Fin
de semana: Viernes 13 a Domingo 15 de Marzo de 2.020
Holaaa
samigooosss !!!
Esta
semana tenemos un artículo sobre la risa en las reuniones laborales,
chistes breves, humor desde las redes sociales, de la actualidad,
nuevas sutilezas y unos textos de humor realmente ocurrentes y
divertidos. Y aprovechamos a avisarles que estaremos tomando unas
breves vacaciones por lo que, seguramente, no tendrán las ediciones
habituales las próximas semanas, pero volveremos pronto con mucho
más humor. Esperamos que lo disfruten y pasen unas buenas semanas.
Esteban
Nicolini
-
El humor es algo serio...
Artículos
y ensayos sobre el humor.
La
risa enriquece las reuniones de trabajo
Las
reuniones divertidas conducen a una mejor comunicación y a nuevas
ideas, según un estudio de la Universidad de Amsterdam y la
Universidad de Nebraska en Omaha.
Nale
Lehmann-Willenbrock, autor principal del estudio, y su equipo
observaron 54 vídeos grabados de reuniones de empleados en dos
empresas alemanas.
Estas
reuniones mensuales fueron organizadas por los equipos dentro de la
organización y sus supervisores generalmente no estaban presentes.
Se
observó que los patrones de humor-risa-humor abrieron las líneas de
comunicación.
Es
decir, cuando esos momentos de diversión terminaron, los equipos
fueron más propensos a proponer nuevas ideas y de hacer preguntas
más constructivas.
Se
encontró una relación entre las reuniones con humor y el
rendimiento: mientras más humor había en las reuniones, mejor era
la calificación del equipo.
Y
esto aplicaba inmediatamente después de la reunión y a futuro, por
lo menos los dos años que duró la investigación.
-
Humor desde las redes sociales...
1.
-”Me
compré uno de esos autos nuevos que se manejan solos.”
-”¿Y
dónde está?”
-”Yo
que sé...”
(Gracias
Ricardo !!!)
2.
Lo
asesinan con una morcilla congelada.
Lo
mataron a “sangre fría”.
(Gracias
Gustavo !!!)
3.
Mis
hijos querían ir a un acuario, y al ver lo que costaba los llevé a
una pescadería, y les dije que hablaran bajito que estaban
durmiendo.
(Gracias
Daniel !!!)
-
Humor sin barbijos...
1.
Hace
unos días internaron a John Travolta en un hospital por Corona
Virus.
Pero
un análisis posterior reveló que se trataba de fiebre de sábado
por la noche...
2.
Che,
ojo...
Si
limpian el tablero del auto con alcohol, ¡no le pasen al volante!
Porque
el alcohol al volante, mata...
Gracias
por su atención.
(Gracias
Marcelo !!!)
3.
Con
las precauciones por el Corona Virus fui al baño del shopping, abrí
la puerta con el codo, la tapa del inodoro con el pie, apreté la
palanca con la rodilla, cerré la puerta con el codo y atravesé sin
tocar a nada ni a nadie hasta el estacionamiento.
Cuando
me doy cuenta, ¡tenía la poronga afuera!
4.
Sin
abrazos, sin besos...
Distancia
de seguridad de 2 metros.
Cancelación
de actividades sociales y deportivas...
¡Es
igual que la vida de casado, solo que con tos!
(Gracias
Eduardo !!!)
5.
Noticia:
“Por
el temor al Corona Virus se negó a darle la mano a un compañero de
trabajo.
El
trapecista murió al caer desde 8 metros de altura.”
(Gracias
Ricardo !!!)
6.
Preguntaron
a un famoso Rabino como se debe alimentar un enfermo de Coronavirus.
-”La
mejor forma es darle Matzá.”
-”Rabino,
¿la matzá puede curar al enfermo?”
-”No,
mi hijo. No cura, pero pasa por debajo de la puerta...”
(Aclaración:
Matzá es un pan ácimo muy fino propio de los judíos)
(Gracias
Alejandro !!!)
-
El sexo es muy bueno...
Un
matrimonio está viendo un documental sobre el reino animal y
escuchan:
-”El
caballo tiene sexo 52 veces al año. El toro tiene sexo 365 veces al
año...”
La
esposa mira al marido y le dice:
-”¡Cómo
me gustaría que hicieras lo mismo que un toro..!”
El
marido responde:
-”Preguntale
al toro si se come siempre a la misma vaca...”
