Fin de semana: Viernes 24 a Domingo 26 de Junio de 2.022
Hooolaaa samigooosss !!!
Esta semana tenemos un artículo sobre las diferentes lágrimas de alegría, chistes variados, humor recopilado desde las redes sociales, más sutilezas y unos textos humorísticos para reír y reflexionar. Esperamos que los disfruten y les deseamos que pasen todos una muy buena semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor.
Lágrimas de alegría: los 4 tipos según la ciencia (Por Valeria Sabater)
Las lágrimas de alegría nos conectan con la vida, con las personas y con nuestras emociones más enriquecedoras.
Permitirnos estas experiencias y dejar que los ojos reluzcan con el brillo de esas sensaciones intensas es un acto de bienestar.
No las reprimamos, no escondamos la emoción que nos provoca ver algo inspirador o que nos conecta con alguien a quien amamos.
¿Cuándo fue la última vez que lloraste llevado por un instante de felicidad?
Si tu memoria debe retrotraerse demasiado para recordar ese momento, deberías plantearte hacer cambios.
Porque las lágrimas de alegría son el éxtasis del bienestar, son la esencia de los instantes positivos y enriquecedores.
Promover esos instantes es un claro ejercicio de felicidad.
Asimismo, algo que nos revela la ciencia es que podemos experimentar hasta 4 tipos de llantos relacionados con las emociones positivas.
Conocerlos e identificarlos nos permite tomar conciencia de esas sensaciones que todos deberíamos promover para disfrutar mucho más de nuestra existencia, del mundo y de las relaciones.
El acto de llorar, un ejercicio catártico
¿Por qué lloramos?
Si le hiciésemos esta pregunta a cualquier persona que nos cruzáramos por la calle ahora mismo, nos diría aquello de “porque estamos tristes o porque es así como desahogamos nuestras penas y sufrimiento interno”.
Identificamos y relacionamos el llanto con esa parte menos amable de la vida, con el dolor emocional y por su puesto con el físico.
Sin embargo, ahí están nuestras lágrimas de alegría y ese brillo titilante en los ojos cuando algo nos emociona de manera intensa.
El ser humano llora porque forma parte de lo que somos y por término medio lo hacemos más por felicidad que por desconsuelo.
Así, estudios como los realizados por la doctora Oriana R. Aragón de la Universidad de Yale nos indican que el acto de llorar no tiene otra finalidad más que generar catarsis.
Las lágrimas hacen más intensos determinados momentos de la vida y actúan como analgésicos naturales.
Se ha visto, por ejemplo, que tanto en los llantos por tristeza como en los motivados por la alegría se libera encefalina.
Este tipo de endorfina tiene como función reducir el dolor y propiciar una agradable sensación de bienestar.
Asimismo, también cabe señalar otra interesante teoría sobre las lágrimas de alegría: las liberamos porque el cerebro no siempre conoce la diferencia entre la tristeza de la felicidad.
Para él, ambas dimensiones son estados de elevada intensidad y por ello activa el sistema nervioso parasimpático con el fin de relajarnos.
Lo hace liberando acetilcolina, un tipo de neurotransmisor que activa nuestros lacrimales.
Los diferentes tipos de lágrimas de alegría
Lo cierto es que la investigación al respecto de este tema sigue creciendo en los últimos años.
Tanto es así que un nuevo estudio realizado en la Universidad de Cornell nos revela que existen 4 tipos de lágrimas de alegría.
Es decir, hay cuatro situaciones que nos hacen llorar llevados por las emociones positivas.
Son las siguientes.
Lágrimas de afecto
El amor es la emoción que más nos hace vibrar y sentir.
Es muy fácil experimentar esa sensación en la que de pronto una palabra, un gesto, un abrazo o un momento compartido nos emociona lo suficiente como para hacernos llorar.
Lo mismo sucede con la ternura, cuando cogemos en brazos un bebé, cuando nuestra mascota hace algo que nos parece muy dulce y casi entre risas nos sorprendemos dejando escapar una lágrima…
La emoción del triunfo, las lágrimas de la superación
Ganar un partido, una carrera, superarnos en una prueba deportiva.
Alcanzar el triunfo, aprobar una oposición, un examen concreto, lograr un trabajo después de una entrevista...
Las lágrimas de alegría también pueden surgir en esas situaciones en las que, tras cierto tiempo de esfuerzos, sueños y sacrificios, alcanzamos algo.
Superarnos a nosotros mismos también nos emociona de manera intensa.
La inspiración, la belleza, llorar por aquello que nos inspira y embelesa
Un amanecer en el mar.
Las vistas aéreas de un paraje natural de sobrecogedora belleza.
Ver en persona nuestra obra pictórica favorita.
Ir al teatro y disfrutar con una obra que termina emocionándonos lo indecible...
