Holaaa samigooosss !!!
Esta semana volvemos de nuestras vaacaciones con mucho humor para todos
los gustos. Tenemos chistes breves y variados, y unos textos que invitan
tanto a la carcajada como a la reflexión. Esperamos que los disfruten y
que pasen una muy buena semana.
Esteban Nicolini
El gerente...
Cuentan que un gerente muy importante, de una conocida multinacional, tuvo una crisis cardiaca por culpa del trabajo.
Fue dado de baja y enviado al campo con el objeto de que recuperara las fuerzas y se relajara un poco.
Después de pasar dos días sin hacer nada, el hombre estaba ya harto de la vida bucólica y pastoril y se aburría soberanamente.
Así que decidió hablar con el granjero que le hospedaba y solicitarle alguna tarea sencilla para pasar el rato y ocupar el tiempo, a la vez que así haría algo de ejercicio.
Al día siguiente, se levantaron temprano, antes que saliera el sol.
El granjero, conocedor de la idiosincrasia de la gente de ciudad y temiendo algún estropicio irreparable, resolvió asignarle tareas simples en las que no pudiera causar daño alguno (incluyendo a él mismo).
-"La tarea es muy sencilla," -,dijo el granjero, dándole una pala -"Sólo tiene que recoger el estiércol que hay en el chiquero y repartirlo por el sembrado para abonarlo. Cuando termine, venga a verme."
El granjero era propietario de más de doscientos cerdos, y el estiércol se acumulaba hasta la altura de la rodilla.
Así que el hombre estimó que la faena le llevaría al gerente dos o tres días.
Cual fue su sorpresa cuando, al cabo de tres horas, apareció el gerente lleno de estiércol hasta las orejas, sonriente y con cara de satisfecho.
-"Ya he terminado."
Viendo que, en efecto, la tarea estaba terminada y, además, con eficiencia, el granjero decidió asignarle otra.
Dándole un enorme cuchillo le explica:
-"Bien. Hay que sacrificar unos pollos que mañana vienen a recoger los de la carnicería. Basta con cortarles la cabeza. Es un poco más complicado, pero seguro que puede hacerlo."
Eran más de mil quinientos pollos para sacrificar y supuso que el gerente no terminaría hasta bien entrada la noche.
Incluso, pensó en ayudarle más adelante, cuando terminara de recoger la siembra.
Apenas habían pasado un par de horas, cuando el gerente se presentó con toda la ropa y la cara manchada de sangre, el cuchillo mellado y sonriente como un niño en el día de los Reyes Magos.
-"Ya he terminado."
El granjero no salía de su asombro.
-"¡Increíble!"
El mismo, acostumbrado a la dura vida rural, no lo hubiera hecho mejor: los mil quinientos pollos estaban amontonados en un lado y las mil quinientas cabezas en otro lado.
El granjero se rascó la cabeza, pensativo.
Llevó al gerente junto a un gran montón de papas y le dijo:
-"Muy bien. Ahora hay que separar las papas. Las grandes a la derecha y las pequeñas a la izquierda."
Pensó el granjero que en menos de una hora vería otra vez al gerente pidiéndole más trabajo.
Pero no fue así.
Pasó la hora de la comida, la hora de cenar, se hizo de noche y el gerente no aparecía.
Creyendo que algo le habría sucedido, el asustado granjero fue donde había dejado al gerente y se lo encontró sentado delante del mismo montón de papas, sin que hubiera separado ninguna.
-"¿Le pasa algo?" - preguntó extrañado.
El gerente se volvió con una papa en la mano y le contestó:
-"Mire, repartir mierda y cortar cabezas es algo a lo que estoy muy acostumbrado. ¡Pero, esto de tomar decisiones!"
(Gracias Ruben !!!)
Venta de gatos...
Un niño gritaba en la calle:
-"¡VENDO GATOOOOOS...! Llévese su gatito oficialistaaa... son finos... llévese su gatito oficialista, recién nacido..."
Era un sábado soleado y algunos transeúntes que pasaban por allí se reían de la ocurrencia del chiquillo.
Al final de la tarde cuando el niño estaba recogiendo todo para irse sólo le quedaban 3 de los 6 gatitos que llevó para la venta.
El sábado siguiente, volvió el niño con los tres gatitos en la misma cajita y comenzó a gritar:
-"¡VENDO GATITOSSSS...! Llévese su gatito opositor... son de raza... llévese un gatito de la oposición..."
Un señor se detiene en su apurada carrera y le pregunta:
-"¿Cómo es que la semana pasada estos gatitos eran oficialistas y ahora son de la oposición?"
El niño, con una sonrisoooooota le responde:
-"¡Es que ya abrieron los ojos!"
Culo blando...
Liliana se despertó a las seis, preparó a los chicos, llevó a la escuela y volvió a casa con tiempo para darle un beso burocrático a Arturo, su marido, y de cambiar cheques, cosas habituales y reclamos.
