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Viernes 12 de Noviembre

                   Fin de semana: Viernes 12 a Domingo 14 de Noviembre de 2010

Holaaa samigooosss !!! 

Esta semana otra entrega exclusiva para nuestro blog, mientras seguimos disfrutando nuestras vacaciones. Durante la espera, tienen unos chistes muy divertidos, textos para reflexionar con una sonrisa, como el de Eduardo Galeano que incluimos en la presente edición, usos prácticos del periódico, y más material de autores que nos engalanan semana tras semana. Esperamos que les guste el contenido de esta edición y que tengan una linda semana.

                                   Esteban Nicolini

  • El cartel...

Dos borrachos en un auto, caen de un precipicio y mueren.

Camino al cielo, uno le dice a otro:

-"Boludo, ¿no viste el cartel?"

-"El único que vi decía: FERNET BRANCA..."

-"¡¡¡Nooooooooooo... pelotudo!!! Decía: FRENEEE BARRANCAA..."

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  • Cosa de gallego...

Un árabe le pidió dinero prestado a un judío.

El árabe jamás había pagado una deuda en su vida, y el judío jamás había perdido un centavo en nada.

El árabe no devolvía el préstamo y se le había estado escondiendo al judío hasta que un día se encontraron en el bar de un gallego.

Empezaron a discutir.

El árabe acorralado, no encontró otra salida y sacó una pistola se la puso en la sien y dijo:

-"¡Podré irme al infierno, pero no pagaré esta deuda!" - apretó el gatillo y cayó muerto.

El judío sin ser menos, agarró la pistola, se la puso en la sien y dijo:

-"¡Cobraré ese dinero así sea en el infierno!" -  apretó el gatillo y cayó muerto.

El gallego, que observó todo, tomó la pistola, se la puso en la sien y dijo:

-"¡Coño, por nada del mundo me pierdo esta pelea!"

  • Internet nunca reemplazará al periódico...

A continuación algunos de los más importantes usos del periódico.

Usos domésticos:

* Madurar bananas.

* Recoger la basura.

* Limpiar los vidrios.

* Envolver el nacimiento.

* Alinear las patas de la mesa coja.

* Empacar la vajilla en la mudanza.

* Tapizar el piso de la jaula del pájaro.

* Recoger la caca del perro.

* Cubrir los muebles y el piso antes de pintar.

* Evitar que se meta el agua debajo de la puerta.

* De protector en el piso de la cochera si el carro gotea aceite.

* Matar moscas, cucarachas y demás insectos rastreros.

* En época de crisis Económica: Como papel de baño, aunque algo duro, da el mismo servicio y sirve de colorante para los vellos canosos.

Usos educativos:

* Pegarle al perro en el hocico cuando se orina en la casa.

* Recortar letras y fotos para las tareas de los niños.

* Elaborar títeres o piñatas.

* Hacer barcos de papel.

* Arrancarle en el pedacito en blanco de arriba para anotar números de teléfono.

Usos comerciales:

* Ensanchar zapatos.

* Rellenar los bolsos para que conserven su forma.

* Envolver el marisco.

* Empacar clavos en la ferretería.

* Hacer un sombrero de pintor ó albañil.

* Dar trabajo a voceadores y periodistas.

* Envolver flores.

* Cortar moldes para modistas y sastres.

* Envolver cuadros.

Usos festivos:

* Para prender el carbón del asador.

* Rellenar las cajas de los regalos sorpresa.

* Fabricar el embudo de mago que desaparece el agua.

Otros usos:

* Para que los secuestradores usen sus letras en las cartas.

* Como cojín en el parque.

* Hacer bolitas y pegarles a los compañeros de clase.

* Como paraguas para que la lluvia finita no dañe el peinado.

* Para que 'los malos', en las películas, escondan el revolver.

* Como funda para guardar el machete.

* Para esconderse detrás de él cuando no quieres que te vean.

Ah... Y por último para enterarse de las noticias...

