienen lugar una serie de eventos vitales que provocan ilusión en las personas.
Hay nuevos amores, nuevos trabajos, estudios, la conquista de la independencia, etc.
Esa dinámica influye para que el optimismo se acreciente.
Después de los 70 años, sí se ve un cambio considerable.
En la mayoría de las personas el optimismo comienza a decrecer paulatinamente después de esa edad.
Todo indica que esto se debe a que las personas perciben que la mayor parte de su vida ha quedado atrás y a que las afecciones de salud están más presentes.
La importancia del optimismo
Otros estudios, citados en esta investigación, sugieren que el optimismo se encuentra estrechamente vinculado con las experiencias tempranas de la vida.
Cuando se experimentan vínculos significativos y seguros con los adultos durante la infancia, se desarrolla una visión positiva de la realidad, que permanece durante toda la vida.
También hay datos según los cuales el optimismo y los logros son realidades que se retroalimentan.
Esto quiere decir que las personas optimistas tienen más tendencia a lograr lo que se proponen; a su vez, estos logros refuerzan la actitud y la esperanza.
Humor desde las
redes sociales…
1.
Un hombre mujeriego, puede tener 10 mujeres.
Pero el día que encuentra la indicada... va a tener 11.
Matemáticas...
2.
La piscóloga:
-”¿Qué te impide hacer lo que sentís?”
Yo:
-”Por lo general, varios artículos del código penal...”
(Gracias Iche !!!)
3.
En la entrevista de trabajo, el entrevistador lee los antecedentes del candidato y le dice:
-”En su curriculum dice Usted que depende mucho de su madre...”
-”¿Eso ha puesto?”
(Gracias Marcelo !!!)
4.
-”Primo, ¿qué chata me recomendás?”
-”La Hilux, ¡un fierro!”
-”Acá me dicen en la farmacia que de fierro no... Solo enlozada o de plástico...”
(Gracias Rodolfo !!!)
5.
¿Sabías que la mayoría de arqueólogos son mujeres?
Esto debido a su habilidad natural de desenterrar el pasado...
(Gracias Marcos !!!)
6.
¿Saben por qué Sancho Panza estaba así de gordo?
Por comer con-cervantes...
(Gracias Isabel !!!)
Moraleja...
Muy buena moraleja para los que deben conducir personas...
El último rey de una comunidad tenía diez perros salvajes.
Los usaba para torturar y que se comiera a cualquiera de sus servidores que cometiera un error.
Uno de los criados hizo un dictamen mal y al rey no le gustó en absoluto.
Por lo que ordenó que el sirviente debería ser arrojado a los perros.
El sirviente dijo:
-”Yo te serví durante diez años, ¿y tú me haces ésto a mí? iPor favor, dame diez días antes de lanzarme a los perros.”
Y el rey se los concedió.
En esos diez días, el criado se dirigió al guardia que se ocupa de los perros y le dijo que le gustaría servir a los perros durante los próximos diez días.
El guardia estaba desconcertado, pero estuvo de acuerdo, y el criado se dedicó a la alimentación de los perros, la limpieza, a bañarlos y con todo tipo de confort
para ellos.
Cuando los diez días habían terminado, el rey ordenó que el sirviente fuera arrojado a los perros para su castigo.
Cuando fue lanzado, todos estaban sorprendidos de ver a los perros voraces solamente lamiendo los pies del criado.
El rey, desconcertado ante lo que estaba viendo, dijo:
-”¿"Qué es lo que ha sucedido con mis perros?"
El sirviente respondió:
-”Serví a los perros sólo diez días y ellos no olvidaron mis servicios. ¡Sin embargo, le serví por diez años y usted se olvidó de todo, en mi primer error!”
El rey se dio cuenta de su error y ordenó que al criado lo cagaran a tiros por hacerse el pija.
(Gracias Rodolfo !!!)
Un cacho de cultura...
Un día como hoy, hace 523 años, Cristóbal Colón paseaba por los manglares, cuando observó como un indígena se introducía una banana por el culo.
Corroído por la curiosidad, hico lo mismo en la soledad de su camarote.
Más de 500 años después, a este tipo de prácticas anales con aparatos, se las conoce como “Colón os copia”.
A ver si aprendemos un poquito de historia que la cultura no hace daño...
Variaditos...
1.
Un tipo va a la consulta con el médico y le dice:
-”Mire doctor, estoy saliendo con una chica que es más jovencita y al primero llego bien, al segundo ya como que me empiezo a fatigar, al tercero me empiezan a agarrar calambres y al cuarto ya siento que me desmayo...”
-”Pero, ¿Usted cuántos años tiene?”
-”52 años.”
-”Y a esa edad, ¿qué más quiere?”
-”Y, me gustaría llegar al quinto que es donde vive ella, pero en el edificio no hay ascensor...”
2.
-”Hola, amigo, me enterpé que te separaste de la chica con la que estabas saliendo.”