El
velatorio del marido será mañana a las 8.
(Gracias
Ricardo !!!)
-
Historias...
Un
periodista llega a un paraje montañoso para hacer un reportaje sobre
la vida del lugar.
Aborda
uno de los aldeanos y le dice:
-”
Por favor, cuénteme alguna historia de esta región.”
El
aldeano comienza:
-”Una
vez se perdió una cabra de nuestro rebaño, y como es la costumbre,
nos reunimos todos los de la aldea, bebimos todas las botellas de
vino y salimos juntos a buscarla al monte. Cuando la encontramos,
como es la costumbre, volvimos a beber y uno por uno hizo sexo con la
cabra...”
El
periodista interrumpe:
-”Oiga,
este reportaje será publico. Mire, mejor me cuenta algo alegre de la
región.”
-”Bien,
una vez se perdió en el monte la mujer de un vecino y, como es la
costumbre, todos bebimos y salimos en su búsqueda. Al encontrarla,
como es la costumbre, bebimos y cada uno hizo sexo con ella.”
El
periodista no soportó mas y con el fin de evadir ese tema, le dijo
al aldeano:
-”Mire,
mejor cuénteme algo triste.”
El
aldeano, limpiándose una lágrima que comenzaba salir de sus ojos,
continuó:
-”Una
vez me perdí yo...”
(Gracias
Gustavo !!!)
-
Cortitos (y malos)...
1.
En
una entrevista de trabajo:
-”¿Cómo
se sentiría usted si su jefe es una mujer y fuera exigente?”
-”Hummm...,
me sentiría como en casa.”
2.
De
nada sirve que tu lencería diga Calvin Klein, si tu cuerpo dice
Burger King.
3.
3
señoras en un banco de plaza:
-”Cuando
muera quiero que me entierren.”
-”Pues
yo quiero que me incineren.”
-”Pues
yo he bebido tanto vino que creo que deberían embotellarme...”
4.
Risas
a granel en la pareja de abuelos.
-”¿Dónde
compraste este té, amiga?”
-”Se
lo quité a mi nieto de unas macetas que tiene.”
5.
-”Oiga
comadre, ¿usted ha hecho el amor con condón?”
-”¿Con
Don quién?”
6.
-”No
sé qué hacer, María. Mi marido se come las uñas.”
-”Escóndele
la dentadura.”
7.
-”Paquita,
¿tu todavía tienes orgasmos?”
-”Pues
no lo sé, María, después lo miro en casa pero creo que tengo
gladiolos.”
-
El sapo reducidor...
Juancho
Tasso tenía un pene enorme y no había mujer que lo resistiera.
Cansado
de asustar novias, fué a ver a un médico para ver si era posible
algún tratamiento.
El
médico le dijo que él lo único que podía hacer era cortar una
parte y volver a unir todo, pero era muy peligroso.
Le
recomendó ir a ver a una especie de shamán que tenía unos
tratamientos no invasivos, pero que era cuestión de fe.
Allí
fue Juancho a ver si podía resolver su problema.
Atendido
por este hombre, le contó que en un islote frente a la Reserva
Ecológica, hay un sapo que aparece en noche de luna llena.
A
ese sapo, al verlo, debía decirle:
-”Sapo,
¿querés casarte conmigo?”
Si
el sapo respondía “No”, el pene se le reduciría 5 cm.
Juancho
no creyó en eso, pero llegada la noche de luna llena se dijo;:
-”Voy,
total no pierdo nada...”
Llega
Juancho al islote, aparece el sapo, y poco convencido pregunta:
-”Sapo,
¿querés casarte conmigo?”
El
Sapo responde ‘No’, y se vuelve a meter en su cueva.
Juancho
siente unas raras vibraciones en su pene, y observa que el mismo se
había reducido un tanto.
No
conforme con el resultado, espera un rato, aparece de nuevo el sapo y
repite la pregunta.
La
respuesta: ‘No’, y el mismo resultado.
Repite
Juancho la historia otra vez, y nuevamente el sapo dice ‘No’.
Ya
su pene tenía un tamaño casi normal, pero aún era un poco grande,
por lo que decide intentar una vez más.
Aparece
el sapo y Juancho pregunta:
-”Sapo,
¿querés casarte conmigo?”
El
sapo pone cara de hartazgo y contesta:
-”Pero
macho, ¿cómo querés que te lo diga? ¡No, no, no, no y no!”
