Fin de semana: Viernes 28 a Domingo 30 de
Diciembre de 2018
Holaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo sobre humor y fisiología, chistes breves, cosas de matrimonios chistes sutiles y unos textos humorísticos muy interesantes. Y aprovechamos para despedir este año y prepararnos para el 2.019 con todas las esperanzas, sin perder nunca el buen humor que tratamos de compartir desde este humilde espacio. Por eso, queremos desearles a todos nuestros amigos un muy ¡Feliz Año Nuevo!
Esteban Nicolini
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El humor es algo serio...
Humor y fisiología
Investigación hecha por los doctores Stanley Schaachter y Ladd Wheeler (Epinephrine, Chlorpromazine and Amusement. Journal of Abnormal and Social Psychology, No. 65, febrero 1962, pp 121-128).
Se dividió en tres grupos a un número de sujetos experimentales.
Al primer grupo se le puso una inyección de hormona epinefrina (adrenalina): al segundo, una de agua con una pequeña concentración de sal, y a los miembros del tercero se les inyectó una droga llamada clopromazina (un tranquilizante de efectos potentes).
Lógicamente, a ninguno de los sujetos se les informó de la sustancia que habían recibido o si existía alguna diferencia con lo inyectado a los otros.
La epinefrina actúa sobre el cuerpo como estimulante y debía aumentar el nivel general de excitación de los individuos que la recibieron; el agua salada es neutral a este respecto y no debía aumentar ni decrecer el nivel de excitación; la clopromazina, como tranquilizante, debía decrecer el nivel de excitación de los individuos que la recibieron.
A todos los sujetos se les pasó una película y se les pidió que la clasificaran de acuerdo con lo que se habían divertido.
Los inyectados con epinefrina la consideraron más divertida, los inyectados con agua salada dieron unos niveles medios de diversión y los otros no apreciaron el humor del filme.
La implicación más intrigante de este descubrimiento es que hasta el humor, algo que generalmente consideramos psicológico y emocional, tiene una relación profunda con los estados fisiológicos del cuerpo.
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Método...
-”¿Y vos qué tomás para estar mejor?”
Ella contesta:
-”Yo tomo distancia...”
(Gracias Jorge !!!)
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Busco perrito...
-”Sí, buen día. Tenemos muchos para elegir.”
-”Me gustaría un Bulldog inglés, no me gustan los criollos por temas de estética.”
-”¿Perdón?”
-”Prefiero uno de raza pura.”
-”En ese caso sí, tenemos un Bulldog inglés, que busca casa con una persona de Inglaterra. No le gustan los criollos por temas de estética...”
-”¿Cómo? No entiendo...”
-”Envíenos su árbol genealógico para aprobarlo. Si Ud es inglés, le damos el cachorro.”
(Gracias Horacio !!!)
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Pequeñas delicias de la vida conyugal...
Ella le dice:
-”Tengo una bolsa llena de ropa usada que quisiera donar.”
Él responde:
-”¿Porqué no la tirás a la basura? Sería mucho más fácil...”
-”Pero hay gente muy pobre y muriéndose de hambre que no tienen qué comer ni ropa para ponerse.”
-”Corazón, si a alguien le queda tu ropa, no se está muriendo de hambre...”
La víctima será velada a partir de las 20 horas a cajón cerrado.
Sin flores, por favor...
(Gracias Iche !!!)
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Relatos bíblicos...
-”No puedo comer eso, soy vegano...”
-”¿Tiene Usted el carnet de manipulador de alimentos?”
-”¿Ese pan, lleva gluten?”
-”¿Han hecho un análisis de mercurio a ese pez?”
-”¿Peces o pezas?”
-”En verdad os digo que os vayáis a la mierda...”
(Jesús, 2.018)
(Gracias Marcelo !!!)
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Sutilezas...
El maduro señor estaba inspirado aquella noche.
Se había tomado un par de whiskies, y vio en su DVD escenas de la película “Deep throat”, con Linda Lovelace.