-”Si, en cuanto se enterí que no era millonario y que no tenía una buena posición, me dejó.”
-”¿Y no le contaste que tu tío es el dueño de un banco?”
-”Si, le conté. Y por eso me dejó. Ahora es mi tía...”
3.
Para mí, lo del matrimonio es todo una estafa.
Cuando te casas, te dicen que te casas con toda la familia.
Ahora, después vos te querés acostar con la prima y te arman un escándalo...
(Gracias Iche !!!)
Por un idioma sin “idiomo”...
Si no tiene "dío" el día,
y el trigo no tiene "triga",
ni existen las "gobernantas",
tampoco las "estudiantas",
ni "hormigo" entre las hormigas.
Aunque lo intenten, comprar
con millones y "millonas"
un trono no tiene "trona"
ni "jaguara" has de llamar
a la hembra del jaguar.
Y aunque el loro tenga Lora,
y tenga una flor la flora,
mi lógica no se aplaca:
no tienen "vacos" las vacas,
ni los toros tienen "toras".
Aunque las libras existan,
con los libros no emparejan,
y tampoco se cotejan,
suelos, que de suelas distan,
por mucho o "mucha" que insistan;
mi mano no tiene "mana",
no tiene "rano" la rana,
y foco no va con foca,
ni utilizando por boca,
al masculino de Ana.
(Gracias Carlos !!!)
Sutilezas...
1.
-”Me duele el destino”, -les dijo Pepito a sus papás.
La madre se inquietó; el papá pensó que su hijo era un niño prodigio de la filosofía, así como los hay de la música o el ajedrez.
Un Mozart o Bobby Fischer de la ontología, por decir.
Le preguntó, solemne:
-”¿Acaso tu sino es doloroso?”
La señora, más práctica, inquirió:
-”¿Dónde exactamente te duele?”
El chiquillo se señaló la parte de la entrepierna.
Dijo el padre, algo decepcionado:
-”Eso no se llama así. Tiene muchos nombres, pero jamás he oído que le digan ‘el destino’...”
Con una pregunta respondió Pepito:
-”¿Entonces por qué en la fotografía de los novios que se casan dicen los periódicos: ‘Unieron sus destinos’?”
2.
-”Eres un mentiroso. Siempre me has dicho que tu abuelo murió de muerte natural, y ahora me entero de que lo ahorcaron por bandido.”
-”No te mentí. Con la vida que llevaba era natural que lo ahorcaran...”
3.
Don Cucurulo, finústico caballero que a más del don tenía el din, pues era de edad provecta y dineroso, cortejaba con asiduidad pero sin determinación a Himenia Camafría, madura célibe que andaba por la cincuentena.
Cierto día la visitó en su casa a la hora de la merienda.
Ella le ofreció un piscolabis –así dijo- consistente en piononos y rompope.
Le dijo con acento insinuativo:
-”Caro amigo: le di la tarde libre a mi doncella, aunque hoy no es su día de descanso. Espero que no vaya usted a aprovecharse de mi soledad para intentar algo indebido.”
-”Señorita”, -replicó don Cucurulo, digno, -”Soy Caballero de la Caballerosa Orden y pertenezco a la Legión Condal. Necesitaría estar ebrio completo para atreverme a semejante demasía...”
Himenia retiró la botella de rompope y trajo en su lugar una de tequila, otra de whisky, una más de ginebra, otra de vodka y dos de ron.
4.
En el Gentleman’s Club sir Highrump le dijo a lord Feebledick:
-”Deberías poner cortinas en tu alcoba, old fellow. Ayer a las 5 de la tarde te vi desde mi casa, con mi catalejo, haciendo el amor con tu mujer, y a través de la ventana pude contemplar tus acrobacias y maromas en la cama.”
-”Estás por completo equivocado”, -replicó lord Feebledick, -”Primeramente, en las rarísimas ocasiones en que hago el amor con mi mujer nunca hay maromas ni acrobacias durante los 10 segundos que suele durar ese antiestético acto, y en segundo lugar a esa hora estaba yo aquí tomando el té, de lo cual James el camarero podrá dar constancia fidedigna. La conclusión lógica es que tu catalejo o está descompuesto o no sirve para nada...”
5.
Un señor le dijo al consejero matrimonial:
-”Me preocupa mucho la felicidad de mi mujer, doctor.”
-”Eso está muy bien”, -lo felicitó el profesional, -”Preocuparse por la felicidad de su pareja es signo de amor y madurez. Qué bueno que le preocupe a usted la felicidad de su esposa.”
-”Sí”, -confirmó el señor, -”Ya contraté a un detective para que la vigile y averigüe la causa de su felicidad...”
