Fin de semana: Viernes 30 de Junio a Domingo 2 de Julio de 2.023
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana llegamos con un artículo sobre la felicidad y algunas habilidades que nos ayudan a encontrarla, chistes breves y tontuelos, más humor recopilado desde las redes sociales, humor de “la cole”, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos realmente ocurrentes y divertidos. Esperamos que los disfruten y les deseamos a todos un muy buen fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo
serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
10 habilidades para una vida feliz (por Edith Sánchez)
A veces pensamos, equivocadamente, que la felicidad es un asunto del azar.
Esto no es cierto.
En realidad, ese bienestar global al que llamamos felicidad principalmente es fruto del trabajo.
Podemos desarrollar habilidades para una vida feliz, sin importar lo bueno o malo que nos ocurra.
Es claro que en el recorrido vital de todos hay un componente de azar.
En principio, no somos los dueños de las circunstancias y no podemos moldearlas al antojo.
Sin embargo, cuando desarrollamos las habilidades para una vida feliz, encontramos el camino para abordar esas circunstancias de la forma más constructiva posible.
Las habilidades para una vida feliz no son talentos del otro mundo.
Tienen que ver con educar nuestra mente para que encontrar el camino del bienestar sea una tarea más autónoma.
Las habilidades determinantes para ello son las siguientes.
Una vida feliz…
1. La felicidad también se planifica
Todos hablamos de felicidad, pero no todos sabríamos cómo definirla.
Así mismo, es posible que tengamos un concepto global de felicidad, pero que no logremos concretarlo en las situaciones específicas.
Así que la primera de las habilidades para una vida feliz es la de desarrollar nuestro propio concepto de bienestar; no solamente en general, sino referido a los ámbitos o aspectos puntuales en los que nos desenvolvemos.
2. Enfoque hacia el crecimiento, una de las habilidades para una vida feliz
Desafiarnos a nosotros mismos nos acerca a la felicidad.
El conformismo es una señal de que estamos invadidos de miedo o de falta de motivación.
Asumir retos , en cambio, nos revitaliza y le pone un toque de sabor a lo que hacemos.
Querer ser mejores y hacer lo necesario para lograrlo incrementa nuestra satisfacción con la vida.
3. Aprender a ver lo mejor de todo
Por instinto de conservación tendemos a enfocarnos más en lo negativo que en lo positivo de las situaciones.
Por eso, no es fácil aprender a ver lo mejor de cada persona o de cada situación.
Lo más aconsejable es dejar que esos enfoques negativos emerjan, pero inmediatamente contarrestarlos con enfoques optimistas y quedarnos con estos.
4. Ser capaz de confiar en uno mismo
Una de las grandes habilidades para una vida feliz es la autoconfianza.
Para desarrollarla, nada mejor que convertirnos en el mejor amigo de nosotros mismos.
Dejemos la autocrítica constante a un lado, perdonémonos por los errores que cometemos o por no lograr de inmediato lo que queremos.
Seamos autocompasivos y tratemos de entendernos, no de juzgarnos.
5. Equilibrio entre las diferentes dimensiones de la vida
El trabajo es una parte importante de la vida, pero no la vida misma.
Está bien que le dediquemos buena parte de nuestro tiempo, pero no podemos permitir que se convierta en el eje alrededor del cual gira todo lo demás.
Somos más felices cuando experimentamos no una, sino muchas facetas de nuestro ser.
La pareja, los amigos, la familia, la salud y la creación deben tener un lugar irreemplazable.
6. Desarrollar la resiliencia
Esta es una de las más importantes habilidades para una vida feliz.
Tiene que ver con la capacidad de recuperarte y crecer, luego de que has tenido un revés.
A veces, toma tiempo, a veces cuesta mucho esfuerzo, pero, en definitiva, es una capacidad que todos podemos desarrollar con suficiente voluntad y trabajo.
La resiliencia, a su vez, incrementa la autoconfianza y esta la seguridad.
O sea: llevamos tres por el precio de uno.
7. Luchar contra los automatismos
Todos estamos llenos de automatismos mentales, emocionales y físicos.
A veces, nos ayudan a hacer la vida más simple, pero en otras ocasiones son acciones mecánicas que solo nos conducen al malestar.
Es bueno observarnos para detectar si esto está ocurriendo.
De ser así, una buena idea es comenzar cambiando los automatismos físicos de las conductas que queremos erradicar, para luego seguir con los mentales y los emocionales.
8. Encontrar un propósito
La mayoría de nosotros sabemos que la vida es más interesante y agradable cuando tenemos un propósito por el cual luchar.