Hizo una rápida compra en el supermercado, peleó con la mucama que le había manchado el vestido de seda, salió apurada, como siempre; le pusieron una multa por estar conduciendo con el celular en la oreja y una advertencia por estacionar en lugar prohibido, mientras iba, un minuto a sacar dinero del cajero automático.
En el camino al trabajo, golpeaba ansiosamente el volante, en un congestionamiento monstruo, y pensaba cuándo podría pintarse la uñas hacerse la tintura en el pelo antes de transformarse en una mujer canosa.
Llegando a su escritorio, casi fue atropellada por una mina escultural que, era la nueva contratada por la empresa para el cargo que ella, Liliana, hizo de todo para conseguir, pero que, a pesar del currículum excelente y a sus años de experiencia y dedicación, no pudo lograr.
Pensó si un buen lomo daba puntos, pero al rato se olvidó de la mina porque en medio de una reunión llamaron del colegio de Clarita, su hija menor, diciendo que ella estaba con dolor de oído y fiebre.
Intentó, en vano, encontrar a su marido y, como no pudo, resolvió ir ella misma al colegio, después de encontrase con un nuevo cliente, que mostró ser un neurótico, desconfiado con quien tendría que lidiar los próximos meses.
Salió ansiosa y encontró su auto con una goma pinchada.
Pensó en todo lo que todavía tenía por hacer antes de cerrar los ojos y soñar con un mundo mejor.
Dejó el auto, tomó un taxi y fue por las criaturas.
Cuando llegó a casa, descubrió que se había dejado el maldito portafolio con todo lo que necesitaba leer para el día siguiente.
Llamó al celular de su marido con la esperanza de que él pudiese ir a buscar los papeles a la empresa, pero la mierda seguía fuera del área.
Consiguió, después de varias llamadas, que un motoquero le trajese los malditos documentos.
Tomó un baño de mierda, le dió de comer a los chicos, hizo los deberes de porquería con los dispersos, y acostó a los monstruos.
Arturo llegó cruzadísimo de una reunión, reclamando de todo.
Comieron en silencio.
En la cama ella leyó la mitad de los documentos y comenzó a cabecear de sueño.
Arturo se despertó con una erección y queriendo juguetear.
Como esos momentos eran cada vez más escasos en su matrimonio, ella decidió hacer un último esfuerzo y transar.
Hicieron algo medio rápido, medio más o menos, y, cuando estaba casi durmiéndose de nuevo, sintió una palmadita en su traste y el siguiente comentario:
-"Estás teniendo un culito blando, Lili... deja la haraganería y empezá a cuidarte..."
Liliana miró una pantalla de metal y se imaginó golpeando la cabeza de Arturo hasta ver sus sesos desparramados por la almohada...
Después se vió saltando sobre el tórax de él hasta fracturar todas sus costillas.
Con un alicate de uñas arrancandole uno a uno todos sus dientes y después dándole una patada brutal en las bolas, que hacía volar espermatozoides para todos lados.
En seguida usó la técnica que aprendió en un libro de autoayuda: cómo controlar las emociones negativas.
Respiró tres veces profundamente, mentalizando el color azul, y reflexionó.
No iba a valer la pena, no estábamos en EEUU, no conseguiría un abogada feminista carísima que hiciese su defensa alegando que asesinó a su marido ciega de tensión premenstrual...
Resolvió actuar con sabiduría.
Al día siguiente, no llevó a los chicos al colegio, no hizo la compra rápida del super, ni peleó con la mucama.
Fue a un gimnasio y se mató dos horas.
De allí fue a la peluquería para teñirse de pelirroja y se pintó las uñas de colorado.
Llamó al insoportable nuevo cliente y le dijo todo lo que pensaba de él, de su mujer y de su proyecto.
Y esperó los resultados de su pésima conducta, haciéndose un masaje estético que jura eliminar, en diez sesiones, la grasa localizada.
Mientras se hospedaba en un spa, oyó al marido desesperado tratando de localizarla por el celular y descubrir por qué ella había desaparecido.
Pacientemente no atendió.
Y, como la venganza es un plato que se come frío, le dejó un mensaje lacónico en la casilla de mensajes.
-"El culo todavía está blando. Volveré cuando se haya endurecido. Un beso de la haragana..."
(Sacado del libro: Este sexo el femenino /Patrícia Travassos).
(Gracias Horacio !!!)
Moisés, Jesús y el viejito...
Moisés, Jesús y un viejito decidieron disputar un juego de golf, y el campo se llenó de fanáticos antes del partido.
En el hoyo considerado como el más difícil porque tenía un lago en el medio, Moisés tiró primero.
La pelota salió disparada, cayó en el medio del lago y se hundió.
