Fin de semana: Viernes 22 a Domingo 24 de Julio de 2.022
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo sobre la importancia de la risa para llegar a la felicidad, chistes surtidos, humor recopilado desde las redes sociales, nuevas sutilezas y unos textos humorísticos muy ocurrentes y divertidos. Esperamos que se diviertan y que tengan un hermoso fin de semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
La risa es el mejor conductor de la felicidad (Por Cristina Medina Gómez)
La risa, junto a la bondad, es una de las reacciones espontáneas más maravillosas que poseemos y, además, es de esas bonitas características que nos diferencian de otros seres vivos.
Al reír de verdad exteriorizamos lo más profundo del corazón y mostramos el alma desde su pureza: no hay expresión que nos quede mejor y diga más de lo que sentimos.
“Olvidarse de reír, un olvido imperdonable a cualquier edad. Un pecado mortal en la infancia” -Albert Espinosa-
Escribía Neruda: la risa es el lenguaje del alma.
Matizo: la risa es una de las herramientas más sinceras que nos permiten comunicarnos, pero no la única.
Existe la mirada, la caricia o incluso el llanto: a veces quien más ríe es de igual forma quien más llora por dentro.
Lo que sí es totalmente cierto es que cuando reímos inconscientemente estamos empleando un idioma personal con el que informamos al resto de más cosas de las que pensamos.
En especial de una muy general: aunque te invada la tristeza o la ansiedad, si tú ríes, tú vives, el alma vive.
Si tu ríes, tu vives, el alma vive
Reír por nerviosismo, reír a causa de una gran felicidad, reír con humor, reír de nostalgia, reír por complicidad…
La risa es infinita y sus modos de manifestarse también lo son.
“La risa es tremendamente relajante, es una gran meditación. Si puedes reír totalmente, si puedes reír con totalidad, entrarás en un espacio de no-mente, de no-tiempo. La mente lógicamente vive de expectativas, la risa es algo que viene del más allá.” -Osho-
Independientemente del sentimiento que te envuelva, si consigues reírte es una señal de que estás vivo y de que tu alma vive: incluso las sonrisas que duelen (esas que quedan en el límite entre la pena y el coraje sin llegar a ser risa) te sitúan activamente en el mundo.
Una risa sana es el reflejo de un equilibrio emocional y físico sano
Desde que tenemos unos cinco meses de edad al reírnos el cerebro ordena segregar endorfinas que actúan con un efecto similar en el cuerpo al de la morfina.
De esta manera, el equilibrio vital lo agradece enormemente: la energía negativa deja paso a un estado anímico positivo con una duración variable que transmitimos a los que están alrededor.
Entre otros, la risa combate los estados de tristeza así como el estrés diario.
Además eleva la autoestima y la confianza en nosotros mismos, disminuyendo la vergüenza o el miedo. Incluso podemos decir que refuerza el sistema inmunológico: los pulmones, el cerebro y el corazón lo agradecen, pues la presión arterial disminuye y los músculos se relajan.
Por supuesto, tampoco podemos olvidar que reírse a carcajadas es un buen plan para complementar una alimentación que busque quemar calorías o tonificar la piel.
Por todo ello, existe la risoterapia bajo la cual se encuentra la idea de que una risa sana muestra un equilibrio emocional y físico igualmente sano.
Tu risa, además de comunicar, conduce la felicidad
Decía al comienzo que era algo maravilloso y una de las razones fundamentales es que la risa no solo habla por cada uno o aporta beneficios personales, sino que también deja su influencia en quienes la perciben.
Así, la risa es capaz de tranquilizar, de curar, de animar, de alegrar o incluso de abrazar.
Se comenta que hay 180 tipos de risas.
Las hay que salen de tu alma y se clavan en el alma de alguien para siempre, y otras oportunas que se desvanecen en el aire tras haber aportado algo momentáneo.
También las hay de esas que te definen y te identifican ante los demás o de esas que provocan que otros se sumen a los ataques de carcajadas.