Esa motivación lo llevó a realizar con su esposa el acto del connubio.
La señora, por desgracia, no se hallaba en la misma tesitura emocional, de modo que mientras su marido se afanaba con ímpetu vehemente en el antiguo in and out ella empezó a tratar asuntos que nada tenían que ver con el momento, sino que pertenecían al prosaico ámbito de la cotidianidad.
En vez de decir algo así como: “¡Papacito!”, “¡Negro santo!” o “¡Cochototas!” la mujer se puso a hablar de la crisis económica y la inflación reinante.
Dijo:
-”Ha subido la luz, ha subido el teléfono, ha subido el gas… El azúcar ha subido, lo mismo que la leche, las tortillas y el pan. Todo ha subido...”
-”No todo”, -replicó el esposo, mohíno, al tiempo que se quitaba de su sitio y se tendía de espaldas en el lecho, -”Acabas de conseguir que algo baje...”
2.
Aquella joven era tan romántica que se llamaba Isolda.
Una tarde se hallaba con su novio en un farallón frente al océano como los de “The white cliffs of Dover”, la película de la Metro (1944) con Irene Dunne, Roddy McDowall y Van Johnson.
Rugía abajo el mar, y se veía en el cielo el misterioso lampo de los rayos.
La escena parecía sacada de “Cumbres borrascosas”, el maravilloso film de Samuel Goldwyn (1939) con Merle Oberon, David Niven y Laurence Olivier.
Isolda se emocionó al contemplar el vuelo de las aves sobre la tempestad.
Volaban las gaviotas estridentes; volaban los albatros, de vuelo majestuoso en las alturas y ridículo andar sobre la tierra; volaban las aves que en inglés se llaman frigates, de las cuales se dice que hacen el amor en pleno vuelo.
Conmovida por el volar de aquellos pájaros marinos Isolda le preguntó a su novio, que –ahora lo sabemos –era Babalucas:
-”¿Qué harías, Baba, si tuvieras dos alas?”
Respondió él:
-”Vendería una y me compraría un comedor.”
3.
-”Ya no hallo cómo frenar los ímpetus eróticos de mi mujer”, -le contó cierto señor a un amigo, -“Quiere estar haciendo el amor a todas horas...”
-”Me extraña tu preocupación”, -acotó el otro, -”Muchos hombres estarían felices con una esposa así...”
Sombrío replicó el señor:
-”Lo están...”
4.
La maestra le indicó a Pepito:
-”El curso ha terminado. Ya no tengo nada qué enseñarte.”
Arriesgó con cautela el muchachillo:
-”¿Se admiten sugerencias?”
5.
Don Languidio Pitocáido y su esposa hicieron un viaje de turismo a la India y vieron el consabido espectáculo del faquir flautista que con su música hace que una cuerda se levante.
Al terminar el espectáculo la mujer fue con el hombre de la flauta.
-”Perdone, señor faquir”, -le preguntó, -”¿Nada más levanta cuerdas?”
6.
Don Languidio Pitocáido, señor de edad madura, sufría problemas graves de disfunción eréctil.
Más bien los sufría su mujer.
Eso no inquietaba mucho a don Languidio -ella era de confianza-, pero tenía una amiguita a la que visitaba una vez por semana, generalmente los viernes por la noche.
Fallarle a esa amistad sí mortificaba al señor Pitocáido, pues a los amigos no debe uno fallarles, y a las amigas menos.
Buscando remediar tal deficiencia echó mano a toda suerte de potingues y mejunjes, particularmente aquellos a los cuales las consejas populares atribuyen virtudes para que el varón pueda enfingir: la infusión de hierba damiana; el té de la otra hierba llamada garañona; las criadillas de toro; los ostiones; la hueva de liza, etcétera.
Ninguna de esas sustancias funcionó, y por lo tanto siguió sin funcionar el tribulado caballero.
Recurrió en seguida a los específicos de que dispone la farmacopea, tanto los antiguos -la yohimbina, por ejemplo-, como los más modernos, cuyos nombres desconoce el escritor por no tener aún necesidad de ellos, praise the Lord.