Moisés caminó hasta el borde, alzó su palo, hizo que se abrieran las aguas, bajó caminando hasta donde estaba la pelota y, de un golpe, la sacó del fondo.
Con sólo otro golpe, la metió en el hoyo, y la gente aplaudió emocionada.
Luego fue el turno de Jesús.
La pelota salió igualmente disparada, e igualmente fue derecho al centro del lago, pero de repente se detuvo y quedó suspendida a escasos centímetros de la superficie.
Jesús caminó entonces sobre las aguas y con un golpe preciso, mandó la pelota directamente al hoyo.
La ovación de la gente fue ensordecedora.
Por último, le tocó el turno al viejito.
La pelota, una vez más, cayó en el lago y se hundió, y el público hizo un respetuoso silencio preguntándose qué podría hacer el pobre viejo.
De pronto, del agua saltó un pez con la pelota en la boca y, justo en ese momento, pasó un águila que lo pescó al vuelo.
El águila se elevó volando por el límpido cielo llevando al pez en su pico, mientras éste sostenía aún la pelota.
Entonces, como salida de la nada, apareció una nube negra, y de ella brotó un rayo que, pegando certeramente en la cabeza del águila, la hizo caer atontada.
En su descenso, el ave soltó al pez, el pez soltó la pelota, ésta cayó sobre la cola de una ardilla que con un certero movimiento hizo que cayera exactamente en el hoyo.
Primero se hizo un silencio dramático y luego la gente, enloquecida, irrumpió en gritos y aplausos interminables para el viejito...
Jesús se acercó entonces al anciano, que sonreía tímidamente, y le dijo:
-"¡Papá... dejáte de joder!"
Todo es cuestión de organizarse...
Para que las cosas funcionen, hay que tener iniciativas. dar ideas y organización.
Un granjero lleva su camioneta al pueblo y el mecánico dice que tiene que dejarla hasta el día siguiente, así que decide regresar caminando a su granja, que no queda lejos.
En el camino pasa por la ferretería y compra un balde y un tarro de pintura.
Allí, un colega le entrega dos gallinas y un ganso que le debía.
Ahora nuestro granjero tiene un problema: cómo llevar todo a casa caminando.
Mientras piensa cómo hacer, se le acerca caminando una señora madura y le pregunta cómo llegar a la granja de los González; el granjero le dice que va en esa misma dirección, y que si no tuviera que llevar esa carga la acompañaría.
La señora dice:
-"¿Por qué no pones la lata de pintura en el balde? Lo llevas en una mano; te pones una gallina debajo de cada brazo y llevas el ganso en la otra mano..."
El granjero sorprendido se lo agradece y comienza a acompañar a la señora.
En un momento le dice:
-"Conozco un atajo, que nos saca del camino principal, pero nos ahorramos un kilómetro."
La dama lo mira con desconfianza y responde:
-"Soy una viuda solitaria sin un hombre que me defienda. ¿Cómo sé que no me vas a llevar por el medio del campo, me vas a poner contra un árbol y vas a abusar de mí?"
-"¡Pero señora! Aun cuando quisiera, ¿cómo hago? Llevo un balde, una lata de pintura, dos gallinas y un ganso. ¿Cómo hago para apretarla contra un árbol y abusar de usted?"
-"Pues, pones el ganso en el suelo, lo cubres con el balde, colocas la pintura encima del balde y yo te aguanto las gallinas..."
(Gracias Marisa !!!)
Problemas...
Dos bandidos llegan a una finca y entran en una pocilga, arrastrando a un tipo.
Dentro se encuentra un negro de 1,90 m. y 120 kg. limpiándose las uñas con un cuchillo enorme.
-"Negro, el jefe pidió que le des por el culo a éste para que aprenda a no hacerse el macho con nuestra banda."
- “Dejadlo ahí en un rincón que más tarde me encargo de él”, respondió el negro.
Cuando los dos bandidos se marchan, el tipo dice:
-"¡Por favor, señor Negro, no me haga eso, después de que me haya dado por el culo mi vida será una ruina, estará acabada, tenga piedad, por el amor de Dios!"
-"¡Cállate la boca y quédate quietecito ahí!", le increpó el negro.
Al rato vuelven los bandidos con otro pobre hombre.
-"Negro, el jefe pidió que a éste le cortes las dos manos y le perfores los ojos, para que aprenda a no tocar el dinero de la venta de drogas."
-"Dejadlo ahí que dentro de un rato me encargo."
Una hora después traen otro pobrecito.
-"Negro, a éste le cortas la verga y la lengua para que nunca más se meta con las mujeres del patrón."
-"Está bien, dejadlo ahí en el rincón con los otros."
Finalmente, traen a otro.
-"Negro, a este lo cortas en pedacitos y le mandas cada pedacito para la familia."