El problema es que no siempre encontramos ese gran propósito existencial.
Quizás lo mejor sea dejarnos llevar por nuestros impulsos espontáneos hacia pequeños propósitos inmediatos.
De seguro, estos nos llevarán a descubrir esos grandes objetivos para la vida.
9. Practicar la bondad
Quizás ya has notado que las personas más bondadosas son también las más felices.
Por contrapartida, quienes se llenan de amargura también son los más egoístas y, a veces, crueles.
Ser bondadoso con los demás nos provoca un sentimiento de felicidad profundo y duradero.
La dicha que produce el impactar positivamente en la vida de los otros no tiene precio.
10. Construir relaciones saludables
El sentimiento de felicidad solo es pleno cuando es compartido.
Las relaciones con los demás son fundamentales para el bienestar personal.
La mejor manera de construirlas es valorando a cada uno por lo que es y como es, respetando y siendo agradecidos con lo que nos brindan.
Estas 10 habilidades para una vida feliz no se desarrollan de la noche a la mañana.
Se necesita de trabajo, constancia y decisión.
Finalmente, es probable que no consigamos ese tipo de felicidad idealizada y total, pero con toda seguridad alcanzaremos un nivel de bienestar mucho más elevado y un importante grado de satisfacción con la existencia.
Humor desde las
redes sociales…
1.
En 6 meses se termina el año, y de los 5 kilos que quería bajar, ya nada más me faltan 15...
(Gracias Isabel !!!)
2.
El militar le presenta a su superior un candidato a alistarse:
-”Este es su hombre, coronel... Aguanta cualquier cosa y come cualquier porquería...”
-”¿Es Boina Verde?”
-”No, es jubilado...”
(Gracias Rodolfo !!!)
3.
Dice mi abuela que antes ni Feisbus ni Feisbas.
Que ella se iba a ordeñar la cabra al establo y allí mi abuelo la agregaba como amiga, pero bien...
(Gracias Esther !!!)
4.
Madurar es terminar una relación y no hablar mal de la porquería esa...
5.
Tenía mucho tiempo sin ser el motivo de una sonrisa de alguien, hasta hoy.
Me caí en la calle...
(Gracias Diana !!!)
Humor de “la cole”...
1.
-”Hola vecino”, -dice una hermosa dama de la cole, divorciada en la ciudad de New York.
-”Sabe que hoy tengo ganas de salir y divertirme, bailar, beber y tener sexo toda la noche. ¿Está usted ocupado?”
-”Noooooo...”
-”Bien. Que bueno, me puede cuidar los chicos.”
2.
Un médico y un abogado hablaban en un Bar Mitzvah.
Su conversación era interrumpida constantemente por personas que describían sus dolencias y pedían consejo médico gratuito al médico.
Después de una hora de esto, el doctor exasperado le preguntó al abogado:
-”¿Qué haces para evitar que la gente te pida consejo legal cuando estás fuera de la oficina?”
-”Yo se los doy”, -respondió el abogado, -”y luego les envío una factura.”
El médico se sorprendió, pero accedió a intentarlo.
Al día siguiente, todavía sintiéndose un poco culpable, el médico preparó las facturas.
En camino a enviar las cartas miró su buzón, y encontró la factura del abogado.
(Gracias Iche !!!)
Sutilezas...
1.
-”¿De dónde sacaste ese collar de perlas?”, -le preguntó Dulcibella a su amiga Blancaflor.
Respondió ella:
-”Me lo regaló el joyero.”
-”¿Cómo?”, -se sorprendió la amiga.
-”Sí”, -confirmó Dulcibella, -”Le comenté que me parecía muy caro y me dijo que me quedara con él. Me quedé con él y me lo regaló.”
2.
Los reporteros sorprendieron a la vedette de moda, Bustilia Grandnalguier, cuando salía del departamento de un productor de cine.
De inmediato la atosigaron con preguntas:
-”¿Es tu novio? ¿Se van a casar?...”
-”¡Caramba!”, -se enojó Bustilia, -”¡No puedo acostarme con un hombre sin que la gente piense que hay algo entre nosotros!”
3.
El padre Arsilio les preguntó a los niños del catecismo:
-”¿Cuál es la primera condición para obtener el perdón de nuestros pecados?”
Aventuró Pepito:
-”¿Tener pecados?”
4.
Ya conocemos a don Chinguetas, es un marido casquivano.
Un sabio refrán dice que “El león cree que todos son de su condición”.
Así, don Chinguetas receló que su esposa le ponía el cuerno.
Contrató a un detective privado para que la siguiera.
