Fin de semana: Viernes 31 de Octubre a Domingo 2 de Noviembre de 2.025
Hooolaaa samigooosss !!!
En esta edición tenemos un artículo sobre el buen humor y su efecto en la salud, humor llegado desde las redes sociales, chistes surtidos, cosas de matrimonios, más sutilezas y unos textos humorísticos muy interesantes y divertidos.. Esperamos que sean del agrado de todos, que se diviertan y que pasen todos una muy linda semana.
Esteban Nicolini
El humor es algo serio...
Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.
Por qué el buen humor es un aliado muy efectivo de la salud (Por Norberto Abdala)
El neurocientífico portugués Antonio Damasio –ganador del premio Príncipe de Asturias de Investigación del 2005– afirmó que las “emociones negativas (tristeza, rencor, etc.)” nos hacen más vulnerables a las enfermedades.
Por el contrario, las “emociones positivas (alegría, serenidad)” no sólo las evitan, sino que aceleran su curación.
Aunque la relación entre el carácter taciturno y la enfermedad física ya la tenía clara hace muchísimo tiempo Galeno, al constatar que las mujeres con un temperamento melancólico tenían más probabilidades de padecer cáncer que las que eran risueñas.
La ciencia conoce hoy que el buen humor ejerce un efecto positivo sobre el organismo: reduce el estrés, disminuye el nivel de cortisol, relaja la tensión muscular, baja la presión arterial, modera el dolor y estimula el sistema inmunitario.
Como ejemplo de esto último, se comprobó que las madres alegres segregan mucha más inmunoglobulina A, lo cual no sólo las “vacuna” contra resfríos y gripes sino que transmiten este escudo a sus bebés por medio de la leche materna.
Para algunos la comicidad se expresa mediante la risa, y el humor mediante la sonrisa.
El buen humor ejerce efectos sutiles sobre los vínculos personales, rompe el hielo de un encuentro, facilita el acercamiento, genera actitudes propicias y atenúa la hostilidad y la agresividad.
Además “desalmidona” a las personas, creando ligaduras y facilitando la amistad.
En investigaciones cerebrales con tecnología de imágenes se descubrió que tan pronto como uno escucha o cuenta un chiste, invade una sensación de bienestar que proviene, por un lado, de la activación del núcleo accumbes, un importante centro del cerebro emocional.
Y, por otro, por la liberación de endorfinas, las hormonas de la felicidad, que además fortalecen el sistema inmune y torna al organismo más resistente a desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión, trastornos cardiovasculares o diabetes.
El humor juega un rol clave en el desarrollo mental, en la inteligencia abstracta y en la formación de una estructura psicológica futura más sólida.
¿Cuándo aparece?
En los lactantes surgen en la medida que las personas que los rodean les sonríen y se sonríen con ellos.
En un principio, lo hacen como respuesta a la sonrisa materna.
En un sentido más preciso, el humor aparece alrededor de los dos años de vida, cuando el niño comprende que algo inesperado ha sucedido.
El pequeño puede reírse si ve a su papá haciendo morisquetas.
Este hecho, que se llama captación de las incongruencias físicas, caracteriza al humor y es lo que explica porqué, por ejemplo, son graciosas las caricaturas.
El humor verbal aparece a los tres años, cuando el niño juega con las palabras que inventa o repite, lo cual puede causarle risa.
Para su desarrollo se requiere un ambiente familiar amigable ya que, en caso contrario, el temor puede apoderarse de él y en vez de la risa aparecerá el llanto.
Sin duda, el humor juega un rol clave en el desarrollo mental, en la inteligencia abstracta y en la formación de una estructura psicológica futura más sólida.
Esta capacidad natural hacia el buen humor de la especie humana permite que la vida no sólo sea soportable a pesar de los problemas, sino que la hace saludable, placentera y apetecible.
Humor desde las redes sociales...
1.
-”A medida que envejezco recuerdo a toda la gente que he perdido en el camino.”
-”¿Y en qué piensas?”
-”En qué quizá la carrera de guía turístico no fue la elección correcta...”
2.
Ella abrió las piernas y él con dulzura se las cerró y le abrió el corazón.
Naaa, mentira, la sacudió como bolsa con tierra...
(Gracias Gustavo !!!)
3.
Si buscas a un hombre que te sepa escuchar, que haga lo que digas y además te lleve a donde quieras...
¡Súbete a un taxi!
4.
-”Buenas tardes, ¿hablo con el club de las menopáusicas?”
-”Si.”
-”¿Qué se necesita para ser socia?”
-”Nada, no tenemos reglas...”
5.
Cuide a su amor.
¿Su esposo engordó?
