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Viernes 11 de Enero


                  Fin de semana: Viernes 11 a Domingo 13 de Enero de 2.019
Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo sobre el arte de contar chistes, más leyes divertidas, chistes breves, y unos textos humorísticos, como siempre, muy ocurrentes y divertidos. Esperamos que sean del agrado de todos y les deseamos un muy buen fin de semana.
                                                                 Esteban Nicolini

  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor.
Cómo contar mejor los chistes
Por Pepe Pelayo (Comediante, escritor y estudioso de la teoría y la aplicación del humor, cubano-chileno)
Ante todo, si usted tiene intención de convertirse en un contador de chistes, en un chistoso o chistosa (a partir de aquí, para ahorrar tiempo y espacio, sólo usaré el masculino para representar ambos géneros), ya sea aficionado o profesional, el primer consejo que le doy es básico, fundamental: ¡consuma muchos chistes!
Es decir, lea lo más que pueda libros de este género, o pase horas y horas en Internet buscándolos y disfrutándolos.
Mire o escuche hasta el cansancio a los chistosos profesionales en discos, radio y televisión, y también en videos en Internet, como ya dije.
Después, le aconsejo analizarse bien.
Es decir, conocerse mejor: si es muy extrovertido, si es histriónico para hablar, si habla rápido, si tiene algún problema de dicción, o si es tímido, si le da pánico escénico, si la gente se ríe o no con sus ocurrencias en la vida cotidiana, etcétera.
A partir de ahí, ver qué mejorar, qué subrayar, que eliminar, qué superar...
En este punto le recomiendo que vea el listado de chistes que recopiló y que le hicieron reír mucho, separe los que podría contar según sus características personales, su personalidad; en otras palabras, lo que ya estudió en el punto anterior.
Así irá formando el estilo de los chistes de su repertorio que lo identificarán.
Ahora apréndase bien, pero muy bien, los chistes de memoria y practique contarlos ante el espejo o frente a la persona de su mayor confianza, que no lo pueda engañar al darle su opinión, ni para bien ni para mal.
Estudie cómo contar esos chistes.
Dónde enfatizar con la voz o la expresión facial, donde hacer el gesto más conveniente, en cuál momento poner una miradita graciosa, si le va a poner voces distintas a sus personajes o ubicarlos en el espacio para que el público vea claramente quién de ellos habla si usted usa su misma voz, analizar si está sobreactuando o actuando muy plano, etcétera.
Observe todo a su alrededor: en la calle, en su trabajo, en fiestas o donde sea, cómo se expresa la gente; qué gestos hacen cuando dicen tal cosa o tal otra; cómo reaccionan ante tal situación o tal otra; sus tic nerviosos, sus mañas, sus formas de caminar, sus errores de pronunciación, de bostezar, de llorar, de gritar.
En fin, fijarse bien en todo lo que hacen, porque de esa cantera podría usted tomar elementos para diseñar los personajes de sus chistes, exagerando o modificando cositas para hacerlos más cómicos.
Obviamente, hacer lo mismo del punto anterior cuando ve teatro, televisión o cine, recogiendo ya el trabajo de los comediantes, de los chistosos profesionales. No tiene que imitarlos, solo analizar por qué hicieron esto o aquello.
Ya ante el público, le aconsejo que jamás comience a contar un chiste diciendo: “¡este chiste es buenísimo!”, o algo parecido.
Porque está elevando las expectativas del público y lo más probable entonces es que su chiste no lo encuentren tan bueno, como ya esperaban que estaría.
También es fatal comenzar con lo contrario, me refiero a decir: “¡este chiste es malo!”, porque aunque usted no lo crea, el público le cree y de inmediato toma una posición de que van a escuchar algo pésimo y así pueden llegar a sentirlo, se convencen de que es malo, sea como sea la calidad del chiste suyo.
Ojo: aprovecho aquí para aclarar algo.
Casi en el 100% de los casos (no me gusta ser absolutista), los chistes no son malos.
Si el público no se ríe, puede ser que haya ocurrido lo siguiente: el contador del chiste hizo algo mal; el chiste no era el mejor para ese público; la gente no lo entendió por algún motivo, ya sea cultural, de información, de sonido, o algo así; o el ánimo del público en ese momento no estaba para chistes, etcétera, etcétera.
Entonces no se le puede echar la culpa al chiste.
Máxime, cuando sabemos que ese mismo chiste -antes o después-, funciona con otro público distinto.
