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Viernes 08 de Febrero

                   Fin de semana: Viernes 8 a Domingo 10 de Febrero de 2013

Holaaa samigooosss !!! 


Esta semana llegamos con más diversión para el verano con otra edición
"light", con chistes variados, un relato sobre una nueva patología
para tener en cuenta, frases para la reflexión y unos textos de humor de
notables autores. Esperamos que sean del agrado de todos y que tengan una
muy buena semana.

                                   
Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

El buen humor puede ayudar a la hora de tomar decisiones y memorizar. (Ep. Madrid.)

El buen humor puede aumentar la capacidad del cerebro de las personas mayores para tomar decisiones y memorizar, tal y como ha evidenciado una investigación realizada por la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos).

Este trabajo pionero, que ha sido publicado por la revista 'Cognition and Emotion', señala que el estado de ánimo puede mejorar las funciones cerebrales de estas personas.

Por ello, actos tan simples como ofrecerles una bolsa de caramelos pueden ser "significativamente" positivos, indican los expertos.

La coautora de esta investigación y profesora de Psicología en este centro universitario norteamericano, la doctora Ellen Peters, asegura que, a pesar de que muchas investigaciones han demostrado que los adultos más jóvenes son más creativos y flexibles cognitivamente cuando se encuentran en un buen estado de ánimo, no estaba segura de que esto fuera así en los más mayores debido "a las disminuciones cognitivas que conlleva el envejecimiento".

Sin embargo, la evidencia ha demostrado que esto si es así, algo en lo que han colaborado la miembro de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), la doctora Stephanie Carpenter; el experto de la Universidad de Linkping (Suecia), el doctor David Vstfjll; y el recientemente fallecido miembro de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), el doctor Isen Alice.

Ambos aspectos están relacionados

Todos ellos analizaron la respuesta a los estímulos de 46 adultos mayores de entre 63 y 85 años.

A la mitad de ellos se les indujo un buen estado de ánimo al otorgarles una carta de agradecimiento y dos pequeñas bolsas de dulces cuando llegaron al laboratorio para el experimento, mientras que al resto no se les ofreció obsequio alguno.

Además, a los primeros se les sentó delante de un ordenador con un fondo de pantalla diseñado para ayudar a mantener los sentimientos positivos.

Tras ello, se observó mediante un juego de toma de decisiones que los adultos mayores con un buen estado de ánimo "eligieron significativamente mejor que los que estaban en un estado de ánimo neutral", manifiestan los especialistas.

En cuanto al análisis memorístico, éste ofreció el mismo signo al presentar mejores resultados los adultos mayores inducidos a un buen estado de ánimo.

Esto es así porque ambos aspectos están relacionados, ya que la memoria de trabajo "es importante en la toma de decisiones", sostiene Peters.

Sin embargo, los investigadores reconocen que mantener un carácter positivo "no ayuda a estos adultos mayores en algunas medidas cognitivas, tales como la velocidad de procesamiento o de vocabulario".

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  • Nueva patología...

Yo me siento totalmente identificada.

No se si vosotros...

Me temo que muchos cuarentones, cincuentones y más, de entre nosotros, se reconocerán como yo.

Recientemente, me han diagnosticado D.A.D.E.: Déficit de Atención Debida a la Edad.

Veamos cómo se manifiesta:

Decido lavar mi coche.

Cuando voy hacia el garaje, veo que hay correo en la mesa de la entrada.

Decido revisar el correo antes de lavar el coche.

Dejo las llaves del coche sobre la mesa, echo a la papelera que está debajo de la mesa todo el correo publicitario y veo que la papelera está llena.

Decido entonces dejar las facturas sobre la mesa y vaciar primero la papelera.

Pero, entonces pienso que como voy a pasar junto al buzón de correos, cuando saque a la basura la papelera, puedo primero preparar el pago de las facturas.

Preparo mi talonario sobre la mesa, pero veo que no me queda más que un cheque.

