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Viernes 9 de Febrero

 

                  Fin de semana: Viernes 9 a Domingo 11 de Febrero de 2.024

Hooolaaa samigooosss !!!

Esta semana tenemos un artículo sobre como relativizar lo que nos pasa para intentar ser más felices, chistes llegados desde las redes sociales, humor surtido, más sutilezas y unos textos de humor muy originales y divertidos. Esperamos que los disfruten y que tengan todos una muy buena semana.

                                                         Esteban Nicolini


  • El humor es algo serio...

Artículos y ensayos sobre el humor y las cosas que nos dan alegría.

Aprende a relativizar para ser más feliz (Por Elena Sanz)

¿Recuerdas el rasgo físico que te acomplejaba durante tu adolescencia y que hoy parece totalmente irrelevante?

¿Recuerdas aquel suceso que, en el momento parecía, catastrófico y actualmente es solo un vago recuerdo sin importancia?

Con frecuencia, necesitamos que el paso del tiempo suavice la intensidad emocional de los acontecimientos.

Pero, ¿cuánto sufrimiento nos ahorraría saber hacerlo en el presente?

Aprende a relativizar y serás mucho más feliz.

Esta es una realidad que habrás experimentado por ti mismo en numerosas ocasiones.

Quienes padecen o han padecido una enfermedad grave han comprendido, a las malas, que mucho de lo que nos preocupa es realmente insignificante.

Y es que una discusión con la pareja, un error en el trabajo o una travesura de nuestros hijos son asuntos que palidecen ante un impacto de tal magnitud.

¿Por qué esperar a que un revés de la vida nos muestre lo verdaderamente valioso?

¿Por qué no aprender a gestionar esa mente que hace montañas de granos de arena?

Relativizar es quitar la atención de esa piedra en el camino y levantar la mirada hacia el majestuoso paisaje que la rodea.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto y cómo podemos lograrlo?

¿Por qué te cuesta relativizar?

El cerebro está diseñado para garantizar tu supervivencia, no para hacerte feliz.

Por lo mismo, te resulta mucho más sencillo identificar dificultades y contratiempos que detectar oportunidades y bendiciones.

Los seres humanos tenemos inclinación natural a enfocarnos en lo que va mal y dar por sentado lo que va bien.

Basta con comprobar que solo una de las cuatro emociones básicas está relacionada con afectos positivos.

Así, cuando nuestro incesante radar detecta un contratiempo, enfoca toda nuestra energía mental en esa dirección.

Una mancha en la ropa o en el mantel, un comentario desafortunado de nuestra pareja o ese amigo que nos cancela un plan son suficientes para mantenernos todo el día de mal humor.

¿Cómo podemos contrarrestar esta tendencia?

Aprende a relativizar para ser más feliz

Seguramente tú ya eres consciente de que esto sucede y te gustaría evitarlo.

Sin embargo, es complejo modificar la forma en la que llevamos pensando, reaccionando y actuando durante años.

A continuación, te presentamos algunas claves que pueden ayudarte a lograrlo.

Método 10-10-10

Esta técnica fue ideada por Suzy Welch, una periodista económica, para facilitar la toma de decisiones difíciles.

No obstante, puede sernos también de ayuda para aprender a relativizar.

Así, ante cualquier acontecimiento que te perturbe, pregúntate: ¿cómo me afectará esto en 10 minutos?

¿Y en 10 meses?

¿Y en 10 años?

Este sencillo ejercicio nos aporta una interesante perspectiva y nos ayuda a contemplar la importancia real de un suceso.

Que tu hijo deje caer un vaso y se rompa apenas tendrá importancia en 10 minutos, y mucho menos más adelante.

¿Vale la pena enfadarse, gritarle o iniciar un conflicto por esto?

Si olvidas entregar un proyecto a tiempo en el trabajo puedes tener consecuencias negativas.

Pero, ¿qué relevancia tendrá esto en 10 años?

¿Hasta qué punto es necesario, entonces, que te tortures por este error?

Ocúpate en lugar de preocuparte

Es cierto que la mente tiene una cierta predilección por los problemas, pero con el fin de resolverlos.

Muchas veces somos nosotros los que magnificamos la importancia de un suceso al pensar demasiado antes de decidirnos a pasar a la acción.

