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Viernes 21 de Junio

                    Fin de semana: Viernes 21 a Domingo 23 de Junio de 2013
Holaaa samigooosss !!! 
Esta semana especialmente corta en la Argentina por el largo fin de semana, valga la paradoja, tenemos menos colaboraciones pero la misma calidad de humor para compartir. Y como muestras, gran variedad de chistes breves, un interesante informe sobre el origen de algunas frases y unos textos de notables autores para conformar una edición que seguramente les despertará varias sonrisas. Esperamos que la disfruten y que pasen un excelente fin de semana.
                                    Esteban Nicolini

  • El humor es algo serio...


Memoria y humor... (Por Elena Sanz)
¿La memoria funciona peor cuando estamos de buen humor?
Científicos de la Universidad de Missouri (EE UU) comprobaron hace poco que estar de buen humor potencia el olvido y reduce la capacidad de la memoria de trabajo, que se ocupa de almacenar los datos temporalmente y procesarlos, comparándolos con otros, usándolos para tomar decisiones, etc.
Además, puesto que esta memoria de trabajo activa otros procesos cognitivos y la memoria a largo plazo, si no funciona tampoco es posible almacenar recuerdos duraderos.
"Esto podría explicar por qué no podemos recordar un número de teléfono que nos dieron en una fiesta, mientras estábamos pasándolo bien", asegura Elizabeth Martin, coautora del artículo que publicaba la revista Cognition and Emotion.
No obstante, estar de buen humor tiene otras ventajas a nivel cerebral: aunque la memoria funciona peor, estudios previos demuestran que la habilidad para resolver problemas de manera creativa aumenta cuando tenemos el ánimo alto.
Los días soleados tenemos peor memoria
Psicólogos australianos de la Universidad de Nueva Gales del Sur han demostrado que los días grises y lluviosos, con un clima desapacible, son buenos para el cerebro y la memoria, y mejoran la capacidad de recordar.
Por el contrario, los días soleados nuestra memoria funciona peor.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores llevaron a cabo experimentos en una tienda en la que, durante dos meses, registraron a través de una serie de tests si los clientes recordaban diez objetos que previamente habían sido colocado sobre el mostrador.
Asociando las respuestas al clima, descubrieron que las personas que visitaban el establecimiento en días lluviosos resolvían mucho mejor la prueba que quienes acudían en días soleados.
Concretamente, los primeros recordaban hasta tres veces más objetos que los segundos.
Sin embargo, en días soleados las personas estaban de mucho mejor humor.
Los autores, dirigidos por Joseph P. Forgas, aseguran que cuando la gente se encuentra de buen humor tiende a estar más desconcentrada y a prestar menos atención a lo que le rodea.
Por el contrario, según explicaban en la revista Journal of Experimental Psychology, un estado de ánimo negativo, inducido por un día gris, favorece un modo de pensar más meticuloso y concienzudo, con mayor atención y capacidad de recordar.

  • Fábula condicionada... 

Erase un león y un burro que, por esas cosas de la vida, estaban solos en la selva, sin compañeras, y ya bastante necesitados.
Entonces el león le propone al burro que hagan el amor entre ellos.
El burro le responde que no tiene problemas...
Por supuesto, el león pide ser el primero porque es el rey de la selva.
Entonces el burro ve que el león saca un pote y se empieza a untar algo en el pene.
Le pregunta qué es y el león le dice:
-"Vaselina, para que no te produzca ardor en la cola."
Hacen el amor, todo bien.
-"Ahora me toca a mí", dice el burro.
Y el león se da vuelta y ve que además de vaselina, el burro tenía otros dos potes y se estaba poniendo vaselina en la base del pene, otra pomada en el medio, y de la tercer pomada en la punta.
El león le pregunta qué es lo que se está poniendo, y el burro le responde:
-"Vaselina para que no te arda la cola, Vick Vaporub para que no te arda el pecho, y finalmente Amoxidal 500 para la garganta..."
(Gracias Horacio !!!)

  • Variaditos...

