Holaaa samigooosss !!!
Esteban Nicolini
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El humor es algo serio...
La Michigan State University (MSU), realizó un estudio y sus resultados no sólo subrayan la importancia del papel del padre en la vida de su hijo, sino que prueba que el humor como estado de ánimo del padre, tiene a corto y largo plazo, efectos directos sobre su vástago.
En el estudio, los investigadores de la MSU recogieron datos de alrededor de 730 familias que participaron en un estudio de los programas Early Head Start.
Los investigadores centraron su atención en los efectos del estrés y los problemas de salud mental de los padres como la depresión y la ansiedad en sus hijos.
Ellos encontraron que los niveles de estrés y problemas de salud mental en los padres, afectan cómo interactúan con sus hijos y desde luego, su desarrollo.
Uno de los más sorprendentes hallazgos derivados de este estudio, es que la salud mental de un padre tiene consecuencias a largo plazo, que se correlacionan directamente con las diferencias en las habilidades sociales de los niños (por ejemplo, el autocontrol y la cooperación).
De hecho, la depresión de un padre durante los primeros años de vida es más influyente en el desarrollo de las habilidades sociales de un niño en su crecimiento.
El estudio también pone de relieve el hecho de que de un padre con estrés y depresión, son especialmente perjudiciales en el desarrollo cognitivo y del lenguaje de sus hijos cuando los pequeños tienen entre 2 a 3 años de edad.
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A buen entendedor...
Le comenta María a una clienta:
-"Le he dicho a mi marido que me voy a agrandar los pechos."
La clienta le pregunta:
-"¿Y su marido la apoya?"
-"Mi marido ha dicho que con el tamaño que tiene se conforma..."
2.
-¿Qué sabés de Brian?"
-"¡Lo mató la soledad!"
-"¿Qué, vivía solo?"
-"¡No! Lo mató la Soledad cuando lo encontró encamado con la Jessica..."
(Gracias Gabrielle !!!)
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Variaditos...
-"¡Mama, mama...!"
-"¿Qué pasa, m'hija?"
-"Estoy embarazada..."
-"Pero chinita tonta... ¡con lo que te dije que te cuides con los días...!"
-"Pero si no fueron los Díaz, mama, fueron los Gómez..."
2.
Se encuentran 2 santiagueños y uno le dice al otro:
-"¿Cómo anda el tío Fermín que hace como 2 años que no lo veo?"
-"Uh, el tío Fermín está en el descanso eterno..."
-"¡Je, je, siempre exagerado para dormir la siesta el tío Fermín...!"
3.
La niñita le pregunta a su mamá:
-"Mamá, ¿qué hacías anoche encima de papá?"
La madre, sonrojada, le contesta:
-"Lo que pasa es que tu papá está un poco gordo, entonces yo me siento encima de él para desinflarlo un poco..."
Y le dice la chica:
-"Ah, no... Estás trabajando en vano, porque cuando vos te vas a trabajar viene la sirvienta, se arrodilla y lo empieza a inflar de nuevo..."
4.
Viene un tipo a la peluquería y se sienta en el sillón.
Se acerca el peluquero y le pregunta:
-"Adelante, ¿cómo le corto?"
-"Hummm, redondeadoooo..."
-"¿Atrás?"
-"Cortiitooo..."
-"¿Te hago la raya?"
-"¡Destrozalaaa...!"
5.
Estaban 3 elefantes en la selva conversando.
Uno de ellos dice:
-"A mi me gusta tener las orejas bien grandes?"
-"¿Para qué?"
-"Para echarme viento y así no sufrir el calor acá en la selva."
Otro dice:
-"A mi me gusta tener la trompa laaargaaa, laaargaaa..."
Los otros le preguntan:
-"¿Para qué?"
-"Para, estando sentado, con la trompa traer agua del río y mojarme."
Y le preguntan al tercero:
-"¿Y vos?"
-"A mi me gusta tener las pestañas bien largas y arqueadas..."
-"¿Y eso para qué?"
-"No, de puto nomás..."
6.
Un tipo le dice al otro:
-"¡Cómo extraño ponerle sal al asado!"
-"¿Estás comiendo sin sal?"
-"No, estoy comiendo sin asado..."
(Gracias Gustavo !!!)
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El chinito y los perros...
Una mañana se encontraron los dos y el chino le dirigió un cordial saludo:
-"¡Buen día, señol Culo!"
Por supuesto que al Curro no le hizo mucha gracia, pero lo dejó pasar...
Durante la semana siguiente recibe el mismo saludo:
-"¡Buen día, señol Culo!"
El Curro no pudo aguantar más y se compró 2 perros de raza pastor alemán y los entrenó para atacar al chino.