En ese momento, el primer tipo le dice al negro en voz bien baja:
-"Señor Negro, por favor no se vaya a confundir, recuerde que... ¡Yo soy el del culo!"
Moraleja: A medida que conoces los problemas de los demás, te das cuenta que el tuyo no es tan grave.
(Gracias Javier !!!)
Humor breve...
1.
La diferencia entre tener agallas y tener huevos...
Agallas: Es llegar tarde a casa después de una noche con los amigos, ser recibido en la puerta por tu esposa armada con una escoba, y tener las agallas de decirle:
-"¿Estás barriendo o vas a volar?"
Huevos: Es llegar tarde a casa después de una noche con los amigos, oliendo a cerveza y perfume de mujer, con lápiz labial en la camisa, darle una nalgada a tu esposa y tener los huevos de decirle:
-"¡Ahora seguís vos! ¡Suertuda!"
2.
Una mujer celosa le pregunta a su marido:
-"Papi, ¿con cuantas mujeres has dormido?"
Él le responde:
-"Dormir con vos nomás, con las otras no me da sueño..."
3.
Una mujer le dice al marido:
-"Papi, tenés la panza como árbol de cementerio."
-"¿Y como es eso?"
-"Bueno... dándole sombra al muerto."
4.
El marido ve a su esposa desnuda y le dice:
-"Mi amor, pareces un domingo criollo."
-"¿Por que me lo decis?"
-"¡Mondongo, chinchulines y pellejo...!"
5.
Un tipo llega a su casa y encuentra a su mujer haciendo el amor con su amigo.
Saca la escopeta y lo mata.
Y la mujer -muy molesta- le dice:
-"Seguí así que te vas a quedar sin amigos..."
6.
Pasa una parejita por una joyería:
-"Mi amor, ¿me podes comprar un collar?"
Y el le responde:
-"¿Que te pasa, ya te cansaste de andar suelta?"
7.
Una Cebra recién llegada al zoológico, ve a un caballo y le dice:
-"¿Y tú quién eres?"
-"Un caballo semental."
-"¿Y qué es eso?"
-"¡Quítate el pijama y te lo cuento muñeca!"
8.
¿Que le dijo el elefante al hombre desnudo?
-"¿Con eso respiras?"
Humor de alto vuelo...
1.
En un vuelo comercial, el comandante conecta el micrófono y comienza a hablar a los pasajeros:
-"Buen día señores pasajeros, en este exacto momento estamos a 9000 metros de altura y sobrevolando la ciudad de... ¡OOOHHH, DIOS MIOO!"
Los pasajeros escuchan un grito pavoroso, seguido de un ruido infernal:
-"¡NNNOOOOOO! ¡Splitctct, splocfff, flackkk! ¡Bruuuuuuuooooooommm!"
Y luego un silencio que se hace eterno.
Segundos despues, vuelve a tomar el micrófono y, riendo, se disculpa:
-"Disculpen, señores pasajeros, tiré mi bandeja, y mi taza de café se me cayó encima. No quieran saber como quedo la parte de adelante de mis pantalones..."
Y uno de los pasajeros grita:
-"Hijo de puta, vos tendrías que ver como quedo la parte de atrás de los míos..."
2.
Despega un vuelo de Argentina hacia Europa.
El capitán de la nave les da la bienvenida a los pasajeros, les informa sobre el vuelo y el estado del tiempo y por último se despide deseándoles un muy agradable viaje.
Lamentablemente olvida cerrar el microfono y le hace un comentario al copiloto:
-"Bueeeeeeennooooo... ahora me fumo un cigarrillo y después, aprovechando que en primera clase no viaja nadie, me voy a echar un polvo con la azafata, de esos que te dejan muerto, ¿viste...?"
La azafata desesperada, al ver que todos los pasajeros estaban escuchando lo que el capitán decía, se lanza a la carrera para avisar que el micrófono se encontraba abierto, pero en el camino le sale al paso una anciana que le dice:
-"¿A dónde va la calentona...? ¿No escuchó que primero se va a fumar un cigarrillo?"
3.
Están todos los pasajeros en la sala de embarque esperando la salida del vuelo.
De repente llega el copiloto impecablemente uniformado con anteojos oscuros y un bastón blanco tanteando el camino.
La empelada de la compañía aclara que, si bien es ciego, es el mejor copiloto que tiene la Empresa.
Al poco rato llega el piloto, con el uniforme impecable, anteojos oscuros y un bastón blanco asistido por dos azafatas.
La encargada de la sala aclara que, también, el piloto es ciego pero que es el mejor piloto que tiene la Compañía y que, junto con el copiloto, hacen dupla más experimentada.
Con todos abordo, el avión comienza a carretear, tomando cada vez más velocidad y con los pasajeros aterrorizados.
El avión sigue tomando velocidad pero no despega; continúa la carrera y sigue en tierra.