1.
Dos niñitas jugando en el baño.
De repente una le advierte a otra, señalando la balanza de baño:
-"¡No pises ahí!"
-"¿Porqué?"
-"Mi madre cuando pisa, llora mucho..."
2.
De niño tenía miedo a la oscuridad...
Ahora tengo miedo a la luz... el agua, el teléfono, el gas, los impuestos municipales...
3.
Jamás pensé llegar amarte...
Y ya estamos amiercole...
4.
El vago a su esposa:
-"Dios me creó flojo y perezoso... ¡No puedo ir contra su voluntad!"
5.
Una pareja bailando un tango, apretados.
Ella: -"¡Como vibra su corazón, Rosendo...!"
Él: -"Es el celular, Rosita..."
6.
Un cliente entra a una farmacia y le pide al farmacéutico:
-"¿Me da un supositorio, por favor?"
-"¡Si, claro! ¿Se lo envuelvo o se lo lleva puesto?"
7.
Yo no caí en la tentación...
¡A mi me empujaron!
8.
Comunistas hasta que se enriquecen...
Feministas hasta que se casan...
Ateos hasta que el avión comienza a caer...
(Extracto de "Diarios de hipócritas")
9.
Dos vecinas charlando:
-"¡Creo que mi Pepe me va a llevar a Francia!"
-"¿En serio? ¿Cómo sabes?"
-"Es que se pasó el día entero buscando en Google 'Paris Hilton'..."
10.
Nacer, crecer, reproducirse y morir...
¡Nadie habló de estudiar y trabajar!
(Gracias Marisa !!!)

  • Todos los días se aprende...

¿Sabías esto?
En el lenguaje cotidiano de los argentinos, existen muchas expresiones coloridas de significado bien preciso y que es bueno conocer su origen.
Cuanta gente las utiliza sin saber de donde vienen.
Agarrate Catalina
Catalina pertenecía a una familia de trapecistas que trabajaban en un circo recorriendo los barrios porteños en los años cuarenta.
Su bisabuela, su abuela y su madre habían muerto durante diversas actuaciones circenses.
La gente, que conocía su historia, a modo de cábala y antes de cada función le decía:
-"¡Agarrate bien, Catalina!"
Con el correr del tiempo la frase se fue deformando hasta llegar al conocido "Agarrate, Catalina".
Antes de cada actuación, alguien del circo gritaba:
-"Agarrate, Catalina."
Hasta que una vez la persona que debía pronunciar la frase no estaba presente.
Así fue como la pobre Catalina terminó muriendo a los 25 años durante una función del circo en el barrio de San Telmo.
Se emplea para avisar que se debe estar alerta, ante una situación que no pinta fácil.
No quiere más Lola
Frase "made in Argentina".
Lola era el nombre de una galleta sin aditivos que a principios del siglo XX integraba la dieta de hospital.
Por eso, cuando alguien moría, se decía:
-"Este no quiere más Lola."
Y desde entonces se aplica a quien no quiere seguir intentando lo imposible.
Hasta que las velas no ardan
Se originó en los prostíbulos, en épocas en que no existía la luz eléctrica y los relojes eran objetos de lujo.
La madama le entregaba al cliente una o varias velas, según lo pagado.
Cuando se consumían, el turno había concluido, esto es, había sexo "hasta que las velas no ardan".
Poner los cuernos
De el "derecho de pernada" que se dice le asistía al señor feudal en la Edad Media , derivó lo de "poner los cuernos".
Antes de acostarse con la novia, el caballero feudal colgaba en la puerta una cornamenta de ciervo para advertir que nadie entrara so pena de ser decapitado por haber interrumpido el placer del noble.
Mientras tanto, el marido llamaba orgulloso a sus vecinos para mostrar que su señor feudal le había hecho el honor de "ponerle los cuernos".
Viva la Pepa
Contra lo que pudiese creerse, "viva la Pepa" no es el grito de alegría de un buscador de oro, sino el que usaban los liberales españoles en adhesión a la Constitución de Cádiz, promulgada el 19 de marzo de 1812, en la festividad de San José Obrero.
Como a los José se los apoda Pepe, en vez de decir "viva la Constitución" - lo que conllevaba llegar a ser reprimidos - los liberales gritaban:
-"Viva la Pepa."
Hoy, en Argentina, su significado se ha desvirtuado y más bien se parece a "piedra libre" o "vale todo".
Atar los bártulos
"Atar los bártulos" alude a Bártulo de Sasso-Ferrato, jurisconsulto de la Edad Media , profesor de Derecho en Pisa, Bolonia y Padua, cuyas obras -contenidas en trece volúmenes- sirvieron de base de estudio durante tres siglos.
Los estudiantes tomaban nota de ellas y luego ataban esos apuntes, a los que llamaban bártulos, para que las hojas no se les perdieran.
Hoy la expresión alude a preparar una mudanza.
Atorrantes
Lo de "atorrantes" viene de cuando a principios del siglo pasado depositaron unos grandes caños de desagüe en la costanera del Río de la Plata, frente a la Casa de Gobierno, en lo que hoy es Puerto Madero.
Estos caños tenían la leyenda "A. Torrant et Cie." (nombre del fabricante) escrito en letras grandes a lo largo de cada segmento de caño.
Estos caños estuvieron más de un año depositados en el lugar antes que por fin los enterraron.
Durante ese tiempo, muchos desvalidos, vagos, linyeras y sujetos de avería que rondaban por la zona los utilizaron para esconderse, dormir y hasta vivir en ellos.
Surgió así el "se fue a vivir a los caños", que con el tiempo evolucionó hasta quedar en "se fue a los caños".
Y a los que hicieron de los caños un hogar se los llamó "atorrantes" y por extensión se utilizá para referirse a toda persona pendenciera, de mal comportamiento, etc.
Croto
Lo de "croto" viene del Ministro Crotto (Obras Públicas y/o Transporte) de la década de los veinte cuando éste implementó la extensión de una especie de certificado de pobreza, que permitía al portador poder viajar gratis en los tranvías y trenes, dentro de la Ciudad de Buenos Aires y posiblemente también de la Provincia de Buenos Aires.
Hoy en día se denomina con este nombre a toda persona mal vestida, o que su apariencia denota un estado de indigencia.
Interesante, ¿no?
(Gracias Elvira !!!)