“La risa es salud y alarga la vida. (…) Quiero hacer de todo, pero mi misión en la vida es arrancar las máximas y más sonoras carcajadas posibles” -Jim Carrey-
Inocente, de sorpresa, cínica, de compromiso, tímida, desbordante, ahogada, amistosa, burlona.
Cualquier clase de risa comunica y forma parte de nuestro lenguaje más profundo.
Humor desde las redes sociales…
1.
Frank Kafka es como Corin Tellado, pero en raro...
(Gracias Iche !!!)
2.
Mis amigos son como los grandes autos antiguos:
-Alguna vez fueron bonitos.
-Estuvieron a la moda.
-Fueron deseados.
-Tuvieron potencia…
¡Hoy son viejos, y chuan mucho!
(Gracias Gustavo !!!)
3.
-”¿Hay algún doctor?”
-”Yo.”
-”¿Cuál es su especialidad?”
-”Doctor en Matemáticas.”
-”Muy bien, doctor, mi amigo se muere.”
-”Uno menos.”
4.
-”Doctor, según mi peso ¿cuál sería mi estatura ideal?”
-”4 metros.”
5.
A esta altura del año ya no tengo muchas expectativas.
Con que no se me salga la sábana del colchón, me alcanza.
(Gracias Isabel !!!)
6.
En la intimidad, la mujer le pide al hombre:
-”Decime algo que me caliente.”
.”Cambié los dólares por pesos...”
(Gracias Ricardo !!!)
7.
Si Usted tiene un amigo que vale oro:
¡Véndalo!
(Gracias Claudio !!!)
8.
Si mi vida fuera una película de acción, yo sería el puesto de frutas de las persecuciones.
(Gracias Claudia !!!)
Si lo dice La Biblia...
Tengo una buena noticia para los que toman alcohol:
Jesús está orgulloso de Ustedes.
Y les explico porqué.
Porque según la Biblia, Jesús, en la boda de Caná,cuando se acabó el vino él no dijo:
-”Bueno, muchachos, ya se tomó suficiente… Vamos a seguir divirtiéndonos, pero en forma sana. Voy a transformar el agua en tutti frutti.”
No, no dijo ni hizo eso.
Transformó el agua en vino.
Y no es que transformó una jarra, diez jarras, cien jarras.
No.
Transformó 600 litros de agua en 600 litros de vino.
Eso está en el versículo de Juan.
Encima, ese fue su primer milagro.
Yo que pensé que su milagro iba a ser algo más altruista, como sanar a los enfermos, resucitar a los muertos.
Negativo.
Lo primero que hizo para ganar su popularidad fue transformar el agua en alcohol.
¡Y ahí recién sus discípulos creyeron en él!
-”¡A este tipo le tenemos que seguir! ¡A este tipo le tenemos que seguir!”
-”¡Jesús, Jesús, Jesús!”
(Gracias Iche !!!)
Experiencia...
Un viejo estanciero tenía un lago en su enorme estancia.
Después de mucho tiempo sin ir allí, decide irse a echar un vistazo general para ver si estaba todo en orden.
Agarró un balde para aprovechar el paseo y traer unas frutas existentes por el camino.
Al aproximarse al lago, escuchó voces femeninas, animadas, divirtiéndose.
Llegando un poco más cerca, avistó un grupo de mujeres bañándose, completamente desnudas.
Se hizo presente y, con eso, todas se fueron a la parte más honda del lago, manteniendo solamente la cabeza fuera del agua.
Una de las mujeres gritó:
-”¡No saldremos mientras usted no se aleje!”
El viejo respondió:
-”¡Yo no vengo hasta aquí para verlas nadar o salir desnudas del lago!”
Levantando el balde y arrojando algunas frutas al lago, les dijo:
-”Estoy aquí nada más para alimentar al yacaré...”
Edad, experiencia y oficio, siempre triunfaran sobre la juventud y el entusiasmo.
(Gracias Alejandro !!!)