Así que lo ideal entonces es evitar por todos los medios que el chiste no funcione y eso se consigue haciendo correctamente todo lo que aquí indico, más la experiencia que le dará el oficio, claro.
Recomendaciones importantes:
a) Que el chiste sea breve (eso es esencial).
b) Si hizo reír con el primer chiste, siéntase mejor de los nervios, que va bien. Si no lo logró, enseguida busque otro tipo de chistes para ir tanteando.
c) No se ría al decir el chiste, eso estorba la comprensión de lo que está contando y puede dar la impresión de que está presionando para que se rían.
d) Hable normal, natural, serio y mirándole a los ojos al público, cuando no necesite actuar.
e) Haga una pausa antes del remate final, sólo un segundo, más o menos, porque es malo también si le da mucho tiempo. Eso se va mejorando con las veces que lo cuenta para ir calibrando.
f) No se le ocurra repetir chistes y si escucha que la gente se lo sabe, tenga preparado un giro para enseguida cortar ese y contar otro.
g) Jamás explique un chiste. Es lo peor que le puede pasar, porque reirán menos si comienza el supuesto análisis y usted quedará como incapaz, como un aficionado patético.
Estudie al público.
Averigüe -si puede-, sus gustos, sus ánimos, sus características locales y demás información necesaria.
Pregunte antes de subir a escena y obsérvelos antes de actuar.
¿Por qué?
Porque tiene que saber que si va a contar chistes a unos pacientes de traumatología en un hospital, no puede aparecerse ahí con chistes sobre cojos, mancos, etcétera, ¿No?.
Bueno, puse el ejemplo muy obvio.
Aquí va otro: no puede contar chistes sobre accidentes, cuando en ese lugar ocurrió uno grave unos días atrás.
O no puede contar chistes blancos en un lugar donde casi todo el público está borracho y son las 12 de la noche.
En fin, podría poner mil ejemplos.
Como comediante, he sido testigo también de reacciones en el público que me han afectado.
Por ejemplo, en una ciudad la gente que asistió al teatro no reía con nuestras gracias.
Entonces “bajamos el nivel”, pensando lógicamente que no entendían, ya que no dudábamos de los chistes que ya habían sido probado felizmente en otros públicos.
Al terminar la función se nos acercaron varios asistentes y nos felicitaron por lo bueno del espectáculo, aunque pensaban que en un momento “bajamos de nivel”.
Es que sucede un fenómeno en un público reunido y más si se conocen por ser de pueblos pequeños o cosas así.
Nadie quiere ser el primero en reír en voz alta, “por las apariencias” y entonces todos disfrutan, pero aguantando la risa sonora que siempre nos llega al escenario.
El efecto contrario es si están calladitos y uno de ellos comienza a reír a carcajadas, el resto enseguida va tras él, por lo que acabo de comentar y porque la risa es muy contagiosa.
También he sido testigo, en este caso agradablemente-, de públicos que no solamente ríen, sino que también aplauden el chiste, aún con el problema que produce detener la función descarada o disimuladamente, esperando que terminen de aplaudir para continuar con nuestros textos.
Amigo o amiga, el carpintero, el político, el científico, el pescador, el campesino, etcétera, tienen algo en común con el chistoso: les puede irle mal en su trabajo.
Pueden fracasar.
Quizás cuando por primera vez cuente un chiste, no consiga hacer reír, a pesar de seguir estas recomendaciones.
Eso les puede pasar a todos los seres humanos.
No se deprima, no se acobarde.
Estudie bien qué sucedió y no lo repita en la segunda oportunidad.
Como dijo Winston Churchill: “El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”.
Fíjese que al practicar como dice este artículo, puede ir desde convertirse en un gran animador de sobremesas o de reuniones y fiestas, hasta un buen cuentachistes en lo artístico.
Pero si no desea lograr ese cambio, por lo menos será más simpático en el hogar y habrá un mejoramiento de su sentido del humor que lo beneficiará en la calidad de vida a usted mismo.
Le informo, nunca me he dedicado profesionalmente a contar chistes.
No me siento cómodo.
Prefiero actuarlos dentro del pellejo de personajes; es decir, me agrada más ser comediante.
Eso sí, disfruto mucho como público en los show de los cuentachistes y de los colegas del stand up comedy.
Aunque confieso que lo que más me llena es crear los chistes.
En fin, practique todo lo leído hasta aquí y compruebe que puede hacerlo, aunque no le digo que es fácil y así, de paso, valorara a los colegas profesionales.
Gracias y que le vaya estupendo como chistoso.
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  • Brevedades...

