Fin de semana: Viernes 10 a Domingo 12 de Marzo de 2.023
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo para aprender a encontrar la alegría, una divertida selección de chistes de Jaimito, humor recibido desde las redes sociales, más sutilezas y unos textos humorísticos muy graciosos. Esperamos que se diviertan y que pasen todos una muy buena semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo
serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
Aprende a encontrar la alegría cada día (Por Okairy Zuñiga)
“¿Qué es la alegría y cómo la encuentro?”
Esta es la pregunta que pasamos la vida intentando responder.
Llenamos nuestra vida de listas, retos e ideas que, creemos, nos darán felicidad.
Hay quienes trabajan desde que amanece hasta que anochece para tener el dinero que les permita hacer las cosas que los haga felices.
Otros toman el riesgo de dejarlo todo y lanzarse a vivir el sueño de su vida...
Y están los que viven deseando cómo encontrar la alegría cada día.
“Ser feliz no significa que todo es perfecto. Significa que estás decidido a disfrutar sin importar las imperfecciones” -Anónimo-
La vida moderna te distrae
Todos estamos tan ocupados hoy en día que no es difícil sentir que estamos perdidos.
Seguro que lo que te preocupa cada día son tus ocupaciones, alcanzar el éxito, tener cada vez más cosas y satisfacer todas tus necesidades.
El resultado es que al final del día estás tan cansado y ocupado que ni te enteras de los motivos de felicidad que tienes.
Los momentos de alegría pasan delante de tu vida y tú no los ves.
“Miro la vida moderna y veo que la gente no quiere asumir la responsabilidad por sus vidas. La tentación de culpar para encontrar causas externas a los problemas es algo muy moderno. En lo personal me parece una visión de la responsabilidad muy interesante” -Edward Zwick-
Creemos que la alegría llega cuando el momento es ideal.
Según la creencia popular esto es cuando no haya desastres, preocupaciones ni carencias.
El asunto es que la alegría se forma de pequeños momentos que te pasan a lo largo del día.
Deja de creer que serás feliz cuando bajes esos 15 kilos o tengas el salario que anhelas.
Los verdaderos motivos de felicidad son pequeños actos: tomar un helado con los amigos, abrazar a tus hijos, ver la cara de tu pareja cuando encuentra la nota de amor que le dejaste escondida.
Tienes que buscar tus momentos de alegría
La alegría no es constante.
Te apuesto que incluso si logras bajar esos kilos extra que tanto te agobian, al cabo de unos días tendrías otra meta.
La alegría no es un destino final lleno de perfección.
En realidad, se trata de descubrir lo que la vida tiene para ti.
Claro, de descubrirlo y valorarlo.
“La alegría es la manera de demostrarle a la vida que no puede con nosotros y es la mejor manera de achicar a la tristeza” -Anónimo-
¿No sabes por dónde comenzar para encontrar la alegría cada día?
Sigue estos consejos y empezaras a encontrar la alegría en tu día a día:
Vive el presente.
Desconecta de las redes sociales.
Sal con tus amigos.
Habla con tu familia.
Libérate del pasado.
Sé agradecido
Me he dado cuenta que mucha gente que es incapaz de encontrar motivos de alegría no agradecen lo que tienen.
Cuando no aprecias todas las cosas que tienes y pasas el tiempo quejándote, el panorama es oscuro.
Vivimos en una sociedad tan consumista que vamos hambrientos por adquirir más cosas cada vez.
Con esto, es fácil creer que la alegría se define por los bienes materiales que tienes.
¿Cuántas veces has agradecido hoy por tener un trabajo?
¿O solo te has quejado de que tienes que ir mañana?
La siguiente vez que estés atorado en el tráfico no empieces a quejarte, respira profundo y piensa en una sola cosa que puedas agradecer.
“…Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto,
Así yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto…”
-Violeta Parra-
No esperes a la felicidad, ¡búscala!
Es muy cómodo quejarnos por lo que no tenemos o no nos gusta.
Esto no te ayuda a encontrar la alegría cada día.
En lugar de seguir con este patrón dañino, cambia el chip y busca motivos para sonreír.
La felicidad al fin y al cabo es una actitud, pero no llegará sola para encontrarse en tu camino, hay que salir a buscarla.
Humor desde las
redes sociales…
1.
El agua soluciona todos los problemas.
¿Querés perder peso?
Toma agua.
¿Querés tener una buena piel?
