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Viernes 6 de Febrero

                 Fin de semana: Viernes 6 a Domingo 8 de Febrero de 2004

Holaaa samigooosss !!! 

Esta semana nos llegó muy poco de nuestros amigos, debido seguramente al período de vacaciones. Esperamos que pronto vuelvan con nuevas energías y mucho humor para compartir. De todas formas, hay unas cosas que me parecen muy divertidas que espero les gusten.

Que tengan una muy buena semana.

                                       Esteban Nicolini


  • El curita

Un curita, recién recibido, es trasladado desde Buenos Aires a Río de Janeiro - Brasil para ser guía espiritual de un grupo de católicos fanáticos.

Apenas llega, se encuentra con el obispo quien le muestra su nueva iglesia y su habitación.

El día de su primera misa, en la prédica, dice:

-"¡Hermanos!, ¡dan y Eva estaban en el paraíso terrenal!"

-"¡OOOOOOOOOOHHHHHH!" - exclamaron todos.

-"cuando de pronto, ¡apareció una serpiente!"

-"¡OOOOOOOOOOHHHHHHHHHH!"

-"Y Eva se tentó con la manzana ¡y pecó!"

-"¡OOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHH!"

-"¿Y saben porque?"

-"¡NO! ¿POR QUE?" - preguntaron todos fervientemente.

-"¡Porque Eva era brasileña!"

A esta respuesta todos comenzaron a putearlo, y tuvo que irse corriendo.

El obispo le llamó la atención diciéndole que no se vuelva a repetir y el curita prometió que no se volverá a repetir.

Al otro día, en la misa comenzó:

-"¡Hermanos!, ¡Jesús predicaba por Galilea!"

-"¡OOOOOOOOOOHHHHHH!"

-"Cuando de pronto, apareció Poncio Pilato y ¡lo condenó!"

-"¡OOOOOOOOOOHHHHHHHHHH!, ¡HIJO DE PUTA!"

-"¿Y saben por qué Poncio Pilato lo condenó?"

-"¡NO! ¿POR QUE?"

-"¡Porque Poncio Pilato era brasileño!"

Otra vez volaron los bancos de la iglesia y esta vez el obispo le dijo al curita que si se mandaba otra igual lo echaba de Brasil, y éste prometió portarse bien.

Al otro día, en la iglesia:

-"¡Hermanos!!!, ¡Jesús estaba en la ultima cena!""

-"¡OOOOOOOOOOHHHHHH!"

-"Cuando de pronto exclamó : ¡uno de ustedes me traicionó!"

-"¡OOOOOOOOOOHHHHHHHHHH!"

-"¡Y Andrés preguntó : ¿YO MAESTRO? y Jesús dijo: ¡NO; TU NO!"

-"¡OOOOOOOOHHHHHHHHH!"

-"Y Pedro preguntó : ¿YO MAESTRO? y Jesús dijo: ¡NO; TU NO!"

-"¡OOOOOOOOHHHHHHHHH!"

-"Y Judas pregunto : ¿¿¿EU???"

(Gracias Cecilia y Dante !!!)

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  • El viejo navajo

Cuando la NASA se preparaba para el proyecto de Apolo, hicieron un entrenamiento de los astronautas en una reserva de navajos.

Un día, un anciano navajo y su hijo mientras reunían sus ovejas vinieron al equipo del espacio.

El viejo hombre, que hablaba solamente navajo, hizo una pregunta, que su hijo tradujo:

- "¿Qué están haciendo esos chicos grandes?"

Un miembro del equipo dijo que practicaban para su viaje a la luna.

El viejo hombre le preguntó si él podría enviar un mensaje a la luna con los astronautas.

Reconociendo una buena oportunidad de promoción, la gente de la NASA encontró una grabadora.

Después de que el viejo hombre registrara su mensaje, pidieron que el hijo tradujera.

Él se negó.

