Holaaa samigooosss !!!
Esta semana llegamos con pocas colaboraciones, pero con algunos chistes divertidos y unos textos de humor de un excelente nivel. Esperamos que les alcance, que los disfruten y que pasen un buen fin de semana.
Esteban Nicolini
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El humor es algo serio...
La risa y el humor, el mejor antídoto para todos los males
La risa es una medicina gratuita natural y que todos podemos desarrollar como tal.
La risa es un lenguaje universal que puede sanar a cada uno de nosotros, a nuestra ciudad, a nuestro país y, por qué no, al mundo.
Son varias las opciones que se pueden practicar.
Una de ellas es la Risoterapia o terapia con la risa, que es la forma más seria de usar la risa para vivir más y alcanzar un estado de total bienestar.
El acto de reírse es una manifestación positiva para la paz mundial, que genera conciencia sobre la importancia de la vida, el amor, hermandad y la amistad.
Y es que la risa tiene efectos beneficiosos para la salud, pues fortalece el sistema inmunológico, reduce los dolores, alivia el estrés y las depresiones.
Por otro lado, reírse conecta con la flexibilidad, la tolerancia, la creatividad, la espontaneidad y te permite ver la realidad desde lo positivo.
El humor, la risa y la sonrisa tienen innumerables beneficios psicológicos, nos ayudan a superar los problemas que se nos presentan de la mejor manera.
Pero también beneficios físicos ya que cuando nos reímos ejercitamos todos los sistemas de nuestro cuerpo y es que a través de la risa se hace ejercicio.
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Cortitos...
1.
-"Mamá, mamá, ¿cómo es que tú eres blanca, mi papá es negro y yo soy de piel amarilla?"
-"Ay, hijito, ¡si supieras la fiesta que hubo ese día, deberías alegrarte de no ladrar!"
2.
El hombre en el hospital esperando a que la mujer dé a luz.
Sale el médico y dice:
-"Han sido quintillizos."
-"¡Es que tengo un cañón!", - dice el hombre sumamente orgulloso.
-"Mire, a ver si lo limpia entonces, porque han salido todos negros."
(Gracias Guillermo !!!)
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Entrevista...
En la entrevista laboral el hombre lee atentamente el curriculum de la joven entrevistada.
Luego de un breve instante le dice a la bella mujer:
-"Su currículum es exactamente lo que buscábamos. Una pregunta más, ¿de inglés como anda?"
Y la muchacha responde:
-"¡Ah...! ¡Totalmente depiladas..!"
(Gracias Adrián !!!)
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La esposa insoportable...
En la aduana, haciendo los tramites, el empleado le preguntaba, lógicamente en ingles.
-"Buenos días señor, ¿me entrega su documentación y el de su esposa?"
–"Aquí las tiene, caballero."
La mujer, como no entendía nada, le pregunta.
–"Mi amor, ¿que ha dicho?"
–"Me ha pedido los papeles."
El empleado de la aduana vuelve a preguntar.
–"¿Tienen algo que declarar?"
–"No, absolutamente nada."
Nuevamente la esposa.
–"¿Que dice ahora, cariño?"
–"Que si llevamos algo que tengamos que declarar."
Continúa el empleado con unas preguntas.
–"¿De donde vienen ustedes, señor?"
–"Somos argentinos."
Nuevamente insiste la mujer.
–"Cariño, ¿que ha dicho?"
–"Pregunta de donde venimos."
El empleado entonces comenta:
–"¡Argentina! Estuve unos días allí hace tiempo. Magnifico país, estupendo clima y buenísima gastronomía, aunque tuve una experiencia un tanto negativa. Conocí a una mujer que era insoportable, no me dejaba en paz, no paraba de hablar, era lo más pesado que he conocido en mi vida, hablaba y hablaba, como una cotorra. Es la peor experiencia de mi vida."
–"¿Qué ha dicho, cielo?"
–"Que te conoce..."
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Abogados...
Daniel, joven y empeñoso abogado, sabía que heredaría una fortuna cuando su padre enfermo muriese.
Pensando en que se quedaría sólo decidió que precisaba una mujer acorde a su autovaloración y para hacer de ella su gran compañera.