Mi otro talonario está en mi despacho.

Voy allí y encuentro sobre la mesa la lata de Coca que había empezado a beber.

Voy a buscar mi talonario, pero, antes de nada, es necesario que quite de ahí esta Coca, antes de que se caiga accidentalmente

Veo que está templada, por lo que decido meterla en la heladera para enfriarla.

Me dirijo a la cocina con la Coca.

El florero sobre la encimera me llama la atención: ¡Las flores necesitan agua!

Dejo la Coca en la encimera y encuentro mis gafas para leer (que buscaba desde esta mañana).

Pienso que es mejor llevarlas a mi despacho, pero antes voy a poner agua a las flores.

Dejo las gafas en la encimera, lleno una jarra con agua y, de repente, veo el mando a distancia de la TV.

Alguien lo ha dejado en la cocina.

Pienso que, esta noche, para ver la TV, lo voy a buscar por todos los sitios y no me acordaré que está en la cocina.

Decido entonces llevarlo al salón, que es su sitio, pero antes voy a añadir agua al florero.

Echo agua al florero pero vierto la mayor parte al suelo.

Entonces, pongo el mando en la mesa y voy a buscar un trapo para limpiar el estropicio.

A continuación vuelvo a la puerta, tratando de acordarme de qué quería hacer.

Al final del día:

- El coche no está lavado.

- Las facturas no están pagadas.

- Hay una Coca templada en la encimera de la cocina.

- Las flores no tienen agua suficiente.

- No tengo mi nuevo talonario.

- No encuentro el mando a distancia de la TV.

- No sé dónde están mis gafas.

- Y no consigo acordarme de qué he hecho con las llaves del coche.

Además, me doy cuenta de que hoy no he hecho nada y no comprendo nada, pues no he parado en todo el día y estoy completamente reventado.

Me doy cuenta que hay un serio problema y es necesario que alguien me ayude, pero, primero, voy a ocuparme de mis mails.

¿Me quieren hacer un favor?

Envia este mensaje a todos los que conozcas, pues yo ya no me acuerdo a quienes se lo he enviado.

No te rías.

Si todavía no es tu caso, lo será cualquier día.

La vejez es inevitable.

La madurez es una opción.

Reírse de uno es una terapia.

(Gracias Elvira !!!)

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  • De paisanos judíos...

1.

Terapia intensiva: El viejo Motl estaba agonizando, su larga vida llegaba al final.

El médico de guardia observaba como el anciano se dirigía a sus hijos, que lo acompañaban parados al lado de la cama.

-"¡Dvoire!, ¿estás ahí? Para ti, hijita, todas las casas del barrio más residencial de la ciudad, te lo mereces porque siempre has sido una buena hija."

-"¡Móishele!, querido hijo mayor... A ti te dejo todos los edificios del centro, gracias a tu esfuerzo, he podido crecer económicamente y viajar tres veces a Israel."

-"¡Iósele!, ¿está Iósele aquí? Para ti ínguele (chiquito) las casitas del barrio obrero."

-"¡Cuántas propiedades que tiene don Marcos!"- dice el médico.

-"Nooo", -responden los tres hijos, -"es que tenemos un reparto de soda a domicilio."

2.

Primer día de escuela Rebeca lleva a su hijo al bus escolar en su primer día de escuela primaria.

-"Pórtate bien, mi búbale." -le dice -"¡Ten cuidado y piensa en tu mami, tátele! (papito). Ven directo a casa en el bus, shein ínguele (lindo nenito). ¡Mami te quiere mucho, mi kétsele! (gatito)."

Al final del día, llega el bus y ella corre a abrazar a su tesorito.

-"Y ¿qué aprendió mi púpele en su primer día de clase?"

-"Que me llamo David."

3.

Estacionando:

Rivke, después de estacionar el coche, le pregunta al marido:

-"Yánkale, ¿quedé muy separada de la acera?"

Y el marido le contesta:

-"¿De cuál de las dos?"