Toma agua.
¿Estás rodeado de pelotudos?
Ahógalos.
(Gracias Claudia !!!)
2.
Los hombres de más de 60 años, entramos en la edad del golf:
El palo caído, las pelotas en el suelo y el hoyo bien lejos...
(Gracias Diana !!!)
3.
Gente, escuchen: si les mandan un WhatsApp pidiéndoles plata, no se asusten...
Soy yo, que estoy pa trás.
4.
“Errar” es de humanos.
“Herrar” es de herreros.
“Herror” con “h” es un “horror”.
Y “Orror” sin “h” es un “error”.
5.
-”¿Y dice Usted que le gusta la historia?”
-”Sí, mucho...”
-”¿Qué le parece la Edad Media?”
-”Que es la mejor edad, ni muy jóven ni muy viejo.”
6.
Esas personas que publican fotos con su pareja actual y ponen ”Sos mi mundo.”, pero ya llevan 3 mundos en un año:
-”¿Están construyendo un sistema solar, una galaxia o qué?
(Gracias Laura !!!)
7.
Si las mujeres tienen derecho a tenes un amigo puto:
Los hombres tammbién tenemos derecho a tener una amiga puta...
(Gracias Gustavo !!!)
8.
Yo antes me ahogaba en un vaso de agua...
Pero he madurado, y ahora me ahogo en uno de cerveza, o en varios, incluso.
(Gracias Alejandra !!!)
De Jaimito...
1.
-”Jaimito, ¿cuánto es 2 x 2?”
-”Empate.”
-”¿Y 2 x 1?”
-”¡Oferta!”
2.
Jaimito le dice a su mamá al regresar de la escuela:
-”Mami, mami, hoy estudiamos geometría.”
La madre le pregunta:
-”A ver, dime, ¿Qué son los ángulos?”
Le contesta el niño:
-”Sonángulos son las personas que caminan dormidas.”
3.
En la escuela, le dice la profesora a Jaimito:
-”A ver, Jaimito, ¿qué me dices de la muerte de Napoleón?”
Y Jaimito contesta:
-”Que lo siento mucho, señorita.”
4.
-”A ver Jaimito, dibuja un huevo.”
Jaimito empieza a dibujar y se mete la otra mano en el bolsillo.
Otra niña de la clase exclama:
-”¡Señorita, Jaimito se está copiando!”
5.
El pequeño Jaimito pregunta a su padre:
-”Oye, papá ¿Tonto se acentúa?”
-”Con los años, hijo, con los años”, -le contesta el padre.
6.
El profesor pregunta:
-”Jaimito, ¿qué debo hacer para repartir 11 patatas para 7 personas?”
-”Puré de patata, señor profesor.”
(Gracias Alejandro !!!)
Sutilezas...
1.
Sir Galahad y su escudero entraron en la cueva del dragón.
El monstruo de las fauces de fuego estaba follando con la hermosa princesa Guinivére, quien parecía disfrutar cumplidamente la ocasión.
El escudero de sir Galahad le dijo:
-”Acepte la realidad, jefe. Hemos llegado tarde...”
2.
Simpliciano, joven varón sin ciencia de la vida, habló con Afrodisio Pitongo, hombre perito en cosas de erotismo.
-”Tú conoces a mi novia”, -le dijo, -”Es una ingenua y tímida doncella de alma virginal y candoroso corazón. ¿Crees que si le pido que hagamos el amor aceptará?”
-”Claro que aceptará”, -respondió Afrodisio, -”¿Por qué habría de hacer una excepción contigo?”
3.
En el solitario paraje llamado El Ensalivadero la muchacha le pidió a su galán:
-”Quítate los lentes. Me estás lastimando con ellos.”
Pero en seguida le dijo:
-”Vuélvetelos a poner. Estás besando el pasto...”
4.
Don Geroncio, señor de muchos años, petiso, cuculmeque y escuchimizado, casó con Pomponona, mujer en flor de edad y plenitud de carnes.
Tan desigual connubio preocupó sobremanera a los hijos del señor, y a las hijas más.
Pensaron que su padre iba a dejar la vida entre los poderosos muslos de su desposada, capaces de reducir a chatarra un tanque Sherman.
Con ese lúgubre pensamiento en mente –el de la vida, no el de los muslos– el hijo mayor de don Geroncio tomó el teléfono al día siguiente de la noche de bodas y le preguntó al señor:
-”¿Cómo te fue anoche, padre?”