(Gracias
Horacio V. !!!)
-
Sutilezas...
1.
Un
hombre obeso en grado sumo estaba entregado a eróticos deliquios con
una muchacha de constitución frágil, más frágil aún que la de
México.
En
el arrebato de la pasión le pidió que se moviera.
Advirtió
sorprendido que la chica abría y cerraba los ojos una y otra vez.
Le
preguntó:
-”¿Por
qué mueves así los párpados?”
Respondió
ella:
-”Es
lo único que puedo mover...”
2.
Susiflor,
muchacha bien portada, le dijo a Pirulina, amiga suya que tenía
bastantes kilómetros recorridos:
-”Jamás
le permito a un hombre que me dé el beso de las buenas noches.”
-”Yo
tampoco”, -declaró Pirulina, -”Por eso hago que se queden
conmigo hasta que ya es de día...”
3.
Libidio,
galán concupiscente, ansiaba que Dulcilí, joven ingenua, le hiciera
dación de la preciosa gala de su doncellez.
Le
dijo:
-”¡Por
ti cruzaría el mar a nado! ¡Por ti llegaría volando a la Luna!
¡Por ti movería montañas y haría florecer desiertos! ¡Por ti
haría que se detuviera el Sol!”
Replicó,
humilde, Dulcilí:
-”Lo
único que quiero es que te cases conmigo.”
-”¡Joder!”,
-exclamó Libidio exasperado, -”¡No me pidas imposibles!”
4.
El
banco fue asaltado.
Una
vez que los asaltantes se retiraron el gerente le dijo a su linda
secretaria:
-”Señorita
Duciflor: ¿sería usted tan amable de acompañarme al baño? Ya me
anda de hacer pipí, y los de la policía me dijeron que no toque
nada hasta que ellos lleguen.”
5.
Doña
Icilia se fue a confesar.
Le
preguntó el padre Arsilio:
-”¿Vas
a misa los domingos?”
Respondió
ella, apenada:
-”En
eso ando muy mal, padre. Casi nunca.”
-”¿Rezas
tus oraciones por la noche y al levantarte en la mañana?”
-”También
en eso ando muy mal, señor cura. Casi nunca.”
-”¿Das
limosna a los pobres?”
-”También
en eso ando muy mal, padre. Casi nunca.”
Inquirió
el sacerdote:
-”¿Le
eres fiel a tu marido?”
-”¡En
eso sí ando muy bien, padrecito!”, -respondió alegremente la
señora, -”¡Casi siempre!”
-
Rutinas para el tiempo libre... (Por Leo Masliah)
Cuando
tengo algún tiempo libre, suelo dedicárselo a los hados del azar.
Emprendo
un paseo cuya dirección se va modificando de acuerdo a algún
criterio como, por ejemplo, mirar la última cifra de la matrícula
del último auto que se encuentre estacionado en cualquiera de las
dos aceras de la cuadra en la que estoy.
Supongamos
que experimento una ligera preferencia por continuar mi camino en
línea recta, por esa calle.
Entonces,
si la última cifra de la matrícula está entre el cero y el tres,
continúo por esa calle.
Si
la cifra está entre el cuatro y el seis, doblo a la izquierda.
Y
si está entre el siete y el nueve, doblo a la derecha.
Es
claro que más de una vez, vale decir, si el azar me lleva a pasar
una y otra vez por la misma cuadra, puede ocurrir que los vecinos me
miren con desconfianza.
Para
estos casos, dispongo de varias rutinas.
A
la que utilizo con más frecuencia la denomino “relación
pelo-sexo”.
Esta
rutina diversifica mi conducta más que la basada en las cifras de
las matrículas.
Aquí
ya no hay solamente tres conductas posibles, sino cinco.
En
efecto: si la primera persona visible (para mí) en la cuadra es
rubia o pelirroja y es mujer, me fijo si en esa cuadra hay un
quiosco.
Si
lo hay, compro una golosina y quedo exonerado de seguir dando vuelta
a la manzana, pudiendo llegar hasta la otra cuadra, por la misma
calle (tengo otras rutinas para el caso de que esa calle muera en la
esquina, pero las mismas exceden el propósito del presente trabajo).
Si
no hay ningún quiosco, toco timbre en la primera casa cuya puerta no
sea de color marrón, y si me atienden, pregunto por el doctor
Magurno.