4.

Dos voluntarios tocan a la puerta de una casa paisana.

Sale don Moishe y uno de ellos le dice:

-"¿Podrían donar algo para el asilo de ancianos de Burzaco?"

El tipo vuelve la cabeza y grita:

-"Shviguer (suegra) venga que se va a dar una vuelta y tráigase algo de ropa."

5.

Un hombre le dice a su rabino:

-"Rabi, creo que mi mujer me está envenenando con la comida. ¿Podría hablar con ella?"

Al día siguiente, el rabino lo llama y le dice secamente:

-"Estuve tres horas hablando con tu mujer y ¿quieres un consejo?: ¡Tomá el veneno!"

(Gracias Marisa !!!)

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  • Conquista...

Anoche conquisté a una señora madura en  una discoteca de primer nivel.

Tenía buen aspecto para una mujer de 57 años.

De hecho no estaba nada mal, era muy guapa, elegante, distinguida y sin querer, me encontré pensando que quizá tendría una hija preciosa de unos 30 años.

Tomamos unas copas más, nos hicimos algunas caricias fogosas y me preguntó si había tenido un 'Doble Deportivo'.

-"¿Qué es eso?", le pregunté.

-"Es un trío con madre e hija", me contestó.

Le dije:

-"¡NOOOO!", -(¡Muy excitado!)

Tomamos unas copas más y me dijo que esta era mi noche de suerte y fuimos para su departamento (pensé para mis adentros, 'se me hace realidad lo de la hija preciosa que imaginé', ese solo pensamiento me excitaba más).

Llegamos a su edificio, en un barrio muy elegante.

En el estacionamiento solo Mercedes Benz y BMW.

Subimos en un ascensor directo a su departamento, luego entramos (se me aceleró el ritmo cardiaco imaginando al monumento de hija que tendría), se quitó los zapatos y los tiró sobre la alfombra.

Encendió la luz del vestíbulo, admiré la decoración de la sala, era todo de muy buen gusto, la decoración, los muebles, la vista...

Empezó a desvestirse lentamente y luego gritó:

-"Mamá, ¿todavía estás despiertaaaaaa?"

(Gracias Alejandro !!!)

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  • Caza de citas...

- Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas. Jean Jacques Rousseau.

- Siempre es peor al día siguiente. Séneca.

- Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura. Friedrich Nietzsche.

- Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas. José Ortega y Gasset.

- Siempre que haya bobos habrá engañabobos. Manuel Toharia.

- Sin la mujer, la vida es pura prosa. Ruben Dario.

- Solamente puede ser artista quien tenga una religión propia y una visión original de lo infinito. Friederich Schlegel.

- Solamente puedes tener paz si tú la proporcionas. María Von Ebner.

- Sólo comprendemos las preguntas a las cuales podemos dar contestación. Friederich Nietzsche.

- Sólo cuando meditamos lo que nos cuestan nuestros hijos, empezamos a darnos cuenta de la deuda que tenemos contraída con mis padres. Anónimo.

- Sólo es realidad el mundo comprendido como tal. Karl Marx.

- Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera. Albert Einstein.

- Sólo hay un amor hasta la muerte: el último. Jacinto Miquelarena.

- Sólo hay un principio motriz: el deseo. Aristóteles.

- Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto. Preguntárselo. Y si responde 'si', sabes que esta corrupto. Groucho Marx.

- Sólo la virginidad y las creencias religiosas no son materias asegurables. Máxima de Lloyd's.

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  • Variaditos...

1.

Un borracho sube a un autobús, y al sentarse se da cuenta que está al costado de un testigo de Jehová; que le dice:

-"¡Está yendo derechito al infierno!"

Y el borracho responde:

-"¡Maldición, otra vez me equivoqué de ómnibus!"

2.

Se encuentran tres programadores en un baño.

Uno era de Microsoft, otro de Intel y el otro de Linux.