1.
-”Buenos días, ¿este es el club del suicida?”
-”Si señor.”
-”Vengo a asociarme.”
-”Pero no quedan más vacantes...”
-”¡Uuuhhh, me quiero matar!”
2.
Se encuentra Maradona en la calle con un amigo:
-”Hola Diego, ¿cómo andás?”
-”Todo bien, ¿y vos?
-”Yo muy bien, hace tiempo que quería verte. ¿Querés venirte mañana a casa a cenar así charlamos?”
-”Dale. Eso si, no quiero hablar de ninguna de mis mujeres.”
-”Ok, Diego. ¿Qué te preparo para comer?
-”Estoy a dieta, una ensalada nomas...”
-”Ok. ¿Te la rocío con oliva?
3.
-”¿Nombre?”
-”Yesica.”
-”¿Completo?”
-”$500.”
4.
-”Siempre te la deja picando.”
-”¿Es muy irónica?”
-”No, tiene ladillas.”
5.
-”Hola, venía al Curso para manejar la ansiedad.”
-”Es mañana.”
6.
-”Hola, quería estos zapatos.”
-”Dígame su número.”
-”¡Oh! 15 51862...”
-”¡No! ¡Número de zapatos!”
-”¡Ah! Quiero dos.”
-”Por favor, atendé vos a la rubia.”
7.
-”Papá, creo que soy gay.”
-”No te apresures, sentante, sacate la camperita rosa y lo charlamos.”
-”No es rosa, es coral intenso.”
-”Dejá, no hace falta...”
8.
-”Mi amor, quiero que todo vuelva a ser como antes.”
-”¿Como cuando nos conocimos?”
-”No, antes.”
9.
-”Eh amigo, ¿tené ‘Güai Fai’?”
-”Sí.”
-”¿Y cuál é la clave?”
-”Andá a laburar, negro cabeza de termo...”
-”¿Todo junto o separado?”
10.
-”Tenés el cuerpo de porcelana.”
-”Ahhh, gracias divino.”
-”No, Ana. ¡Tenés el cuerpo de Porcel!”
(Gracias José Luis !!!)
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  • Reyes magos...

Melchor le dijo trolo a Gaspar.
Gaspar le dijo negro pedorro a Baltasar.
Baltasar le dijo gordo choto a Melchor.
Se cagaron a trompadas entre ellos, y así nació la Rosca de Reyes...
(Gracias Isabel !!!)
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  • Cuestiones de fe...

La mujer en el confesionario:
-”Hola Padre, venía porque hace unos meses que intento quedar embarazada y no lo consigo. Y hablando con una amiga mía me dijo que vino a este convento y que con un Ave María se quedó embarazada...”
El cura le contesta:
-”No, hija, no fue con un Ave María... Fue con un padre nuestro, pero ese ya no trabaja aquí... ¡Lo hemos echado!”
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  • Taxista...