Tampoco tales medicamentos fueron útiles para poner a don Languidio en aptitud de izar la grímpola de su masculinidad.
Iba ya a apelar a cosas de brujería -vade retro, Satana- cuando alguien le habló de las miríficas aguas de Saltillo, capaces de reanimar al más desanimado másculo.
Soy originario y vecino de esa ciudad, y por lo mismo se me puede tachar de no ser objetivo, pero como prueba de las virtudes de esas aguas diré que en el último número de la revista “The M.D. Companion” aparece un artículo firmado por el doctor Carterio, especialista en antigüedades egipcias, quien declara que por vías de experimentación vertió unas cuantas gotas de aquellas taumaturgas linfas en los labios de una momia de varón existente en el Museo del Cairo, con el pasmoso resultado de que la tal momia, de 3 mil años de antigüedad, rompió el vendaje que le cubría la alusiva parte, y sin usar las manos.
De ese portentoso hecho son testigos dos muftis egipcios y un mujic ruso que estaba ahí porque extravió la ruta en el camino de Kiev a Vladivostok.
Pero advierto que me he apartado del relato.
Vuelvo a él.
Su primer pensamiento fue dar gracias a San Guignolé, santo que alivia disfunciones, pero luego pensó que lo debía a las miríficas aguas de Saltillo".
Don Languidio se las arregló para conseguir un centilitro de las miríficas aguas mencionadas.
Tuvo suerte, ya que esas linfas escasean a veces por la enorme demanda que hay de ellas.
Pues bien: ni siquiera fue necesario que el provecto señor las bebiera.
Con sólo mirarlas en el frasco volvió a tener 20 años, al menos en la parte en que más necesitaba regresar a esa edad vernal, o sea primaveral.
Don Languidio no daba crédito a lo que sus ojos contemplaban.
Tanto tiempo hacía que no miraba una tumefacción así que ya hasta se le había olvidado cómo era.
Sintió correr por sus venas una plétora de ardiente sangre, y creyó ser aquel árabe sin cuitas que el poeta dijo, “que siempre está de vuelta de la cruel continencia del desierto, y que en medio de un júbilo de huríes las halla a todas bellas y a todas favoritas”.
Su primer pensamiento fue dar infinitas gracias a San Guignolé, miraculoso santo que alivia disfunciones como aquella que padecía él, pero luego pensó que el prodigio lo debía a las miríficas aguas de Saltillo, e hizo voto de ir en peregrinación a esa ciudad a agradecer el prodigio que sus linfas habían obrado en él.
Luego llamó a gritos a su mujer.
Vino corriendo la señora, pensando que algo malo le había pasado a su marido, y lo que vio en él la llenó al mismo tiempo de asombro y regocijo.
Al punto empezó a despojarse de la ropa.
-”¡No te hablé para eso!”, -la detuvo don Languidio, -”¡Rápido! ¡Tráeme la cámara! ¡Mis amigos del café no me van a creer esto!”
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El gnomo...
Va a buscar la pelota y encuentra a un pequeño hombrecillo, con un chichón en la cabeza y la pelota a su lado.
-”Dios...”, -dijo el golfista y procedió a reanimar al hombrecillo.
Una vez que volvió en sí, le dijo:
-”Bueno, yo soy un gnomo y tu me has capturado, por lo que te has ganado tres deseos.”
El hombre dijo:
-”No puedo recibir nada de ti, simplemente estoy feliz de no haberte causado mayor daño.”, -y se alejó.
El Gnomo, viendo al golfista alejarse, pensó:
-”Es un hombre bueno y no me ha capturado, por lo que le daré tres cosas que cualquier hombre quisiera: mucho dinero, un gran juego de golf y una vida sexual intensa...”
Un año después el hombre estaba jugando golf otra vez en la misma cancha, cuando golpea la bola hacia los árboles nuevamente y al acercarse a buscar la bola aparece el gnomo y le pregunta a hombre:
-”¿Cómo ha estado?”