Cuando terminan de usar el servicio:

El de Microsoft va al lavadero y se lava las manos a conciencia, abundante agua, jabón y se seca con muchas toallas.

Y dice:

-"Los de Microsoft todo lo que hacemos lo hacemos bien."

Luego pasa el programador de Intel y también se lava bien, pero usando poca agua y jabón y solo se seca con un pedacito de la toalla."

Termina y dice:

-"Los de intel no solo lo hacemos bien, sino que optimizamos todo al máximo."

A lo que el ingeniero de Linux, pasa al lado de los dos y con total desparpajo dice:

-"Los de linux no nos meamos en las manos..."

3.

Un tipo le dice a su abogado:

-"Quiero divorciarme. Mi esposa no me ha hablado en seis meses."

El abogado le responde:

-"¿Está usted seguro? ¡Esposas así no se consiguen fácilmente!"

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  • Jamás pensé que me iba a pasar lo que me pasó... (Por Javier Nicolás Santiago)

Yo sabía de tu presencia y de tus cuidados, muy prolijos por cierto.

Cuando llego, estás y cuando me voy, sigues ahí.

Pero la verdad, nunca pensé que me podía haber pasado esto con vos.

Era una situación difícil y avergonzante por momentos.

Yo me hacia el canchero, sacaba pecho cuando pasaba por tu lado, jugaba con el agua y me hacia el deportista en la arena.

Creo que en algún momento logré tu atención, pero por unos instantes, fue ahí que me di cuenta que no solo te gustaba yo, sino a varios que mirabas con demasiado entusiasmo.

En ningún momento pensé que podía pasar lo que pasó.

Cuando no solo me mirabas a mí, sino a todos los que se te cruzaban, intensifique mis piruetas, para que solo me miraras y te olvidaras de ellos.

Fue una difícil prueba la mía, y valla que si la fue.

En ningún momento pensé que podía pasar lo que pasó.

Tan solo quería robarte un beso, no era mucho pedir, pero claro, como poder hacerlo con tantos a tu alrededor...

Dije en un momento, la beso aunque esto me cueste la vida, y fue así, o bueno, casi.

En ningún momento pensé que podía pasar lo que pasó.

Recuerdo que fui al mar, saltando como un deportista y nadando como tal, en un momento miro para la costa, estaba re lejos, me agarró escalofrío, levanté los brazos para advertirte de mi situación y vos nada, creías que estaba jugando, yo desesperado y vos nada, nada, nadá hasta acá te grité.

Creo que me desmayé porque me despierto en la orilla, con un montón de gente a mi alrededor y con vos dándome ese beso profesional que no me gustó, me bastó para darme cuenta que lo hacías por dinero.

Entonces me dije: Mejor me voy a la playa de al lado que hay una bañera que está más fuerte que vos.

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  • Lo que el ojo ve... (Por Juan José Millás)

No sé si ustedes están siguiéndole la pista al asunto este de la materia oscura, pero les aseguro que resulta apasionante.

La situación es más o menos la siguiente: parece ser que el 90% de la materia de la que se compone el universo es invisible, de ahí la denominación de oscura que le dan los científicos.

Pues bien, ahora mismo acaban de descubrir que unas partículas elementales llamadas neutrinos podrían ser el constitutivo primordial de esa materia.

Los neutrinos no se ven, no se tocan, no se huelen, carecen de carga eléctrica y viajan a la velocidad de la luz; además de eso, atraviesan los cuerpos sin romperlos ni mancharlos.

Sin embargo, los científicos empiezan a sospechar que tienen masa.

Parece una contradicción insostenible que algo que se define por su ausencia de materia, al menos desde el concepto de materia que anida en el imaginario colectivo, tenga masa, pero es así, o está a punto de ser así, o está a punto de ser así, qué le vamos a hacer.