  • Tonto y retonto...

1.
Una mujer le dice a la otra:
-"Mi hija adolescente me ha regalado por mi cumpleaños  esta crema para desvanecer las arrugas."
-"¡Qué bueno! ¿Y que te regaló el año pasado?"
-"Las arrugas."
2.
¿En que se diferencia  una pulga y un elefante?
El elefante puede tener pulgas, pero la pulga no puede tener elefantes.
3.

¿En que se parecen los peces a los políticos?
En que abren la boca y no dicen nada.
4.
¿Por qué  a veces las mujeres sufren en silencio?
¡Porque el teléfono está dañado!
5.
Sentados ante la mesa de un bar, charlan dos hombres.

Uno de ellos dice:
-"Durante 20 años, mi mujer y yo fuimos verdaderamente felices."
-"¿Y después?", -pregunta con curiosidad el otro.
-"Después nos conocimos y nos casamos."
6.

El padre le dice a su hijo:
-"Cuando Obama tenía tu edad caminaba 20 kilómetros para llegar a la escuela."
El hijo responde:

-"Sí, papá. pero a tu edad Obama ya es Presidente."
7.

Horacio tomó su plato y se dirigió por cuarta vez al bufé.
-"¿No te da vergüenza regresar a servirte tantas veces?", -le preguntó su esposa.

-"En absoluto," -replicó Horacio, -"¡Siempre les digo que es para tí!"
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  • El castillo... (Por Felix Mendez)