En base a su decisión, esa noche fue al bar de la ciudad, donde se juntaba lo mejorcito del foro local.
Se fijó en una colega, la más bonita que jamás había visto.
Su belleza natural era la admiración de todos los concurrentes.
El se arrimó y le dijo:
-"Puedo parecer un abogado común, pero en pocos meses mi padre va a morir y heredaré 20 millones de dólares. ¿Quieres acompañarme y venir conmigo a mi casa?... Puedes llegar a ser mi esposa."
Impresionada la hermosa y brillante abogada, aquella noche fue a la casa con Daniel, y tres días después se transformó en... ¡su madrastra!
Moraleja: Los abogados pueden ser muy hábiles, pero las abogadas, además, son mujeres.
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Anécdotas papales... (Por Jesús Colina)
Anécdotas de Angelo Roncalli, recordadas todavía en Roma cincuenta años después de su muerte.
El buen humor y los chistes son uno de los muchos elementos que acomunan al Papa Francisco con su predecesor Juan XXIII, de quien se recuerdan ahora los cincuenta años de su fallecimiento.
Y el Papa Jorge Bergoglio no esconde este trazo común de su personalidad, como lo demostró el 27 de marzo pasado, cuando en la Basílica de San Pedro, se cruzó con el cardenal Angelo Comastri, arcipreste de ese templo, que acababa de celebrar la misa junto a personas que trabajan en el Vaticano.
El Papa Francisco recordó aquella ocasión en la que a su sucesor, el Papa Angelo Roncalli, le preguntaron:
-“¿Cuántas personas trabajan en el Vaticano?”.
Y respondió:
-“Más o menos la mitad.”
Y el Papa Bergoglio preguntó a los presentes:
-“¿Ustedes son la mitad?”
Las anécdotas y chistes que en Roma se recuerdan de Juan XXIII son numerosos.
Una vez el “Papa Bueno” salió del Vaticano a solas para dirigirse al cercano hospital del Espíritu Santo y visitar con discreción a un amigo sacerdote enfermo.
Al llamar a la puerta, le abrió la hermana portera que corrió a llamar a la madre superiora.
La religiosa llegó emocionadísima y le dijo:
-“Santo Padre, soy la madre superiora del Espíritu Santo.”
El Papa le respondió:
-“¡Qué carrera ha hecho usted, madre! Yo sólo soy el siervo de los siervos de Dios!”, en referencia al antiguo título con el que los papas firman los documentos oficiales.
Cuando era nuncio en Francia, en un recibimiento, le presentaron al rabino jefe de París, con el que monseñor Roncalli entabló una amable conversación.
Cuando los huéspedes pasaron al salón, el rabino invitó gentilmente al nuncio a precederle.
Roncalli le respondió:
-“Por favor, el Antiguo Testamento antes...”
Los chistes del Papa Juan XXIII
Nada más ser elegido Papa el 28 de octubre de 1958, fue conducido a la “habitación del llanto”, junto a la Capilla Sixtina, para quitarse el hábito cardenalicio y ponerse la sotana blanca de papa.
Como de costumbre, se habían preparado tres sotanas con tres medidas (pequeña, mediana y grande) para el nuevo papa.
Sin embargo, ninguna de las sotanas le entraba a Juan XXIII, quien exclamó:
-“Se ve que los sastres no querían que yo fuera Papa.”
Su libertad de espíritu se puede constatar con esta confidencia que compartió con sus colaboradores:
-“Con frecuencia me despierto por la noche y comienzo a pensar en una serie de graves problemas y decido que tengo que hablar de ellos con el Papa. Después, ¡me despierto completamente y ¡me acuerdo de que yo soy el Papa!”
Con frecuencia decía:
-“Todo el mundo puede ser Papa. La prueba es que yo lo soy.”
A Juan XXIII, como al Papa Francisco, le gustaba salir de los muros vaticanos para visitar enfermos, encarcelados, parroquias...
De hecho, fue el primer Papa del siglo XX que introdujo esta costumbre.
Los romanos, con sentido del humor, le llamaban con cariño “(San) Juan extramuros”, y algunos, haciendo referencia a una conocida marca de whisky, “Johnnie Walker” (“Juan el caminante”).