-”Muy bien...”, -contesta el golfista, -”Ahora juego bajo par casi todo el tiempo.”
-”Yo hice eso para tí.”, -respondió el gnomo, -”¿Y puedo preguntarte cómo va tu economía?”
-”Bueno ahora que lo mencionas, cada vez que meto la mano en el bolsillo me encuentro un billete de cien dólares.”
-”Yo hice eso para ti.”, -respondió el gnomo, -”¿Y puedo preguntarte como va tu vida sexual?”
El golfista se acerca y al oído le contesta:
-”Bueno, una o dos veces a la semana...”
-”¿Una o dos veces a la semana?”, -pregunta el gnomo extrañado.
El golfista lo mira y le dice:
-”Bueno, no está mal para un cura católico de una parroquia pequeña.”
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Leyes de la vida...
- La estupidez de tu acción es directamente proporcional al número de personas que te estén observando en ese momento.
- El único momento para ser positivo es cuando estés positivamente seguro de haberte equivocado.
- Si suponemos de antemano, que, por múltiples razones, algo fallará, el fallo se producirá siempre si le da la gana... y las consecuencias del fallo serán imprevisibles.
- Si durante un largo tiempo no has tenido posibilidades, aparecerán varias a la vez pero solo podrás elegir una.
- La probabilidad de que un hecho improbable suceda es siempre superior a los cálculos que se han hecho de que no suceda.
- Le Mercier demostró que hay un 1 % de probabilidades de pisar con un pie el cordón desatado del otro zapato, poniendo toda la habilidad en ello, contra un 99 % de conseguirlo inadvertidamente.
- El tipo de seguridad de un bar donde sirven bebidas alcohólicas no te dejará entrar nunca en el bar (si no tienes 18 años) aunque te pongas de puntillas, pongas cara de mala ostia o te dejes la barba. A partir del día en que los cumplas, nunca te pedirá el documento aunque te agaches, te hagas el niño, etc...
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El mensaje del náufrago... (Por Juan José Millás)
Mientras escribo estas líneas, las horas se deslizan hacia poniente como una flecha hacia el centro de la diana.
Sabemos que esto de los años y las semanas y los meses es una convención, un acuerdo, un pacto, un convenio, en fin, al que hemos llegado entre todos tras unos miles de años de convivencia.
Pero el hecho de que sea una convención no aminora su fuerza.
A lo mejor, un día descubrimos que también el hígado era una convención, y el páncreas, y las transaminasas.
Cómo saber dónde está la frontera entre las convenciones y los órganos.
Seguramente, el catarro es una convención, la más universal de todas, junto a la úlcera de duodeno.
Pero el conocimiento de ello no reduce la secreción nasal ni el dolor de las vísceras.
El día ha amanecido con una lluvia fina.
Me desperté a las siete, leí un poco y me dije que hoy no escribiría.
¿Para qué?
Mañana no hay periódicos y pasado mañana un artículo como éste será una antigualla insoportable.
Sé que cuando lo acabe y lo meta por la abismal grieta del fax tendré la misma impresión de improbabilidad que el náufrago al arrojar la botella con su mensaje dentro.
El fax, en días como hoy, parece un océano: no sabes dónde puede ir a parar lo que introduces en él.
El fax es otra convención: hemos llegado al acuerdo de que el artículo que metes por un sitio sale por otro que a lo mejor está a 500 kilómetros de distancia, pero eso no es posible.
¿Cómo va salir por una grieta de allí la hoja que yo introduzco en la de aquí?
Eso no se lo cree nadie; de hecho, es una de las convenciones que más está costando sacar adelante: la mayoría de la gente, después de poner un fax, llama al destinatario para asegurarse de que ha recibido el mensaje, porque es que le parece increíble.
La convención del fin de año segrega más jugos digestivos que un hígado.
Por eso no quería que llegaran las doce sin desearles lo mejor para el próximo año, aunque les llegue con retraso, o no les llegue porque lo devore el fax.
Felicidades.
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