Si
no me atienden, hago que me desmayo, y espero hasta que algún buen
vecino llame a una ambulancia que me traslade a otra parte (para
empezar otro camino con idénticas reglas a partir de allí, ni bien
me hayan dado de alta diciéndome tal vez que sólo se trató de un
momentáneo bajón de presión), o hasta que llueva, en cuyo caso
contraigo para mis adentros la obligación de regresar a casa y mirar
dos horas la televisión, sin encenderla.
Si
me atienden y me dicen que ahí no hay ningún doctor Magurno, quedo
habilitado para doblar en la siguiente esquina en dirección
contraria a la de mi giro anterior (el que me llevó de vuelta al
mismo lugar).
Nótese
que en ambos casos (tanto recurriendo al quiosco como tocando timbre
en la casa), mi conducta, frente a los curiosos, queda explicada
dentro de los cánones habituales de la civilización, puesto que
pueden pensar “el tipo se había ido pero volvió porque tuvo
antojo de golosinas” o “el tipo estaba buscando el número de
puerta y no lo encontraba”.
Si
no hay ninguna casa de puerta marrón, o si en esa cuadra solamente
hay edificios, empiezo a caminar por la misma calle pero en sentido
contrario, quedando liberado de la cuadra viciosa (denomino así a
las que, por la numeración de las matrículas de los autos, y por
tratarse de autos abandonados que pueden pasar días en el mismo
lugar, me conminan a un loop o “bucle” difícil de salvar).
Prosigo
con mi explicación.
Si
la primera persona visible de la cuadra es rubia o pelirroja y es
hombre, bajo a la calzada y bailo el “Apolo” de Stravinsky, de
acuerdo a la coreografía de Constantin Mikhailkov.
Esto
también puede ser asimilado por los curiosos como una conducta
civilizada, ya que toda civilización genera sus tipos particulares
de locura, y si llaman a una ambulancia para que me encierre en un
manicomio, tanto mejor, puesto que ya no necesito recurrir a
artificios casuales para saber lo que tengo que hacer: habrá
enfermeros que me instruyan sobre las rutinas a seguir todos los días
y a todas las horas.
Pero
si nadie me encierra, al finalizar la coreografía, doy por terminado
mi paseo y voy a lo de mi tía Zephir a tomar té y a conversar sobre
trivialidades.
Si
la primera persona visible es de cabello negro o castaño y es mujer,
me tomo un colectivo que pare en esa cuadra, o en su defecto, un
taxi, y me bajo después de un recorrido de doce cuadras (o de trece,
si en la cuadra número doce, maldición, no hay parada).
Si
no pasan colectivos ni taxis, hago auto-stop.
Y
si nadie me para, me dirijo a la cuadra siguiente arrastrándome (si
alguien me interroga acerca del motivo, le miento diciéndole que se
trata de una promesa religiosa, cosa de permitirle, también en este
caso, encuadrar mi conducta dentro de parámetros civilizados).
Si
la primera persona visible es de cabello negro o castaño y es
hombre, pierdo la memoria, y lo que haga de ahí en más dependerá
de los consejos de quienes me asistan, o de las reglas de conducta
que me dote a mí mismo a partir de entonces (recurrí a los oficios
de un hipnotizador para que me indujera, si este caso se presentara,
a una amnesia total).
Si
la primera persona visible es canosa, calva o si no hay nadie
visible, aprovecho para tratar de robar, en el comercio o en la casa
que me parezca más desprotegida.
Pero
una vez hecho el acopio ajeno, lo deposito en la vereda y trato de
llamar la atención de algún vecino de la cuadra, diciendo que
alguien quería robar y al yo sorprenderlo, huyó.
De
este modo, a veces percibo recompensas nada despreciables.
Y
si me sorprenden con lo robado antes de haberlo depositado, tanto
mejor, pues de ahí en más será la policía y el poder judicial
quienes indiquen cuál será el modo en que deberé emplear mí
tiempo libre.
Para
finalizar, y sin querer exasperar al lector con los detalles que
devengan de los casos no contemplados en lo expuesto, o con el resto
de mi repertorio de rutinas, diré que para el caso de tocar timbre
en una casa preguntando por el doctor Magurno, si me llegan a
contestar “sí, enseguida”, tengo previsto suicidarme.
Pero
es tan improbable esta circunstancia, que estoy seguro de llegar a
vivir muchos años más disfrutando plenamente de mi tiempo libre, en
perfecta armonía con el mundo civilizado.
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