Holaaa samigooosss !!!
Esta semana
tenemos un artículo sobre el poder de la música, chistes breves y
variados, chistes mexicanos, más de Julio Cortázar y unos textos
de humor sin desperdicios. Esperamos que se diviertan y les deseamos a
todos una muy buena semana y una ¡Feliz Primavera!
Esteban Nicolini
-
El humor es algo serio...
La
música optimista nos hace ser más felices (Por Cristina Grao
Escorihuela)
Pon en tu vida unas notas de felicidad.
En diversas ocasiones hemos destacado
los
beneficios de la música: capaz de mejorar el rendimiento físico,
incrementar nuestra sensación de recompensa o modular el estado de
ánimo según la voluntad.
En esta ocasión nos hacemos eco de dos
nuevos estudios publicados por el Journal of Positive Psychology que
avalan la música como garante de felicidad.
Durante la primera investigación
formaron dos grupos, en el uno
escucharon música optimista del compositor Aaron Copland mientras
que el otro lo hacían de Igor Stravinsky.
Los primeros sí
manifestaron un cambio positivo.
Luego en el segundo estudio los
participantes intensificaron su nivel de felicidad después de escuchar
música optimista durante dos
semanas, al tiempo que se proponían ser más dichosos.
No paso lo mismo con el grupo que
escuchaba únicamente música
sin pretensión de nada más.
De esta forma los resultados animan
conscientemente los cambios mentales que nos puedan traer experiencias
enriquecedoras.
Asimismo la música “proporciona apoyo a
la gente que ya la
escuchaba para mejorar su estado de ánimo” y a su vez “sugiere
que la felicidad se relaciona con una mayor probabilidad de tener un
buen comportamiento social, mejor salud física, mayores ingresos y
mayor satisfacción en una relación” manifiesta Yuna Ferguson, líder de
esta investigación mientras cursaba un doctorado en
ciencia psicológica en la Universidad de Missouri (EE.UU).
De otro lado, en el estudio llevado a
cabo por Jacob Jolij Meurs
Maaike de la Universidad de Groningen (Holanda) y publicado en PLoS
ONE también descubre que la música nos hace sonreír.
Los
participantes debían identificar los rostros más felices y tristes,
mientras escuchaban música.
Cuál fue la sorpresa al revelar que las
caras elegidas
coincidían con la música que estaban escuchando.
Todo se debe a que el cerebro humano
compara la información que
capta al instante con la ya almacenada, y a su vez se anticipa de
cierta manera a la información que recibirá.
Aquello que percibimos
puede estar condicionado por el estado de ánimo.
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Aniversario...
-"¿De que, Alejandra?"
-"¡Hoy cumplimos 5 años de casados!"
-"Pe... pe... pero querida, ¿cómo me voy a olvidar de eso?"
-"Quiero que me lleves a cenar, a ver un buen espectáculo y a bailar."
-"¡Justamente eso era lo que tenia planeado!"
-"Bueno, quiero que me lleves a 'La 49'."
-"¿Quééé?, ¿Estás loca?, ¡Eso es un night club!"
-"¡Ramiro!, ¡Quiero que me lleves ahí y punto!"
Sin otra opción para Ramiro se fueron.
Apenas llegaron, el valet parking dijo:
-"Buenas, ¿cómo le va caballero? ¡Que bueno verlo otra vez!"
La mujer salto sorprendida:
-"¿Que dice este? Que qué bueno verte otra vez. ¿Acaso has venido antes a este sitio?"
-"¿Yo? ¿Pero estas loca? ¿A este Nightclub? Le dicen a todos lo mismo... Estos lugares son así."
Llegaron con el portero:
-"Señor Murillo... ¡Que gusto!"
-"Te dijo Señor Murillo... ¡Te conoce!"
-"¿Ehhh? Y como no me va a conocer, si este tipo trabaja en el edificio de mi oficina. Es el electricista del edificio."
Ya adentro, los recibió Alex, el gerente:
-"¡Como esta Licenciado Murillo! La mejor mesa, como siempre, ¿verdad?"
-"¿Este también es electricista en tu oficina, Ramiro? ¡Te voy a matar!"
-"No, no... Este señor me conoce porque es el que me vendió la Ford Explorer que te compré."
-"Ramiro, me estás... me estás..."