¿Puedes ponerle remedio a lo ocurrido?

Entonces, hazlo: cámbiate la camisa manchada, recoge el vaso roto del suelo o dialoga con tu pareja para hacer las paces.

¿No puedes hacer nada?

Entonces, ¿para qué preocuparte si no está en tus manos?

Siente, sí, pero gestiona esos sentimientos; no te quedes atrapado en ellos.

Aprende a relativizar aplicando psicología positiva

La psicología positiva se ocupa de fomentar y potenciar las fortalezas del ser humano que le acercan a la felicidad y la autorrealización.

Y muchas de estas cualidades son grandes aliadas para aprender a relativizar: la gratitud, el perdón o el optimismo nos colocan en un estado mental sosegado y apacible.

Son excelentes herramientas para comenzar a enfocarnos en lo positivo y abordar las dificultades con templanza y resiliencia.

Practícalas cada día y notarás los cambios.

Decide ser feliz

Nuestra felicidad es, al fin y al cabo, el resultado de las decisiones que tomamos cada día.

Ante cada circunstancia podemos escoger cómo interpretarla, qué pensar al respecto y, por tanto, cómo sentirnos.

Los eventos tienen la importancia que tú quieras otorgarles, cambia tu escala de medida y tu vida cambiará.

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  • Humor desde las redes sociales...

1.

En un control policial el agente detiene a un conductor y le dice:

-”Sople acá...”

-”Pero señor, eso es una empanada...”

-”Lo sé, es que está caliente...”

(Gracias Jorge !!!)

2.

Por la crisis que vivimos, más de uno va a pasar el día de los enamorados con su esposa...

(Gracias Marcos !!!)

3.

-”Quisiera encontrar el porque de mis tantos fracasos... El porque de mi cadena de fallos. Busco una frase que sintetice la respuesta. ¿Me ayudas?”

-”Si. Sos un pelotudo...”

4.

Acabo de leer tu horoscopo para 2024:

Salud: Los astros te sonríen.

Dinero: Los astros te sonríen.

Sexo: Los astros se cagan de la risa...

5.

Dos sacerdotes caminan y conversan:

-”Padre Damián, con todos los últimos cambios de la Santa Iglesia, ¿Usted cree que llegaremos a ver a los curas casados?”

-”Nosotros no, pero nuestros hijos si...”

(Gracias Iche !!!)

6.

No hacia falta ir a Jerusalén a ver el Muro de los Lamentos...

Con ir al supermercado alcanzaba...

(Gracias Gladys !!!)


  • Como saber que ya eres un adulto...

Para saber si ya estamos en edad adulta, basta con tener algunas de estas condiciones:

-Tienes una bolsa llena de cables.

-Tienes una bolsa de regalo, llena de bolsas de regalos...

-Tienes una bolsa de plástico, llena de bolsas de plástico...

-Tienes bolsas debajo de los ojos.

(Gracias Claudia !!!)

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  • Teorema explicado...

Pitágoras no paraba mucho en su casa, y Enusa, su esposa, aprovechaba tal situación para copular con 4 campesinos analfabetos que cuidaban sus
tierras.

Un día que Pitágoras volvió temprano a casa, los sorprendió, y matando a los cinco de un sólo viaje, decidió enterrarlos en el jardín.

En consideración a su esposa dividió el terreno por la mitad y en un lado la enterró a ella.
El otro lado lo dividió en cuatro partes y enterró a cada uno, en un cuadrado igual; de esa forma los cuatro ocuparon un espacio idéntico al que ocupaba la esposa.

Luego subió a la montaña para meditar y, mirando desde la cima pensó:

"El cuadrado de la puta Enusa, es igual a la suma de los cuadrados de los catetos."

¡¡SI ME LO HUBIERAN EXPLICADO ASÍ EN EL COLEGIO NUNCA SE ME HABRÍA OLVIDADO!!

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  • Ejemplos de nuestra infancia...

¿Cómo quieren que me porte bien?

Si de niño veía que Tarzán andaba desnudo, Cenicienta llegaba a medianoche, Pinocho mentía y Batman conducía a 320km.

La Bella Durmiente, una vaga.