Sutilezas...
1.
Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, vio en un centro comercial a una linda y salerosa chica.
Fue tras ella y le dijo sin más:
-”Te invito a salir hoy en la noche.”
Ella lo rechazó, molesta:
-”¿Acaso piensas que voy a aceptar la invitación de un perfecto desconocido?”
Repuso Afrodisio, modesto:
-”Estoy muy lejos de ser perfecto…”
2.
El adolescente le pidió dinero a su papá.
-”Hijo”, -lo amonestó solemnemente el señor, -”en la vida hay cosas más importantes que el dinero.”
-”Ya lo sé”, -admitió el muchacho, -”Pero necesitas dinero para salir con ellas...”
3.
Dos amigas se casaron más o menos por la misma fecha.
Pasaron tres años y ninguna de las dos había encargado familia.
Poco después se encontraron en el súper, y una de ellas lucía las evidentes señas de un próspero embarazo.
-”¿A qué médico viste?”, -le preguntó la otra, interesada.
-”A ninguno”, -respondió la que se hallaba en estado de buena esperanza, -”Oí hablar de un brujo, un tal Pitorro. Fui a verlo, y mírame.”
Dos meses después las dos amigas se toparon nuevamente.
Dijo la que no estaba embarazada:
-”Mi esposo y yo fuimos con el brujo Pitorro, y no dio resultado.”
Le aconsejó la otra bajando la voz:
-”Debes ir sola.”
4.
Los marinos de un barco trataban muy mal al cocinero, un hombre llamado Ling.
Lo hacían objeto de burlas y toda suerte de indebidos tratos.
Cierto día, arrepentidos por su conducta, le pidieron disculpas y le prometieron que en adelante se portarían bien con él.
-”Gracias”, -les dijo el cocinero, -”En adelante Ling les meneará su té con una cucharita.”
-”¿Con una cucharita?”, -se extrañó uno de los marinos, -”Pues ¿con qué nos meneabas antes el té?”
Respondió Ling con una gran sonrisa:
-”Cuando se portaban regular se los meneaba con el dedo…”
5.
Comentó Himenia Camafría, madura señorita soltera:
-”No cabe duda de que con los años te vas haciendo más sabia, más madura. Cuando yo era una adolescente no pensaba en otra cosa que en muchachos, muchachos, muchachos. Ahora, después de haber vivido más años, no pienso en otra cosa que en hombres, hombres, hombres...”
Un buen día a pesar de todo… (Por Juan José Velacoracho)
Eran las 7 de la mañana, tras una larga noche de insomnio intermitente, por fin algo de claridad entró por la ventana.
Digo claridad porque no tengo claro lo que era.
Negros nubarrones cubrían el cielo y el viento soplaba con más fuerza de la deseada para un día “normal”.
Abandoné la cama buscando el suelo y al intentar encontrar las zapatillas, por supuesto sin mirar, noté el contacto caliente, suave y viscoso de algo que unas horas antes había estado reposando en el intestino de mi mastín, al que por cierto no alimentaba con pienso.
Di un salto y al caer, mi dedo meñique se dobló produciéndome un terrible dolor.
Rápidamente y cojeando me dirigí al baño para abrir el grifo y comprobar que por la boca del tubo salía solamente ruido y aire, pero nada de agua.
El día se arreglaba.
Me sobrepuse como pude, hice de tripas corazón y con ayuda de un paquete de toallitas, eliminé de los pies las evidencias del regalito canino, no así del suelo del dormitorio porque se me acabaron las toallitas.
Me armé de valor y abandoné la estancia en busca de un reconfortante café.
Encendí la cafetera de capsulitas y al hacerlo, algo hizo contacto y pegó un pedo, un ligero olor a cable quemado inundó el ambiente.
A grandes males grandes remedios, me haré un café soluble -dije.
Llené de agua un vaso, lo introduje en el microondas y programé un minuto de tiempo, es el que proporciona a “mi” agua la temperatura ideal.