En ese momento apareció la vendedora de cigarrillos:
-"¡Mi Reeey! ¿Te doy tu tabaco Cohíba?"
La cigarrera se puso el habano entre los pechos:
-"¡Meteme la manita, mi amor, y saca tu habanito como te gusta!"
Alejandra estaba a punto de matar a su marido cuando se apagaron las luces.
Ramiro y su mujer se sentaron y empezó el espectáculo.
Apareció una mujer súper sensacional que empezó a hacer un strip-tease.
Cuando se quedó solo en tanguita se acercó a la mesa de Ramiro y cariñosísima, le preguntó a toda la concurrencia:
-"Y ahora, ¿quién me va a sacar la tanguita?"
Todos los presentes gritaron a coro:
-"¡Se vive, se siente, Ramiro con los dientes! ¡Se vive, se siente, Ramiro con los dientes!"
Alejandra no aguantó más.
Salió corriendo y se metió en un taxi.
Ramiro la siguió dentro del vehículo.
La mujer empezó a pegarle y trató de arrojarlo fuera.
-"¡Eres el hijueputa más grande de toda la historia!"
Alejandra se sacó un zapato e histérica, comenzó a pegarle en la cabeza y a gritarle groserías.
En esas el taxista se dio la vuelta y exclamó:
-"Mire que hemos llevado putas locas, Don Ramiro... ¡Pero, como esta, ninguna!"
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Dónde está la abuela...
¡Si, honestamente es la verdad!
Ella presionó CONTROL y ENTER y desapareció de la vista.
Fue devorada completamente.
El sólo pensarlo hace que me retuerza.
Ella debe haber agarrado un virus, o algún gusano se la debe haber comido.
Yo busqué en la papelera de reciclaje y en archivos de todo tipo.
Inclusive busqué en Internet, pero no encontré nada.
Desesperado le pedí al Señor Google que refinara mis búsquedas, pero su respuesta fue negativa.
No se encontró nada Online.
Entonces, si dentro de tu bandeja de entrada llegás a ver a mi Abuela, por favor copiala, escaneala y pegala, y mandámela de vuelta.
Este es un tributo a todos los abuelos y abuelas que no han tenido temor y han aprendido a usar la computadora.
¡Todos ellos son grandiosos!
No dejamos de jugar porque nos hacemos
grandes...
¡Nos hacemos grandes porque dejamos de
jugar!
(Gracias Elvira !!!)
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Solución...
Dos amigos estaban charlando en un bar:
-"Estoy preocupado porque últimamente mi mujer no
pone ningún interés cuando hacemos el amor, y encima, no se queda
satisfecha."
-"Bah, no te preocupes, eso es por la rutina. A mí
me pasaba lo mismo hasta que descubrí una solución. Pues mira, cuando
noto que está perdiendo interés lo que hago es sacar una pistola de
agua y pegarle un tiro en la cara. Con la impresión del susto se vuelve
a excitar y todo va perfecto."
-"¿De verdad? Pues voy a probarlo."
Al cabo de unos días vuelven a encontrarse:
-"Hombre, ¿cómo te ha ido con tu esposa?"
-"¡Ni me hables! Resulta que estábamos haciendo el
69 cuando noté que estaba cansándose; así que saqué la pistola y le
disparé. Consecuencia: se cagó en mi cara, me arrancó el pito de un
mordisco y del armario salió un negro enorme con la manos en alto..."
-
Tiempos modernos...
Como sabemos, la informática esta abarcando casi
todos los aspectos de las actividades humanas.
Pues bien, esta vez le tocó el turno a la Iglesia.
El Vaticano se encargó de proveer a cada iglesia
de su computadora y el software correspondiente.
Una de las partes más interesantes del software
era el módulo que calculaba las penitencias correspondientes, de
acuerdo al pecado que los feligreses hayan confesado.
Pues bien, uno de estos días se acerca una joven
al confesionario y le dice al padre:
-"Padre, perdóneme porque he pecado..."
-"Está bien, hija, cuéntame."
-"Sucede que estábamos a solas con mi novio, hubo
algún jugueteo y ya no pude resistir la tentación, entonces le pedí que
me la metiera, pero solo me metió 'la puntita'."
Entonces el cura carga los datos en la computadora
y luego le dice, con tono enojado:
-"Pues te vas y le dices que te la meta toda,
porque esta máquina de mierda no calcula decimales..."