En Nueva York, una mujer británica totalmente desnuda se sube a un taxi.
El taxista, un chino, la mira de arriba a abajo varias veces.
Ella pregunta:
-”¿Nunca viste a una mujer desnuda?”
El taxista chino dice:
-”No milo desnudo. Me plegunto dónde gualda dinelo pala pagalme...”
Moraleja: Aprende de los chinos. Concéntrate solo en tu trabajo.
(Gracias Patricia !!!)
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  • Sutilezas...

1.
Con tres palabras puede una mujer abatir el ego (y lo demás) de cualquier hombre.
Esas tres palabras son:
-”¿Ya estás ahí?”
2.
Después de correrse una de sus acostumbradas parrandas Empédocles Etílez llegó a su casa a las 7 de la mañana.
Le ordenó a su mujer:
-”Guísame unos huevos.”
Respondió encalabrinada la señora:
-”¿Cómo los quieres? ¿Fritos, revueltos o intravenosos?”
3.
La señorita Peripalda, catequista, fue a confesarse.
Empezó:
-”Me acuso, padre...”
-”Momento”, -la interrumpió una voz de hombre, -”No soy el sacerdote. Soy carpintero, y estoy arreglando el confesonario.”
Inquirió la penitente:
-”¿Dónde está el señor cura?”
-”No lo sé”, -respondió el hombre, -”Pero si oyó cosas como las que yo he oído en este rato, seguramente fue a dar parte a la policía.”
4.
La llorosa secretaria que mostraba evidentes señas de embarazo le reclamó a su jefe:
-”Usted me dijo que en esta empresa había oportunidades de crecimiento, ¡pero no precisó que de esta clase de crecimiento!”
5.
En la reunión de señoras se hablaba del valor del tiempo.
Dijo una:
-”¿Saben ustedes cuántos segundos hay en un año?”
-”¿Segundos?”, -suspiró una de las presentes, -”¡Ya me conformaría yo con unos cuantos primeros!”
6.
Un niñito salió llorando del consultorio del doctor Ken Hosanna.
En la antesala se hallaba Pepito, que quiso saber por qué lloraba el pequeño.
Gimió éste:
-”Me hicieron un examen de sangre, y me picaron el dedito con una aguja.”
-”Entonces a mí me va a ir peor”, -se preocupó Pepito, -”Me van a hacer un examen de orina...”
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  • Más leyes de la vida...

-Siempre que llegas puntual a la cita no hay nadie alli para comprobarlo, y si por el contrario llegas tarde, todo el mundo habrá llegado antes que tú.
- Trasto inútil es aquel que guardamos durante años y tiramos días antes de necesitarlo.
- En una organización burocrática, todos los burócratas ascenderán puestos en la cadena de mando hasta alcanzar su nivel de máxima incompetencia en que se estancarán.
- Si algo finalmente ha ido bien, a la larga, hubiera sido mejor que hubiera ido mal.
- Los libros no se pierden cuando se prestan, excepto aquellos que tenías un interés especial en conservar.
- El precio total a pagar siempre es superior al del presupuesto: exactamente 3.14 veces lo presupuestado. De ahí la importancia del número PI.
- Si intentas ponerte el pijama sin dar la luz de la habitación para no despertar a la parienta las posibilidades de NO ponerte el delante detrás son practicamente 0.
- Cuando coges manzanas de un árbol, seguro que te encuentras (al menos) un gusano, o en su defecto medio gusano (qué asco!), si es que la manzana no está ya putrefacta!
- La intensidad sonora y olfativa del pedo es directamente proporcional al número de ajenos potenciales degustadores de la ventosidad en cuestión.
- Si cuando vas bajando las escaleras del metro, oyes que este se acerca, no corras para cogerlo pues será el que viene del otro lado, eso si, pero como no corras, al llegar al andén te darás cuenta que por unos segundos perdiste el metro (el próximo tardará 15 min).
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  • Sobre los contratos... (Por Manu Cerviño)