¿Me podés decir que todo esto lo harías con la computadora?

No lo creo.

(Gracias Marisa !!!)

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  • La fábula del tonto...

Para meditar seriamente...

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas.

Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso.

Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:

-"Lo sé, no soy tan tonto... vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda."

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos tontos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

La cuarta (pero quizás la conclusión más interesante): Podemos estar bien, aún cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros.

Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Moraleja: "El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente."

(Gracias Ana !!!)

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  • Medicina basada en la evidencia...

1. En Japón, donde se consumen muy pocas grasas, el índice de ataques al corazón es menor que en Inglaterra y Estados Unidos.

2. Por otro lado en Francia, donde se consume mucha grasa, también el índice de ataques al corazón es menor que en Inglaterra y Estados Unidos.

3. En la India, donde apenas se bebe vino tinto, el índice de ataques al corazón es menor que en Inglaterra y Estados Unidos.

4. En España, donde se bebe demasiado vino tinto y se come demasiado chorizo, el índice de ataques al corazón es menor que en Inglaterra y Estados Unidos.

5. En Argelia, donde apenas se hace el amor, el índice de ataques al corazón es menor que en Inglaterra y Estados Unidos.

6. En Brasil, donde se hace mucho el amor, el índice de ataques al corazón es menor que en Inglaterra y Estados Unidos.

Conclusión: Beba, coma y haga el amor todo lo que pueda, porque lo que mata -aparentemente- es hablar en inglés.

(Gracias Nora !!!)

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  • Los viejitos borrachos...

Dos jovatos, después de emborracharse, deciden ir a un Quilombo.

Al llegar, la Madama los mira bien, llama a la mucama y le dice:

-"Andá a los dos primeros cuartos y colocá una muñeca inflable en cada cama. Estos dos viejos están tan borrachos que no van a notar la diferencia. No voy a gastar a mis muchachas con esos dos viejos mamados."

La mucama cumple las órdenes y los dos jovatos van a sus respectivas habitaciones y 'hacen la tarea para el hogar'.

En el trayecto de vuelta a sus casas, uno de los viejos dice:

-"¡Creo que la mujer que estaba conmigo estaba muerta!"

-"¿Muerta?", dice el otro -"¿Por qué pensás eso?"

-"Es que no se movió ni habló mientras le hacía el amor..."

-"Podía haber sido peor", dijo el otro -"¡Yo creo que la mía era una bruja!"

-"¡Una bruja! ¿Por qué carajo decís eso?"

-"Bueno... lo que pasó es que mientras yo estaba en los preliminares le di una mordida en el culo, entonces ella se tiró un pedo en mi cara, salió volando por la ventana y ¡encima se llevó mi dentadura!"

(Gracias Horacio !!!)

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  • Me caí del mundo... (Por Eduardo Galeano)

Para mayores de 30 años

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulósamente a los desechables!

Si, ya lo sé.

A nuestra generación siempre le costó tirar.

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

¡¡¡Nooo!!!

Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!

¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están fastidiando!

¡Yo los descubrí!

¡Lo hacen adrede!

Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.

Nada se repara.

Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!

¡¡Lo juro!!

¡Y tengo menos de... años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De 'por ahí' vengo yo.

Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo).

Me educaron para guardar todo.

¡¡¡Toooodo!!!

Lo que servía y lo que no.

Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos...

¡¡Cómo guardábamos!!

¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!!

¡¿Cómo para qué?!

Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro.

Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.

¡Tooodo guardábamos!

¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos.

Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.

Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte.

Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar.

Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas!

Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables.

Eran guardables.

¡¡¡Los diarios!!!

Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.

¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.

Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!!

Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza.

Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!!

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.

No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano. Periodista y escritor uruguayo.

(Gracias Elvira !!!)

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  • Gordita...

Estaba una gordita en el baño de una Disco, pintándose frente al espejo, cuando de pronto llega una hermosísima pelirroja, ojos azules, delicada cintura, dentro de unos superajustados pantalones de cuero; se mira al espejo...