¿Está feo?
¿Está viejo?
¿Sin gracia?
Aliéntelo a que camine 5 km por la mañana y 5 km a la tarde.
¡En un mes ya estará a 300 km de distancia!
6.
Un hombre se acerca a una hermosa muchacha y le dice, sugerente:
-”¿Cuál es la probabilidad de acostarme contigo?
La chica dice:
-”Cero por ciento.”
-”¿Y si te digo que ese ferrari de ahí es mío?”
-”¡Ciento por ciento!”
-”Tenían razón en el concesionario: de cero a 100 en 2 segundos...”
7.
Un canibal pidió un delivery.
Y ahora no sabe que hacer con la moto...
(Gracias Iche !!!)
8.
La vida sólo tiene dos libros importantes:
La Biblia, que dice que nos amemos unos a otros.
El Kamasutra, que explica cómo.
(Gracias Rodolfo !!!)
Variedades...
1.
Llega un tipo a la estación de tren al mismo tiempo que una mujer.
No se conocían, y quedaba solamente un camarote en el tren.
Y entonces el encargado les dice:
-”Pues hay 2 camas, si quieren pueden compartirlo por mitad del pasaje.”
Se ven los 2 a la cara y dicen:
-”Okey.”
Pagan la mitad de los 2 pasajes y suben al tren.
Llega la noche, él se acuesta en la cama de abajo, ella en la de arriba.
A mitad de la noche, un frío que pela.
El tipo entonces le hace a ella que está en la cama de arriba:
-”¡Psssttt!, ¡Psssttt!”
La tipa abre un ojo y ve hacia abajo y dice:
-”¿Qué pasa?”
-”¿Me haces un gran favor? Es que me estoy congelando. ¿Puedes abrir el armario que está ahí arriba y me alcanzas el cobertor o la manta, o lo que haya?”
Y la mujer le dice:
-”Te propongo algo mejor. ¿Por qué no hacemos como si fuéramos marido y mujer sólo por esta noche?”
El tipo entusiasmado, dice:
-”¡Por mí, encantado!”
-”¡Pues levántate y agárrala tú, idiota!”
2.
Una señora va con un bebé recién nacido a la consulta del pediatra.
Y entonces el pediatra toma al niño, lo pesa, lo mide, lo vuelve a pesar y le dice a la mujer:
-”Señora, tengo que decirle una cosa. No es muy grave, pero el niño está un poquito bajo de peso. ¿Me podría decir cómo lo alimentan, si con biberón o con leche materna?”
Y dice la mujer:
-”Con leche materna.”
-”Bueno, pues entonces descúbrase el pecho que tengo que inspeccionarlo.”
La señora se desabrocha y deja los pechos al aire.
El médico palpa uno, palpa el otro, palpa los 2, los aprieta, lo que es una inspección de pecho normal y dice:
-”Bueno, ya puede vestirse. No me extraña que el niño esté un poquito bajito de peso porque usted no tiene leche.”
Y dice la señora:
-”No, no, si ya lo sé. Si yo soy la abuela... ¡Pero estoy tan contenta de haber venido!”
(Gracias Susana !!!)
Matrimonios y algo más...
1.
El matrimonio de ancianos conversa, y el marido le dice a la esposa:
-”Cuando me muera, quiero que me entierren con mi anillo de boda.”
-”¡Qué tierno mi pepe!”
-”Quiero que Dios sepa que ya ha estado en el infierno.”
2.
La mujer casada es más gordita que la soltera y eso ocurre por una razón:
La soltera cuando llega a la casa mira lo que hay en el refrigerador y se va a la cama.
Y en cambio, la casada, llega a la casa mira lo que hay en la cama y se va al refrigerador.
3.
-”¿Qué fue de la chica que conociste?”
-”La dejé. Teníamos muchas cosas en común.”
-”Pero eso es bueno...”
-”No si mea de pie...”
4.
Un amigo mío se compró el libro. “Cómo dominar alas mujeres.”
Pero la mujer no se lo deja leer.
(Gracias Iche !!!)
Sutilezas...
1.
Don Algón, salaz ejecutivo, invitó a Susiflor, linda muchacha, a pasar “un agradable rato” en su departamento.
Ella se molestó bastante al oír esa proposición.
Le dijo al libidinoso carcamal:
-”¿Usted cree que con su dinero puede comprar mi honor?”
Replicó don Algón:
-”En ningún momento dije que te iba a pagar...”
2.
El ancianito le dijo a su esposa, vejuca como él:
-”¿Recuerdas, viejita, que al día siguiente de que nos casamos me dijiste que yo tenía muchos defectos, pero que tarde o temprano me ibas a cambiar?”