Un par de días después el investigador le dio el informe:
-”Seguí a su esposa ayer. Primero fue a una cantina de mala muerte y después a un motel en las afueras de la ciudad.”
-”¡Lo que me sospechaba!”, -exclamó don Chinguetas, -”¿Qué hacía mi mujer en esos lugares?”
Replicó el detective:
-”Lo estaba siguiendo a usted...”
5.
Un ranchero iba por el camino con su burro, y el animal decidió ya no caminar.
Ruegos, amenazas, y aun golpes, resultaron en vano.
En eso llegó una mujer en su coche, y como el asno estaba atravesado en el camino ya no pudo continuar la marcha.
Descendió del vehículo y le preguntó al ranchero:
-”¿Qué le pasa a su burro?”
-”No sé”, -respondió el hombre, -”No logro hacerlo caminar.”
-”Permítame”, -dijo la viajera.
Y acercándose al jumento le hizo algo.
El pollino echó a correr a toda velocidad.
-”¿Qué le hizo?”, -preguntó con asombro el campesino.
Respondió la mujer:
-”Le hice unas cosquillitas allá abajo.”
-”Pues ahora hágame las cosquillitas a mí”, -demandó el ranchero, -”porque tengo que alcanzar al burro...”
Tonterias varias...
1.
-”911.”
-”Tengo un herido.”
-”¿Cuál es su estado?”
-”Yo soy soltero.”
-”¡No, el del herido!”
-”Casado.”
-”No, ¿cómo está?”
-”Yo bien gracias, ¿y usted?”
-”Nooo, como está el herido.”
-”Herido, por eso llamo.”
-”¿Dónde está usted?”
-”Con el herido.”
-”¡¿EN QUÉ PARTE?!”
-”En el suelo, ¿sabe qué?, no venga, ya se levantó.”
2.
-”Si tomo café no puedo dormir.”
-”A mi me pasa al revés...”
-¡Ay, caray! ¿Y cómo es eso?”
-”Si duermo, no puedo tomar café...”
3.
Un conductor estaba apurado para llegar a una reunión de trabajo y comienza a acelerar por la autopista, sintiéndose seguro en una flota de autos que viajaban a la misma velocidad.
Sin embargo, cuando pasaba por un control de velocidad, fue atrapado con un detector de velocidad infrarrojo y escuchó el sonido de una sirena y luces intermitentes.
Maldiciendo su suerte, el hombre supo de inmediato lo que se avecinaba, por lo que disminuyó la velocidad y se detuvo.
El policía de tránsito salió del auto, muy tranquilo, y caminó hacia el automóvil del hombre.
Entregó la multa por exceso de velocidad, escribió su firma y estaba a punto de irse cuando el hombre le preguntó:
-”Oficial, sé que iba muy rápido, pero no creo que sea justo; había muchos otros autos a mi alrededor que iban tan rápido como yo, ¿por qué solo yo recibí la multa?”
El policía le preguntó:
-”¿Alguna vez ha ido a pescar?”
-”Ummm, si…”, -contestó el conductor sorprendido.
El oficial sonrió y agregó:
-”¿Alguna vez atrapaste todos los peces?”
El Club de los Siete... (Por
Miguelon78)
La cosa empezó de la forma más casual del mundo, como empieza todo aquello que trasciende.
Yo esperaba el autobús para ir a trabajar, quedaban aún 6 minutos para la llegada del 43 y como había empezado a llover de forma inesperada, todos los futuros viajeros nos apretamos bajo la pequeña marquesina de la parada.
Éramos 7 personas.
Pocas, si estuviéramos en un estadio de fútbol, pero bajo el resguardo de aquella minúscula parada de bus, parecíamos una caja de cerillas con “overbooking”.
Yo no soy mucho del contacto físico pero ante la lluvia torrencial que caía, tuve que conformarme con tocar y ser tocado si no quería empaparme.
-”Qué hora es?!”, -dijo la señora de la gabardina roja.
-”Las 11.11”, -contestó el señor del bigote daliliano.
-”No, disculpe, son las 11.15”, -puntualizó la ecuatoriana.
-”Eso será en su reloj, señorita, porque el mío marca las 11.11, ¿lo ve?”
Y el señor del bigote daliliano levantó la mano para enseñarle su esfera del reloj con tal mala suerte que propinó un involuntario puñetazo a la chica del piercing en el labio que hizo que el pequeño aro saltara por los aires y cayera al suelo.
-”Estás tonto, bigotes?”
-”Lo siento, señorita. Comprenderá que ha sido sin querer.”