Mientras la "gordi" observa a tan escultural creación, la pelirroja dice:

-"¡Gracias, Slim!"

La gordita quedó paralizada, con el lápiz labial derritiéndose en la boca, mientras salía la pelirroja.

Continuó pintándose y de pronto entra una rubia espectacular, dos veces mejor que la chica anterior: cuerpo escultural, ondulante, cintura mínima, se mira al espejo de arriba a abajo y dice:

-"¡Gracias, Reduce Fat Fast!"

La gordita quedó con el tubo de rimmel a medio abrir mientras miraba salir a la tremenda rubia.

Enseguida entra una pendeja infernal, morocha despampanante, tres veces mejor que las anteriores: cuerpo escultural, único, piel suave, cintura ultra delgada, largas y delicadas piernas; todo un ángel sin alitas.

La chica también se mira al espejo, observa el delicado y bien formado bolsillo trasero de su pantalón y dice:

-"¡Gracias Silohuette 40!"

La gordita, testigo de todo esto, termina de pintarse, se alista para salir, se mira al espejo, no aguanta más y grita...

-"¡¡¡La reputa madre que te parió, Mc Donald´s!!!"

(Gracias Patricia !!!)

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  • Aprendiendo en la escuela...

Respuestas de verdad de chicos de 6 a 12 años.

Matemáticas:

Las fracciones son para repartir algo.

La líneas paralelas no se tocan, salvo que dobles la punta de una o de las dos.

El círculo es una línea que encuentra su propia cola sin fin.

Un ángulo de más de 90 grados se llama ángulos obsceno.

Un ángulo de más de 100 grados, quema.

Los ángulos pueden ser agudos, graves y esdrújulos.

Clasificación de ángulos: Los ángulos se dividen en ángulo de 10º, de 20º, de 30º, de 40º, de 50º,de 60º, de 70º , de 80º, de 90º, de 100º, de 110º(...) ....y el de 360º, que es el ángulo redondo.

Los ángulos agudos son los que pinchan en la punta. Los obtusos, no pinchan nada.

Lengua:

Lo que aprendí en Lengua es que a la lengua la estudiás en Biología.

Cuando uno es chico habla mal, pero con el tiempo habla mejor. Yo cuando era chica a las aceitunas le decía “tatutitas”, pero ahora que soy grande les digo “tatutas”.

La H es muda, pero igual quiere que la escriban.

Anatomía:

El ser umano contiene muchos organismos.

Hay que cuidar la salud porque tener el cuerpo muerto perjudica la mente.

Los humanos son más inteligentes que los animales, porque el cerebro humano tiene más circuncisiones.

Antes de hacer una transfusión de sangre hay que saber si la sangre es positiva o negativa.

En el esqueleto tenemos un hueso de la pierna húmedo, y también está la huesa tibia. En el brazo tenemos una radio y un cubito.

La columna vertical está llena de huesos que se doblan.

En la calavera tenemos el cráneo, el cerebro y unas pocas cosas más.

Los pulmones es el lugar donde está el aire que nosotros expulsamos para dárselo a los árboles, porque no nos sirve.

Cuando hacés así, los bíceps se te inflan y los tríceps se te aflojan. Cuando hacés al revés, es al revés.

Primeros auxilios:

Si alguien está fracturado, electrocutado o desmayado, no hay que moverlo. Lo mejor es no tocar nunca al herido.

Si alguien se electrocuta, debes tocarlo con un palo de madera.

Cuando hueles un gas sin olor, es monóxido de carbono.

Con las hemorragias nasales, hay que poner la nariz mucho más abajo que el cuerpo.

Para sacar polvo del ojo, bájate el ojo hasta la nariz varias veces.

Si los bebés se ahogan, está permitido golpearlos en la espalda.

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  • Un asunto genial... (Por Juceca)

Según parece, Mozart tocó el violín a los cuatro años de edad y el piano a los seis.