Cada vez el final de pista está más cerca y en una explosión de histeria general los pasajeros comienzan a gritar como poseídos.
En ese momento el avión milagrosamente toma altura, entonces el piloto le dice al copiloto:
-"¡El día en que los pasajeros no griten, nos hacemos mierda!"
La prueba de Coquito...
La profesora interviene en una discusión entre dos alumnos:
-"Coquito, ¿Cuál es el problema?"
-"Es que soy demasiado inteligente para estar en primer grado, mi hermana está en tercero y yo soy más inteligente que ella, ¡Yo quiero ir a tercero también!"
La profesora ve que no puede resolver el problema y lo manda a la dirección.
Mientras esperaba en la antesala, la profesora le explica la situación al director, quien promete hacerle un test al muchacho, seguro de que no podría responder a todas las preguntas y así accedería a permanecer en primero.
Ya de acuerdo ambos, hacen pasar al alumno y le hacen la propuesta del test, él acepta gustoso.
Inicia entonces el director:
-"A ver Coquito, ¿cuánto es 3 x 3?"
-"9."
-"¿Y cuanto es 6 veces 6?"
-"36."
El director continúa casi una hora con la batería de preguntas, que solo un alumno de tercero puede conocer y el niño no comete ningún error.
Ante la evidente inteligencia de Coquito le dice a la profesora:
-"Creo que debemos pasarlo a tercero."
La profesora no muy segura pregunta:
-"¿Puedo hacerle yo unas preguntas también?"
El director y Coquito asienten.
Comienza entonces la profesora.
-"¿Qué tiene la vaca 4 y yo solo dos?"
-"Las piernas.", responde Coquito sin dudar.
-"¿Qué tienes en los pantalones, que no hay en los míos?"
El director se baja los lentes y se prepara para interrumpir.
-"Los bolsillos." - responde el niño.
-"¿Qué entra al centro de las mujeres y solo detrás del hombre?"
Estupefacto, el director, contiene la respiración.
-"La letra E," - responde el alumno.
-"Y ¿donde las mujeres tienen el pelo más enrulado?"
El director, hace una mueca de asombro.
-"En África." - responde Coquito sin dudar.
-"¿Qué es más blando y en las manos de una mujer se torna duro?"
Al director se le cruzan los ojos.
-"El esmalte de uñas..." - responde Coquito.
-"¿Qué tienen las mujeres en el medio de las piernas?"
El director no lo puede creer...
-"Las rodillas."- responde Coquito al instante.
-"Y ¿Qué tiene una mujer casada más ancha que una soltera?"
-"La cama."
-"¿Qué palabra de cuatro letras, comienza con C y termina con O, es arrugado y todos lo tenemos atrás?"
El director comienza a sudar frío...
-"El codo profesora."
-"¿Y qué empieza con C, tiene un hueco en el medio y yo se lo entregue a varias personas para que lo disfrutaran?"
El director, se tapa la cara.
-"Un CD."
El director, mareado por la presión, los interrumpe y le dice a la profesora:
-"Mire, ¡Ponga a este hijo de puta en sexto grado y yo me voy a primero, porque acabo de fallar en todas las respuestas...!"
(Gracias Gabi !!!)
Chistecitos frescos...
1.
En un barco viaja un español y un inglés.
El inglés se cae al agua y grita:
-"¡Help! ¡Help! ¡Help!"
Entonces dice el español:
-"Gel no tengo, pero si quieres tengo shampoo..."
2.
Sabes que el otro día se cayó mi madre por el balcón y ahora está en el cielo.
-"¡Carajo! ¡Cómo rebota tu vieja!"
3.
Una señora llama por teléfono a una carnicería y pregunta:
-"¿Tiene orejas de conejo?"
-"Sí."
-"¿Y cabeza de cerdo?"
-"Sí."
-"¡Carajo, sí que eres feo!"
4.
Es un calvo que pasa por la calle y se cruza con uno que lleva joroba, y le dice:
-"¿Qué llevas en la mochila?"
A lo que el jorobado le contesta:
-"¡Tu peine, imbécil!"
5.
-"Mamá, mamá, ¿La abuela es fosforescente?"
-"No hijo, ¿Por qué?"
-"Entonces, se está electrocutando."
6.
-"¡Mamá!, ¡mamá!, En el colegio me dicen: 'jabón en polvo'..."
-"No te preocupes, Ariel."
7.
-"Mamá, mamá, mamá, ¿Es verdad que todos los niños tenemos dos papás y dos mamás?"
-"No hijito, sólo tú, porque eres bizco."
8.
Ring, ring, suena el teléfono a las cuatro de la mañana, al descolgar se oye una voz que pregunta:
-"Aló, aló, ¿La familia Silva?"
Una voz dormilona contesta:
-"¡No imbécil, la familia duerme!"
9.
Una anciana le pregunta a un chofer de micro:
-"¿Cómo se puede llegar más rápido al cementerio?"