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El fluido poderoso... (Por Pipercoz)
Bueno, ¿para quien no?
Entonces me corrijo y diré que fue la peor etapa de su vida.
Todo debido a un penoso virus contraído durante su niñez.
Y antes de volver a corregirme, diré también que “virus” fue el diagnóstico oficial dado por su médico de cabecera, el Dr. Sánchez, cómplice de un vergonzoso pacto de silencio con la familia de Tipo.
El facultativo, aun a riesgo de poner en juego la matrícula y su incipiente prestigio, no tenía ni la más pálida idea de lo que sucedía con su paciente.
Y ya en ese entonces, toda afección indefinida y que costara mas de 10 minutos en diagnosticar, era rotulada como “virus”.
Habría que esperar hasta el año 2008, para que la verdad saliera a la luz.
En ese año se publicaron los estudios realizados por el Dr. Jake MC Món sobre el tema.
Este era en realidad, un médico argentino residente en James Craik, pcia de Córdoba, conocido por su gente por la conjunción de su apellido (maaamón, dicho en tonada provincial).
Bautizado en la iglesia local como Bienvenido Figueroa, el investigador cordobés consideraba, que, viviendo en una localidad con ese nombre, una leve adaptación de su identidad, sería una combinación exitosa dentro del campo de la ciencia.
Creía, que una investigación científica, no podía ir acompañada del nombre Bienvenido, pues se prestaría a confusión por parte del lector.
Concluyendo este breve reseña biográfica sobre este dudoso personaje, diremos que sus escritos nunca pudieron traspasaran los límites provinciales, por causa de la fobia de su autor a los viajes en micro.
Sumergido en una profunda depresión, se retiró a San Marcos Sierra, donde hoy podemos encontrarlo en una feria artesanal, vendiendo llaveros con su nombre verdadero, o sea, Bienvenido.
Pero fue por obra de la casualidad, que una importante investigación del mismo llegara a manos del Dr. Sánchez.
Durante un viaje a Catamarca del facultativo porteño, al detenerse a almorzar en la localidad cordobesa, hojeando el diario local, encontró la misma en la sección “dislates de nuestros habitantes”.
Pero no fue el rigor científico, ni la prosa, lo que atrajo la atención de Sánchez.
Había encontrado la excusa perfecta, para justificarse de su fallido diagnóstico efectuado 31 años antes y redimirse frente a la comunidad médica de Burzaco.
Sánchez había jurado no dejar este mundo sin solucionar este caso y era un hombre de cumplir sus promesas, a cualquier costo.
Las investigaciones de MC Món eran definitivas en cuanto al caso de Tipo: Retardo Secuencial o mejor conocido en la jerga médica como “enfermedad de la cola de perro”.
Este extraño mal producía que sus infectados llegaran últimos o tarde a todas las cuestiones de la vida.
Pasado en limpio, el individuo siempre vivía una etapa, cuando en realidad, ya debía estar en la siguiente.
Todo lo contrario a “quemar etapas”, el caso de Tipo era como de a los 12 vivir los 10, a los 20 experimentar las cosas que otra gente ya había vivido a los 14 y así sucesivamente.
Esto ponía luz sobre varias cuestiones inexplicables hasta ese entonces, que de haberse conocido los estudios de MC Món, miles de pacientes hubiesen sido curados.
Y por otro lado, Tipo hubiese ahorrado años de sesiones de terapia, con lo cual su psicoanalista no hubiese podido llegar a conocer la India, las Pirámides y Maui.
Todos estos trastornos provocaban que la persona demorara varios años en ir logrando sus metas, y eso incluía el plano sexual.
MC Món era terminante y concluyente respecto a ello: la imposibilidad del infectado de liberar, lo que el científico denominaba “el fluido poderoso”, provocaba alteraciones graves en la conducta humana, sobre todo masculina.
(El prematuro retiro del investigador, impidió que fuera tras su meta más grandiosa e improbable: el estudio de la naturaleza femenina, desde un punto de vista lógico).
Volviendo al fluido, su estudio se volvió una obsesión para el futuro hippie de San Marcos Sierra.