Lisz, por su parte, estrenó su ópera "Don Sancho" a los catorce años.

Schubert, a los once años escribía sonatas, sinfonías, y óperas.

Beethoven, a los ocho añitos, ya tenía concluidas tres sonatas que son obras maestras.

Mendelsohn tenía catorce años cuando compuso su obertura de "Sueño de una noche de verano".

Yo pienso en esas cosas y me da vergüenza chiflar, y de cantar no hablemos.

Creo no obstante que tengo oído para la música, o sensibilidad, porque hay obras que si me agarran mal barajado me hacen largar el cuajo, bajito, como para mí, pero me pasa.

Claro que eso de los nenes prodigiosos, geniales de entrada nomás, fastidia un poco.

Fíjese que Groteh, a los tres años y medio ya tocaba sus propias composiciones en órgano.

¡Tres y medio!.

Había que interrumpirle la creación para cambiarle los pañales.

En esa línea de precocidad, en cualquier momento nace un genio de la protesta, y al recibir la primer palmada en el culito, en lugar de llorar se descuelga con un alegato contra los castigos corporales y los derechos del niño.

Uno se entera de esas genialidades, de esos prodigios que entran a la historia del arte como perico por su casa, y para conformarse y restarle méritos a esos mocosos atrevidos, comenta:

-"Y sí, para esas cosas, hay que nacer... Si no se nace, che, es inútil."

Y es verdad, claro, si no se nace no hay caso, no se nace.

Pero nacer genio no es un mérito, como no es una culpa nacer estúpido, y tienen en común que ambas cosas se pueden perfeccionar.

Y tal vez no haya genios perfectos, pero hay, indudablemente perfectos estúpidos.

Y la perfección, qué quiere que le diga, es envidiable.

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  • Quizá no... (Por Juan José Millás)

Se pregunta uno por qué es ético reproducir un hígado e inmoral fabricar un ser humano entero.

Y es que en Inglaterra han autorizado los hígados, pero han prohibido a las personas.

En el resto de Europa está prohibido todo: las personas y los hígados.

En EE.UU. puedes cultivar hígados, pero no puedes financiarlos con fondos públicos.

Desde que se descubriera la clonación vamos del todo a las partes y de las partes al todo llenos de dudas éticas y económicas.

¿Será esto más ético que económico o más económico que ético?

No les quepa la menor duda de que vencerá lo más económico, no por nada, sino porque no hay ética sin plusvalía.

Antes se decía que no había ética sin estética, pero ese debate ya está superado.

En cualquier caso, sin hígado no hay nada: ni ética, ni estética, ni plusvalía, así que la clonación de embriones es un hecho.

La idea es que usted tenga en su propia casa un huerto biológico que no ocupe mucho, en el que pueda cultivar órganos de repuesto, por si un día le fallara un riñón, una neurona, una papila gustativa, un entresijo.

El paso que han dado en Inglaterra va precisamente en esta dirección.

Usted podrá tener debajo de la cama tantos órganos clonados como sea capaz de pagar.

Lo que no le permitirán es gozar del conjunto de sí mismo.

Es decir, que usted no podrá estar al mismo tiempo debajo de la cama y encima de ella.

Queda terminantemente prohibido el doble.

¿Por qué?

Por ética, al menos hasta que los números no aconsejen otra estética.

Cabe pensar que habrá gente que pieza a pieza acabe por recomponerse clandestinamente desde los pies a la cabeza.

No por ética, ni por estética, ni por economía, sino por puro narcisismo.

Éste es el punto que falta por introducir en el debate: el del narcisismo.

Finalmente, todo va a depender de eso.

Los japoneses están poniendo espejos en el metro para que la gente no se arroje a las vías, pues no dan abasto a recoger cadáveres.

Gracias al espejo, el suicida se ve antes de saltar y un impulso narcisista le detiene.

Antes de legislar, pues, deberíamos mirarnos al espejo, a ver si vale la pena sacar tantas fotocopias de uno mismo.

Quizá no.

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