(Gracias Horacio !!!)Volver arriba
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Palabras mayores...
-"Se me ha dormido el culo..."
Y la otra le responde:
-"Ya lo sé... ¡Lo he oído roncar seis veces...!"
(Gracias Jorge !!!)
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Chistes de mexicanos... (Por Catón)
1.
Discutían un español y un mexicano acerca de quiénes eran más
tontos, los españoles o los mexicanos.Le propuso el mexicano al español:
-"En el pueblo hay dos tiendas de abarrotes: la de Pancho el mexicano y la de Venancio el español. Vayamos a las dos, y te haré una demostración."
Llegaron primero a la tienda del peninsular.
-"Venancio...", -preguntó el mexicano, -"¿tienes velas con el pabilo para abajo?"
-"¿Velas con el pabilo para abajo?", -se rascó Venancio la cabeza, -"No, no hay. Todas las velas llevan el pabilo para arriba."
Dio las gracias el mexicano, y luego se dirigió con su amigo a la tienda de Pancho.
Le preguntó:
-"¿Tienes velas con el pabilo para abajo?"
-"¿Velas con el pabilo para abajo?", -dudó Pancho un milésimo de segundo, -"Sí, sí hay."
Tomó un puñado de velas comunes y se las dio al cliente volteadas hacia abajo.
Con acento de triunfo le dijo el mexicano al español:
-"¿Lo ves?"
Protestó con enojo el de la Madre Patria:
-"¡Oye, tú! ¡El hecho de que Pancho tenga su tienda mejor surtida que Venancio no significa que sea más inteligente"
2.
Un rico estadounidense
contrató a un mexicano para que le cuidara su casa, pues iba a hacer
un largo viaje.-"Yo encargarte mucho a mi perro", -le dice, -"Ser un animal muy inteligente: saber sumar, restar, multiplicar y dividir, para lo cual dibujar con la pata derecha los números en la tierra del jardín. Yo darte dinero para su alimento. Tú comprarle croquetas de las más caras y agua Perrier, pues él no tomar de otra."
Le dio el míster una muy buena cantidad de dólares al mexicano para la atención del perro, tras de lo cual emprendió el viaje.
El paisano, desde luego, se embolsó los dólares, y le daba al desdichado can las sobras de su comida.
Acostumbraba el tipo comer mucho chile, de modo que cuando el yanqui regresó a la casa halló al lacerado perro arrastrándose de pompas en la tierra, por la picazón que sentía en salva sea la parte.
-"¡Oh, my God!", -clamó el americano con desesperación, -"¿Qué haberle hecho tú a mi perrito?"
-"Nada, mister...", -respondió muy tranquilo el mexicano, -"Lo que pasa es que estaba haciendo unas operaciones matemáticas, y yo creo que se equivocó en una, porque la está borrando."
3.
En la estación orbital
los astronautas veían pasar los satélites que surcaban la bóveda
celeste.-"Ése es americano.", -dijo uno de los cosmonautas.
-"¿Cómo lo sabes?", -preguntó el otro.
Replicó el primero:
-"Lleva la bandera de las barras y las estrellas."
A poco pasó otro satélite.
-"Ése es japonés.", -señaló el astronauta, -"Lleva el símbolo del sol naciente."
Pasó un tercer satélite.
-"Ése es mexicano.", -declaró el que hablaba.
-"¿Cómo lo puedes decir?", -se asombró su compañero, -"No trae ninguna bandera, ni símbolo alguno."
-"Así es...", -admite el astronauta, -"Pero en la defensa trasera lleva un letrero que dice: '¿A que no me pasas?', y en la delantera otro que dice: '¡A tu hermana, güey!'...”
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Homenaje a Julio Cortázar...
Siempre me ha parecido que el rasgo distintivo de nuestra familia es el recato.
Llevamos el pudor a extremos increíbles, tanto en nuestra manera de vestirnos y de comer como en la forma de expresarnos y de subir a los tranvías.
Los sobrenombres, por ejemplo, que se adjudican tan desaprensivamente en el barrio de Pacífico, son para nosotros motivo de cuidado, de reflexión y hasta de inquietud.
Nos parece que no se puede atribuir un apodo cualquiera a alguien que deberá absorberlo y sufrirlo como un atributo durante toda su vida.