Destinaba horas contemplando muestras extraídas de adolescentes de la zona, e incluso de si mismo, tratando de descifrar como esta sustancia era responsable de tantas catástrofes humanas.
Estudios revelan comportamientos realmente estúpidos, seguidos de un cruel arrepentimiento por parte de la víctima, una vez liberado el mismo.
Gente que incluso desembolsaba grandes sumas de dinero, a fin de poder verse libre del fluido en sus cuerpos.
MC Món buscó en vano conseguir la cura para este mal.
Lo único que pudo conseguir fue la colaboración de una liga de mujeres abnegadas dispuestas a sacrificarse por la causa.
Estas se establecieron en la Ruta 9 en las afuera del pueblo, en una casucha descuajeringada, con la sola presencia de una lamparita roja en la entrada.
Como con todas las heroínas anónimas no faltó alguna cruzada pseudo- moralista dispuesta a desmerecer tamaño esfuerzo.
Una vez que Sánchez terminó de leer todo el estudio, dejó el diario en el comedor donde había almorzado y preguntó al mozo que lo atendió, sobre la ubicación del locutorio mas cercano.
Marchó hacia el mismo, como quien acabase de descubrir la cura del cáncer.
Pidió al empleado del local una PC, a fin de poder enviar un mail:
-"Estimado amigo: hoy, 27 de Julio de 2008, finalmente he descubierto el diagnóstico de su mal.
Sé que han pasado treinta y pico de años, pero más vale tarde que nunca, a fin no repita el mismo error con su hijo.
Diagnóstico: Falta madurativa por no haber debutado a tiempo.
Atte.:
Dr. Alejandro Sánchez (desde James Craik - Córdoba.)"
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El día que Dios salió a buscar un picadito por ahí... (Por Rubén Padula)
Está harto de ver fútbol de Italia por codificado.
Es una decisión difícil.
Sabe que el abogado del diablo vendrá de inmediato a enjuiciarlo por abandono de tareas y mala administración de sus funciones.
Aún así, supera las dudas y sale.
Bajar a las calles, tomarle el pulso al tránsito en esta tarde de otoño, es todo un descubrimiento.
Al llegar a la esquina de loe semáforos ve a los pibes y grandulones jugando a la pelota en el campito.
Se mira el calzado.
Estas botas marrones, regalo de madre Teresa, no son adecuadas.
Con su natural habilidad, calza unas zapatillas blancas, cambia la túnica por un "jogging" desteñido y sigue caminando por la vereda del arco que da a la avenida.
-"Eh, oiga, don, nos falta uno ¿no quiere jugar?", -escucha a sus espaldas cuando se está maldiciendo por su timidez.
-"¿Yo? Bueno, un rato."
-"Patee para aquel lado.", -le dice el que parece ser capitán de uno de los equipos, -"Perdemos tres a cero."
-"¿Cómo? Ah, sí", - dice dios sin poder disimular su turbación.
Las horas pasadas despatarrado en su sillón viendo fútbol en directo le han dado una cierta idea de cómo manejarse en la cancha.
Ahí nomás, un pecosito le da un pase y dios no sabe qué hacer con la pelota.
Le pega un puntazo desacertado y el balón va a parar a los pies de un rival.
Ya lo están por mandar al arco, pero la intervención del pecoso permite que siga al centro.
La banda izquierda por donde juega es guadalosa y poceada.
No puede con su genio.
Hace brotar el pasto.
Advertido por el pibe que alcanza la pelota por ese costado, le guiña un ojo y el muchachito devuelve la seña en complicidad.
El perímetro de la cancha, marcado con un palito de paraíso, se ha ido borrando con el fragor del juego.
Como quien no quiere la cosa, dios lo remarca con una línea de cal, precisa.
Cuando se arma la discusión por un gol anulado -el arquero sostiene que el balón salió al lado del palo-, tiende unas redes invisibles que evitará futuros pleitos.
La pelota es un desastre.
Un fútbol desinflado lo cambia por un Sportlandia blanco, delicia para los pies.