Todo contrato es ante todo la evidencia de un desencuentro.
Los contratos no son cosa nueva, en el derecho romano ya se los nombra, inclusive los había de diferentes categorías y referían a un acuerdo de voluntades que pretendían brindar protección a los contrayentes ante posibles irregularidades.
Estos contratos estaban abalados por la justicia romana y contribuyeron al orden civil y a la multiplicación de relaciones forzosas.
A ver:
Las relaciones más genuinas no necesitan pactos, contratos ni acuerdos pre establecidos, simplemente porque la amistad, por ejemplo, es el resultado de un encuentro entre personas que desarrollan un vínculo afectivo que no permitiría abusos ni daños, por la simpatía que los mancomuna.
Usted podría preguntarse entonces que pasaría entre personas corrompidas y protervas.
En este punto podemos recordar a Cicerón que consideraba que la amistad se da entre quienes poseen el sumo bien en la virtud, en pocas palabras los maliciosos no conocen la amistad y tal vez si necesitarían de un contrato para establecer una.
Casi nadie se aventura a establecer contratos de más de tres años de duración en ningún ámbito, sin embargo algunos se arrojan al matrimonio con la esperanza de sostener un contrato vitalicio y si bien esto parece ser una locura, un salto de fe, quienes juzguen irracional esta clase de decisión, podrían festejar el romanticismo que se da solamente en este tipo de contrato o al menos que se daba antes de que la especulación financiera se abriera camino en el único contrato que parecía gozar de cierta nobleza.
El contrato prenupcial es otro intento más de restar pasión sin sumar razón y ante tal situación solo nos queda saborear el sinsabor.
Todos los días, la mayoría de los seres humanos establecemos relaciones contractuales, escritas u orales.
Al comprar pan o cualquier otra cosa, estamos estableciendo un contrato, y teniendo en cuenta que los contratos tienen diferentes componentes, la que más suele tenerse en cuenta por las diferentes partes, es la obligacional.
Por esta razón estoy seguro de que un encuentro amoroso no necesita contratos de ningún tipo.
El amor no sabe nada de obligaciones, no las necesita, al menos cuando es compartido, por supuesto como los encuentros amorosos suceden con poca frecuencia, el contrato aflora como una herramienta que permite a aquellos desafortunados que no les tocó enamorarse de alguien que los ame, poder vivir una relación, que los observadores menos perspicaces confunden con un encuentro amoroso.
Claro que el castigo es tremendo para quienes quieren hacer de un desencuentro una familia y vale aclarar que en estos casos ni el mejor de los contratos los libra de pesares.
Durante cuatro años alquilé la casa de un locatario que solía decir:
-”Conmigo despreocúpate por que yo soy confiado y creo en la palabra.”
A esta declaración yo solía responder:
-”Que bien, porque yo jamás lo estafaría.”
Como indicio de que su declaración era falaz aun conservo los dos contratos de alquiler que el mismo redactaba.
Las dos veces que firmamos los contratos se comportó de manera inquietante, se comía las uñas y miraba con pánico a la escribana mientras golpeaba los dos talones contra el piso con la destreza de un baterista de heavy metal.
Antes de mudarme a otra ciudad, al finalizar el último contrato le dije:
-”Tal como le prometí siempre pagué al día.”
Y él me respondió:
-”Si, fue muy buen inquilino y siempre confié en usted.”
Esa fue la última vez que lo vi y podría asegurar que ambos sentimos casi el mismo vacío: Él por perder una oportunidad de confiar en quien lo merecía, y yo por perder una oportunidad de demostrar que soy confiable, porque en definitiva jamás sabremos como hubiese sido nuestro vínculo sin contratos de por medio.
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