Blanca Nieves vivía con 7 tipos.

Caperucita no le hacía caso a su madre.

Betty Boop iba vestida como una fulana.

Pulgarcito tiraba migas por todas partes.

Y para rematar ¡Popeye fumaba hierba!

Vamos, ¡Vaya ejemplo nos dieron en nuestra infancia!

(Gracias Iche !!!)

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  • Sutilezas...

1.

Un individuo a quien apodaban el Pichón casó con Castalina, muchacha ingenua y púdica.

Al empezar la noche de las bodas el desposado se presentó por primera vez al natural ante su mujercita.

Cuando lo vio ella supo de inmediato que el apodo de su marido no tenía nada que ver con cosas columbinas, o sea de palomas, sino que hacía alusión a la munificencia con que natura lo dotó.

Le pidió, suplicante:

-”Pichón: te ruego que actúes con delicadeza. Tengo débil el corazón.”

-”Descuida”, -la tranquilizó el bien guarnido galán, -”Te prometo que hasta allá no llegaré...”

2.

-”Luego me desabotonó la blusa.”

Loretela se estaba confesando con el padre Carulino, el nuevo y joven párroco del pueblo

-”¿Y luego?”, -preguntó con cierta agitación el padrecito.

-”Luego”, -siguió Loretela, -”me desabrochó el brassiére y me llenó el busto de besos al mismo tiempo ardientes y húmedos.”

-”¿Y luego? ¿Y luego?”, -quiso saber el confesor con excitación creciente.

-”Luego”, -continuó la muchacha, -”me acostó en el diván de la sala y se tendió sobre mí.”

-”¿Y luego? ¿Y luego? ¿Y luego?”, -inquirió el curita respirando fuerte.

-”Luego”, -dijo Loretela, -”llegó mi mamá y ya no pasó nada.”

Estalló el confesor:

-”¡Vieja metiche!”

3.

Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, contrató a un jardinero.

El sujeto era calvo de solemnidad, por eso a la señora le extrañó el apodo que tenía: el Pájaro Loco.

Ese mote se aplicaba a quienes tenían copete despeinado, como el del pajarraco de las caricaturas.

Así, le preguntó curiosa:

-”Dígame, buen hombre: ¿por qué le dicen a usted el Pájaro Loco?”

Respondió el jardinero:

-”No entraré en detalles, seño. Bástele saber que tengo 18 hijos...”

4.

Don Gurrumino, atildado caballero –fifí, se dice ahora–, sufrió una descompostura en su automóvil y se vio solo y sin ayuda en descampado.

Había caído ya la noche; llovía como en recuerdo de Noé y soplaba un viento gélido.

El desolado viajero miró a lo lejos una lucecita y se dirigió hacia ella.

Resultó ser una finca rural.

El hombre llamó con fuertes golpes de aldabón; se abrió la puerta y apareció el dueño de la casa, al parecer labrador acomodado.

Don Gurrumino, después de hacer su presentación formal y de extender su tarjeta al granjero, le explicó el predicamento en que se hallaba y le pidió hospitalidad para no tener que pasar la noche al descubierto.

El labrador le franqueó la entrada y le dijo que tenía una cama disponible.

Pero le declaró un escrúpulo: la cama estaba en el cuarto de su hija Dulcibel.

¿No se aprovecharía de ella? (De Dulcibel, quiero decir, no de la cama).

-”¡Señor mío!”, -protestó con vehemencia el visitante, -”Pertenezco a la Cofradía de la Reverberación. El código ético de esa orden me veda incluso un mal pensamiento en relación con las mujeres, especialmente las viudas y doncellas. Tenga usted la certeza de que no pondré en su hija una mirada, y menos aún otra cosa.”

El granjero, fiado en la promesa de su huésped, lo condujo a la habitación de su hija, zagala en flor de edad cuyas apetecibles formas se adivinaban bajo el camisón de dormir.

-”No recele usted de mi presencia, señorita”, -la tranquilizó don Gurrumino, -”Soy miembro de la Cofradía de la Reverberación y pongo mi honor y la virtud de la mujer por encima de cualquier bajo instinto de varón.”