Una andanada de insultos recibe por haberle pasado la pelota a un contrario; no lo duda, y se las arregla para vestir con camisetas definidas y distintas a cada equipo.
El intercambio de guiños con el alcanza-pelotas se sucede durante toda la tarde.
El partido sigue.
Los pibes, sus padres y algún tío medio en copas.
Dios pasa como uno más, entreverado en el picado del barrio del sábado por la tarde.
Cuando hace esa bicicleta perfecta y pasa la pelota por encima de la cabeza del defensor y de sobrepique la clava en el ángulo, un golazo que pone tres a uno el marcador, se gana el respeto de propios y contrarios.
Todos lo buscan a él.
Comete torpezas y se luce con habilidades impensadas.
Un rival casi se le va a las manos reclamándole por esa pierna peligrosamente levantada.
Pide disculpas, pero es amonestado.
-"Eh, barba, no seas comilón, largá antes la pelota", - se le enoja el pecoso.
-"Muy bueno, flaco, probá de media distancia...", - viene el aliento de un borrachín que oficia .de técnico de su equipo.
-"Vamos, muchachos", -se atreve a gritar, -"Todos arriba a buscar el empate."
Los de su equipo se entusiasman.
Los rivales se refugian en el área.
Dios está descontrolado.
Se adueña del medio campo y desde ahí coloca una pelota imposible a los pies del delantero que no tiene más que empinarla para el tres a dos.
Un revoltijo de cuerpos festeja el gol.
Dios sale del entrevero sucio de pasto y guadal, y deposita rápidamente la pelota en el círculo central para que se reinicie el juego.
-"¡Al empate, al empate!", - contagia a los suyos.
El pecoso ejecuta un córner desde la izquierda.
Dios sobresale en el área.
Ve venir la pelota combada.
No es su mejor perfil para cabecear.
Se acuerda del Diego y no quiere reiterarse.
Le da con el parietal derecho y el fútbol se pierde lejos del arco.
Un foul violento cerca del área da por tierra con su humanidad.
El tiro libre lo quiere patear él.
Toma el fútbol como para quedárselo para siempre, espera el armado de la barrera y le pega con zurda.
La pelota se estrella en el travesaño.
No puede creerlo, se agarra la cabeza, pateando con bronca el pastito de la cancha.
El sol cae y es el fin de la contienda.
Dios saluda uno a uno a compañeros y rivales.
No se queda al tercer tiempo de gaseosas y fernet con coca.
Apura su paso hacia la avenida.
Por un momento, piensa en hacerse trampa; una fugacidad y estaría en su casa en un abrir y cerrar de ojos.
Se reprocha tal pensamiento.
Toma como cualquier hijo de vecino el colectivo de la línea nueve, y sentado en el asiento del fondo va repasando las jugadas que lo tuvieron como protagonista.
Si el pecoso, el muy morfón, le hubiera pasado antes la pelota, hubiera pateado con menos dificultad y al partido lo empataban.
Se avergüenza al recordar cuando por goloso quiso hacerle un caño al último defensor y la perdió.
Todavía le suenan los insultos de sus compañeros.
¡Y el tiro en el travesaño...!
El chofer le advierte del final del recorrido y comprende que se pasó unas cuantas cuadras.
Se baja pensando en los cambios que hará el próximo sábado.
Al Gustavo lo pondrá de central y al gordo de ocho, es un desperdicio que juegue tan retrasado.
Al llegar a casa se sienta a su computadora y la lista de pedidos y mensajes es la de todos los días: suplicas, plegarias, ruegos de ángeles de intercesión, perdones, agradecimientos; la rutina acostumbrada.
La citación del abogado está ahí, pasada por debajo de la puerta.
Ya le mandará al suyo y conciliarán.
"Los favores recibidos creo habértelos pagado", canturrea rumbo a la ducha.
Le duelen las piernas, la cintura, los hombros.
Las zapatillas están hechas un desastre.
Insistirá el próximo sábado; los abrazos de los compañeros de equipo, tratando de consolarlo por la derrota, lo animan para la revancha.
El mundo sigue andando como hasta la tarde; no hubo terremotos ni contiendas ni revoluciones.
Tal vez me estoy volviendo prescindible, pensó.
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