O sea, que usted y yo estamos sutilmente unidos por una materia oscura de la que formamos parte: de hecho, nos traspasa, es decir que navegamos en ella como pedazos de jamón en la masa de las croquetas; esa materia es la que proporciona densidad al cosmos, aunque, al contrario de la bechamel, no se percibe con los sentidos.

Dicho de otro modo, los cuerpos, sean celestes o animales, no son más que los grumos de una totalidad inabarcable.

A mí no me sorprende nada este descubrimiento, la verdad.

Siempre he sospechado que en la vida de un hombre tiene más importancia lo que no se ve: fíjense en la conciencia, que no ocupa, en apariencia, ningún lugar dentro del cuerpo y sin embargo es capaz de llevarte a la locura.

Lo que me extraña es que llamen materia oscura al componente más luminoso de la creación.

O sea, que para oscuros nosotros, y los montes, y los astros, y los satélites.

Lo oscuro es precisamente lo que vemos: los ángeles son transparentes, eso dicen, y sin embargo están llenos de luz.

El ojo sólo percibe oscuridad.

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  • La casa del largo pasillo... (Por Abelardo Castillo)

Quién sabe, acaso fue porque hacía tantos años que Timoteo era ascensorista de la Torre y a fuerza de vivir subiendo y bajando acabó por no concebir más que dos direcciones posibles –hacia arriba y hacia abajo–, o, acaso, porque era la primera vez que la veía; el hecho es que aquella noche, al pasar frente a la casa del largo pasillo, Timoteo tuvo miedo.

No era exactamente miedo.

Lo desconcertó que la casa estuviera tan cerca de su propia casa: sobre la calle Tarija, a unos veinte metros de la esquina de Boedo.

Le llamó la atención no haber reparado antes en ella.

A partir de esa noche volvió a mirarla furtivamente todas las noches.

Frente a la puerta cancel sólo se concedía un vistazo rápido y oblicuo, casi culpable, pero aunque su mirada duraba el tiempo que se tarda en dar un paso, aquel pasillo, siempre solitario (iluminado en alguna parte por una agónica lamparita), le causaba una especie de vértigo.

Un vacío en la cabeza, idéntico, sin duda, al que debe experimentar los que temen la altura.

Una noche, con estupor, comprendió lo que pasaba.

Al día siguiente, en la Torre, se lo dijo a los otros ascensoristas.

Lo dijo en voz muy baja.

–Hay otra dirección –dijo, y atemorizado de inmediato por el impreciso alcance de su descubrimiento, murmuró en secreto: –Hacia el costado.

Los otros ascensoristas se rieron de él y, doblados en dos, dándose grandes palmadas en los muslos, le preguntaron si estaría loco.

Timoteo ya nunca más mencionó el asunto.

Le cambió la cara, eso sí, o el color de los ojos, al menos si las muchachas se fijaran en ascensoristas como Timoteo, alguna habría dicho que se trataba del color de los ojos.

En realidad, era el modo de mirar.

Miraba como desde lejos, como si los objetos fueran transparentes.

Era tímido; se volvió reconcentrado y silencioso.

Pero a veces lo sacudía una risita que desentonaba un poco con la severidad de su ascensor, y con el tiempo fue perdiendo la exactitud y la eficacia que lo habían caracterizado siempre.

No era difícil adivinar en qué pensaba cuando, como los jóvenes ascensoristas chapuceros, no acertaba con la palanca de mando o se detenía entre dos pisos, o, sacudido por su risita, pasaba a toda velocidad piloteando su jaulón ante las puertas abarrotadas de gente.

–Pobre Timoteo, envejece –murmuraban los ascensoristas, y hacían circuitos con el dedo, junto a la sien.

Ya se sabe cómo son estas cosas. Las autoridades acabaron por enterarse, lo mandaron llamar, le confesaron que su comportamiento actual era desconcertante, por no decir anárquico, se miraron entre sí moviendo las cabezas con aprobación.

Y cuando Timoteo, girando los ojos (tan claros, de golpe) hacia los rincones del despacho como quien teme ser oído por gente que habitara en los zócalos, pero con voz inesperadamente alta, habló de la casa de la calle Tarija, las autoridades volvieron a mirarse.