Acudir a un concierto y deleitarnos con esa pieza musical, con ese cantante o ese grupo que tanto nos gusta.
Las lágrimas de alegría también se nutren de lo estético, lo natural y lo cultural.
Lágrimas de alegría en los instantes de risas compartidas
Hay pocos placeres más satisfactorios que llorar de risa, que dejar que las carcajadas estallen con toda su sonoridad, junto a las personas que queremos.
Reír hasta que nos duela la barriga… ¿puede haber algo mejor?
Seguramente no, porque la diversión auténtica y esos instantes en los que las emociones positivas fluyen combinándose con el sentido del humor constituyen la auténtica felicidad.
Vale la pena reflexionar cuánto tiempo hace que no hemos llorado en alguna de estas situaciones.
Amor, humor, inspiración, satisfacción personal…
Todas estas dimensiones trazan y asienta el auténtico bienestar psicológico.
Promover momentos de esta tónica emocional está en nuestra mano y vale la pena experimentarlos a diario.
Humor desde las redes sociales…
1.
El día que comprendas porqué se hacen las pizzas redondas, para meterlas en cajas cuadradas y después comerlas en triángulos, entonces tendrás la inteligencia suficiente para comprender a las mujeres...
2.
Una gitana quiso leerme las manos y me negué.
Y me dijo:
-”¡No se te va a parar nunca más el pájaro!”
Suerte que no me maldijo el auto, porque ese sí que lo uso...
(Gracias Iche !!!)
3.
Para que un matrimonio dure tiene que haber un equilibrio.
Unas veces ella tiene la razón y otras veces él está equivocado.
4.
No sólo los doctores tienen la letra fea…
Las canciones de Arjona también.
5.
Cuando no puedas dormir, recuerda que siempre podrás contar conmigo.
La oveja.
(Gracias Isabel !!!)
6.
Una mujer le pregunta a su amiga:
-”Isabel, si tu volvieses a nacer, ¿te volverías a casar con tu marido?”
Y esta le responde:
-”¡Yo, sí…! ¡Que se joda!”
(Gracias Ricardo !!!)
Besar a las mujeres en el lugar correcto…
Me encontré a un amigo cincuentón con una belleza de 25 añitos.
Charlamos y cuando se retiró por unos minutos le pregunté:
-”¿Cómo lo haces?”
Con calma, me dijo:
-”Para mantener una óptima relación con cualquier mujer, lo más importante es dónde le das un beso…”
Me quedé de una pieza, con ansiedad morbosa le pregunté:
-”Y… ¿Dónde la besas tú?”
Sin perder su compostura, mi amigo respondió:
-”En París, Londres, Roma, New York, Las Vegas, Miami, Cancún, Dubai…”
(Gracias Marcelo !!!)
Nadie me entiende...
La semana pasadafui a un local de fotocopias y le pregunto a la señorita:
-”¿Cuánto me cobrás por los dos lados?”
Me tuve que ir denunciado a la comisaría.
Luego de llenar unos papeles, vuelvo a mi tienda de venta de lencería.
Al rato, ingresa una chica y me pregunta:
-”¿Cuánto vale esa pollera?”
Le digo:
-”$1400.”
-”¿Y esa bombacha roja?”
-”$1500.”
Me dice,enojada:
-”¿Pero cómo puede ser? ¿Cómo la bombacha va a costar más que la pollera?”
Le digo:
-”Porque es de seda. Pero si quiere, y como atención, le subo la pollera y le bajo la bombacha.”
Otra vez terminé en la comisaría.
Luego de llenar otros papeles, me dejan ir y me piden que cuide mi vocabulario.
Luego de cerrar mi negocio, decido ir a cenar con mi esposa.
Entramos a un restaurante y le pido a la moza que nos atiende:
-”Un estofado de lengua, con dos huevos a caballo.”
Ahí me di cuenta que, por el colésterol, no debía comer los huevos.
Entonces cuando viene con el pedido le digo:
-”Sáqueme los huevos y solo páseme la lengua.”
Ahora finalmente, estoy en la cárcel.
Nadie me entiende ni nadie me cree...
(Gracias Eduardo !!!)
Sutilezas...
1.
Don Algón le comentó a su socio:
-”Invité a Rosibel, mi secretaria, a pasar un fin de semana en un hotel de playa. Y ¿sabes lo que me dijo?”
Respondió el socio:
-”No.”
Preguntó don Algón, admirado:
-”¿Cómo supiste?”
2.
En la cantina el musculoso hombracho le dijo al esmirriado señorcito:
-”Es usted un pendejo.”
Se levantó de la mesa el gurrumino y le preguntó con tono desafiante a su agresor:
-”¿Me lo dice en serio o en broma?”