Las señoras de la calle Humboldt llaman Toto, Coco o Cacho a sus hijos, y Negra o Beba a las chicas, pero en nuestra familia ese tipo corriente de sobrenombre no existe, y mucho menos otros rebuscados y espamentosos como Chirola, Cachuzo o Matagatos, que abundan por el lado de Paraguay y Godoy Cruz.
Como ejemplo del cuidado que tenemos en estas cosas bastará citar el caso de mi tía segunda.
Visiblemente dotada de un trasero de imponentes dimensiones, jamás nos hubiéramos permitido ceder a la fácil tentación de los sobrenombres habituales; así, en vez de darle el apodo brutal de ánfora Etrusca, estuvimos de acuerdo en el más decente y familiar de la Culona.
Siempre procedemos con el mismo tacto, aunque nos ocurre tener que luchar con los vecinos y amigos que insisten en los motes tradicionales.
A mi primo segundo el menor, marcadamente cabezón, le rehusamos siempre el sobrenombre de Atlas que le habían puesto en la parrilla de la esquina, y preferimos el infinitamente más delicado de Cucuzza
Y así siempre.
Quisiera aclarar que estas cosas no las hacemos por diferenciarnos del resto del barrio.
Tan sólo desearíamos modificar, gradualmente y sin vejar los sentimientos de nadie, las rutinas y las tradiciones.
No nos gusta la vulgaridad en ninguna de sus formas, y basta que alguno de nosotros oiga en la cantina frases como «Fue un partido de trámite violento», o: «Los remates de Faggiolli se caracterizaron por un notable trabajo de infiltración preliminar del eje medio», para que inmediatamente dejemos constancia de las formas más castizas y aconsejables en la emergencia, es decir: «Hubo una de patadas que te la debo», o: «Primero los arrollamos y después fue la goleada».
La gente nos mira con sorpresa, pero nunca falta alguno que recoja la lección escondida en estas frases delicadas.
Mi tío el mayor, que lee a los escritores argentinos, dice que con muchos de ellos se podría hacer algo parecido, pero nunca nos ha explicado en detalle.
Una lástima.
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Una peluquería, por favor... (Por Tomi Martínez de la Torre)
Al cabo de doce años, y tras un descuido (supongo que fue mío, porque mi marido no se acuerda de nada de lo acaecido aquella noche)volví a quedar en estado.
Bueno, pensamos, seguro que ahora viene la niña.
Ya tendremos la parejita.
Qué ingenuidad la mía, pensar que sólo con desear una niña iba a venir.
No sólo no vino la niña, sino que eran dos.
-"¿Los dos varones?", -le pregunté al médico.
Me mostró las ecografías.
-"Míralo tú misma. Tienen el cipote más grande que el mío."
Así fue como me junté con tres chicos.
Los quería como todos los padres quieren a sus hijos, es decir, muchos besos unos días y otros estaría dándoles tortas desde por la mañana hasta por la noche.
Esos días en los que te vuelven loca, que se pelean porque su tazón tiene más cacao que el de sus hermanos, o que a ellos les he echado más garbanzos que a los demás, y cuando ese juguete que lleva meses en el cajón, de repente, lo quieren los dos, esos días, creo que se me cae un manojo de pelo.
Bueno, creo no, ¡se me cae!
Así que cuando los repeino por la mañana y los pongo todo guapos para ir al colegio, me voy a la peluquería.
A ponerme guapa yo también.
Porque yo lo valgo.
Lo peor vino cuando llegaron las preguntas.
Dios mío, yo creo que jamás me he hecho esas preguntas.
Mi hijo mayor les había dicho a sus hermanos que el hombre venía del mono.
Así que cuando los pequeños dieron religión en el colegio, Pedro, uno de los gemelos, vino pensativo todo el camino hasta casa.
-"Hoy hablamos de Dios en el cole.", -me dijo mi hijo.
-"Muy bien. Dile a tu profe que te enseñe a rezar también."
-"Dice que Dios creó al hombre. Pero creo que es un mentiroso.", -yo lo miré asombrada.
-"¿Por qué? Es cierto."
-"No. Dios creó al mono, y el mono creó al hombre."
Al ver que yo me quedé pensativa, se volvió hacia mí.
-"¿No es cierto, mamá?"
-"Pues seguramente."
-"¿Y quién creó a Dios?"
-"Mañana se lo preguntas a tu profesor, que es más listo que yo."