Contestó ella:
-”Sí, lo recuerdo...”
Y dice el viejito:
-”Pues creo que llegó el momento de que me cambies; me acabo de hacer pipí en los pantalones.”
3.
Mister Al Kanfor cumplió 90 años, y su hijo lo internó en una casa de reposo para ancianos llamada “La antesala del Edén”.
El primer día de la estancia ahí de mister Al una enfermera advirtió que el recién llegado se inclinaba en su silla en tal manera que podía caer.
Acudió prontamente y lo enderezó.
Poco después, sentado en una banca del jardín, el señor volvió a irse de lado.
Un guardia advirtió aquello y se apresuró a enderezarlo nuevamente para que no cayera.
Lo mismo sucedió esa noche; después de cenar, en el cuarto donde los ancianos solían ver la tele, el valetudinario caballero volvió a inclinarse en el sillón, y la encargada de la sala corrió a ponerlo otra vez derecho.
Al día siguiente el hijo de mister Al Kanfor fue a visitarlo, y le preguntó qué le parecía su nueva casa.
-”No está mal”, -respondió el anciano genitor, -”Las instalaciones son muy cómodas; la comida es buena. Lo único malo es que no dejan que te tires un pedo.”
4.
Libidiano, varón rijoso y lúbrico, fue invitado a un baile.
Tal ejercicio era una pérdida de tiempo para él, de modo que andaba incómodo, sin encontrar su sitio.
Advirtió eso una de las organizadoras de la fiesta, y fue hacia Libidiano.
-”¿Bailamos?”, -le dijo con sonrisa amable.
-”No sé bailar”, -contesta el tipo.
-”Eso no importa”, -replicó la chica, -”Vamos a bailar.”
Salieron a la pista, en efecto.
A las primeras de cambio Libidiano deslizó su mano hasta posarla en uno de los bien redondeados hemisferios que le servían a la chica para sentarse.
-”¡Oiga usted!”, -protestó con enojo la muchacha, -”¡No ponga ahí la mano!”
Replicó, cachazudo, Libidiano:
-”¿Lo ves? Te dije que no sabía bailar...”
5.
Dos vagabundos llegaron a una casa y le pidieron a la señora algo de comer.
Les dijo ella:
-”¿Ven esa alfombra que está colgada ahí? Sacúdanle el polvo con estos bates de beisbol. Cuando terminen les daré una buena comida, un trozo de pay de manzana y un café.”
Los hombres se pusieron a trabajar.
Poco después la señora se asomó por la ventana y vio que uno de ellos estaba haciendo piruetas en el aire, pegaba grandes saltos y se doblaba hacia adelante y hacia atrás.
-”¡Caramba!”, -le dijo con asombro al otro vagabundo, -”No sabía que su amigo fuera acróbata y contorsionista...”
Respondió el individuo:
-”Yo tampoco lo sabía hasta que sin querer le pegué en los 'éstos' con el bate...”
Anselmo... (Por Cayo Sevilla)
Anselmo es mi amigo, mi amigo desde hace más de treinta y cinco años, pero eso no me hace ser especial porque el que es especial realmente es mi amigo Anselmo.
Durante todos estos años, y adelanto que no es esto lo que le hace especial, ha pasado por un montón de denominaciones según las épocas, las modas y la mayor o menor mala leche de las personas que se dirigían a él o hablaban de él.
Ha sido ciego, cieguito, invidente, cegato, Rompetechos (¡ay, aquel personaje de Ibáñez!) hasta que ha conseguido ser nada más y nada menos que una normal persona ciega
Lo que le hace ser especial a Anselmo es la filosofía vital que ha desarrollado, la filosofía de la vida, de la sonrisa que ponía y pone de manifiesto siempre.
Cuando le conocí estaba en uno de los pasillos, cerca de las escaleras mecánicas, del transbordo de la estación de metro Alonso Martínez en Madrid.
Siempre en el mismo sitio, siempre de pie, siempre con sus gafas oscuras y su bastón blanco como acompañantes, siempre con una sonrisa mientras repetía como un mantra su canto:
-”Y aunque parezca mentira, no he vendido ni una puta tira.”
Cantaba lo mismo a las diez de la mañana que a las cinco de la tarde por lo que o era un poco mentiroso o no le iba bien el negocio.
Hay que recordar que casi cuarenta años atrás no se vendían los cupones de la ONCE tal como los conocemos ahora sino en tiras y, además, desgraciadamente, ni la organización ni los premios eran lo que son hoy en día.
Ese fue el comienzo de mi relación con él, las primeras palabras que le dirigí.