Un día cuando el chino se acercó para saludar, el Curro le echó los perros.
Con suma rapidez, el oriental sacó 2 cuchillos de sus pantalones y se paró rígido, en posición de defensa, listo para enfrentar a los perros.
El Curro se da cuenta que el chino va a cortar a los perros, entonces da un fuerte silbido:
-"¡Fiiiiuuhhuuiiiiííí...!"
Y los perros rápidamente entran a la casa.
Esto se repite varias veces, hasta que el chino decide poner una denuncia en la policía más cercana.
-"Buenos días, caballero, ¿en que podemos ayudarlo?", -lo recibe un oficial.
-"Mire, oficial, mi denuncia es polque los pelos del Culo no me dejan caminal..."
El oficial le dice:
-"Bueno, amigo, entonces córteselos..."
-"Eso es lo que quielo hacel, pelo cada vez que los quielo coltal, el Culo hace 'Fiiiuuhhuuiiiííí...' y los pelos se meten pala adentlo..."
(Gracias Ana !!!)
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El viaje...
En el momento del embarque el piloto les dice:
-"Suban primero los ciegos y después los cojo..."
Entonces un ciego dice:
-"Yo sabía que esta mierda no era gratis..."
(Gracias Patricia !!!)
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Tonto y retonto...
-"Hijo, me temo que algún día tu maestro se dará cuenta de que soy yo quien hace tus tareas."
-"Creo que ya lo está empezando a sospechar."
-"¿Por qué?"
-"Porque ayer precisamente me dijo que le parecía imposible que pudiera cometer tantos disparates yo solo."
2.
Un transeúnte pregunta a otro:
-"Per... per... do... perdone... se... se... señor. ¿Dón... de está la es... cuela de tar... ta... tartamudos?"
-"Pero hombre, ¿para qué quiere ir a la escuela de tartamudos si tartamudea usted muy bien?"
3.
Un hombre compró un bastón, y al día siguiente fue a reclamar a la tienda.
-"Me queda demasiado largo. Quiero que le corte la empuñadura."
-"Será mejor que le cortemos el bajo."
-"¡No señor! ¿No ve que de donde sobra es de arriba?"
4.
Un señor va por la calle con el puño cerrado por encima de la cabeza.
Otro le pregunta:
-"Dispense. ¿A qué partido político pertenece ese saludo?"
El hombre levanta la cabeza y exclama:
-"¡Vaya!, ¡Ya me robaron otra vez el paraguas!"
5.
Dos amigos en clase:
-"Oye ¿Cómo se dice hermano en inglés?"
-"¡Espérate brother que voy a buscarlo en google!"
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Sobre la innecesaria extensión de algunas cosas... (Por Manu Cerviño)
Este viernes el loro parlanchín expone sobre la innecesaria extensión de algunos sucesos.
Sin más preámbulos comenzamos:
Conversación de innecesaria extensión:
Persona A: ¿Quieres cenar esta noche en mi casa?
Persona B: Si.
Persona A: ¿Realmente tienes ganas?
Persona B: Si.
Persona A: No te escucho convencido.
Persona B: Si, tengo ganas, por eso dije que si quiero ir.
Persona A: Está bien, simplemente no quiero que lo hagas por compromiso.
Persona B: ¿No te parece que este diálogo se está tornando innecesariamente largo?
Persona A: ¿Vas a ir por compromiso?
Persona B: No.
Persona A: ¿Y entonces por qué vas?
Persona B: porque tengo ganas de ir.
Persona A: Y entonces por qué no dijiste simplemente: si.
Persona B: Eso es lo que dije en un principio.
Persona A: si, pero lo dijiste con una entonación distinta.
Conversación de perfecta duración
Persona A: ¿Quieres cenar esta noche en mi casa?
Persona B: Si.
Persona A: Te espero a las veintiuna.
Persona B: De acuerdo. Saludos.
Persona A: Nos vemos.
(Habrán notado el cuidado que tuve llamando a los personajes A y B para que no sea yo considerado un sexista dejando expuestas a las que la mayoría de las veces representan al personaje A del primer ejemplo)
También existen geografías y edificios que parecen haber sido pensados con el único fin de generar y abrigar situaciones de innecesaria duración y entre estas, las salas de espera, son las más evidentes; todas las esperas que superen los quince segundos son insoportables.
Las paradas de bus, los aeropuertos, las estaciones de trenes, y otros lugares análogos, todos diseñados para propiciar espacios en los que se adoctrine a la gente para aceptar como normal la innecesaria duración de las esperas.