-”Lo que tú digas, pero ahora me he quedado sin piercing, y era nuevo, y antialérgico.”
El Señor del bigote se ofreció galantemente a buscarlo, pero tal era el hacinamiento que, para poder agacharse él, nos teníamos que agachar todos.
-”Yo tengo la espalda fatal.”, -dijo la abuela del bastón.
-”No se preocupe, soy estudiante de fisioterapia, yo la ayudo.”, -se ofreció el erasmus holandés.
Y a la de tres los siete nos agachamos para encontrar el piercing de la discordia.
-”¿Lo ve?”
-”No, ¿y usted?”
-”Yo tampoco.”
Ni rastro del aro; pero eso no fue lo peor.
El problema vino cuando nos quisimos levantar.
No sabría explicarlo, pero debimos crear algún tipo de vacío que hacía que incorporarse fuera imposible.
Los siete nos habíamos quedado clavados.
-”¡Mi espalda!”, -se quejaba la abuela.
Menos mal que el erasmus y futuro fisioterapeuta pudo alargar sus manos para masajearla aliviando sus dolores.
-”¿Y ahora qué?”, -gritaba la chica del piercing.
-”Ahora organización.”, -contestó la mujer de la gabardina roja, -”Sé lo que me digo, que soy física.”
Así, la física urdió un plan para poder incorporarnos de nuevo.
El bigotes tuvo que pasar su brazo derecho por detrás del erasmus, quien a su vez cruzó su pierna izquierda con la chica de piercing.
Yo tuve que apoyar mis dos manos sobre la física y la ecuatoriana posó su cabeza en el trasero de la abuela, que quedaba en el centro de todos y que, que según los cálculos de la física, era la clave para romper el vacío creado.
Había que conseguir mediante el noble arte de la palanca que ella se incorporase para así poderlo hacer todos.
Adoptando estas posiciones y acompañándolas de un seco movimiento por parte de todos, la abuela conseguiría moverse y todo quedaría solucionado.
-”Una, dos y tres...”
Y todos presionamos con tal ímpetu que la abuela no solo consiguió incorporarse, sino que salió disparada hacia arriba con tanta fuerza que su cabeza impactó contra el techo de la marquesina y su cuerpo volvió a caer en el mismo lugar en el que estaba antes.
Todo fue tan rápido que a ninguno nos dio tiempo a incorporarnos y al instante volvíamos a estar aprisionados; pero con la macabra novedad que ahora teníamos un cadáver entre nosotros.
-”Esto es selección natural”, -dijo el bigotes, que resultó ser naturista.
Y nos explicó que en el reino animal los miembros más frágiles de una manada, en situaciones de riesgo se sacrifican en pos de la supervivencia del resto.
Atendiendo a este dogma, resolvimos que la mejor forma de liberarnos pasaba por desnudar a la abuela.
Total, ya muerta poco le iba a importar acatarrarse.
Su ropa ocupaba espacio y quitándosela romperíamos ese vacío en el que habíamos quedado atrapados.
La buena fortuna hizo que la chica del piercing, que era esteticien, llevase con ella una tijeritas para las uñas.
Así que tijeretazo a tijeretazo conseguimos dejar a la abuela en paños menores.
Sus ropas cayeron al suelo y el espacio que ocupaban nos dio un respiro y nos pudimos incorporar.
Aún quedaba un minuto para que pasará el 43.
Seguía lloviendo y en aquella parada de bus éramos seis personas y un cadáver.
La colombiana, que era novicia, nos invitó a rezar un responsor por la abuela antes de que el autobús llegará.
Así que, todos nos cogimos de la mano y haciendo corrillo alrededor del cadáver rezamos un padre nuestro muy sentido.
Fue cuando se santiguó la chica del piercing, que encontró su aro enganchado en el flequillo y como sentido homenaje a la abuela se lo puso en el labio.
El bus llegó y decidimos subir con nosotros a la abuela para llevarla al tanatorio más cercano, era lo mínimo que podíamos hacer por ella; pero resultó que en los buses de línea, un cadáver computa como bulto, no como pasajero y al pesar la mujer 65 kilos y sólo estar permitido bultos de máximo 25, no nos permitieron subirla.
Así que la tuvimos que dejar allí, eso sí, con un cartelito que indicaba que había fallecido y que, por favor, llamasen a sus familiares.
También entre todos hicimos una colecta para pagarle las ropas que hicimos jirones.
Ahora, una vez al año, los seis supervivientes nos reunimos en aquella parada y recordamos aquellos seis agónicos minutos; y brindamos con vino por la abuela que se sacrificó por la supervivencia de la manada.
Amén.