-”No es posible que nunca venda nada...”, -le inquirí y a partir de ahí cada día que hablaba con él eran perlas las que salían por su boca.
Gran conversador, bienhumorado, socarrón, así era Anselmo, pero también tenía sus dudas en esta vida.
Estar en la calle o en el kiosco vendiendo cupones da para mucho pensar.
Según me iba cogiendo confianza me las iba contando.
La primera confidencia que me hizo es que se estaba planteando cambiar de trabajo, mejor dicho, cambiar de zona de trabajo.
Yo le dije que es posible que estuviera mejor en las estaciones de Goya o Serrano, ya se sabe el barrio de Salamanca.
Pero no, no era eso lo que me decía.
Su intención era ir a Granada porque había oído los versos del poeta De Icaza escritos en el Jardín de los Adarves en La Alhambra y pensaba que vender cupones allí con el marketing del poema sobre su cabeza iba a ser como vender pan caliente.
No le funcionó a Anselmo, pero volvió encantado con su foto y contando maravillas de la ciudad.
Dudaba, a veces, de la honestidad de las personas, de los que le decían palabras de falsa sensibilidad, de los que le compraban por caridad mal entendida disimulando su afán real de ganar unos euros, cuantos más, mejor.
Llegaba incluso a dudar de que la gente fuera buena, pero siempre se desdecía a pesar de que la vida le había dado motivos para pensarlo en ocasiones.
¿Y cuál era su mayor duda?
¿Qué le acongojaba realmente y le quitaba su paz?
¿Cuál era el motivo principal de su inquietud?
No sabía si quería un perro guía o no.
Le desazonaba no poder tomar una decisión al respecto.
Por un lado, le habían dicho que los perros son animales muy inteligentes, es más, todos los propietarios de mascotas caninas le decían que su perro era el y lo más listo del mundo, que se enteraba de todo, que le entendía con la mirada.
Eso debe ser cierto porque si vas por un parque escuchas voces diciendo: ”no te alejes” o “toma un poquito más de agua” o “vas a tu bola” o “te vas a enterar cuando lleguemos a casa”, y no se lo dicen a niños pequeños, no, se lo dicen a sus mascotas y dan por hecho, supongo, que les entienden.
Entonces me fijo en los perros; si es un caniche o un border collie, razas más privilegiadas intelectualmente según estudios, creo que están entendiendo.
Ahora bien, cuando se trata de un bulldog o un lebrel afgano...
Anselmo pensaba “me dará seguridad”, “me hará compañía”, “no nos fallaremos” y eso le hacía decidirse hacia el sí.
Tenía la decisión casi tomada del todo, iba a tener un perro lazarillo, lo había decidido, sí, adelante, adelante...
Pero esa noche leyó y pensó y por la mañana imaginó y por la tarde decidió que no iba a tener perro.
Cuando me lo contó me di cuenta de que en el fondo había renunciado a su perro por altruismo, por compromiso social, por solidaridad de clase con los suyos.
Su razonamiento era meridiano.
-”A ver, Cayo, tú que eres una persona leída, ¿te acuerdas de cómo termina la novela de ese coronel que no tenía quien le escribiera?”
-”Me acuerdo Anselmo, me acuerdo. Pocos autores podrían terminar con esa dignidad un libro cuya última palabra fuera 'Mierda', sólo eso merecía ya el Nobel.”
-”Pues mira, que después de eso, que estaba yo pensando que no voy a poder recoger lo que cague mi perro a no ser que me ponga a tantear el terreno y hasta ahí no pienso llegar.”
-”Seguro que alguien te ayudaría, ¿no?”
-”Muchos no recogen los excrementos de sus propios perros como para pedir que recojan los del mío. Además, si es un pastor alemán su deshecho sería grande, luminoso, blando pero compacto, o sea, un asco para el que no sea su propietario.”
-”Pues Anselmo, si un día se queda sin recoger, tampoco pasa nada. Estoy seguro de que lo sentirás mucho y seguro que las personas, que son muy comprensivas, tendrán cuidado en no pisar lo que no deben.”
Y allí fue cuando levantó su mirada, sí, su mirada, porque en ese momento me miró, inspiró profundamente, pensó mucho sus palabras y con gran pesar por lo que podría ocurrir por su irresponsabilidad me confesó:
-”¿Y si la pisa un ciego como yo? ¿Hacerle esa putada en la punta de su zapato o de su bastón? No tengo conciencia para ello, prefiero no tener perro. Porque, ¿sabes una cosa? No es una pena ser ciego, la pena real es tener que pisar alguna mierda de vez en cuando....”
Anselmo es grande, Anselmo es especial.