Los creacionistas y casi todos los hombres de fe deben confesar que la vida misma es una espera para el reencuentro con el creador (o con su archienemigo…) inclusive yendo más a lo micro, sin pensar en la vida o el universo, puedo asegurar que a las Pampas argentinas dios las diseñó con la intención de que quien las recorra conozca el aburrimiento y se prepare para estas esperas que los ateos encuentran de innecesaria distancia.
Debemos admitir que muchos de nosotros somos funcionarios de esta corporación que proporciona instancias de innecesaria duración.
Recuerdo al panadero de mi barrio, que para vender dos trozos de pan demoraba veinte minutos; dedicados los primeros diez a ponerse a corriente de toda la situación familiar y general del cliente y los últimos a la parsimoniosa manera de buscar el producto, envolverlo, cobrarlo y despedirse con la emoción que se despide a un amigo que vive a veinte mil quilómetros y tal vez no vuelva jamás al país.
Mientras tanto el resto de los clientes sabe que tres compradores antes en la fila equivalen a una hora de espera.
Y si bien no somos todos tan operantes en el oficio de alargar innecesariamente las esperas de los demás, como Don Juan el panadero de mi barrio, insisto, debemos admitir que muchos de nosotros somos ocasionalmente empleados de medio tiempo en dicha corporación.
No dejemos afuera de esta lista a los procesos judiciales.
En Argentina, dichos procesos suceden con una lentitud tan portentosa que podríamos decretar a los empleados del poder judicial como los máximos exponentes, representantes inalcanzables, defensores insoslayables y procuradores por excelencia de situaciones de innecesaria duración.
A veces suelo imaginar que los jueces tienen vehículos muy lentos, que los abogados llegan montados en tortugas a sus oficinas y que todos los empleados del poder judicial tienen vértigo y tacofobia o viven en una dimensión paralela que transcurre en cámara lenta.
Por supuesto siento pena por ellos, imagino lo difícil que se debe tornar la vida de una persona que opera con tal lentitud; imagínese querido lector lo difícil que debe ser conseguir novia, o jugar al futbol para un señor que para definir una operación laboral necesita entre cinco meses y ocho años de trabajo.
Acostumbrados a estos dilatados tiempos imagino que someterán a sus familias a prorrogadas esperas, sus hijos los esperaran durante horas a la salida de la escuela y sus amigos dormirán siestas hasta que estos lleguen al desenlace de un chiste que comenzaron a relatar la semana pasada.
En la literatura, toda obra que nos disguste se tornará de innecesaria duración y por esta razón podríamos decir que es mala, sin embargo y como dijimos al comienzo, no todo es relativo y debemos considerar la posibilidad de que la obra sea mejor que nosotros y sencillamente no la estemos entendiendo.
Nuestros gustos siempre están sujetos al nivel de entendimiento y raciocinio que tengamos.
Tramposamente algunos poseedores de humildes niveles de entendimiento largan al mundo sus desatinadas críticas estéticas o simplemente quieren persuadir al mundo de que todo es relativo, y que el gusto personal es lo que define la nobleza de la obra, para todos ellos tengo dos cosas que decir: la primera es que el gusto no es siempre fraternal con la nobleza artística, y la segunda es que estoy seguro de que este texto se volvió una cosa de innecesaria duración.
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El horno... (Por Joaquín Gómez Bas)
La idea se le ocurrió al abrir la tapa del horno y sentirse envuelto en una ola de aire caliente, achicharrante.
Sería un verdadero negocio envasarlo y venderlo.
Lo puso en práctica en seguida.
Salió a la calle con un carrito de mano y casa por casa fue adquiriendo a precios de pichincha centenares de botellas vacías.
Ya en su casa, encendió el gas del horno y aguardó a que se elevara la temperatura interior.
Cuando consideró logrado el punto conveniente, abrió, metió la cabeza dentro, aspiró el aire abrasante y lo sopló en la primera botella, que tapó ajustadamente con un corcho.
Repitió el procedimiento con unas cuantas y salió a venderlas.
Hizo un negocio redondo.
Las vendía en cajones de doce botellas cada uno y no daba abasto.
Lo único en contra era que de tanto meter la cabeza en el horno había perdido, en reiteradas chamusquinas, el pelo de la cabeza, de las orejas y del bigote.
Sin embargo, no desistía.
Ganaba mucho dinero.
No era cuestión de abandonar semejante ganga por pelos de más o de menos.
Un día sintió cierta picazón en una oreja y al intentar rascársela se le desprendió convertida en ceniza.
Lo mismo le paso con la otra a la semana siguiente, y más tarde con la nariz, el cuero cabelludo, la piel de la cara y los párpados.
Inexplicablemente, conservó hasta el final los labios.
Cuando éstos también se le cayeron le resultó imposible soplar el aire caliente dentro de las botellas.
Y se le acabó el negocio.
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