El chofer le responde:
-"Póngase debajo de la rueda."
10.
En Cuba va un señor al confesionario y justo el cura estaba comiendo.
El señor va y le dice:
-"He pecado."
Y el cura le responde:
-"No, e' pollo."
(Gracias Elvio !!!)
A lucirla con orgullo...
Por fin sabemos la verdad...
Una buena noticia para las mujeres:
La celulitis, es una defensa orgánica de la mujer.
El organismo aloja en nuestro trasero el exceso de grasa que comemos, en vez de taponar nuestras arterias.
Por eso los hombres sufren infartos en mayor número que las mujeres.
Yo tenía la certeza que había un motivo...
¡Dios no podía ser tan injusto!
¡Qué bueno!
Entonces lo que yo tengo no es un CULO: ¡Es una DEFENSA!
¡AHORA ME QUEDO MÁS TRANQUILA!
(Gracias Alejandra !!!)
Dios... (Por Juan José Millás)
En el campo suceden muchas cosas.
Ahora mismo se ha detenido sobre el teclado del ordenador un saltamontes que mira con un ojo lo que escribo y con el otro me contempla a mí.
Es evidente que no sabe lo que ve, pero no importa porque no mira para él, sino para alguien lejano: para Dios.
Dios está ciego, de otro modo no se entiende que haya creado tantos ojos, y tan diferentes, para controlar el universo.
La suma de la mirada del saltamontes y la mía arroja un resultado de superficies horadadas y cuerpos cavernosos por cuyos túneles se arrastra Dios intentando entender su creación.
Le grito al saltamontes que se aparte, pero no me oye.
Quizá sea capaz de percibir el roce de una babosa sobre la hierba, pero no le llega mi voz, como a mí no me llega el ruido de su mandíbula al masticar.
Los dos oímos para otro: para Dios, sin duda, que está sordo.
Por eso ha llenado el mundo de los insectos, mamíferos, aves y reptiles que graban toda clase de sonidos y conversaciones para él.
La suma de lo que recogen mis oídos y los del saltamontes es la sinfonía con la que se desayuna Dios, mientras huele la mañana con nuestro olfato.
El saltamontes ha recogido un resto orgánico del teclado del ordenador -quizá una escama microscópica de la yema de mis dedos- y lo mastica al tiempo que yo trago saliva.
¿Comeremos también para Dios?, me pregunto.
Dios no soporta no tener estómago, por eso ha llenado el universo de abdómenes especializados en digerir para él.
Dios carece de vista, tacto, oído, olfato, gusto.
Quizá no existe, así que para tapar esa carencia atroz ha llenado el universo de anélidos, lamelibranquios, vertebrados, acéfalos, reptiles...
Todo te parece poco si no existes, y demasiado si un día, al asomarte a los ojos de un insecto, comprendes que aunque es él el que te mira, es otro el que te ve.
Breve catálogo de dramas urbanos invisibles... (Por Podeti)
El Drama Invisible de la persona que necesita ir al baño.
Mira, Epaminondas, a ese hombre.
Míralo, obsérvalo, aprehéndelo, Epaminondas.
Por su avanzada edad e impecable traje se nota que es un hombre que ha alcanzado cierto status social.
Es un hombre satisfecho de sus logros, magnánimo en el triunfo pero implacable a la hora de la confrontación.
Yo no lo elegiría como enemigo.
¿Y tú, Epaminondas?
Y sin embargo, sufre, padece, se frunce y constriñe: Necesita mear.
Como todos.
Como yo, como ella, como tú, Epaminondas.
Pero está en la calle.
Y no soporta más.
¿Sabes lo qué es la próstata, Epaminondas?
Una cosa diabólica.
Algún día te lo explicaré, cuando seas grande.
Entonces, el hombre que ayer hacía gala de los frutos de poder (dinero, sirvientes, ascenso social) en este momento, Epaminondas, en este momento en el que daría lo que fuera por ser un Don Nadie, por ser insignificante e invisible, este hombre, Epaminondas, entra a un bar y pregunta si puede utilizar el baño.
¡Mira, Epaminondas, cómo su arrogancia se ha hecho trizas por culpa de una pequeña –no tan pequeña para él- glándula!
¿Su arrogancia?
¡Su dignidad, Epaminondas, su dignidad!
Porque este hombre, acostumbrado a ser obedecido y complacido, a no deberle nada a nadie (excepto durante momentos determinados de sus turbios tejemanejes financieros), a no hesitar en contratar a los abogados más caros de la ciudad para destruir a sus enemigos –y a recurrir a métodos más oscuros si hiciese falta- acaba de pedir permiso para ir al baño, Epaminondas.
Como un infante, Epaminondas.
Como el ser más indefenso de nuestra sociedad, Epaminondas.
Y ese microsegundo de humillación le arruinará el día.