Shopping... (Por
François Lapierre)
Como casi todas las mañanas de los sábados de, al menos, diez años atrás, cojo mi coche, el que ahora es casi nuevo y, por aquel entonces, el otro que conservaba a duras penas, gastando una considerable fortuna en reparaciones diversas y necesarias, hasta devenir necesariamente, y como cualquier ser viviente, en muerte y desaparición, al menos sentimentalmente.
Aquel coche amigo que me procuró vivir intensos momentos de amor en aquellos descampados retirados de cualquier vestigio de concentración humana, escondido en la nocturnidad y lejos de miradas vouyeristas, abrazando, besando...
El mismo que me permitía desplazarme a otros lugares y disfrutar del mar, del campo o de la montaña, y también el que me podía dejar tirado en una carretera por falta de gasolina, por la correa del alternador, por la bomba de agua o por cualquier otra putada que le apeteciera aquel día hacer, y eso que era mi amigo.
Cojo mi coche, como digo, y me traslado a algún centro comercial (el que se me antoje ese día) para realizar algunas compras, poca cosa (llevo una lista), que después, increíblemente, son más de las debidas.
La odisea comienza al llegar al aparcamiento.
“Buitres” embutidos en cajas de acero rodantes escudriñan sin piedad los posibles huecos donde poder aparcar; esperan, algo impacientes, a que salga ese que ya ha comprado y que introduce las bolsas en el maletero con una parsimonia propia del que se sabe esperado; arrebatan la plaza de aparcamiento con una brusca maniobra a aquel otro que se acerca decidido a aparcar en el hueco que ha encontrado, o empotran el vehículo sin dejar el mínimo espacio necesario para abrir la puerta del que se marche.
Ya en el interior, y con el correspondiente carro para cargar la compra, sorteo toda clase de obstáculos, cual de una pista americana se tratase.
Los pasillos son reducidos, y la necesaria parada para comprar, para revisar los distintos precios del mismo producto, la marca, o la caducidad, marcan un itinerario zigzagueante difícil de realizar sin rozar o chocar con otros carros (tarea aún más dura cuando el carro va suficientemente cargado).
Porque ¡ay! del que no mire la caducidad y cuando llegue a casa se encuentre con productos pasados de la fecha.
Una de dos: u opta por volver al centro con el consiguiente gasto de gasolina y pérdida de tiempo, o tira el producto a la basura, perdiendo igualmente el importe y la disponibilidad de ese producto.
Hay que dar algunas vueltas por esos grandes espacios porque, al mirar la lista, siempre curiosamente se deben retroceder algunos pasillos para conseguir fideos, champú, conserva de atún o cualquier otro producto que, aún habiendo estado en el procedente pasillo, no se ha visto o se ha olvidado.
Todo un ejercicio.
Para qué hacer footing si las piernas ya trabajan lo suficiente aquí.
Pero a los que nos gusta el vino tenemos un buen entretenimiento, las añadas.
Vamos hasta la sección del Rioja, por ejemplo, y comprobamos el año de cosecha.
Esta botella es barata, por lo que lo más seguro es que la cosecha de ese año fuera regular.
Esta otra, más cara, posiblemente sea de un año de buena o muy buena cosecha.
Después nos dirigimos a la de los Ribera del Duero, a la de los Terra Alta, Jumilla, Montilla-Moriles...
Mareados, y sin haber probado un sorbo, me dirijo hacia las cajas.
Aquí se da una extraña ley: la cola más larga avanza más deprisa que la más corta.
Podéis hacer la prueba cuando queráis.
Poneos en una caja que tenga uno o dos carros, prácticamente vacíos, y veréis como la de al lado, donde había cuatro carros cargados hasta arriba, termina antes que la vuestra.
Inexplicablemente surgen problemas de etiquetado, o ¡dios sabe qué!, que obligan al cajero a llamar a la Caja Central y a paralizar la salida de compradores.
Pero, ¡ojo!, no se te ocurra cambiar de caja porque entonces, segunda ley, esa caja irá más lenta que la que acabas de abandonar.
Y para rematar hay que recoger las cosas compradas, derivadas rápidamente por el cajero a esa infernal cinta en movimiento, sin orden ni control, porque cuando él haya terminado (seguro que antes de que uno haya colocado todo en el carro de nuevo) te exigirá el abono de la compra inmediatamente, ya que hay gente esperando.
Entonces verás gestos adustos en el cajero y en los que esperan, y te invadirán las prisas y los nervios.
Cuando, finalmente, nos dirigimos hacia la salida, satisfechos y, a la vez, un poco dolidos por la compra realizada, pasaremos por unos temibles artilugios que, aleatoriamente, comenzarán a sonar y harán aparecer por arte de magia a uno o dos vigilantes.
Estos, amablemente, te pedirán que le enseñes el ticket de caja a la vez que removerán todo lo que, ordenadamente, has colocado, para descubrir que a un producto se les ha pasado quitar el chip antirrobo.
Pedirán disculpas y te marcharás aturdido por haber sido asaltado impunemente, simplemente porque alguien no ha realizado su cometido.
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