Un buen día, a mi marido se le ocurrió hacer un sistema solar en miniatura en la habitación de los gemelos.
Con todos sus planetas, un montón de estrellitas, y hasta un cohete recién salido de la NASA.
Mi hijo mayor les regaló un globo terráqueo, de esos que tienen luz por dentro.
Pedro no podía entender que esa fuese la tierra, el lugar en que vivímos.
Toda redondita.
Él no veía nada redondo cuando íbamos a Ibiza en barco.
-"Aquí estamos nosotros.", -les dijo mi marido a los gemelos, señalándoles el mapa de España.
Mis hijos jugaron un rato dándole vueltas y vueltas.
-"Si estamos aquí abajo ¿por qué no nos caemos?"
-"Por la gravedad de la tierra.", -le explicó mi hijo mayor.
Parece ser que se quedó contento, pero en la cena, sin venir a cuento, nos preguntó:
-"¿Y que pasaría si la gravedad "esa" de la tierra se acaba?"
-"Eso es imposible.", -contesté yo.
-"¿Pero y si ocurre un milagro y se acaba?"
Yo miré a mi marido y le susurré.
-"Pues vaya una mierda de milagro."
Luego me volví a mi hijo.
-"Mañana se lo preguntas a tu profesor, que es más listo que yo."
Jamás agradeceré bastante a ese profesor de las situaciones que me salvó.
-"¿Y dónde se apoyan todos los planetas?"
-"En ningún sitio. Están suspendidos en el aire."
-"¿Y si se caen? ¿Y si se cae al tierra? ¿Dónde se cae?"
El gemelo de Pedro, Andrés, salió al paso, salvándome:
-"Pero mira que eres tonto, Pedro. ¿No has visto que la tierra está encima de Marte? Pues se caería encima de Marte."
-"¡Ahhh, claro! Pobres marcianos, los vamos a espachurrar."
Ya en mi habitación, le dije a mi marido:
-"Cuando les quieras construir algo, espera a que tengan 20 años."
Más tarde llegaron las preguntas de sexo.
-"Mamá...", -me dijo Pedro, pensativo.
Me echaba a temblar cuando empezaba a hablar así.
-"Cuando Miguel estaba en tu barriga, ¿dónde estábamos Andrés y yo?"
-"No existíais todavía."
-"Eres una mentirosa."
Lo miré asombrada.
-"Una amiga de Miguel me ha dicho que estábamos saltando de un huevo a otro de papá."
Yo me acerqué y me senté junto a él, echando mano del manual de instrucciones.
-"Verás hijo, papá tiene unas semillitas y se las da a mamá para que podáis crecer en la barriga y poder nacer."
-"Y se las da por el pito, ¿verdad?"
Los ojos creo que me bailaron solos en las cuencas.
Ellos solitos.
A su bola.
-"Mira hijo...", -pero Pedro no me dejó acabar.
-"Bueno, mamá, se lo preguntaré a mi maestro, que es más listo que tú."
-"¡¡¡Nooooo!!!", -exclamé aterrada, -"Eso no se lo preguntes a tu maestro. Eso que te lo explique tu padre, que para eso fuiste su semillita. Vamos... A jugar con tus hermanos, que me voy a la peluquería."
-"Ya fuiste ayer, mamá."
-"Pues hoy otra vez. Creo que se me acaban de caer 3500 pelos."
-"¿Esos son muchos? ¿Cuántos pelos tenemos en la cabeza, mamá? ¿Más de 1.000.000? ¿2.000.000?"
-"Eso sí se lo preguntas a tu maestro. Vamos... con tu padre que me voy."
-"Pero mira mamá, me han dicho..."
-"¿Quieres que me quede calva y todos tus amigos se rían de mí? ¿No? Pues vamos, a preguntar a tu padre que para algo está."
Hoy día, viendo todo esto desde la perspectiva que da el paso del tiempo, me pregunto qué hubiese sido de mí si no me hubiese escapado a la peluquería cada vez que las preguntas de mis hijos me hacían ver lo ignorante y lo mala madre que era.
No siempre me peinaba.
Pero allí nos juntábamos y nos contábamos los chismes que circulaban por el barrio, nos dábamos consejos de cocina y de más cosas, que tampoco viene a cuento explicar, y sobre todo, nos desahogábamos.
A otras les da por tomar pastillas.
Prefiero, de todas, todas, la peluquería.
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