No es nuestro deber especular quién sufrirá este día la furia impotente que en estos momentos siente nuestro hombre.
Tal vez sea su secretaria, alguno de sus hijos, socios menores o simplemente un compañero de ascensor, ¿quién sabe, Epaminondas?
Nuestro único deber es observar.
Y el tuyo, aprender.
¡Aprende, Epaminondas!
El drama invisible de la persona que esplota.
Mira esa señora, Epaminondas.
¡Mírala!
¡No bajes los ojos!
¡Te quiero orgulloso y lleno de curiosidad, dispuesto a devorar el mundo con los ojos, Epaminondas!
Mira su arranque de furia, soltándole improperios a un vendedor de empanadas que cometió el Crimen contra la Humanidad de invadir el espacio público, provocando un tropiezo e incomodidad momentáneos.
¿Sabes, Epaminondas?
Este momento enmascara otro drama.
El drama del habitante urbano que hace “crac badabún”.
¡Penetra tras las apariencias, Epaminondas!
¡Esa pobre mujer no tiene en realidad nada contra el empanadero, e incluso tal vez le adquiriría dos de carne y una de jamón y queso con gusto en otro instante de su vida!
Este momento en que a la señora se la percibe incoherente, gritando ofuscada una serie de conceptos muy polémicos sobre Macri y de Cristina, el país y la educación, de zapatos y de barcos, de repollos y de reyes es apenas la punta del iceberg, o la cabeza del dragón asomando fuera de la gruta.
A esa señora, Epaminondas, lo que le pasa es que durante el día le han venido pasando “cositas”.
Nada terrible, pero cada “cosita” es como un dardo que va horadando su espíritu y su templanza.
Cositas como que no ha podido extraer dinero de una máquina, que un medio de transporte ha tardado mucho, o tal vez le han dado un cheque diferido o ha pisado un sorete de perro.
Y se han acumulado: no estallaría de ese modo la señora si le hubiera pasado sólo una “cosita”, o dos.
Tres “cositas”, en cambio –no importa su magnitud- ya bastan para abrir la puerta de sus monstruos interiores.
¿Acaso la señora ha protagonizado un drama o una catástrofe, Epaminondas?
¡No!
¡Vénganse los ejércitos de enfermos, miserables, los desplazados y los locos, los maltratados y oprimidos a mirar a la señora con expresión de reproche y ella admitirá, avergonzada, que en realidad no tiene gran cosa de qué quejarse, Epaminondas!
Y sin embargo, no menosprecies el poder omnímodo de las “cositas”.
Las “cositas”, duendes traviesos y hasta divertidos si los tratas individualmente, pueden ser un oleaje destructor cuando se presentan en masa.
¡Algún día entenderás de lo que hablo, Epaminondas!
¡Mientras tanto juega, vive, ríe, observa y aprende, Epaminondas!
¡Aprende, Epaminondas!
El Drama Invisible del tipo que da el asiento tarde.
¡Mira a ese hombre, Epaminondas!
¡Míralo!
¡No, Epaminondas, a ese no, Epaminondas!
¡Al otro!
¡Al de verde, Epaminondas!
¿Comprendes lo que ha pasado?
¿Has observado cómo se levantó del asiento, sin mirar a nadie en particular, y luego se corre un par de pasos al fondo con expresión de derrota y vergüenza?
¿Quieres que te cuente una historia, Epaminondas?
Puedo leértela en la mirada vidriosa y humillada del hombre que se empelota contra un asiento del fondo, intentando que nadie haga lo que estamos haciendo nosotros:
¡Viviseccionarlo, Epaminondas (otro día te explicaré lo que significa esa palabra)!
El hombre venía sentado.
Cansado.
Pensando en sus cosas, tal vez leyendo.
De pronto, el colectivo empezó a llenarse de señoras más o menos maduras y más o menos obesas, encendiendo en la mente del hombre la pregunta del millón:
¿Son estas mujeres lo suficientemente viejas y gordas para que amerite darles el asiento?
¿Soy un ser despreciable por hacerme estas preguntas?
Y el hombre intenta ganar tiempo, buscando una respuesta a estas preguntas, y jurándose a sí mismo que si se tratara de un caso cerrado, una embarazada o una anciana de 120 años o incluso un hombre si tuviera un bebé en brazos, saltaría de su asiento como expulsado por un resorte.
Pero la ambigüedad de los casos que lo rodean lo confunde.
Y mientras se debate en estas cuestiones miserables, sube una embarazada y ¡Bam!
¡Otro caballero le da el asiento, Epaminondas!
¡Él ni siquiera ha alcanzado a elevar sus nalgas tres centímetros del asiento que su competidor ya ha culminado la transacción, ganándose el agradecimiento y reconocimiento mental mínimo de los presentes!
Ahora su asiento se le antoja incómodo.