Con una sola palabra respondió el flamante novio:
-”Tres.”
El que llamaba pensó que no había oído bien.
Le dijo a don Geroncio:
-”¿Puedes repetir eso?”
-”Claro que puedo”, -replicó el señor, -”Sólo estoy esperando a que la muchacha se reponga un poco.”
5.
La mamá de Pepito se asombró al ver que el chiquillo había comprado con sus pequeños ahorros una sandía de tamaño tan descomunal que el niño apenas podía cargar con ella.
Explicó Pepito:
-”Ayer le llevé una manzana a la maestra y me dio un beso. Quiero ver qué me da si le llevo esta sandía...”
El loro grosero...
Bruno recibió un loro el día de su cumpleaños; era un loro adulto, con una muy mala actitud y vocabulario.
Cada palabra que decía estaba adornada por alguna grosería, así como siempre, de muy mal genio.
Bruno trató, desde el primer día, de corregir la actitud del loro, diciéndole palabras bondadosas y con mucha educación, lo hacía escuchar música clásica y siempre lo trataba con mucho cariño.
Llegó un día en que Bruno perdió la paciencia y gritó al loro, el cual se puso más grosero aún, hasta que en un momento de desesperación, Bruno puso al loro en el congelador.
Por un par de minutos aún pudo escuchar los gritos del loro y el revuelo que causaba en el compartimento, hasta que de pronto, todo fue silencio.
Luego de un rato, Bruno arrepentido y temeroso de haber matado al loro, rápidamente abrió la puerta del congelador.
El loro salió y con mucha calma dio un paso al hombro de Bruno y dijo:
-”Siento mucho haberte ofendido con mi lenguaje y actitud, te pido me disculpes y te prometo que en el futuro mi comportamiento será distinto.”
Bruno estaba muy sorprendido del tremendo cambio en la actitud del loro y estaba a punto de preguntarle qué es lo que lo había hecho cambiar de esa manera, cuando el loro continuó:
-”¿Te puedo preguntar una cosa?”
-”Sí… ¡¡Cómo no!!”, -contestó Bruno.
-”¿Qué fue lo que hizo la gallina?”
Gatito Bonito... (Por Javi
Navas)
¿Tenéis un gato?
Qué graciosos, ¿verdad?
Aunque a veces te la lían parda y no sabes ni cómo ha ocurrido.
La siguiente historia está inspirada en un hecho real (la escena del gato meado), pero el resto es ficción (afortunadamente):
ME GUSTA VIVIR SOLO, pero uno de mis amigos, que había adoptado un gato recientemente, contaba historias divertidísimas sobre las ocurrencias de su mascota, hasta tal punto, que me convenció para hacer lo mismo.
Yo pensaba que el gato se adaptaría a mi estilo de vida sin más y que no me cambiaría nada de mis rutinas, ¡qué equivocado estaba!
Con esa idea en la cabeza empezamos nuestra relación.
Enseguida nos hicimos amigos y el gatito me seguía allá donde fuese.
Las únicas precauciones que adopté fueron de lo más básicas: arrastrar los pies para no pisarle, ¡qué manía esa de correr entre mis piernas mientras voy andando!, dejar la puerta de la cocina siempre cerrada y la tapa del váter bajada, ya que todavía era pequeño y corría que se las pelaba, pero no saltaba mucho y utilizaba el váter para llegar al lavabo e intentar robarme el estuche de las lentillas cuando me las estaba poniendo o quitando.
Aquella noche llegué a casa hecho polvo, ¡vaya día!
Primero encendí la chimenea; estábamos en abril, no hacía tanto frío como para conectar la calefacción, pero el fuego del hogar lograba dar un ambiente muy confortable.
Con Pole cruzándose en mi camino, metiéndose bajo mis pies y maullando para pedirme su ración de carne diaria, me di cuenta de que había olvidado pasar por el supermercado.
¡No tenía nada para cenar!
Solo me quedaba una lata de atún; pues tendría que bastar con eso.
Primero preparé su cena, que devoró en un instante.
Después la mía: vacié la lata en un plato y, sin calentar ni nada, lo llevé a la sala, donde coloqué una mesita delante de la tele para poder zampar tranquilamente.
-”Cochino, lávate las manos”, -pensé.
Me fui al baño, y ya que estaba allí levanté la tapa del váter y me puse a orinar.