Respondió el gigantón al tiempo que se quitaba el saco y se remangaba la camisa:
-”Se lo digo completamente en serio.”
-”Qué bueno”, -dijo entonces el pequeño señor volviendo a sentarse-, -”Porque ha de saber usted que a mí las bromas no me gustan nada.”
3.
En la casa de lenocinio, ramería, lupanar, manfla, burdel, zumbido, congal o mancebía, un sujeto de siniestro aspecto le preguntó a una de las mujeres que ahí hacían comercio con su cuerpo:
-”¿Cuánto cobras?”
-”Mil pesos.”, -respondió la interrogada.
-”Te daré 10 mil”, -ofreció el individuo, -”en efectivo y por adelantado. Aquí los tienes.”
Y así diciendo le entregó el dinero.
Añadió luego:
-”Pero has de saber que soy adicto a las prácticas del Marqués de Sade: acostumbro golpear a mi pareja después de que el acto carnal se ha realizado.”
Preguntó, nerviosa, la sexoservidora:
-”¿Y durante cuánto tiempo me vas a golpear?”
Respondió el tipo:
-”Hasta que me devuelvas los 10 mil pesos...”
4.
Uglicia, lo digo con temor de faltar a la caridad cristiana, era bastante fea.
Aunque su padre tenía una gran fortuna a la pobre muchacha jamás le había salido un pretendiente.
Pero, como dice el dicho, nunca falta un roto para un descosido.
Llegó de fuera un individuo llamado Picio, igualmente feo, y empezó a cortejar a Uglicia.
El padre de la doncella, esperanzado en ver casada a su hija, buscó al recién llegado y le dijo lisa y llanamente:
-”El día que te entregue a mi hija depositaré en el banco 5 millones de pesos a tu nombre.”
Sugirió el tipo:
-”¿No podría mejor entregarme los 5 millones y depositar en el banco a su hija?”
5.
El agente viajero abrió la Biblia que estaba en el cajón del buró de su habitación en el hotel.
Leyó en la primera página:
“Si estás cansado de pecar te esperamos en la Iglesia de la Luz Iluminada”.
Abajo, escrita a mano, había otra anotación:
“Si todavía no estás cansado llama al teléfono 1107-23-4288-35 y pregunta por Lasda”.
El resbalón… (Por Canarias04)
Cualquier cosa vale por una sonrisa en este Madrid: el caso es que esta mañana según salgo de casa y me subo al autobús para venir a trabajar y con lo que llovía, veo venir a una señora muy gorda, con zapatos de tacón, que viene embalada por la acera para no perder el autobús; imagínatela.
El caso es que tropezó y se fue al suelo deslizándose varios metros como si fuera una pastilla de jabón.
Entonces empezó a gritar como una loca:
-”¡Que venga una ambulancia! ¡Que me he matado!”
La gente empezó a mirar y nos arremolinamos para ayudarla.
Parecía una ballena mojada que hablaba.
En seguida vino un municipal y dijo que iba a levantar un atestado y yo entonces intervine y le dije que perdonara pero que había que levantar a la señora y luego el informe.
No me hizo caso y empezó a escribir y a pedir datos, usando un bloc que sacó de no sé donde, escribe que te escribe y sin mirar a nadie para poder escribir recto en el papel.
En esto vino uno que dijo que era de oficio abogado y empezó a decir que la señora podía pedir una indemnización al conductor del autobús o al guardia, ya que ambos son funcionarios y responsables del celo que la administración debe a los ciudadanos, el caso es que declarasen los testigos principales del resbalón.
Empezó a preguntar a los que estábamos allí sobre si había habido intencionalidad presunta del autobús en hacer correr a la señora.
La señora al oír lo de la indemnización preguntó que adonde había que ir a pedir el dinero, que ya traería a su marido para que testificase y que le parecía lógico que se le pagara por haberse caído en la calle.
Luego llegó una ambulancia del Samur con la sirena y las luces; bajaron los camilleros para recoger a la señora pero como ya estaba de pie, erraron y agarraron a una señora muy vieja, que estaba por allí y que no hablaba, la encamillaron y la metieron para adentro; la vieja gesticulaba y movía las piernas pero como no hablaba pusieron el ruido de la sirena y salieron a todo trapo.
El abogado al verlo apeló a no se qué derecho y tranquilamente decía que había que reclamar también a la ambulancia pues había incurrido en manifiesto error material al equivocarse de persona por lo que cabía inculparlos de dolo grave de hecho en grado temerario.
La señora del resbalón preguntó que si esto podía afectar a su indemnización y en que medida pues no estaba por la labor de compartir el dinero con la vieja, el abogado dijo que ya vería como redacta el atestado el municipal.
Para terminar de estropearlo empezó a hablar un calvo, de los que estábamos mirando, que dijo que no estaba seguro pero que le parecía que el abogado debía solicitar al guardia su identificación para cuando hubiera juicio.