Desolado, espacioso y muy frío, así era la nueva propiedad de Less, un sueño hecho realidad, ser propietario de un castillo construido en la edad media y vivir, siguiendo aunque fuese por un tiempo las costumbres de la época, sin nada de tecnología.
Comía en una de las esquinas de una mesa de tres metros de largo, con trece puestos vacíos, velas en el centro de la misma, pero con su comida típica.
Su habitación inmensa, con todos los detalles de la edad media.
En su primera noche, acostado en la oscuridad, pensaba feliz que su sueño se había hecho realidad.
Estaba tan excitado que no podía conciliar el sueño, de repente un ruido irrumpió en el profundo silencio, rompiendo la paz que reinaba.
Era pasado la media noche, se sentían voces, ruidos, como de fiesta.
Decidido a saber qué pasaba encendió un pequeño farol y salió de la habitación.
Caminaba por el largo pasillo, cuando le tocaron el hombro:
-"¡Aahhhhhh!", gritó y saltó del susto.
Una chica vestida con atuendos medievales le preguntó:
-"¿Quién eres?"
Less respondió:
-"Soy el nuevo dueño del castillo, ¿y tu?"
-"Yo soy la princesa Adriana."
Quedó anonadado, no entendía nada.
Juntos se acercaron a la zona donde se sentían las voces, se asomaron por una pequeña ventana:
-"¡Que locura!", dijo Less al ver que había un banquete, en el que todos vestían los atuendos medievales.
De repente pensó, esto es un sueño, no puede ser...
Se preguntó, será que el castillo toma vida, a partir de la media noche.
Decidido a presentarse frente aquellos personajes, decide ir a su habitación y para abrigarse, estaba que se congelaba.
Al mirar a su alrededor estaba solo, Adriana había desaparecido.
Se dijo a si mismo, ¡me estaré volviendo loco!
Caminaba por el pasillo hacia su habitación, muy nervioso, se abrigó y decidido a presentarse y enfrentar la situación, salió de su pieza y caminó hasta el comedor.
Al abrir la puerta, no había nadie, ni siquiera indicios de que hubo alguien en algún momento.
¡Confundido!
¿Qué pasa aquí?, ¡me estaré volviendo loco!
Regresó a su habitación, pero con la idea de romper su pacto y utilizar la tecnología para comunicarse con algún amigo por teléfono.
Al abrir la puerta de su habitación:
-"¡Aahhhhh!", se asustó tremendamente.
Estaban todos dentro con sus atuendos medievales relucientes, riendo a carcajadas.
Eran sus amigos, le habían jugado una broma pesada, que lo mantuvo en tensión por unos segundos.
Less sintió como su rostro y cuerpo se relajaban.
Sus amigos habían logrado el objetivo, darle un buen susto.
Al poco rato, reían todos juntos y felices…
  • La identidad... (Por Juan José Millás)

Cuando mi marido dijo en el desayuno que volvería tarde porque tenía una reunión de presupuestos, yo ya sabía que iba a encontrarse con su amante, como todos los viernes, pero esta vez no me importó, casi fue un alivio.
Me hace gracia la frase ésa, "reunión de presupuestos".
Se reúnen para presuponer, cuando la mayoría de ellos ni siquiera ha aprendido a suponer.
Cómo son.
Al salir, se llevó al niño, que había perdido el autobús del colegio, y yo me quedé sola, como siempre, escuchando el ruido de la lluvia (de un tiempo a esta parte, siempre llueve al otro lado de mi cabeza, aunque en la calle haga sol).
Luego, al entrar en la habitación de mi hijo para hacer la cama, observé que se había dejado un cuaderno abierto sobre la mesa, con una suma (7+1=?) sin resolver.
Instintivamente, puse un 8 al otro lado, y en seguida empecé a sentir un agobio enorme por aquel 1 que acababa de perder su individualidad al realizar yo la operación matemática.
Imaginaba al pobre número dentro del 8, buscando la salida desesperadamente, como un claustrofóbico dentro de un laberinto, y me identifiqué con él.
Una vez me perdí en el interior de unos grandes almacenes y fue tal el miedo a no dar con la salida que sufrí un desmayo en la sección de deportes.
Por otra parte, también yo, como el 1, había perdido la identidad en las profundidades de una familia asfixiante, y no sabía cómo escapar de ella.
Sentí que me faltaba el aire y corrí al balcón para respirar.
Un sol excesivo me cegó los ojos, pero dentro de mí continuaba escuchándose el ruido de la lluvia.
Quizás en el interior del número 8 también lloviera con aquella violencia, pensé.
Escuché el teléfono, pero no lo cogí pues supe por el modo de sonar que era mi madre.
Más tranquila, regresé a la habitación para liberar al número inocente y puse sobre la hoja 8-7=1.
Sin embargo, me pareció que el 1 resultante era distinto al que yo había atrapado y me atacó un desaliento enorme.
A mí misma, cuando pienso en abandonarlo todo y recuperar mi verdadero ser, siempre me retiene el miedo de que la que lograra escapar fuera una de las que están encerradas conmigo y que no son exactamente yo, aunque seanidénticas a mí.
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  • De por qué se pierden los paraguas... (Por Héctor Álvarez Castillo)