Los dos ya en sus respectivos lechos, apagada la luz y en silencio la casa, don Gurrumino oyó que la muchacha le decía con voz queda:

-”Tengo frío.”

Caballerosamente el señor puso sobre ella una de sus cobijas.

A poco Dulcibel dijo con sugestivo acento:

-”Me siento sola en esta cama tan grande.”

Don Gurrumino la tranquilizó:

-”No está usted sola, mi pequeña amiga. La acompaña su ángel de la guarda.”

Transcurrió la noche y no sucedió nada, tal como había prometido el visitante.

Al día siguiente don Gurrumino fue al corral de la casa.

Ahí estaba la hermosa Dulcibel dándoles de comer a las gallinas.

El viajero observó que el gallo no hacía nada en relación con ellas, aunque se le acercaban, amorosas.

Le preguntó a la muchacha:

-”¿Por qué el gallo no va hacia las gallinas, pese a que éstas se muestran bien dispuestas a admitirlo?”

-”No lo sé”, -respondió con acritud la joven, -”El muy pendejo ha de pertenecer también a la Cofradía de la Reverberación...”

5.

-”¿Sabes qué se me antoja?”

Esa pregunta le hizo el joven esposo a su mujercita al llegar al restorán.

-”Sí sé”, -contestó ella, -”Pero espera a que estemos en la casa...”

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  • Vidas inoportunas... (Por Antonpirulero)

Por así decir, uno tenía que haber muerto ya.

No es que uno lo quiera, pero determinadas circunstancias abonan la tesis de vivir uno, como suele decirse, de milagro.

Caso raro, por cierto.

Gente con menos suerte adorna los altares.

Tras unos veinte años de coma espiritual, afloro de nuevo en algo parecido a lo que se ha conceptuado como vida eterna- una aproximación, como casi todo.

Caso parecido al que sufre un accidente grave, o se recupera, raspando lo imposible, de una enfermedad generalmente mortuoria.

Y dirán, cómo es mi caso.

Les contaré.

En realidad, mi único mérito ha sido el de aguantar.

Cuidarme un poco y beber sólo para aplacar la sed.

Lo demás ha venido rodado.

Recuperé unas viejas amistades, no poniéndome excesivamente pesado con ellas.

Hice un viaje, descubrí internet.

Creo que esto ha sido todo.

Lo demás, suerte.

Hay quien, como yo, pese a venirle la vida de espalda, va juntando sus propios pedacitos y se recompone como un puzzle.

Por el mismo procedimiento que se forma un rompecabezas.

Es sólo cuestión de paciencia y de un poco de suerte.

Es tan difícil asumir- pregunto- que no te quieren, que no te querían.

También ayuda que te toque la lotería.

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  • Las dos suertes... (Por Silenciodeluna)

Se dice que todo tiene un orden interno, que si aquí hay mucha gente rica, allá hay mucha pobre, que si mi color es el rojo para otro es el amarillo, que si uno quiere fútbol otro telenovela, que si un roba otro da, que si alguien tiene mala suerte hay otro al que todo le sale a pedir de boca.

Debe haber alguien que elija la caja que elija del supermercado no espera cola.

Que delante suyo no hay nadie que al pagar se encuentre sin crédito en la tarjeta.

Que todos sus artículos pasan sin que la cajera tenga que escribir número a número el código de barras.

Que nunca sea el primero al que le dicen: “no, la caja está cerrada”.

Alguien a quien si se le antoja algo, lo ve rápido, alguien que no pierda nunca la cartera, ni libros, ni llaves, ni móviles.

Quiero felicitar a ese alguien y decirle que soy el tonto que está al otro lado del mundo y que se equivoca constantemente.

Gracias a su existencia, tardo diez minutos en lo mismo que esa persona tarda dos.

No soy el único que quiere felicitarte.

Muchas veces miro a otro como yo y no nos queda otra que reírnos.

Si nos pusiéramos de acuerdo todos los que erramos en las cosas del día a día y copáramos todas las cajas de un supermercado o estuviéramos en la misma cola de la gasolinera... ¿habría un apagón?

¿Colapso?

¿Ese día cierra antes?

¿Dejaría de haber petróleo?

¿Subiría todo?

Tienes suerte, querido amigo, mientras yo viva nunca esperarás colas.

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