El guardia se encrespó con el señor calvo y le dijo que era un simple ciudadano de a pie y que se callara y que se fuera y murmuró lo de ¿Qué se creerá este viandante de pacotilla?.
El caso es que el calvo al oir lo de pacotilla se encrespó, le pareció intolerable e insultó al guardia, le llamó cateto y ya se armó la marimorena así que abandoné el tumulto.
Cuando me iba, un señor muy pequeñito va y me dice que él era camarero y que a esas horas el cogía a veces ese autobús para ir al curro y que nunca había visto tanto tomate en la parada pero que lo de cateto tampoco era para tanto, que a él en el bar, como era pequeño, le habían llegado a llamar menudillo y que el nunca se había dado por aludido.
En fin que seguí caminando hasta el trabajo.
Retahíla de Vicisitudes… (Por David)
Antes de la pandemia, solía deambular por un sendero hacia una apartada cala con pocos visitantes, excepto yo, aficionado a la soledad. Un lugar donde me enfrascaba en tribulaciones y trataba de ordenar mis ideas sin divagar.
Sin embargo esta época de confinamiento por el dichoso Covid-19 ha servido para abrirme los ojos definitivamente acerca de lo deprisa que pasa la vida.
Cabe añadir que hace años rebosaba optimismo, imbuido de ilusiones y sueños.
Pero el tiempo no pasa en balde y, pese a la cuarentena, es preciso adaptarse a la realidad.
Veamos.
Antes, en época bastante remota, estaba hecho un pimpollo de esbelta figura, rasgos agraciados y talante simpático.
Con el paso de los años me he convertido en un vejestorio enjuto, de gesto adusto y cubierto de arrugas.
Antes era un chaval delgado y vivaracho.
Hoy día soy un fulano algo regordete a raíz de mi afán glotón, reservado y suelo evadirme enfrascado en mis cábalas.
Antes trabajaba en varias faenas a la vez y no acusaba síntomas de fatiga.
Ahora, a medida que me he hecho mayor, estoy colmado de achaques y a menudo soporto dolores articulares.
Me duelen músculos que no sabía ni que existían.
Antes era un viajero empedernido.
Un intrépido aventurero siempre dispuesto a vivir experiencias temerarias.
Ahora, repantigado en el sofá del comedor, experimento la engorrosa sensación de estar oxidado como una plancha de latón.
Me he transformado en un individuo aburrido, reticente de emprender cualquier salida lejos del hogar por miedo a tener que lidiar con los percances que hubiera de afrontar.
Antes tenía cuerda para rato y bailaba en las discotecas hasta altas horas de la madrugada.
Ahora, sin hacer aspavientos como si tuviera una astilla clavada en el alma o quisiera ahuyentar la mala suerte, debo admitir que agarrotado por la falta de ejercicio, ya no estoy para tirar cohetes.
Antes llamaba la atención por una pródiga melena.
Ahora luzco una incipiente calvicie jalonada de sienes plateadas.
Antes poseía vista de lince.
Ahora está mermada por una galopante presbicia.
Antes destacaba por una notoria capacidad auditiva.
Ahora, tras haber cumplido su función durante algo más de medio siglo, la oreja derecha solo la tengo para que haga juego con la otra, que pronto pasará a ser también un mero adorno.
Antes era capaz de correr sin cansarme.
Ahora resoplo subiendo las escaleras de casa, pese a sostenerme en la barandilla.
Antes podía recitar poemas enteros de memoria.
Sin embargo, ahora chocheo como una gallina clueca.
Y por si fuera poco, cuando era joven al orinar brotaba una fuente que formaba un arco cóncavo hasta caer al suelo, porque disfrutaba de un «nano» enhiesto como el pilar de una catedral.
Desde que me he jubilado y me he convertido en un carcamal, trato de no mojarme los pies con el chorrito de pis, porque solo me cuelga un pingajo mustio y arrugado.
Así que ya lo sabéis, amigos.
Carpe diem porque al fin y al cabo la vida son cuatro días.
Por eso debemos exprimirlos hasta la saciedad para sacarles jugo, porque si se aprovechan bien, es tiempo más que suficiente.
Pongo punto y final a esta retahíla de recuerdos con una sonrisa, convencido de que la vida es una aventura asombrosa que merece la pena ser vivida.
Como colofón, y antes de bajar el telón de esta historia sobre la retahíla de vicisitudes acaecidas con el devenir del tiempo, debo afirmar que siempre he vivido deprisa, así que confío que mi alma continúe mareando la perdiz incluso cuando durante mi funeral deje con un palmo de narices a quienes velen mis despojos, con objeto de fisgonear por los andurriales celestiales en busca de los favores divinos.