Están los que por error consideran al incipiente extravío de paraguas consecuencia de la distracción y el embotamiento, cuando un sincero análisis nos revela que, a semejanza de la mayoría de los accidentes y de las fatalidades, éste también se debe a la desorganización en la que, tontamente, nos pasamos la vida.
El desorden proviene de causas de toda índole, desde las naturales hasta las artificiales y humanas.
Desde los tiempos de nuestros ancestros, destino es el vocablo más acabado que hemos acunado para relacionar fenómenos a nuestra percepción singulares.
No son pocos estos, pero deténgase y piense:
¿Por qué los días son cambiantes?
¿A qué se debe que uno no sepa a qué atenerse cuando abandona temprano el hogar y regresa a altas horas de la noche?
¿Por qué hace frío o hace calor al antojo de las horas?
Aunque a usted le cueste creerlo, ahí comienzan, irremediablemente, los extravíos del paraguas.
(En esto vamos a ser platónicos: hay un solo paraguas que es el mismo paraguas que perdemos todos nosotros una y otra vez, y que alguien encuentra, sonríe y presuroso pasa a guardarlo en su armario. No hay más paraguas que la idea del paraguas.)
Si fuésemos ordenados, si en el mundo algo funcionase cómo Dios manda, a una mañana sin agua, le seguiría una tarde y una noche sin agua, y a un amanecer con llovizna y chaparrones lo continuaría una tarde y una noche con llovizna y chaparrones.
Sea sincero, con agua cayendo del cielo quién deja de pensar en su paraguas.
Nadie.
Y ahí está la pregunta clave:
¿Por qué usted pierde anualmente uno, dos o más paraguas?
Porque no nos ponemos de acuerdo en nada, ése es el secreto.
Si nos organizáramos y resolviéramos que un día de lluvia es un día de lluvia y un día de sol un día de sol, usted no tendría, siquiera, oportunidad alguna de olvidarse el paraguas en el colectivo, subte o tren.
En los cafés no se verían colgando de las sillas paraguas que no son de nadie y que entusiasman miradas anónimas.
Usted en medio de la lluvia jamás va a estar distraído al punto de extraviar la herramienta salvadora.
Día de sol es día de sol, día de lluvia es día de lluvia.
Hay que tener en claro esa dicotomía y no andar con modernas tergiversaciones de la moral.
Sólo así seremos salvos.
Recuerde usted cómo era en China, en la época dorada del Imperio.
Ahí las cosas funcionaban como se debe.
El Emperador era Emperador, el obrero, obrero y el capataz, capataz.
Gracias a estas sutilezas se pudo construir esa gran muralla china de la que todos ahora se llenan la boca.
En esos lejanos años los obreros chinos usaban una breve sombrilla los días de tormenta y llovizna.
La sombrilla, luego denominada paraguas, tenía un diámetro que oscilaba entre noventa centímetros y el metro veinte.
Era de color oscuro para los obreros menos calificados e iba atenuándose según la jerarquía en la construcción.
Y, por destacamento de soldados obreros, existía una gran sombrilla o sombrilla mayor preparada para proteger cuadrillas enteras de obreros y al capataz.
Ésta -debido a su extenso diámetro, cercano a los ocho metros- era transportada y sostenida por uno o dos chinos alimentados especialmente para esa tarea.
¿Dónde guardaban los chinos estos implementos en los días de sol?
Ésa es otra clave, ahí cuando llovía, llovía y cuando no, no.
Y estos rudimentos pasaban a la custodia de seres especialmente adiestrados para esas tareas, que los dejaban, cuidadosamente, uno al lado del otro en ocultas cavernas construidas a la vera de la gran muralla, sitios que han alcanzado pocas manos y ojos desde aquellos lejanos años.
Pero eso es otra historia y no debemos mezclarnos y confundirnos y hablar de uno y otro tema, todos, al mismo tiempo.
Ésa no es nuestra intención, esos no son nuestros hábitos.
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