Un lecho de Procusto, Epaminondas.
¿Recuerdas la historia del lecho de Procusto?
¡Bravo, Epaminondas!
La posesión del asiento no le resulta tan grata; observa a las semi-viejas semi-obesas a su alrededor y comprende que debió levantarse mucho, mucho, mucho antes,
Y se levanta, confiando en que recuperará algo de su dignidad, pero ya sin posibilidad de adoptar gesto heroico alguno, o “otorgar” el asiento a quien él elija, lo tira a la marchanta, Epaminondas, y se retira humillado confiando en su anonimato e invisibilidad.
¡Ese es un hombre al que un gesto pequeño pero miserable ha reducido a la abyección!
¡Ese es el rostro que nunca deberás ver en el espejo, Epaminondas!
¡Recuérdalo por siempre, Epaminondas!
¡Aprende, Epaminondas!
¡Aprende!
¡Conserva esta lección, Epaminondas!
Es lo que hay, maestro... (Por Enrique Pinti)
Cada nueva Navidad evoco otras navidades.
Las de la infancia están embellecidas por la luz cálida de la nostalgia y traen a mi paladar el gusto irrepetible de aquellas comilonas familiares en las que los niños devorábamos todo lo que había y los adultos olvidaban sus regímenes y dolencias y se entregaban también al morfi pantagruélico, que no lograba detener ni siquiera aquella noticia que informaba sobre la intoxicación de una familia por la ingesta de alimentos enlatados.
Claro, nosotros no consumíamos esas "basuras": lo nuestro era bien casero y preparado con mano maestra por madres, abuelas y tías que no tenían nada que envidiarle a la mismísima Doña Petrona C. de Gandulfo.
Eran otras épocas.
La gente tenía menos información acerca de los contenidos calóricos o proteicos de los alimentos, que simplemente se dividían entre "los que me gustan y los que no".
A lo sumo se tenía conocimiento de que existían vegetarianos, adoradores del pasto y enemigos de la carne (sin ninguna connotación sexual).
Uno iba al médico de la familia y el galeno podía ser gordo y estar fumando en el consultorio mientras le decía al paciente: "Hay que adelgazar y largar un poco el faso".
La expectativa de vida era más baja: a los 60 se colgaban los botines, a los setenta se era venerable anciano y el que llegaba a los ochenta sabiendo cómo se llamaba era considerado un fenómeno de circo.
Había algún viejito o viejita que desafiaba la ley de la vida cumpliendo cien años, pero eso era realmente excepcional.
La diabetes, las enfermedades del páncreas, hígado y corazón ocupaban un lugar destacado en los fallecimientos tempranos de mucha gente, pero no lograban refrenar la glotonería de un pueblo próspero o, por lo menos, con dinero suficiente para comer por dos o por tres.
Y la Navidad era una de las fechas indicadas para decir: "Un día de vida es vida", "total, de algo hay que morir"; "panza llena corazón contento"; "el que come y no convida tiene un sapo en la barriga".
Hoy todo ha cambiado.
En muchos hogares no hay con qué agarrarse un atracón, y mientras los médicos aconsejan por televisión no abusar de los hidratos, los telespectadores tragan alguna pizza con mozzarella más vencida que una deuda externa.
En otras casas de nivel socioeconómico más elevado no hay problema en la provisión pero, informados de las dietas, hacen imposible el festejo con sus limitaciones: "Saco la grasa"; "yo, helado diet"; "lo mío es macrobiótico"; "traje la cajita del nutricionista"; "a mí dame de todo porque después de las doce voy a hacer bicicleta al baño"; "no al pan dulce, quiero un yogur para tránsito lento"; "no puedo mezclar, hoy es todo verdura, mañana proteína y pasado ayuno".
Y, sí, hay que cuidarse.
Gimnasia, dieta, bicicleta, comer poquito cada tres horas, y fibra, mucha fibra.
Entre los que comemos de más, los que no comen lo suficiente y los que se alimentan mal (el 80% de los jóvenes tragando comida basura exquisitamente envenenada) formamos el rebaño del Señor, ese que comió frugalmente como buen hijo de carpintero en aquel lejano Belén.
¡Si nos viera!
Bueno, en realidad nos ve...
Está en todas partes y no le deben de alcanzar las manos para agarrarse la cabeza y pensar: "¿Y por esta gente yo me sacrifiqué?".
Es lo que hay, maestro.
¡Qué se va a hacer!
Pero no vaya a creer, detrás de cada comilona, en algún punto de las borracheras o en medio de las dificultades para traer comida a la mesa, muchos se acuerdan de sus consejos...
No son los que están en los gobiernos, generalmente, pero todavía hay locos –flacos o gordos– que aprovechan la Navidad para brindar por la vida y por la paz.
Y del colesterol, hablamos después de las fiestas.
¿Qué le parece?
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