Y Timoteo, incrédulo, escuchó que había sido transferido a uno de los prescindibles ascensores nocturnos.

Y sabe dios a qué sórdido montacargas habría ido a dar de no haberse detenido por fin, una noche, ante el umbral de la casa del largo pasillo.

Ahora, al salir de su propia casa, veía el corredor con el ángulo del otro ojo.

Comprobó que el vértigo era el mismo.

Esa noche se detuvo y lo miró de frente, por un momento temió irse de cabeza hacia el fondo, chupado por el corredor; por un momento estuvo a punto de cerrar los ojos y estropearlo todo.

Pero ahí se quedó; después dio un paso.

El corazón le latía como si fuera un pájaro.

Porque Timoteo no sólo se detuvo sino que, sin reflexionar en las derivaciones que podría tener su conducta, sin importarle la confusión que reinaría esa noche en la Torre aunque su ascensor actual fuera uno de los menos importantes (pues ya se sabe que la ausencia o aun la distracción del operario más oscuro puede acarrear catástrofes irreparables a toda la administración, por no decir a los dueños del edificio o, quizá, a la ciudad entera), sin importarle ninguna de las grandes ideas sobre responsabilidad, disciplina, lealtad, que un día lo llevaran a manipular los más honrosos ascensores, Timoteo, irrevocablemente, se internó en el largo pasillo.

Caminó.

Luchando contra el vértigo y el miedo, Timoteo caminó y caminó, nadie podría decir cuánto tiempo, hasta llegar al sitio donde brillaba la lamparita cenicienta (el pasillo, por supuesto, seguía mucho más allá; Timoteo no pudo dejar de pensar que, de recorrerlo íntegro, acabaría saliendo a la misma calle Tarija por la cual había entrado, sólo que saldría en la vereda opuesta).

Debajo de la lamparita había una puerta.

Estaba pintada con el mismo color de las paredes y era indudable que no había sido construida para ser vista.

La paradoja de que apareciera casi denunciada por una vaga luz y, al mismo tiempo, disimulada con astucia en la pared, bastaba para demostrarlo.

O, al menos, para demostrar que sólo la ingenuidad o el azar podían conducir hasta ella.

Pero el ascensorista Timoteo no era un individuo deductivo, ni siquiera cauto.

Simplemente llegó hasta la puerta y, como se sabía demasiado comprometido para echarse atrás, la empujó, suavemente.

Entonces vio al hombre corpulento.

Lo vio ahí, recostado en una otomana.

Con oscura belleza de tormenta, le anochecía la cara una barba orgullosa, negrísima.

Iba vestido de un modo que a Timoteo le pareció familiar, no supo por qué.

Llevaba puesto un turbante colorado sangre, en el que se incrustaba, a manera de broche, una gran piedra lunar.

Largamente el pelo le caía sobre los hombros.

Timoteo vio que la parte superior de sus botas se volcaba en campana sobre la caña, vio a los pies del hombre una piel de tigre, vio sus amplias babuchas de seda oscura.

Entre los pesados pliegues de su capa entreabierta, junto a la cadera izquierda, lo deslumbró la empuñadura de una cimitarra.

Timoteo pensó que aquel caballero era realmente hermoso.

Y entonces recordó a Sandokán, el príncipe malayo, capitán remoto de piraterías anteriores, muy anteriores a las altas edificaciones y sus jaulas.

El hombre se puso de pie, ceremoniosamente, y preguntó:

–¿Cómo llegaste hasta esta puerta? ¿Cuál es tu nombre?

–Sólo puedo contestarle la segunda pregunta –respondió, cohibido, Timoteo–. Soy Timoteo, el ascensorista. ¿Y usted?

En la voz del hombre, la palabra cobró la sonoridad de un órgano en un templo cuando dijo:

–Sandokán.

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