Pasado el minuto saqué el vaso y me quemé, no podía ser de otra manera, el programador se había estropeado y el agua tenía la temperatura ideal para escaldar un pollo o derretir un glaciar.
Lancé el vaso hacia arriba y el agua, a modo de lluvia ácida calló sobre mi cabeza al tiempo que el vidrio madre, el vaso, golpeaba el suelo y se convertía en miles de vasitos.
Di un acrobático salto sorprendido por lo ocurrido y, al tomar contacto uno de mis pies, con la superficie solar (del suelo), un cristal descontrolado y agresivo se introdujo en mi carne plantar produciéndome un horrible dolor a mí y un bonito color rojo al parqué de la cocina.
Como era de esperar en un día tan aciago, el pie accidentado era el compañero de aquel otro en donde se encontraba enclavado el dedo meñique magullado minutos antes.
La sangre se mezcló con un líquido amarillento que desprendía un fuerte olor a urea, por supuesto lo primero que pensé era que aquel liquido había formado parte, horas antes, del contenido de la vejiga de mi perro, pero me equivoqué, era mío, me había meado sin darme cuenta, cuando fui al baño olvidé miccionar y el diurético que tomo para controlar la hipertensión, actuó por cuenta propia y no empatizó con los avatares que aquella mañana estaban alterando mi rutina diaria.
Aún soy joven y suelo controlar todos los esfínteres, pero no fue así aquella vez.
Así pues, a la mierda el café soluble, a la mierda el pijama (o mejor a la lavadora) y a la mierda la madre que me parió.
Sin saber por qué, me invadió una mezcla de rabia y tristeza que no parecían maridar muy bien.
Me senté en el suelo.
Mojado y maloliente el suelo y yo, apoyé la cabeza en la puerta de la nevera y lloré al tiempo que gritaba “Animal”, nombre con el que en una ceremonia laica bautice a mi mejor amigo cuando era un cachorrillo, (debí haberle llamado mastín incontinente).
El noble animal acudió rápidamente y con su lengua de cincuenta centímetros, lamió mis lágrimas al tiempo que lavaba el resto de mi cara.
Me dio un poquillo de asco, sobre todo porque le olía mal el aliento a causa de una caries canina y además, la temperatura de su saliva no era muy refrescante.
Me abracé a él y rodamos juntos por toda la cocina, me clavé varios cristales más en la espalda al tiempo que parte de los setenta quilos de can cayeron a plomo sobre el meñique accidentado.
Grité como un animal herido gritaría si fuera una persona y no un animal.
Adopté una ridícula postura que recordaba a una grulla y que según decían relajaba un montón, a decir verdad, a mí no me relajó en absoluto, todo lo contrario, ya que incrustó más el cristal en mi dolorida superficie plantar.
Como no parecía que este fuera mi día, decidí no acudir a la entrevista de trabajo que tenía concertada para dos horas después.
Luego, me puse a meditar durante tres minutos, hice los ejercicios respiratorios recomendados para sustituir a los ansiolíticos y acto seguido me dirigí al baño en busca de mis gafas, sin darme cuenta de que las llevaba puestas.
Hacía dos años que mi visión de la realidad pasaba por el filtro de unas lentes negras que me colocó el destino cuando me despidieron del trabajo y me abandonó mi mujer para irse a vivir con mi mejor amigo, todo un clásico.
Como tenía los ojos muy sensibles y pensaba salir a la calle busqué mis gafas de sol, por supuesto negras.
En un momento de inspiración eché mano de un trozo de papel celofán color verde esperanza y con él confeccioné una funda para los cristales de mis binoculares solares.
Aunque el resultado obtenido no fue, estéticamente hablando, para tirar cohetes, sí fue satisfactorio en otro sentido más espiritual y práctico.
Tras depositarlas sobre mis orejas y nariz, y sin saber por qué, me invadió una paz y adquirí una nitidez visual hasta ahora desconocidas y más propias del nirvana que de este mundo terrenal.