Entonces escuché un sonido que, al principio, no supe identificar: “cotocloc, cotocloc, cotocloc...” y luego nada.
Entre mis piernas vi pasar al gato volando.
Aterrizó de lleno en el fondo de la taza, mientras yo, incapaz de detener mi evacuación, le meaba encima.
El gato se asustó y, de un salto, salió de la taza.
Intenté atraparle, pero fue imposible.
Corrió por todo el pasillo hasta entrar en la sala de estar.
Recriminándome por mi torpeza de dejar la puerta del baño abierta, fui siguiendo el rastro de pis y entré en la sala.
Pole estaba de pie encima de la mesita, comiéndose mi cena.
-”¡Pole, no!, ¡Fuera de ahí!”, -grité, acercándome hacia él.
¡Error!
No hay nada peor que gritarle a un gato; se asustó y huyó por el sofá, manchándolo de pis.
Corrí detrás pero, desafortunadamente, le había acostumbrado a un juego en que yo le perseguía y él se escapaba: imposible alcanzarle.
Tras hacerme un quiebro que sería la envidia de cualquier ninja, Pole terminó en pie sobre la repisa del hogar, mirándome con cara de buen chico.
-”¡Nooo!, ¡Fuera de ahí! ¡Que te vas a quemar!”
De un salto fue a refugiarse entre las cortinas, pero no por mi grito, sino porque se le había prendido la cola.
Jamás pensé que el pelo de un gato pudiese arder así.
Parecía estar hecho de gasolina.
Las cortinas estaban ardiendo.
Pole salió corriendo con el fuego avanzando por su cola.
Lo primero en que pensé fue en avisar a los bomberos, después en intentar apagar las cortinas, pero lo que me salió del alma fue correr tras él para intentar que no se quemase más.
¿He comentado alguna vez que tengo una colección de libros de fantasía y ciencia ficción espectacular?
Están repartidos en estanterías por toda la casa.
Bien, pues ya no hace falta que lo cuente.
Habría que cambiar el “tengo” por “tenía” y el “están” por “estaban” y a lo mejor empezamos a entendernos.
Para cuando conseguí alcanzar a Pole y echarle encima una toalla, que cogí del tendedero según pasaba, ya ardían las cortinas, las estanterías, las dos camas, la mesa de madera de la sala...
Por cierto, no sé cómo, pero el fuego del hogar se había apagado.
Salí a la calle a toda prisa, y solo entonces descubrí que mi teléfono móvil estaba dentro de la casa y no pude avisar a los bomberos.
Pero ya ardía el tejado y las llamas salían por la puerta y las ventanas.
Vivo en una urbanización bastante chula; cada casita rodeada de setos de arizónica y con innumerables enebros esparcidos por todas partes, ya que es el árbol autóctono.
Seguro que la gente conoce a los enebros por el pacharán, pero lo que no saben es lo fácil que prenden, y cómo, en su infinita bondad, comparten su calor con las arizónicas colindantes, sobre todo si, como esa noche, el viento no quería perderse la fiesta de Pole y había acudido a jugar con nosotros.
Bueno... pues como antes... cambiemos los tiempos verbales: “vivo/vivía”, etc.
Más que nada para atenernos a la realidad.
Los vecinos de estas urbanizaciones, sabiamente, utilizan los mismos setos para separar unas parcelas de otras, y con la manía esa de estructurar las calles para que parezcan una tableta de chocolate vista desde el aire, pues enseguida se extendieron las llamas por toda la urbanización.
Como era de noche, la vista de los setos ardiendo debía ser impresionante y, aunque se había apagado la chimenea ya no lo echaba en falta; nada de frío, oye.
¿He dicho que mi urbanización está situada en medio del monte?
La escogí porque me encanta la naturaleza y la tranquilidad; todo rodeado de árboles, matorrales...
Sí, hay que reconocer que, antes del asunto del gato meado, la zona era muy bonita.
Mientras abrazaba y daba besitos en la cabeza a mi gato, pensaba: “cerrar puerta del baño; no dejar la comida sola; utilizar pantalla salvachispas cuando encienda el fuego; no poner esa mierda de cortinas...”
Entonces me di cuenta de que, ahora, tanto el gato como mis labios olían a pis, así que dejé de pensar en las medidas que adoptaría cuando tuviese una nueva casa, en una nueva urbanización, en un nuevo monte... a lo mejor... después de salir de la cárcel.
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