Los de la NASA llevaron la cinta a la reserva, donde el resto de la tribu escuchó y rió, pero rechazaron traducir el mensaje del anciano a la luna.

Finalmente, la NASA llamó en un traductor oficial del gobierno.

Él señaló que el mensaje para la luna era:

-"Echa fuera a esos chicos. Ellos van a robar tu tierra"

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  • ¿Suicidio, homicidio o accidente?

Una tarde de marzo de 1994, un médico forense luego de examinar el cuerpo de Miguel Heredia, determinó que el sujeto había fallecido a causa de un disparo en la cabeza producido por un revólver de pequeño calibre.

La investigación del caso hasta ese momento revelaba que Miguel había saltado desde la terraza de un edificio de 10 pisos con la intención de suicidarse (dejó una nota indicando su sufrimiento).

En su camino hacia el pavimento, su vida se vió interrumpida a la altura del noveno piso, cuando una bala de revólver atravesó los cristales de una ventana... matándolo instantáneamente.

Ni el presunto asesino ni el suicida tuvieron en cuenta la red de seguridad que se encontraba a la altura del octavo piso para proteger a los limpia-ventanas, por lo tanto Miguel no pudo alcanzar el piso, quedando su intento de suicidio sin posibilidad de llevarse a cabo.

Es decir, una persona con ganas de quitarse la vida puso en marcha su plan suicida con todas las intenciones de morir y... lo logró.

Que haya recibido un disparo nueve pisos antes de una muerte segura, probablemente no cambiaría la carátula del caso de suicidio a homicidio.

Pero el suicidio no tenía probabilidades de consumarse, debido a que el cuerpo quedó en la red del octavo piso, por lo tanto esto hizo que el forense determinara que se trataba de un homicidio.

Más tarde la policía descubrió que el departamento del noveno piso, de donde salió el disparo, era ocupado por un hombre mayor y su mujer.

El la estaba amenazando con un revólver, después de una intensa discusión, enfureciéndose tanto que no pudo contener el arma derecha.

Al apretar el gatillo, la bala falló por completo su objetivo (la mujer) saliendo por la ventana y terminando en la cabeza de Miguel Heredia.

Si uno intenta matar a el sujeto A, pero en el intento termina matando al sujeto B, entonces uno es culpable del asesinato del sujeto B.

Por lo tanto el hombre fue arrestado inmediatamente, pero tanto él como su mujer decían no saber que el arma se encontraba cargada.

Era un viejo hábito del hombre, el amenazar a su mujer con un arma descargada.

El no tenía intensiones de matarla; por lo tanto la muerte de Miguel parecía ser un accidente, debido a que el arma había sido cargada accidentalmente.

Las investigaciones continuaron, hasta que apareció un testigo que afirmaba haber visto al hijo del matrimonio cargando el arma unas seis semanas antes del fatal incidente.

La investigación del caso mostró que la madre había decidido suprimir el apoyo económico a su hijo, el cuál, conociendo perfectamente la costumbre que tenía su padre de amenzarla, cargó el arma esperando que su padre la matara.

En este punto el caso volvió a definirse como homicido, acusándose al hijo como culpable de la muerte de Miguel Heredia.

Investigaciones posteriores revelaron que el hijo se había arrepentido no sólo por lo que había hecho, sino también por haber considerado asesinar a su propia madre.

Esto lo hundió en una profunda amargura y lo condujo a que un triste día de marzo decidiese arrojarse desde la terraza del edificio donde vivía, para terminar perdiendo la vida por un disparo directo a su cabeza.

El caso se cerró como suicidio...

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  • Pérdida y recuperación del pelo - Julio Cortázar

Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo.

Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.

Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo.

La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño.

Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal.

Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo.

Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.

Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre.

Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad.

Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio.

Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos pelo (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia en una superficie húmeda.

Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritos en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda.

Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo.

Basta pensar en la alegría que eso nos producirá, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.

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