Todo lo veía color verde y sin distorsiones aparentes.
Ese estímulo visual conectó con alguna parte de mi cerebro para fabricar una buena cantidad de endorfinas y serotonina que hicieron que me sintiera bien, más que bien, me sentía feliz por primera vez desde hacía mucho tiempo.
Con voz suave y melódica llamé a mi compañero canino, Animal acudió en seguida.
Sin decir ni guau, lamió mis heridas dorsales y perniles y éstas cicatrizaron instantáneamente. Introduje mi meñique lastimado en su bocaza y con un cuidado exquisito lo colocó en el espacio interdental entre un incisivo y un canino de la parte inferior derecha de su dentadura y con una torsión buco dedil propia de un fisioterapeuta experimentado consiguió reparar el desaguisado óseo.
El huesecillo se colocó en su lugar y desapareció el dolor.
Con el hueso reparado y las heridas cicatrizadas me sentía otro, ya no veía las cosas tan negras, ignoro si era debido al color verde del celofán o a la rayita de coca que introduje en mis fosas nasales para aliviar el dolor y complementar el efecto analgésico y estimulante de las endorfinas.
Lo de la coca es algo que olvidé mencionar anteriormente, no sé por qué.
Luego, abrí el armario donde guardo mi ropa deportiva y me disfracé de runner.
Miré hacia el espejo y me gustó lo que vi, me sentía como debió sentirse el hijo del viento cuando Eolo le regaló su primera ropa deportiva allá por el siglo XXIII a.c. Animal movió el rabo y la cabeza en señal de aprobación.
Nos miramos un instante y acto seguido salimos a la calle para dar un paseo.
Atravesábamos un pinar cercano cuando unos gritos de socorro llegaron a nuestros oídos.
Salimos corriendo en la dirección de procedencia de los gritos y llegamos justo a tiempo de impedir que un par de malhechores despojaran de sus ropas y pertenencias económicas a una señora de mediana edad y de muy buen ver.
Los presuntos delincuentes al ver como un enorme perro corría hacia ellos ladrando de forma escandalosa, acompañado en su carrera por un atlético señor con gafas verdes, salieron corriendo sin llevarse ningún botín, la señora calzaba zapato plano y no debió ser de su agrado.
Nos acercamos a la dama y ella sin decir palabra se abalanzó sobre mí y me planto un par de sonoros besos en cada mejilla al tiempo que acariciaba la cabeza de mi perro.
Tras hacer las oportunas presentaciones y recibir innumerables palabras de agradecimiento, la señora colgó sus brazos de mi cuello y me comió los morros con exquisitez al tiempo que me llamaba héroe.
La fortuna parecía sonreírme, resulta que la atractiva mujer era la propietaria de un banco, varias inmobiliarias, una naviera, una cadena de hamburgueserías e innumerables pozos petrolíferos.
Y por si fuera poco acababa de divorciarse tras dejar a su esposo con una mano atrás y otra delante, los abogados habían hecho su trabajo y la infidelidad del susodicho esposo le había salido cara.
Como digo, era una mujer libre y liberal a mas no poder, prueba de ello es que me pidió en matrimonio sin hacer preguntas y por si fuera poco prometiéndome que no haríamos separación de bienes.
Como podéis imaginar dije que sí.
Días después, instalado en mi despacho de quinientos metros cuadrados tuve conocimiento de que el autobús que pensaba coger para dirigirme a la entrevista de trabajo, a la hora exacta en que yo lo habría tomado, tuvo un accidente y murieron todos sus ocupantes.
Por si esto fuera poco, las oficinas en donde se realizaba la entrevista de trabajo sufrieron un ataque terrorista y murieron todos los que allí se encontraban, incluyendo al propietario del chaleco bomba, al responsable de selección de personal y a todos los que optaban al puesto de trabajo ofertado.
Hay que joderse lo que cambian las cosas por el solo hecho de revestir la negra superficie de unas gafas con un simple papel de celofán de color verde esperanza.
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